Mt 8,23-27
“En aquel tiempo, Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero Él estaba dormido. Acercándose ellos le despertaron diciendo: ‘¡Señor, sálvanos, que perecemos!’. Díceles: ‘¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?’. Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. Y aquellos hombres, maravillados, decían: ‘¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?’”.
COMENTARIO
Es bien cierto y seguro que esto pasa que en muchas ocasiones de nuestra vida nos encontramos, eso podemos pensar, solos ante el peligro. Bien sea una tentación o el no saber si algo lo vamos a hacer bien o mal.
Aquellos discípulos se encontraban en una situación nada buena. El agua se agitaba y sentían como peligraban sus vidas. No tuvieron demasiada confianza en Jesús y manifestaron un miedo muy humano.
Jesús les amonesta porque les llama “hombres de poca fe”. Seguramente lo hace porque sabe que, en efecto, tienen poca confianza en el Hijo del hombre y no saben hasta qué punto puede dominar la naturaleza. Aquello, seguramente, les sirvió para aprender algo muy importante.
JESÚS, siempre pediste, y pides, que mantengamos una actitud de confianza hacia quien es el Hijo de Dios y hermano nuestro. Sólo la fe, tal forma de comportarse, nos puede salvar aunque a veces no estemos por la labor de manifestar demasiada fe.
Eleuterio Fernández Guzmán
28 de junio de 2011
26 de junio de 2011
Cuerpo de Cristo
Jn 6,51-58
“En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: ‘Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo’.
Discutían entre sí los judíos y decían: ‘¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?’. Jesús les dijo: ‘En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Éste es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre’”
COMENTARIO
Es bien cierto que las palabras de Jesús referidas a comer su cuerpo son de una dureza difícilmente igualable. No extraña, por lo tanto, que muchos de los que oían se llevaran las manos a la cabeza. Exactamente pasa lo mismo al referirse a su sangre.
El cuerpo y la sangre de Cristo, son, como sabemos, la constatación de presencia verdadera, real y sustancial del Hijo de Dios en las especies pan y vino. A eso se refería Jesús cuando dijo aquello que tanto preocupó a más de uno.
Sólo comiendo el pan bajado del cielo, a Jesús mismo en la Acción de Gracias o Eucaristía podemos aspirar a la Vida Eterna. Todo lo que pueda decir de más, ahora mismo, sobra.
JESÚS, estás presente en el pan y el vino. Tal presencia, que es cierta porque Tú mismo lo dijiste en la Última Cena, no es comprendida por muchos que se dicen discípulos tuyos. A tales personas espero sepas perdonar tal afrenta y lo mismo para cuando nosotros sintamos lo mismo en nuestro corazón.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: ‘Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo’.
Discutían entre sí los judíos y decían: ‘¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?’. Jesús les dijo: ‘En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Éste es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre’”
COMENTARIO
Es bien cierto que las palabras de Jesús referidas a comer su cuerpo son de una dureza difícilmente igualable. No extraña, por lo tanto, que muchos de los que oían se llevaran las manos a la cabeza. Exactamente pasa lo mismo al referirse a su sangre.
El cuerpo y la sangre de Cristo, son, como sabemos, la constatación de presencia verdadera, real y sustancial del Hijo de Dios en las especies pan y vino. A eso se refería Jesús cuando dijo aquello que tanto preocupó a más de uno.
Sólo comiendo el pan bajado del cielo, a Jesús mismo en la Acción de Gracias o Eucaristía podemos aspirar a la Vida Eterna. Todo lo que pueda decir de más, ahora mismo, sobra.
JESÚS, estás presente en el pan y el vino. Tal presencia, que es cierta porque Tú mismo lo dijiste en la Última Cena, no es comprendida por muchos que se dicen discípulos tuyos. A tales personas espero sepas perdonar tal afrenta y lo mismo para cuando nosotros sintamos lo mismo en nuestro corazón.
Eleuterio Fernández Guzmán
25 de junio de 2011
En ti confío, Señor
25 de junio de 2011
Mt 8,5-17
“En aquel tiempo, al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: ‘Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos’. Dícele Jesús: ‘Yo iré a curarle’. Replicó el centurión: ‘Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace’. Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: ‘Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Y dijo Jesús al centurión: ‘Anda; que te suceda como has creído’. Y en aquella hora sanó el criado.
Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; Él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: ‘Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades’.
COMENTARIO
Muchas personas se le acercaban a Jesús porque querían que les sanase de alguna enfermedad y que les diera, con tal sanación, una vida mejor. Eso mismo hizo aquel centurión que se preocupaba por su criado.
Pedir por los demás, por las necesidades de los demás, es una forma cristiana de tener en cuenta la fe que se tiene y algo que Dios ha de tener en cuenta para nuestro bien. Y Jesús tiene en cuenta, siempre, la fe que tiene quien le pide su intervención.
La suegra de Pedro sirvió a Jesús en cuanto le curó de su enfermedad. No se fue a pregonar lo que le había hecho el Maestro sino que, agradecida, no pensó más que en agradecer el favor recibido.
JESÚS, muchas personas querían que les sanases de sus diversas enfermedades. Sin embargo, eres, sobre todo, Médico del corazón y procuras la limpieza del alma. Por eso mismo tenías, y tienes, tanto en cuenta la fe con la que la persona se dirige a ti.
Eleuterio Fernández Guzmán
Mt 8,5-17
“En aquel tiempo, al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: ‘Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos’. Dícele Jesús: ‘Yo iré a curarle’. Replicó el centurión: ‘Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace’. Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: ‘Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Y dijo Jesús al centurión: ‘Anda; que te suceda como has creído’. Y en aquella hora sanó el criado.
Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; Él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: ‘Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades’.
COMENTARIO
Muchas personas se le acercaban a Jesús porque querían que les sanase de alguna enfermedad y que les diera, con tal sanación, una vida mejor. Eso mismo hizo aquel centurión que se preocupaba por su criado.
