21 de diciembre de 2013

Bendita entre las mujeres





Lc 1, 39-45

En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: ‘Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!’”.


COMENTARIO

Cuando el Ángel Gabriel deja a María ella sabe perfectamente lo que tiene que hacer. Una vez conoce que la Encarnación se ha producido en ella sabe que su prima Isabel, allí en Aim Karem, la necesita porque va a tener un hijo y es mujer de edad avanzada. Y acude donde está.

A Isabel le debió soplar al corazón el Espíritu Santo que su prima María venía y que lo hacía acompañada, en su vientre, nada más y nada menos que por el Hijo de Dios. Muy pocas personas sabían que eso era así y una de ellas, Isabel, bien lo demuestra cuando ve llegar a María.

Cuando Isabel le dice a María que es bendita entre todas las mujeres está diciendo, de otra manera, lo mismo que dijo el Ángel a la joven judía: que estaba llena de gracia. Sabe, por eso mismo, que ha creído lo que le ha dicho dios y que, por tanto, todo se ha de cumplir según la voluntad del Creador.





JESÚS, tu Madre y tu tía Isabel saben el secreto mejor guardado de todos los tiempos: Tú vas a nacer para salvar al mundo. Ayúdanos a saber dar gracias como te mereces.





Eleuterio Fernández Guzmán


20 de diciembre de 2013

La fe de la Inmaculada



Lc 1,26-38

Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: ‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo’. 

Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: ‘No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin’.

María respondió al ángel: ‘¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?’. El ángel le respondió: ‘El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios’. Dijo María: ‘He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra’. Y el ángel dejándola se fue.

COMENTARIO

El mensaje del Ángel

Gabriel tiene que llevar un mensaje importante a la joven a la que Dios había escogido para ser su Madre. Sabe que, seguramente, se extrañará de todo aquello que le está diciendo pero cumple con una misión que era crucial para la historia de la humanidad. 

La fe de María

La joven no sabe qué le está pasando. Sin embargo, es mujer piadosa y cree, sobre todas las cosas, en Dios Todopoderoso. Por mucho que no entienda lo que le pasa sabe que debe cumplir con la voluntad de su Creador.

El Fiat

María podía haber respondido de otra forma. Sin embargo, responde "sí" a lo que le dice el Ángel enviado por Dios. Con aquel "hágase" y refiriéndose a ella misma, llamarse esclava del Señor, consigue que todo lo que Dios había dispuesto para su criatura preferida se cumpla.



JESÚS, tu Madre supo responder lo que debía responder. Era un momento importante y tuvo fe, mucha fe. Ayúdanos a imitar a María, también madre nuestra.







Eleuterio Fernández Guzmán

19 de diciembre de 2013

La voluntad de Dios siempre se cumple



Lc 1,5-25


Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote, llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una mujer descendiente de Aarón, que se llamaba Isabel; los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin tacha en todos los mandamientos y preceptos del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos de avanzada edad. 

Sucedió que, mientras oficiaba delante de Dios, en el turno de su grupo, le tocó en suerte, según el uso del servicio sacerdotal, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso. Toda la multitud del pueblo estaba fuera en oración, a la hora del incienso. Se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verle Zacarías, se turbó, y el temor se apoderó de él. El ángel le dijo: ‘No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan; será para ti gozo y alegría, y muchos se gozarán en su nacimiento, porque será grande ante el Señor; no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre, y a muchos de los hijos de Israel, les convertirá al Señor su Dios, e irá delante de Él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto’. 

Zacarías dijo al ángel: ‘¿En qué lo conoceré? Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada en edad’. El ángel le respondió: ‘Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena nueva. Mira, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no diste crédito a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo’. 

El pueblo estaba esperando a Zacarías y se extrañaban de su demora en el Santuario. Cuando salió, no podía hablarles, y comprendieron que había tenido una visión en el Santuario; les hablaba por señas, y permaneció mudo. Y sucedió que cuando se cumplieron los días de su servicio, se fue a su casa. Días después, concibió su mujer Isabel; y se mantuvo oculta durante cinco meses diciendo: ‘Esto es lo que ha hecho por mí el Señor en los días en que se dignó quitar mi oprobio entre los hombres’”.



COMENTARIO


Las dudas de Zacarías

Cuando el Ángel enviado por Dios comunica a Zacarías lo que va a pasar aquel hombre, importante entre los de su pueblo, no las tiene todas consigo. Duda ante la voluntad del Creador y eso le hace acreedor de un castigo: se queda mudo.


