27 de enero de 2012

¿Cómo es el Reino de Dios?

Viernes III del tiempo ordinario


Mc 4, 26-34


“En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: ‘El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega’.

Decía también: ‘¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra’. Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.

COMENTARIO

La forma de hablar de Jesús al común de sus seguidores era la utilización de la parábola porque, era lógico, no entendiesen muchas veces lo que quería decirles y tenía interés verdadero en enseñarles.

Por ejemplos que son fáciles de comprender. Así, por ejemplo, suele comparar el Reino de Dios con elementos de la vida ordinaria como, por ejemplo, el campo, la siembra y la siega de lo que se ha plantado. Por eso el Reino de Dios va creciendo en el corazón del creyente y, desde allí, se vierte al mundo.

También es el Reino de Dios como aquello que es pequeño, que se aposenta en el corazón y, poco a poco, va haciéndose más grande y llenando la vida toda de quien así lo admite en su vida. Y así entendían sus seguidores lo que quería decirles y aprendían la santa doctrina de Cristo.

JESÚS, enseñas en parábolas porque, en muchas ocasiones, no somos capaces de comprender lo que nos dices. Sin embargo, con inmensa paciencia, no cejas en el intento de que entendamos que el Reino de Dios eres Tú mismo.


Eleuterio Fernández Guzmán

26 de enero de 2012

Sobre el Año de la Fe






En su momento, en la homilía de la Santa Misa, Benedicto XVI dijo que “Precisamente para dar un renovado impulso a la misión de toda la Iglesia de conducir a los hombres fuera del desierto en el cual muy a menudo se encuentran hacia el lugar de la vida, la amistad con Cristo que nos da su vida en plenitud, quisiera anunciar en esta Celebración eucarística que he decidido declarar un ‘Año de la Fe’, que ilustraré con una carta apostólica. Comenzará el 11 de octubre del 2012, en el 50º aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará el 24 de noviembre del 2013, Solemnidad de Cristo Rey del Universo. Será un momento de gracia y de compromiso por una cada vez más plena conversión a Dios, para reforzar nuestra fe en Él y para anunciarlo con gozo al hombre de nuestro tiempo”. 

Así lo hizo con la Carta apostólica “Porta fidei” que fue dada a la luz el 11 de octubre de 2011.
El Santo Padre, ante las dudas que alguien pudiera tener acerca de la necesidad de convocar un año referido exactamente a prestar atención a la fe, dice (3) lo siguiente:
No podemos dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta (cf. Mt 5, 13-16). Como la samaritana, también el hombre actual puede sentir de nuevo la necesidad de acercarse al pozo para escuchar a Jesús, que invita a creer en él y a extraer el agua viva que mana de su fuente (cf. Jn4, 14). Debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios, transmitida fielmente por la Iglesia, y el Pan de la vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus discípulos (cf. Jn 6, 51). En efecto, la enseñanza de Jesús resuena todavía hoy con la misma fuerza: ‘Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna’ (Jn6, 27). La pregunta planteada por los que lo escuchaban es también hoy la misma para nosotros: ’¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?’ (Jn 6, 28). Sabemos la respuesta de Jesús: ‘La obra de Dios es ésta: que creáis en el que él ha enviado’ (Jn 6, 29). Creer en Jesucristo es, por tanto, el camino para poder llegar de modo definitivo a la salvación.
El católico, por lo tanto, no puede ni debe permitir que su fe quede muerta en un cajón de su corazón. No cabe, tampoco, esconderla bajo el celemín para gozar de ella cada cual sino, muy al contrario, dar luz a la fe para que quien no crea, crea y quien crea, lo haga en profundidad y teniendo su fe como muy importante para su vida y su existencia.
Ya sabemos, por otra parte, la importancia que tiene, para Benedicto XVI, la denominada Nueva Evangelización. Es nueva porque los tiempos actuales requieren que se anuncie el Evangelio de acuerdo a las necesidades espirituales de los mismos y es Evangelización porque es obligado, para un católico, llevar a los que no la conocen o parece que la han olvidado, la Buena Noticia.
A su vez, la Congregación para la Doctrina de Fe se vio en la obligación de emitir una Nota acerca de lo que tal año supone con respecto a las indicaciones pastorales se refiere. En la misma se dice que el Año de Fe o, en el año de la Fe, se deberá tener en cuenta que:
1.-Se llevará a cabo una Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos (octubre 2012) sobre el tema “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”.
2.-Se alentará las peregrinaciones a la Sede de Pedro de los fieles católicos.
3.-Se invitará a los fieles a dirigirse con particular devoción a María como imagen de la Iglesia.
4.-En la Jornada Mundial de la Juventud a celebrar en julio de 2013 en Río de Janeiro se difundirá entre los jóvenes la importancia que tiene su fe para ellos para sus vidas.
5.-Se promoverá la realización de “simposios, congresos y reuniones de gran escala” para difundir testimonios de la fe y el “conocimiento de los contenidos de la doctrina de la Iglesia católica”.
6.-Se ofrecerá a todos los fieles católicos la oportunidad de conocer en profundidad los documentos del Concilio Vaticano II y se promoverá el estudio del Catecismo de la Iglesia Católica.
7.-Se acogerán con atención “las homilías, catequesis, discursos y otras intervenciones del Santo Padre” con la voluntad de transmisión de las enseñanzas del Vicario de Cristo y Sucesor de Pedro.
8.-Se promoverá, de forma intensa y especial la “restauración de la unidad entre todos los cristianos” como corresponde a la celebración de un año dedicado, muy especialmente, a la fe.
Una vez finalice el Año de la Fe, el 24 de noviembre de 2013, en la celebración de la Santa Misa, el Santo Padre renovará solemnemente la profesión de fe.


Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en Análisis Digital

No esconder la fe



Jueves III del tiempo ordinario

Mc 4,21-25

“En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: ‘¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho? ¿No es para ponerla sobre el candelero? Pues nada hay oculto si no es para que sea manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser descubierto. Quien tenga oídos para oír, que oiga’.

Les decía también: Atended a lo que escucháis. Con la medida con que midáis, se os medirá y aun con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará’.

COMENTARIO

Jesús sabía que predicar para que nadie llevara a cabo lo que se supone que seguían no era un comportamiento adecuado para quien se decía discípulo suyo. Al contrario, la fe es para llevarla allí donde es necesitada.

Lo que, en realidad, conviene a la Fe y a la transmisión de la misma es que sea demostrada en todo aquello que llevamos a cabo y que, por lo tanto, no la escondamos bajo el celemín de nuestra vida con un comportamiento egoísta y fuera de lugar para un hijo de Dios.

Dice Jesús que tenemos que tener en cuenta nuestra forma de actuar porque según hagamos así lo tendrá en cuenta Dios que es bueno pero, también esto es cierto, es justo. Además, a quien tiene poca fe creyendo que tiene mucha se le quitará porque tal fe no es la que Dios quiere que se tenga.



JESÚS, advertías que no se puede tener fe y, luego, esconderla, porque no es la forma de actuar que conviene a un hijo de Dios. Esconder la fe bajo el celemín y ocultar tal luz al mundo es algo que, por desgracia, hacemos muchas veces por simple respeto humano.




Eleuterio Fernández Guzmán

25 de enero de 2012

Enviados para la salvación eterna


 

La Conversión de san Pablo, apóstol







Mc 16, 15-18





“En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: ‘Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Éstas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien’.







COMENTARIO





No se limitó Jesús a escoger apóstoles sino que les dio una misión que cumplir y que llevar a cabo porque, de no haberlo echo así, de poco habría servido su venida al mundo.





Les envía con una clara advertencia: hay que bautizarse para poder salvarse. No lo dice de otra forma sino exactamente así. Por eso añade que el que no crea, se condenará y la condenación es, exactamente, eterna.





Lo bueno y benéfico que se hace se lleva a cabo en nombre de Jesucristo. Tanto expulsar demonios como hablar en lenguas nuevas y todo lo que dice Jesús que harán los que crean en Él no son más que pruebas efectivas de que creer en Cristo es algo más que seguir a un Maestro: es, exactamente, creer en Dios que todo lo puede.











JESÚS, enviaste a tus apóstoles a evangelizar el mundo con el bautismo y la creencia en ti. Conviértete y cree en el Evangelio eran, y son, las premisas que cumplir para salvarse eternamente. Es una pena que, en muchas ocasiones, las dejemos de lado y nuestra conversión no sea diaria.











