17 de enero de 2015

Ser curados por Cristo


Sábado I del tiempo ordinario
Mc 2,13-17

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a Él, y Él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: ‘Sígueme’. Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían. Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: ‘¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?’. Al oír esto Jesús, les dice: ‘No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores’”.

COMENTARIO

Aunque no hacía mucho tiempo que Jesús llevaba predicando la Buena Noticia lo bien cierto es que su fama de buen Maestro parece que se había extendido. Por eso se nos dice que muchas personas acudían donde Él iba.

Jesús sabe que necesita algunos, de entre sus contemporáneos, que transmitan su santa doctrina. Pero, además, no escoge, digamos, a lo más granado de la espiritualidad judía sino a unos hombres normales y corrientes como Leví, Mateo que era, además, considerado como pecador por ser recaudador de impuestos.

Pero había muchos que no tenían tan acción por buena sino, al contrario, por muy mala. Sin embargo Jesús sabe, y lo dice, que no ha venido a curar a los que no necesitan cura sino a los enfermos. Y eso hace, precisamente, con Mateo y con muchos otros.








JESÚS, cúranos de nuestra ceguera espiritual y acércanos a Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán


16 de enero de 2015

Fe y corazón cerrado


Viernes I del tiempo ordinario



Mc 2,1-12

“Entró de nuevo en Cafarnaum; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y Él les anunciaba la Palabra.

“Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde Él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: ‘Hijo, tus pecados te son perdonados’.


Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: ‘¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?’. Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: ‘¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate, toma tu camilla y anda?’ Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-: ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’’.

Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: ‘Jamás vimos cosa parecida’”.

COMENTARIO

El caso de aquel paralítico que nos trae san Marcos es síntoma de muchas realidades espirituales. Primero que nada la voluntad de ayuda al prójimo de parte de unos amigos que confían en Jesucristo.

En segundo lugar, la voluntad negadora del poder del Dios y la falta de comprensión de parte de aquellos que no conocen de verdad a Jesús y no entiende cómo es posible que aquel hombre pueda perdonar los pecados. El corazón, pues, cerrado a la Verdad.

En tercer lugar, el poder de Dios en Jesucristo. Por eso aquel Maestro que todos miran para ver qué hace, consiente en la curación del paralítico pero, sobre todo (aquello era para los corazones cerrados) consiente en el perdón de sus pecados. El poder de Dios siempre con los verdaderamente necesitados.

JESÚS, ayúdanos a no tener el corazón cerrado a la Verdad.



Eleuterio Fernández Guzmán

15 de enero de 2015

Una fe muy grande



Jueves I del tiempo ordinario





Mc 1,40-45

En aquel tiempo, vino a Jesús un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: ‘Si quieres, puedes limpiarme’. Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: ‘Quiero; queda limpio’. Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: ‘Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio’.
Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a Él de todas partes”.


COMENTARIO


Muchos necesitados sabían que Jesús podía hacer mucho por ellos. Por eso aquel leproso se arrodilla, en señal de adoración, ante Jesús. Quiere quedar limpio de la terrible enfermedad de la lepra que le aparta de la sociedad.
Jesús se compadece de aquel hombre que muestra confianza en su persona. Y es que le dice que si quiere puede curarlo. ¡Si quiere! Es expresión de entender que el Maestro puede, si quiere, hacer mucho por él. Y Jesús lo cura. No puede hacer menos por quien le muestra una tal fe, una tal confianza.
Jesús no quiere que se sepa aun que ha llegado el Mesías. Sabe que no están preparados todavía. Pero aquel hombre, curado de su enfermedad, no puede callar. Nos lo podemos imaginar dando loas y alabanzas a grito pelado por los caminos.

JESÚS, ayúdanos a tener una fe tan grande como la que manifestó aquel leproso.






Eleuterio Fernández Guzmán

14 de enero de 2015

Para eso ha venido Cristo



 Miércoles I del tiempo ordinario

Mc 1,29-39

En aquel tiempo, Jesús, saliendo de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles. 

Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían. 

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: ‘Todos te buscan’. El les dice: ‘Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido’. Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios”
.

COMENTARIO

La misión que tenía encomendada Cristo la estaba cumpliendo a la perfección. Sin dejarse llevar por respetos humanos o el qué dirán de aquellos que mal le querían, caminaba, como muchos reconocieron, haciendo el bien.

