25 de febrero de 2015

No es necesaria más señal que Cristo



Miércoles I de Cuaresma

Lc 11,29-32

En aquel tiempo, habiéndose reunido la gente, Jesús comenzó a decir: ‘Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás’”.

COMENTARIO

La historia del pueblo judío estaba llena de ejemplos  a seguir y, sobre todo, a tener en cuenta. El caso es que aquellos que vivieron en tiempos de Jesús le pedían una señal. Propio de aquellos que no creen más que en lo que era su actuar.

Jesús sabe, sin embargo, que la fe es otra cosa. No necesita de pruebas que demuestren la verdad de lo que se cree. Y aquellos que le escuchaban esperaban de Él algún tipo de prodigio que les demostrara que era el Mesías. Pero Él sabía que aquellos no merecían tal cosa.

Jesús compara los tiempos de Jonás y los suyos. En aquel tiempo los ninivitas creyeron en el mensaje que Dios les transmitía a través de aquel santo profeta. Pero aquellos que viven con Jesús no parecen que acaben de comprender que sus tiempos son, ahora, los últimos.


JESÚS, ayúdanos a tener fe en Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán


24 de febrero de 2015

Padre Nuestro

Martes I de Cuaresma

Mt 6,7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. 

‘Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas
’”.


COMENTARIO

Jesús tenía mucho en cuenta la oración. Él mismo se dirigía al Padre en muchas ocasiones y era muy importante que sus discípulos supieran, en concreto, cómo orar a Dios.

Había la creencia, como nos dice Jesús, de hacer oración de una forma muy inadecuada. Dios sabe todo lo que necesitamos y, aunque eso no quiera decir que no le debamos pedir nada no es importante hacerlo, como aquí se nos dice, con demasiada palabras.

Jesús, entonces, les enseña la oración señera del discipulado del Hijo de Dios: Padre Nuestro… Y es crucial, entre sus peticiones, aquella que se refiere al perdón… ¡Tantas veces no somos capaces de perdonar!


JESÚS, ayúdanos a orar a Dios como Dios quiere que oremos.


Eleuterio Fernández Guzmán

23 de febrero de 2015

Es mejor ser ovejas del redil de Cristo



Lunes I de Cuaresma

Mt 25,31-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de Él todas las naciones, y Él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme’. Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’. Y el Rey les dirá: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’. 

‘Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis’. Entonces dirán también éstos: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?’. Y él entonces les responderá: ‘En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo’. E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna’”.


COMENTARIO

Sabemos que Jesús, el Hijo de Dios, ha de venir de nuevo para juzgar a vivos y a muertos. Eso ha de querer decir que muchos aún no habrán muerto y que otros, ya muertos, esperarán en Juicio Final. Y entonces…

Muchas actitudes han de ser juzgadas entonces. Muchos, a lo largo de su existencia terrena habrán hecho méritos suficientes como para ir al Cielo y tener la visión beatífica y la bienaventuranza. Pero otros, sin embargo, no habrán alcanzado el nivel suficiente de blancura del alma como para ser recibidos por Dios en su definitivo Reino.

Pero ¿qué hemos de hacer? Jesús nos lo dice con toda claridad: en el prójimo está Él mismo y, por eso, debemos hacer lo que haríamos como Él si nos pidiera lo que necesita. Seguramente haríamos lo que nos pidiese. Sin embargo, con nuestros hermanos los hombres…


JESÚS, ayúdanos a llevar una vida digna de ser llamada la de un discípulo tuyo.



Eleuterio Fernández Guzmán

22 de febrero de 2015

Confesar la fe



Mc 1, 12-15.

A continuación, el Espíritu le empuja al desierto, y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los  ángeles le servían. Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: ‘El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva.’”

COMENTARIO

Vence Cristo a Satanás

Cuando Jesús fue llevado por el Espíritu Santo Dios al desierto sabía a lo que se enfrentaba. Allí el Maligno, Satanás, iba a tentarlo para tratar de llevar al terreno del Mal. Pero, como sabemos, salió vencedor acudiendo a Dios y a su santa Palabra.

Juan el Bautista cumple con su misión

El primo de Jesús, el hijo de Zacarías e Isabel, llamado Juan y, por misión, anunciador y Precursor del Mesías, había cumplido con la voluntad de Dios como profeta y, eso mismo, le lleva a prisión y, luego, a una injusta muerte. Eso significaba que había llegado el tiempo final.