Las promesas de Dios

Lo que dice Dios se cumple porque es fiel a lo que dice. Por eso cuando llegó el momento que tenía que llegar y según había dicho el Ángel nace un niño. Le han de poner de nombre Juan. Ahora Zacarías se da cuenta, en efecto, de que no debe dudar nunca más de Dios.


El poder de Dios

Una vez más queda demostrado, demuestra el Creador, que para Él nada hay imposible. El oprobio en el que el pueblo elegido por Dios había puesto a Zacarías (por no tener hijos) queda reducido a nada: la voluntad de Dios se ha impuesto, como debe ser siempre.




JESÚS, tus tíos Zacarías e Isabel esperaron aquel hijo tan esperado por ellos. También sería esperado por el propio pueblo elegido por Dios porque era tu Precursor y quien te iba a anunciar. Ayúdanos a no dudar nunca de la voluntad de tu Padre.





Eleuterio Fernández Guzmán


18 de diciembre de 2013

La fe de José



Mt 1,18-24

La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.

Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: ‘José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en Ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados’. Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: ‘Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: ‘Dios con nosotros’’. Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer”.

COMENTARIO

San Mateo hace hincapié en algo muy importante: Jesús debía de tener un padre-hombre para que fuese reconocido como tal y evitar, así, los posibles problemas que podía tener María al decir que estaba embarazada. Es seguro que había sido lapidada.

Conocedor, como era, el Ángel, de lo que iba a pasar, le dice a José lo que ha de suceder, el nombre del niño que va a nacer, Jesús, apostillando, para demostrar lo que le decía, con las palabras del profeta Isaías (Isaías 7, 14) lo que acabó de convencer a José: Virgen, María, profeta, Emmnanuel-Dios con nosotros-… Todo era cierto, verdad.

La fe que tiene aquel hombre que, escuchando al enviado de Dios para consolar su corazón atribulado, no se le ocurre más que hacer lo que le dice quien era mensajero de Dios. A José otra cosa no se le pasa por la mente ni, por supuesto, por el corazón pues también debió consagrarse a Dios desde pequeño al igual que lo debió hacer la joven María, su esposa


JESÚS, tu padre adoptivo, José, el carpintero de Nazaret, tuvo una fe inquebrantable en Dios e hizo lo que dijo tu Ángel. Ayúdanos a ser fieles como el esposo de María, Madre de Dios y madre nuestra.



Eleuterio Fernández Guzmán





17 de diciembre de 2013

De quién viene Jesucristo


  

Mt 1,1-17

Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrom, Esrom engendró a Aram, Aram engendró a Aminadab, Aminadab engrendró a Naassón, Naassón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David. 
David engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón, Salomón engendró a Roboam, Roboam engendró a Abiá, Abiá engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatam, Joatam engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando la deportación a Babilonia. 

Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliakim, Eliakim engendró a Azor, Azor engendró a Sadoq, Sadoq engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Mattán, Mattán engendró a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. Así que el total de las generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.”


COMENTARIO

Podría pensarse que la relación de antepasados de Jesús tiene poca importancia. Sin embargo, es bien cierto que la intención del evangelista que fuera recaudador de impuestos es mostrarnos que el Hijo de Dios, Jesús, es Hombre. Es más, que es verdadero Hombre.

Jesús, pues, es hombre porque así lo quiso Dios. Y lo es con todas sus consecuencias: cosas buenas y malas que le pasan a lo largo de su vida mortal, situaciones por las que pasa todo ser humano que también le afectan. Así llora y ríe, sufre la pérdida de amigos como cualquier hijo de Dios.

Pero lo más importante es que este texto de san Mateo nos presenta al niño que pronto va a nacer y que tanto queremos que vuelva, otra vez, tras su partida a la Casa del Padre. Así, Jesús, quien tiene antecedentes muy humanos, es Dios hecho hombre. Y así nos lo recuerda aquel que lo dejó todo para, años después, seguirlo.



JESÚS, tienes antepasados como todos tenemos. Los tuyos, claro y por voluntad de Dios, son de linaje escogido por el Creador. Los hubo pecadores graves pero siempre atendiendo, en lo posible para ellos, a la voluntad de tu Padre. Ayúdanos a contemplar tu nueva venida con amor y esperanza.





