4 de junio de 2015

Reconocer a Cristo


Jueves IX del tiempo ordinario
Mc 12,28-34

En aquel tiempo, se llegó uno de los escribas y le preguntó: ‘¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?’. Jesús le contestó: ‘El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que éstos’. 
Le dijo el escriba: ‘Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios’. 

Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: ‘No estás lejos del Reino de Dios’. Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.”

COMENTARIO


El primero de los Mandamientos

Cuando preguntan a Jesús acerca de lo más importante a seguir por parte del hijo de Dios, era fácil deducir (ahora sí lo sabemos, claro está) que iba a contestar de forma correcta: amar a Dios y al prójimo era los mandatos más importantes. Y todo se resume en el amor.

Reconocer a Cristo

Aquel escriba se da cuenta que la contestación de Jesús ha sido más que buena. No tiene nada malo que decir al respecto porque sería contradecir la voluntad de Dios. Y reconoce, entonces, que el Maestro lo es verdaderamente.



Lo que vale conocer

Reconocer que Jesús es un Maestro sabio y que el mandamiento primero de la Ley de Dios es el amor no es cosa baladí. Es más, supone saber que se está muy cerca del Creador y Todopoderoso Padre de Cristo.

JESÚS, ayúdanos a reconocerte siempre.


Eleuterio Fernández Guzmán

3 de junio de 2015

Dios de vivos


Miércoles IX del tiempo ordinario


Mc 12,18-27

En aquel tiempo, se le acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan que haya resurrección, y le preguntaban: ‘Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno y deja mujer y no deja hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos: el primero tomó mujer, pero murió sin dejar descendencia; también el segundo la tomó y murió sin dejar descendencia; y el tercero lo mismo. Ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos, murió también la mujer. En la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer’. 

Jesús les contestó: ‘¿No estáis en un error precisamente por esto, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios? Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos. Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en lo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de vivos. Estáis en un gran error’”.


COMENTARIO

Los que persiguen a Jesús quieren saber si, en realidad, es tan sabio como muchos dicen. Por eso en cuanto pueden le hacen preguntas como, ahora, la de la resurrección, lo que pasa con la misma. Pero Jesús, que los conoce muy bien, no los deja en muy buen lugar.

Los saduceos parece que no creen en la resurrección. Por eso aplican categorías humanas y físicas a lo que, en realidad, es espiritual. Y es aquella mujer, al resucitar no será como era en la tierra sino que su cuerpo se habrá espiritualizado y no tomará marido alguno.

Lo que Jesús hace, en este episodio, es hacer ver a los que acuden a Él con tal tipo de preguntas, que conocen poco de la Palabra de Dios y que bien no la entienden, bien quieren tergiversarla. Si todo estaba escrito ellos ¿cómo no conocían lo más elemental siendo saduceos?


JESÚS, ayúdanos a comprender la Palabra de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

2 de junio de 2015

César y Dios


Martes IX del tiempo ordinario
Mc 12,13-17

En aquel tiempo, enviaron a Jesús algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Vienen y le dicen: ‘Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?’. 
Mas Él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: ‘¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea’. Se lo trajeron y les dice: ‘¿De quién es esta imagen y la inscripción?’. Ellos le dijeron: ‘Del César’. Jesús les dijo: ‘Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios’. Y se maravillaban de Él.”

COMENTARIO

La persistencia del Mal no podemos negar que es grande. Aquellos que siguen a Jesús para perseguirlo y acusarlo de lo que sea no cesan en sus intentos. Ahora son los fariseos y los partidarios de Herodes los que tratan de ponerlo mal.

La pregunta tiene su intríngulis. Quieren aquellos malvados que Jesús se pronuncie sobre algo que, para ellos, es muy importante: ¿hay que pagar impuestos al invasor? Estaban seguros que Jesús iba a caer en su trampa.