Cristo anuncia el Reino de Dios

Lo que tenía que hacer y decir Jesús lo llevaba bien escrito en su corazón de Dios hecho hombre. Debía, sobre todo, decir que había llegado el tiempo tan esperado por el pueblo judío: el Reino de Dios no es que estuviera cerca sino que, con Él, ya había llegado.

JESÚS, ayúdanos a creer en Ti, a buscarte a Ti, a encontrarte a Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

21 de febrero de 2015

Seguir, sin dudar, a Cristo


Sábado después de Ceniza


Lc 5,27-32

En aquel tiempo, Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: ‘Sígueme’. El, dejándolo todo, se levantó y le siguió. Leví le ofreció en su casa un gran banquete. Había un gran número de publicanos, y de otros que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y sus escribas murmuraban diciendo a los discípulos: ‘¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?’. Les respondió Jesús: ‘No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores’”.


COMENTARIO

Escuchar a Cristo

A lo largo de la historia de la humanidad creada por Dios el Creador ha llamado al hombre a seguir hasta su definitivo Reino. Al final de los tiempos lo ha hizo a través de su Único Hijo y llamó la atención acerca de escucharlo y seguirlo.


Seguir a Cristo

Entre los dones que nos entregó Dios se encuentra el de la libertad. Por eso cuando Jesús le dijo a Mateo que le siguiera podría no haber hecho caso. Era publicano y, seguramente, llevaba una buena vida. Pero lo dejo todo, todo, por seguir al Maestro sin, siquiera conocerlo.


Necesitar salvación

El caso es que Jesús vino al mundo a hacer lo que Dios le había indicado. Tenía relación con la salvación de la humanidad. Todos, sin embargo, no necesitaban salvación por llevar una vida verdaderamente justa y de hijos de Dios. Sin embargo, otros muchos sí la necesitaban, sí la necesitamos.



JESÚS, sálvanos y llévanos con el Padre.

Eleuterio Fernández Guzmán

20 de febrero de 2015

Entender la Palabra de Dios

Viernes después de Ceniza


Mt  9,14-15

En aquel tiempo, se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: ‘¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?’. Jesús les dijo: ‘Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán’”.


COMENTARIO

La Ley de Dios o, lo que es lo mismo, los Diez Mandamientos que el Creador entregó a Moisés, podían interpretarse de una u otra forma. Es decir, ellos mismos son lo que son pero concretarlos, al parecer del pueblo judío, era otra cosa.

Algunos interpretaban las cosas de una forma algo tergiversada. No habían llegado a entender lo que quiso decir Dios cuando dejó dicho lo que dijo. Y ellos, por su parte, querían tomar sus propias normas a rajatabla de las mismas. Y el ayuno era una muy grave para aquel pueblo.

Jesús, sin embargo, que prefiere la misericordia a los sacrificios entiende de otra forma la Palabra de Dios. Por eso les profetiza acerca su futuro (Él es el novio de la Esposa la Iglesia) y, cuando falte… entonces habrá que ayunar. Y eso, sin duda, hacemos.

JESÚS, ayúdanos a comprender la Palabra de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

19 de febrero de 2015

Negarse a sí mismo



Jueves después de Ceniza


Lc 9,22-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día’. Decía a todos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?’”.


COMENTARIO

Como se ha podido comprobar a lo largo de la historia, seguir a Jesús no es nada fácil. No lo es si el seguimiento es verdadero y es cierto y no está llevado por aquello que suponga no hacer lo que se tiene que hacer. Por eso Jesús dice, en este texto evangélico, lo que dice.

Lo que anuncia es terrible: ha de morir de una forma terrible traicionado por los suyos y a manos de los suyos. Pero hay esperanza: resucitará al tercer día y eso será el máximo gozo de los suyos.

Sin embargo, en estas palabras de Jesús encontramos el quid de la cuestión de nuestra fe: debemos seguir a Jesús con nuestra cruz. Así salvaremos nuestra vida… eterna. Lo demás no tiene importancia alguna.


JESÚS, ayúdanos a cargar con nuestra cruz.


Eleuterio Fernández Guzmán

18 de febrero de 2015

Dios ve en lo secreto de nuestro corazón

Miércoles de Ceniza
Mt 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
‘Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará’”.

