7 de abril de 2011

Suele doler la verdad

Jn 5,31-47



En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: ‘Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido. Otro es el que da testimonio de mí, y yo sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros mandasteis enviados donde Juan, y él dio testimonio de la verdad. No es que yo busque testimonio de un hombre, sino que digo esto para que os salvéis. Él era la lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis recrearos una hora con su luz. Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado. Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí. Vosotros no habéis oído nunca su voz, ni habéis visto nunca su rostro, ni habita su palabra en vosotros, porque no creéis al que Él ha enviado.
‘Vosotros investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí; y vosotros no queréis venir a mí para tener vida. La gloria no la recibo de los hombres. Pero yo os conozco: no tenéis en vosotros el amor de Dios.

‘Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a ése le recibiréis. ¿Cómo podéis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que os voy a acusar yo delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, en quién habéis puesto vuestra esperanza. Porque, si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?’
”.

COMENTARIO

Muchas veces se acusaba a Jesús de que, según lo que hacía, era alguien más que un simple profeta. Con ser importante la labor de quien transmite lo que Dios quiere que se sepa, saber que se manifestaba como Hijo del Creador era algo que muchas personas no estaban dispuestas a aceptar.

No aceptaban, entonces, que Jesús era el Hijo de Dios porque no sólo es necesario que se crea en lo que hace el Hijo del Hombre, Mesías enviado por el Padre, sino que hace falta una disposición interior a creerlo.

Es necesario que nosotros purifiquemos nuestro corazón para llegar a confesar que Jesús es el Hijo de Dios y hacerlo con conocimiento de causa cierto y verdadero. De otra forma sólo haremos como si creyéramos en Cristo pero, a la hora de la verdad, será como la semilla que cae en tierra poco fértil y pronto muere.



JESÚS, en realidad sabías que tus contemporáneos tampoco creían en Moisés porque no creían en ti. Si ellos miraban hacia atrás para buscar antecedentes de su fe en los que apoyar su creencia no lo hacían en verdad porque si lo hubieran hecho así te habrían encontrado en los escritos de sus profetas.





Eleuterio Fernández Guzmán

6 de abril de 2011

Jesús es Dios

Jn 5,17-30


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo’ Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios.

Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: ‘En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace Él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que Él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis. Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado. En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida.

‘En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo, y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre. No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio. Y no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado’
”.

COMENTARIO

De muchas cosas se le acusaba a Jesús. No era la más importante que curara en sábado sino, sobre todo, que se tuviera por hijo de Dios en cuando tenerlo por Padre. Eso era materia de enfrentamiento directo con el Maestro.

Jesús sabía que era Quien era y eso no lo podía evitar ni ocultarlo. Lo hacía con la palabra y con los hechos. Por eso tenía que transmitir que era importante creer en Él porque así se creía en Dios que era lo que, en verdad, le importaba y sabía de importancia total.

Hace Jesús una llamada a los que le oyen o puedan escucharlo: de lo que se haga al respecto de escuchar o no la voz del Hijo, que es escuchar la voz del Padre, depende la vida eterna de quien así lo haga. No es poco porque, en verdad, debería ser lo único que nos importara.


JESÚS, eres Dios hecho hombre y tal realidad espiritual y real debía, y debe, ser conocida y, sobre todo, creída. No se trata, por tanto, de algo que tenga poca importancia sino, muy al contrario, vital para nuestras vidas. Actuar, así, haciendo lo que corresponde a un hijo de Dios, ha de ser, seguro, bien aceptado por el Creador.





Eleuterio Fernández Guzmán

5 de abril de 2011

El hombre y el sábado

Jn 5,1-3.5-16

Era el día de fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina que se llama en hebreo Betsaida, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: ‘¿Quieres curarte?’. Le respondió el enfermo: ‘Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo». Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y anda. Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar.

Pero era sábado aquel día. Por eso los judíos decían al que había sido curado: ‘Es sábado y no te está permitido llevar la camilla’. Él le respondió: ‘El que me ha curado me ha dicho: ‘Toma tu camilla y anda’. Ellos le preguntaron: ‘¿Quién es el hombre que te ha dicho: ‘Tómala y anda?’’. Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido porque había mucha gente en aquel lugar. Más tarde Jesús le encuentra en el Templo y le dice: ‘Mira, estás curado; no peques más, para que no te suceda algo peor’. El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.



COMENTARIO


Era muy recurrente, para los judíos, hacer mención al tema del sábado en el que nada se podía hacer. Era, digamos, el día de fiesta para el pueblo elegido y nada bueno se hacía si se hacía algo que se saliera de lo establecido.

Jesús no entendía así las cosas sino que ponía, por delante de normas y leyes humanas la misericordia divina y todo lo que eso significada: poner el bien por delante de las formas pero no porque el fin justificara los medios sino porque el fin era hacer el bien.


A aquel hombre que estaba enfermo nadie le ayudaba. No había misericordia alguna para con él porque, seguramente, creían que era un pecador y por eso estaba enfermo. Jesús negaba tal relación y, por eso mismo lo cura sin pensar si era sábado u otro día de la semana. El bien por encima del mal.


JESÚS, tener misericordia con el prójimo era una de las enseñanzas que viniste a traer al mundo. Aquellos hermanos de fe tuyos no lo entendían igual y preferían tener más en cuenta la ley y las normas que en el hecho mismo de hacer el bien. Pero tú eso no lo querías y así lo enseñabas.



Eleuterio Fernández Guzmán

4 de abril de 2011

Tener fe

Jn 4,43-54

“En aquel tiempo, Jesús partió de Samaría para Galilea. Jesús mismo había afirmado que un profeta no goza de estima en su patria. Cuando llegó, pues, a Galilea, los galileos le hicieron un buen recibimiento, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.

Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm. Cuando se enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue donde Él y le rogaba que bajase a curar a su hijo, porque se iba a morir. Entonces Jesús le dijo: ‘Si no veis señales y prodigios, no creéis. Le dice el funcionario: ‘Señor, baja antes que se muera mi hijo’. Jesús le dice: ‘Vete, que tu hijo vive’.

Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus siervos, y le dijeron que su hijo vivía. El les preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor. Ellos le dijeron: ‘Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre’. El padre comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: ‘Tu hijo vive’, y creyó él y toda su familia. Esta nueva señal, la segunda, la realizó Jesús cuando volvió de Judea a Galilea."



COMENTARIO


Como en otras veces alguien se dirige al Mesías porque sabían lo que había hecho en otros lugares. Esperaban, seguramente, algo extraordinario porque, a veces, lo que le piden se sale de la normal solución de temas comunes u ordinarios.


Aquel funcionario muestra algo que a Jesús, en materia de fe, le gusta mucho: la perseverancia. No se va a su casa porque el Maestro le diga que sólo quieren ver algún tipo de señal para creer. Sigue a Jesús y le insiste, con fe, que quiere que haga algo por su hijo que está muy enfermo. Orar, pues, con insistencia a Dios es lo necesario para sus hijos.


Jesús ama la insistencia en pedir para otros. No se trata de algo egoísta sino, al contrario, de tener en nuestro corazón las necesidades del prójimo. Así lo amamos como a nosotros mismos y por eso mismo Jesús le hace la merced de salvar al hijo del funcionario: tuvo ve y la fe, ahora también, había salvado a su descendencia.



JESÚS, algo hay que siempre te vence: el amor, la fe, la perseverancia en demandar algo para alguien ajeno a nosotros mismos. Así te pasó otras veces porque tal enseñanza la trajiste en tu venida al mundo, Dios hecho hombre. Fe, amor y amor y fe... con tales instrumentos espirituales te ganamos para nuestra causa.



Eleuterio Fernández Guzmán

3 de abril de 2011

Ciegos voluntarios

Jn 9,1-41

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: ‘Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?’. Respondió Jesús: ‘Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios. Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo’. Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego y le dijo: ‘Vete, lávate en la piscina de Siloé’ (que quiere decir Enviado). El fue, se lavó y volvió ya viendo.


Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: ‘¿No es éste el que se sentaba para mendigar?’. Unos decían: ‘Es él’. ‘No, decían otros, sino que es uno que se le parece’. Pero él decía: ‘Soy yo’. Le dijeron entonces: ‘¿Cómo, pues, se te han abierto los ojos?’. Él respondió: ‘Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó los ojos y me dijo: ‘Vete a Siloé y lávate’. Yo fui, me lavé y vi’. Ellos le dijeron: ‘¿Dónde está ése?’. El respondió: ‘No lo sé’.


Lo llevan donde los fariseos al que antes era ciego. Pero era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos a su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista. Él les dijo: ‘Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo’. Algunos fariseos decían: ‘Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado’. Otros decían: ‘Pero, ¿cómo puede un pecador realizar semejantes señales?’. Y había disensión entre ellos. Entonces le dicen otra vez al ciego: ‘¿Y tú qué dices de Él, ya que te ha abierto los ojos?’. Él respondió: ’Que es un profeta’.

No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron a los padres del que había recobrado la vista y les preguntaron: ‘¿Es éste vuestro hijo, el que decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?’. Sus padres respondieron: ‘Nosotros sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo’. Sus padres decían esto por miedo por los judíos, pues los judíos se habían puesto ya de acuerdo en que, si alguno le reconocía como Cristo, quedara excluido de la sinagoga. Por eso dijeron sus padres: ‘Edad tiene; preguntádselo a él’.


Le llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: ‘Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador’. Les respondió: ‘Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo’. Le dijeron entonces: ‘¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?’. Él replicó: ‘Os lo he dicho ya, y no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Es qué queréis también vosotros haceros discípulos suyos?’. Ellos le llenaron de injurias y le dijeron: ‘Tú eres discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde es’. El hombre les respondió: ‘Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores; mas, si uno es religioso y cumple su voluntad, a ése le escucha. Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada’. Ellos le respondieron: ‘Has nacido todo entero en pecado ¿y nos da lecciones a nosotros?’. Y le echaron fuera.


Jesús se enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: ‘¿Tú crees en el Hijo del hombre?’. El respondió: ‘¿Y quién es, Señor, para que crea en él?’. Jesús le dijo: ‘Le has visto; el que está hablando contigo, ése es’. Él entonces dijo: ‘Creo, Señor’. Y se postró ante Él. Y dijo Jesús: ‘Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos’. Algunos fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: ‘Es que también nosotros somos ciegos?’. Jesús les respondió: ‘Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: ‘Vemos’ vuestro pecado permanece’
!.


COMENTARIO

Aquellos que buscaban poner en un compromiso a Jesús porque, a lo mejor, había curado en sábado, eran, ciertamente, personas que se creían celosas de la ley. Sin embargo, no habían llegado a entender el verdadero significado de la misma.


En otras ocasiones Jesús dice que el sábado está hecho para el hombre y no el hombre para el sábado porque lo que importa es mostrar misericordia a favor del ser humano y no actuar ciegamente con los preceptos de la Ley de Dios.


Muchas veces nosotros mismos también permanecemos ciegos ante la Ley de Dios porque no nos conviene lo que nos dice. Perdonar al que nos ofende y tener misericordia para quien la necesita está muy lejos, en determinadas ocasiones, de nuestro pensamiento mundano y egoísta. Somos, así, ciegos voluntarios que no queremos ver lo que tanto tendríamos que ver.



JESÚS, querías actuar de forma misericordiosa y te importaba poco lo que otros, alejados del verdadero sentido de la Ley de Dios, dijesen. Conoces el verdadero significado de los preceptos divinos y eso es más que suficiente como para que sigamos tus pasos hacia el definitivo reino de Dios, el Creador.



Eleuterio Fernández Guzmán

2 de abril de 2011

Reconocerse pecadores

Lc 18,9-14

En aquel tiempo, Jesús dijo también a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola: ‘Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: ‘¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias’. En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!’. Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado’.


COMENTARIO

El caso del publicano y el fariseo es un ejemplo de cómo podemos comportarnos con Dios: bien vanagloriándonos de lo que somos y hacemos o bien sabiendo, en realidad, que no somos tan perfectos como se creía el fariseo.

Jesús, en la parábola de los dos hombres que rezan en templo pretende que comprendamos el valor que tiene, para los hijos de Dios, la humildad. Como fue humilde el hijo de Dios, así tenemos que serlo nosotros.

A través de la humildad reconocemos lo que somos y cómo somos ante Dios. También nos sirve para reconocer lo que de bueno puedan hacer los demás y, así, alegrarnos de lo que de positivo pueda haber en sus vidas. Con tal comportamiento ni nos vanagloriamos ni nos menospreciamos sino, en todo caso, somos justos con nosotros mismos.


JESÚS, enseñaste que la humildad era importante para un discípulo tuyo. Tú eras humilde y manso de corazón y así lo hiciste ver a lo largo de su vida pública. Que nosotros sepamos, también, ser humildes que lo fuiste Tú y mansos como lo fuiste Tú.




Eleuterio Fernández Guzmán

1 de abril de 2011

Mandamientos de Dios

Mc 12,28b-34


En aquel tiempo, uno de los maestros de la Ley se acercó a Jesús y le hizo esta pregunta: ‘¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?’. Jesús le contestó: ‘El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que éstos’.

