15 de febrero de 2017

Ver, poco a poco, a Dios


Miércoles VI del tiempo ordinario

Mc 8,22-26
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegan a Betsaida. Le presentan un ciego y le suplican que le toque. Tomando al ciego de la mano, le sacó fuera del pueblo, y habiéndole puesto saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntaba: ‘¿Ves algo?’. Él, alzando la vista, dijo: ‘Veo a los hombres, pues los veo como árboles, pero que andan’. Después, le volvió a poner las manos en los ojos y comenzó a ver perfectamente y quedó curado, de suerte que veía claramente todas las cosas. Y le envió a su casa, diciéndole: ‘Ni siquiera entres en el pueblo’”.

COMENTARIO

Era imposible para Cristo no amar a sus hermanos los hombres. Y es que la misión que tenía encomendada por Dios consistía, en esencial, en salvarlos. Y aquel ciego tenía mucho de qué ser salvado.

El hombre necesita más. Es decir, la primera vez no ve mucho pero, poco a poco, con la intervención del Maestro, va teniendo las cosas más claras. Acaba viendo todo e, imaginamos, alabando a Dios.

Jesús no quería que se supiesen cosas como la que acababa de llevar a cabo. No es que no quisiera que se supiese que era Dios y que por eso hacía eso sino que creía que aún no era el momento adecuado para que se supiese. Aún faltaba mucha preparación al pueblo judío.


JESÚS,  ayúdanos a aceptar de muy buen grado tu Palabra y tus obras.



Eleuterio Fernández Guzmán

14 de febrero de 2017

Saber entender a Cristso



Martes VI del tiempo ordinario
Mc 8,14-21

En aquel tiempo, los discípulos se habían olvidado de tomar panes, y no llevaban consigo en la barca más que un pan. Jesús les hacía esta advertencia: ‘Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes’. Ellos hablaban entre sí que no tenían panes. Dándose cuenta, les dice: ‘¿Por qué estáis hablando de que no tenéis panes? ¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Es que tenéis la mente embotada? ¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís? ¿No os acordáis de cuando partí los cinco panes para los cinco mil? ¿Cuántos canastos llenos de trozos recogisteis?’. ‘Doce’, le dicen. ‘Y cuando partí los siete entre los cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de trozos recogisteis?’ Le dicen: ‘Siete’. Y continuó: ‘¿Aún no entendéis?’”.

COMENTARIO

No podemos negar que aquellos que seguían a Jesús, en muchos casos, no entendían lo que les quería decir el Maestro. Por eso procuraba enseñarles lo mejor posible.

Jesús había convertido, después de dar gracias a Dios y dirigirse al Padre, unos pocos panes y peces en muchos panes y peces de los que habían gozado miles de personas. Al menos sabemos de dos ocasiones en las que ocurrió eso.

Ellos, los que estaban más cerca del Hijo de Dios, no acababan de comprender qué es lo que quería decir eso si es que quería decir algo. Y es que ellos, por mucho que escucharan a Jesucristo, eran algo duros de corazón.


JESÚS, ayúdanos a comprender tus palabras.



Eleuterio Fernández Guzmán

13 de febrero de 2017

Los que quieren señales

Lunes VI del tiempo ordinario
Mc 8,11-13

En aquel tiempo, salieron los fariseos y comenzaron a discutir con Jesús, pidiéndole una señal del cielo, con el fin de ponerle a prueba. Dando un profundo gemido desde lo íntimo de su ser, dice: ‘¿Por qué esta generación pide una señal? Yo os aseguro: no se dará a esta generación ninguna señal’. Y, dejándolos, se embarcó de nuevo, y se fue a la orilla opuesta.

COMENTARIO

Los que en su tiempo, casi como ahora, no querían a Jesús ni gozaban, precisamente, con su mensaje, buscan cualquier ocasión para dejarlo en evidencia. Ellos no sabían, al parecer, que en eso tenían poco que hacer.

Podemos imaginar lo que debía pasar por el corazón de Jesús cuando aquellos que veían lo que había dicho y hecho, además, le pedían señales… Debió pensar que en aquel campo no se podía sembrar mucho.

El Hijo de Dios era consciente de que, de todas formas, debía continuar con su labor evangelizadora. Si allí había corazones que no estaban dispuestos a recibir la Palabra de Dios, habría otros que sí lo estaría, campos fértiles donde sembrar la verdadera semilla de la salvación.