Eleuterio Fernández Guzmán


16 de diciembre de 2013

La autoridad de Cristo viene de Dios






Lunes III de Adviento

Mt 21,23-27

En aquel tiempo, Jesús entró en el templo. Mientras enseñaba se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo diciendo: '¿Con qué autoridad haces esto? ¿Y quién te ha dado tal autoridad?'. Jesús les respondió: 'También yo os voy a preguntar una cosa; si me contestáis a ella, yo os diré a mi vez con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres?'. Ellos discurrían entre sí: 'Si decimos: ‘Del cielo’ , nos dirá: ‘Entonces, ¿por qué no le creísteis?’. Y si decimos: ‘De los hombres’, tenemos miedo a la gente, pues todos tienen a Juan por profeta'. Respondieron, pues, a Jesús: 'No sabemos'. Y Él les replicó asimismo: 'Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto'.


COMENTARIO

En una ocasión dijo Jesús que el mundo era más astuto que los hijos del cielo. Lo dijo porque sabía que aquellos que lo perseguían se las sabían todas. O, al menos, eso era lo que ellos creían. Sin embargo, a Jesús no era fácil engañarle.

Le pregunta por la autoridad que tiene aquel Maestro para hacer lo que hace y decir lo que dice. Pero Jesús, que en verdad sí lo sabe todo, tiene en su corazón la respuesta perfecta: ¿qué creían ellos de Juan el Bautista? Y ellos por miedo, no responden.

Jesús, ante una forma de actuar tan cicatera y tan tramposa sabe que a tales personas no puede revelar nada que sea importante o que pueda ser crucial. En realidad ellos no quiere saber nada bueno de su parte sino, en todo caso, hacer lo posible para que calle de una vez por todas.


JESÚS, los que te persiguen buscan la forma de cogerte en algún renuncio. En verdad, como más dirías más tarde, no saben lo que hacen. Ayúdanos a no ser como ellos.



Eleuterio Fernández Guzmán

15 de diciembre de 2013

Cristo era Quien tenía que venir





Domingo III (A) de Adviento


Mt 11,2-11


En aquel tiempo, Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle: ‘¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?’. Jesús les respondió: ‘Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!’.

Cuando éstos se marchaban, se puso Jesús a hablar de Juan a la gente: ‘¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¡No! Los que visten con elegancia están en los palacios de los reyes. Entonces, ¿a qué salisteis? ¿A ver un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta. Éste es de quien está escrito: ‘He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino’. En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él’”.

COMENTARIO

Quien había de venir

Los que pertenecían al pueblo elegido por Dios sabían que, según voluntad del Creador, tenía que venir al mundo un Mesías que serían el Salvador de tal pueblo. Por eso los discípulos del Bautista van a preguntarle a Jesús si era Él mismo.


Pruebas más que suficientes

A Jesús le basta con acudir a las Sagradas Escrituras hasta entonces conocidas para demostrar a Juan que, en efecto, Él era: los ciegos veían y los cojos, por ejemplo, andaban que era la forma de mostrar, quien eso pudiera hacer que había llegado el Enviado de Dios.



La primacía de Juan

Aunque a muchos aquel hombre que vestía con piel de camello y se alimentaba con lo poco que podía encontrar en el desierto era persona poco importante, Jesús sabía que había sido puesto allí por Dios para ser su Precursor, quien anunciara que había llegado el Cordero de Dios.

JESÚS, los que quieren saber de ti, Mesías, preguntan si eres el Enviado de Dios. Ayúdanos a no alejarte de nuestro corazón.



Eleuterio Fernández Guzmán


14 de diciembre de 2013

Juan vino y Cristo vino y permanece


  

Sábado II de Adviento




“Sus discípulos le preguntaron: ‘¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?’ Respondió él: ‘Ciertamente, Elías ha de venir a restaurarlo todo. Os digo, sin embargo: Elías vino ya, pero no le reconocieron sino que hicieron con él cuanto quisieron. Así también el Hijo del hombre tendrá que padecer de parte de ellos.’ Entonces los discípulos comprendieron que se refería a Juan el Bautista.
       

COMENTARIO

Jesús sabe que aquellos que son doctores de la ley conocen muy bien lo que tenía que pasar cuando viniera el Mesías. Por eso preguntan los discípulos, le preguntan al Maestro, qué es lo que quieren decir los escribas cuando dicen que Elías tenía que venir primero.

En realidad, Elías, no en forma de carne sino en espíritu, había venido en la persona de Juan el Bautista. Eso no quisieron comprenderlo quienes debían haberlo comprendido y, por eso mismo, lo mataron.

