16 de abril de 2011

Buscando a Jesús para nada bueno

Jn 11,45-56

En aquel tiempo, muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en Él. Pero algunos de ellos fueron donde los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron consejo y decían: ‘¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchas señales. Si le dejamos que siga así, todos creerán en Él y vendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación’. Pero uno de ellos, Caifás, que era el Sumo Sacerdote de aquel año, les dijo: ‘Vosotros no sabéis nada, ni caéis en la cuenta que os conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación’. Esto no lo dijo por su propia cuenta, sino que, como era Sumo Sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación —y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos—. Desde este día, decidieron darle muerte.
Por eso Jesús no andaba ya en público entre los judíos, sino que se retiró de allí a la región cercana al desierto, a una ciudad llamada Efraim, y allí residía con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua de los judíos, y muchos del país habían subido a Jerusalén, antes de la Pascua para purificarse. Buscaban a Jesús y se decían unos a otros estando en el Templo: ‘¿Qué os parece? ¿Que no vendrá a la fiesta?’. Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes de que, si alguno sabía dónde estaba, lo notificara para detenerle.



COMENTARIO


Había muchos de los contemporáneos de Jesús que no estaban a favor lo que decía y, por eso mismo, lo buscaban para acusarlo de lo que fuera ante las autoridades de su época. Eran, por así decirlo, seguidores para lo malo.


Y Jesús muere, en efecto, como dijera Caifás, por todo un pueblo. Y lo hace porque era conocedor de la misión que había venido a desempeñar de parte del Padre. Nos salvó muriendo de muerte de cruz.


Cuando aquellos que buscan a Cristo hacen lo que hacen son víctimas de sus propios egoísmos y atraídos mucho por lo material y poco por lo espiritual, sólo quieren ver satisfecho su gusto personal por el mundo aunque eso suponga alejarse de Dios.



JESUS, entregándote a la muerte, y muerte de cruz, hiciste el mayor bien que nadie haya hecho por el hombre. Aquellos que te perseguían creían que hacían el bien e, incluso equivocándose, acertaron.



Eleuterio Fernández Guzmán

15 de abril de 2011

Contra Cristo y contra Dios

Jn 10,31-42

En aquel tiempo, los judíos trajeron otra vez piedras para apedrearle. Jesús les dijo: ‘Muchas obras buenas que vienen del Padre os he mostrado. ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme?’. Le respondieron los judíos: ‘No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios’. Jesús les respondió: ‘¿No está escrito en vuestra Ley: ‘Yo he dicho: dioses sois’? Si llama dioses a aquellos a quienes se dirigió la Palabra de Dios —y no puede fallar la Escritura— a aquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo, ¿cómo le decís que blasfema por haber dicho: ‘Yo soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed por las obras, y así sabréis y conoceréis que el Padre está en mí y yo en el Padre’. Querían de nuevo prenderle, pero se les escapó de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había estado antes bautizando, y se quedó allí. Muchos fueron donde Él y decían: ‘Juan no realizó ninguna señal, pero todo lo que dijo Juan de éste, era verdad’. Y muchos allí creyeron en Él.


COMENTARIO

Jesús debía estar muy dolido cuando les dice que escojan entre las cosas que hacía que venían de Dios para apedrearlo. Él hacía lo bueno y mejor y ellos querían, sin embargo, echárselo en cara.

Con lo que hacía el Hijo de Dios demostraba, por lo extraordinarias que eran y que nadie, antes, había podido hacer, que era el Enviado del Padre, el Mesías, el que todos estaban esperando. Sin embargo, había habido un testigo a tener en cuenta: Juan el Bautista.


Muchos escucharon lo que decía en el Jordán, predicando y anunciando a Quien tenía que venir y aquellos que lo escucharon se dieron cuenta que lo que decía se cumplía en Jesús. Creyeron y, por eso mismo, se convirtieron en discípulos suyos.


JESÚS, por más que les dijeras Quien eras y por más que demostraras, con hechos, que eras el Enviado de Dios y que tú estabas en el Padre y el Padre en ti, no te creían. Sin duda les faltaba la fe que a nosotros, cuando nos alejamos de Dios, nos falta y olvidamos aunque no necesitamos señales ni obras para creer que eres Dios hecho hombre.

Eleuterio Fernández Guzmán

14 de abril de 2011

Cristo es Dios

Jn 8,51-59

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: ‘En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás’. Le dijeron los judíos: ‘Ahora estamos seguros de que tienes un demonio. Abraham murió, y también los profetas; y tú dices: ‘Si alguno guarda mi Palabra, no probará la muerte jamás’. ¿Eres tú acaso más grande que nuestro padre Abraham, que murió? También los profetas murieron. ¿Por quién te tienes a ti mismo?’. Jesús respondió: ‘Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada; es mi Padre quien me glorifica, de quien vosotros decís: ‘Él es nuestro Dios’, y sin embargo no le conocéis, yo sí que le conozco, y si dijera que no le conozco, sería un mentiroso como vosotros. Pero yo le conozco, y guardo su Palabra. Vuestro padre Abraham se regocijó pensando en ver mi día; lo vio y se alegró». Entonces los judíos le dijeron: ‘¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham?’. Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo Soy’. Entonces tomaron piedras para tirárselas; pero Jesús se ocultó y salió del Templo.

COMENTARIO

El mensaje de Jesús era bastante claro: guardar Su Palabra que era lo mismo que decir que había que llevar a cabo, en sus/nuestras vidas, lo que la Ley de Dios establece como bueno y huir de lo que dice que es malo o no está de acuerdo con ella.


Bien dice Cristo que no es a Él a quien se debe la gloria sino a Dios mismo porque viene del Padre y hace lo que hace de acuerdo a lo indicado por el Creador. Por lo tanto, estar de acuerdo con lo dicho por Jesús es estarlo con Quien lo envío.


Jesús existe desde antes de todo. Ya lo dice San Juan en su evangelio: “En un principio… la Palabra estaba frente a Dios”. Por lo tanto no tenemos que hacer como hicieron aquellos (coger piedras para tirárselas) sino, muy al contrario, amar lo que Jesús hizo y llevarlo a nuestra vida.



JESÚS, eres Dios hecho hombre. Por eso mucho, que querían otra especie de Dios, batallador y sanguinario, no te querían y pretendían matarte. Nosotros, sin embargo, sabemos Quién eres y, por eso mismo, te seguimos con gozo y esperanza en la vida eterna.



Eleuterio Fernández Guzmán

13 de abril de 2011

No aceptar a Cristo

Jun 8,31-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos que habían creído en Él: ‘Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres’ Ellos le respondieron: ‘Nosotros somos descendencia de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Os haréis libres?’ Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo. Y el esclavo no se queda en casa para siempre; mientras el hijo se queda para siempre. Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres. Ya sé que sois descendencia de Abraham; pero tratáis de matarme, porque mi Palabra no prende en vosotros. Yo hablo lo que he visto donde mi Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído donde vuestro padre’.

Ellos le respondieron: ‘Nuestro padre es Abraham’. Jesús les dice: ‘Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham. Pero tratáis de matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre’. Ellos le dijeron: ‘Nosotros no hemos nacido de la prostitución; no tenemos más padre que a Dios’. Jesús les respondió: ‘Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais a mí, porque yo he salido y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino que Él me ha enviado’.



COMENTARIO

Verdaderamente aquellos que, viendo a Jesús, no eran capaces de reconocer que era el Hijo de Dios, no estaban por la labor de aceptarlo como el Mesías. Ni entendían a Abraham ni, por lo tanto, que el padre de la fe hubiera vivido, con gozo, aquellos días de presencia del Enviado de Dios.


Es bien cierto que la presencia de Jesús causaba problemas a los que esperaban un Mesías guerrero y vengador, a todos los que querían seguir manteniendo su posición social y a los que, en definitiva, no querían que nada cambiase.


Jesús, sin embargo, les dice la verdad: Él es el Hijo de Dios y, por eso mismo, escucharlo y aceptarlo a Él era como aceptar al Padre Creador. Al contrario, de no hacerlo era seguir manteniendo una situación que, en verdad, poco tenía de fiel a Dios.



JESÚS, Tú eres el Hijo de Dios y Dios hecho hombre. Ambas realidades, con ser la misma, no eran aceptadas por aquellos que te escuchaban. Ellos querían un Mesías distinto a como tú eras (compasivo y misericordioso) y, por eso trataban de matarte. Nosotros no queremos hacer lo mismo en nuestro corazón y queremos ser fieles a Dios y a Su enviado.


Eleuterio Fernández Guzmán

12 de abril de 2011

Ir tras Cristo

Jn 8,21-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: ‘Yo me voy y vosotros me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado. Adonde yo voy, vosotros no podéis ir’ Los judíos se decían: ‘¿Es que se va a suicidar, pues dice: ‘Adonde yo voy, vosotros no podéis ir’?’. El les decía: ‘Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en nuestros pecados’.

Entonces le decían: ‘¿Quién eres tú?’. Jesús les respondió: ‘Desde el principio, lo que os estoy diciendo. Mucho podría hablar de vosotros y juzgar, pero el que me ha enviado es veraz, y lo que le he oído a Él es lo que hablo al mundo’. No comprendieron que les hablaba del Padre. Les dijo, pues, Jesús: ‘Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi propia cuenta; sino que, lo que el Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo. Y el que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a Él’. Al hablar así, muchos creyeron en Él.


COMENTARIO

Jesús decía las cosas para que se le entendiese perfectamente. No se andaba con medias tintas porque no había venido para marear la perdiz. O se le seguía o se moriría para siempre porque dijo, muchas veces, Quién era.


Por mucho que les diga, que les había dicho hasta entonces, parece que no creen en Él y que, en realidad, le tienen por un hombre más de entre ellos y, como mucho, como un maestro más de los que en aquel entonces predicaban.


