26 de enero de 2015

Lo que no se perdona



Lunes III del tiempo ordinario

Mc 3,22-30

En aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: ‘Está poseído por Beelzebul’ y ‘por el príncipe de los demonios expulsa los demonios». Entonces Jesús, llamándoles junto a sí, les decía en parábolas: ‘¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir. Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir. Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin. Pero nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte; entonces podrá saquear su casa. Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno’. Es que decían: Está poseído por un espíritu inmundo’”.

COMENTARIO

Podemos pensar que las personas que no querían para nada a Jesús no entendían lo que hacía ni, además, querían entenderlo. Por eso, si expulsaba demonios no tardaban mucho en decir que lo hacía porque era discípulo de Satanás.

Pero Jesús, que es Dios hecho hombre, sabe que las cosas no son así. Pide, para empezar, unión contra Satanás porque el Mal siempre busca sembrar cizaña. Luego, cada uno de los hijos de Dios ha de ser fuerte y enfrentarse a las tentaciones que siempre nos presenta.

Sin embargo, hay algo que no podemos olvidar y que el Hijo de Dios nos recuerda para que lo tengamos siempre presente: ¡cuidado con pecar contra el Espíritu Santo! Tal es así que no se perdona tal blasfemia. Y lo decía por aquellos que decían lo que decían sobre su persona.


JESÚS, ayúdanos a no dudar nunca de tu naturaleza divina.


Eleuterio Fernández Guzmán


25 de enero de 2015

Jesús entiende que ha llegado su hora





Mc 1, 14-20

Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: ‘El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva.’  Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran  pescadores. Jesús les dijo: ‘Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres.’ Al instante, dejando las redes, le siguieron.  Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca  arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.”


COMENTARIO


Jesús sabía que cuando su primo Juan, el Precursor y Bautista, fuera apresado le correspondía a Él continuar con la labor de transmitir que había llegado el Reino de Dios. Y así lo hace porque, en efecto, se había cumplido el tiempo y habían llegado, además, los últimos tiempos.

Jesús debía escoger a los que serían sus apóstoles. Y lo hace entre gente sencilla, entre trabajadores que al ver a Jesús sienten algo en sus corazones que les lleva a dejarlo todo y a seguirlo.

Aquellos hombres, Juan y Santiago, tenían una posición económica no mala. Trabajaban con su padre y, por tanto, debían tener un negocio de pesca próspero. Pero, a pesar de eso y de poder seguir viviendo en aquella situación, dejan a su padre en la barca y lo dejan todo para seguir al Maestro. Cristo los había conquistado.

JESÚS, ayúdanos a ser tener tanta confianza en ti como tuvieron los Zebedeos.


Eleuterio Fernández Guzmán

24 de enero de 2015

Jesús predicaba

Sábado II del tiempo ordinario


Mc 3, 20-21

En aquel tiempo, Jesús volvió a casa y se aglomeró otra vez la muchedumbre de modo que no podían comer. Se enteraron sus parientes y fueron a hacerse cargo de Él, pues decían: ‘Está fuera de sí’.


COMENTARIO

De vez en cuando Jesús volvía al lugar donde había vivido muchos años. Allí todos le conocían como el hijo del carpintero. Seguramente acudía para hacer lo mismo que hacía en todos los lugares: salvar a quien debían ser salvado y anunciar la Buena Noticia.

También es más que seguro que su Madre sabía que allí había llegado porque, no lo dudamos, iría a visitarla antes que a nadie. También al resto de su familia que, por ser judía, la imaginamos compuesta por muchas personas, por muchos parientes.

El texto de este evangelio nos dicen que fueron a buscarlo allí donde se encontraba porque estaba fuera de sí. Seguramente se nos quiere decir que estaba predicando y lo hacía con tal intensidad que no parecía Jesús, aquel que había crecido en Nazaret. Y es que Dios hecho hombre parecería Quien era.


JESÚS, ayúdanos a escuchar lo que tengas que decirnos.


Eleuterio Fernández Guzmán


23 de enero de 2015

Y los eligió a ellos


Viernes II del tiempo ordinario


Mc 3,13-19

“En aquel tiempo, Jesús subió al monte y llamó a los que Él quiso; y vinieron donde Él. Instituyó Doce, para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios. Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre de Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el mismo que le entregó”.