Pedir por los demás, por las necesidades de los demás, es una forma cristiana de tener en cuenta la fe que se tiene y algo que Dios ha de tener en cuenta para nuestro bien. Y Jesús tiene en cuenta, siempre, la fe que tiene quien le pide su intervención.
La suegra de Pedro sirvió a Jesús en cuanto le curó de su enfermedad. No se fue a pregonar lo que le había hecho el Maestro sino que, agradecida, no pensó más que en agradecer el favor recibido.
JESÚS, muchas personas querían que les sanases de sus diversas enfermedades. Sin embargo, eres, sobre todo, Médico del corazón y procuras la limpieza del alma. Por eso mismo tenías, y tienes, tanto en cuenta la fe con la que la persona se dirige a ti.
Eleuterio Fernández Guzmán
24 de junio de 2011
El Bautista
Lc 1,57-66.80
“Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: ‘No; se ha de llamar Juan’. Le decían: ‘No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre’. Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: ‘Juan es su nombre’. Y todos quedaron admirados.
Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios.
Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: ‘Pues ¿qué será este niño?’. Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él. El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.”
COMENTARIO
Jesús tenía que tener un precursor a la altura de Quien iba a venir para salvar al mundo y ser el Cordero de Dios. El Bautista, primo de Jesús, había sido suscitado por Dios para que fuera tal persona.
El Ángel del Señor le había dicho a Zacarías que quedaría mudo por haber dudado de su palabra. Volvería a poder hablar cuando hubiera nacido su sucesor al que, además, tenía que poner el nombre de Juan.
Dice la Escritura Santa que el niño creía y su espíritu se iba fortaleciendo. Además, vivió en el desierto, retirado del mundo y acercándose a Dios quien, en su momento oportuno, lo envío a anunciar a Cristo.
JESÚS, tu primo Juan, hijo de Isabel y Zacarías, había saltado en el vientre de la hermana de tu Madre cuando María fue a visitarla tras haber dado el fiat al Ángel Gabriel. Cuando se manifestó a Israel lo hizo para anunciarte. Fue el último profeta del Antiguo Testamento.
Eleuterio Fernández Guzmán
“Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: ‘No; se ha de llamar Juan’. Le decían: ‘No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre’. Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: ‘Juan es su nombre’. Y todos quedaron admirados.
Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios.
Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: ‘Pues ¿qué será este niño?’. Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él. El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.”
COMENTARIO
Jesús tenía que tener un precursor a la altura de Quien iba a venir para salvar al mundo y ser el Cordero de Dios. El Bautista, primo de Jesús, había sido suscitado por Dios para que fuera tal persona.
El Ángel del Señor le había dicho a Zacarías que quedaría mudo por haber dudado de su palabra. Volvería a poder hablar cuando hubiera nacido su sucesor al que, además, tenía que poner el nombre de Juan.
Dice la Escritura Santa que el niño creía y su espíritu se iba fortaleciendo. Además, vivió en el desierto, retirado del mundo y acercándose a Dios quien, en su momento oportuno, lo envío a anunciar a Cristo.
JESÚS, tu primo Juan, hijo de Isabel y Zacarías, había saltado en el vientre de la hermana de tu Madre cuando María fue a visitarla tras haber dado el fiat al Ángel Gabriel. Cuando se manifestó a Israel lo hizo para anunciarte. Fue el último profeta del Antiguo Testamento.
Eleuterio Fernández Guzmán
23 de junio de 2011
Creer, de verdad, en Dios
Mt 7,21-29
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!’.
‘Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina’.
Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas".
COMENTARIO
Es común pensar que orar es suficiente como para que Dios tenga en cuenta nuestras peticiones. Eso Jesús sabe que no es así porque bien podemos estar actuando de forma distinta a como tenemos la realidad de nuestro corazón.
Hacer la voluntad de Dios es la verdadera medida de la creencia en Dios. Así, lo que más debería importarnos es, en sí misma considerada, seguir la voluntad del Creador antes que hacer como que creemos sin creer.
Jesucristo es la roca firme sobre la que debemos cimentar nuestra vida espiritual y, así y por eso mismo, material. Apoyándonos en la piedra que desecharon los arquitectos es la única manera de llevar una vida verdadera cristiana.
JESÚS, cree en Dios ha de ser el único camino que debemos seguir. Por eso no basta con orar porque, aunque sea necesario hacerlo, cumplir con la voluntad de tu Padre es lo que, en verdad, importa.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!’.
‘Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina’.
Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas".
COMENTARIO
Es común pensar que orar es suficiente como para que Dios tenga en cuenta nuestras peticiones. Eso Jesús sabe que no es así porque bien podemos estar actuando de forma distinta a como tenemos la realidad de nuestro corazón.
Hacer la voluntad de Dios es la verdadera medida de la creencia en Dios. Así, lo que más debería importarnos es, en sí misma considerada, seguir la voluntad del Creador antes que hacer como que creemos sin creer.
Jesucristo es la roca firme sobre la que debemos cimentar nuestra vida espiritual y, así y por eso mismo, material. Apoyándonos en la piedra que desecharon los arquitectos es la única manera de llevar una vida verdadera cristiana.
JESÚS, cree en Dios ha de ser el único camino que debemos seguir. Por eso no basta con orar porque, aunque sea necesario hacerlo, cumplir con la voluntad de tu Padre es lo que, en verdad, importa.
Eleuterio Fernández Guzmán
22 de junio de 2011
Falsos profetas
Mt 7,15-20
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis’”.
COMENTARIO
Conocer a las personas por su forma, interior, de ser, era algo que Jesucristo tenía por costumbre llevar a cabo. Sabía lo que cualquiera tenía en su corazón porque, como era Dios hecho hombre, sabe lo que hay en lo secreto.