Eleuterio Fernández Guzmán







24 de enero de 2012

Liturgia











Como lo litúrgico es algo, para el católico, común de su vida de fe, es más que probable que se tenga, tal aspecto de la misma, como uno que lo sea de importancia relativa por eso de saberlo, entre nosotros, como algo cotidiano.



Sin embargo, la liturgia no deja de ser, a pesar de su ordinaria vivencia, o a lo mejor por eso mismo, un aspecto fundamental de nuestra vida como creyentes.



A primeros de noviembre de 2010, con motivo de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Italiana, Benedicto XVI, en un mensaje dirigido a la misma, indicó que “El auténtico creyente, en toda época, experimenta en la liturgia la presencia, la primacía y la obra de Dios”.



Por tanto, para poder ser considerado, legítimamente, creyente en Dios, se ha de reconocer que la liturgia, o mejor, en ella, Dios está presente y, por lo tanto, se ha de comprender que a través de la misma Dios ha de ser lo primero para nosotros y, también, lo que Dios hace por nosotros.



Pero no sólo eso, que ya es importante por esencial, sino que también es “Veritatis splendor, acontecimiento nupcial, pregustación de la ciudad nueva y definitiva y participación en ella; es vínculo de creación y de redención, cielo abierto sobre la tierra de los hombres, pasaje del mundo a Dios; es Pascua, en la Cruz y en la Resurrección de Jesucristo; es el alma de la vida cristiana, llamada al seguimiento, reconciliación que mueve a la caridad fraterna”.



Estas palabras del Santo Padre nos sirven para conocer lo que, en especial, es la liturgia dentro de proceder católico. Así tenemos un conocimiento esencial de la misma.



Al respecto de lo es la liturgia, el teólogo, liturgista y consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Nicola Bux, a la pregunta “¿Qué es la liturgia y por qué es tan importante para la Iglesia y para el pueblo cristiano?” responde que “La sagrada liturgia es el tiempo y el lugar en el que seguramente Dios sale al encuentro del hombre. Por tanto, el método para entrar en relación con él es precisamente el de rendirle culto: Él nos habla y nosotros le respondemos; le damos gracias y Él se comunica a nosotros. El culto, del latín colere, cultivar una relación importante, pertenece al sentido religioso del hombre, en toda religión desde tiempos inmemoriales.



Para el pueblo cristiano, la sagrada liturgia y el culto divino realizan por tanto la relación con cuanto tiene de más querido, Jesucristo Dios – el atributo sagrada significa que en ella tocamos su presencia divina. Por esto la liturgia es la realidad y la actividad más importante para la Iglesia.”



Por tanto, la liturgia católica supone el momento de encuentro entre Dios y su criatura y es a través de ella cuando lo divino entra en nosotros para transformar nuestro corazón de piedra en uno de carne.



Pero con la liturgia no sólo nos relacionamos con Dios a nivel individual o personal sino que, como bien dijo el Santo Padre en un discurso al congreso de la diócesis de Roma en junio de 2010 “es necesario que, en la liturgia, aparezca con claridad la dimensión trascendente, la dimensión del Misterio del encuentro con el Divino, que ilumina y eleva también la dimensión 'horizontal', es decir, el lazo de comunión y de solidaridad que se da entre quienes pertenecen a la Iglesia".



Relación, pues, con Dios desde nosotros mismos y relación entre los hermanos en la fe que nos sabemos hijos de Dios y miembros de la Iglesia católica. Tal es y supone la liturgia.



No extrañe, por eso, que haya llevado a cabo una reforma o, mejor, una confirmación de la posibilidad de práctica del llamado Rito Extraordinario de la Santa Misa (Pues nunca ha estado derogado) y también que haya incentivado aspectos como el de recibir la comunión de rodillas y en la boca porque ha de considerar que el respeto al Creador se manifiesta mejor tanto de una forma, con el Rito llamado Extraordinario como con lo referido a la comunión.



Por eso cuando Benedicto XVI exhortó a los obispos a “vivir de la liturgia” no debería ser, tal llamada, algo ajeno al resto de fieles porque relacionarse con Dios y hacerlo de forma gozosa ha de ser, para cada uno de nosotros, algo obligado por libre.

 
 
Eleuterio Fernández Guzmán
 
 
Publicado en Acción Digital




























Cumplir la voluntad de Dios


 



Martes, 24 de enero de 2012





Martes III del tiempo ordinario





Mc 3, 31-35





“En aquel tiempo, llegan la madre y los hermanos de Jesús, y quedándose fuera, le envían a llamar. Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: ‘¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan’. Él les responde: ‘¿Quién es mi madre y mis hermanos?’. Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: ‘Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre’.







COMENTARIO





Aquellos que no habían comprendido lo que Jesús había venido a hacer al mundo no entendían, muchas veces, ni lo que decía ni a qué ese refería. Seguían con sus pensamientos mundanos y a ellos se referían cuando hablaban con el Maestro.





Cuando María y algunas personas acuden a ver a Jesús es lógico que aquellos que lo estaban escuchando le dijesen que habían venido a buscarlo. Seguramente sabían que se estaba metiendo en un buen lío diciendo aquello que decía y que lo mejor era que se fuera a su casa.





Sin embargo, Jesús sabía que su misión era transmitir la voluntad de Dios y que por eso había venido al mundo. Dice, por eso mismo, que quien la cumple es, en verdad, hermano suyo porque se comporta como un hijo debe comportarse con un Padre.







JESÚS, los que te escuchaban no acababan de comprender que tu voluntad era la de Dios y que, por eso mismo, se tenía que cumplir la del Creador. Otra forma no había, ni hay, para entrar en el definitivo Reino de Dios.











Eleuterio Fernández Guzmán







23 de enero de 2012

Jesucristo, Rey



Lunes III del tiempo ordinario


Mc 3, 22-30

“En aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: ‘Está poseído por Beelzebul’ y ‘por el príncipe de los demonios expulsa los demonios’. Entonces Jesús, llamándoles junto a sí, les decía en parábolas: ‘¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir. Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir. Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin. Pero nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte; entonces podrá saquear su casa. Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno’. Es que decían: ‘Está poseído por un espíritu inmundo’.

COMENTARIO

A Jesús se le atacaba de muchas formas. Por lo que hacía o por lo que decía siempre había alguien esperando para echar sobre sus espaldas algún agravio contra la Ley, que decían, de Dios.

Esta vez fueron demasiado lejos. Aseguraban que Jesús hacía lo que hacía por ser un enviado de Satanás y que no se podía tener en cuenta lo que llevaba a cabo.

Aquello era ir, directamente, contra el Espíritu Santo. Dice Jesús, entonces, que todo se perdona menos la blasfemia contra la Tercera Persona de la Santísima Trinidad porque es ir contra el aliento de Dios que lo creó todo y dio vida al hombre.


JESÚS,  cuando te atacaban diciendo que eras enviado del Maligno no sólo iban contra ti sino contra Dios mismo porque, a través de su espíritu, conformó todo lo que existe. Tampoco nosotros debemos blasfemar contra el espíritu santo con lo que hacemos o decimos.



Eleuterio Fernández Guzmán


22 de enero de 2012

Seguir a Cristo voluntariamente

Domingo III (B) del tiempo ordinario


Mc 1,14-20

“Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: «’El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva»’ Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: ‘Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres’. Al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras Él.

COMENTARIO

Jesús conocía a la perfección la misión que le había encargado su Padre: dar a conocer que el reino de Dios había llegado a la tierra y que era conveniente creer en él para salvarse.

Jesús va llamando a sus apóstoles. Aquellos hombres, muchos de ellos pescadores de peces se iban a convertir en pescadores de hombres o, lo que es lo mismo, en personas que transmitirían la Palabra de Dios para que fuese aceptaba por el hombre que la escuchara.

Todos, sin duda alguna, lo dejan todo: trabajo, familia y todo lo que, hasta entonces, era su vida ordinaria. Y lo dejan todo por aquel hombre que, de repente, pasa por sus vidas y quiere quedarse en ellas para siempre.

JESÚS, escogiste a los que creías te serían fieles. Ellos supieron verte y conocerte y lo dejaron todo para irse contigo. Entre el mundo y Tú escogieron, como María (la hermana de Lázaro), la mejor parte.



Eleuterio Fernández Guzmán

21 de enero de 2012

Orar por la unión



En un principio no había separación entre discípulos de Cristo de tal forma entendida que pudiera decirse de ella que se constituían grupos totalmente contrarios entre sí. Pero a lo largo la historia, la cristiandad ha mostrado una peligrosa tendencia a la separación; una forma de no cumplir la voluntad de Dios que es, como sabemos que sus hijos permanezcan unidos.  