El Hijo de Dios es más astuto que los hijos del Mal. Sabe que según respondan van a tomar a mal sus palabras. Y adopta una posición equidistante: al César hay que darle lo que es suyo (el impuesto) y a Dios lo que es suyo (el amor y la obediencia9



JESÚS, ayúdanos a saber interpretar tus santas palabras.


Eleuterio Fernández Guzmán

1 de junio de 2015

El dueño de la viña envió a su hijo


Mc 12,1-12


“En aquel tiempo, Jesús comenzó a hablarles en parábolas: ‘Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores, y se ausentó. 

‘Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña. Ellos le agarraron, le golpearon y le despacharon con las manos vacías. De nuevo les envió a otro siervo; también a éste le descalabraron y le insultaron. Y envió a otro y a éste le mataron; y también a otros muchos, hiriendo a unos, matando a otros. Todavía le quedaba un hijo querido; les envió a éste, el último, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero aquellos labradores dijeron entre sí: ‘Éste es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia’. Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña. 

‘¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros. ¿No habéis leído esta Escritura: ‘La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?’’. 

Trataban de detenerle —pero tuvieron miedo a la gente— porque habían comprendido que la parábola la había dicho por ellos. Y dejándole, se fueron.”


COMENTARIO

Cuando Jesús habla lo hace de la mejor forma para ser entendido. El Hijo de Dios quiere que se comprenda que el mensaje que ha venido a traer al mundo llegue a los corazones de aquellos que le escuchan o pueden tener noticia del mismo.

El ejemplo del dueño de la viña le viene muy bien a Jesús para hablar de Dios. Él envío profetas al mundo para el mundo corrigiera su forma de ser y de hacer. Pero fueron muertos por egoísmos y porque no querían escuchar lo que les tenía que decir Dios.

Al fin envió a su Hijo. El dueño de la viña (Dios mismo) creyó que los hombres no le harían nada por ser su descendiente. Sin embargo, ellos también lo matan. Y es que Jesús quería que supiesen de qué forma iba a morir.



JESÚS, ayúdanos a amarte y no a matarte como hicieron aquellos con el hijo del dueño de la viña.


Eleuterio Fernández Guzmán



31 de mayo de 2015

-No tener dudas ante Cristo



Mt 28, 16-20

“Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: ‘Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.’”


COMENTARIO


Cuando Jesús resucita les indica a sus apóstoles (ahora 11 tras la desaparición de Judas, el traidor) que vayan a Galilea. Tiene aún mucho que decirles para que aprendan acerca de la misión que deben cumplir en lo sucesivo.

Ellos no dudan en acudir donde Quien ha resucitado les ha dicho. Sin embargo, alguno no lo tiene del todo claro. Por eso se dice en el texto bíblico que algunos dudan. Sin embargo, Jesús sabe que deben convencerlos de lo bueno y mejor que tiene seguirlo, sobre todo, ahora.

Jesús los envía. Lo bien cierto es que la labor que había venido a hacer al mundo, por la que había sido enviado, debía seguir siendo el objetivo fundamental de sus discípulos. Y han de bautizar y enseñar lo que Cristo les había enseñado. Y Él, el Hijo de Dios, siempre iba a estar con ellos… y con nosotros.

JESÚS, ayúdanos a cumplir con nuestra particular misión.


Eleuterio Fernández Guzmán

30 de mayo de 2015

La autoridad de Cristo es ser Dios mismo

Sábado VIII del tiempo ordinario
Mc 11,27-33

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el Templo, se le acercan los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le decían: ‘¿Con qué autoridad haces esto?, o ¿quién te ha dado tal autoridad para hacerlo?’. Jesús les dijo: ‘Os voy a preguntar una cosa. Respondedme y os diré con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres? Respondedme’.
Ellos discurrían entre sí: ‘Si decimos: ‘Del cielo’, dirá: ‘Entonces, ¿por qué no le creísteis?’. Pero, ¿vamos a decir: ‘De los hombres’?’. Tenían miedo a la gente; pues todos tenían a Juan por un verdadero profeta. Responden, pues, a Jesús: ‘No sabemos’. Jesús entonces les dice: ‘Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto’”.

