31 de agosto de 2018

Estar preparados



Mt 25,1-13

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: ‘El Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: ‘¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: ‘Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan’. Pero las prudentes replicaron: ‘No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis’. Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’. Pero él respondió: ‘En verdad os digo que no os conozco’. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora’”.


COMENTARIO

Cuando el Hijo de Dios habla a los que le escuchan lo hace de forma que pueda ser entendido. Por eso hace uso de parábolas que, siempre, resultan más comprensibles. Y es lo que hace con el caso de las vírgenes que se van a casar.

Hay quien cree que, a lo mejor, a la hora de salvarse para siempre, para la vida eterna, le será suficiente con arrepentirse de lo mal hecho en el justo momento de morirse. Lo que pasa es que no se suele saber cuál es tal momento y, a lo mejor, al llegar al mismo no estamos, siquiera, para darnos cuenta de lo que importa.

Hay quien, sin embargo, sabe que llegado el momento de la muerte es necesario estar preparado. Por eso, como las vírgenes sensatas o prudentes, preparan su alma para tal momento sabiendo que, cuando llegue, podría ser demasiado tarde.
JESÚS,  ayúdanos a estar preparados para el momento de la muerte, a ser prudentes.



Eleuterio Fernández Guzmán

30 de agosto de 2018

Estar preparados



Mt 24,42-51


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda’, y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes’”.


COMENTARIO

El hecho de no saber cuándo seremos llamados por Dios para presentarnos ante su tribunal es una realidad que nos debería hacer pensar más de lo que, por lo general, nos hace pensar. Hay que estar preparados.

Prepararse para la venida de Jesucristo en su Parusía o para presentarse ante Dios sólo se puede hacer de una forma: siguiendo la voluntad del Creador y cumpliendo su Ley.

El nuestra preparación para tal momento resultará bien un juicio para bien o un juicio para mal eterno nuestro. Estamos, por lo tanto, avisados de qué tenemos que hacer y, por lo tanto, no podemos argumentar a favor nuestro pretextando ignorancia: Dios lleva muchos siglos diciendo que, en cualquier momento, viene o nos llama.


JESÚS, nos quieres preparados. La preparación es seguirte y hacer como haces Tú, Hijo de Dios y hermano nuestro. Es cierto que no siempre podemos porque nos sentimos atraídos por el mundo y sus vivencias. Sin embargo, depende de lo que hagamos lo que será nuestra vida eterna.


Eleuterio Fernández Guzmán


29 de agosto de 2018

La fe de Juan el Bautista



Mc 6,17-18.21-29

En aquel tiempo, Herodes había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: ‘No te está permitido tener la mujer de tu hermano’.

Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: ‘Pídeme lo que quieras y te lo daré’. Y le juró: ‘Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino’. Salió la muchacha y preguntó a su madre: ‘¿Qué voy a pedir?’. Y ella le dijo: ‘La cabeza de Juan el Bautista’. Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: ‘Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista’. El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura”.

COMENTARIO    

Juan el Bautista, quien en el Jordán no quiso bautizar a su primo Jesús pero no tuvo más remedio que hacerlo, se encuentra en una pésima situación. Por cumplir con la misión que tenía que cumplir se ve con sus proféticos huesos en la cárcel.

El Mal nunca descansa. Todo estaba preparado y más que preparado por el Príncipe de este mundo. De seguro había entrado en el corazón de Herodías y de su hija. Ellas, viendo la ocasión preparada por el Maligno, no dudan en aprovecharla para quitar de en medio a quien tanto las denunciaba.

El martirio de Juan el Bautista es ejemplo de algo que muchas veces se olvida: la fe. Aquel hombre, enjuto y que vivía de lo que encontraba en el desierto, estaba asistido muy especialmente por el Espíritu Santo. Por eso no cayó cuando debía hablar.

JESÚS, ayúdanos a imitar la fe de tu primo Juan.

Eleuterio Fernández Guzmán

28 de agosto de 2018

Lo que importa de la Ley de Dios



Mt 23,23-26

En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña y codicia! ¡Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!’.

COMENTARIO

Jesús no ceja en el empeño de hacer cumplir la Ley de Dios. Para eso vino y, como Él mismo diría, tenía que cumplirse hasta la última tilde de la misma. Pero hacer eso supone poner a disposición del Creador el mismo corazón.

