21 de junio de 2015

El poder de Dios





Mc 4, 35-40

“Este día, al atardecer, les dice: ‘Pasemos a la otra orilla.’  Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con él.  En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. El estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: ‘Maestro, ¿no te importa que perezcamos?’ El, habiéndose  despertado, increpó al viento y dijo al mar: ‘¡Calla, enmudece!’ El viento se calmó y sobrevino  una gran bonanza. Y les dijo: ‘¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?’”.


COMENTARIO


Jesús no dejaba de enseñar. En los años de su llamada “vida pública” no cesó de cumplir la misión para la que había sido enviado por Dios: transmitir la Buena Noticia y la Verdad de la Ley de Dios.

Sus apóstoles, que a duras penas podía seguir el ritmo de vida entregada que llevaba Jesús le acompañan porque saben que es la única manera de conocer qué es lo importante acerca del Reino de Dios.

Pero sus apóstoles parecen no tener mucha fe. Confían poco en el poder de Dios. Y a Jesús le basta con una orden para que todo le obedezca. Y eso pasa con aquella borrasca. No extraña, por tanto, que Jesús les eche en cara su falta de confianza.

JESÚS, ayúdanos a confiar siempre en Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán


20 de junio de 2015

Servir a Dios


Sábado XI del tiempo ordinario


Mt 6,24-34

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? 

‘Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal’”.


COMENTARIO

Servir a Dios

Jesús, que conoce perfectamente que le primer Mandamiento es amar a Dios sobre todas las cosas sabe que eso supone servir al Creador. Y que tal servicio también supone hacer lo propio con el prójimo.


Confiar en Dios

En muchas ocasiones, fijamos nuestra confianza en cosas que no son de Dios, en realidades que no son Dios. Pero Jesús conoce lo mejor para nosotros  y sabe que confiar en Dios es algo tan importante para sus hijos que, en realidad, no deberíamos pensar en cosa distinta.


Saber lo que vale la pena

Sabemos que más veces de las que nos conviene escogemos lo que, precisamente, no nos conviene. Jesús, Dios hecho hombre, tiene perfecto conocimiento que lo que vale la pena es saber que nos basta con hacer, ahora mismo, bien lo que nos corresponde hacer.


JESÚS, ayúdanos a servir a Dios en el prójimo.

Eleuterio Fernández Guzmán


19 de junio de 2015

Acumular para la vida eterna


Viernes XI del tiempo ordinario
Mt 6,19-23

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. 
‘La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso; pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!’”.

COMENTARIO

Es muy humano querer tener. Es más, es el comportamiento más ordinario que debemos soportar por nuestra naturaleza pecadora. Sin embargo, es también normal equivocarse acerca de qué podemos acumular y qué no.

Jesús sabe qué es importante. En realidad lo sabe porque es Dios mismo y, por tanto, tiene conocimiento perfecto de qué es lo que nos conviene. No siempre nos conviene lo que queremos. Por eso nos pone en el conocimiento que lo de la Tierra pasa y no queda nada de eso.

Sin embargo, nos conviene, y mucho, acumular para la vida eterna. En el Cielo no hay ladrones ni polilla. Con eso nos dice Jesús que allí, en el definitivo Reino de Dios, no hace falta nada más que vivir con el Creador. Y todo lo de aquí no vale nada. Nada de nada.

JESÚS, ayúdanos a acumular para la vida eterna, la que nos conviene.


Eleuterio Fernández Guzmán

18 de junio de 2015

Padre y Nuestro



Jueves XI del tiempo ordinario


Mt 6,7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. 

‘Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas’”.

COMENTARIO

No es nada extraño que los apóstoles, aquellos que había escogido Jesús y que andaban con Él por los caminos, quisiesen aprender a orar. Veían como lo hacía el Maestro, su recogimiento y su gozo y querían hacer otro tanto.

