11 de julio de 2016

El divino orden de las cosas



Mt 19, 27-29

“Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?’  Jesús les dijo: ‘Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna. 30 ‘Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros.’”

COMENTARIO

Jesús habla ahora de lo que hay tras la muerte. Y es que aquellos que le preguntan sobre qué será de ellos que lo han dejado todo por seguirle, quieren saber, quieren conocer, al fin y al cabo, cuál será su compensación. Humanamente, se entiende…

Jesús sabe que todo aquel que lo deja todo por Él tiene una compensación muy grande cuando aún vive en la tierra pero luego, luego, tras la muerte, la misma será de una cantidad y calidad que no pueden ni imaginar. Ellos, por ejemplo, los apóstoles, se sentarán en doce tronos en el Cielo.

Pero hay algo más. Hay que tener en cuenta lo que hacemos aquí, mientras deambulamos por este valle de lágrimas. Y es que muchos de los que se consideran primeros serán los últimos en el Cielo y, al revés, muchos de los que son últimos, allí han de ser los primeros.
Y es que el orden de las cosas, para Dios, no es el mismo que el que tenemos sus hijos.

JESÚS, ayúdanos a comprender el orden de las cosas según el Padre.

Eleuterio Fernández Guzmán


10 de julio de 2016

La vida eterna no sale gratis





Domingo XV (C) del tiempo ordinario
Lc 10,25-37

En aquel tiempo, se levantó un maestro de la Ley, y para poner a prueba a Jesús, le preguntó: ‘Maestro, ¿que he de hacer para tener en herencia la vida eterna?’. Él le dijo: ‘¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?’. Respondió: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo’. Díjole entonces: ‘Bien has respondido. Haz eso y vivirás’.
Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: ‘Y ¿quién es mi prójimo?’. Jesús respondió: ‘Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: ‘Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva’.
‘¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?’. Él dijo: ‘El que practicó la misericordia con él’. Díjole Jesús: ‘Vete y haz tú lo mismo’”.
COMENTARIO

Hay que reconocer que el ser humano, esencialmente religioso, gusta de saber qué ha de ser de sí cuando muera. Y la vida eterna ha de entrar entre los principales intereses que tenga. Es más, ha de ser lo que verdaderamente le importe.
Aquel hombre quería alcanzar la vida eterna. Jesús le informa acerca de cómo alcanzarla porque, como debía imaginar, no iba a ser a cambio de nada. Y lo primero que debía cambiar era su corazón. Y, para eso, Cristo habla del samaritano que no era tan malo como los judíos creían.

El caso es que Jesús, al hablar así de aquel hombre que socorrió a su prójimo, está dando pistas de cómo debemos comportarnos cada uno de nosotros. Y es que hacer eso es acordar con la voluntad de Dios.



JESÚS, ayúdanos a ser fieles a tu voluntad.


Eleuterio Fernández Guzmán


9 de julio de 2016

Matar el alma


Sábado XIV del tiempo ordinario
Mt 10,24-33

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: ‘No está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por encima de su amo. Ya le basta al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su amo. Si al dueño de la casa le han llamado Beelzebul, ¡cuánto más a sus domésticos!

‘No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados. Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. ¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos. Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos’”.

COMENTARIO

Jesús sabe que, a lo mejor, hay quien quiere ser más que él mismo. Sin embargo, conocer la capacidad humana de mantener una fe que se dice firme es suficiente como para saber que es más que suficiente con que procuremos ser igual que Él; más, imposible.

El caso es que Jesús nos avisa acerca de lo que debe importarnos: aquellos que pretenden hacer daño a nuestro cuerpo, nada tienen de importantes. Y tal así porque el cuerpo, con la muerte, desaparecerá. Lo que debemos tener en cuenta es a los pretenden que nuestra alma perezca para siempre. No, pues, atengamos a la tentación ni a los tentadores.

Algo, sin embargo, es muy importante. Y es que si tenemos fe no podemos hacer de ella algo anecdótico. Es decir, que si se da la ocasión de mostrar que somos discípulos de Cristo no podemos esconder la realidad espiritual de la que decimos tomar parte.

JESÚS, ayúdanos a no esconderte por conveniencias humanas.