COMENTARIO

Al parecer, Juan el Bautista había sido asesinado por orden de Herodes. Por eso Jesús les pregunta acerca de su Bautismo. Pero ellos no saben qué contestar porque saben que digan lo que digan van a quedar mucho peor que lo que ellos querían que Jesús quedase con su pregunta.

Pero Jesús sabe que es muy fácil vencer a los que no saben, al parecer, que es el Mesías o Dios hecho hombre. Él tiene toda la autoridad del Creador y por eso hace lo que hace y dice lo que dice. Pero ellos no lo entienden ni quieren entenderlo.

El caso es que muchos de los poderosos de su tiempo se daban cuenta que la doctrina de Jesús no era la adecuada para sus intereses. Había venido a poner las cosas claras y la Ley de Dios por encima de todo y ellos no hacían, precisamente, eso, sino dejarse guiar por sus egoístas intereses.



JESÚS, ayúdanos a creer en Ti y no querer hacerte caer en trampas espirituales.

Eleuterio Fernández Guzmán


29 de mayo de 2015

La santa ira de Dios


Viernes VIII del tiempo ordinario
Mc 11,11-25

En aquel tiempo, después de que la gente lo había aclamado, Jesús entró en Jerusalén, en el Templo. Y después de observar todo a su alrededor, siendo ya tarde, salió con los Doce para Betania. 
Al día siguiente, saliendo ellos de Betania, sintió hambre. Y viendo de lejos una higuera con hojas, fue a ver si encontraba algo en ella; acercándose a ella, no encontró más que hojas; es que no era tiempo de higos. Entonces le dijo: ‘¡Que nunca jamás coma nadie fruto de ti!’. Y sus discípulos oían esto. 
Llegan a Jerusalén; y entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo. Y les enseñaba, diciéndoles: ‘¿No está escrito: ‘Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las gentes?’.¡Pero vosotros la tenéis hecha una cueva de bandidos!’. Se enteraron de esto los sumos sacerdotes y los escribas y buscaban cómo podrían matarle; porque le tenían miedo, pues toda la gente estaba asombrada de su doctrina. Y al atardecer, salía fuera de la ciudad. 
Al pasar muy de mañana, vieron la higuera, que estaba seca hasta la raíz. Pedro, recordándolo, le dice: ‘¡Rabbí, mira!, la higuera que maldijiste está seca’. Jesús les respondió: ‘Tened fe en Dios. Yo os aseguro que quien diga a este monte: ‘Quítate y arrójate al mar’ y no vacile en su corazón sino que crea que va a suceder lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis. Y cuando os pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas’”.


COMENTARIO

Los mensajes de Jesús los ofrecía y daba en los momentos más inesperados para aquellos que le seguían. Ahora, por ejemplo, camino de Betania, la higuera es metáfora de cómo debemos ser sus discípulos.

Por otra parte, Jesús, que tantas veces había ido al templo de Jerusalén, no podía soportar que la Casa de su Padre se hubiera convertido en un lugar de negocio… ¡por la fe! Por eso y exclama que se había convertido en un antro de ladrones porque, además, se hacían negocios abusivos en sus salones.

También Jesús se ve en la obligación de recordarles a los que le siguen que deben tener confianza y fe en Dios. Sólo así podrán pedirle al Padre y, en la seguridad de ser escuchados, poder dirigirse al Señor con frutos abundantes en sus corazones.


JESÚS, ayúdanos a tener fe y confianza en Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

28 de mayo de 2015

¡Que veamos!


Jueves VIII del tiempo ordinario


Mc 10,46-52

En aquel tiempo, cuando Jesús salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: ‘¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!’. Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: ‘¡Hijo de David, ten compasión de mí!’. 