Jesús, que sabe lo que ha de pasarle, pone sobre aviso a los que le escuchan porque es importante que así sea. Sabe que tiene que padecer un gran dolor antes de morir y, por eso mismo, no cesa de recomendar aquello que es importante.

JESÚS, conoces lo que ha de pasar y, por eso, avisas para que estemos preparados. Tu muerte será nuestra salvación pero, a veces, no hacemos mucho caso a lo que nos dices. Ayúdanos a tenerte siempre presente.




Eleuterio Fernández Guzmán


13 de diciembre de 2013

Creer en los profetas de Dios


Viernes II de Adviento



Mt 11, 16-19


“¿Pero, con quién compararé a esta generación? Se parece a los chiquillos que, sentados en las plazas, se gritan unos a otros diciendo: ‘Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no os habéis lamentado’.’Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: ‘Demonio tiene.’ Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ‘Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores." Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras’”.

COMENTARIO

Jesús conocía el comportarse de su pueblo. A lo largo de los siglos habían recibido la inspiración de los profetas que Dios había suscitado entre ellos pero no los habían escuchado porque no decían lo que querían escuchar.

Sobre Juan, su introductor en el mundo y su Precursor, habían dicho y hecho lo mismo que otras tantas veces. Lo acusaban de todo lo acusable porque no les gustaba que les dijera que tenían que enderezar sus vidas. Y de aquello de tener que regalar una túnica si se tenían dos…

Pero sobre Jesús dicen, según Él mismo sabe y cuenta, peor aún: que se sienta con pecadores. De corazón duro aquel pueblo que no entendía, gran parte de él, que no necesitan médico los que están sanos sino, en todo caso, los enfermos. Y a ellos iba Jesús, médico del alma y, muchas veces, del cuerpo.


JESÚS, los que te persiguen no saben qué hacer para llevar a cabo su terrible misión. Ayúdanos a no ser, de una forma o de otra, como ellos.





Eleuterio Fernández Guzmán


12 de diciembre de 2013

Lo que estaba escrito se cumplió



Jueves II de Adviento 

Mt 11, 11-15



“’En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Pues todos los profetas, lo mismo que la Ley, hasta Juan profetizaron. Y, si queréis admitirlo, él es Elías, el que iba a venir. El que tenga oídos, que oiga.’”


COMENTARIO

Jesús tenía por su primo Juan, que le bautizó, un amor muy especial. No era, además, una persona cualquiera por quien sintiera cercanía por ser familiar suyo sino porque ocupaba un papel muy importante en el plan de Dios.

Juan vino al mundo porque estaba puesto por Dios para ser quien introdujera a su Hijo. Pero él, incluso aquella persona tan válida espiritualmente hablando era poco, pequeño, en el definitivo Reino de Dios. Diciendo eso ya nos avisa el Hijo del hombre de cuál ha de ser nuestro comportamiento.

El Reino de dios está dominado por el Príncipe de este mundo, llamado también Satanás, que controla los corazones de no pocos fieles, se supone, a Dios. Pero Juan vino porque los caminos hacia Dios tenían que ser enderezados. Y muchos no le escucharon.



JESÚS, lo que nos dices acerca de Juan, quien te bautizó en el Jordán, nos debería hacer pensar lo importante que es la fidelidad a Dios. Ayúdanos no caer en las trampas del mundo.





Eleuterio Fernández Guzmán


11 de diciembre de 2013

Mansedumbre y humildad





Miércoles II de Adviento

Mt 11, 28-30

“En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: ‘Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera’”.

COMENTARIO

Dios nos quiere a todos

Jesús quiere acercar a todos a  Dios, su Padre y el nuestro. Busca a los que están cansados porque no tienen muchas expectativas de vida, a los pobres que se sienten desamparados y a todos los que, de una manera o de otra, sufren.

Mansedumbre

Jesús, como Maestro, enseña todo lo que es bueno y benéfico para nuestra existencia. Enseña, por ejemplo, a ser manso. Dice que seamos mansos como Él lo es. Y quiere que llevemos su carga como Él lleva la nuestra y que seamos, así, compañeros en el camino hacia el definitivo Reino de Dios.


Humildad

Pero Jesús nos pide, también, que seamos humildes. Él lo fue y lo es porque sabe que la humildad es una buena cualidad del hijo de Dios. Si Él lo fue, nosotros, que somos sus discípulos, también lo debemos ser.