Eleuterio Fernández Guzmán


8 de julio de 2016

Confianza en el Espíritu Santo


Viernes XIV del tiempo ordinario
Mt 10,16-23

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. 
Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre’”.

COMENTARIO

Cuando Jesús envía a sus discípulos sabe que no van a un mundo ideal donde toda persona quiera escuchar lo que ellos tenían que decir al respecto del Reino de Dios y del Mesías. Sabe que, en efecto, los envía a lugares donde van a ser poco queridos.

El caso es que, como ha dicho otras veces, por su causa habrá separación. Sin embargo, no se trata de una separación negativa sino de una que clasifica al ser humano entre aquellos que quieren la vida eterna y aquellos que la rechazan. Y tal separación sólo puede ser buena para los que escogen vivir eternamente en el Cielo.

Tendrán, además, una ayuda extra. El Espíritu Santo los ayudará en aquellos momentos en los que sean acusados ante los tribunales. Y ellos, seguramente sin saber cómo, hablarán como sólo Dios puede hablar.


JESÚS, ayúdanos a confiar en el Espíritu Santo.

Eleuterio Fernández Guzmán


7 de julio de 2016

El Reino de Dios está cerca



Jueves XIV del tiempo ordinario
Mt 10,7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: ‘Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros. Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, salid de la casa o de la ciudad aquella sacudiendo el polvo de vuestros pies. Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad’”.

COMENTARIO

La misión que Cristo había venido a llevar a cabo debía ser continuada por aquellos que había escogido y ellos habían aceptado la misma. Por eso los envía para proclamar que el Reino de Dios estaba cerca. Es más, estaba tan cerca como quisieran aceptar a Cristo como el Mesías.

Jesús sabe que lo que Dios da al hombre lo da de forma que, si es aceptado, debe rendir. Son los talentos que da a cambio de que sean usados. Por eso Cristo habla de que hay que dar gratis lo que se ha recibido gratis.

El caso es que lo que se hace tiene consecuencias en la vida eterna. Es decir, que todo aquello que hacemos ahora mismo y mañana y hasta cuando aquí estemos, tiene que ver con lo que nos pasará una vez hayamos muertos. Por eso es más que bueno aceptar a Jesús como el Hijo de Dios.

JESÚS, ayúdanos a dar gratis lo que hemos recibido gratis.

Eleuterio Fernández Guzmán


6 de julio de 2016

Escogidos para la Gloria



Miércoles XIV del tiempo ordinario
Mt 10,1-7
En aquel tiempo, llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Franco, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le entregó. A éstos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: ‘No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca’".


COMENTARIO


Cuando Jesús escoge a los que iban a ser sus apóstoles no lo hace sin establecer, para ellos, un estatuto especial con respecto a los demás que iban a ser discípulos suyos. A ellos les da un poder que, viniendo de parte de Dios, era el que necesitaban para cumplir con la misión que se les iba a encomendar.

Los nombres de aquellos hombres nos han llegado desde entonces para certificar una elección. Es Dios-Cristo quien escoge a los que quiere y deja, a los mismos, la posibilidad de seguir al Hijo de Dios.

¿Qué quería Cristo de ellos? Primero, que fueran por el mundo transmitiendo la Buena Noticia; segundo, que lo hicieran con las ovejas perdidas del pueblo de Israel o, lo que es lo mismo, con aquellos que habían dejado de pertenecer al pueblo elegido por Dios.


JESÚS, ayúdanos a ser ovejas que has encontrado.



Eleuterio Fernández Guzmán

5 de julio de 2016

Trabajadores para la mies del Señor es lo que queremos


Mt 9, 32-38

“Salían ellos todavía, cuando le presentaron un mudo endemoniado. Y expulsado el demonio, rompió a hablar el mudo. Y la gente, admirada, decía: ‘Jamás se vio cosa igual en Israel.’ Pero los fariseos decían: ‘Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios.’  Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando todo enfermedad y toda dolencia. Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: ‘La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.“

COMENTARIO

¿Habrá una blasfemia más grande que decir que Jesús expulsa a los demonios por el Príncipe de los demonios? Y es que esto, en realidad, suponía que era discípulo de Satanás. Eso, al menos, era lo que sostenían aquellos que lo perseguían a muerte.