Jesús enseña. Era crucial que supiesen cómo dirigirse a Dios. Y entre lo que debían saber se encontraba el hecho de que no por mucho hablar el Creador los iba a escuchar. Si se trataba de simple palabrería, sin sentido, de nada les iba a servir.

Y les enseña el Padre Nuestro. Oración sencilla donde se pide lo esencial y todo aquello que el Padre quiere escuchar de parte de un hijo. Y se reclama el perdón, máxima expresión de la misericordia de Dios y, por eso, del hombre.



JESÚS, ayúdanos a orar con el Padre Nuestro.


Eleuterio Fernández Guzmán

17 de junio de 2015

Dios ve en lo secreto



Mt 6,1-6.16-18

“Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

‘Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, = entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora = a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

‘Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.    Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.”
       

COMENTARIO

Una cosa es lo que creemos los hombres y otra, muy distinta, lo que Dios tiene por bueno y verdad para nosotros, sus hijos. Por eso Jesús siempre enseña lo que es importante sepamos para no desviarnos del camino que nos lleva al definitivo Reino del Padre.

Otra cosa bien distinta es lo que nosotros queremos aparentar. Eso Jesús sabe que no vale para nada porque Dios, que ve en lo secreto… en efecto, ve en lo secreto de nuestro corazón y conoce nuestras verdaderas intenciones.

De nada, pues, nos ha de servir disimular una falsa paz ofrecida. Tampoco hacer como que oramos pero, falseando nuestra realidad, tenemos un corazón negro y duro. Tampoco, por ejemplo, hacer algún sacrificio y que lo sepa alguien más que Dios…


JESÚS, ayúdanos a no falsear nuestra fe ni nuestro comportamiento espiritual.

Eleuterio Fernández Guzmán


16 de junio de 2015

Amor en su máxima expresión


Martes XI del tiempo ordinario
Mt 5,43-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial.’”

COMENTARIO

La enseñanza de Jesús continúa. Se trata de lo más esencial que se debe conocer para, primero, vivir conforme a la voluntad de Dios y, segundo, ser un discípulo de Cristo del que se pueda decir que lo es.

El amor es la principal Ley del Reino de Dios. Es decir, que sin amor no se puede entrar en el Cielo ni ocupar alguna de las mansiones que Jesús nos está preparando. Hace falta mucho amor y, sobre todo, mucha capacidad de perdonar.

Perdonar a los enemigos, y amarlos, es algo que Jesús hizo a lo largo de su vida llamada pública. Eso es lo que recomienda a los que el escuchan. Sabe que el Padre ama con todo su amor y que su descendencia no puede hacer otra cosa. Actuar de otra forma es alejar, por eso mismo, del Todopoderoso.

JESÚS, ayúdanos a amar.


Eleuterio Fernández Guzmán

15 de junio de 2015

La verdad del amor


Lunes XI del tiempo ordinario


Mt 5,38-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda’”.


COMENTARIO

Cuando Jesús empieza a predicar tras su vuelta del desierto sabe que muchas cosas que ha de decir no van a gustar a según qué personas. Él tiene, sin embargo, que trasladar a los hombres el único sentido de la Ley de Dios. Y es lo que hace.

La ley del ojo por ojo y diente por diente se instauró para evitar la venganza privada. Era, para aquellos tiempos, un avance. Sin embargo Jesús sabe que otra es la voluntad de Dios. Y que tiene que ver mucho con el perdón y la misericordia.

Jesús dice que a quien nos pida hay que darle. Es más, dice que hay que dar más de lo que se nos pida. Tal era, entonces, una doctrina my difícil de seguir y ahora, en nuestro tiempo, aun más. Sin embargo sabe Jesús, y así lo dice, que tal es la actitud que ha de seguir un discípulo suyo.

JESÚS, ayúdanos a comprender el sentido exacto de la Ley de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

14 de junio de 2015

Lo que es el Reino de Dios


Mc 4, 26-34

“También decía: ‘El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega.’  Decía también: ‘¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos?  Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra.’ Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.”



COMENTARIO

Entre las misiones que debía llevar a cabo Jesús estaba la de enseñar. Y lo hacía de una forma entendible. Hacía uso de realidades cotidianas con las que las personas que le escuchaban estaban familiarizadas.

Jesús, así, habla mucho del Reino de Dios. Lo compara, por ejemplo, con un grano, con una semilla. Va creciendo poco a poco en el corazón del hombre hasta que da fruto abundante si el hombre l acepta como semilla del Amor de Dios.

Jesús, enseña haciendo uso de parábolas. Era una forma sencilla de dar a entender lo que quería se conociese. Sin embargo, a los que escogió como apóstoles se lo explicaba todo a solas. Ellos deben saber, con mayor profundidad, las cosas de la fe.

JESÚS, ayúdanos a fructificar en la fe y en el amor.



Eleuterio Fernández Guzmán

13 de junio de 2015

Cristo y la Casa de su Padre



Lc 2,41-51

Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. 

Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: ‘Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando’. Él les dijo: ‘Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?’. Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón’”.


COMENTARIO

Los padres de Jesús, y Jesús, eran muy respetuosos con las costumbres religiosas de su pueblo. Por eso acude a Jerusalém cuando el niño tiene 12 años porque era la presentación, digamos, en sociedad religiosa. Y bien que la aprovechó Jesús.

Los padres se quedan sorprendidos. Hace días que no ven a Jesús y vuelven a la Ciudad Santa. Lo encuentran en el templo. María se enfada porque no puede hacer otra cosa una madre, la Madre, cuando su hijo se ha despistado de su lado.

Jesús, sin embargo, conoce perfectamente cuál es su misión. Ha de estar en la casa de su Padre, en el Templo. Allí lo encuentran dando razones de lo que piensa acerca de su fe. Y María guarda aquello en su corazón. Y aquello, junto con otros momentos, formaron un corazón amante de Dios.


JESÚS, ayúdanos a saber que nosotros también debemos estar a las cosas de nuestro Padre del Cielo.


Eleuterio Fernández Guzmán

12 de junio de 2015

Todo se cumplió

Tercer viernes después de Pentecostés

Jn 19,31-37

En aquel tiempo, los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado —porque aquel sábado era muy solemne— rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con Él. 
Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis. Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: ‘No se le quebrará hueso alguno’. Y también otra Escritura dice: ‘Mirarán al que traspasaron’”.

COMENTARIO

Durante la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo poco a poco se fue cumpliendo lo que los profetas habían escrito sobre tal momento de la historia de la salvación. Y en la cruz no iba a ser menos.

Jesús había ya muerto. Era tanto el sufrimiento físico que habían hecho recaer sobre Él que, a poco que pasara algo de tiempo colgado entre aquellos maderos santos la muerte le iba a sobrevenir sin tener que inferirle sufrimientos adicionales.

Pero todo debía cumplirse. Sobre Él se decía que no se le iba a quebrar ningún hueso. Y eso fue lo que pasó exactamente. Y entonces, precisamente entonces, también se cumplió lo que había dicho acerca de que al morir atraería a todos hacia sí.

JESÚS, ayúdanos a contemplar tu Pasión con amor y esperanza escatológica.


Eleuterio Fernández Guzmán

11 de junio de 2015

Lo que se ha dicho y lo que es




Jueves X del tiempo ordinario

Mt 5,20-26

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. 

‘Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal’. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego. 

‘Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo’”.


COMENTARIO

La verdadera justicia de Dios

Así como había muchos que creían que el comportamiento que llevaban se adecuaba a la ley, Jesús sabía que no era la forma correcta de actuar. Sólo la verdadera Ley de Dios debía respetarse y cumplirse.

Amar al hermano

Jesús hace explicito el principal mandato de Dios que es el amor. Amar al hermano no es, por tanto, algo pasajero sino que debe llevarse a cabo con todas sus consecuencias y total determinación.

Saldar las cuentas con Dios

Dios es bueno pero también es justo. Eso quiere decir que todo aquello que se hace de forma no adecuada a su voluntad y a su Ley de compensarse en la otra vida. Por eso dice Jesús que, no siendo de gravedad absoluta lo que se pueda hacer siempre que no se acorde con Dios deberá restituirse.

JESÚS, ayúdanos a entender la Ley de Dios y aplicarla en nuestras vidas.


Eleuterio Fernández Guzmán

10 de junio de 2015

Hacer cumplir la Ley de Dios


Miércoles X del tiempo ordinario


Mt 5,17-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos’”.



COMENTARIO


Es bien sabido y es cierto que muchos judíos querían que el Mesías lo fuera guerrero. Es decir, que luchara para echar fuera de la tierra santa judía a quien la había invadido. Pero Jesús no entendía las cosas de igual forma.

Jesús había venido a hacer quela Ley de  Dios se cumpliese. Eso quería decir, primero, que no se cumplía y, segundo, que debía cumplirse hasta el último de sus acentos.

Pero Jesús abunda en algo que es muy importante: sus discípulos no pueden enseñar nada que esté fuera de la Ley de Dios. Sólo así serán grandes en el definitivo Reino de Dios. Nada, pues, de tergiversar la Ley.


JESÚS, enséñanos a cumplir la Ley del Padre.


Eleuterio Fernández Guzmán

9 de junio de 2015

Sal y luz del mundo



Martes X del tiempo ordinario


Mt 5,13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos’”.


COMENTARIO

Hay palabras de Jesús que calan muy hondo en el corazón del creyente y discípulo suyo. Las que hoy refiere el texto de san Mateo son así. Las mismas, cuando calan en el corazón promueve una clase de vida acorde a la voluntad de Dios.

La sal sirve para dar sabor a las comidas. Sin ella muchas de ellas no sirven más que para alimentar pero sin el añadido del gozo de comer. Pues algo así para con los discípulos de Cristo: son sal que añaden al vivir ordinario el gozo de saberse hijos de Dios.

Pero también habla Jesús de luz. La luz es lo que sirve bien para guiarse por un camino oscuro, bien para salir de la tiniebla o de un lugar oscuro. Pues bien, los discípulos de Cristo no han de esconder que son luz y, por tanto, hacer lo posible para glorificar a Dios a través de sus quehaceres diarios.


JESÚS, ayúdanos a ser sal; ayúdanos a ser luz.


Eleuterio Fernández Guzmán

8 de junio de 2015

Bien-aventurados

Lunes X del tiempo ordinario

Mt 5,1-12

En aquel tiempo, viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: ‘Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros’”.

COMENTARIO

A lo largo de la predicación de Jesús hubo momentos muy especiales. Por ejemplo, cuando enseñó el Padre Nuestro a sus apóstoles. En cada una de tales ocasiones el amor hacia el Padre y hacia los hombres se manifiesta en toda su realidad.

En el llamado Sermón de la Montaña Jesús pone sobre la mesa una clara concreción de la Ley de Dios. En cada expresión que sale de su corazón a través de su boca el Hijo del Padre muestra lo mejor del comportamiento de un discípulo suyo y, al fin y al cabo, de un hijo de Dios.

Jesús llama bien-aventurados a una clase de personas de unas concretas características que tienen todo que ver con la falta de egoísmo, con la ausencia de soberbia. Jesús se dirige a los que tienen un corazón de carne, a los que sufren y, en definitiva, a los que necesita del Hijo para llegar al Padre.


JESÚS, ayúdanos a ser bienaventurados, a querer serlo.



Eleuterio Fernández Guzmán

7 de junio de 2015

El Cuerpo y la Sangre de Cristo




Mc 14, 12-16. 22-26.