COMENTARIO

Dar limosna

Hacer lo posible para que se sepa que se ha socorrido a un necesitado no es buena cosa de cara a Dios. El Creador no gusta de todo lo que sea soberbia o actuación similar y, por eso mismo, no hay que ir trompeteando cuando se hace el bien. Es obligación de cada hijo de Dios hacer y actuar así.

Orar

¿Hay algo más íntimo que la oración? Con ella nos dirigimos al Padre Creador y con ella manifestamos lo que queremos al respecto del Todopoderoso (¡Alabado sea por siempre!). Por eso tampoco es conveniente ir proclamando que oramos. Basta con que lo sepa Dios.

Ayunar

Ofrecer un sacrificio personal por un bien superior es algo que Dios tiene en cuenta en beneficio espiritual de quien así actúa. El Padre ve en lo secreto de nuestro corazón. Con esto nos debería bastar.


JESÚS, ayúdanos a actuar como es la santa voluntad de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

17 de febrero de 2015

Nuestra cerrazón de corazón



Martes VI del tiempo ordinario



Mc 8,14-21

En aquel tiempo, los discípulos se habían olvidado de tomar panes, y no llevaban consigo en la barca más que un pan. Jesús les hacía esta advertencia: ‘Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes’. Ellos hablaban entre sí que no tenían panes. Dándose cuenta, les dice: ‘¿Por qué estáis hablando de que no tenéis panes? ¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Es que tenéis la mente embotada? ¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís? ¿No os acordáis de cuando partí los cinco panes para los cinco mil? ¿Cuántos canastos llenos de trozos recogisteis?’. ‘Doce’, le dicen. ‘Y cuando partí los siete entre los cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de trozos recogisteis?’ Le dicen: ‘Siete’. Y continuó: ‘¿Aún no entendéis?


COMENTARIO

Jesús sabía que no era entendido. Incluso aquellos que le seguían más de cerca no tenían muy claro qué es lo que quería decir con aquello que decía. Sin embargo, no por eso dejaba de enseñar.

El caso de los panes y de los peces era un claro símbolo de lo que quería Jesús para los que quisieran ser sus discípulos. Alimentar a los necesitados era una forma de decir que Él había traído el Reino de Dios a la Tierra pero que eso era algo más.

Aquellos que le seguían más de cerca eran duros de corazón. No acababan de entender que la Palabra de Dios salía de la boca de Jesucristo. Por eso Jesús les dice que, a pesar de lo que han visto (¡ellos que lo han visto todo!) no entra su corazón lo que ha de entrar.


JESÚS, ayúdanos a entender; ayúdanos a entenderte.


Eleuterio Fernández Guzmán

16 de febrero de 2015

Es necesario creer sin ver

Lunes VI del tiempo ordinario



Mc 8,11-13

En aquel tiempo, salieron los fariseos y comenzaron a discutir con Jesús, pidiéndole una señal del cielo, con el fin de ponerle a prueba. Dando un profundo gemido desde lo íntimo de su ser, dice: ‘¿Por qué esta generación pide una señal? Yo os aseguro: no se dará a esta generación ninguna señal’. Y, dejándolos, se embarcó de nuevo, y se fue a la orilla opuesta”.

COMENTARIO

Como bien había profetizado el anciano Simeón Jesús iba a ser punto de discordia entre muchas personas. No es que Él actuara para serlo sino que, por las circunstancias de su predicación, muchos iban a ponerse en su contra y otros, claro, a favor.

Para muchos del pueblo elegido era necesario que lo que se decía se acompañara de una prueba. Sólo entendían por válido lo que estaba respaldado con algo palpable. Y eso le piden a Jesús en esta ocasión y en muchas otras.

Pero Jesús sabe que la fe tiene mucho que ver con creer sin ver. Por eso, aunque no extrañándose de lo que aquellos le proponen porque conoce sus corazones, sabe que no puede hacer nada que afiance la poca fe que tienen. Nada, pues, les dará como señal.


JESÚS, no necesitamos más que tu Palabra y tu santo proceder. Ayúdanos a creer sin ver.



Eleuterio Fernández Guzmán

15 de febrero de 2015

Lo curó por su fe






Mc 1, 40-45


Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: ‘Si quieres, puedes limpiarme.’ Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: ‘Quiero; queda limpio.’ Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: ‘Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio.’ Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús  presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían  a él de todas partes.


COMENTARIO


La fe todo lo puede

El leproso lo debía pasar muy mal. No sólo por su enfermedad sino por ser apartado de la sociedad de forma radical. Por eso confía en que Jesús ha de hacer algo bueno por él. Confía en el Maestro y pro eso le dice que si quiere puede curarlo.

La misión de Cristo

Jesús, que vino a curar del cuerpo y del alma sabe que aquel hombre, que confía en su persona por lo que sabe que es y ha hecho, no puede hacer otra cosa que liberarlo de aquella prisión que era la enfermedad que padecía. Y dice “quiero”. Y quiso.

Lo que no puede callarse

Jesús quiere que se cumpla ley. Debe ir el leproso al templo a ofrecer, por su curación, lo que está establecido. Pero aquel hombre ha superado la vieja ley y pregona la nueva: el Reino de Dios ha llegado y me ha curado.


JESÚS, ayúdanos a tener tanta fe como tenía aquel leproso

Eleuterio Fernández Guzmán


14 de febrero de 2015

Y los sació

Sábado V del tiempo ordinario

Mc 8,1-10

En aquel tiempo, habiendo de nuevo mucha gente con Jesús y no teniendo qué comer, Él llama a sus discípulos y les dice: ‘Siento compasión de esta gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Si los despido en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, y algunos de ellos han venido de lejos’. Sus discípulos le respondieron: ‘¿Cómo podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?’. Él les preguntaba: ‘¿Cuántos panes tenéis?’. Ellos le respondieron: ‘Siete’. 

Entonces Él mandó a la gente acomodarse sobre la tierra y, tomando los siete panes y dando gracias, los partió e iba dándolos a sus discípulos para que los sirvieran, y ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos pocos pececillos. Y, pronunciando la bendición sobre ellos, mandó que también los sirvieran. Comieron y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes siete espuertas. Fueron unos cuatro mil; y Jesús los despidió. Subió a continuación a la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta
”.


COMENTARIO

No es la primera vez que pasa esto. En realidad, lo que nos dice este texto del evangelio de san Marcos es que Jesús, en el cumplimiento de su misión, era seguido por muchas personas. Seguramente eran los más necesitados de la sociedad aunque también es de creer que muchos considerados de alta sociedad también estaban con Él.

Pero ahora se repite aquello de los panes y los peces. Imaginamos que en otras ocasiones Jesús se encontraría con muchas personas que iban tras su persona. No tenían que comer y Jesús multiplica unos panes  y unos peces y todos se sacian: de amor de Dios y también de comida; se sacian de todo aquello que es necesario para la vida del creyente.

Bien podemos decir que Jesús no se dormía en los laureles. Y es que siempre vemos que pasa lo mismo: ante algo que, en sí mismo, es extraordinario, no se queda allí, siquiera, para disfrutar de lo hecho. No. Jesús marcha. Y lo hace porque sabe que debe seguir cumpliendo su misión y el mundo necesita saber que ha de convertirse a Dios.


JESÚS, ayúdanos a recibir con gozo tus gracias y favores.

Eleuterio Fernández Guzmán

13 de febrero de 2015

Todo lo hizo bien



Viernes V del tiempo ordinario


Mc 7,31-37

En aquel tiempo, Jesús se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. Él, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: ‘Effatá’, que quiere decir: ‘¡Ábrete!’. 

Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían: ‘Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos’
”.


COMENTARIO

Jesús curaba. En realidad lo podía haber hecho con todo el mundo porque podía y tenía el poder de Dios. Sin embargo, a Jesús le importaba mucho la fe de quien le pedía una curación o, en general, de aquella persona que tuviera mucha necesidad de curación.

Aquel hombre ciego podemos imaginar en la situación en la que se encontraba: apartado de la sociedad y, casi, muerto de hambre. Por eso no es de extrañar que, por mucho que Jesús le dijera que no proclamara lo que le había pasado no dejara, el hombre, de proclamarlo. Al menos ser agradecido era lo menos que podía ser.

Lo que Jesús hacía podía tener dos consecuencias: ser odiado pero, también, ser amado. Había muchos que sabía que todo lo hacía bien porque curar a quien tanta necesidad tenía de ser curado no podía ser cosa de poca importancia y demostraba, además, el poder que con Él estaba: el de Dios.


JESÚS, ayúdanos a tener más que claro que eres Dios hecho hombre.

Eleuterio Fernández Guzmán


12 de febrero de 2015

Lo que hace la fe

Jueves V del tiempo ordinario



Mc 7,24-30

En aquel tiempo, Jesús partiendo de allí, se fue a la región de Tiro, y entrando en una casa quería que nadie lo supiese, pero no logró pasar inadvertido, sino que, en seguida, habiendo oído hablar de Él una mujer, cuya hija estaba poseída de un espíritu inmundo, vino y se postró a sus pies. Esta mujer era pagana, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara de su hija al demonio. Él le decía: ‘Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos’. Pero ella le respondió: ‘Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños’. Él, entonces, le dijo: ‘Por lo que has dicho, vete; el demonio ha salido de tu hija. Volvió a su casa y encontró que la niña estaba echada en la cama y ‘que el demonio se había ido”.


COMENTARIO

No podemos dejar de reconocer que Jesús estaría bastante agobiado por la “persecución” a la que estaba sometido por aquellos que necesitaban de su Verbo y de su acción. No nos extraña, por tano, que no pasar inadvertido allá donde fuera. Y, seguramente, era lo que quería.

Muchos lo seguían. Aquella mujer, por ejemplo, sabía que Jesús podía ayudar a su hija. Estaba poseía por un demonio y sólo quien tiene poder sobre los demonios puede dominarlos. Y le pide a Jesús. Lo hace con confianza en el Maestro.

Jesús sabe que, según actúa aquella mujer, quiere mucho a su hija pero, sobre todo, confía en su persona. Sabe que ella cree que salvará a quien está endemoniada. Sólo esperaba lo mínimo, sólo un pequeño “sí” por parte de Jesús. Y eso, precisamente eso, salvó a su hija.


JESÚS, ayúdanos a tener fe, ayúdanos.


Eleuterio Fernández Guzmán

11 de febrero de 2015

Del corazón salen las obras

Miércoles V del tiempo ordinario



Mc 7,14-23

En aquel tiempo, Jesús llamó a la gente y les dijo: ‘Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Quien tenga oídos para oír, que oiga’. 

Y cuando, apartándose de la gente, entró en casa, sus discípulos le preguntaban sobre la parábola. Él les dijo: ‘¿Así que también vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado?’ —así declaraba puros todos los alimentos—. Y decía: ‘Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre’.


COMENTARIO

Aunque Jesús parece que se muestra aquí algo desconcertado es bien cierto que conocía el corazón de aquellos de sus discípulos que había escogido por Apóstoles. Sabía que aún no comprendían todo lo que debían comprender y que también eran tardos en el entendimiento de su predicación.

Aquello que Jesús está predicando es esencial para el pueblo judío. El que fuera escogido por Dios para transmitir su Palabra había llegado a la conclusión de que existían muchos alimentos, muchas realidades externas al ser humano que podían contaminar su fe.

Sin embargo, Jesús sabe perfectamente de dónde sale aquello que el hombre hace: del corazón. Por eso no ha de importar tanto lo que venga del mundo sino lo que el ser humano pueda hacer con eso que viene del mundo. Y es que, en realidad, es del corazón de donde el hombre actúa.



JESÚS, ayúdanos a tener un corazón limpio, manso, jovial y puro.


Eleuterio Fernández Guzmán

La razón de la fe y la fe en la razón

Pablo Cabellos Llorente







No es difícil escuchar o leer planteamientos que oponen fe y razón o fe y ciencia, entendiendo por tal el acervo adquirido experimentalmente. Los ejemplos son múltiples: bastaría recordar las palabras del Papa sacadas de contexto (el famoso puñetazo que daría a quien ofendiera a su madre) para hacerlo aparecer poco menos que partidario del terrorismo islámico contra la revista francesa. El agradecimiento ha consistido en decir que vomitan sobre los que se han solidarizado con Charlie: el Papa, Putin, Isabel II, etc. No es importante, pero se maltrata. Podríamos pensar en la firmeza con que algunos creen que Galileo Galilei fue condenado a muerte, cuando murió bien aposentado.

De más calado podría ser la presunta incompatibilidad entre creación y evolución. Bastaría leer un pequeño libro de Ratzinger (“Creación y pecado”) para observar que no existe tal discrepancia. Es más, a mí me resulta más acorde con el poder de Dios el big-bang que pensar en una minuciosa génesis. Al fin y al cabo, lo que la fe pide está resumido en el prólogo al Evangelio de san Juan: en el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en principio junto a Dios. Todo se hizo por él, y sin él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho. Un explosión con una ley, no ciega. Y su particular intervención en dar espíritu al ser humano.

En 1951 predicaba el fundador del Opus Dei: “Con periódica monotonía, algunos tratan de resucitar una supuesta incompatibilidad entre fe y ciencia, entre la inteligencia humana y la Revelación divina. Esa incompatibilidad sólo puede aparecer, y aparentemente, cuando no se entienden los términos reales del problema”. Sólo aparentemente porque, de una parte, el cristiano debe poseer hambre de conocer en cualquiera de los aspectos del saber humano y ha de entender muy bien que no hay oposición alguna entre ningún descubrimiento de la mente del hombre y su fe porque cualquiera de esas verdades proceden de un mismo Ser superior. El cristiano debe ser puntero y amar las ciencias.

 Por otro lado, al ateo le será imposible demostrar la inexistencia de Dios a través de la razón o de las ciencias empíricas. Más aún, esas ciencias pueden situarlo a las puertas de la fe, porque ésta no es un conjunto de paradojas incomprensibles: el misterio –escribió también Ratzinger- no quiere decir destruir la comprensión, sino posibilitar la fe como comprensión.  La fe no entra en contradicción con la comprensión, sino que presenta su auténtico contenido. El conocimiento funcional del mundo -cosa que nos brinda el pensamiento técnico-científico-natural- no aporta ninguna comprensión del mundo y del ser porque no investiga la verdad sino la función que tiene para nosotros. Por eso, una tarea primordial de la fe cristiana es la teología, discurso comprensible, lógico, de Dios y de las realidades de este mundo. La forma con la que el hombre entra en contacto con la verdad del ser no es la forma del saber, sino la del comprender: comprender la inteligencia  a la que uno se ha entregado.

 Porque buscó una comprensión del misterio, el Chesterton agnóstico se puso al pie de la fe por percibir que la apertura al misterio  puede facilitar explicaciones más amplias de la realidad. El misterio abre puertas, no es cerrazón mental, plantea problemas para resolver, dice Tomás Baviera citando al autor inglés, añadiendo con palabras de “Ortodoxia”: todo puede entenderlo el hombre, pero sólo mediante aquello que no puede entender. El lógico desequilibrado se afana por aclararlo todo, y todo lo vuelve confuso, misterioso. El místico, en cambio, consiente en que algo sea misterioso para que todo lo demás resulte explicable. En las “Confesiones”, San Agustín se refiere a las escuelas filosóficas que le habían decepcionado. Afirma de ellas que despreciaban la fe, prometían con temeraria arrogancia la ciencia, “y luego se obligaba a creer una infinidad de fábulas absurdísimas que no podían demostrar”.

Por lo dicho, puede colegirse que la teología necesita de la razón y de los descubrimientos de las ciencias experimentales para explicar la fe. Pero también la razón precisa de la fe para ser mejor valorada, mejor orientada, más abierta a las posibilidades del ser humano.  Juan Pablo II y Benedicto XVI trataron ampliamente las dos cuestiones, dos caras de una moneda. Francisco ha mostrado la estrecha relación entre fe y verdad, la verdad fiable de Dios, su presencia fiel en la historia. "La fe, sin verdad, no salva. La proyección de nuestros deseos de felicidad se quedaría en una bella fábula." Y  debido a la "crisis de verdad en que nos encontramos", es más necesario que nunca subrayar esta conexión, porque la cultura contemporánea tiende a aceptar sólo la verdad tecnológica, lo que el hombre puede construir y medir con la ciencia experimental, lo que “es verdad porque funciona", o las verdades  subjetivas, no válidas para todos. Por el contrario, la fe, que nace del amor de Dios, hace fuertes los lazos entre los hombres y se pone al servicio concreto de la justicia, el derecho, la paz y la razón.


P. Pablo Cabellos Llorente