JESÚS, a lo largo de tu vida pública sólo nos diste buenos consejos y buenas recomendaciones. Ayúdanos a cumplir aquello que para ti es esencial.





Eleuterio Fernández Guzmán


10 de diciembre de 2013

¿Somos ovejas perdidas?





Martes II de Adviento

Mt 18,12-14

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños’”.

COMENTARIO

Ser oveja perdida

En muchas ocasiones somos como aquella oveja que se le perdió al pastor. Yendo por donde bien nos parece sin tener en cuenta la voluntad de Dios, actuamos como si no fuera la misma no fuera importante para nuestra vida.


Dejar encontrarse por Dios

El Creador siempre nos busca. Nos ama como lo mejor de su creación y, por eso mismo, en cuanto siente que nos hemos perdido hace todo lo posible para atraernos a su regazo de Padre.


No dejarse perder

Tenemos, sin embargo, una labor importante que hacer a lo largo de nuestra existencia. No podemos dejarnos dominar por el mundo como si no fuera importante seguir la voluntad de Dios. Así Dios no tendrá que salir a buscarnos.

  



JESÚS, siempre quieres que sigamos aquello que el Creador quiere para nuestra vida. Ayúdanos a no olvidarnos de algo tan importante como eso.





Eleuterio Fernández Guzmán


9 de diciembre de 2013

Lo que puede la fe







Lunes II de Adviento

Lc 5,17-26

Un día que Jesús estaba enseñando, había sentados algunos fariseos y doctores de la ley que habían venido de todos los pueblos de Galilea y Judea, y de Jerusalén. El poder del Señor le hacía obrar curaciones. En esto, unos hombres trajeron en una camilla a un paralítico y trataban de introducirle, para ponerle delante de Él. Pero no encontrando por dónde meterle, a causa de la multitud, subieron al terrado, le bajaron con la camilla a través de las tejas, y le pusieron en medio, delante de Jesús. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo: ‘Hombre, tus pecados te quedan perdonados’. 
Los escribas y fariseos empezaron a pensar: ‘¿Quién es éste, que dice ‘blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?’. Conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo: ‘¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te quedan perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dijo al paralítico- ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’’. Y al instante, levantándose delante de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa, glorificando a Dios. El asombro se apoderó de todos, y glorificaban a Dios. Y llenos de temor, decían: ‘Hoy hemos visto cosas increíbles’”.

COMENTARIO


Son muchas las ocasiones en las que Jesús da a entender que la fe, al confianza en su persona, tiene una gran ventaja para nosotros, hijos de Dios y hermanos suyos. Sencillamente, se consigue todo lo que nos conviene con tal comportamiento.

Aquel hombre lisiado tenía buenos amigos. Confiaban en que Jesús podía curarlo pues, de otra forma, no habrían hecho aquel esfuerzo para poner a su amigo ante el Maestro. Y Jesús lo sabe.

Como Jesús es valiente con la misión que tiene que cumplir no le importa lo que puedan decir de lo que hace o dice aquellos que le miran mal. Están equivocados al respecto del Hijo de Dios pero eso no puede hacer que cambie su misión a cumplir... y lo hace.



JESÚS, los que a Ti se dirigen y lo hacen con fe tienen muchas probabilidades de conseguir lo que quieren. Ayúdanos a no perder nunca la confianza en Ti.



Eleuterio Fernández Guzmán


8 de diciembre de 2013

Fiat, hágase



  
 



Lc 1,26-38

En aquel tiempo, fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. 

Y entrando, le dijo: ‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo’. Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: ‘No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin’. María respondió al ángel: ‘¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?’. El ángel le respondió: ‘El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios’. Dijo María: ‘He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra’. Y el ángel dejándola se fue.’”

COMENTARIO

La piadosa María

La joven María era joven de oración. Piadosa fiel de Dios se dirigía al Padre en oración a la espera, pidiendo, la salvación del mundo que tan erróneo mantenía su camino.


Gabriel, el Ángel del Señor

Aquel Ángel tenía que cumplir una misión muy importante: transmitir a María el mensaje de Dios de que la quería como Madre de su Hijo y de Él mismo. Y se presenta ante la joven judía para presentar las palabras y la verdad de parte de su Creador.