“El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus discípulos: ‘¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?’      Entonces, envía a dos de sus discípulos y les dice: ‘Id a la ciudad; os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle y allí donde entre, decid al dueño de la casa: ‘El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?’ Él os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí los preparativos para  nosotros.’  Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua. Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: ‘Tomad, este es mi cuerpo.’ Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella.   Y les dijo: ‘Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos.  Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios.’  Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.”

COMENTARIO

Jesús todo lo sabe

Resulta, como poco, curioso, para  aquellos que conocen a Jesús, que sepa cosas como las que ahora demuestra. Sólo quien es Dios podía saber que una determinada persona estaba en determinado sitio en un momento determinado

Pan de Vida

Jesús toma el pan. En aquella primera Eucaristía, acción de gracias por las gracias de Dios a los hombres, quien va a ser entregado a una muerte de cruz, hace entrega de sí mismo transubstanciando el pan que reparte en su propio Cuerpo.

Sangre de Vida
Jesús hace lo propio con el vino. Aún siéndolo, ya no es la sustancia que se extrae de la vid sino que es su propia sangre, la que entregará para que sea vertida en defensa de la humanidad toda.


JESÚS, ayúdanos a amar y a respetar tanto tu Cuerpo como tu Sangre.



Eleuterio Fernández Guzmán

6 de junio de 2015

Lo que importa de verdad

Sábado IX del tiempo ordinario



Mc 12,38-44

En aquel tiempo, dijo Jesús a las gentes en su predicación: ‘Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa’. 

Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos echaban mucho. Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as. Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: ‘Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro. Pues todos han echado de lo que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir’”.


COMENTARIO

La mera apariencia

Jesús deplora la hipocresía. Por eso alerta a sus discípulos del comportamiento de aquellos que, debiendo ser virtuosos, actúan como si Dios no los viera y engañan a los que deben enseñar. Toda precaución, en tal caso, es poca.


Hacer lo que hay que hacer

Jesús, a contrario, dice lo que hay que hacer: no querer ser los primeros, no los más importantes y, sobre todo, no abusar del débil, ser misericordioso.


Dar de lo que no se tiene

El ejemplo de aquella viuda es crucial y de raíz para Jesús. Quien da lo que es imprescindible para su vida está demostrando un verdadero amor. No así lo hace quien da lo que le sobra… porque le sobra.


JESÚS, ayúdanos a ser francos con Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

5 de junio de 2015

Comprender a Dios

Viernes IX del tiempo ordinario


Mc 12,35-37

En aquel tiempo, Jesús, tomando la palabra, decía mientras enseñaba en el Templo: ‘¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? David mismo dijo, movido por el Espíritu Santo: ‘Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies’. El mismo David le llama Señor; ¿cómo entonces puede ser hijo suyo?’. La muchedumbre le oía con agrado.”

COMENTARIO

Explicar las Sagradas Escrituras no era fácil para Jesús. Había mucho de lo que ellas contenían que no era entendido porque había sido escrito por inspiración divina y tenía un sentido interior no siempre fácil de comprender.

Se decía que el Mesías sería de la estirpe de David. El caso es que, a lo mejor, no se conocía del todo que Jesús tenía como padre (adoptivo) a José que sí era de la estirpe de David. Eso se recoge en el Nuevo Testamento (Evangelio de san Mateo) y sabemos que era así porque debía ser así.

Cuando aquellos escuchaban a Jesús sabía que quien hablaba no era un hombre común. Lo hacía con mucha autoridad y eso les llevaba a pensar que podía ser un profeta. Sin embargo, Jesús no podía serlo porque no había sido asido por Dios al ser, Él, Dios mismo. Algo, sin embargo, intuían ellos.


JESÚS,  ayúdanos a comprender las Sagradas Escrituras.


Eleuterio Fernández Guzmán