Jesús, de todas formas, no se arredraba nada cuando eso se le decía o, al menos, escuchaba que otros habían dicho de Él. Al contrario: iba por los caminos y los pueblos predicando acerca del Reino de Dios y sanando a los que necesitaban ser sanados.

De todas formas, Jesús sabía que él sólo no iba a poder abarcar todo el espacio físico que necesitaba ser abarcado. Por eso pide a sus apóstoles que rueguen a Dios para que suscite, entre los miembros del pueblo elegido ahora (el cristiano) a los que puedan pastorearlo.


JESÚS, pide al Padre, intercediendo por una necesidad tan grande a tal respecto, que envíe a trabajadores a su mies.

Eleuterio Fernández Guzmán


4 de julio de 2016

La fe salva




Lunes XIV del tiempo ordinario
Mt 9,18-26

En aquel tiempo, Jesús les estaba hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante Él diciendo: ‘Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá’. Jesús se levantó y le siguió junto con sus discípulos. En esto, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó la orla de su manto. Pues se decía para sí: ‘Con sólo tocar su manto, me salvaré’. Jesús se volvió, y al verla le dijo: ‘¡Ánimo!, hija, tu fe te ha salvado’. Y se salvó la mujer desde aquel momento. 
Al llegar Jesús a casa del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando, decía: ‘¡Retiraos! La muchacha no ha muerto; está dormida’. Y se burlaban de Él. Mas, echada fuera la gente, entró Él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó. Y la noticia del suceso se divulgó por toda aquella comarca.”

COMENTARIO

Todos conocemos el amor que Cristo sentía por sus semejantes, sus hermanos los hombres. Si, además, concurría petición basada en la fe o confianza en su persona… el resultado ya podemos imaginar cuál era.

Aquella mujer confiaba mucho en el amor de Cristo. Pensaba que tan sólo con tocar un poco de su manto iba a quedar curada. Y Cristo, que sabe que eso es posible no puede hacer otra cosa que curarla.

La fe de aquella mujer la salvó. Lo mismo pasa con la hija de aquel hombre, Jairo, que pretende que Jesús le eche una mano bien grande. Y eso es lo que pasa porque el Hijo de Dios nunca abandona a quien lo necesita de verdad.

JESÚS, ayúdanos a no perder nunca la fe.

Eleuterio Fernández Guzmán


3 de julio de 2016

Domingo, 3 de julio de 2016 - Lo que debe importarnos



Lc 10, 1-12.17-20

“Después de esto, designó el Señor a otros 72, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: ‘La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. En la casa en que entréis, decid primero: "Paz a esta casa.’ Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: "El Reino de Dios está cerca de vosotros."  En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: ‘Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca.’  Os digo que en aquel Día habrá menos rigor para Sodoma que para aquella ciudad.

Regresaron los 72 alegres, diciendo: ‘Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.’ El les dijo: ‘Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad, os he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada os podrá hacer daño; pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los  cielos.’”      

COMENTARIO

Jesús envía a un grupo de 72 de sus discípulos. Los envía con la misión de predicar, de anunciar que el Reino de Dios estaba muy cerca. Ellos, sin embargo, debían ir por el mundo sometidos a la santa Providencia de Dios.

Con eso quería decirles que no debían preocuparse por lo que sería su sustento. Dios iba a proveer para ellos que, además, debían pedir al Padre que enviara muchos trabajadores a su mies porque el campo a sembrar era muy grande.

Sin embargo, a pesar de que los enviados volvieron muy satisfechos de la misión que habían desarrollado, Jesús les hace saber que eso no era lo que debía importarles más sino que su hombre estaba escrito en el corazón de Dios.

JESÚS,  ayúdanos a discernir lo que es importante para nosotros.



Eleuterio Fernández Guzmán

2 de julio de 2016

Sábado, 2 de julio de 2016 - Vino y odres


Mt 9,  14-17

“Entonces se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: ‘¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?’ Jesús les dijo: ‘Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán.   Nadie echa un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, porque lo añadido tira del vestido, y se produce  un desgarrón peor. Ni tampoco se echa vino nuevo en pellejos viejos; pues de otro modo, los pellejos revientan, el vino se derrama, y los pellejos se echan a perder; sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos, y así ambos se conservan.’”