Había muchos que no creían en Él. Sin embargo, los humildes, los más pequeños de entre sus contemporáneos confiaban en Aquel que enseñaba de una forma distinta a como lo hacían sus otros maestros. Por eso se le acercaban y buscaban consuelo en su corazón y curación en sus manos y palabras.

Jesús dice, entonces, algo muy importante que viene a demostrar que es el Hijo de Dios. Y dice que ha salido, precisamente, para predicar y enseñar al mundo la Palabra del Padre. Era Él elegido por el Creador y, por eso mismo, continuaba cumpliendo con aquella necesidad de predicación que tenía el mundo, entonces, caído en el abismo.



JESÚS, ayúdanos a seguirte siempre como Quien eres: el Hijo amado de Dios a quien debemos escuchar. 

13 de enero de 2015

La verdadera doctrina de Dios



Martes I del tiempo ordinario


Mc 1,21-28

Llegó Jesús a Cafarnaum y el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: ‘¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios’. Jesús, entonces, le conminó diciendo: ‘Cállate y sal de él’. Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él. 
Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: ‘¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen’. Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea”.

COMENTARIO

Muchos de los que conocían a Jesús desde pequeño y otros que no lo conocían de nada se extrañaban de aquello que decía. Esperaban, seguramente, un tipo de Mesías distinto y no acababan de entender como el hijo del carpintero decía lo que decía.

Jesús, sin embargo, estaba cumpliendo la misión para la que había sido enviado y que consistía, sobre todo, en liberar a los oprimidos. Y aquel caso de posesión diabólica era un ejemplo de opresión que no podía pasar por alto. Y cura al endemoniado.

Decimos que muchos se extrañan de aquello. Sin embargo se dan cuenta de que Quien eso puede hacer y decir no es una persona ordinaria sino que, como ellos mismos afirman, enseña con verdadera autoridad. Por eso su fama se extendió muy rápidamente.


JESÚS, ayúdanos

Eleuterio Fernández Guzmán


12 de enero de 2015

Pescadores de hombres


Mc 1,14-20

Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: ‘El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva’. Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: ‘Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres’. Al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras Él”.



COMENTARIO

Cuando Jesús supo que habían apresado y encarcelado a su primo Juan, el Bautista, se percató de que había llegado el momento de anunciar al mundo la Buena Noticia de la llegada del Reino de Dios, de Él mismo.

Sabía, de todas formas, el Hijo de Dios, que necesitaba algunos de aquellos de entre sus contemporáneos que ayudaran a transmitir la Palabra de Dios. Y así llama a los primeros que serían sus apóstoles. Y los llamaba anunciando que era necesaria la conversión y la creencia.

Aquellos a los que llamaba podían haber optado por no hacer caso a aquel desconocido les decía. Sin embargo, debieron encontrar la Verdad en las palabras de Jesús porque, como dice el texto bíblico, dejando, Juan y Santiago, a su padre, lo siguieron.

JESÚS, ayúdanos a tener una confianza en ti tan grande como tuvieron aquellos primeros discípulos tuyos.


Eleuterio Fernández Guzmán


11 de enero de 2015

El Hijo amado de Dios


Mc 1, 7-11


Y proclamaba: ‘Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias.  Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.’  Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea,  y fue bautizado por Juan en el Jordán.  En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él.  Y se oyó una voz que venía de los cielos: ‘Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco?”

COMENTARIO

Juan, el primo de Jesús, profeta y bautista, sabía (porque se le había dicho) que debía ser el Precursor. Por eso anunciaba que él no era el que tenía que venir, el Mesías sino que otro era. Y tanto lo sabía que estaba más que seguro que ante Él no era nada de nada.

Iba a bautizar con Espíritu Santo Quien tenía que venir. Mientras que él lo hacía con agua del río Jordán, el Mesías limpiaría con el fuego de su Espíritu los corazones manchados por el pecado, las almas caídas en el abismo. Y todo se estaba cumpliendo a la perfección.

Cuando Jesús sale del agua después de ser bautizado (sin tener necesidad del perdón de los pecados por no haber cometido ninguno) una señal de Dios es dada: el Espíritu santo en forma de paloma se posa sobre Él. Y, sobre todo, la voz del Creador que nos impele a seguir a su Hijo en quien se complace.

JESÚS, ayúdanos a tener siempre en cuenta las palabras de Dios al respecto de Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán


10 de enero de 2015

Se cumple la voluntad de Dios


Lc 4,14-22

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Él iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos. 

Vino a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: ‘El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor’. 

Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: ‘Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy’. Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca
”.


COMENTARIO

En realidad, Jesús no estaba haciendo nada extraño de lo que había hecho a lo largo de la vida que conocemos como “no pública”. Es de creer que en aquellos años de los que no sabemos nada acudiera a la sinagoga a llevar a cabo el culto a Dios y que leyera las Escrituras Santas.

Ahora, sin embargo, pasa algo extraordinario. Cuando le da a leer del libro del profeta Isaías busca un texto que pueda ser entendido teniendo en cuenta Quien es Él. La misión que Dios le ha encomendado está allí mismo escrita: anunciar a los pobres la Buena Noticia de que ha llegado el Reino de Dios y los que están cautivos van a ser liberados.

Es cierto que muchos, incluso en el pueblo donde había crecido en sabiduría y en gracia de Dios, no entendían como el hijo del carpintero decía lo que decía. Sin embargo, otros muchos sí creyeron en sus palabras y se dieron cuenta de que eran santas.



JESÚS, ayúdanos a no duda de tus palabras y a tenerlas como Palabra de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


9 de enero de 2015

El poder de Dios


Mc 6,45-52

Después que se saciaron los cinco mil hombres, Jesús enseguida dio prisa a sus discípulos para subir a la barca e ir por delante hacia Betsaida, mientras Él despedía a la gente. Después de despedirse de ellos, se fue al monte a orar. Al atardecer, estaba la barca en medio del mar y Él, solo, en tierra. 

Viendo que ellos se fatigaban remando, pues el viento les era contrario, a eso de la cuarta vigilia de la noche viene hacia ellos caminando sobre el mar y quería pasarles de largo. Pero ellos viéndole caminar sobre el mar, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, pues todos le habían visto y estaban turbados. Pero Él, al instante, les habló, diciéndoles: ‘¡Ánimo!, que soy yo, no temáis!’. Subió entonces donde ellos a la barca, y amainó el viento, y quedaron en su interior completamente estupefactos, pues no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada
”.


COMENTARIO

No dejamos de recordar, en este texto del evangelio de san Marcos, el milagro de los panes y los peces. Jesús, tras haberse dirigido al Padre en buscar de ayuda no puede, ¡qué menos!, que acudir al monte a orar. Allí se encuentra con Dios y es el lugar perfecto para tener la necesaria intimidad con el Creador.

Pero aún deben ver, sus apóstoles, algo más extraordinario. Jesús va a hacia ellos caminando sobre las aguas y eso les da miedo. No lo reconocen y lo tienen por fantasma… En realidad no saben que es Quien les va a salvar… inmediatamente.

Dice el texto que aquellos que más cerca andaban con Jesús no acababan de entender el episodio milagroso de la multiplicación de los panes. Lo que pasa es que, como también nos dice san Marcos, su mente no estaba abierta, aún, a la Verdad.




JESÚS, ayúdanos a no tener la mente embotada.

Eleuterio Fernández Guzmán


8 de enero de 2015

Un año para comenzar a renovarse

Pablo Cabellos Llorente            











Que pase una hoja del calendario no parece constituir factor alguno que aporte un cambio. Pero aunque no sea cierto aquello de que año nuevo vida nueva, puede ser una oportunidad para rebelarnos contra muchas cosas, en primer lugar, con nosotros mismos. Así no caeremos en ese error tan nuestro de culpar al  primero que pasa de cualquier desgracia sucedida. Lo que continúa no quiere estar escrito desde la tarima de una cátedra ni con ánimo de anatematizar a nadie, aunque no siento miedo alguno para llamar a las cosas por su nombre, sin  arrogarme más autoridad que la pueda tener mi razón.