Le dijo el escriba: ‘Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios’. Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: ‘No estás lejos del Reino de Dios’. Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas
".


COMENTARIO

En su inmensa bondad, el Padre Dios quiso que el ser humano tuviera unas normas con las que regir su vida y con las que no alejarse de su reino. Entregó a Moisés los mandamientos, precisamente, para eso.


Cuando le preguntan a Jesús por el mandamiento más importante les da entender lo que todos sabían: amar a Dios sobre todas las cosas. Pero eso implicaba mucho más porque, acto seguido, dice que el segundo es amar al prójimo… también.


Estamos, sin embargo, siempre en camino del definitivo reino de Dios. Por eso le dice Jesús a quien le pregunta que no está “lejos” del reino de Dios porque, en definitiva, con su actitud demuestra que está en el camino correcto hacia el mismo.


JESÚS, tú querías que los que te oían, y ahora los que escuchen en boca de otros o lean la Sagrada Escritura, estuvieran cerca de Dios. Los mandamientos de tu Padre están puestos, exactamente para eso. Que sepamos cumplirlos lo mejor posible es algo que no deberíamos olvidar nunca.



Eleuterio Fernández Guzmán

31 de marzo de 2011

El poder de Dios

Lc 11,14-23

En aquel tiempo, Jesús estaba expulsando un demonio que era mudo; sucedió que, cuando salió el demonio, rompió a hablar el mudo, y las gentes se admiraron. Pero algunos de ellos dijeron: ‘Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios’. Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo. Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: ‘Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?, porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios. Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama’".


COMENTARIO

Que acusaran a Jesús de actuar en nombre de los demonios no era extraño porque querían sorprenderlo en alguna actuación contraria a la norma que, entonces, imperaba.


Conviene, además, estar con quien debemos estar porque, de ser de otra forma, y alejarnos de Jesús, el vacío en nuestro corazón lo tenemos asegurado y sus consecuencias, también. Unidos, pues, a Jesús debemos permanecer.


No podemos, tampoco, echar a perder nuestro corazón por querer hacer una voluntad en exceso mundana y alejada de la Palabra de Dios y de la doctrina de la Santa Madre Iglesia.


JESÚS, querías que todos permanecieran junto a ti porque Tú eres el camino, la verdad y la vida pero no todos te siguieron y, así, desparramaron y perdieron mucho de lo que habrían gozado contigo. Nosotros también queremos estar junto al Hijo de Dios para caminar, juntos, hacia el definitivo reino de tu Padre.



Eleuterio

30 de marzo de 2011

La Ley de Dios que pervive

Mt 5,17-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos’".


COMENTARIO


Jesús, en efecto, no venía a entrar en el mundo como un elefante en una cacharrería sino a cumplir lo que, según Él dijo, no se estaba cumpliendo: la Ley de Dios.


Cada sílaba de lo que el Padre considera se debe cumplir ha de ser cumplido. Por eso lo que Jesús hizo fue tan difícil de entender por muchos de sus contemporáneos.


Pero hay algo que es mucho más clarificador para sus discípulos: es muy importante no ya no caer en el incumplimiento de la Ley de Dios sino el hacer que otros caigan en lo mismo. Así resultamos piedra de escándalo y lo contrario es lo que Dios quiera.


JESÚS, la Ley de Dios es tan importante que no cumplirla es ir, directamente, en contra del Padre y por eso mismo quisiste que se llevara a cabo y enseñaste cómo se debía cumplir y, sobre todo, cómo no se debía actuar por hacerlo, así, contra Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

29 de marzo de 2011

Perdón y misericordia

Mt 18,21-35

En aquel tiempo, Pedro se acercó entonces y le dijo: ‘Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?’. Dícele Jesús: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

‘Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré’. Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.

‘Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’. Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano’".


COMENTARIO

¿Cuántas veces somos injustos con nuestro prójimo? A eso se refiere la parábola que presenta Jesús a los que quieran oírle y escucharle porque miramos, las más de las ocasiones, con ojos no muy cristianos a los que nos rodean a los que están lejos de nosotros.

Solemos exigir más de lo que damos y somos poco generosos con los que nos rodean mostrando un corazón de piedra que no tiene en cuenta lo que por los demás pasa en determinado momento.

Perdonar de corazón. Eso dice el Hijo de Dios. Y perdonar así sólo se puede hacer si estamos en la seguridad de que nuestra fe está firmemente arraigada en el que lo es de Dios y, por eso mismo, perdonamos para que se nos perdone y no al revés.



JESÚS, sabías que somos duros de corazón y querías que sanáramos tal forma de comportarnos. La parábola de lo que debe uno que mucho debía y poco perdonaba se nos puede aplicar, exactamente, a muchos de nosotros que tenemos la tendencia a olvidar lo que debemos a Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

28 de marzo de 2011

La verdad duele

Lc 4,24-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente reunida en la sinagoga de Nazaret: ‘En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad: muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio’.


Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó.”





COMENTARIO

Lo que les dijo Jesús, aquel día, a los que le escuchaban, era bastante difícil de soportar. Dios, al parecer, no les había hecho mucho caso a lo largo de diversos episodios de la historia del pueblo de Israel. Por algo sería.

Ellos, no acostumbrados a que les dijeran que las cosas de Dios no las hacían demasiado bien, se toman a mal lo que les dice aquel hombre que venía, como lo habían hecho otros profetas, a decirles que no andaban por buen camino.

A veces a nosotros nos pasa lo mismo y no aceptamos no ya lo que dice Jesús sino, ni siquiera, lo que ofrece como bueno y benéfico para nuestro espíritu y nuestra vida porque creemos tener todas las respuestas a lo que nos pasa.


JESÚS, sabías tú que, en efecto, un profeta no era bien visto en su propia tierra porque eso ya había sucedido muchas veces con el pueblo de Israel. Dios acepta mejor que sus hijos hagan su voluntad que siempre es mejor que hacer la propia de su descendencia porque, sabido es, que tenemos tendencia a olvidar lo que nos importa y hacer prevalecer lo que nos interesa.




Eleuterio Fernández Guzmán

27 de marzo de 2011

Agua Viva

Jn 4,5-42

En aquel tiempo, Jesús llega, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.

Llega una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dice: ‘Dame de beber’. Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice a la mujer samaritana: ‘¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana? (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le respondió: ‘Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva’. Le dice la mujer: ‘Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?’. Jesús le respondió: ‘Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna’.

Le dice la mujer: ‘Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla’. El le dice: ‘Vete, llama a tu marido y vuelve acá’. Respondió la mujer: ‘No tengo marido’. Jesús le dice: ‘Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad’.

Le dice la mujer: ‘Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar’. Jesús le dice: ‘Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad’.

Le dice la mujer: ‘Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo explicará todo’. Jesús le dice: ‘Yo soy, el que te está hablando’.

En esto llegaron sus discípulos y se sorprendían de que hablara con una mujer. Pero nadie le dijo: ‘¿Qué quieres?’, o ‘¿Qué hablas con ella?’. La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: ‘Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?’. Salieron de la ciudad e iban donde Él.

Entretanto, los discípulos le insistían diciendo: ‘Rabbí, come’. Pero Él les dijo: ‘Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis’. Los discípulos se decían unos a otros: ‘¿Le habrá traído alguien de comer?’. Les dice Jesús: ‘Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra. ¿No decís vosotros: Cuatro meses más y llega la siega? Pues bien, yo os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos, que blanquean ya para la siega. Ya el segador recibe el salario, y recoge fruto para la vida eterna, de modo que el sembrador se alegra igual que el segador. Porque en esto resulta verdadero el refrán de que uno es el sembrador y otro el segador: yo os he enviado a segar donde vosotros no os habéis fatigado. Otros se fatigaron y vosotros os aprovecháis de su fatiga’.

Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por las palabras de la mujer que atestiguaba: ‘Me ha dicho todo lo que he hecho’. Cuando llegaron donde Él los samaritanos, le rogaron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Y fueron muchos más los que creyeron por sus palabras, y decían a la mujer: ‘Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo’.



COMENTARIO


Aquella mujer samaritana no se esperaba encontrarse con quien se encontró. Ella vivía una vida un tanto perdida (se había casado varias veces y eso suponía, ciertamente, un desasosiego para su persona) Pero Cristo le abre los ojos y le dice que le va a dar un agua con la que nunca tendrá más sed.

La samaritana se da cuenta de que aquel hombre que habla con ella no es un ser humano normal. Le ha dicho lo que le pasa en su vida y eso, para ella, es más que suficiente como para considerarlo un profeta.

Y se convierte en apóstol. Acude a los de su pueblo para decirles que había encontrado a quien tanto estaban esperando: el Mesías. Se convierte para venir a ser otra persona, consciente de que el Agua Viva de Cristo sería, para ella, ya para siempre.




JESÚS, tú entregas Agua que vale para siempre y que nunca se agota. Tu Palabra sirve para que bebamos, eternamente, con una sed de milenios que no parecía saciarse nunca, y, así, con ella, saber que nuestro camino hacia el definitivo reino de Dios será, siempre, fructífero.


Eleuterio Fernández Guzmán

26 de marzo de 2011

Pródigo, padre y hermano

Lc 15,1-3.11-32

En aquel tiempo, viendo que todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: ‘Este acoge a los pecadores y come con ellos’. Entonces les dijo esta parábola. ‘Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: ‘Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde’. Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’. Y, levantándose, partió hacia su padre.

‘Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo’. Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado’. Y comenzaron la fiesta.

‘Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. El le dijo: ‘Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano’. Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: ‘Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!’ Pero él le dijo: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado’
”.

COMENTARIO

Nuestra relación con Dios es, a veces, como era la de los hijos del aquel Padre que tanto amaba a ambos. El que se fue se distanció por egoísmo y el que se quedó amaba menos de lo que, en principio, pueda parecer porque no perdona ni a su padre ni al hermano que se fue.

Nos alejamos, en determinadas ocasiones porque nos sentimos autosuficientes en la fe y, por eso mismo, no queremos relación con Quién nos creó. Somos, o eso creemos nosotros, capaces de batallar por el mundo sin la ayuda o el auxilio de Dios.

Otras veces hacemos como que estamos con el Padre y que no abandonamos su redil cuando, en realidad, es sólo apariencia lo que llevamos a cabo. Amamos pero, en verdad, sin amar. Así hizo el hijo que se quedó con su padre pero que estaba más alejado que el que se fue.


JESÚS, la parábola de los hijos y el padre que tanto los amaba se puede aplicar, perfectamente, a nuestra vida de fe y a nuestro comportamiento como hijos de Dios. Tú prefieres, seguramente, el comportamiento del hijo que se arrepiente y vuelve con su padre y no aquel del que se queda pero, en verdad, no ama.


Eleuterio Fernández Guzmán

25 de marzo de 2011

María, la llena de Dios

Lc 1,26-38

Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: ‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo’. Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: ‘No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin’.

María respondió al ángel: ‘¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?’. El ángel le respondió: ‘El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra’. Y el ángel dejándola se fue
.

COMENTARIO

María, con casi toda seguridad, no entendía lo que Gabriel le estaba planteando porque es necesario tener un entendimiento muy abierto y claro para comprender lo que le planteó el enviado de Dios. Ella, sin embargo, dijo sí.

En la Anunciación María abre la puerta a la salvación del mundo porque iba a llevar en su seno a Quién iba a conseguir, de Dios, la eternidad para cada uno de los hijos de Dios.

Ella se denominó “esclava” porque se sometía, de forma absoluta, a la voluntad de Dios. Y así, en tan gozosa forma de esclavitud, el ángel volvió al Creador a darle tan buena nueva: iba a venir al mundo, mediando la Encarnación, para salvarlo. Y Dios supo que no se había equivocado con María.


JESÚS, tu Madre dijo sí cuando lo más cómodo habría sido decir no. Sin embargo, ella consintió lo que Dios quería porque era fiel al Creador y, aún sin entender aquel misterio que le planteó Gabriel, se sometió, cual esclava, a la voluntad de tu Padre. Tú fuiste porque ella dijo sí.



Eleuterio Fernández Guzmán

24 de marzo de 2011

Los ricos de Cristo

Lc 16,19-31

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: ‘Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y un pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.

‘Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: ‘Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama’. Pero Abraham le dijo: ‘Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros’.

‘Replicó: ‘Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento’. Díjole Abraham: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan’. Él dijo: ‘No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán’. Le contestó: ‘Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite’
”.

COMENTARIO

Jesucristo no tenía nada en contra de los ricos como, a veces, suele manifestarse con ánimo de manipulación de lo que decía y, sobre todo, qué significaba lo que decía.

Ricos siempre ha habido y siempre habrá por la disposición de la realidad. Eso no le importaba al Hijo de Dios sino que, como siempre, iba más allá de lo que sus contemporáneos entendían. Había pero debían actuar de una forma acorde a la voluntad de Dios. Depende de lo que se haga con el dinero que se tiene: si se utiliza para ayudar al necesitado, la riqueza es siempre buena y no si no se hace así.