Jesús se detuvo y dijo: ‘Llamadle’. Llaman al ciego, diciéndole: ‘¡Ánimo, levántate! Te llama’. Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús. Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: ‘¿Qué quieres que te haga?’. El ciego le dijo: ‘Rabbuní, ¡que vea!’. Jesús le dijo: ‘Vete, tu fe te ha salvado’. Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.’”


COMENTARIO

Muchos de los que sabían que Jesús andaba por el mundo arreglando muchos desaguisados físicos y espirituales estaban a la espera de que pasara por donde vivían para pedirle una merced. Y eso le pasa a Bartimeo. Él también esperaba la llegada del Mesías porque, entonces, según las escrituras, los ciegos… verían la luz del mundo.

Bartimeo quiere ver. No es nada extraño que quien está ciego quiera ver. Pero él no quiere sólo ver al mundo sino que, precisamente con tal posibilidad, quiere ver al Hijo de Dios. Y le pide a Jesús ver. Sólo le pide ver. Lo demás, le vendrá dado por añadidura.

Podemos imaginar a Jesús mirando a Bartimeo. Una persona ciega, sin posibilidad alguna de estar inmersa en una sociedad que desprecia a los enfermos porque los tiene como pecadores, que tiene tanta fe como para pedir a quien no ve que lo cure… ha de ser curada. Y lo fue. Para gloria de Dios.


JESÚS, ayúdanos a ver; ayúdanos a verte.


Eleuterio Fernández Guzmán

27 de mayo de 2015

Saber lo que debemos ser


Miércoles VIII del tiempo ordinario

Mc 10,32-45

“En aquel tiempo, los discípulos iban de camino subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que le seguían tenían miedo. Tomó otra vez a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder: ‘Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, y se burlarán de Él, le escupirán, le azotarán y le matarán, y a los tres días resucitará’. 

Se acercan a Él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: ‘Maestro, queremos, nos concedas lo que te pidamos’. Él les dijo: ‘¿Qué queréis que os conceda?’. Ellos le respondieron: ‘Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda’. Jesús les dijo: ‘No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?’. Ellos le dijeron: ‘Sí, podemos’. Jesús les dijo: ‘La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado; pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado’”.



COMENTARIO

La ambición humana, incluso en las situaciones más espiritualizadas, no tiene límite. Los Zebedeos quieren algo para lo que no están preparados. Ellos, al parecer, prefieren la posición no sólo en la tierra sino, también, en el Cielo.

Jesús va preparando a los que le siguen. Sabe que el trance por el que va a pasar es duro: ha de morir de forma terrible y sus discípulos se van a quedar solos por un tiempo. Pero siembra en sus corazones algo que aún no comprenden: la resurrección.

En el ansia por tener antes que por ser Jesús quieren consolar a Juan y Santiago. Ellos van a estar con él en el Cielo pero antes han de pasar por el bautismo de sangre que Él aún tiene que pasar. Y, sin embargo, aunque en eso puedan ser igual que el Maestro, el lugar que han de ocupar en el Cielo es cosa de Dios, que juzga a cada hijo suyo.



JESÚS, ayúdanos a saber ocupar el lugar que nos corresponde.


Eleuterio Fernández Guzmán

26 de mayo de 2015

Tenerlo todo por Cristo


Martes VIII del tiempo ordinario
Mc 10,28-31

En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido’. Jesús dijo: ‘Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora en el presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros’”.

COMENTARIO

Aquellos que, en efecto, lo habían dejado todo por seguir a Jesús, tenían ambiciones humanas. Querían, por eso mismo, saber qué iban a obtener de aquel seguimiento. Por eso se lo hacen saber: lo hemos dejado todo por Ti.

Jesús sabe perfectamente que aquellos que escogió como sus apóstoles, lo habían dejado todo por ir con Él cuando los llamó para que le siguieran. Por eso también sabe que, en vida, también iban a obtener mucho más de lo que habían dejado.