Lo primero,  porque está más en la calle, es la tremenda corrupción económica, detonante para el descontento lógico de muchos. Mi primera discrepancia: esa lamentable podredumbre no es, según me parece, la causa de nuestros males. En todo caso, los pone en el candelero de modo alarmante. Para ir explicando mi porqué de tal aseveración, voy a seguir añadiendo otros modos de descomposición que hemos orillado por aquello de lo políticamente correcto –el encubrimiento de mil mentiras- y hasta por una especie de consenso  para no hablar críticamente de asuntos como la Ley de Género –ojo, no me refiero a la de la violencia-, las deslealtades matrimoniales aireadas como algo moderno, la investigación con embriones,  el asesinato por el desquiciado “derecho” al aborto,  leyes de educación que han producido cuando menos una porción de parados poco cultivados.

Los asuntos enumerados y otros muchos -juicios paralelos por filtraciones, jueces que encausan a personas  por miedo al qué dirán, judicialización de  la vida pública (aunque sí hay mucho que juzgar), sentencias de nunca jamás, etc.- tampoco son la causa de lo que nos pasa. Más próximos a la raíz habría que situar la no infrecuente frivolidad de nuestros diversos parlamentos que no gastan  la pólvora  en salvas, sino en insultos peores que los que se escuchan en los campos de fútbol. O en dirigentes  políticos que llaman sensato a incumplimientos graves de sus programas, unos por retirar la ley del aborto, y los anteriores por cambiarla habiendo programado no hacerlo. Después, los sucesores de estos anuncian que nunca pactarán con un partido que estuvo a punto de no retirar la reforma, mientras que algunos  brindan al sol porque es barato. ¿No es todo eso inmoral? Pero tampoco pienso que sea la causa de nuestros problemas. Más bien, son resultados de una dificultad más honda.

Ese panorama sí constituye la explicación de que hayan aparecido “soluciones” desnortadas, pero que son expresión del cansancio, del hartazgo, de la impaciencia de muchos, del paro, quizá no precisamente de los que lideran esa especie de movimiento, algo rancio por sus raíces marxistas adornadas con flecos de populismo, que no son de éxito ni siquiera en el sufrido Tercer Mundo. No parece la solución, pero puede ser el resultado de una sociedad civil adormecida, que ha dejado todo en manos de partidos corruptos, sindicatos alineados y patronales cuando menos inoperantes, todos ellos recibiendo mucho dinero del sufrido contribuyente. El movimiento populista ha aprovechado todo en beneficio propio, idéntico a lo que han hecho los demás. ¿No es todo eso inmoral? Escribió M. Weber que los valores últimos y más sublimes han desaparecido de la vida pública. Tarea de todos es recuperarlos porque lo sublime se relegó al ámbito privado.

Y la sociedad civil dormitada ha encontrando un canal que no es solución de nada, aunque  posea un punto de razón. Ahí puede verse la  necesidad de cambiar con el Año Nuevo, porque es como decir ahora, no porque la alteración del calendario aporte nada, sino porque urge no  continuar así: es forzoso generar ilusión, trabajo, nuevos modos de hacer, menos burocracia esclerótica, promoción de emprendedores, menos asesores, otro talante que nos lleve a todos a ser servidores de los demás… Se nos llena la boca hablando de democracia avanzada, y tal vez existan más libertades, pero mucha menos Libertad. Y como cada cual vigila su puesto, aunque saque pecho para autoproclamarse servidor del pueblo, se puede inquirir: ¿no aporta todo esto una nueva inmoralidad  desanimante? Y no pienso en confesionalismos. Eso ya lo escribieron Sócrates, Platón, Aristóteles o Virgilio.

Yendo al final, ¿cuál es la causa de tal situación? Hemos hablado de escasez de sociedad civil como actora de nuestro destino, porque lo cierto es que poco ha actuado. Y me atrevería a apuntar una razón: se ha disminuido la alegría de vivir participativamente por yugular algo capital bajo la acusación de ser una antigualla, grave inculpación en nuestro días. Sin más rodeos: me refiero a lo que los clásicos griegos llamaron ley natural, un algo impreso en el hombre que le hace distinguir el bien del mal. A medida que ha  imperado el “vale todo”, no hay más señalización que el derecho positivo (obedece a la disciplina de partido y no suele ser ordenación de la razón), derecho que con ese modo antinatural de funcionar ha ido excluyendo a la sociedad civil en sus diversas manifestaciones, constitutivas de unos lugares plurales, desde donde aparecería el verdadero espacio político. No al revés.