COMENTARIO

A lo largo de las Santas Escrituras vemos subir muchas veces a Jesús al monte. Lo hace, por lo general, para orar y dirigirse al Padre con más intimidad a como lo haría allí donde tanta gente le esperaba. Y ahora lo hacer porque debe cumplir una misión muy importante.

Jesús ha de escoger a los que van a transmitir la Buena Noticia. Además, les concede, por ejemplo, el poder de expulsar demonios. Lo que hace entonces Jesús es asegurarse (conoce sus corazones) que lo que deben hacer lo van a llevar a cabo.

Jesús escoge a Doce. Podía haber escogido a más o a menos pero, seguramente, tenía en cuenta lo que significaba tal número para el pueblo de Israel (las doce tribus). A uno de ellos le cambia el nombre y a dos les pone un apodo que les venía la mar de bien. Y es más, escoge al que sabe le va a traicionar porque cumplir lo que Dios tenía establecido estaba por encima de todo.


JESÚS, ayúdanos a ser fieles apóstoles tuyos.


Eleuterio Fernández Guzmán


22 de enero de 2015

Los malos espíritus reconocen a Cristo

Jueves II del tiempo ordinario


Mc 3,7-12

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a Él. Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: ‘Tú eres el Hijo de Dios’. Pero Él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran”.


COMENTARIO

Muchos seguían a Jesús

Como los más pobres de entre los pobres y los más necesitados de salvación física o espiritual reconocían en Jesús a quien podían hacerles mucho bien no dejaban de seguirlo. Allí donde iba una multitud de personas le seguían.

Cumplía con su misión

Jesús sabía perfectamente que era Dios y que había venido al mundo a cumplir lo que tenía encargado. Por eso siempre ayuda a los que, de verdad, necesitan ayudan porque había venido a salvar los que necesitaban salvación.

Los malos espíritus

La verdad sobre que Jesús era Dios la certifican aquellos malos espíritus que lo reconocían como el Hijo de Dios. En realidad, aquello era como decir que también tenía poder sobre ellos. Y lo tenía.

JESÚS, ayúdanos a reconocerte siempre en nuestra vida.


Eleuterio Fernández Guzmán

21 de enero de 2015

Misericordia

Miércoles II del tiempo ordinario


Mc 3,1-6

En aquel tiempo, entró Jesús de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: ‘Levántate ahí en medio’. Y les dice: ‘¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?’. Pero ellos callaban. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: ‘Extiende la mano’. Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra Él para ver cómo eliminarle”.


COMENTARIO

¡Qué bien describe este texto evangélico la actitud de muchos!: están al acecho. En realidad, querían coger a Jesús en algún renuncio espiritual para ponerlo mal ante las autoridades espirituales. Por eso se encontraban en el momento adecuado.

Jesús sabe que el corazón de los que le persiguen anda algo equivocado. Necesitan aprender algo que, a lo mejor, les puede salvar de la perdición eterna. Y les enseña que hay algo más importante que el sentido que dan al sábado.

Sin duda alguna que se bueno es muy bueno. Y ser bueno significa serlo con quien lo necesita… aunque sea sábado el día que se ha de hacer algo bueno. Y eso pasa entonces porque Jesús cura en tal día al poner delante del sábado la necesidad de aquel hombre paralítico.




JESÚS, ayúdanos a comprender la verdad de los preceptos de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

19 de enero de 2015

El Señor del sábado


Martes II del tiempo ordinario


Mc 2,23-28

Un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas. Decíanle los fariseos: ‘Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?’. Él les dice: ‘¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?’. Y les dijo: ‘El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado’”.

COMENTARIO

Los que perseguían a Jesús no dudaban en buscarle las cosquillas siempre que podían. Y el tema del sábado, de lo que se podía o no se podía hacer, era uno de sus preferidos por considerarlo muy importante.

Los discípulos de Jesús tenían hambre. Iban andando por el campo y no dudaron en coger unas espigas para comer. ¡Par comer! Eso no les pareció bien a algunos bienpensantes de la época porque ponían sobre una tal necesidad lo establecido en las leyes y las normas.

Pero Jesús sabe que es muy importante la misericordia y atender a lo que verdaderamente importa. Por eso les dice, a aquellos que tantas ganas tenían de ponerlo mal, que resulta que las cosas están hechas para el ser humano y no al revés.


JESÚS, ayúdanos a no equivocarnos acerca de lo que verdaderamente importa.

Eleuterio Fernández Guzmán


Tener un nuevo corazón


Lunes II del tiempo ordinario

Mc 2,18-22

Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen a Jesús: ‘¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?’. Jesús les dijo: ‘¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día. 

‘Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos”.

COMENTARIO

Este texto del evangelio de san Marcos nos muestra a un Jesús que quiere enseñar acerca de lo que supone ser discípulo suyo. Y es que había muchos, seguramente de los más poderosos de su tiempo, que no entendían lo que hacía y decía aquel Maestro.

Habrá de venir un tiempo, el de después de la muerte de Jesús, en el que, en efecto, se ayunará recordando al Mesías. Pues no puede lo viejo aceptar lo nuevo sin romperse.

Entonces, en aquel preciso momento, Jesús pone unos ejemplos de la vida ordinaria que muestran a la perfección que deben hacer aquellos que quieren ser sus discípulos. El corazón nuevo, el que ha de recibir la  Ley de Dios no puede sustentarse en ideas viejas (por alejadas de Dios) Conviene, por tanto, cambiar el corazón.



JESÚS, ayúdanos a cambiar el corazón y a tenerlo tierno.


Eleuterio Fernández Guzmán


18 de enero de 2015

Encontrar a Cristo

Jn 1, 35-42



Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: ‘He ahí el Cordero de Dios.’ Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús.

Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: ‘¿Qué buscáis?’ Ellos le respondieron: ‘Rabbí - que quiere decir, “Maestro” - ¿dónde vives?’  Les respondió: ‘Venid y lo veréis.’ Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima.    Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Este se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice: ‘Hemos encontrado al Mesías’ - que quiere decir, Cristo. Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: ‘Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas’ - que quiere decir, “Piedra"’.


COMENTARIO

Juan, al fin, sabía que Jesús era el Mesías. En su bautizo se había cumplido todo lo que se le había dicho. Por eso no duda en llamarlo “Cordero de Dios” porque conoce las Santas Escrituras judías y reconoce, en Él, a tal Cordero.

Algunos de los discípulos del Bautista quieren conoce a Quien su maestro ha señalado como el Mesías. Se quedaron con Él aquel día y, seguramente por eso, lo aceptan como Maestro y Enviado de Dios. Pero aquel día aún habría otra sorpresa.

Andrés le dice a su hermano Pedro que han encontrado al Mesías. Y, sin dudarlo acude a verlo. Y Jesús, al momento, sabe que aquel hombre será importante en el futuro de su Iglesia. Por eso le cambia el nombre y lo señala como la piedra sobre la que todo se edificará.


JESÚS, ayúdanos a darnos cuenta de que, en efecto, eres el Mesías… y lo que eso significa.

Eleuterio Fernández Guzmán


17 de enero de 2015

Ser curados por Cristo


Sábado I del tiempo ordinario
Mc 2,13-17

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a Él, y Él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: ‘Sígueme’. Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían. Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: ‘¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?’. Al oír esto Jesús, les dice: ‘No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores’”.

COMENTARIO

Aunque no hacía mucho tiempo que Jesús llevaba predicando la Buena Noticia lo bien cierto es que su fama de buen Maestro parece que se había extendido. Por eso se nos dice que muchas personas acudían donde Él iba.

Jesús sabe que necesita algunos, de entre sus contemporáneos, que transmitan su santa doctrina. Pero, además, no escoge, digamos, a lo más granado de la espiritualidad judía sino a unos hombres normales y corrientes como Leví, Mateo que era, además, considerado como pecador por ser recaudador de impuestos.

Pero había muchos que no tenían tan acción por buena sino, al contrario, por muy mala. Sin embargo Jesús sabe, y lo dice, que no ha venido a curar a los que no necesitan cura sino a los enfermos. Y eso hace, precisamente, con Mateo y con muchos otros.








JESÚS, cúranos de nuestra ceguera espiritual y acércanos a Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán


16 de enero de 2015

Fe y corazón cerrado


Viernes I del tiempo ordinario



Mc 2,1-12

“Entró de nuevo en Cafarnaum; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y Él les anunciaba la Palabra.

“Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde Él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: ‘Hijo, tus pecados te son perdonados’.


Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: ‘¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?’. Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: ‘¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate, toma tu camilla y anda?’ Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-: ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’’.

Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: ‘Jamás vimos cosa parecida’”.

COMENTARIO

El caso de aquel paralítico que nos trae san Marcos es síntoma de muchas realidades espirituales. Primero que nada la voluntad de ayuda al prójimo de parte de unos amigos que confían en Jesucristo.

En segundo lugar, la voluntad negadora del poder del Dios y la falta de comprensión de parte de aquellos que no conocen de verdad a Jesús y no entiende cómo es posible que aquel hombre pueda perdonar los pecados. El corazón, pues, cerrado a la Verdad.

En tercer lugar, el poder de Dios en Jesucristo. Por eso aquel Maestro que todos miran para ver qué hace, consiente en la curación del paralítico pero, sobre todo (aquello era para los corazones cerrados) consiente en el perdón de sus pecados. El poder de Dios siempre con los verdaderamente necesitados.

JESÚS, ayúdanos a no tener el corazón cerrado a la Verdad.



Eleuterio Fernández Guzmán

15 de enero de 2015

Una fe muy grande



Jueves I del tiempo ordinario





Mc 1,40-45

En aquel tiempo, vino a Jesús un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: ‘Si quieres, puedes limpiarme’. Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: ‘Quiero; queda limpio’. Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: ‘Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio’.
Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a Él de todas partes”.


COMENTARIO


Muchos necesitados sabían que Jesús podía hacer mucho por ellos. Por eso aquel leproso se arrodilla, en señal de adoración, ante Jesús. Quiere quedar limpio de la terrible enfermedad de la lepra que le aparta de la sociedad.
Jesús se compadece de aquel hombre que muestra confianza en su persona. Y es que le dice que si quiere puede curarlo. ¡Si quiere! Es expresión de entender que el Maestro puede, si quiere, hacer mucho por él. Y Jesús lo cura. No puede hacer menos por quien le muestra una tal fe, una tal confianza.
Jesús no quiere que se sepa aun que ha llegado el Mesías. Sabe que no están preparados todavía. Pero aquel hombre, curado de su enfermedad, no puede callar. Nos lo podemos imaginar dando loas y alabanzas a grito pelado por los caminos.

JESÚS, ayúdanos a tener una fe tan grande como la que manifestó aquel leproso.






Eleuterio Fernández Guzmán

14 de enero de 2015

Para eso ha venido Cristo



 Miércoles I del tiempo ordinario

Mc 1,29-39

En aquel tiempo, Jesús, saliendo de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles. 

Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían. 

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: ‘Todos te buscan’. El les dice: ‘Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido’. Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios”
.

COMENTARIO

La misión que tenía encomendada Cristo la estaba cumpliendo a la perfección. Sin dejarse llevar por respetos humanos o el qué dirán de aquellos que mal le querían, caminaba, como muchos reconocieron, haciendo el bien.

Había muchos que no creían en Él. Sin embargo, los humildes, los más pequeños de entre sus contemporáneos confiaban en Aquel que enseñaba de una forma distinta a como lo hacían sus otros maestros. Por eso se le acercaban y buscaban consuelo en su corazón y curación en sus manos y palabras.

Jesús dice, entonces, algo muy importante que viene a demostrar que es el Hijo de Dios. Y dice que ha salido, precisamente, para predicar y enseñar al mundo la Palabra del Padre. Era Él elegido por el Creador y, por eso mismo, continuaba cumpliendo con aquella necesidad de predicación que tenía el mundo, entonces, caído en el abismo.



JESÚS, ayúdanos a seguirte siempre como Quien eres: el Hijo amado de Dios a quien debemos escuchar. 

13 de enero de 2015

La verdadera doctrina de Dios



Martes I del tiempo ordinario


Mc 1,21-28

Llegó Jesús a Cafarnaum y el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: ‘¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios’. Jesús, entonces, le conminó diciendo: ‘Cállate y sal de él’. Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él. 
Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: ‘¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen’. Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea”.

COMENTARIO

Muchos de los que conocían a Jesús desde pequeño y otros que no lo conocían de nada se extrañaban de aquello que decía. Esperaban, seguramente, un tipo de Mesías distinto y no acababan de entender como el hijo del carpintero decía lo que decía.

Jesús, sin embargo, estaba cumpliendo la misión para la que había sido enviado y que consistía, sobre todo, en liberar a los oprimidos. Y aquel caso de posesión diabólica era un ejemplo de opresión que no podía pasar por alto. Y cura al endemoniado.

Decimos que muchos se extrañan de aquello. Sin embargo se dan cuenta de que Quien eso puede hacer y decir no es una persona ordinaria sino que, como ellos mismos afirman, enseña con verdadera autoridad. Por eso su fama se extendió muy rápidamente.


JESÚS, ayúdanos

Eleuterio Fernández Guzmán


12 de enero de 2015

Pescadores de hombres


Mc 1,14-20

Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: ‘El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva’. Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: ‘Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres’. Al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras Él”.



COMENTARIO

Cuando Jesús supo que habían apresado y encarcelado a su primo Juan, el Bautista, se percató de que había llegado el momento de anunciar al mundo la Buena Noticia de la llegada del Reino de Dios, de Él mismo.

Sabía, de todas formas, el Hijo de Dios, que necesitaba algunos de aquellos de entre sus contemporáneos que ayudaran a transmitir la Palabra de Dios. Y así llama a los primeros que serían sus apóstoles. Y los llamaba anunciando que era necesaria la conversión y la creencia.

Aquellos a los que llamaba podían haber optado por no hacer caso a aquel desconocido les decía. Sin embargo, debieron encontrar la Verdad en las palabras de Jesús porque, como dice el texto bíblico, dejando, Juan y Santiago, a su padre, lo siguieron.

JESÚS, ayúdanos a tener una confianza en ti tan grande como tuvieron aquellos primeros discípulos tuyos.


Eleuterio Fernández Guzmán


11 de enero de 2015

El Hijo amado de Dios


Mc 1, 7-11


Y proclamaba: ‘Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias.  Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.’  Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea,  y fue bautizado por Juan en el Jordán.  En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él.  Y se oyó una voz que venía de los cielos: ‘Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco?”

COMENTARIO

Juan, el primo de Jesús, profeta y bautista, sabía (porque se le había dicho) que debía ser el Precursor. Por eso anunciaba que él no era el que tenía que venir, el Mesías sino que otro era. Y tanto lo sabía que estaba más que seguro que ante Él no era nada de nada.

Iba a bautizar con Espíritu Santo Quien tenía que venir. Mientras que él lo hacía con agua del río Jordán, el Mesías limpiaría con el fuego de su Espíritu los corazones manchados por el pecado, las almas caídas en el abismo. Y todo se estaba cumpliendo a la perfección.

Cuando Jesús sale del agua después de ser bautizado (sin tener necesidad del perdón de los pecados por no haber cometido ninguno) una señal de Dios es dada: el Espíritu santo en forma de paloma se posa sobre Él. Y, sobre todo, la voz del Creador que nos impele a seguir a su Hijo en quien se complace.

JESÚS, ayúdanos a tener siempre en cuenta las palabras de Dios al respecto de Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán


10 de enero de 2015

Se cumple la voluntad de Dios


Lc 4,14-22

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Él iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos. 

Vino a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: ‘El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor’. 

Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: ‘Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy’. Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca
”.


COMENTARIO

En realidad, Jesús no estaba haciendo nada extraño de lo que había hecho a lo largo de la vida que conocemos como “no pública”. Es de creer que en aquellos años de los que no sabemos nada acudiera a la sinagoga a llevar a cabo el culto a Dios y que leyera las Escrituras Santas.

Ahora, sin embargo, pasa algo extraordinario. Cuando le da a leer del libro del profeta Isaías busca un texto que pueda ser entendido teniendo en cuenta Quien es Él. La misión que Dios le ha encomendado está allí mismo escrita: anunciar a los pobres la Buena Noticia de que ha llegado el Reino de Dios y los que están cautivos van a ser liberados.

Es cierto que muchos, incluso en el pueblo donde había crecido en sabiduría y en gracia de Dios, no entendían como el hijo del carpintero decía lo que decía. Sin embargo, otros muchos sí creyeron en sus palabras y se dieron cuenta de que eran santas.



JESÚS, ayúdanos a no duda de tus palabras y a tenerlas como Palabra de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán