27 de abril de 2015

Ser del redil de Cristo



Lunes IV de Pascua


Jn 10,1-10

“En aquel tiempo, Jesús habló así: ‘En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños’. Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba. 

Entonces Jesús les dijo de nuevo: ‘En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia
’”.

COMENTARIO

Jesús avisa acerca de la forma en la que muchos quieren entrar en el definitivo Reino de Dios, en la vida eterna. Está la forma que no tiene que ver nada con la que el Creador quiere y está la que es apropiada: ser miembro del pueblo de Dios.

Jesús no se anda con disimulos: Él es la puerta por la que se entra en el Cielo. Lo dice con toda claridad. Por tanto, sólo se llega al definitivo Reino de Dios a través del Hijo que vino por primera vez en tiempos de Poncio Pilato.

Pero Jesús añade algo más que es crucial para nuestra vida de discípulos suyos: vino al mundo para que la vida fuera eterna y para que sus discípulos, aquellos que lo aceptan como Mesías, alcancen el mayor bien que pudiera soñar: estar con Dios, vivir la bienaventuranza, tener la visión beatífica.


JESÚS, ayúdanos a no olvidar nunca Quién eres.


Eleuterio Fernández Guzmán

26 de abril de 2015

El Buen Pastor es Cristo



Jn 10, 11-18

“Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas,          ve venir al lobo,  abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre  y yo conozco a mi Padre          y doy mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas,  que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño,  un solo pastor. Por eso me ama el Padre,  porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla  y poder para recobrarla de nuevo;  esa es la orden que he recibido de mi Padre.”



COMENTARIO

Jesús se presenta como el Buen Pastor. En una imagen que era muy bien entendida por aquellos que le escuchaban por ser, el suyo, un pueblo de pastores. Él es quien cuida a sus ovejas y vela por ellas y a Él, Buen Pastor, deben obedecer.

Jesús, que sabe que todos los hombres son hijos de Dios, quiere que todos estén en el redil del Padre. Por eso tiene la misión de acerca a todos y a cada uno de los seres humanos, al Padre. Por eso envía a sus discípulos al mundo a predicar lo que es verdaderamente importante.

Jesús sabe que va a dar la vida. También sabe que lo hace porque quiere, porque es su voluntad que coincide, como siempre, con la del Padre. Y sabe que luego va a resucitar. Y lo sabe porque todo estaba escrito y lo había visto.



JESÚS, ayúdanos a reconocer tu voz de Buen Pastor.


Eleuterio Fernández Guzmán

25 de abril de 2015

Creer para salvarse



Mc 16,15-20

En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: ‘Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien’. 

Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban
”.


COMENTARIO


Enviados

Jesús, antes de subir al lado del Padre, debía terminar con la misión que debía cumplir. Envía a sus apóstoles al mundo a transmitir que el Reino de Dios había sido implantado en la Tierra.


El Bautismo

Jesús establece una condición para salvarse: creer en que el Reino de Dios había sido implantado, creer en Él. Quien no crea se condenará, por sí mismo; quien crea, se salvará.

Saberse enviados

Aquellos que escuchaban a Jesús, después de haber comprobado que había resucitado, hicieron lo que debían hacer: saliendo al mundo a predicar, a cumplir con la misión que les había encomendado el Maestro.


JESÚS, ayúdanos a ser buenos predicadores tuyos.

Eleuterio Fernández Guzmán


24 de abril de 2015

Cuerpo y Sangre de Cristo

Viernes III de Pascua

Jn 15,1-8

En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre sí y decían: ‘¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?’. Jesús les dijo: ‘En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre’. Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.”

COMENTARIO

Es más que cierto que había cosas que Jesús decía que no eran entendidas por casi nadie. Y eso no es extraño porque eran realidades que se encontraban muy lejos de aquellos que le escuchaban.