Sin embargo, Jesús sabe perfectamente que hay algo más que lo que en vida, en el mundo, en el siglo, pueden obtener. La vida eterna es el gran premio que se obtiene por seguir a Cristo y dejarlo todo.





JESÚS, ayúdanos a seguirte a sabiendas del bien que eso supone para nosotros.


Eleuterio Fernández Guzmán

25 de mayo de 2015

Dejarlo todo por Cristo



Mc 10, 27-37


“Jesús, mirándolos fijamente, dice: ‘Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios.’ Pedro se puso a decirle: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.’ Jesús dijo: ‘Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio,  quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al  presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros.’ Iban de camino subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que le seguían tenían miedo. Tomó otra vez a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder: ‘Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, y se burlarán de él, le escupirán, le azotarán y le matarán, y a los tres días resucitará.’ Se acercan a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: ‘Maestro, queremos, nos concedas lo que te pidamos.’ El les dijo: ‘¿Qué queréis que os conceda?’ Ellos le respondieron: ‘Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.’”  

COMENTARIO

Dejarlo todo por Cristo

Jesús sabe que seguirlo a Él puede traer consecuencias no del todo buenas, humanamente hablando, para quien eso haga. Pero también sabe que el premio por hacer eso no es poca cosa sino, al contrario, grande y tiene relación con la mismísima vida eterna.


Lo que está escrito

Aunque sabía que decir ciertas cosas no podía gustar a sus discípulos y, mucho menos, a los que eran tenidos por sus apóstoles, no puede dejar de decir lo que va a pasar. Todo lo escrito, sobre todo en el profeta Isaías, se iba a cumplir palabra a palabra.
Los anhelos del hombre

Jesús no dejaba de sorprenderse. Él estaba tratando de que conocieran lo que iba a pasar y, así, estar preparados para ello, y, al parecer, no todos se acababan de enterar. Es más, los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan sólo anhelan estar sentados a su lado en la gloria…


JESÚS, ayúdanos a comprender, con exactitud, lo que significa ser hermano tuyo e hijo de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán



24 de mayo de 2015

El Defensor que vino




Jn 15, 26-27; 16, 12-15.

“Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio,  porque estáis conmigo desde el principio.

Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello.   Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros.”


COMENTARIO

Jesús sabía, aquí lo dice, que había cosas que no podían comprender ni siquiera aquellos que se le seguían más de cerca y habían escuchado mucho más que otros. Por eso les habla del Espíritu Santo.

Dice Jesús que enviará, de junto al Padre, al Defensor, al Paráclito. El Espíritu Santo, que luego, en efecto, enviaría, debía cumplir una misión muy importante que, en general, consistiría en dar testimonio de Cristo.

El Espíritu Santo no haría nada como si nada tuviese que ver ni con Dios no con su Hijo Jesucristo. No. El caso es que iba a hacer lo que debía llevar a cabo según la voluntad de Dios y, sobre todo, anunciaría, con sus mociones, lo que el hombre debía conocer y saber.


JESÚS, ayúdanos a aceptar las mociones del Espíritu Santo.

Eleuterio Fernández Guzmán


23 de mayo de 2015

Todo lo que hizo Cristo


Sábado VII de Pascua



Jn 21,20-25

En aquel tiempo, volviéndose Pedro vio que le seguía aquel discípulo a quién Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: ‘Señor, ¿quién es el que te va a entregar?’. Viéndole Pedro, dice a Jesús: ‘Señor, y éste, ¿qué?’. Jesús le respondió: ‘Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme’. Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: ‘No morirá’, sino: ‘Si quiero que se quede hasta que yo venga’. 

Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran’”.


COMENTARIO

Por si había alguna duda acerca de que es Jesús quien escoge a sus discípulos el caso que nos presenta este evangelio de san Juan es ejemplo de eso. Pedro se queja de Juan, el más joven de entre ellos, porque no sabe la razón por la que tenga que estar con ellos.

Jesús, sin embargo, conoce, sabe, que determinadas personas son muy especiales. Pero a Pedro le queda una misión muy importante que cumplir. Por eso le dice el Maestro que le siga.

San Juan tiene algo muy importante que decir. Tiene relación con lo que Jesús llevó a cabo a lo largo de su vida llamada pública. El caso es que no todo, seguramente, se escribió y todo lo que no se escribió tuvo que ser crucial para la vida del discípulo. Y aquello quedó en el corazón de Juan, a quien Jesús quería.

JESÚS, ayúdanos a saber ser de los escogidos por Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

21 de mayo de 2015

Ser uno con Cristo y Dios



Jn 17,20-26

En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. 

‘Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos’”.


COMENTARIO

Este texto del evangelio de san Juan está lleno de esperanza. Jesús se dirige a su Padre, al Padre todopoderoso, para pedir por aquellos que han creído en Él y para que continúen con su labor predicadora y transmisora de la Buena Noticia.

Jesús les transmitió lo que el Padre quiso que les transmitiera. Así, por ejemplo, todo lo referente a la salvación eterna y a la gloria de Dios Padre. Y lo hizo para que comprendiesen que era crucial para sus vidas, esencial para su vida futura, creer en Quien Dios había enviado al mundo para que el mundo se salvase.

Pero Jesús pide algo más. A Dios le ruega para que todos los que no conocen al Padre y a Él mismo, lo conozcan. Quiere el Hijo de Dios que todos seamos uno y que lo seamos con Dios y con su Enviado el Mesías.


JESÚS, ayúdanos a ser uno contigo y con Dios Padre.


Eleuterio Fernández Guzmán

20 de mayo de 2015

Cristo nos ha regalado la Palabra de Dios



Jn 17,11b-19

En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. 

‘Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad’”.


COMENTARIO

La voluntad de Dios es tener a todos sus hijos bajo sus manos y en su corazón. En su corazón ya los tiene pero depende mucho de la voluntad de los mismos el tenerlos bajo sus manos. Jesús le pide al Todopoderoso para que eso sea posible.

Jesús sabe que sólo Satanás se perdió de entre los hijos de Dios. Por eso sufre condena eterna. Pero no quiere que sus hermanos los hombres sigan el mismo camino que el caído. Y, aún sabiendo que no somos del mundo quiere que estando en él, mientras estemos, seamos cuidados por el Padre.

En la Palabra de Dios está la verdad. Por eso Jesucristo transmitió la Palabra y con ella la Verdad del Creador y Todopoderoso (¡Alabado sea por siempre!) Por eso Jesús anhela ser santificado y que todos nosotros, sus hermanos, lo seamos también.



JESÚS, ayúdanos a procurar nuestra propia santificación.


Eleuterio Fernández Guzmán

19 de mayo de 2015

Cristo rogó por nosotros


Martes VII de Pascua


Jn 17,1-11a

En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. 

‘Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado. 

‘Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti’”
.



COMENTARIO

“Ha llegado la hora”. Jesús sabe que en aquel momento, se está celebrando la Última Cena, es el adecuado para reverlo todo, para decir a los que le escuchan que todo lo que les había dicho, se va a confirmar.

Nos dice Jesús, con claridad, que la vida eterna tiene un núcleo esencial y que se corresponde con conocer a Dios a través del conocimiento del Cristo, de su Enviado. Por eso iba a morir y por so glorificaba a su Padre.

Jesús ruega por todos los que Dios le había dado y, también, por todos aquellos que iban a ser discípulos suyos a través de la historia por venir. Jesús sabe que sus discípulos, que viven el mundo aunque no sean del mismo, van a necesitar el auxilio del Padre. Y se lo pide.


JESÚS, ayúdanos a glorificarte a Ti y a Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán