16 de octubre de 2026

Matar el alma

Lc 12, 1-7


"Se reunieron miles de personas, hasta el punto de atropellarse unos a otros. Jesús comenzó a decir, dirigiéndose primero a sus discípulos: 'Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. No hay nada oculto que no deba ser revelado, ni nada secreto que no deba ser conocido. Por eso, todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad, será escuchado en pleno día; y lo que han hablado al oído, en las habitaciones más ocultas, será proclamado desde lo alto de las casas. A ustedes, mis amigos, les digo: No teman a los que matan el cuerpo y después no pueden hacer nada más. Yo les indicaré a quién deben temer: teman aquel que, después de matar, tiene el poder de arrojar a la Gehena. Sí, les repito, teman a ese. ¿No se venden acaso cinco pájaros por dos monedas? Sin embargo, Dios no olvida a ninguno de ellos. Ustedes tienen contados todos sus cabellos: no teman, porque valen más que muchos pájaros.'"

COMENTARIO

Este texto que recoge el Evangelio de San Lucas es, sin duda, uno que es crucial para nuestra vida de fe cristiana y, aquí, católica. Y no es que hable el Hijo de Dios de algo que pudiera tener más o menos importancia para nosotros sino que lo que dice es tan fundamental que nunca debías ser olvidado.

El caso es que se dirige, primero, a sus Apóstoles por ser ellos quienes, con el tiempo, debían transmitir la Buena Noticia y predicar acerca de Sus palabras y del verdadero contenido de la Ley y Voluntad de Dios. 

Lo que dice es lo siguiente: debemos cuidar el alma para que no la maten aquellos que quieren matarla porque el cuerpo puede ser atacado pero al morir se convierte el polvo mientras que el alma queda después de la muerte y si consentimos que la maten... seré el llanto y el rechinar de dientes. 


JESÚS, gracias por esta enseñanza tan valiosa. 

Eleuterio Fernández Guzmán 

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