Aquello de comer su carne y beber su sangre era cosa delicada. Tampoco extraña que muchos se alejaran de Él porque no entendían aquello. Pero tampoco se dejaban atraer por aquella resurrección prometida por el mismo que eso les decía.

Jesús fue enviado por el Padre. Eso tampoco lo comprenden. Pero Él, que pone como ejemplo de lo que Dios dio a sus antepasados (aquel maná que los salvó de la muerte por inanición en el desierto) sabe la verdad por es la Verdad.

JESÚS, ayúdanos a que la verdad permanezca en nosotros



Eleuterio Fernández Guzmán

23 de abril de 2015

Creer para alcanzar la vida eterna




Jueves III de Pascua



Jn 6,44-51

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: ’Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo’”.

COMENTARIO


Hasta tres veces habla Jesús del pan que es Él, de lo que esto supone y que se infiere de su ingestión (física, luego, en la Eucaristía que constituyó en la última cena, pero sobre todo, espiritual); hasta dos veces habla, de esas tres, de que baja del cielo. 

Cuando el Mesías habla de pan vivo entiendo que se refiere a que el pan  tiene vida en sí, que en sí es alimento para la eternidad. El que come de este pan adquiere una vida que es distinta a la que ha llevado hasta ese  momento, vida que cambia para ser, siendo en esta vida, un acercamiento  al Reino de Dios en este lado de ese Reino, en este mundo. 

Jesús, con aquellas palabras, quería que los que le escuchaban supiesen cuál era el camino hacia la vida que no termina y que discurre junto a Dios Todopoderoso. Él es el camino porque es la verdad y es la vida.



JESÚS,  ayúdanos a no despreciar el Pan de Vida.



Eleuterio Fernández Guzmán

22 de abril de 2015

El Pan de Vida; en Pan de la Vida eterna


Miércoles III de Pascua



Jn 6,35-40

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: ‘Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis. Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día’”.

COMENTARIO

Ir a Cristo

Jesús vino al mundo enviado por el Padre Dios todopoderoso para que aquellos que se habían alejado del Creador volvieran a su seno y, también, para que aquellos que no lo conocían, lo llevasen a su corazón.

Hambre y sed verdaderas

Querer alcanzar la vida eterna supone tener hambre y sed de Dios. Y Cristo nos da el Pan de vida y el Agua Viva que nos permitirá no morir para siempre sino, al contrario, llegar a la vida eterna y habitar una de las mansiones que el Hijo de Dios está preparando.

La resurrección

La gran promesa de Jesús tiene todo que ver con lo que hacemos y queremos tener en nuestro corazón. Él resucitará todo cuerpo que, cuando vuelva en su Parusía, haya muerto. La resurrección es manifestación de la voluntad de Dios que, por tanto, ha de cumplirse y se cumplirá a su debido tiempo.


JESÚS, ayúdanos a querer ir siempre a Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

21 de abril de 2015

El Pan bajado del cielo



Jn 6,30-35

En aquel tiempo, la gente dijo a Jesús: ‘¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer’. Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo’. Entonces le dijeron: ‘Señor, danos siempre de ese pan’. Les dijo Jesús: ‘Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed’”.

COMENTARIO

Los que escuchaban a Jesús quería saber todo sobre el Maestro, sobre su vida espiritual y sobre su relación con Dios Padre Todopoderoso. Y continuamente le preguntan acerca de eso que, para ellos, es verdaderamente crucial.

Jesús sabe que debe transmitir aquello que es esencial, aquello que les puede ayudar. Lo más importante, por eso, es que sepan que lo que le pasó a Moisés con el maná, en el desierto, era un antecedente del Pan que alimenta para siempre.

Danos de tal pan. Ellos saben que lo que Jesús les dice es la verdad. Por eso quieren del Pan que lleva a la vida de eterna. Y Jesús, que es el Pan de vida, revela la verdad: es el Pan bajado del cielo y, además, el Agua que quita la sed para siempre.


JESÚS, ayúdanos a tenerte como el Pan del cielo.

Eleuterio Fernández Guzmán


20 de abril de 2015

Creer en Cristo


Lunes III de Pascua

Jn 6,22-29

Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos le vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. 
Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: ‘Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?’. Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello’. Ellos le dijeron: ‘¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios?’. Jesús les respondió: ‘La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado’”.

COMENTARIO

Después de la multiplicación de los panes, muchos querían seguir a Jesús. En realidad, era mucho lo material que ocupaba su corazón y, por eso, cuando miraban a Jesús veían en Él a quien podía hacer grandes cosas por ellos.

Jesús, sin embargo, conocía los corazones de aquellos con los que hablaba. Y sabía que esperaban de Él. Lo más importante es tener en cuenta lo que vale para la vida eterna. Lo demás… es accesorio y nada de lo demás vale la pena.

Y ellos quieren saber cómo hacer lo que Él hace. Y Jesús les recomienda lo que deben hacer: creer en Quien había venido al mundo. Sólo así alcanzarán la vida eterna.


JESÚS, ayúdanos a creer en Ti siempre.


Eleuterio Fernández Guzmán



19 de abril de 2015

Apóstoles sin miedo





Lc 24, 35-48


Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros.’ Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu.  Pero él les dijo: ‘¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como véis que yo tengo.’ Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies.  Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: ‘¿Tenéis aquí algo de  comer?’ Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos. Después les dijo: ‘Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí."‘ Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: ‘Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén.48       Vosotros sois testigos de estas cosas”.


COMENTARIO

Según nos dice san Lucas, en aquel momento habían llegado a la casa donde estaban los apóstoles, los discípulos de Emaús. Entonces se les aparece Jesús y les da la paz. Les de la Paz de Dios que era la que más necesitaban en aquellos momentos de zozobra espiritual.

Jesús sabe que tienen miedo y que creen que lo que ven es un fantasma o un espíritu. Y les pide algo de comer porque sabe que viendo tal signo creerán que ha resucitado.

Hasta entonces no habían comprendido casi nada de lo que les había estado enseñando. Pero ahora, cuando les abre la mente y el corazón, comprenden que todo era cierto y que, a partir de ahora iban a ser verdaderos testigos de Cristo.



JESÚS, ayúdanos a ser apóstoles tuyos en el mundo de hoy.

Eleuterio Fernández Guzmán


18 de abril de 2015

Reconocer a Cristo

Sábado II de Pascua


Jn 6,16-21

Al atardecer, los discípulos de Jesús bajaron a la orilla del mar, y subiendo a una barca, se dirigían al otro lado del mar, a Cafarnaúm. Había ya oscurecido, y Jesús todavía no había venido donde ellos; soplaba un fuerte viento y el mar comenzó a encresparse. Cuando habían remado unos veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y tuvieron miedo. Pero Él les dijo: ‘Soy yo. No temáis’. Quisieron recogerle en la barca, pero en seguida la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían”.

COMENTARIO

Los apóstoles-pescadores llevaban una vida relacionada con lo que era su vida ordinaria. En aquella ocasión, al parecer, no estaban pescando sino que, simplemente, habían subido a una barca para ir al otro lado del lago. Iban, en concreto, a Cafarnaúm.

Ellos quisieron acercarse a Jesús. En principio sintieron miedo pues no era lo más normal ver a nadie caminar sobre las aguas como lo hacía, en aquel momento, Jesús. Pero, luego, por sus palabras, quisieron recogerlo.

Jesús, que conocía la naturaleza de aquellos que había escogido como sus apóstoles, sabe que debe calmarles. Y se presenta: es Él, el Maestro, quien les estaba enseñando la santa doctrina del Amor de Dios. “No temáis” les dice sembrando en su corazón la paz que, luego, les daría en cierta casa en la que estarían escondidos por miedo a los judíos.


JESÚS, ayúdanos a descubrirte en todo lo mejor que nos pasa.

Eleuterio Fernández Guzmán


17 de abril de 2015

El hambre de Cristo

Viernes II de Pascua

Jn 6,1-15

En aquel tiempo, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia Él mucha gente, dice a Felipe: ‘¿Dónde vamos a comprar panes para que coman éstos?’. Se lo decía para probarle, porque Él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: ‘Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco’. Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: ‘Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?’. 

Dijo Jesús: ‘Haced que se recueste la gente’. Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: ‘Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda’. Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. Al ver la gente la señal que había realizado, decía: ‘Éste es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo’. Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte Él solo
”.



COMENTARIO

Jesús tuvo muchas oportunidades para poner a prueba la fe de sus discípulos más allegados, de sus apóstoles. Esperaba de ellos que comprendiesen cómo debían hacer las cosas. Y la situación que recoge hoy el evangelio es, verdaderamente, sintomática de lo que pasaba en sus corazones.

Era cierto que había mucha gente siguiendo, en aquel momento, a Jesús. Alimentarlos, pagando lo que podía costar aquello, era imposible. Por eso sus apóstoles se ahogan en un vaso de agua. No comprenden que Dios es el remedio a lo que están pasando.

Jesús hace lo que debe hacer: da gracias a Dios y pide. A Dios, cuando su Hijo le pide, no puede ocurrírsele nada más que complacerlo. Y aquello, aquella extraordinaria multiplicación, debía haber servido a muchos para convertirse. Pero muchos a lo que más que llegaron es a querer hacer rey a Cristo…



JESÚS, ayúdanos a no tener tan duro el corazón como aquellos que no comprendieron.


Eleuterio Fernández Guzmán

16 de abril de 2015

Quien viene del Cielo



Jueves II de Pascua

Jn 3,31-36

El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él”.

COMENTARIO

Jesús delimita perfectamente lo que corresponde a cada estado de cosas porque no es lo mismo una cosa que otra. Por eso habla de dos realidades diferentes: el cielo y la tierra. Y son dos realidades espirituales que lo dicen todo para cualquiera de sus discípulos.
Jesús sabe que no es lo mismo ser del cielo que ser de la tierra. Él viene del Cielo y, por eso mismo, certifica lo que es verdad y es cierto. Quien acepta lo que dice y lo acepta a Él misma, acepta a Dios y, por tanto, está muy cerca de la vida eterna.
Sin embargo, aunque parezca ilógico o absurdo, también es posible, como dice Jesús, rehusar creer en el Hijo enviado por Dios. En tal caso se permanece en la oscuridad y el Cielo se cierra porque  no se puede entrar donde habita Quien lo ha creado todo pero no se cree en Él.


JESÚS, ayúdanos a tener siempre en cuenta tus santas palabras,.


Eleuterio Fernández Guzmán

15 de abril de 2015

Salvados gracias a Dios


Miércoles II de Pascua

Jn 3,16-21

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: ‘Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios’”.


COMENTARIO


Continúa la enseñanza a Nicodemo. Y Jesús quiere que aquel hombre notable conozca la voluntad de Dios porque llegará un tiempo en el que podrá certificar que lo escuchó de boca del Hijo del hombre y todo se representará cierto y verdadero.

Dios no quiere que su hijo juzgue al mundo… aún. Su primera venida lo es, lo fue, para enseñar, para que el mundo, que estaba perdido, se salvara. Y, para eso había que creer en el Hijo de Dios. Entonces quien eso hiciera… se salvaría.

Jesús, que es la luz enviada por Dios, es, a su vez, Quien promueve la salvación eterna. Es necesario algo más que creer. Por eso Jesús habla de que las obras que se hacen son cruciales para la salvación personal. Lo mal hecho, condena; lo bien hecho, salva.



JESÚS, ayúdanos a creer, siempre, en Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

14 de abril de 2015

Comprender la Palabra de Cristo


Martes II de Pascua



Jn 3,7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: ‘No te asombres de que te haya dicho: ‘Tenéis que nacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu’. Respondió Nicodemo: ‘¿Cómo puede ser eso?’. Jesús le respondió: ‘Tú eres maestro en Israel y ¿no sabes estas cosas? En verdad, en verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio. Si al deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna”’.


COMENTARIO

En esta conversación con Nicodemo Jesús revela muchas cosas que son importantes para comprender nuestra fe católica. Es lógico, por otra parte, que aquel hombre sabio no acabara de entender lo que le decía el Maestro.

Jesús habla, por ejemplo, de nacer de lo alto. Y tal forma de nacer no es carnal sino espiritual. Se nace del Espíritu Santo para ser hijos de Dios con conocimiento de tener tal filiación divina. Y también habla del cielo al que nadie ha ido salvo Él mismo porque al no haber resucitado no ha bajado al libro de Abrahám donde los justos esperaban la llegada del Hijo de Dios. Y eso pasaría luego.

Jesús también le habla a Nicodemo acerca de la muerte que ha de tener Él. Será elevado… en una cruz. Y en tal momento, todo aquel que crea en el Enviado de Dios, en su Cruz y en su doctrina… tendrá vida eterna. Por eso moriría Cristo.




JESÚS, ayúdanos a comprender tu Palabra y a llevarla a nuestra vida.


Eleuterio Fernández Guzmán



13 de abril de 2015

Nacer del agua

Lunes II de Pascua


Jn 3,1-8

Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: ‘Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él’. Jesús le respondió: ‘En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios’. 

Dícele Nicodemo: ‘¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?’. Respondió Jesús: ‘En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: ‘Tenéis que nacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu
’”.

COMENTARIO

Jesús habla con Nicodemo en varias ocasiones. El  caso es que casi siempre se centra la conversación en algo que es crucial en la vida de un discípulo de Cristo o, mejor, en la de quien va a serlo pero aún no lo es: la conversión del corazón.

Nicodemo no entiende qué es lo que le quiere decir Jesús con aquello de nacer de lo alto. Él sólo comprende el significado del nacimiento ordinario de la persona pero no alcanza a aquel que tiene que ver con el espíritu.

Es cierto, como dice Jesús, que el Espíritu sopla donde quiere. Por eso le es dado, también, a Nicodemo ser discípulo de Cristo porque es a través del bautismo, con la infusión del Espíritu Santo con el que se acepta al enviado de Dios.





JESÚS, ayúdanos a nacer del agua eterna con la que nos alimentas el espíritu.


Eleuterio Fernández Guzmán



12 de abril de 2015

Domingo, 12 de abril de 2015- No ser incrédulos

Jn 20, 19-31


Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar  donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros.’ Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: ‘La paz con vosotros. Como el Padre me envió,  también yo os envío.’  Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.’  Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: ‘Hemos visto al Señor.’ Pero él les contestó: ‘Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.’  Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: ‘La paz con vosotros.’ Luego dice a Tomás: ‘Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.’  Tomás le contestó: ‘Señor mío y Dios mío.’  Dícele Jesús: ‘Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.’ Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre”.


COMENTARIO


Cuando Jesús se aparece, espiritualizado tras su Resurrección, ante aquellos que lo habían seguido con tanta fidelidad pero que ahora estaban escondidos, les da la paz. No es la paz del mundo sino la que Dios da a quienes le aman y necesitan.

Tomás era incrédulo. Pero no sólo él. Sin embargo, muestra una actitud muy humana entonces y ahora: no creer en aquello que no se ve y que no se toca. No se comporta, por tanto, de una forma extraña sino, por desgracia, de una forma muy común.

Jesús aprovecha la ocasión para definir la fe para que siempre se sepa qué es la misma: creer sin ver. Era una forma, primero, de corregir la actitud de Tomás y, en segundo lugar, de dejar, para siempre, establecido que debían hacer a partir de entonces.

JESÚS, ayúdanos a no ser como Tomás.

Eleuterio Fernández Guzmán