La esclava del Señor

No es raro ni extraño que María se turbara. Le debieron parecer las palabras del Ángel muy turbadoras para ella que no había mantenido relaciones sexuales con ningún hombre ni, tampoco, conocía a ningún hombre en tal sentido. Acepta, sin embargo, el misterio que le propone Gabriel: es la esclava del Señor y hace la voluntad de su Padre.



JESÚS, tu Madre aceptó las palabras del enviado de Dios porque era mujer de fe probada. Ayúdanos a no olvidar nunca aquello que hiciera aquella joven porque lo hizo por nosotros.  



Eleuterio Fernández Guzmán


7 de diciembre de 2013

Dar gratis





 Sábado I de Adviento
Mt, 35—10,1.6-8

“En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: ‘La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies’. 
Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: ‘Dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis’”.


COMENTARIO

La misión de Cristo

Dios envía a su Hijo a que lleve a cabo una misión importante: recuperar a los que son socialmente indignos de vivir en sociedad. Así, los pobres o los enfermos encuentran en Jesús a un amigo verdadero que ha venido a sanarlos.

Necesita el Reino sus trabajadores

Sabe Jesús que necesita de muchos de sus discípulos para que cumplan la misión de ser pastores de la grey de Dios. Y sabe que se ha de pedir a Dios que escoja a muchos de ellos para que así actúen y lleven a cabo tan crucial misión.

¿A quién busca Cristo?

Según lo que el Hijo de Dios lleva a cabo en su vida llamada pública es bien cierto que no se dirigía a los que estaban salvados por su forma de ser y comportarse sino a los que necesitaban, de una manera o de otra, la salvación. Y a ellos se dirige muy especialmente.

JESÚS, envías a tus apóstoles a que cumplan con la misión de evangelizar. Les das poderes divinos para que cumplan con tal misión. Ayúdanos a aceptar la misión que nos corresponda aceptar.



Eleuterio Fernández Guzmán


6 de diciembre de 2013

Una fe proclamada



Viernes I de Adviento



“Cuando Jesús se iba de allí, al pasar le siguieron dos ciegos gritando: ‘¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!’ Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: ‘¿Creéis que puedo hacer eso?’ Dícenle: ‘Sí, Señor.’ Entonces les tocó los ojos diciendo: ‘Hágase en vosotros según vuestra fe.’ Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó severamente: ‘¡Mirad que nadie lo sepa!’ Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca.”
       
COMENTARIO


En tiempos de Jesús había enfermedades que incapacitaban mucho más de lo que físicamente suponían. En realidad, apartaban a las personas de la sociedad. Y tal era el caso de los ciegos que se veían abocados a pedir limosna. Y es lo que hacen con Jesús.

Aquel Maestro es querido por muchas personas porque reconocen su naturaleza divina. Aquellos ciegos le llaman “Hijo de David” que era lo mismo que decir Mesías. Y le piden con confianza una curación que, por otros medios, era imposible.

Jesús atiende a los que de tal manera se dirigen a Él. Sabe que debe hacer eso y lo hace. Sin embargo, aquellos hombres no atienden su requerimiento de que a nadie digan lo que había pasado pues estaban demasiado felices como para callar.


JESÚS, curas a quien necesitan ser curados por estar necesitados de la salud física y, también, la espiritual. Ayúdanos a proclamar tu bondad.





Eleuterio Fernández Guzmán


5 de diciembre de 2013

Construir sobre la Roca que es Cristo






Jueves I de Adviento


Mt 7, 21.24-27

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina’”.

COMENTARIO

Es muy común que creamos que, como discípulos de Cristo, nos basta hacer una oración de una forma, digamos, acelerada y repetir como si fuésemos loros las palabras con las que nos dirigimos a Dios. Sin embargo, Jesús sabe que tal no es la forma de hacer las cosas del espíritu.

Poner las palabras de Cristo en práctica. Tal es la recomendación del Hijo del hombre. Y esto, lo que quiere decir, es que si Jesús es humilde y habla acerca de la humildad, debemos ser humildes en nuestra vida ordinaria. Y así con toda la palabra que sale de la boca de Jesús-Dios.

Podemos hacer aquello que nos corresponde como hijos de Dios de Muchas formas. En realidad sólo debemos hacerla de una forma que es asentándola sobre la roca firma que es Jesús. Sólo así seremos capaces de construir una existencia acorde con la voluntad de Dios.


JESÚS, sólo nos dices lo que nos conviene para nuestra vida, la de ahora y la eterna. Ayúdanos a escuchar siempre lo que dices y a ponerlo por obra.





Eleuterio Fernández Guzmán