El fruto de las personas es aquello que hacen las mismas y sobre lo que se puede saber su comportamiento según se haga. Por eso dice Jesús que es por los frutos por aquello que se conoce al ser humano. y, por eso, exactamente por eso, los lobos pueden tener piel de oveja para engañar a los fieles creyentes en Dios.
La bondad y la maldad están muy relacionada con lo que cada cual tiene en su corazón. El destino final, la vida eterna, depende, al fin y al cabo, de lo que cada cual haga en su vida.
JESÚS, la bondad del corazón de cada persona es fundamental para que Dios considere que se está cumpliendo su voluntad. Por eso nos dices que es muy importante actuar de forma correcta y de acuerdo a la misma. De otra forma no podremos ser considerados dignos hijos de Dios.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis’”.
COMENTARIO
Conocer a las personas por su forma, interior, de ser, era algo que Jesucristo tenía por costumbre llevar a cabo. Sabía lo que cualquiera tenía en su corazón porque, como era Dios hecho hombre, sabe lo que hay en lo secreto.
El fruto de las personas es aquello que hacen las mismas y sobre lo que se puede saber su comportamiento según se haga. Por eso dice Jesús que es por los frutos por aquello que se conoce al ser humano. y, por eso, exactamente por eso, los lobos pueden tener piel de oveja para engañar a los fieles creyentes en Dios.
La bondad y la maldad están muy relacionada con lo que cada cual tiene en su corazón. El destino final, la vida eterna, depende, al fin y al cabo, de lo que cada cual haga en su vida.
JESÚS, la bondad del corazón de cada persona es fundamental para que Dios considere que se está cumpliendo su voluntad. Por eso nos dices que es muy importante actuar de forma correcta y de acuerdo a la misma. De otra forma no podremos ser considerados dignos hijos de Dios.
Eleuterio Fernández Guzmán
21 de junio de 2011
Entrar en la Vida Eterna
Mt 7,6.12-14
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas. Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran’”.
COMENTARIO
Los consejos que da Cristo son, a veces, bastante clarificadores acerca de la doctrina que debe seguir un discípulo suyo. La Verdad, al parecer, no puede caer en malas manos porque, seguramente, sólo serviría para hacerla de menos.
Jesús recomienda algo que siempre es útil y que puede sacar de muy malos momentos a las personas: haz lo que quieras que te hagan. De proceder siempre así muchos conflictos se evitarían y se daría al traste con malos momentos.
La Vida Eterna no tiene, por lo aquí dicho, la puerta muy ancha. Es decir, que no se entra de cualquiera manera. Hay que perder mucho de lo malo que nos adorna para poder entrar en el definitivo Reino de Dios; quitar, de nuestro corazón, lo que no puede gustar a Dios para presentarse ante Él.
JESÚS, querías, y quieres, que tus discípulos, sepan a qué atenerse y a qué parte de la realidad arrimarse para no quemarse con la falsa verdad del mundo. En la Vida Eterna bien sabes que se entra con el corazón limpio y, por eso mismo, muchos se alejan de ti.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas. Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran’”.
COMENTARIO
Los consejos que da Cristo son, a veces, bastante clarificadores acerca de la doctrina que debe seguir un discípulo suyo. La Verdad, al parecer, no puede caer en malas manos porque, seguramente, sólo serviría para hacerla de menos.
Jesús recomienda algo que siempre es útil y que puede sacar de muy malos momentos a las personas: haz lo que quieras que te hagan. De proceder siempre así muchos conflictos se evitarían y se daría al traste con malos momentos.
La Vida Eterna no tiene, por lo aquí dicho, la puerta muy ancha. Es decir, que no se entra de cualquiera manera. Hay que perder mucho de lo malo que nos adorna para poder entrar en el definitivo Reino de Dios; quitar, de nuestro corazón, lo que no puede gustar a Dios para presentarse ante Él.
JESÚS, querías, y quieres, que tus discípulos, sepan a qué atenerse y a qué parte de la realidad arrimarse para no quemarse con la falsa verdad del mundo. En la Vida Eterna bien sabes que se entra con el corazón limpio y, por eso mismo, muchos se alejan de ti.
Eleuterio Fernández Guzmán
19 de junio de 2011
Salvación eterna
Jn 3,16-18
“En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: ‘Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.
COMENTARIO
Nicodemo era un discípulo de los que se dicen que eran secretos. Era un judío importante y, seguramente, no quería que se supiese que seguía a Jesús y que estaba de acuerdo con lo que decía.
Jesús pone en el conocimiento de Nicodemo algo muy importante: Dios tiene la intención de que el mundo se salve del abismo en el que ha caído y, por eso mismo, ha enviado a su Hijo. No juzgará sino que salvará.
Es necesario, obligado, creer. Es bien cierto que no se trata de ninguna imposición de Dios sino, en todo caso, una buena recomendación si es queremos que la vida eterna, para nosotros, sea posible. Es más, quien cree en Jesucristo se salvará y quien no crea tiene un juicio ya terminado.
JESÚS, sabes que lo mejor para tus hermanos en la fe y, en general, para todo ser humano creación de Dios, es la vida eterna. Pero no es fácil, digamos, alcanzarla porque algo tenemos que hacer y no podemos dejar nuestra fe escondida bajo el celemín. Nicodemo también le pregunta por eso y obtiene la respuesta más perfecta: creer es salvarse.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: ‘Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.
COMENTARIO
Nicodemo era un discípulo de los que se dicen que eran secretos. Era un judío importante y, seguramente, no quería que se supiese que seguía a Jesús y que estaba de acuerdo con lo que decía.
Jesús pone en el conocimiento de Nicodemo algo muy importante: Dios tiene la intención de que el mundo se salve del abismo en el que ha caído y, por eso mismo, ha enviado a su Hijo. No juzgará sino que salvará.
Es necesario, obligado, creer. Es bien cierto que no se trata de ninguna imposición de Dios sino, en todo caso, una buena recomendación si es queremos que la vida eterna, para nosotros, sea posible. Es más, quien cree en Jesucristo se salvará y quien no crea tiene un juicio ya terminado.
JESÚS, sabes que lo mejor para tus hermanos en la fe y, en general, para todo ser humano creación de Dios, es la vida eterna. Pero no es fácil, digamos, alcanzarla porque algo tenemos que hacer y no podemos dejar nuestra fe escondida bajo el celemín. Nicodemo también le pregunta por eso y obtiene la respuesta más perfecta: creer es salvarse.
Eleuterio Fernández Guzmán
18 de junio de 2011
Lo que de verdad importa
Mt 6,24-34
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?
‘Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal’".
COMENTARIO
En realidad por mucho que nosotros queramos hacer como que nuestra vida depende de nosotros, bien sabemos que es el Padre Dios quien la sostiene. Él la creó y él la mantiene.
Las preocupaciones que nos han de llevar por la vida no deberían ser las de nos sirven para sostener una vida perecedera en este valle de lágrimas sino aquello que nos lleva a la vida eterna y a desear el definitivo Reino de Dios por sobre todas las cosas materiales.
La justicia de Dios no es, precisamente, la humana. La del Padre se sostiene sobre el perdón y la misericordia y a ella tenemos que dirigirnos para llevar una vida acorde con la voluntad del Creador. Tal justicia, la divina, sobrenaturaliza nuestra vida y a ella debemos acogernos.
JESÚS, la búsqueda del definitivo Reino de Dios es una recomendación que nos haces. En realidad, tal es la meta que nunca deberíamos perder de vista porque es lo que, además, nos conviene. Todo lo demás, materia que perece y banalidades humanas no las tendríamos que tener en cuenta.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?
‘Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal’".
COMENTARIO
En realidad por mucho que nosotros queramos hacer como que nuestra vida depende de nosotros, bien sabemos que es el Padre Dios quien la sostiene. Él la creó y él la mantiene.
Las preocupaciones que nos han de llevar por la vida no deberían ser las de nos sirven para sostener una vida perecedera en este valle de lágrimas sino aquello que nos lleva a la vida eterna y a desear el definitivo Reino de Dios por sobre todas las cosas materiales.
La justicia de Dios no es, precisamente, la humana. La del Padre se sostiene sobre el perdón y la misericordia y a ella tenemos que dirigirnos para llevar una vida acorde con la voluntad del Creador. Tal justicia, la divina, sobrenaturaliza nuestra vida y a ella debemos acogernos.
JESÚS, la búsqueda del definitivo Reino de Dios es una recomendación que nos haces. En realidad, tal es la meta que nunca deberíamos perder de vista porque es lo que, además, nos conviene. Todo lo demás, materia que perece y banalidades humanas no las tendríamos que tener en cuenta.
Eleuterio Fernández Guzmán
17 de junio de 2011
Lo material y lo eterno
Mt 6,19-23
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.
‘La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso; pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!’".
COMENTARIO
Las cosas del mundo pasan como pasa el mundo también. Por eso Jesús recomienda que no acentuemos nuestra existencia basándola, en exclusiva, en lo que muere.
Jesús nos dice que debemos abundar, en nuestro corazón, en lo que es bueno y benéfico para él: el amor, caridad, la entrega a los demás, el darse, el no querer acumular y sostenerse en el ser. Son los que Jesús llama “tesoros en el cielo”.
Muchas veces lo que vemos lo hacemos nuestro sin ir más allá. Jesús nos recomienda que miremos con ojos limpios al mundo, al prójimo, a quien nos rodea. Que tengamos el corazón limpio a base de ver con limpieza.
JESÚS, el poder que lo material puede tener sobre nosotros no es cosa de poca importancia sino, al contrario, algo decisivo en nuestra vida. Tú nos dices que lo que importa son, en todo caso, los bienes del cielo que son el Amor y la entrega a los demás y el perdón. Nosotros, muchas veces, no te escuchamos porque preferimos las cosas del mundo que podemos ver antes que las de la eternidad que sólo podemos imaginar.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.
‘La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso; pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!’".
COMENTARIO
Las cosas del mundo pasan como pasa el mundo también. Por eso Jesús recomienda que no acentuemos nuestra existencia basándola, en exclusiva, en lo que muere.
Jesús nos dice que debemos abundar, en nuestro corazón, en lo que es bueno y benéfico para él: el amor, caridad, la entrega a los demás, el darse, el no querer acumular y sostenerse en el ser. Son los que Jesús llama “tesoros en el cielo”.
Muchas veces lo que vemos lo hacemos nuestro sin ir más allá. Jesús nos recomienda que miremos con ojos limpios al mundo, al prójimo, a quien nos rodea. Que tengamos el corazón limpio a base de ver con limpieza.
JESÚS, el poder que lo material puede tener sobre nosotros no es cosa de poca importancia sino, al contrario, algo decisivo en nuestra vida. Tú nos dices que lo que importa son, en todo caso, los bienes del cielo que son el Amor y la entrega a los demás y el perdón. Nosotros, muchas veces, no te escuchamos porque preferimos las cosas del mundo que podemos ver antes que las de la eternidad que sólo podemos imaginar.
Eleuterio Fernández Guzmán
16 de junio de 2011
Padre Nuestro, nuestro Padre
Mt 6,7-15
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.
‘Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas’.
COMENTARIO
Los discípulos tenían un interés entendible en que el Maestro les enseñara a orar porque veían en Jesús a una persona que se relacionaba con Dios de una forma muy especial a través de la oración.
Jesús les enseña la oración que ha de ser principal para un discípulo suyo: el Padre Nuestro. A través de ella se le pide a Dios una serie de realidades espirituales que ningún hijo del Creador puede dejar de pedir.
Jesús les dice algo que es muy importante y que no es otra cosa que Dios ya sabe lo que necesitan. Es más, lo sabe mejor que ellos mismos porque ve en lo secreto del corazón. Sabe, así, lo que nos conviene y no lo que, a veces, creemos que nos conviene.
JESÚS, enseñaste a tus discípulos la oración más amada por ti. Pedir a Dios como hijos que se saben dependen de su Padre es la mejor forma de tener la filiación divina como algo muy importante para nosotros. Sin embargo, no siempre rezamos reconociendo, en nuestra vida, lo que supone lo que decimos.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.
‘Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas’.
COMENTARIO
Los discípulos tenían un interés entendible en que el Maestro les enseñara a orar porque veían en Jesús a una persona que se relacionaba con Dios de una forma muy especial a través de la oración.
Jesús les enseña la oración que ha de ser principal para un discípulo suyo: el Padre Nuestro. A través de ella se le pide a Dios una serie de realidades espirituales que ningún hijo del Creador puede dejar de pedir.
Jesús les dice algo que es muy importante y que no es otra cosa que Dios ya sabe lo que necesitan. Es más, lo sabe mejor que ellos mismos porque ve en lo secreto del corazón. Sabe, así, lo que nos conviene y no lo que, a veces, creemos que nos conviene.
JESÚS, enseñaste a tus discípulos la oración más amada por ti. Pedir a Dios como hijos que se saben dependen de su Padre es la mejor forma de tener la filiación divina como algo muy importante para nosotros. Sin embargo, no siempre rezamos reconociendo, en nuestra vida, lo que supone lo que decimos.
Eleuterio Fernández Guzmán
15 de junio de 2011
Dios ve en lo secreto
Mt 6,1-6.16-18
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
‘Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
‘Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará’”
COMENTARIO
Que Dios ve en lo secreto es una verdad grande. Quien ha creado todo por fuerza ha de conocer todo y siempre. Por eso Jesús dice a los que le escuchan que han de saber, exactamente, qué hacen.
Dios ve cuando damos limosna. Por eso sabe cuál es nuestra intención y si, en realidad, lo hacemos por disimular o, como aquel que lo hacía para que lo vieran. Igual pasa con la oración que se ha de hacer en lo secreto del corazón y no a vista de los que pueden adularte.
Pero aún hay más porque Jesús sabe que ayunar puede ser un gran sacrificio que se siente como ofrenda a Dios o, simplemente, algo con lo que demostrar que, a lo mejor, crees haciéndolo. Tampoco, aquí, vale hacer como si… pero, en verdad, no sentirlo. Dios también sabe.
JESÚS, todos los consejos espirituales que dabas lo eran para tener una vida lo más cercana posible a Dios. Y sabiendo que ve, que ves, en lo secreto, nada mejor que no ocultar la verdad de las cosas aunque, muchas veces, nosotros no hacemos lo que nos corresponde.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
‘Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
‘Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará’”
COMENTARIO
Que Dios ve en lo secreto es una verdad grande. Quien ha creado todo por fuerza ha de conocer todo y siempre. Por eso Jesús dice a los que le escuchan que han de saber, exactamente, qué hacen.
Dios ve cuando damos limosna. Por eso sabe cuál es nuestra intención y si, en realidad, lo hacemos por disimular o, como aquel que lo hacía para que lo vieran. Igual pasa con la oración que se ha de hacer en lo secreto del corazón y no a vista de los que pueden adularte.
Pero aún hay más porque Jesús sabe que ayunar puede ser un gran sacrificio que se siente como ofrenda a Dios o, simplemente, algo con lo que demostrar que, a lo mejor, crees haciéndolo. Tampoco, aquí, vale hacer como si… pero, en verdad, no sentirlo. Dios también sabe.
JESÚS, todos los consejos espirituales que dabas lo eran para tener una vida lo más cercana posible a Dios. Y sabiendo que ve, que ves, en lo secreto, nada mejor que no ocultar la verdad de las cosas aunque, muchas veces, nosotros no hacemos lo que nos corresponde.
Eleuterio Fernández Guzmán
14 de junio de 2011
Amor sobre todas las cosas
Mt 5,43-48
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial’”.
COMENTARIO
La Ley de Dios no era, como otras veces puede leerse, como se había llegado a hacer ver que era. Muy al contrario era la voluntad de Dios que se manifestaba a favor del Amor y de la Misericordia.
Jesús sigue diciendo lo que debe ser y no lo que es. Amar es, como se sabe, el primer precepto de la Ley de Dios. Sin él nada se entiende ni, sobre todo, es posible conseguir. Fuera del amor no hay filiación divina.
Amar al prójimo. Eso es lo que, de verdad, quiere Jesús para nosotros. Pero, sobre todo, amar a quien te hace daño es lo importante porque amar a quien te quiera, ciertamente, tiene poco mérito. Tal amor extremo es lo que Dios quiere y es lo que predica Jesús.
JESÚS, el amor es lo que siempre manifestaste en tus relaciones con el prójimo. Perdonaste, incluso, a los que te mataban y por ellos pedías a tu Padre. Nosotros, sin embargo, en muchas ocasiones, no somos capaces de hacer lo que, en cambio, defendemos.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial’”.
COMENTARIO
La Ley de Dios no era, como otras veces puede leerse, como se había llegado a hacer ver que era. Muy al contrario era la voluntad de Dios que se manifestaba a favor del Amor y de la Misericordia.
Jesús sigue diciendo lo que debe ser y no lo que es. Amar es, como se sabe, el primer precepto de la Ley de Dios. Sin él nada se entiende ni, sobre todo, es posible conseguir. Fuera del amor no hay filiación divina.
Amar al prójimo. Eso es lo que, de verdad, quiere Jesús para nosotros. Pero, sobre todo, amar a quien te hace daño es lo importante porque amar a quien te quiera, ciertamente, tiene poco mérito. Tal amor extremo es lo que Dios quiere y es lo que predica Jesús.
JESÚS, el amor es lo que siempre manifestaste en tus relaciones con el prójimo. Perdonaste, incluso, a los que te mataban y por ellos pedías a tu Padre. Nosotros, sin embargo, en muchas ocasiones, no somos capaces de hacer lo que, en cambio, defendemos.
Eleuterio Fernández Guzmán
13 de junio de 2011
La Ley de Dios cumplida por Cristo
Mt 5,38-42
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda”.
COMENTARIO
La ley de Dios no suele coincidir, en muchos aspectos, con la que lo es humana. Es más, muchas veces tiene un sentido y una realidad muy, pero que muy distinta.
Jesús, Él mismo lo dijo, había venido a dar cumplimiento a la Ley de Dios. Eso sería porque en realidad no se cumplía. Y así en muchas ocasiones tiene que rectificar el sentido de lo que Dios quiere que se haga.
Saber perdonar, para un discípulo de Cristo, es algo que resulta del todo fundamental porque supone comprender el Amor de Dios; saber manifestar capacidad de comprensión hacia el prójimo no deja de ser ejemplo de que se tiene como importante la caridad para uno mismo y para con los demás.
JESÚS, por mucho que pudiera dolerle a los que te escuchaban, la Ley de Dios tenía que ser cumplida. Por eso les tienes, nos tienes, que decir que lo que hacemos aunque pudiera parecer de acuerdo con la voluntad de Dios está, las más de las veces, contra ella.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda”.
COMENTARIO
La ley de Dios no suele coincidir, en muchos aspectos, con la que lo es humana. Es más, muchas veces tiene un sentido y una realidad muy, pero que muy distinta.
Jesús, Él mismo lo dijo, había venido a dar cumplimiento a la Ley de Dios. Eso sería porque en realidad no se cumplía. Y así en muchas ocasiones tiene que rectificar el sentido de lo que Dios quiere que se haga.
Saber perdonar, para un discípulo de Cristo, es algo que resulta del todo fundamental porque supone comprender el Amor de Dios; saber manifestar capacidad de comprensión hacia el prójimo no deja de ser ejemplo de que se tiene como importante la caridad para uno mismo y para con los demás.
JESÚS, por mucho que pudiera dolerle a los que te escuchaban, la Ley de Dios tenía que ser cumplida. Por eso les tienes, nos tienes, que decir que lo que hacemos aunque pudiera parecer de acuerdo con la voluntad de Dios está, las más de las veces, contra ella.
Eleuterio Fernández Guzmán
12 de junio de 2011
Pentecostés
Jn 20,19-23
“Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros’. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: ‘La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío’. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos’.
COMENTARIO
Los discípulos más cercanos a Cristo tenían miedo. Habían visto lo que le habían hecho al Maestro y su reacción fue, humanamente, de esperar. Estaban escondidos pero Jesús, no por eso, los iba a dejar solos.
Cuando Jesús llega a ellos los saluda no con desprecio por el abandono en el que lo habían dejado sino, al contrario, con Amor y Misericordia. La paz les da para que la paz de Dios estuviera con ellos.
La efusión del Espíritu Santo sobre los presentes supuso un primer envío. Jesucristo los enviaba al mundo para transmitir la Buena Noticia y, con eso, para perdonar los pecados o retener los pecados. Como hicieran así quedará para siempre.
JESÚS, Tu misión continuaba y en los discípulos tenías, además de unos amigos a unas personas que tenían que continuar con tu labor de transmisión de la Palabra de Dios. El Espíritu Santo los acompañaría para siempre y, en sus tribulaciones, podrían acogerse a Él. Nosotros también deberíamos escuchar sus mociones.
Eleuterio Fernández Guzmán
“Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros’. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: ‘La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío’. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos’.
COMENTARIO
Los discípulos más cercanos a Cristo tenían miedo. Habían visto lo que le habían hecho al Maestro y su reacción fue, humanamente, de esperar. Estaban escondidos pero Jesús, no por eso, los iba a dejar solos.
Cuando Jesús llega a ellos los saluda no con desprecio por el abandono en el que lo habían dejado sino, al contrario, con Amor y Misericordia. La paz les da para que la paz de Dios estuviera con ellos.
La efusión del Espíritu Santo sobre los presentes supuso un primer envío. Jesucristo los enviaba al mundo para transmitir la Buena Noticia y, con eso, para perdonar los pecados o retener los pecados. Como hicieran así quedará para siempre.
JESÚS, Tu misión continuaba y en los discípulos tenías, además de unos amigos a unas personas que tenían que continuar con tu labor de transmisión de la Palabra de Dios. El Espíritu Santo los acompañaría para siempre y, en sus tribulaciones, podrían acogerse a Él. Nosotros también deberíamos escuchar sus mociones.
Eleuterio Fernández Guzmán
11 de junio de 2011
Todo lo que Jesús hizo
Jn 21,20-25
“En aquel tiempo, volviéndose Pedro vio que le seguía aquel discípulo a quién Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: ‘Señor, ¿quién es el que te va a entregar?’. Viéndole Pedro, dice a Jesús: ‘Señor, y éste, ¿qué?’. Jesús le respondió: ‘Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme’. Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: ‘No morirá’, sino: ‘Si quiero que se quede hasta que yo venga’.
Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran.
COMENTARIO
Juan fue testigo privilegiado de muchas de las cosas que le pasó a Jesucristo. Llamado el discípulo amado por el especial amor que le tenía el Hijo de Dios, fue el que le preguntó quién iba a traicionar al Maestro.
Jesús insiste a Pedro para que le siga y que, en realidad, no se preocupe del amor que pueda tener el Hijo de Dios por otras personas. Importa, más bien, el amor que el propio Cefas pueda tener por aquellos que le rodean.
Jesús, diciendo aquello a Pedro, estaba insistiendo en que estaría con ellos siempre y que nos los iba a abandonar. Así, los apóstoles darán continuación a la doctrina de Cristo y llevarán, por el mundo, lo bueno y benéfico que hizo el Maestro.
JESÚS, tú quieres que todos nos salvemos. Por eso, insistes en que todos pueden permanecer contigo siempre que ellos quieran estar con el Hijo de Dios. Nosotros, sin embargo, somos muchas veces como Pedro y no comprendemos que tu Amor y tu misericordia no tienen límites.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, volviéndose Pedro vio que le seguía aquel discípulo a quién Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: ‘Señor, ¿quién es el que te va a entregar?’. Viéndole Pedro, dice a Jesús: ‘Señor, y éste, ¿qué?’. Jesús le respondió: ‘Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme’. Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: ‘No morirá’, sino: ‘Si quiero que se quede hasta que yo venga’.
Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran.
COMENTARIO
Juan fue testigo privilegiado de muchas de las cosas que le pasó a Jesucristo. Llamado el discípulo amado por el especial amor que le tenía el Hijo de Dios, fue el que le preguntó quién iba a traicionar al Maestro.
Jesús insiste a Pedro para que le siga y que, en realidad, no se preocupe del amor que pueda tener el Hijo de Dios por otras personas. Importa, más bien, el amor que el propio Cefas pueda tener por aquellos que le rodean.
Jesús, diciendo aquello a Pedro, estaba insistiendo en que estaría con ellos siempre y que nos los iba a abandonar. Así, los apóstoles darán continuación a la doctrina de Cristo y llevarán, por el mundo, lo bueno y benéfico que hizo el Maestro.
JESÚS, tú quieres que todos nos salvemos. Por eso, insistes en que todos pueden permanecer contigo siempre que ellos quieran estar con el Hijo de Dios. Nosotros, sin embargo, somos muchas veces como Pedro y no comprendemos que tu Amor y tu misericordia no tienen límites.
Eleuterio Fernández Guzmán
10 de junio de 2011
Seguir a Cristo
Viernes, 10 de junio de 2011
Jn 21,15-19
“Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos y comiendo con ellos, dice Jesús a Simón Pedro: ‘Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?’ Le dice él: ‘Sí, Señor, tú sabes que te quiero’. Le dice Jesús: ‘Apacienta mis corderos’. Vuelve a decirle por segunda vez: ‘Simón de Juan, ¿me amas?’. Le dice él: ‘Sí, Señor, tú sabes que te quiero’. Le dice Jesús: ‘Apacienta mis ovejas’.
Le dice por tercera vez: ‘Simón de Juan, ¿me quieres?’. Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: ‘¿Me quieres?’ y le dijo: ‘Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero’. Le dice Jesús: ‘Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas a donde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras». Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: ‘Sígueme’”.
COMENTARIO
Jesús tenía que restablecer, en el corazón de Pedro, la tranquilidad que había perdido con las negaciones. Seguramente cuando Cristo pasó ante el negador, aquel se sintió muy mal porque sabía que lo había traicionado.
El Hijo de Dios le pregunta tres veces, las mismas que lo negó, si lo quería. La respuesta sólo podía ser la que fue y, al final, la insistencia de Cristo, produjo una lógica tristeza en el primer Papa de la Iglesia fundada por Jesús.
Jesús, al igual que a otras personas, también dice a Pedro “Sígueme” porque sabía que había elegido bien a aquel que luego le traicionaría. Y Pedro lo siguió hasta dar su vida, como bien dijo el Maestro, por el Enviado de Dios.
JESÚS, entregaste a Pedro las llaves de tu Iglesia. Por eso tenías que hacerle aquellas preguntas que sanaron su corazón triste. A nosotros también nos conviene que nos las hagas pero no tres sino muchas más veces para que respondamos que sí, que te queremos para siempre.
Eleuterio Fernández Guzmán
Jn 21,15-19
“Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos y comiendo con ellos, dice Jesús a Simón Pedro: ‘Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?’ Le dice él: ‘Sí, Señor, tú sabes que te quiero’. Le dice Jesús: ‘Apacienta mis corderos’. Vuelve a decirle por segunda vez: ‘Simón de Juan, ¿me amas?’. Le dice él: ‘Sí, Señor, tú sabes que te quiero’. Le dice Jesús: ‘Apacienta mis ovejas’.
Le dice por tercera vez: ‘Simón de Juan, ¿me quieres?’. Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: ‘¿Me quieres?’ y le dijo: ‘Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero’. Le dice Jesús: ‘Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas a donde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras». Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: ‘Sígueme’”.
COMENTARIO
Jesús tenía que restablecer, en el corazón de Pedro, la tranquilidad que había perdido con las negaciones. Seguramente cuando Cristo pasó ante el negador, aquel se sintió muy mal porque sabía que lo había traicionado.
El Hijo de Dios le pregunta tres veces, las mismas que lo negó, si lo quería. La respuesta sólo podía ser la que fue y, al final, la insistencia de Cristo, produjo una lógica tristeza en el primer Papa de la Iglesia fundada por Jesús.
Jesús, al igual que a otras personas, también dice a Pedro “Sígueme” porque sabía que había elegido bien a aquel que luego le traicionaría. Y Pedro lo siguió hasta dar su vida, como bien dijo el Maestro, por el Enviado de Dios.
JESÚS, entregaste a Pedro las llaves de tu Iglesia. Por eso tenías que hacerle aquellas preguntas que sanaron su corazón triste. A nosotros también nos conviene que nos las hagas pero no tres sino muchas más veces para que respondamos que sí, que te queremos para siempre.
Eleuterio Fernández Guzmán
9 de junio de 2011
Ser uno con Cristo
Jn 17,20-26
“En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.
‘Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos’”.
COMENTARIO
Jesús pide al Padre por los que le había entregado. Sabe que tendrán que pasar por duras pruebas y al igual que Él se siente consolado por Dios también quiere tal consuelo para sus discípulos.
El Hijo de Dios espera que sus discípulos y aquellos que, a lo largo de los siglos, lo serán, sean uno con Él y con Dios. Aceptar la Ley de Dios es una forma de empezar a ser uno con el Padre.
Jesús, que en otra ocasión promete estar con nosotros siempre, hasta el fin del mundo, dice que seguirá dando a conocer el Nombre de Dios. Por eso el Emmanuel nunca nos dejará solos ante la tribulación.
JESÚS, quieres que seamos uno contigo y con el Padre. Por eso ruega por nosotros para que no olvidemos la misión que habías venido a cumplir. Ser uno con Dios y contigo ha de ser aceptar la voluntad de tu Padre y Padre nuestro, ser misericordiosos y cumplir los preceptos de Su Ley.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.
‘Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos’”.
COMENTARIO
Jesús pide al Padre por los que le había entregado. Sabe que tendrán que pasar por duras pruebas y al igual que Él se siente consolado por Dios también quiere tal consuelo para sus discípulos.
El Hijo de Dios espera que sus discípulos y aquellos que, a lo largo de los siglos, lo serán, sean uno con Él y con Dios. Aceptar la Ley de Dios es una forma de empezar a ser uno con el Padre.
Jesús, que en otra ocasión promete estar con nosotros siempre, hasta el fin del mundo, dice que seguirá dando a conocer el Nombre de Dios. Por eso el Emmanuel nunca nos dejará solos ante la tribulación.
JESÚS, quieres que seamos uno contigo y con el Padre. Por eso ruega por nosotros para que no olvidemos la misión que habías venido a cumplir. Ser uno con Dios y contigo ha de ser aceptar la voluntad de tu Padre y Padre nuestro, ser misericordiosos y cumplir los preceptos de Su Ley.
Eleuterio Fernández Guzmán
8 de junio de 2011
No ser del mundo
Jn 17,11b-19
“En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura.
‘Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad”.
COMENTARIO
Jesús se dirige al Padre porque sabe que va a volver a Él. El Hijo de Dios vino para cumplir la misión que le había sido encomendada: salvar a la humanidad de la perdición. Tales personas le fueron dadas por Dios.
Jesús sabe que el mundo odia y odiará a sus discípulos porque la doctrina del Único Santo no es del gusto del mundo y sus mundanidades. Por eso muchas veces les previene ante lo que tendrán que sufrir y de aquí que la Palabra de Dios les servirá de refugio en la tribulación.
Jesús envía a aquellos que han querido seguirlo. Serán los que transmitirán, a lo largo de los siglos, la Buena Noticia de que el Reino de Dios ha sido implantado y, sobre todo, que la salvación ha sido ganada al precio de la sangre de Cristo.
JESÚS, cuando te diriges al Padre-Dios-Creador lo haces a sabiendas de que te escucha y, por eso, le abres tu corazón que es tierno y de carne y no duro. Preservaste del mundo a los que Dios quiso que preservaras para que, libres de las ataduras del Maligno, se entregarán a la transmisión de tu Doctrina. Y así hasta hoy mismo y, luego, hasta siempre.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura.
‘Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad”.
COMENTARIO
Jesús se dirige al Padre porque sabe que va a volver a Él. El Hijo de Dios vino para cumplir la misión que le había sido encomendada: salvar a la humanidad de la perdición. Tales personas le fueron dadas por Dios.
Jesús sabe que el mundo odia y odiará a sus discípulos porque la doctrina del Único Santo no es del gusto del mundo y sus mundanidades. Por eso muchas veces les previene ante lo que tendrán que sufrir y de aquí que la Palabra de Dios les servirá de refugio en la tribulación.
Jesús envía a aquellos que han querido seguirlo. Serán los que transmitirán, a lo largo de los siglos, la Buena Noticia de que el Reino de Dios ha sido implantado y, sobre todo, que la salvación ha sido ganada al precio de la sangre de Cristo.
JESÚS, cuando te diriges al Padre-Dios-Creador lo haces a sabiendas de que te escucha y, por eso, le abres tu corazón que es tierno y de carne y no duro. Preservaste del mundo a los que Dios quiso que preservaras para que, libres de las ataduras del Maligno, se entregarán a la transmisión de tu Doctrina. Y así hasta hoy mismo y, luego, hasta siempre.
Eleuterio Fernández Guzmán
7 de junio de 2011
Somos de Dios
Jn 17,1-11a
"En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar.
‘Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado.
‘Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti”.
COMENTARIO
Jesús lo dice con toda claridad: la vida eterna es creer en Dios. Por lo tanto, conocer a Dios y aceptarlo como Padre es la manera, modo y forma más segura de saberse, ya, en su Reino.
Jesús entregó, a sus discípulos y, con ellos, a nosotros mismos, el pensamiento de Dios, su Palabra y su doctrina. Por eso creer en Dios ha de significar tener en cuenta su Ley.
Somos de Dios. Y por ser hijos suyos, no nos cabe otra que hacer su voluntad. No se trata de nada extraño ni que eso suponga someternos a Alguien sino, en todo caso, demostración de una filiación divina digna de ser llamada de tal forma.
JESÚS, quisiste que aquellos que te seguían comprendiesen que eras Dios hecho hombre y que te habían sido entregados todos los hombres para que los salvaras. Algunos hicieron caso a tus palabras pero otros no. A veces nosotros mismos miramos para otro lado porque no nos conviene lo que nos dices.
Eleuterio Fernández Guzmán
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