P. Pablo Cabellos Llorente 


         

Lo que consigue la confianza

Mc 6,34-44

En aquel tiempo, vio Jesús una gran multitud y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tienen pastor, y comenzó a enseñarles muchas cosas. Y como fuese muy tarde, se llegaron a Él sus discípulos y le dijeron: ‘Este lugar es desierto y la hora es ya pasada; despídelos para que vayan a las granjas y aldeas de la comarca a comprar de comer’. Y Él les respondió y dijo: ‘Dadles vosotros de comer’. Y le dijeron: ‘¿Es que vamos a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?’. Él les contestó: ‘¿Cuántos panes tenéis? Id a verlo’. Y habiéndolo visto, dicen: ‘Cinco, y dos peces’.

Entonces les mandó que se acomodaran todos por grupos de comensales sobre la hierba verde. Y se sentaron en grupos de ciento y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces y levantando los ojos al cielo, bendijo, partió los panes y los dio a sus discípulos para que los distribuyesen; también partió los dos peces para todos. Y comieron todos hasta que quedaron satisfechos. Y recogieron doce cestas llenas de los trozos que sobraron de los panes y de los peces. Los que comieron eran cinco mil hombres
”.


COMENTARIO


Cuando Jesús se encontraba ante una situación difícil de solucionar siempre hacia lo mismo: se dirigía a su Padre y le pedía por aquellos necesitados que, en efecto, lo estaban del cuerpo o del alma.

En aquella ocasión prueba a sus apóstoles. Les pide que sean ellos los que ayuden a los muchos necesitados de comida que allí se encuentra. Sin embargo ellos no saben cómo enfrentarse a una situación tan difícil. Les falta, aún, algo de fe.

Pero Jesús sabe qué hacer: bendice aquellos pocos bienes que se entregan y pide a Dios. Pide con tal intensidad y tal confianza en su santa Providencia que consigue lo imposible: aún sobraron doce cestas de pan y peces después de alimentar a miles de personas.





JESÚS, ayúdanos a tener más fe que aquellos apóstoles tuyos.

Eleuterio Fernández Guzmán


7 de enero de 2015

Y llegó la Luz

Mt 4,12-17.23-25

En aquel tiempo, cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, se retiró a Galilea. Y dejando la ciudad de Nazaret, fue a morar en Cafarnaún, ciudad marítima, en los confines de Zabulón y de Neftalí. Para que se cumpliese lo que dijo Isaías el profeta: ‘Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino de la mar, de la otra parte del Jordán, Galilea de los gentiles. Pueblo que estaba sentado en tinieblas, vio una gran luz, y a los que moraban en tierra de sombra de muerte les nació una luz’. 

Desde entonces comenzó Jesús a predicar y a decir: ‘Haced penitencia, porque el Reino de los cielos está cerca’. Y andaba Jesús rodeando toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos y predicando el Evangelio del Reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia del pueblo. Y corrió su fama por toda Siria, y le trajeron todos los que tenían algún mal, poseídos de varios achaques y dolores, y los endemoniados, y los lunáticos y los paralíticos, y los sanó. Y le fueron siguiendo muchas gentes de Galilea y de Decápolis y de Jerusalén y de Judea, y de la otra ribera del Jordán
”.

COMENTARIO

Todo lo que estaba escrito debía cumplirse palabra a palabra, hecho a hecho. Por eso la Luz la envió al mundo para que el mundo se salvase de la fosa a la que se estaba encaminando.

Dice Jesús que es necesaria la penitencia. Diciendo eso estaba avisando acerca de la situación a la que debemos llegar para alcanzar la vida eterna. Y es que die que el Reino de los cielos está cerca y es sabido que no se puede entrar con el alma manchada.

Aunque muchos no recibieron a la Luz enviada por Dios otros muchos sí estaban de acuerdo con la misma. Se acercaban a Él porque sabían que era el enviado de Dios y curaba a los enfermos del cuerpo y del alma.


JESÚS, ayúdanos a confiar siempre en Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

6 de enero de 2015

Reyes llegados de oriente



Mt 2,1-12

Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: ‘¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle». En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: ‘En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel’’. 

Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: ‘Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle’. 

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino
”.


COMENTARIO

Aquellos hombres sabios que habían recorrido un gran trecho desde sus tierras hasta Belén habían ido tras una estrella. Pero Herodes quería saber algo más acerca de quién iba a nacer. En realidad no podía admitir otro rey más que él mismo.

Los Reyes Magos acuden al lugar donde la estrella les indica. Saben el lugar exacto donde ha nacido el niño porque han sido guiados por el Espíritu Santo. Y le llevan regalos como era costumbre en aquella época cuando alguien iba de visita a la casa de alguien.

Los tres regalos que le llevan son más que conocidos: oro, incienso y mirra. Cada uno de ellos tiene un significado que es más que conocido, también. Y la actitud de Herodes, tras darse cuenta de que no sabía, tiempo después, dónde había nacido aquel rey, también la conocemos…


JESÚS, ayúdanos a regalarte aquello que tenemos y que es nuestra vida misma.

Eleuterio Fernández Guzmán


5 de enero de 2015

Encontrar a Cristo




Jn 1,43-51

En aquel tiempo, Jesús quiso partir para Galilea. Se encuentra con Felipe y le dice: ‘Sígueme’. Felipe era de Bestsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro. Felipe se encuentra con Natanael y le dice: ‘Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret’. Le respondió Natanael: ‘¿De Nazaret puede haber cosa buena?’. Le dice Felipe: ‘Ven y lo verás’.


Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño’. Le dice Natanael: ‘¿De qué me conoces?’. Le respondió Jesús: ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi’. Le respondió Natanael: ‘Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’. Jesús le contestó: ‘¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores’. Y le añadió: ‘En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre
’”.



COMENTARIO

El pueblo judío llevaba muchos siglos esperando la venida del Mesías. Generación tras generación desde que Abrahám abandonase las tierras y bienes donde vivía y tenía y se internase en el desierto para ir tras Dios, habían sido muchos los que miraban las Sagradas Escrituras en busca de algún aviso acerca de lo que eso supondría.

Cuando Juan, el que sería evangelista, encuentra a Jesús, lo comunica a quien conoce. Seguramente muchos de los discípulos del otro Juan, el Bautista, se dan cuenta de que, en efecto, había venido el Mesías al mundo. Sin embargo, algunos como Natanael se iban a llevar una buena sorpresa.

Felipe, que ha conocido a Jesús, le dice a Natanael que vaya con él y conocerá al enviado de Dios. Pero Jesús, que lo conocía perfectamente, sabe que aún no cree del todo. Sólo cuando vea lo que todos queremos ver, la segunda venida de Cristo al mundo, aceptará definitivamente que Aquel que le ha sido presentado, es, en efecto, el Hijo de Dios.




JESÚS,  ayúdanos a creer sin ver.




Eleuterio Fernández Guzmán

4 de enero de 2015

La Palabra de Dios



Jn 1, 1-18



En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.  Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.  En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no  la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios.

Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y clama: ‘Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.’ Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.  A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado”.


COMENTARIO

Este texto del evangelio de san Juan es una verdadera luz para el creyente. En él nos pone, ante los ojos, una gran verdad, la Verdad. Todo se hizo por Cristo y para Cristo. Y Dios, que, que tanto amaba a su creación, no pudo, por menos, que enviarlo al mundo.

A Juan evangelista se le nota triste en este texto. Sabe, lo supo, que Jesús era el Mesías pero que muchos no recibieron a quien era la Luz misma, la Palabra hecha carne. Y es que el mundo, como dice Juan, no lo recibió, no aceptó el mensaje que traía de parte del Todopoderoso (¡Alabado sea por siempre!)

Dice san Juan que se ha contemplado la gloria de Dios a través de Jesucristo. El caso es que tal es así que si por Moisés se nos dio la Ley a través de los Mandamientos, es con Cristo con quien la gracia llega al mundo y la Verdad acampa entre nosotros.


JESÚS, ayúdanos a aceptar tu luz, tu Palabra y tu vida como esencial en nuestra existencia.

Eleuterio Fernández Guzmán