Es cierto que se llega a tergiversar tanto la voluntad de Dios que acaba por no serlo. Por eso critica tanto Jesucristo lo que hacen aquellas personas y que no es otra cosa que hacer que sea más importante lo que es, en realidad, menos.

Justicia, misericordia y fe. Son tres realidades espirituales y, también, materiales en cuanto se plasmen en la realidad de las personas, que no se tenían en cuenta. Para eso Jesús vino y por eso, precisamente por eso murió de muerte de cruz.


JESÚS, tú querías siempre que comprendiésemos la verdadera, la única, voluntad de Dios. Sin embargo, nosotros, tus discípulos (o que nos hacemos llamar así) no nos conviene mucho o, mejor, hacemos que no nos convenga porque nos viene mejor la falta de justicia para satisfacer nuestro egoísmo, la falta de misericordia para imponer nuestro criterio y, con todo, la falta de fe, que sostiene a una y otra virtud.



Eleuterio Fernández Guzmán


27 de agosto de 2018

¡Cuidado con ser hipócritas!

Mt 23, 13-22

“13 ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar. 15 ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros! 16 ‘¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: ‘Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!’ 17 ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el oro? 18 Y también: ‘Si uno jura por el altar, eso no es nada; mas si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado.’
19 ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda? 20 Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. 21 Quien jura por el Santuario, jura por él y por Aquel que lo habita. 22 Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él.’”


COMENTARIO

Las advertencias que hace el Hijo de Dios a los fariseos y a los escribas, podríamos decir, a lo mejor nos las podemos aplicar nosotros mismos por muchos años que hayan pasado desde entonces.

Tergiversar el sentido de la Voluntad de Dios y hacer lo que se quiera con su Ley no es una tentación, tan sólo, de los que tienen poder y pueden, por así decirlo, hacer eso sino que a cada uno de nosotros también nos puede pasar lo mismo.

Pero el Hijo de Dios conoce muy bien qué es lo que su Padre del Cielo quiere para su descendencia y no es, precisamente, lo que, en demasiadas ocasiones aquellos que habían sido elegidos para conducir a su pueblo, hacían.


JESÚS,  ayúdanos a cumplir la Voluntad de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán

26 de agosto de 2018

Espíritu y carne


Jn 6, 60-69

Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: ‘Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?’ Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: ‘¿Esto os escandaliza? ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?... ‘El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. ‘Pero hay entre vosotros algunos que no creen.’ Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y decía: ‘Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre.’ Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él. Jesús dijo entonces a los Doce: ‘¿También vosotros queréis marcharos?’ Le respondió Simón Pedro: ‘Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.’”

COMENTARIO      


En este diálogo Jesús deja claro algo muy importante que tiene todo que ver con la vida eterna y, ahora mismo, con lo que se hace en el mundo. Y es que no es lo mismo el mundo que el espíritu y eso debían comprender qué significaba.

Bien dice Jesús que la carne no sirve para nada. Quería decir que al morir desaparece, se vuelve polvo, y, en realidad, de poco ha servido lo hecho por ella en vida. El Espíritu, sin embargo, es lo que perdura y es lo que, al fin y al cabo, hay que cuidar y tener en cuenta.

Muchos, claro está, al escuchar aquellas palabras, creían que sería difícil seguirlo. Pero Pedro, inspirado por el Espíritu Santo, dice una gran verdad: Cristo tiene palabra de vida eterna. ¿Se puede seguir a otro?

JESÚS, ayúdanos a comprender tus palabras.

Eleuterio Fernández Guzmán


25 de agosto de 2018

Cristo, guía y pastor



Mt 23,1-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente y a los discípulos: ‘En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame ‘Rabbí’.

Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar ‘Rabbí’, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie ‘Padre’ vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar ‘Guías’, porque uno solo es vuestro Guía: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado’.

COMENTARIO

Muy bien dice Jesucristo que tenían que hacer lo que los entendidos en la Ley de Dios les decían que tenían que hacer pero que, sin embargo, no hicieran lo que hacían. Esto, seguramente, sería porque no concordaba una cosa con la otra. Poco amor donde tenía que haber amor y mucha soberbia donde tenía que haber humildad.