Jesús no les habla, como Él mismo dice, según lo que le conviene sino, en todo caso, lo que dice Dios que debe decir. En realidad eso era así porque era el Creador mismo hecho hombre. Sin embargo, muchos no le creen aunque otros, sabiendo lo que hacía, lo tuvieron, en efecto, por Quien decía ser.



JESÚS, querías que comprendiesen, que comprendiéramos, que eras el Hijo de Dios y que, por eso mismo, tenían que tener confianza en Ti, creer en lo que les decías y, así, actuar en consecuencia. Sin embargo, ni muchos de entonces te creyeron ni muchos de ahora mismo están por la labor de decir que eres el Mesías, el Enviado de Dios, el que tenía que venir.





Eleuterio Fernández Guzmán

11 de abril de 2011

No pecar más

Jn 8,1-11

En aquel tiempo, Jesús se fue al monte de los Olivos. Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a Él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles.

Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: ‘Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?’. Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: ‘Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra’. E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra.


Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: ‘Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?’. Ella respondió: ‘Nadie, Señor’. Jesús le dijo: ‘Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más’.


COMENTARIO

A pesar de saber lo que iba a suceder, o a lo mejor por eso mismo, Jesús sigue cumpliendo la misión para la que fue enviado. Vino para que se cumpliese la Ley de Dios que era, sobre todo, la del Amor y la de la Misericordia.


Aquella mujer, sorprendida en adulterio, iba a ser sometida al imperio de la ley torcida, la del hombre que no entendía el valor del perdón y, sobre todo, la que mira el pecado en el prójimo pero no distingue el suyo propio.


Jesús dice algo que muchas veces se omite: “Vete y no peques mas”. Dios perdona pero, lógicamente, no ha querer que sus hijos pequen o se comporten de forma contraria a Su divina Ley. Perdona pero, claro, prefiere que no pequemos.



JESÚS, aquella mujer estaba en una situación delicada. Tú sabías, sin embargo, que los que la acusaban también eran pecadores porque, de una manera o de otra, todos pecamos contra Dios y, también, en contra del prójimo. Pero perdonaste diciéndole que no pecase más. Y eso deberíamos tenerlo en cuenta en nuestra propia vida.



Eleuterio Fernández Guzmán

10 de abril de 2011

El Amor de Dios

Jn 11,1-45

En aquel tiempo, había un cierto enfermo, Lázaro, de Betania, pueblo de María y de su hermana Marta. María era la que ungió al Señor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro era el enfermo.

Las hermanas enviaron a decir a Jesús: ‘Señor, aquel a quien tú quieres, está enfermo’. Al oírlo Jesús, dijo: ‘Esta enfermedad no es de muerte, es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella’. Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, permaneció dos días más en el lugar donde se encontraba.

Al cabo de ellos, dice a sus discípulos: ‘Volvamos de nuevo a Judea’. Le dicen los discípulos: ‘Rabbí, con que hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y vuelves allí?’. Jesús respondió: ‘¿No son doce las horas del día? Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si uno anda de noche, tropieza, porque no está la luz en él’. Dijo esto y añadió: ‘Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarle’. Le dijeron sus discípulos: ‘Señor, si duerme, se curará’. Jesús lo había dicho de su muerte, pero ellos creyeron que hablaba del descanso del sueño. Entonces Jesús les dijo abiertamente: ‘Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Pero vayamos donde él’. Entonces Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: ‘Vayamos también nosotros a morir con Él’.

Cuando llegó Jesús, se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania estaba cerca de Jerusalén como a unos quince estadios, y muchos judíos habían venido a casa de Marta y María para consolarlas por su hermano. Cuando Marta supo que había venido Jesús, le salió al encuentro, mientras María permanecía en casa. Dijo Marta a Jesús: ‘Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá’. Le dice Jesús: ‘Tu hermano resucitará’. Le respondió Marta: ‘Ya sé que resucitará en la resurrección, el último día’. Jesús le respondió: ‘Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?’. Le dice ella: ‘Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo’.

Dicho esto, fue a llamar a su hermana María y le dijo al oído: ‘El Maestro está ahí y te llama’. Ella, en cuanto lo oyó, se levantó rápidamente, y se fue donde Él. Jesús todavía no había llegado al pueblo; sino que seguía en el lugar donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con María en casa consolándola, al ver que se levantaba rápidamente y salía, la siguieron pensando que iba al sepulcro para llorar allí. Cuando María llegó donde estaba Jesús, al verle, cayó a sus pies y le dijo: ‘Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto’. Viéndola llorar Jesús y que también lloraban los judíos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó y dijo: ‘¿Dónde lo habéis puesto?’. Le responden: ‘Señor, ven y lo verás’. Jesús se echó a llorar. Los judíos entonces decían: ‘Mirad cómo le quería’. Pero algunos de ellos dijeron: ‘Este, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que éste no muriera?’.

Entonces Jesús se conmovió de nuevo en su interior y fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta encima una piedra. Dice Jesús: ‘Quitad la piedra’. Le responde Marta, la hermana del muerto: ‘Señor, ya huele; es el cuarto día’. Le dice Jesús: ‘¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?’. Quitaron, pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: ‘Padre, te doy gracias por haberme escuchado. Ya sabía yo que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por estos que me rodean, para que crean que tú me has enviado’. Dicho esto, gritó con fuerte voz: ‘¡Lázaro, sal fuera!’. Y salió el muerto, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Jesús les dice: ‘Desatadlo y dejadle andar’.

Muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en Él.




COMENTARIO


A Jesús no le preocupaba que lo persiguiesen porque sabía de sobra cuál iba a ser su destino definitivo. No deja de hacer lo que tenía encomendado hacer por eso sino que, al contrario, afronta su vida con valentía y con esperanza en Dios.


Lázaro era amigo de Jesús seguramente desde su infancia. Muchas veces habría jugado con él y con Marta y María. Por eso lloró cuando se encontró con su amigo enterrado y pidió a Dios que demostrara que Él lo había enviado.


Todos creyeron cuando vieron el prodigio que hizo Jesús. Necesitaba signos para creer porque para su mentalidad materialista sólo era de tal forma. Sin embargo, Marta creía en la persona del Mesías y sabía que, en efecto, podría hacer lo que hizo.




JESÚS, muchas veces tenías que demostrar que eras el Hijo de Dios con algún prodigio que hiciera entender a los que te veían que, en efecto, lo eras. A nosotros nos basta con saber que eres el Mesías y que, cuando sea el momento, volverás a nosotros en su segunda venida. Con eso nos basta.



Eleuterio Fernández Guzmán

9 de abril de 2011

Cumplir la Escritura

Jn 7,40-53

En aquel tiempo, muchos entre la gente, que habían escuchado a Jesús, decían: ‘Éste es verdaderamente el profeta’. Otros decían: ‘Éste es el Cristo’. Pero otros replicaban: ‘¿Acaso va a venir de Galilea el Cristo? ¿No dice la Escritura que el Cristo vendrá de la descendencia de David y de Belén, el pueblo de donde era David?’.

Se originó, pues, una disensión entre la gente por causa de Él. Algunos de ellos querían detenerle, pero nadie le echó mano. Los guardias volvieron donde los sumos sacerdotes y los fariseos. Estos les dijeron: ‘¿Por qué no le habéis traído?’. Respondieron los guardias: ‘Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre’. Los fariseos les respondieron: ‘¿Vosotros también os habéis dejado embaucar? ¿Acaso ha creído en Él algún magistrado o algún fariseo? Pero esa gente que no conoce la Ley son unos malditos’.

Les dice Nicodemo, que era uno de ellos, el que había ido anteriormente donde Jesús: ‘¿Acaso nuestra Ley juzga a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo que hace?’. Ellos le respondieron: ‘¿También tú eres de Galilea? Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta’. Y se volvieron cada uno a su casa."



COMENTARIO

Además de mostrar gran ignorancia sobre las propias Sagradas Escrituras (que, en efecto, profetizaban que el Salvador vendría de una determinada tribu y de un determinado pueblo, Belén) aquellos que quieren malmeter contra Jesús no cejan en el intento.


Como dijo Jesús había venido a traer una guerra muy especial que ya profetizara el anciano Simeón en el templo (“para ser señal de contradicción” dijo, refiriéndose a Jesús) y consistía en la diferencia existente entre los que creían en Él y los que no creían en Él.


Se estaba tramando su muerte. Nicodemo sale en su defensa porque reconocía, en Jesús, al Cristo, porque tuvo fe en el Hijo de Dios y permaneció, digamos, a su lado espiritual teniéndole confianza.


JESÚS, cuando te prepara tu Pasión pocos te defienden porque no te comprenden o, simplemente, no les conviene comprenderte. Tú eres un Mesías de amor y de misericordia y eso está muy lejos de los corazones que no quieren dejar de ser de piedra para venir a ser de carne. Nosotros queremos creer y tener fe en ti.

Eleuterio Fernández Guzmán

8 de abril de 2011

Venir de Dios

Jn 7,1-2.10.14.25-30


En aquel tiempo, Jesús estaba en Galilea, y no podía andar por Judea, porque los judíos buscaban matarle. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas. Después que sus hermanos subieron a la fiesta, entonces Él también subió no manifiestamente, sino de incógnito.

Mediada ya la fiesta, subió Jesús al Templo y se puso a enseñar. Decían algunos de los de Jerusalén: ‘¿No es a ése a quien quieren matar? Mirad cómo habla con toda libertad y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido de veras las autoridades que éste es el Cristo? Pero éste sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es’. Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: ‘Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que me envió el que es veraz; pero vosotros no le conocéis. Yo le conozco, porque vengo de Él y Él es el que me ha enviado’. Querían, pues, detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.



COMENTARIO

Humanamente a Jesús se le conocía como el hijo del carpintero y, por eso mismo, no se le tenía en cuenta lo que hacía porque, a tenor del pensamiento de su época, parecía no venir de linaje importante.

El Hijo de Dios, sin embargo, era eso, exactamente, Hijo de Dios y tal realidad espiritual y real no era asimilada por sus contemporáneos que tenían, muchos, el corazón velado para entender lo que era importante.