JESÚS,  ayúdanos a tener confianza en Ti y a seguirte.


Eleuterio Fernández Guzmán

12 de febrero de 2017

Coherentes en la fe



Mt 5, 17-37

“‘No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.  Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda.  Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los  Cielos.  ‘Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. ‘Habéis oído que se dijo a los antepasados: = No matarás; = y aquel que mate será reo ante el tribunal.       Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego.  Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti,  deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas  tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo. ‘Habéis oído que se dijo: = No cometerás adulterio. =  Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si,  pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna.  ‘También se dijo: = El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio. = Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio. ‘Habéis oído también que se dijo a los antepasados: = No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos. =   Pues yo digo que no juréis en modo alguno: ni por el = Cielo =, porque es = el trono de Dios, = ni por = la Tierra, = porque es = el escabel de sus pies; = ni por = Jerusalén =, porque es = la ciudad del gran rey. = Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro. Sea vuestro lenguaje: "Sí, sí"; "no, no": que lo que pasa de aquí viene del Maligno.”

COMENTARIO

Algunos creían que la llegada del Mesías supondría un cambio tan drástico en la vida de Israel que se iba a producir una verdadera revolución… ¡sangrienta! Sin embargo, eso no era lo que había venido a llevar a cabo el Hijo de Dios.

Todo lo que este texto del evangelio de San Mateo nos dice que dijo Cristo entonces suponía una derogación de la Ley de Dios sino, al contrario, un verdadero cumplimiento. Y es que, entonces, eso quería decir que no se estaba cumpliendo.

Y algo más: Jesús, en evitación de problemas con Dios y con su santa voluntad, les dice y nos dice que quien quiera ser su discípulo tendrá que decir sí si es sí aunque eso pueda perjudicarle y decir no si es no aunque eso pueda ocasionarle malas consecuencias.


JESÚS,  ayúdanos a ser coherentes en la fe.



Eleuterio Fernández Guzmán

11 de febrero de 2017

Multiplicar la misericordia


Sábado V del tiempo ordinario
Mc  8,1-10

En aquel tiempo, habiendo de nuevo mucha gente con Jesús y no teniendo qué comer, Él llama a sus discípulos y les dice: ‘Siento compasión de esta gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Si los despido en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, y algunos de ellos han venido de lejos’. Sus discípulos le respondieron: ‘¿Cómo podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?’. Él les preguntaba: ‘¿Cuántos panes tenéis?’. Ellos le respondieron: ‘Siete’.

Entonces Él mandó a la gente acomodarse sobre la tierra y, tomando los siete panes y dando gracias, los partió e iba dándolos a sus discípulos para que los sirvieran, y ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos pocos pececillos. Y, pronunciando la bendición sobre ellos, mandó que también los sirvieran. Comieron y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes siete espuertas. Fueron unos cuatro mil; y Jesús los despidió. Subió a continuación a la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

COMENTARIO

Lo que nos dice este texto del Evangelio de San Marcos es algo que Jesús había hecho en, al menos y que sepamos, otra ocasión. Y era que, viendo que eran muchos los que le seguían quiso darles de comer espiritual pero también materialmente.

Sus Apóstoles no saben qué hacer. Ellos actúan como seres humanos y no creen puedan solucionar aquella situación. Pero Jesús sabe que, pidiendo a Dios, todo se obtiene si se pide con fe y confianza. Y pide a Dios por aquellos que tan poco tienen.

Cristo pide a Dios y da gracias. Entonces, los panes, que eran sólo siete, empiezan a multiplicarse de tal forma que hubo para todos e incluso sobró. Ellos se saciaron del pan y comprendieron que aquel Maestro era, de verdad, el Mesías enviado por Dios.


JESÚS, ayúdanos a pedir a Dios con fe y confianza



Eleuterio Fernández Guzmán

10 de febrero de 2017

Todo lo hizo bien


Viernes V del tiempo ordinario

Mc 7,31-37

“En aquel tiempo, Jesús se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. Él, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: ‘Effatá’, que quiere decir: ‘¡Ábrete!’. 

Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían: ‘Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos’”.

COMENTARIO

Es bien cierto que en tiempos de Jesucristo había muchas personas que padecían enfermedades que eran incurables o que tenían una curación muy costosa si hablamos de dinero. Y no todos podían costearse tal mejora física.

Aquel hombre necesitaba verdaderamente la curación. Estaba sordo y casi mudo. No podemos decir que viviera en el mejor de los mundos. Por eso necesitaba que Alguien con el poder de Dios le echase una mano.

Jesús lo cura. Y es que sus conocidos le piden que le ayude y Cristo no puede resistirse a la petición de quien pide no para sí sino para otro. Y la confianza en su persona también juega y papel importante. Por eso no extraña nada que dijeran que todo lo había hecho bien.


JESÚS,  ayúdanos a confiar en ti como aquellos amigos del sordo.



Eleuterio Fernández Guzmán

9 de febrero de 2017

Las migajas de Dios

Jueves V del tiempo ordinario
Mc 7,24-30

En aquel tiempo, Jesús partiendo de allí, se fue a la región de Tiro, y entrando en una casa quería que nadie lo supiese, pero no logró pasar inadvertido, sino que, en seguida, habiendo oído hablar de Él una mujer, cuya hija estaba poseída de un espíritu inmundo, vino y se postró a sus pies. Esta mujer era pagana, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara de su hija al demonio. Él le decía: ‘Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos’. Pero ella le respondió: ‘Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños’. Él, entonces, le dijo: ‘Por lo que has dicho, vete; el demonio ha salido de tu hija’. Volvió a su casa y encontró que la niña estaba echada en la cama y que el demonio se había ido.

COMENARIO

Había muchos que necesitaban ayuda de alguien que supiera hacer frente a los graves problemas por los que pasaban. Por eso había quienes seguían al Hijo de Dios porque, en verdad, lo necesitaban.

Jesús quería pasar un poco desapercibido. No es que no quisiera enseñar porque siempre lo hacía, sino que necesitaba hablar a solas con sus apóstoles. Pero en cuanto sabían dónde iba allí acudía mucha gente.

Aquella mujer necesitaba que Jesús hiciera algo muy importante por su hija, endemoniada. Jesús le pone una prueba que ella supera: le basta con algo de su amor, con muy poca de su voluntad. Y aquella confianza, aquella fe, salva a su hija.

JESÚS, ayúdanos a tener fe como aquella mujer la tenía.



Eleuterio Fernández Guzmán

8 de febrero de 2017

Lo de fuera y lo de dentro


Miércoles V del tiempo ordinario
Mc 7,14-23

“En aquel tiempo, Jesús llamó a la gente y les dijo: ‘Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Quien tenga oídos para oír, que oiga’. 
Y cuando, apartándose de la gente, entró en casa, sus discípulos le preguntaban sobre la parábola. Él les dijo: ‘¿Así que también vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado?’ —así declaraba puros todos los alimentos—. Y decía: ‘Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre’.

COMENTARIO

Ciertamente el pueblo judío tenía de los alimentos una concepción que a Jesús le parecía equivocada. Debía mostrar a todo el que quisiera escucharle la verdad de las cosas que, según vemos, tenía poco que ver con aquella concepción.

Lo que entra de fuera, es decir, los alimentos, no son impuros. Eso lo dice el Hijo de Dios para que supieran que ningún alimento lo era y que podrían comer de cualquiera de ellos. Y es que, y eso es más que verdad, lo que entra en el cuerpo humano no va a parar al corazón.

El corazón, de donde salen las obras, es donde deben fijar su atención. Por eso les dice que de ahí sale lo malo que el hombre hace. Por tanto, no debían tener en cuenta la imposible impureza de los alimentos, que no contaminan el espíritu sino el corazón. Eso sí lo deben tener en cuenta para corregir lo malo que pueda salir del mismo.


JESÚS, ayúdanos a tener un corazón limpio.



Eleuterio Fernández Guzmán                

7 de febrero de 2017

Comprender la voluntad de Dios

Martes V del tiempo ordinario

Mc 7,1-13

En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén. Y vieron que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas, -es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas-. 

Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: ‘¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?’. Él les dijo: ‘Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres’. Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres’. Les decía también: ‘¡Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición! Porque Moisés dijo: ‘Honra a tu padre y a tu madre y: el que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte’. Pero vosotros decís: ‘Si uno dice a su padre o a su madre: Lo que de mí podrías recibir como ayuda lo declaro "Korbán" -es decir: ofrenda-’, ya no le dejáis hacer nada por su padre y por su madre, anulando así la Palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas’”.


COMENTARIO

Es bien cierto que le pueblo judío tenía muchas tradiciones que todos cumplían de la forma más estricta. Eran, pues, muy mal mirados aquellos que no hacían lo que todos esperaban que hiciera como, por ejemplo, el caso de hoy de lavarse las manos antes de comer como ritual.

Jesús sabe que no todo es oro lo que reluce. Por eso les habla de una forma tan dura a los que le hablan acerca de lo que no hacen sus discípulos. Ellos, por decirlo así, manifiestan gran limpieza exterior pero sus corazones los tienen bien duros.

Lo que quiere Cristo que entiendan aquellos que aquello dicen en contra del Hijo de Dios y de sus discípulos es que la voluntad de Dios está muy lejos de lo que ellos hacen o, mejor, que ellos están muy lejos de lo que Dios quiere para sus hijos. Y eso, claro, no lo quieren entender.
                                                                                     

JESÚS, ayúdanos a entender la voluntad del Padre.


Eleuterio Fernández Guzmán

6 de febrero de 2017

El ansia por Cristo

Lunes V del tiempo ordinario
Mc 6,53-56ç

En aquel tiempo, cuando Jesús y sus discípulos hubieron terminado la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron. Apenas desembarcaron, le reconocieron en seguida, recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que Él estaba. Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que les dejara tocar la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados.

COMENTARIO

Quien quiere conocer al Hijo de Dios, quien tiene ansia de saber qué es lo que os quiere decir, lo busca. Y eso es lo que hacían aquellos que, conociendo la fama de santidad que tenía, quieren encontrarlo y quedarse con Él.

Muchos, en su tiempo, estaban enfermos de padecimientos que no tenían cura. Por eso acudían a Jesús al saber que hacía cosas que nadie más podía hacer porque estaba tocado por la mano de Dios.

El caso es que aquellos que acudían a su persona porque confiaban en Cristo siempre acababan obteniendo aquello que necesitaban. Y es que había venido a salvar lo que estaba perdido y nada iba a conseguir que dejar de cumplir con su misión.

JESÚS, ayúdanos a confiar en Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

5 de febrero de 2017

Saber ser sal y luz


Domingo V (A) del tiempo ordinario
Mt 5,13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos’”.

COMENTARIO


Jesucristo quiere que sus discípulos comprendan lo que supone ser, precisamente, discípulo del Hijo de Dios. Por eso les habla acerca de lo que es sal o ser luz. Y es que sabe que no basta con decir que se es discípulo de Cristo sino que hay que serlo.

Los discípulos de Cristo han de ser sal, necesitan ser sal. Quiere decir eso que deben dar sabor espiritual allá donde se encuentren y cambiar la forma de ser de aquellos con los que se encuentren si no acuerda con la voluntad de Dios.

También deben ser luz. Es decir, aquellos que se dicen discípulos de Cristo deben iluminar la vida de aquellos con los que se encuentren. Han de brillar para tratar de sacar de las tinieblas a los que así se encuentren.

JESÚS, ayúdanos a ser sal en el mundo y a ser luz.


Eleuterio Fernández Guzmán

4 de febrero de 2017

Ovejas que no tienen pastor


Mc 6, 30-34

“Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. El, entonces, les dice: ‘Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco.’ Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer.  Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.”

COMENTARIO

En muchos de los textos bíblicos podemos apreciar que Cristo tenía un amor grande por todos sus hermanos, por toda la humanidad. Por eso no podía evitar acompañarlos cuando creía que se encontraban solos.

En muchas ocasiones, seguramente, a Jesús lo seguían. Sabían de su fama de santidad y que enseñaba con autoridad y no como muchos de sus maestros. Por eso, por mucho que quisiera alejarse para estar con sus Apóstoles siempre acababan por encontrarlo.

Y el corazón de Cristo se conmueve. No puede resistir el amor que tiene en su corazón y cuando se da cuenta de que aquellos que le siguen necesitan su palabra no duda en ofrecerla.

JESÚS, ayúdanos a seguirte como aquellos que te buscaban.



Eleuterio Fernández Guzmán

3 de febrero de 2017

Dar la vida por Dios


Viernes IV del tiempo ordinario
Mc 6,14-29

En aquel tiempo, se había hecho notorio el nombre de Jesús y llegó esto a noticia del rey Herodes. Algunos decían: ‘Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas’. Otros decían: ‘Es Elías’; otros: ‘Es un profeta como los demás profetas’. Al enterarse Herodes, dijo: ‘Aquel Juan, a quien yo decapité, ése ha resucitado’. Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: ‘No te está permitido tener la mujer de tu hermano’. Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto. 

Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: ‘Pídeme lo que quieras y te lo daré’. Y le juró: ‘Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino’. Salió la muchacha y preguntó a su madre: ‘¿Qué voy a pedir?’. Y ella le dijo: ‘La cabeza de Juan el Bautista’. Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: ‘Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista’. El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.

COMENTARIO

Podemos imaginar el estupor de muchos cuando Juan el Bautista, siguiendo las indicaciones que se le habían dado, empieza a bautizar en el río Jordán. También empieza a predicar sobre el pecado y la conversión y eso no gustaba ya tanto a algunos poderosos.

El Bautista le había hecho saber a Herodes que no estaba bien que se hubiera casado con la mujer de su hermano. Y eso no gustó mucho… ¡A la esposa! Por buscaba ocasión para quitarse de en medio a quien tanto, daño, según ella, le estaba causando.

Herodes estaba dominado por lo el respeto humano. Por eso no puede evitar, aunque quisiera porque sabe que el Bautista es un hombre santo, evitar la muerte del primo de Jesús.


JESÚS, ayúdanos a tener fe como la tuvo el Bautista.



Eleuterio Fernández Guzmán

2 de febrero de 2017

Quien tenía que venir

Lc 2,22-40

Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: ‘Todo varón primogénito será consagrado al Señor’ y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. 

Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre Él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: ‘Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel’. Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. 
Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: ‘Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción —¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!— a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones. 

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él.

COMENTARIO

Para cumplir con lo establecido en la ley, María y José acuden al Templo de Jerusalén a presentar al Niño recién nacido. Ni ellos ni Jesús iban a incumplir nunca lo que la ley decía que debían hacer. Pero aquella ocasión era muy distinta.

En el Templo había ancianos que esperaban la salvación de Israel. Así, por ejemplo, el anciano Simeón llevaba mucho tiempo esperando aquel momento. Por eso, sabe que ha cumplido lo que Dios le había dicho porque reconoce, en aquel Niño, al Mesías.

Lo mismo pasa con Ana, también anciana. Ella servía a Dios en el Templo y se da cuenta de que aquello que dice Simeón es cierto. Y, luego, Jesús crecía como debía creer el Hijo de Dios.


JESUS, gracias por haberte presentado en la casa de tu Padre y presentarte al mundo.



Eleuterio Fernández Guzmán

1 de febrero de 2017

Escandalizarse de Dios…

 Miércoles IV del tiempo ordinario
Mc 6,1-6

En aquel tiempo, Jesús salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguieron. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: ‘¿De dónde le viene esto?, y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?’. Y se escandalizaban a causa de Él. Jesús les dijo: ‘Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio’. Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.

COMENTARIO

No podemos negar que Cristo, cuando caminaba por Israel, iba causando admiración. Tanto lo que hacía como lo que decía manifestaba que no era un Maestro cualquiera sino que Dios estaba con Él.

Cuando Jesús va a Galilea muchos lo conocen. Por eso nos dice el texto bíblico que todos sabían que era el hijo de María y de José. En realidad, al parecer, ignoraban que era el Hijo de Dios y que había venido a salvarles.

El texto del Evangelio de San Marcos nos dice toda claridad que muchos de los que lo conocían no tenían fe. Y es que no podían imaginar que aquel hombre a quien conocían perfectamente pudiese ser más que el carpintero.

JESÚS, ayúdanos a confiar en Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

31 de enero de 2017

Dios y hombre



Martes IV del tiempo ordinario

Mc 5,21-43

En aquel tiempo, Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a Él mucha gente; Él estaba a la orilla del mar. Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: ‘Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva’. Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía. 

Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: ‘Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré’. Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de Él, se volvió entre la gente y decía: ‘¿Quién me ha tocado los vestidos?’. Sus discípulos le contestaron: ‘Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’’. Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo: ‘Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad’.

Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: ‘Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?’. Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: ‘No temas; solamente ten fe’. Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. Entra y les dice: ‘¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida’. Y se burlaban de Él. Pero Él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: ‘Talitá kum’, que quiere decir: ‘Muchacha, a ti te digo, levántate’. La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.

COMENTARIO 

En estos textos bíblicos podemos apreciar perfectamente la diferencia que hay entre la voluntad de Dios y lo que el hombre puede entender acerca de la misma: Dios es poderoso; el hombre está demasiado pegado al suelo y no entiende…

Jairo tenía fe; aquella mujer afectada por flujos de sangre también tenía fe. Y Jesús entiende muy bien lo que supone, sabe, tener confianza en Dios. Por eso en estos casos el resultado es el único que puede darse y que reflejan las Santas Escrituras.

Ante el estupor de aquellos que contemplaron tanto la sanación de la mujer con flujos de sangre como de la hija de Jairo (verdadera resurrección) quedaba lo que debían haber aprendido: tener fe obra milagros.

JESÚS,  ayúdanos a tener fe de verdad.


Eleuterio Fernández Guzmán

30 de enero de 2017

El bien que no entiende en hombre


Lunes IV del tiempo ordinario

Mc 5,1-20

“En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni siquiera con cadenas, pues muchas veces le habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarle. Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y por los montes, dando gritos e hiriéndose con piedras. Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante Él y gritó con gran voz: “¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes”. Es que Él le había dicho: “Espíritu inmundo, sal de este hombre”. Y le preguntó: “¿Cuál es tu nombre?”. Le contesta: “Mi nombre es Legión, porque somos muchos”. Y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región.

Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte; y le suplicaron: “Envíanos a los puercos para que entremos en ellos”. Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara -unos dos mil- se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar. Los porqueros huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas; y salió la gente a ver qué era lo que había ocurrido. Llegan donde Jesús y ven al endemoniado, al que había tenido la Legión, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de temor. Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos. Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término.

Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con Él. Pero no se lo concedió, sino que le dijo: “Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti”. Él se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados.


COMENTARIO

Sin duda, aquel hombre lo estaba pasando muy mal. Estaba, según nos dice el texto del Evangelio de San Marcos, gravemente endemoniado. Tenía muchos demonios. Por eso necesitaba el auxilio de Aquel a Quien los demonios temían: el Hijo de Dios.

Jesús echa a los demonios de aquel hombre. Sin embargo, a la ambición humana aquello, siendo tan maravilloso, parece no importarle nada. Y es que aquellos hombres  no querían perder e negocio que hacían con los cerdos. Al parecer poco les importaba la vida de su prójimo endemoniado.

Aquel hombre, como es de esperar, está agradecido. Por eso quiere acompañar a Jesús. Pero el Maestro prefiere que diga lo que Dios ha hecho en su favor. Por eso no nos extraña nada que la fama de santidad de Jesucristo se extendiera por doquier.


JESÚS, ayúdanos a aceptar el auxilio de tu corazón.






Eleuterio Fernández Guzmán

29 de enero de 2017

Domingo, 29 de enero de 2017 – Bienaventurados



Mt 5, 1-12a.

“Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo:

‘Bienaventurados los pobres de espíritu,  porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Bienaventurados = los mansos =, porque = ellos poseerán en herencia la tierra. =
Bienaventurados los que lloran,  porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,          porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón,  porque ellos verán a Dios.
 Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,          porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.
Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron  a los profetas anteriores a vosotros.’”

COMENTARIO

No sabemos si San Mateo recogió, en esta parte de su Evangelio, algunas palabras que Jesús dijo en una sola ocasión o, al contrario, recopiló lo relacionado con las Bienaventuranzas en un solo texto. El caso es que el Hijo de Dios, en ellas, da un buen programa de trabajo espiritual.

En las Bienaventuranzas, tantas veces leídas y escuchadas, no dejan de ser un camino que Dios traza para el ser humano. Por eso cada una de ellas supone algo que llevar a cabo, una forma de ser cercana a la voluntad del Todopoderoso.

El caso es que cumplir y respetar estos mensajes de Cristo tiene gran premio: la vida eterna. Y es que, no siendo poca cosa no es menos cierto que son, espiritualmente, de una altura difícil de igualar.



JESÚS,  ayúdanos a ser bienaventurados.



Eleuterio Fernández Guzmán