Cristo es a quien hay que seguir porque es un buen guía y es un buen pastor: es buen Guía porque comunica el camino a seguir para llegar al definitivo Reino de Dios; es buen Pastor porque conduce a sus ovejas sin perder a ninguna y, en caso de perderla, va a buscarla y la regresa al redil de donde no debió salir.

Servir, ser servidor de los demás, del prójimo, es uno de los mensajes que dejó Cristo para que sus discípulos cumpliésemos con él. No cabe, por lo tanto, querer ser servido sino, como dijo Él mismo, servir.


JESÚS,  querías que te siguieran porque eras, eres, buen guía y buen pastor. Muchas veces, sin embargo, no hacemos caso de las indicaciones que nos das y miramos, exclusivamente, desde nuestro egoísmo. Entonces nos apartamos de tu persona y, así, de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

24 de agosto de 2018

¡Ver, sólo, lo real!

Jn 1,45-51
En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: ‘Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret’. Le respondió Natanael: ‘¿De Nazaret puede haber cosa buena?’. Le dice Felipe: ‘Ven y lo verás’. Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño’. Le dice Natanael: ‘¿De qué me conoces?’. Le respondió Jesús: ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi’. Le respondió Natanael: ‘Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: ‘¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre’.

COMENTARIO

Natanael debía ser un buen judío y verdadero cumplidor de la Ley de Dios. Sin embargo, también actuaba como hombre, como ser  pegado a la tierra en la que habita.

 Ver algo extraordinario le produjo a Natanael la sensación de estar, en efecto, ante una persona que era algo más, mucho más, que uno de sus semejantes. Quien podía decir dónde había estado sin haberlo visto físicamente tenía un poder que era algo no muy común.

Pero Jesús dice que eso que le hace ver cosas importantes, en realidad no es nada porque lo que han de ver sí que será, de verdad, digno de ser tenido en cuenta: ver al Hijo del hombre volver del definitivo Reino de Dios para juzgar a vivos y muertos.

JESÚS,  lo que, de verdad, importa no es lo que mundanamente podamos considerar de lo que haces o dices. Lo que, en verdad, importa es reconocerte Hijo de Dios, Dios mismo hecho hombre y actuar en consecuencia.


Eleuterio Fernández Guzmán

23 de agosto de 2018

Ser de los escogidos por Dios


Mt 22,1-14

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a otros siervos, con este encargo: ‘Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.
Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos”.

COMENTARIO

Muchos, en el pueblo elegido por Dios, creían que eran ellos, en exclusiva, los que se iban a salvar. Y es que se sabían especialmente escogidos por Dios para ser su pueblo y eso los hacía, en cierta manera, egoístas en materia espiritual.

Jesús, sin embargo, sabe perfectamente (porque Dios hecho hombre) que eso no es así. Y es que tiene un corazón grande y misericordioso donde cabe todo hermano suyo y, así, todo hijo de Dios (o, mejor, al revés).

Podemos decir, para que nadie se lleve a engaño, que no podemos presentarnos ante Dios de cualquier forma sino de la mejor posible, con el alma limpia y, en fin, perfectamente preparados para tal momento.

JESÚS, ayúdanos a estar preparados para presentarnos ante el Padre.

Eleuterio Fernández Guzmán


22 de agosto de 2018

Una Madre que bien vale el Cielo



Lc 1, 26-38

“26 Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27 a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. 28 Y entrando, le dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. 29 Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. 30 El ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; 31 vas a concebir en el  seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. 32 El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33 reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin. 34 María respondió al ángel: ¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón? 35 El ángel le respondió: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. 36 Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, 37 porque ninguna cosa es imposible para Dios. 38 Dijo María: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Y el ángel dejándola se fue.”


COMENTARIO

San Lucas, seguramente bien informado por la Virgen María, pone sobre la mesa el episodio de la Anunciación. Y lo hace con la seguridad de que será bien entendido por aquellos a los que va dirigido. Casi parezca que diga María: “El Ángel fue enviado a mi casa...”

Lo que pasó aquel día ha tenido repercusión en la historia de la salvación. Y es que fue el momento en el que una joven de Nazaret se enfrentó a un momento tan difícil como reconocer que Dios, a quien tanto amaba, se había fijado en ella para que fuera la Madre de su Hijo y, así, de Sí mismo.