Como todo estaba escrito aún no había llegado el momento de detener al Mesías. Sin embargo, aquellos que lo buscaban para darlo a la (in)justicia humana no cejaban en el intento de apresarlo y buscaban cualquier ocasión para echarle mano. Aún no había llegado su hora, dice el texto, y muchos creyeron que quien correspondiera lo había aceptado como Mesías y Cristo.



JESÚS, fuiste enviado por Dios para hacer cumplir su Ley. Por eso muchos te buscaban para llevarte ante el tribunal para que aplicaran la norma que habían tergiversado y juzgarte por algo que era, en realidad, la verdad: eras, eres, el Hijo de Dios y Dios mismo hecho hombre. Pero eso no lo aceptaban.





Eleuterio Fernández Guzmán

7 de abril de 2011

Suele doler la verdad

Jn 5,31-47



En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: ‘Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido. Otro es el que da testimonio de mí, y yo sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros mandasteis enviados donde Juan, y él dio testimonio de la verdad. No es que yo busque testimonio de un hombre, sino que digo esto para que os salvéis. Él era la lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis recrearos una hora con su luz. Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado. Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí. Vosotros no habéis oído nunca su voz, ni habéis visto nunca su rostro, ni habita su palabra en vosotros, porque no creéis al que Él ha enviado.
‘Vosotros investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí; y vosotros no queréis venir a mí para tener vida. La gloria no la recibo de los hombres. Pero yo os conozco: no tenéis en vosotros el amor de Dios.

‘Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a ése le recibiréis. ¿Cómo podéis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que os voy a acusar yo delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, en quién habéis puesto vuestra esperanza. Porque, si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?’
”.

COMENTARIO

Muchas veces se acusaba a Jesús de que, según lo que hacía, era alguien más que un simple profeta. Con ser importante la labor de quien transmite lo que Dios quiere que se sepa, saber que se manifestaba como Hijo del Creador era algo que muchas personas no estaban dispuestas a aceptar.

No aceptaban, entonces, que Jesús era el Hijo de Dios porque no sólo es necesario que se crea en lo que hace el Hijo del Hombre, Mesías enviado por el Padre, sino que hace falta una disposición interior a creerlo.

Es necesario que nosotros purifiquemos nuestro corazón para llegar a confesar que Jesús es el Hijo de Dios y hacerlo con conocimiento de causa cierto y verdadero. De otra forma sólo haremos como si creyéramos en Cristo pero, a la hora de la verdad, será como la semilla que cae en tierra poco fértil y pronto muere.



JESÚS, en realidad sabías que tus contemporáneos tampoco creían en Moisés porque no creían en ti. Si ellos miraban hacia atrás para buscar antecedentes de su fe en los que apoyar su creencia no lo hacían en verdad porque si lo hubieran hecho así te habrían encontrado en los escritos de sus profetas.





Eleuterio Fernández Guzmán

6 de abril de 2011

Jesús es Dios

Jn 5,17-30


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo’ Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios.

Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: ‘En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace Él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que Él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis. Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado. En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida.

‘En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo, y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre. No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio. Y no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado’
”.

COMENTARIO

De muchas cosas se le acusaba a Jesús. No era la más importante que curara en sábado sino, sobre todo, que se tuviera por hijo de Dios en cuando tenerlo por Padre. Eso era materia de enfrentamiento directo con el Maestro.

Jesús sabía que era Quien era y eso no lo podía evitar ni ocultarlo. Lo hacía con la palabra y con los hechos. Por eso tenía que transmitir que era importante creer en Él porque así se creía en Dios que era lo que, en verdad, le importaba y sabía de importancia total.

Hace Jesús una llamada a los que le oyen o puedan escucharlo: de lo que se haga al respecto de escuchar o no la voz del Hijo, que es escuchar la voz del Padre, depende la vida eterna de quien así lo haga. No es poco porque, en verdad, debería ser lo único que nos importara.


JESÚS, eres Dios hecho hombre y tal realidad espiritual y real debía, y debe, ser conocida y, sobre todo, creída. No se trata, por tanto, de algo que tenga poca importancia sino, muy al contrario, vital para nuestras vidas. Actuar, así, haciendo lo que corresponde a un hijo de Dios, ha de ser, seguro, bien aceptado por el Creador.





Eleuterio Fernández Guzmán

5 de abril de 2011

El hombre y el sábado

Jn 5,1-3.5-16

Era el día de fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina que se llama en hebreo Betsaida, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: ‘¿Quieres curarte?’. Le respondió el enfermo: ‘Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo». Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y anda. Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar.

Pero era sábado aquel día. Por eso los judíos decían al que había sido curado: ‘Es sábado y no te está permitido llevar la camilla’. Él le respondió: ‘El que me ha curado me ha dicho: ‘Toma tu camilla y anda’. Ellos le preguntaron: ‘¿Quién es el hombre que te ha dicho: ‘Tómala y anda?’’. Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido porque había mucha gente en aquel lugar. Más tarde Jesús le encuentra en el Templo y le dice: ‘Mira, estás curado; no peques más, para que no te suceda algo peor’. El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.