Pero, por si fuera poco la figura de los profetas que tanto han dicho a favor de Dios y en contra de ciertos vicios sociales, además nosotros tenemos a Cristo que resucitó de entre los muertos. Debería ser más que suficiente para nuestro corazón olvidadizo.


JESÚS, tú sabes lo que es importante para el hijo de Dios y no es otra cosa que cumplir la voluntad de tu Padre. Eso es lo que les dijiste acerca de la riqueza y la pobreza y qué significa la primera con relación a la segunda. Además, te tenemos a ti, vivo entre nosotros, para recordarnos hacia dónde debemos caminar.





Eleuterio Fernández Guzmán

23 de marzo de 2011

Jesús ante su Pasión

Mt 20,17-28

En aquel tiempo, cuando Jesús iba subiendo a Jerusalén, tomó aparte a los Doce, y les dijo por el camino: ‘Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, para burlarse de
Él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará’.

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: ‘¿Qué quieres?’. Dícele ella: ‘Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino’. Replicó Jesús: ‘No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?’. Dícenle: ‘Sí, podemos’. Díceles: ‘Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre’
".

COMENTARIO

Seguramente los discípulos de Jesús no esperaban que dijera lo que iba a ser su Pasión. Ellos esperaban otra cosa como, por ejemplo, vivir muchos años junto al Maestro y seguir aprendido acerca de su doctrina.

La verdad era muy dura porque tenía que padecer mucho a manos de los que se suponían sus hermanos en la fe y, luego, para colmo de misterio, resucitar al tercer día. Y eso era demasiado para sus corazones humanos.

Ellos, sin embargo, perseveran y mantienen que padecerían como su Maestro sin problema alguno. Y, en efecto, así sería como Cristo mismo les dice. Sin embargo, sus ansias de ser más que otros… eso no estaba en disposición más que cumplirlo el mismo Dios pues es Él quien pone o quita el poder.


JESÚS, seguramente te fue difícil hacer comprender a tus apóstoles lo que sería tu sufrimiento, el abandono de muchos de los tuyos y, al fin, tu muerte y tu posterior resurrección. Nosotros, que queremos ser discípulos tuyos y ya sabemos lo que pasó sólo podemos agradecer lo que hiciste por la humanidad toda. Muerte y sangre a cambio de salvación. Y lo hiciste, sobre todo, por Amor.


Eleuterio Fernández Guzmán

22 de marzo de 2011

Cumplir, de verdad, la Ley de Dios

Mt 23,1-12

En aquel tiempo, Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos y les dijo: ‘En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame ‘Rabbí’.

Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar ‘Rabbí’, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie ‘Padre’ vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar ‘Doctores’, porque uno solo es vuestro Doctor: Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado’
”.



COMENTARIO

Jesús sabía que una cosa era la Ley de Dios y otra, muy distinta, lo que muchos hacían con ella. Ejemplo de tal comportamiento eran los que, considerados socialmente como “sabios”, que, según entendía el Hijo de Dios, no era el adecuado.

Cumplir con la voluntad de Dios ha de llevarse a cabo de acuerdo, exactamente, con tal voluntad. Hacer otra cosa no es correcto y no debe llevarse a cabo por quien se considera hijo del Creador. Ni siquiera si así lo indican aquellos que consideramos especialmente preparados.

Predica Cristo la humildad para llevar a cabo un comportamiento adecuado a la Ley de Dios. Humildad que no supone hacerse de menos por hacerse de menos sino, muy al contrario, comprender el papel que nos corresponde llevar a cabo a cada cual.



JESÚS, conocías a la perfección a los que se tenían por buenos y por sabios y sabías que incumplían la voluntad de tu Padre y que no eran, en realidad, ejemplo de nada bueno. La mejor forma de ser verdaderos hijos de Dios es, en verdad, cumplir con su voluntad.


Eleuterio Fernández Guzmán

21 de marzo de 2011

La Verdad como es

Lc 6,36-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá’”.

COMENTARIO

Jesucristo hizo, a lo largo de su vida pública muchas, digamos, recomendaciones espirituales que no eran otra cosa que llevar la Ley de Dios a la vida de sus contemporáneos.

Una cosa siempre daba a entender: según hagamos con el prójimo así se nos tendrá en cuenta cuando Dios enjuicie nuestra existencia. Y el prójimo merece amor al igual que nosotros también queremos que nos amen.

Ser compasivos y no juzgar no siempre resulta fácil para nosotros. Tampoco dar cuando, en realidad, no queremos dar sino que nos manifestamos como seres egoístas. Tampoco podemos negar, a quien nos pida, lo que necesite porque es la manera más acertada de ser como Dios quiere que seamos.


JESÚS, querías y quieres que cumpliésemos con la voluntad de tu Padre porque sabías y sabes que es la mejor manera de entrar en el definitivo reino de Dios de la forma más adecuada. Debemos, por tanto, ser como tú quieres que seamos y que, entonces, se pueda decir de nosotros que somos otros Cristos.


Eleuterio Fernández Guzmán

20 de marzo de 2011

Escuchar a Cristo

Mt 17,1-9


En aquel tiempo, Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con Él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: ‘Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’.

Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: ‘Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle’. Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: Levantaos, no tengáis miedo’. Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: ‘No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos’
”.

COMENTARIO

Jesucristo les ofreció, a aquellos discípulos privilegiados, la oportunidad de contemplar la gloria de Dios y, además de recoger, en sus corazones, un mensaje claro: Jesús es el Hijo amado de Dios y, por eso mismo, hay que escucharlo.

Pedro era hombre y, como tal, se preocupa de lo humano. Quiere quedarse allí porque se sabe gozoso en la presencia del poder de Dios y de la luz que lo ilumina. Pero sólo es hombre y así piensa.

Jesús les conmina a lo decir nada acerca de lo visto hasta que resucitara. Pedro, Juan y Santiago no comprendieron aquello y, sólo cuando al tercer resucitó supieron que todo había sido cierto y era, en efecto, verdad, la Verdad.



JESÚS, te transfiguraste delante de aquellos testigos que también te acompañarían en Getsemaní cuando tu Pasión iba a dar comienzo y nuestra salvación, inicio. No comprender aquello como nosotros tampoco comprendemos lo que nos pasa cuando, a sabiendas de ser hijos de Dios, actuamos como si no lo fuéramos.



Eleuterio Fernández Guzmán

19 de marzo de 2011

José, padre de Jesús

Mt 1,16.18-21.24a

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.


Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: ‘José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados’. Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado
".

COMENTARIO

José fue elegido por Dios para llevar a cabo una misión muy importante: ejercer de padre de Su Hijo y enseñarle acerca de la fidelidad al Creador porque él era ejemplo de tal fidelidad y creencia.

José puso en el camino de lo laborioso a Jesús y, por eso mismo, le transmitió aquello que está relacionado con la importancia del trabajo para desarrollo de la persona humana. José fue, en tal sentido, el maestro de Jesucristo.

José fue padre y, así, amó a Jesús como hijo. Consciente, por aviso divino, de la importancia de su labor, no cejó en el intento de ser un buen ejemplo para Jesús. “Hizo lo que el Ángel del Señor la había mandado” y fue padre, adoptivo, del Hijo de Dios.




JESÚS, tu padre José se comportó como un padre amoroso, tierno y, dedicándose a tu cuidado y al de María, cumplió con fidelidad lo que le había dicho tu Ángel. También nosotros debemos ser fieles a la voluntad de Dios y ser, por eso mismo, buenos hijos.




Eleuterio Fernández Guzmán

18 de marzo de 2011

La verdad de la Ley de Dios

Mt 5,20-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal’. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano “imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame “renegado", será reo de la gehenna de fuego.


‘Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene
algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo’
”.

COMENTARIO

Lo dijo, Cristo, con toda claridad: lo que hacemos no puede estar al nivel de aquellos que no actúan de acuerdo a la voluntad de Dios. Si así procedemos no somos peor que ellos sino mucho peor que ellos porque, a diferencia de tales actuaciones, sabemos qué debemos hacer.


La Ley de Dios no era como muchos pensaban que era ni lo es ahora. No es que Dios diga diego donde dijo digo sino que dice lo que siempre dice aunque a nosotros no nos interese lo que diga, miremos para otro lado o hagamos oídos sordos.


Enfadarse con el hermano o zaherirlo por cualquier causa no está bien según Dios y su criterio de misericordia; no perdonar a quien te haya podido ofender no está bien según entiende Dios que debe ser nuestro comportamiento. Todo, como puede verse, de difícil entendimiento para nuestros corazones, muchas veces, de piedra.


JESÚS, querías que se comprendiera la Ley de Dios porque para eso te había enviado el Padre. Y así predicabas acerca de la misma con toda claridad y para que nadie se llevase a engaño: lo blanco no podía ser negro ni lo negro, blanco. ¡Cuántos céntimos de miseria no tendremos que pagar si seguimos por este camino!



Eleuterio Fernández Guzmán

17 de marzo de 2011

Pedir a Dios

Mateo 7, 7-12

Dijo Jesús a sus discípulos: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al llama, se le abrirá.¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan! «Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas’


COMENTARIO

La confianza en la misericordia de Dios ha de ser lo fundamental para un cristiano, aquí católico. Sin ella faltamos a nuestra propia creencia que tiene su fundamento, precisamente, en saber que el Creador siempre nos escucha.

La bondad de Dios la hemos de tener, siempre, presente, y, por tanto, siempre que nos dirijamos a Él lo tenemos que hacer a sabiendas que nos otorgará lo que pidamos según nos convenga y no, como solemos pensar, según queramos.

Pero la una Ley muy importante en el reino de Dios es la de la correspondencia: no podemos querer que los demás nos hagan el bien si nosotros no hacemos lo propio con ellos. Es algo elemental pero que, a veces, olvidamos.




JESÚS, como Hijo de Dios siempre manifiestas una fidelidad total hacia Tu Padre. Por eso recomiendas que nosotros, discípulos tuyos, hagamos lo mismo y siempre pidamos conociendo que Dios entiende sobre nuestras necesidades. Eso sin olvidar que los demás también ha de querer nuestra bondad.




Eleuterio Fernández Guzmán

16 de marzo de 2011

Señales de Dios

Lc 11,29-32


En aquel tiempo, habiéndose reunido la gente, Jesús comenzó a decir: ‘Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás’".


COMENTARIO

Muchas veces estamos necesitados, o así lo manifestamos, de señales por parte de Dios para creer que es el Creador. No nos basta con lo que vemos sino que, yendo más allá, pretendemos pedir pruebas, ponerlo a prueba.

Jesús sabe, por otra parte, que la confianza en su Padre es fundamental para un creyente y que, por eso mismo, nos debería bastar con la misma para vivir y llevar una existencia de acuerdo a la voluntad de Dios.

La señal, además, que esperaban todos y que todos esperamos, es Jesús mismo que vino, de parte de Dios, para traernos el cumplimiento de su Ley. Debería bastarnos con eso.


JESÚS, eres la verdadera señal de Dios. Viniste, Padre, haciéndote hombre y naciendo como hombre. Sin embargo, en determinadas ocasiones no nos basta con saber lo que tan importante es para nuestras vidas y queremos más… egoísmo.



Eleuterio Fernández Guzmán

15 de marzo de 2011

Padre Nuestro

Mt 6,7-15


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.

‘Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensa
s”.

COMENTARIO

Jesús recomienda no hacer como si se dijera mucho a Dios en la oración. El Creador todo lo sabe y tampoco deberíamos tratar de esconder lo que dice nuestro corazón con palabras excesivas.

Recomienda pedir pocas pero importantes cosas. En el Padre Nuestro se hacen siete peticiones que, en número, no son muchas porque cada uno de nosotros podríamos alargar, mucho, lo que pedimos a Dios.

Santificar el nombre de Dios, pedir que venga su reino, que se haga su voluntad, el pan de cada día y que nos perdone nuestras ofensas así como que no nos deje caer en la tentación y que nos libre del mal. Eso le pedimos a Dios. Nos pide, además, Jesús, que perdonemos. Si no hay perdón, difícilmente lo demás lo podremos obtener.


JESÚS, nos enseñaste la oración con la que nos podemos dirigir a Dios. Es demasiado importante como para que la hagamos sin darle importancia. Cada una de las peticiones que hacemos la tenemos que creer porque van dirigidas al corazón de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

14 de marzo de 2011

El Espíritu siempre alerta

Mt 25,31-46


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de Él todas las naciones, y Él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme’. Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’. Y el Rey les dirá: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’.


‘Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis’. Entonces dirán también éstos: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?’. Y él entonces les responderá: ‘En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo’. E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna
’.


COMENTARIO

Jesús avisaba de lo que tenía que venir. Lo hacía, sobre todo, para que aquellos que le escuchaban estuvieran preparados. Por ejemplo, eso hace con el que podemos considerar Juicio Final.

Es cierto que Dios nos dona la libertad, bien divino, con la cual podemos hacer, en general, lo que creamos conveniente. También para creer en el Padre o no hacerlo o llevar a nuestra vida Su santa doctrina y Su Ley.

Llevar a cabo una conducta que sea, en nuestra vida, ejemplo de comportamiento cristiano es la mejor manera de que, en el momento crucial de nuestra eternidad, seamos considerados verdaderos hijos de Dios. De otra manera, será, seguramente, el rechinar de muchos dientes y también el llanto.



JESÚS, muchas veces, a lo largo de tu vida pública, nos pusiste sobre aviso acerca de cuál ha de ser nuestra forma de ser y de actuar. Llevar una vida conforme a la voluntad de Dios es la única manera de que aportemos, a nuestra eternidad, lo que nos falte por los momentos en los que flaqueó nuestra fe.




Eleuterio Fernández Guzmán

13 de marzo de 2011

Tentaciones

Mt 4,1-11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre. Y acercándose el tentador, le dijo: ‘Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes’. Mas Él respondió: ‘Está escrito: ‘No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’’.


Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo, y le dice: ‘Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: ‘A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna’». Jesús le dijo: «También está escrito: ‘No tentarás al Señor tu Dios’’.


Todavía le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria, y le dice: ‘Todo esto te daré si postrándote me adoras’. Dícele entonces Jesús: ‘Apártate, Satanás, porque está escrito: ‘Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a Él darás culto’’. Entonces el diablo le deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían.



COMENTARIO

El Hijo de Dios predicaba de dos formas: con la palabra y con los hechos. Si la palabra era importante porque era, en definitiva, la Palabra de Dios, el ejemplo, lo que hacía, para aquellos sus contemporáneos (siempre atentos a los hechos demostradores) era crucial.

Las tentaciones no son más que las mismas que a nosotros, discípulos de Cristo e hijos, también, de Dios, nos pueden acometer: el poder, el tener, el querer ser sobre el ser... Por eso es importante cómo resuelve Cristo aquello que le plantea el Maligno.

A nosotros también nos consuelan aquellos que en el definitivo reino de Dios están. A Jesús lo sirvieron unos ángeles y a nosotros mismos, por ejemplo, nuestro ángel custodio, colabora con nuestra vida con su particular ayuda. No deberíamos olvidar eso porque supone una intervención directa del Padre en nuestra vida.



JESÚS, el Maligno te tentó tres veces pero las mismas venciste con el apego a Dios, tu Padre, y con eso nos sirves de ejemplo. Que cada uno de nosotros, cuando nos veamos zaheridos por el Mal, en cualquiera de sus formas, seamos tan fieles como tú fuiste con el Creador.


Eleuterio Fernández Guzmán

12 de marzo de 2011

La fe bien entendida

Lc 5,27-32

“En aquel tiempo, Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: ‘Sígueme’. El, dejándolo todo, se levantó y le siguió. Leví le ofreció en su casa un gran banquete. Había un gran número de publicanos, y de otros que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y sus escribas murmuraban diciendo a los discípulos: ‘¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?’. Les respondió Jesús: ‘No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores’".

COMENTARIO

Jesús buscaba, para que estuvieran entre los suyos, a los que la sociedad, a lo mejor, no tenía en cuenta pero de los que sabía dejarían todo para ir con Él y aprender lo que tenía previsto enseñarles acerca del reino de Dios.

Busca, también, a los que muchos odian para que transformen su corazón y vengan a ser mejores hijos de Dios. Llama a Leví, Mateo, mal mirado por muchos. Pero lo deja todo y le sigue sin pensárselo dos veces; busca, por supuesto, a los enfermos de toda clase…

Trata de que se le acerquen aquellos que necesitan de consuelo espiritual o están perdidos porque ellos son los que más han de beber del agua viva que lleva a la eternidad. Los sanos de espíritu no necesitan cuidado… los demás, sí. Pero, ¿Quién está libre de pecado?

JESÚS, siempre has buscado a los que, en verdad y a lo mejor sin saberlo, necesitan de tu Palabra y de tu ejemplo de vida. Buscaste, entonces, a los que llamabas enfermos, de corazón, para que lo cambiaran y vinieran a ser verdaderos hijos de Dios conscientes de que lo eran. Así, lo mismo, pasa con nosotros, necesitados, a menudo, de tu Amor y de tu Misericordia.


Eleuterio Fernández Guzmán

11 de marzo de 2011

Tener, siempre, presente a Dios


Mt 9,14-15

“En aquel tiempo, se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: ‘¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?’. Jesús les dijo:’«Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán’”.


COMENTARIO

Cumplir con la ley cuando ésta no está de acuerdo con la de Dios no debería, siquiera, planteárselo un hijo de Dios que sabe que lo es y,  por lo tanto, actúa en consecuencia.

Es cierto que el ayuno es un instrumento importante par un creyente y que supone una forma de manifestar que se cree en Dios y que se lleva a cabo un, siquiera, mínimo sacrificio en bien, precisamente, de nosotros mismos pues nuestro espíritu necesita de tales acciones.

Nosotros somos invitados a la mesa del Señor. Por eso, tras su Pasión, tenemos el ayuno como experiencia profunda de nuestra fe. No nos provoca más alteración que saber que se hace por amor y por consecuencia.


JESÚS, querías que los tuyos, tus apóstoles, gozaran de ti mientras estabas con ellos porque sabías la muerte que te esperaba y la situación que, entonces, se produciría entre ellos. Que supieran que contigo, estando con ellos, sanarían de muchas enfermedades del alma. Luego, tras tu Pasión, ellos comprendieron muchas cosas.

Eleuterio Fernández Guzmán

10 de marzo de 2011

Perder la vida para ganarla




Lc 9,22-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día’. Decía a todos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?’.


COMENTARIO

Nadie ha dicho que seguir a Jesucristo sea nada fácil ni que, por eso mismo, se garantice que ningún problema va a acaecer en contra del discípulo del Hijo de Dios. Es más, es, exactamente, al contrario lo que suele suceder.

Cuando Jesucristo dice que cada cual debe tomar su cruz si es que quiere seguirlo es que conoce que quien lo siga tendrá que llevar, en efecto, una pesada carga: la carga de la incomprensión, a lo mejor de los suyos y, también, del zaherimiento que el mundo con su mundanidad ejercerá contra su persona.

Perderlo todo. Dice Jesús que tenemos que perderlo todo. Se ha referir a todo lo que nos sobra y que, en verdad, es un lastre para seguir el camino que marca el Hijo del Hombre. Por lo tanto, lo que nos sobra no podemos quererlo ni tenerlo, ya, como sus discípulos, como propio. El definitivo reino de Dios nos espera.


JESÚS,  exiges sacrificio humano a los que te sigan. No es fácil, para un ser humano, dejarlo todo para seguirte. Sin embargo, sabemos que es la mejor ganancia que podemos tener como hermanos tuyos: seguirte es, sin duda, amar a Dios porque tú eres Dios hecho hombre y nada puede haber mejor, para un hijo del Creador, que seguirlo.





Eleuterio Fernández Guzmán

9 de marzo de 2011

Lo que Dios sabe




Mt 6,1-6.16-18

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

‘Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará’”.

COMENTARIO

Podemos caer en la trampa del Maligno según la cual cuando hacemos algo puede dar la impresión de tener la obligación de proclamarlo a los cuatro vientos. Conviene el silencio porque Dios ve en lo secreto de nuestro corazón y la humildad es muy necesaria para un hijo de Dios.

No podemos ser hipócritas y hacer para que se nos vea lo que hacemos. Si está bien ya será Dios el que lo conozca y si está mal… también.

Debemos, en todo caso, buscar la recompensa del Creador cumpliendo nuestras obligaciones materiales y espirituales con devoción, fervor y gozo. Dios todo lo ve y todo lo sabe. Eso no lo deberíamos olvidar nunca. El qué dirán importa poco.



JESÚS, sabías que tu Padre ve en lo secreto y, por eso mismo, pretendías que es supiera dónde, de verdad, debía ser puesto nuestro corazón: no en las apariencias de lo que se hacía sino, en todo caso, en la verdad de las mismas.



Eleuterio Fernández Guzmán

8 de marzo de 2011

Del César y de Dios



Mc 12,13-17

“En aquel tiempo, enviaron a Jesús algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Vienen y le dicen: ‘Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?’.

Mas Él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: ‘¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea’. Se lo trajeron y les dice: ‘¿De quién es esta imagen y la inscripción?’. Ellos le dijeron: ‘Del César». Jesús les dijo: «Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios’. Y se maravillaban de Él.”

COMENTARIO

Cuando Jesús se tuvo que enfrentar a los que buscaban su perdición y, así, su cautiverio en el mundo, sabía que estaba enfrentándose a lobos con piel de cordero. Le tendían frecuentes trampas espirituales para que, si eso podía ser posible, el Maestro se mostrara contrario a la Ley.

Sabía, el Mesías, que era difícil la situación que le planteaban pues dijera lo que dijera siempre podría achacársele algún tipo de comportamiento ajeno a lo establecido.

Dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César ha sido, desde que fuera dicho, un punto de partida válido para el discípulo de Cristo. Ni se puede dar menos al César de lo debe dársele (ni tampoco más) ni tampoco, por supuesto, se le puede dar menos a Dios (y si es posible, más).


JESÚS, ante la asechanza tan artera de aquellos discípulos de la hipocresía les enviaste un mensaje claro: no se le puede negar lo que e corresponde al poder pero, mucho menos, lo que le corresponde a Dios. Aquellos buscaban, seguramente, dar menos a Dios que al César pero tú sabes que es muy importante, para el hijo de Dios, no olvidar a su Padre en beneficio exclusivo del César.





Eleuterio Fernández Guzmán

7 de marzo de 2011

La piedra angular de la fe



Mc 12,1-12

En aquel tiempo, Jesús comenzó a hablarles en parábolas: ‘Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores, y se ausentó. 

Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña. Ellos le agarraron, le golpearon y le despacharon con las manos vacías. De nuevo les envió a otro siervo; también a éste le descalabraron y le insultaron. Y envió a otro y a éste le mataron; y también a otros muchos, hiriendo a unos, matando a otros. Todavía le quedaba un hijo querido; les envió a éste, el último, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero aquellos labradores dijeron entre sí: ‘Éste es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia’. Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña. 

¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros. ¿No habéis leído esta Escritura: ‘La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?’”.

Trataban de detenerle —pero tuvieron miedo a la gente— porque habían comprendido que la parábola la había dicho por ellos. Y dejándole, se fueron.

COMENTARIO

A veces necesitamos que Dios se dirija muchas veces a nosotros para atender lo que nos dice. Sea porque no nos interesa lo que nos propone o, simplemente, porque no tenemos el oído espiritual preparado para tal relación directa.

Tenemos la obligación espiritual, como cristianos, de tener a Cristo como la piedra angular a que se refiere el Maestro porque es con Él con quien debemos caminar y es en él en quien podemos vivir y existir.

Prestar una atenta escucha, por ejemplo en la oración, a lo que Dios nos dice ha de ser, seguramente, el camino más recto hacia el definitivo reino del Creador. Él nos espera con ansia de Padre que ve como su hijo regresa, a lo mejor, de la perdición.



JESÚS, muchas veces les dijiste a los que te oían lo que debían saber para vivir de acuerdo a la voluntad de Dios y otras tantas veces, al parecer, no te hacían caso. Tú, que eres la piedra angular, has de servirnos de fortaleza en la que recostar nuestra tribulación.



Eleuterio Fernández Guzmán

6 de marzo de 2011

Como fe firme



Mt 7,21-27

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No todos los que me dicen ‘Señor, Señor’ entrarán en el reino de los cielos, sino solo los que hacen la voluntad de mi Padre celestial. Aquel día muchos me dirán: ‘Señor, Señor, nosotros hablamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros’. Pero yo les contestaré: ‘Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, malhechores!’.


Todo el que oye mis palabras y hace caso a lo que digo es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Vino la lluvia, crecieron los ríos y soplaron los vientos contra la casa; pero no cayó, porque tenía sus cimientos sobre la roca. Pero todo el que oye mis palabras y no hace caso a lo que digo, es como un tonto que construyó su casa sobre la arena. Vino la lluvia, crecieron los ríos y soplaron los vientos, y la casa se derrumbó. ¡Fue un completo desastre!’”.

COMENTARIO


Hacer como que se cree, de cara a los demás, es muy fácil para una persona. No se compromete a nada sino que, en apariencia, lo da todo por Dios y por su Reino. Es, digamos, la simulación de fe.

Dios, sin embargo, como dice Jesús en otra ocasión, ve en lo secreto y, por eso mismo, es de necios tratar de esconder lo que puede ver y, de hecho, ve.

Podemos hacer lo que queremos con nuestra vida: bien desarrollamos nuestra existencia de acuerdo a la Ley de Dios y a su voluntad o bien, al contrario, hacemos lo que queremos sin tenerlo en cuenta para nada. Jesús sabe cuál es la forma más adecuada para ser unos buenos hijos de Dios: construir sobre roca, sobre La Roca que es Él mismo.


JESÚS, eres la roca sobre la que construir nuestra vida. Sobre ti toda construcción del espíritu dura para siempre. Por eso no podemos hacer como si careciera de sentido seguirte o seguir tu doctrina porque como eres la roca firme sobre la que construir sólo podemos hacerlo, en efecto, sobre ti.





Eleuterio Fernández Guzmán