María podía haber dicho otra cosa. Eso, sin embargo, era casi imposible porque estaba sometida a la Voluntad de Dios y, aunque no acabara de entender cómo iba a ser aquello que le decía en enviado de Dios, lo bien cierto es que, declarándose la esclava del Señor… ¿qué otra cosa podía hacer? Pues lo que hizo.


JESÚS, gracias por haber escogido como Madre a María

Eleuterio Fernández Guzmán

21 de agosto de 2018

Ser, aquí, los últimos



Mt 19,23-30
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos’. Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: ‘Entonces, ¿quién se podrá salvar?’. Jesús, mirándolos fijamente, dijo: Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible’.
Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?’. Jesús les dijo: ‘Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros’”.

COMENTARIO

No se puede negar que cada judía tenía un anhelo grande: la vida eterna, estar con Dios para siempre. Por eso Jesús sabe que debe enseñar todo lo que pueda acerca de cómo eso puede conseguirse.

La cosa no es fácil. Jesús pone el ejemplo del camello y del rico para que vean lo dificultoso que puede ser llegar al Cielo. Además, es cosa de Dios decidir quién está capacitado espiritualmente para tener la Visión Beatífica.

Sin embargo, Jesús avanza una gran verdad: quien le siga ahora, quien deje atrás su corazón de piedra y venga a tener uno de carne tendrá, ya, una gran ganancia y luego, cuando muera, la vida eterna.

JESÚS, ayúdanos a seguirte siempre.

Eleuterio Fernández Guzmán


20 de agosto de 2018

Lo que importa


Mt 19, 16-22

“16 En esto se le acercó uno y le dijo: ‘Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?’ 17 Él le dijo: ‘¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos’. 18 ‘¿Cuáles?’ - le dice él. Y Jesús dijo: ‘No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no
levantarás falso testimonio, 19 honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo’. 20 Dícele el joven: ‘Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?’
21 Jesús le dijo: ‘Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme’. 22 Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.”


COMENTARIO

No era extraño que al Hijo de Dios se dirigiesen aquellos que le seguían y escuchaban para preguntarle acerca de realidades espirituales. Y, aquel joven rico, quería saber, quería conocer.

Seguramente, la teoría la conocía muy bien aquel joven. Es decir, desde una edad bien tierna fue aprendiendo los Mandamientos que Dios entregó a Moisés hacía muchos siglos. Eso, al menos, lo tenía claro.

Jesús, sin embargo, iba a plantearle algo que, al parecer, no fue del gusto de aquel que quería saber y conocer. Y, en realidad, no era más que la parte práctica de aquella fe: amar al pobre. Pero, al parecer, no fue capaz de superar aquella prueba. Y es que era muy rico y tenía apego a algo distinto a la Voluntad de Dios.

JESÚS,  ayúdanos a no ser como aquel que creía que tenía fe.




Eleuterio Fernández Guzmán

19 de agosto de 2018

El pan vivo bajado del Cielo




Jn 6, 51-58

“’Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre;  y el pan que yo le voy a dar,  es mi carne por la vida del mundo.’ Discutían entre sí los judíos y decían: ‘¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?’ Jesús les dijo: ‘En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre,  no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día.  Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre.’”  


COMENTARIO    

Lo que Jesús dice de cara a la salvación del ser humano tiene una importancia, como podemos imaginar, muy grande. Y es que la misión del Hijo de Dios tenía relación total con el hecho de que el Creador quiere tener a todos sus hijos consigo.

Jesús requiere, para la salvación, la manifestación de voluntariedad por parte de quien debía ser salvado. Por eso dice que es quien coma la carne del Hijo quien se salvará. Por tanto, quien no la coma conociendo su realidad espiritual, no se salvará.

Jesús distingue ente los tiempos de la Antigua Alianza y la Nueva que Dios había establecido entre su Hijo y la nueva humanidad. Antes, aquellos que comieron el maná, murieron, no fueron al Cielo sino, los justos, al libro de Abrahám. Ahora, los que acepten a Jesús y coman su cuerpo y beban su sangre, irán al Cielo. Así de sencillo.

JESÚS, ayúdanos a persistir en nuestra creencia en Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán


18 de agosto de 2018

Ser niños


Mt 19,13-15

En aquel tiempo, le presentaron a Jesús unos niños para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús les dijo: ‘Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos’. Y, después de imponerles las manos, se fue de allí.

COMENTARIO

Jesús tenía un amor muy especial por los desfavorecidos. Los niños, eran, junto a la mujer y a las personas que tenían determinadas enfermedades, los que más sufrían el apartamiento social por no ser muy tenidos en cuenta.

A Jesús le gustaba que los niños se le acercaran. Comprendía que su inocencia  y su, aún,  no violentado espíritu por las cosas del mundo, era un campo donde poder sembrar con seguridad de obtener buen fruto para el espíritu.

El Reino de los cielos está reservado para quien es como un niño. Con esto lo que quería dar a entender el Hijo de Dios es que deberíamos tener un comportamiento lo más parecido a lo que, en inocencia y sometimiento a los padres, tiene el niño. Sólo así nuestra vida podrá ser entendida como provechosa y no perdida.


JESÚS, los niños querían que les contaras cosas, que les dijeras lo que de bueno veías en ellos. Con corazón aún de carne y no corrompido por las mundanidades, avaricias y egoísmos sin sentido y sin fin, podían ser vistos como aquellos que serían muy bien recibidos en el Reino de tu Padre.  Por eso nos pides que seamos como ellos aunque, muchas veces, lo olvidamos porque no nos conviene.


Eleuterio Fernández Guzmán

17 de agosto de 2018

La verdadera Ley de Dios




Mt 19,3-12

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: ‘¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?’. Él respondió: ‘¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre’. 

Dícenle: ‘Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?’. Díceles: ‘Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer -no por fornicación- y se case con otra, comete adulterio’. 

Dícenle sus discípulos: ‘Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse’. Pero Él les dijo: ‘No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda’”.

COMENTARIO

Como sabemos había muchos que querían poner a prueba a Jesús. Le tentaban con pruebas relacionadas con la fe que decían tener aquellos que habían hecho de la Ley de Dios un artificio difícil de cumplir.

La pregunta sobre el divorcio tenía trampa. Querían ver si Jesús conocía la norma establecida según la cual el hombre puede repudiar a su esposa. Sin embargo Jesús sabe que Dios no quiso que eso pudiera llevarse a cabo y fue la dureza del corazón lo que posibilitó que Moisés admitiera tal actitud.

Jesús lanza una propuesta: quien quiera entregarse a Dios de una forma total y no contraigan matrimonio puede hacerlo. De todas formas deben saber que es el Creador quien escoge a los que eso deben llevar a cabo.


JESÚS, ayúdanos a comprender la Palabra de tu Padre.

Eleuterio Fernández Guzmán

16 de agosto de 2018

Setenta veces siete

Mt 18, 21-30.32-35


“21 Pedro se acercó entonces y le dijo: ‘Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?’ 22 Dícele Jesús: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete’. 23 ‘Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. 24 Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. 25 Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. 26 Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré.’ 27 Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. 28 Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes.’ 29 Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré.’ 30 Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. 33 ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’ 34 Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. 35 Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano”.


COMENTARIO

El ejemplo que pone el Hijo de Dios a Pedro para que comprenda lo que supone perdonar quizá le sirvió a quien, tiempo después, debería ser perdonado.

Aquel siervo debía mucho dinero. Mucho se le debía perdonar. Y su señor le perdona mucho porque mucho le debía. Y debía mostrar agradecimiento. Y a su señor seguro que se lo mostró. Pero no hizo lo mismo con quien a él le debía muy poco.

Perdonar lo poco es, también, importante. Pero, de todas formas, el perdón debe alcanzar a todas las ofensas que se nos infieran porque ya dice Jesucristo que debemos perdona… siempre.


JESÚS,  gracias por enseñarnos, con tu vida, qué es el perdón y hasta dónde llega el mismo.


Eleuterio Fernández Guzmán

15 de agosto de 2018

Asunción de la Virgen María en cuerpo y alma al Cielo




Hoy corresponde el evangelio de san Lucas. En concreto los versículos 39 al 56 del capítulo 1 del mismo. María proclama el Magnificat ante su prima Isabel porque se sabe especialmente elegida por Dios.  Y ha dicho que sí a la Voluntad del Todopoderoso y con su respuesta ha salvado a la humanidad para siempre, siempre, siempre.


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JESÚS, cuida a tu Madre y escucha siempre las peticiones que a ella dirigimos desde nuestra vida terrena.

Eleuterio Fernández Guzmán


14 de agosto de 2018

Ser como niños


Mt 18,1-5.10.12-14

En una ocasión, los discípulos preguntaron a Jesús: ‘¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?’. Él llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: ‘Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños’”.

COMENTARIO


Los discípulos más cercanos a Jesús querían saber. Ellos, que veían cómo oraba el Maestro y que muchas veces se refería al Reino de Dios, estaban muy interesados en conocer cosas del Padre y de su Reino. Por eso le preguntan acerca de quién es el más importante en el Reino de los Cielos.

Jesús, sin embargo, a lo mejor no les va a agradar con lo que dicen. Y es que en su tiempo el niño era bastante menospreciado por su poco valor de cara al trabajo o a aportar algo a la casa. Y Jesús sabe quien no sea como un niño no entrará en el Reino de los Cielos. Conviene, por tanto, hacerse como un niño.

Pero Jesús les dice más. En el Cielo las cosas no son como en la tierra. Aquí vale el número a favor; en el Cielo, lo que se recupera, l que se salva, vale más que lo demás. Por eso conviene buscar el Cielo a través del Hijo de Dios.


JESÚS, ayúdanos a ser como niños para entrar en el definitivo Reino de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


13 de agosto de 2018

No es necesario causar escándalo


Mt 17, 22-27


“22 Yendo un día juntos por Galilea, les dijo Jesús: ‘El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; 23 le matarán, y al tercer día resucitará’. Y se entristecieron mucho. 24 Cuando entraron en Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban el didracma y le dijeron: ‘¿No paga vuestro Maestro el didracma?’ 25 Dice él: ‘Sí’. Y cuando llegó a casa, se anticipó Jesús a decirle: ‘¿Qué te parece, Simón?; los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?’ 26 Al contestar él: ‘De los extraños’, Jesús le dijo: ‘Por tanto, libres están los hijos. 27 Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un estáter. Tómalo y dáselo por mí y por ti’.


COMENTARIO

El Hijo de Dios sabe más que bien que no puede ir por el mundo produciendo algún tipo de escándalo porque muchos que no lo quieren aprovecharan el mismo para ponerlo en evidencia. Y ahora tampoco puede permitirlo.

Jesucristo pone sobre la pista de qué va a sucederle. Se lo dice a los que le acompañan por el camino. El resto de discípulos aún no está preparado para saberlo. No nos extraña nada que se entristezcan. Y lo hacen porque saben que Cristo no miente y no puede engañarlos.

Según podemos deducir de las palabras de Cristo recogidas en este Evangelio, al Hijo de Dios no lo reconocen como de los suyos. Y es que quieren hacerle pagar el impuesto que se hace pagar a los extranjeros. Y es que eran más que ignorantes en tal realidad espiritual.



JESÚS,  gracias por no querer causar escándalo.


Eleuterio Fernández Guzmán

12 de agosto de 2018

El Pan de Vida


Jn 6, 41-51

“41 Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: ‘Yo soy el pan que ha bajado del cielo’. 42 Y decían: ‘¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: He bajado del cielo?’ 43 Jesús les respondió: ‘No murmuréis entre vosotros. 44 ‘Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. 45 Está escrito en los profetas: Serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. 46 No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre. 47 En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. 48 Yo soy el pan de la vida. 49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; 50 este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. 51 Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo’”.


COMENTARIO

Lo que el Hijo de Dios estaba transmitiendo en aquel diálogo, al parecer, no era muy del gusto de algunos de los que le escuchaban. Y es que sabían, lo tenían por, hijo de José el carpintero y ellos creían que el Mesías no se sabría de dónde vendría.

La predicación de Cristo acerca del Pan de vida tiene todo que ver con la salvación individual de cada uno de aquellos que le estaban escuchando. Y es que sólo Él había visto al Padre, a Dios Todopoderoso y, por eso mismo, debían atender a lo que les decía.

Lo dice con toda claridad: quien come del Pan de viva ha de vivir para siempre. Y se refiere, aunque muchos no podían entenderlo entonces, a su muerte, a su Cuerpo en la especie del pan y a su Sangre en la especie del vino.


JESÚS, gracias por hacer posible que alcancemos la vida eterna.

Eleuterio Fernández Guzmán