COMENTARIO

Muchos de los que iban tras Jesús para acusarlo de incumplir alguna ley o algún precepto de los muchos establecidos no dejaban de plantearle preguntas. Ellos no es que quisiera saber sino que querían, en todo caso, conocer si lo que decía aquel Maestro coincidía con lo que ellos pensaban.

Pero Jesús sabe que aquellos que le preguntan no tienen muy claro qué es lo que les conviene y, por esto, con palabras suaves pero firmes trata de que aprendan lo que deberían conocer y aprender.

Cuando vino Cristo al mundo lo hizo para traer una Ley que no era nueva sino que era la verdadera. Pero, para que aquella Ley, la de Dios, se asentara en los corazones de sus hermanos los hombres, estos debían abandonar sus antiguas costumbres y atenerse a ella. Necesitaban, pues, para el vino nuevo, un odre nuevo.


JESÚS,  ayúdanos a ser odre nuevo para recibir la Palabra de Dios, siempre nueva y siempre eterna.



Eleuterio Fernández Guzmán

1 de julio de 2016

Cristo busca a los pecadores


Viernes XIII del tiempo ordinario

Mt 9,9-13

“En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: ‘Sígueme’. Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: ‘¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?’. Mas Él, al oírlo, dijo: ‘No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: ‘Misericordia quiero, que no sacrificio’. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores’”

COMENTARIO

Lo que había venido Cristo a hacer en la Tierra no era cosa que tuviera poca importancia. Con Él se iba a abrir el Cielo y quería que todos sus hermanos los hombres llegaran a él. Por eso buscaba a los que necesitan auxilio.

Seguramente aquel hombre, Mateo, tenía el corazón preparado para seguir a Cristo. Sus pecados, probablemente relacionados con el dinero, no debían dejar su corazón tranquilo y cuando aquel Maestro lo llamó no lo dudo ni un segundo. Lo dejó todo y lo siguió.

Los que querían mal a Cristo murmuran acerca del acercamiento que tenía y mantenía con los pecadores o, al menos, con los que ellos consideraban así. Sin embargo, Cristo, adalid del amor y de la misericordia ni podía ni quería hacer otra cosa.


JESÚS, ayúdanos a ser misericordiosos.



Eleuterio Fernández Guzmán

30 de junio de 2016

Así es el poder de Dios


Jueves XIII del tiempo ordinario

Mt 9,1-8

En aquel tiempo, subiendo a la barca, Jesús pasó a la otra orilla y vino a su ciudad. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: ‘¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados’. Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: ‘Éste está blasfemando’. Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: ‘¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados —dice entonces al paralítico—: ‘Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’. Él se levantó y se fue a su casa. Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.”

COMENTARIO

Jesús tiene muy en cuenta la fe de aquellos que se dirigen a Él. Si, además, los que a Él se dirigen lo hacen para interceder por el prójimo abunda en gracia y en dones. Y es lo que pasa en este caso.

Aquellos amigos querían mucho al amigo. Por eso hacen lo posible  o imposible para que Jesús lo vea y lo cure. Ellos están seguros que lo va a curar. Y Jesús lo cura. Y, además, da una lección a muchos de los allí presentes.

Los que vigilan, según dicen, la ley, están en contra de que Jesús diga que perdona los pecados. Eso sólo puede hacer Dios. Y, entonces, mostrando que es Dios hecho hombre, el Cristo cura de la parálisis al hombre y, además, le perdona los pecados.


JESÚS,  ayúdanos a confiar en Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán


29 de junio de 2016

¿Quién es Cristo para ti?


Mt 16,13-19

En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?’. Ellos dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas’. Díceles Él: ‘Y vosotros ¿quién decís que soy yo?’. Simón Pedro contestó: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo’. Replicando Jesús le dijo: ‘Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos’”.


COMENTARIO

Jesús quería saber qué se pensaba acerca de su persona pero, en realidad, lo que quería era que sus apóstoles le dijeran que si sabían quién era él. Y, al parecer, uno de ellos, el primero entre iguales, lo sabe.
Jesús sabe que el hecho de que Pedro le diga que es el Mesías, el Enviado de 

Dios esperado por el pueblo judío, no es cosa ni de él ni de otro hombre sino cosa de Dios. Le ha revelado eso a través de su Espíritu.

Entonces, Jesús nombra a Pedro primer Papa. Sobre él iba a edificar la Iglesia que, con el tiempo, se llamaría católica. Es más, le concedía el atar y desatar o, lo que es lo mismo, la facultad de decidir, espiritualmente, lo que era cierto y lo que no.


JESÚS, ayúdanos a saber que eras todo para nosotros, tus hermanos.



Eleuterio Fernández Guzmán

28 de junio de 2016

La poca fe que, a veces, tenemos


Martes XIII del tiempo ordinario

Mt 8,23-27

En aquel tiempo, Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero Él estaba dormido. Acercándose ellos le despertaron diciendo: ‘¡Señor, sálvanos, que perecemos!’. Díceles: ’¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?’. Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. Y aquellos hombres, maravillados, decían: ‘¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?’”.

COMENTARIO

Que Jesús subiera a una barca no era nada extraño porque muchas veces lo había hecho y había recorrido el lago en busca de aquellos que querían escucharle aunque, en otras ocasiones, se retiraba algo lejos para enseñar a sus discípulos más allegados.

Aquellos hombres, muchos de ellos pescadores profesionales, también tenían miedo. Es decir, cuando la tempestad se levanta había pocos hombres que dejaran de pasar por malos momentos. Y ellos, que ven como Jesús duerme, acuden a Él, le necesitan.

Pero Jesús sabe que todo aquello no es más que una prueba de fe. Ellos, al parecer, no confían tanto en Quien llevan consigo en la barca. Y aquella forma de actuar de Cristo los deja en muy mal lugar…


JESÚS, ayúdanos a tener fe y a tenerla en Ti y en Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

27 de junio de 2016

Seguir a Cristo supone mucho



Lunes XIII del tiempo ordinario
Mt 8,18-22
En aquel tiempo, viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla. Y un escriba se acercó y le dijo: ‘Maestro, te seguiré adondequiera que vayas’. Dícele Jesús: ‘Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza’. Otro de los discípulos le dijo: ‘Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre’. Dícele Jesús: ‘Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos’”.

COMENTARIO

Seguir a Cristo, en aquellos momentos primeros de su predicación y ahora mismo, supone algo más que sostener que se es discípulo suyo porque hacer sólo es hacer, exactamente, nada. Y Jesús lo explica muy bien en este texto del evangelio de san Mateo.

Jesús, para empezar, pone todas las cartas sobre la mesa. Ha de saber todo aquel que quiera seguirlo que no va tener una vida fácil. Muchos serán perseguidos porque al Hijo de Dios hay muchos que no lo quieren. Y a ellos les va a pasar lo mismo. Depende, pues, de su voluntad.

El caso es que seguir a Jesús no es poco. Supone, antes que nada, olvidarse de que se ha tenido una vida anterior, un corazón viejo. Supone, por tanto, tener en cuenta que se ha venir a tener un corazón nuevo, de carne.


JESÚS, ayúdanos a serte fieles.



Eleuterio Fernández Guzmán

26 de junio de 2016

Seguir a Cristo

Lc 9, 51-62                             

“Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: ‘Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?’ pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo. Mientras iban caminando, uno le dijo: ‘Te seguiré adondequiera que vayas.’ Jesús le dijo: ‘Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde  reclinar la cabeza.’ A otro dijo: ‘Sígueme.’ El respondió: ‘Déjame ir primero a enterrar a mi padre. ’Le respondió: ‘Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios.’ También otro le dijo: ‘Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa.’ Le dijo Jesús: ‘Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios.’”                              

COMENTARIO

Cuando Jesús llama a Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, “Boanerges” es porque, en verdad, debían ser de armas tomar. Por eso no dudan en querer hacer perecer de mala muerte a los que no han querido recibir a Jesús. Actúan, sólo, como hombres.

Pero Jesús entiende las cosas de otra forma. Y reprende a los hermanos, seguramente, diciéndoles que el amor era más importante que determinadas cosas que, además, se sustentaban, en no conocer al Mesías.

Por eso seguir al Maestro no era fácil. Y por eso muchos, que querían seguirlo pero no querían dejar, del todo, su vida anterior, se ven reprendidos, también, por el Hijo de Dios. Y es que para poder ser discípulo suyo, hay que dejar del todo la vida anterior, el corazón viejo, el viejo vino.


JESÚS, ayúdanos a seguirte como quieres que te sigamos.



Eleuterio Fernández Guzmán


25 de junio de 2016

Le fe salvadora

Sábado XII del tiempo ordinario

Mt 8,5-17

En aquel tiempo, al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: ‘Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos’. Dícele Jesús: ‘Yo iré a curarle’. Replicó el centurión: ‘Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace’. Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: ‘Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Y dijo Jesús al centurión: ‘Anda; que te suceda como has creído’. Y en aquella hora sanó el criado. 

Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; Él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: ‘Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades’.

COMENTARIO

Todo lo que se había escrito al respecto del Mesías se estaba cumpliendo palabra por palabra. Por eso nos dice el autor de este Evangelio que, como dejó dicho el profeta Isaías, el Enviado de Dios iba a hacer lo que ahora estaba haciendo Jesús.

El caso es que, entre las curaciones más sonadas está la del criado del soldado romano. Se supone que aquel hombre no debía ser judío pero mostró una fe propia, al menos, de los temerosos de Dios. Y eso fue suficiente como para que Jesús le hiciera aquel gran favor.

Lo que caracteriza a Jesús es que goza con aquellas personas que tienen fe. Es decir, las que manifiestan confianza en lo que podía hacer el Maestro obtienen aquello que piden. Y es lo que pasó con la suegra de Pedro.

JESÚS, ayúdanos a tener fe; a tenerla.



Eleuterio Fernández Guzmán

24 de junio de 2016

El Bautista


Lc 1,57-66.80

Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: ‘No; se ha de llamar Juan’. Le decían: ‘No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre’. Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: ‘Juan es su nombre’. Y todos quedaron admirados. 

Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: ‘Pues ¿qué será este niño?’. Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él. El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.

COMENTARIO

La historia de la salvación iba a tener, digamos, un introductor. Iba a nacer de una mujer a la que llamaban estéril porque a su avanzada edad no había podido concebir un hijo. Y, cuando llegó la hora de que viniera al mundo se cumplió lo que el Ángel del Señor le dijera a Zacarías.

Aquella circunstancias de que a Zacarías se le soltase la lengua fue tomado como gesto de que algo importante había pasado cuando salió mudo del lugar sagrado y ahora mismo, cuando hace un niño de una mujer a la que llamaban estéril.

El nombre de Juan se lo había comunicado el Ángel a Zacarías. Y aquel hombre, que había desconfiado de las palabras del enviado de Dios, supo que su hijo iba a ser alguien muy importante. Y todo lo que el Creador había establecido… se cumplió.


JESÚS, ayúdanos a comprender el mensaje del Bautista.


Eleuterio Fernández Guzmán

23 de junio de 2016

La coherencia en la fe

Jueves XII del tiempo ordinario

Mt 7,21-29

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!’. 

‘Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina’.

Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas.”

COMENTARIO

Debemos reconocer que el final de este texto es verdaderamente genial Y dice mucho acerca de la enseñanza de Jesús y de su santa doctrina. Y es que muchos reconocían que Jesús enseñaba con verdadera autoridad y no como la que decían tener los que, se suponía, debían enseñarles.

El centro de la enseñanza de hoy tiene que ver con la fe que se dice tener y la, en verdad, se tiene. Y es que muchos, al parecer, creían que con dirigirse a Dios alabándolo o cosas por el estilo era suficiente como para cumplir con la voluntad de Dios.

Jesús sabía, sin embargo, que no valía un tipo así de comportamiento. Y es que era necesario algo más que decir que se tenía fe y que se era su discípulo. Hacía falta poner por obra aquello que se había escuchado. Y ahí, casi seguro, muchos fallaban. Exactamente como pasa ahora mismo, entre nosotros.


JESÚS, ayúdanos a ser coherentes con nuestra fe.