COMENTARIO


Era muy recurrente, para los judíos, hacer mención al tema del sábado en el que nada se podía hacer. Era, digamos, el día de fiesta para el pueblo elegido y nada bueno se hacía si se hacía algo que se saliera de lo establecido.

Jesús no entendía así las cosas sino que ponía, por delante de normas y leyes humanas la misericordia divina y todo lo que eso significada: poner el bien por delante de las formas pero no porque el fin justificara los medios sino porque el fin era hacer el bien.


A aquel hombre que estaba enfermo nadie le ayudaba. No había misericordia alguna para con él porque, seguramente, creían que era un pecador y por eso estaba enfermo. Jesús negaba tal relación y, por eso mismo lo cura sin pensar si era sábado u otro día de la semana. El bien por encima del mal.


JESÚS, tener misericordia con el prójimo era una de las enseñanzas que viniste a traer al mundo. Aquellos hermanos de fe tuyos no lo entendían igual y preferían tener más en cuenta la ley y las normas que en el hecho mismo de hacer el bien. Pero tú eso no lo querías y así lo enseñabas.



Eleuterio Fernández Guzmán

4 de abril de 2011

Tener fe

Jn 4,43-54

“En aquel tiempo, Jesús partió de Samaría para Galilea. Jesús mismo había afirmado que un profeta no goza de estima en su patria. Cuando llegó, pues, a Galilea, los galileos le hicieron un buen recibimiento, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.

Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm. Cuando se enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue donde Él y le rogaba que bajase a curar a su hijo, porque se iba a morir. Entonces Jesús le dijo: ‘Si no veis señales y prodigios, no creéis. Le dice el funcionario: ‘Señor, baja antes que se muera mi hijo’. Jesús le dice: ‘Vete, que tu hijo vive’.

Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus siervos, y le dijeron que su hijo vivía. El les preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor. Ellos le dijeron: ‘Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre’. El padre comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: ‘Tu hijo vive’, y creyó él y toda su familia. Esta nueva señal, la segunda, la realizó Jesús cuando volvió de Judea a Galilea."



COMENTARIO


Como en otras veces alguien se dirige al Mesías porque sabían lo que había hecho en otros lugares. Esperaban, seguramente, algo extraordinario porque, a veces, lo que le piden se sale de la normal solución de temas comunes u ordinarios.


Aquel funcionario muestra algo que a Jesús, en materia de fe, le gusta mucho: la perseverancia. No se va a su casa porque el Maestro le diga que sólo quieren ver algún tipo de señal para creer. Sigue a Jesús y le insiste, con fe, que quiere que haga algo por su hijo que está muy enfermo. Orar, pues, con insistencia a Dios es lo necesario para sus hijos.


Jesús ama la insistencia en pedir para otros. No se trata de algo egoísta sino, al contrario, de tener en nuestro corazón las necesidades del prójimo. Así lo amamos como a nosotros mismos y por eso mismo Jesús le hace la merced de salvar al hijo del funcionario: tuvo ve y la fe, ahora también, había salvado a su descendencia.



JESÚS, algo hay que siempre te vence: el amor, la fe, la perseverancia en demandar algo para alguien ajeno a nosotros mismos. Así te pasó otras veces porque tal enseñanza la trajiste en tu venida al mundo, Dios hecho hombre. Fe, amor y amor y fe... con tales instrumentos espirituales te ganamos para nuestra causa.



Eleuterio Fernández Guzmán

3 de abril de 2011

Ciegos voluntarios

Jn 9,1-41

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: ‘Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?’. Respondió Jesús: ‘Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios. Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo’. Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego y le dijo: ‘Vete, lávate en la piscina de Siloé’ (que quiere decir Enviado). El fue, se lavó y volvió ya viendo.


Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: ‘¿No es éste el que se sentaba para mendigar?’. Unos decían: ‘Es él’. ‘No, decían otros, sino que es uno que se le parece’. Pero él decía: ‘Soy yo’. Le dijeron entonces: ‘¿Cómo, pues, se te han abierto los ojos?’. Él respondió: ‘Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó los ojos y me dijo: ‘Vete a Siloé y lávate’. Yo fui, me lavé y vi’. Ellos le dijeron: ‘¿Dónde está ése?’. El respondió: ‘No lo sé’.


Lo llevan donde los fariseos al que antes era ciego. Pero era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos a su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista. Él les dijo: ‘Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo’. Algunos fariseos decían: ‘Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado’. Otros decían: ‘Pero, ¿cómo puede un pecador realizar semejantes señales?’. Y había disensión entre ellos. Entonces le dicen otra vez al ciego: ‘¿Y tú qué dices de Él, ya que te ha abierto los ojos?’. Él respondió: ’Que es un profeta’.

No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron a los padres del que había recobrado la vista y les preguntaron: ‘¿Es éste vuestro hijo, el que decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?’. Sus padres respondieron: ‘Nosotros sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo’. Sus padres decían esto por miedo por los judíos, pues los judíos se habían puesto ya de acuerdo en que, si alguno le reconocía como Cristo, quedara excluido de la sinagoga. Por eso dijeron sus padres: ‘Edad tiene; preguntádselo a él’.


Le llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: ‘Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador’. Les respondió: ‘Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo’. Le dijeron entonces: ‘¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?’. Él replicó: ‘Os lo he dicho ya, y no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Es qué queréis también vosotros haceros discípulos suyos?’. Ellos le llenaron de injurias y le dijeron: ‘Tú eres discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde es’. El hombre les respondió: ‘Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores; mas, si uno es religioso y cumple su voluntad, a ése le escucha. Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada’. Ellos le respondieron: ‘Has nacido todo entero en pecado ¿y nos da lecciones a nosotros?’. Y le echaron fuera.


Jesús se enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: ‘¿Tú crees en el Hijo del hombre?’. El respondió: ‘¿Y quién es, Señor, para que crea en él?’. Jesús le dijo: ‘Le has visto; el que está hablando contigo, ése es’. Él entonces dijo: ‘Creo, Señor’. Y se postró ante Él. Y dijo Jesús: ‘Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos’. Algunos fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: ‘Es que también nosotros somos ciegos?’. Jesús les respondió: ‘Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: ‘Vemos’ vuestro pecado permanece’
!.


COMENTARIO

Aquellos que buscaban poner en un compromiso a Jesús porque, a lo mejor, había curado en sábado, eran, ciertamente, personas que se creían celosas de la ley. Sin embargo, no habían llegado a entender el verdadero significado de la misma.


En otras ocasiones Jesús dice que el sábado está hecho para el hombre y no el hombre para el sábado porque lo que importa es mostrar misericordia a favor del ser humano y no actuar ciegamente con los preceptos de la Ley de Dios.


Muchas veces nosotros mismos también permanecemos ciegos ante la Ley de Dios porque no nos conviene lo que nos dice. Perdonar al que nos ofende y tener misericordia para quien la necesita está muy lejos, en determinadas ocasiones, de nuestro pensamiento mundano y egoísta. Somos, así, ciegos voluntarios que no queremos ver lo que tanto tendríamos que ver.



JESÚS, querías actuar de forma misericordiosa y te importaba poco lo que otros, alejados del verdadero sentido de la Ley de Dios, dijesen. Conoces el verdadero significado de los preceptos divinos y eso es más que suficiente como para que sigamos tus pasos hacia el definitivo reino de Dios, el Creador.



Eleuterio Fernández Guzmán

2 de abril de 2011

Reconocerse pecadores

Lc 18,9-14

En aquel tiempo, Jesús dijo también a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola: ‘Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: ‘¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias’. En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!’. Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado’.


COMENTARIO

El caso del publicano y el fariseo es un ejemplo de cómo podemos comportarnos con Dios: bien vanagloriándonos de lo que somos y hacemos o bien sabiendo, en realidad, que no somos tan perfectos como se creía el fariseo.

Jesús, en la parábola de los dos hombres que rezan en templo pretende que comprendamos el valor que tiene, para los hijos de Dios, la humildad. Como fue humilde el hijo de Dios, así tenemos que serlo nosotros.

A través de la humildad reconocemos lo que somos y cómo somos ante Dios. También nos sirve para reconocer lo que de bueno puedan hacer los demás y, así, alegrarnos de lo que de positivo pueda haber en sus vidas. Con tal comportamiento ni nos vanagloriamos ni nos menospreciamos sino, en todo caso, somos justos con nosotros mismos.


JESÚS, enseñaste que la humildad era importante para un discípulo tuyo. Tú eras humilde y manso de corazón y así lo hiciste ver a lo largo de su vida pública. Que nosotros sepamos, también, ser humildes que lo fuiste Tú y mansos como lo fuiste Tú.




Eleuterio Fernández Guzmán

1 de abril de 2011

Mandamientos de Dios

Mc 12,28b-34


En aquel tiempo, uno de los maestros de la Ley se acercó a Jesús y le hizo esta pregunta: ‘¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?’. Jesús le contestó: ‘El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que éstos’.

Le dijo el escriba: ‘Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios’. Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: ‘No estás lejos del Reino de Dios’. Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas
".


COMENTARIO

En su inmensa bondad, el Padre Dios quiso que el ser humano tuviera unas normas con las que regir su vida y con las que no alejarse de su reino. Entregó a Moisés los mandamientos, precisamente, para eso.


Cuando le preguntan a Jesús por el mandamiento más importante les da entender lo que todos sabían: amar a Dios sobre todas las cosas. Pero eso implicaba mucho más porque, acto seguido, dice que el segundo es amar al prójimo… también.


Estamos, sin embargo, siempre en camino del definitivo reino de Dios. Por eso le dice Jesús a quien le pregunta que no está “lejos” del reino de Dios porque, en definitiva, con su actitud demuestra que está en el camino correcto hacia el mismo.


JESÚS, tú querías que los que te oían, y ahora los que escuchen en boca de otros o lean la Sagrada Escritura, estuvieran cerca de Dios. Los mandamientos de tu Padre están puestos, exactamente para eso. Que sepamos cumplirlos lo mejor posible es algo que no deberíamos olvidar nunca.



Eleuterio Fernández Guzmán

31 de marzo de 2011

El poder de Dios

Lc 11,14-23

En aquel tiempo, Jesús estaba expulsando un demonio que era mudo; sucedió que, cuando salió el demonio, rompió a hablar el mudo, y las gentes se admiraron. Pero algunos de ellos dijeron: ‘Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios’. Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo. Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: ‘Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?, porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios. Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama’".


COMENTARIO

Que acusaran a Jesús de actuar en nombre de los demonios no era extraño porque querían sorprenderlo en alguna actuación contraria a la norma que, entonces, imperaba.


Conviene, además, estar con quien debemos estar porque, de ser de otra forma, y alejarnos de Jesús, el vacío en nuestro corazón lo tenemos asegurado y sus consecuencias, también. Unidos, pues, a Jesús debemos permanecer.


No podemos, tampoco, echar a perder nuestro corazón por querer hacer una voluntad en exceso mundana y alejada de la Palabra de Dios y de la doctrina de la Santa Madre Iglesia.


JESÚS, querías que todos permanecieran junto a ti porque Tú eres el camino, la verdad y la vida pero no todos te siguieron y, así, desparramaron y perdieron mucho de lo que habrían gozado contigo. Nosotros también queremos estar junto al Hijo de Dios para caminar, juntos, hacia el definitivo reino de tu Padre.



Eleuterio

30 de marzo de 2011

La Ley de Dios que pervive

Mt 5,17-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos’".


COMENTARIO


Jesús, en efecto, no venía a entrar en el mundo como un elefante en una cacharrería sino a cumplir lo que, según Él dijo, no se estaba cumpliendo: la Ley de Dios.


Cada sílaba de lo que el Padre considera se debe cumplir ha de ser cumplido. Por eso lo que Jesús hizo fue tan difícil de entender por muchos de sus contemporáneos.


Pero hay algo que es mucho más clarificador para sus discípulos: es muy importante no ya no caer en el incumplimiento de la Ley de Dios sino el hacer que otros caigan en lo mismo. Así resultamos piedra de escándalo y lo contrario es lo que Dios quiera.


JESÚS, la Ley de Dios es tan importante que no cumplirla es ir, directamente, en contra del Padre y por eso mismo quisiste que se llevara a cabo y enseñaste cómo se debía cumplir y, sobre todo, cómo no se debía actuar por hacerlo, así, contra Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

29 de marzo de 2011

Perdón y misericordia

Mt 18,21-35

En aquel tiempo, Pedro se acercó entonces y le dijo: ‘Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?’. Dícele Jesús: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

‘Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré’. Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.

‘Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’. Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano’".


COMENTARIO

¿Cuántas veces somos injustos con nuestro prójimo? A eso se refiere la parábola que presenta Jesús a los que quieran oírle y escucharle porque miramos, las más de las ocasiones, con ojos no muy cristianos a los que nos rodean a los que están lejos de nosotros.

Solemos exigir más de lo que damos y somos poco generosos con los que nos rodean mostrando un corazón de piedra que no tiene en cuenta lo que por los demás pasa en determinado momento.

Perdonar de corazón. Eso dice el Hijo de Dios. Y perdonar así sólo se puede hacer si estamos en la seguridad de que nuestra fe está firmemente arraigada en el que lo es de Dios y, por eso mismo, perdonamos para que se nos perdone y no al revés.



JESÚS, sabías que somos duros de corazón y querías que sanáramos tal forma de comportarnos. La parábola de lo que debe uno que mucho debía y poco perdonaba se nos puede aplicar, exactamente, a muchos de nosotros que tenemos la tendencia a olvidar lo que debemos a Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

28 de marzo de 2011

La verdad duele

Lc 4,24-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente reunida en la sinagoga de Nazaret: ‘En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad: muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio’.


Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó.”





COMENTARIO

Lo que les dijo Jesús, aquel día, a los que le escuchaban, era bastante difícil de soportar. Dios, al parecer, no les había hecho mucho caso a lo largo de diversos episodios de la historia del pueblo de Israel. Por algo sería.

Ellos, no acostumbrados a que les dijeran que las cosas de Dios no las hacían demasiado bien, se toman a mal lo que les dice aquel hombre que venía, como lo habían hecho otros profetas, a decirles que no andaban por buen camino.

A veces a nosotros nos pasa lo mismo y no aceptamos no ya lo que dice Jesús sino, ni siquiera, lo que ofrece como bueno y benéfico para nuestro espíritu y nuestra vida porque creemos tener todas las respuestas a lo que nos pasa.


JESÚS, sabías tú que, en efecto, un profeta no era bien visto en su propia tierra porque eso ya había sucedido muchas veces con el pueblo de Israel. Dios acepta mejor que sus hijos hagan su voluntad que siempre es mejor que hacer la propia de su descendencia porque, sabido es, que tenemos tendencia a olvidar lo que nos importa y hacer prevalecer lo que nos interesa.




Eleuterio Fernández Guzmán