Sin embargo, es más que conocido que Jesús dijo que quería que los hijos de Dios estuviesen unidos como Él lo estaba con su Padre. “Para que sean uno” (Jn 17: 21) fue la expresión utilizada por el Hijo del hombre (en expresión del profeta Daniel, en 7:13) porque sabía que se entregaba a la muerte, y muerte de cruz (Flp 2:8), para que, efectivamente, el pueblo elegido por Dios no presentara división alguna.

Por eso es conveniente que, de vez en cuando, se nos recuerde la necesidad de que aquel “Para que sean uno” no sea una mera frase dicha pero sin contenido alguno.

Tal es el objetivo de la Semana de Oración para la Unidad de los Cristianos.

Desde el 18 y hasta el 25 de enero, y bajo el lema “Todos seremos transformados por la victoria de nuestro Señor Jesucristo” , tomado de la Primera Epístola a los de Corinto (15, 51-58), los obispos de la Comisión Episcopal para las Relaciones Interconfesionales, nos ofrecen otra oportunidad, de adentrarnos en el proceloso camino de la separación con un fin meridianamente claro: construir la unidad perdida del cristianismo hace, ya, demasiados siglos.

La unidad del pueblo elegido ha sido, a lo largo de la historia del mismo, un objetivo a conseguir. Esto es una señal de que los hijos de Dios tenemos la mala costumbre de hacer caso omiso a lo querido por el Padre. Por eso Ezequiel (37, 15-28) se ve obligado reclamar la finalización de la división de la casa de Israel y, por eso, ahora, en nuestro siglo, se ha de hacer exactamente lo mismo porque las palabras de Cristo “Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros” han de ser escuchadas por los hermanos para hacerlas efectivas.

Bien podemos decir, por lo tanto, que no se trata de una voluntad fundada en la nada sino que, al contrario, existen fundadas razones para que la unidad de los cristianos se haga real no siendo, precisamente, poco importante, el compartir un bautismo común.

Dicen, por ejemplo, que “En la Semana de Oración 2012 estamos invitados a profundizar en nuestra fe, en la que todos nosotros seremos transformados por la victoria de nuestro Señor Jesucristo. Las lecturas bíblicas, comentarios, oraciones y preguntas para la reflexión exploran los diferentes aspectos de lo que esto significa para la vida de los cristianos y para su unidad, en y para el mundo de hoy. Comenzamos por contemplar a Cristo servidor, y nuestro camino nos lleva a la celebración final del reino de Cristo, por medio de su cruz y resurrección”.

Se nos pide, por lo tanto, no quedarse anclados en una fe infantil sino llegar a conocerla lo mejor que podamos. De tal forma podremos llegar a ser, de verdad, transformados por Jesucristo, Hijo de Dios que fue enviado por el Padre para salvarnos y ser guía de la humanidad toda.

Y tenemos, para tal fin, lo que dicen nuestros obispos y que no podemos dejar de lado: las Sagradas Escrituras y todo aquello relacionado con las mismas. En ellas debemos apoyar nuestra fe y en un saberse hermanos de Cristo e hijos creados por Dios.

Por otra parte, el texto del Evangelio que se ha escogido para este año viene referido a que “No es una victoria fruto de nuestro esfuerzo humano, ni una victoria según los criterios mundanos de éxito y fracaso, sino una victoria conseguida por Jesús a través del misterio pascual y en la que participamos por la fe. Al hacer nuestra la victoria del Señor nos vamos transformando y configurando a Cristo, nosotros y nuestras Iglesias y comunidades eclesiales, y vamos caminando hacia la unidad de todos los que creemos en la victoria del Señor, según los criterios y los tiempos de Dios y no según los nuestros. Este esfuerzo ecuménico requiere paciencia, servicio, disponibilidad a abandonar algunas formas eclesiales que acaso nos sean familiares pero no se corresponden adecuadamente al significado verdadero y lleno de la experiencia cristiana, superar el deseo de competir entre nosotros, etc.”

Por lo tanto, no se requiere de nosotros una actitud pasiva sino esforzada y colmada por el ansia de unidad de la que habló y sobre la que predicó Jesucristo en su vida entre aquellos otros nosotros de su tiempo, discípulos que amaban al maestro y que dieron forma a su Iglesia, la católica.

Valga esta Semana de Unidad para que, entre los cristianos, sepamos cumplir con la voluntad de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en Análisis Digital

Cumplir la voluntad de Dios a pesar de todo





Sábado II del tiempo ordinario





Mc 3, 20-21





“En aquel tiempo, Jesús volvió a casa y se aglomeró otra vez la muchedumbre de modo que no podían comer. Se enteraron sus parientes y fueron a hacerse cargo de Él, pues decían: ‘Está fuera de sí’”.





COMENTARIO





Había muchas personas que conocían lo que Jesús estaba haciendo desde que inició la predicación según la cual el Reino de Dios estaba cerca y que era conveniente convertirse y creer en el Evangelio y en lo que supone de Buena Noticia.





Jesús volvió donde había vivido muchos años con María y con José. Quería ver, seguramente, a su Madre y, por eso mismo, predicó en entre los suyos. Pero, como diría Él mismo en otra ocasión, un profeta no es querido en su tierra. Aquí iba a pasar lo mismo.





Decían que estaba fuera de sí porque, seguramente, muchos no entendían lo que quería decir acerca del amor, de la misericordia y del perdón que debían mostrar hacia los demás. Sin embargo, eso no preocupaba a Jesús que seguía cumpliendo la misión para la que había sido enviado por Dios.






JESÚS, muchos no creían lo que decías. Estabas fuera de sí según algunos decían porque es estar fuera de sí cuando se va contra lo establecido por defender la Ley de Dios y la voluntad del Creador. Y es, entonces, estar fuera del mundo por no ser de este mundo.













Eleuterio Fernández Guzmán







20 de enero de 2012

Sobre Pío XII









El preámbulo de este artículo lo es en el sentido de dar a entender que, las críticas que hay y, a lo mejor, habrán, contra Pío XII dejan de tener sentido si se observa, con cierta profundidad, el fondo de su vida particular y, claro de aquello que le precede.



Por eso es conveniente hacer algo de historia a la misma historia.



El 14 de marzo de 1937 Pío XI, Pontífice católico, dio una Carta Encíclica de título impronunciable: ”Mit Brennender Sorge”.

El texto, con evidentes vocablos alemanes, iba dirigido a “A los venerables hermanos, arzobispos, obispos y otros ordinarios de Alemania en paz y comunión con la Sede Apostólica”.

La Carta Encíclica tenía un subtítulo que apuntaba a muchas realidades y muchas cosas que, al parecer, fueron olvidadas por muchos, y que era “Sobre la situación de la Iglesia católica en el Reich alemán”.



No resulta conveniente olvidar que, entonces, el poder, lo tenía un tal Adolfo Hitler de tendencias, más bien, paganas.

Un claro aviso envió el antecesor de Pío XII al régimen nazi cuando, en el número 12 de la MBS dice que “Si la raza o el pueblo, si el Estado o una forma determinada del mismo, si los representantes del poder estatal u otros elementos fundamentales de la sociedad humana tienen en el orden natural un puesto esencial y digno de respeto, con todo, quien los arranca de esta escala de valores terrenales elevándolos a suprema norma de todo, aun de los valores religiosos, y, divinizándolos con culto idolátrico, pervierte y falsifica el orden creado e impuesto por Dios, está lejos de la verdadera fe y de una concepción de la vida conforme a esta”.



Pero, por si eso no fuera suficiente, más adelante dice que “Solamente espíritus superficiales pueden caer en el error de hablar de un Dios nacional, de una religión nacional, y emprender la loca tarea de aprisionar en los límites de un pueblo solo, en la estrechez étnica de una sola raza, a Dios, creador del mundo, rey y legislador de los pueblos, ante cuya grandeza las naciones son como gotas de agua en el caldero (Is 40, 5)”.



Y así estaba la situación cuando el 2 de marzo de 1939 el cónclave cardenalicio dio luz verde a que se pronunciara el “Habemus Papam” : Eugenio Pacelli, cardenal, había sido elegido Papa y, con el nombre de Pío XII, dio su visto bueno a coger el timón de la barca de la Iglesia y, de paso, a agradecer a Pío XI la labor realizada.



Sin embargo, algún que otro submarino quería torpedear aquella barca.



El 27 de enero de 2007, publicó ACI una noticia titulada “En campaña contra la Iglesia. KGB generó leyenda negra de Pío XII como aliado del régimen nazi, denuncia ex espía”.

En tal artículo, por medio de Ion Mihai Pacepa, se desgranaban los planes del KGB soviético de ensuciar el honor de Pío XII y, de paso, el de la Iglesia católica, urdiendo un plan para hacerlo pasar por colaborador del régimen nacionalsocialista de Hitler.

Y esto, tal plan, ha dado lugar a que sobre la persona de Pío XII haya recaído una mala fama (cómplice, casi, de los asesinatos de aquel régimen nazi) que es, y será, muy difícil de reparar.

Pero, en realidad, ¿cuál fue la relación de Pío XII con el nazismo?

En 1998, la Comisión para las Relaciones Religiosas con el Hebraísmo, emitió un documento titulado “Nosotros recordamos: una reflexión sobre la ‘Shoah’” en el que se ponían, como suele decirse, los puntos sobre las íes.



Se pregunta el documento si el sentimiento antijudío que a lo largo de la historia ha sufrido el pueblo elegido por Dios pudo hacer, a los cristianos, más sensibles “ante las persecuciones contra los miembros de tal comunidad religiosa” por el nacionalsocialismo.

Una respuesta a esta pregunta viene dada por el hecho de que existían muchos factores que, seguramente, influían en el caso: desconocimiento de lo que sucedía; el miedo, seguramente insuperable, ante lo que sucedía y, también, la simple actuación por envidia.



Pero, en el caso particular de Pío XII, ¿Qué sucedió?

La “reflexión sobre la Shoah” recoge algunas pruebas que apuntan en la dirección según la cual ni hubo colaboración con el régimen nazi:



1.- “Giuseppe Nathan, comisario de la Unión de comunidades judías italianas, declaró: ‘Ante todo, dirigimos un reverente homenaje de gratitud al Sumo Pontífice y a los religiosos y religiosas que, siguiendo las directrices del Santo Padre, vieron en los perseguidos a hermanos, y con valentía y abnegación nos prestaron su ayuda, inteligente y concreta, sin preocuparse por los gravísimos peligros a los que se exponían”’



2.- “El 21 de septiembre del mismo año, Pío XII recibió en audiencia al doctor A. Leo Kubowitzki, secretario general del Congreso judío internacional, que acudió para presentar ‘al Santo Padre, en nombre de la Unión de las comunidades judías, su más viva gratitud por los esfuerzos de la Iglesia católica en favor de la población judía en toda Europa durante la guerra’”



3.- “El jueves 29 de noviembre de 1945, el Papa recibió a cerca de ochenta delegados de prófugos judíos, procedentes de varios campos de concentración en Alemania, que acudieron a manifestarle ‘el sumo honor de poder agradecer personalmente al Santo Padre la generosidad demostrada hacia los perseguidos durante el terrible período del nazi-fascismo’”

Y lo que podría resultar definitivo y debería disipar cualquier duda al respecto, lo dijo Golda Meier cuando, al morir Pío XII, en un mensaje, dijera que “Compartimos el dolor de la humanidad (...) Cuando el terrible martirio se abatió sobre nuestro pueblo, la voz del Papa se elevó en favor de sus víctimas. La vida de nuestro tiempo se enriqueció con una voz que habló claramente sobre las grandes verdades morales por encima del tumulto del conflicto diario. Lloramos la muerte de un gran servidor de la paz”.

Por otra parte, Pío XII hizo llegar, en diciembre de 1943, a la madre María Xavier Marteau, de la Orden de las Ursulinas, una suma de 10.000 liras, porque le reconocía la labor que llevaba haciendo (dar refugio, en su convento, a decenas de judíos, que huían de la persecución nazi)



Sin embargo, no prevalece esto que es lo verdaderamente importante sino una burda campaña comunista en contra de Pío XII que tanto éxito ha tenido entre la progresía del mundo y sus medios de comunicación y que ha llegado a hacer, de Pío XII, no un abanderado del amor sino un monstruo que admitía el Holocausto.

Menos mal, podemos pensar y creer, que el tiempo, ha quitado razones (que no eran sino manipulaciones) a uno y se les ha dado a otros. O mejor, a otro, llamado Eugenio Pacelli, conocido por Pío XII.


Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en Acción Digital



Apóstoles

Mc 3,13-19



“En aquel tiempo, Jesús subió al monte y llamó a los que Él quiso; y vinieron donde Él. Instituyó Doce, para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios. Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre de Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el mismo que le entregó.”



COMENTARIO



Jesús tenía, por decirlo así, que escoger a unas personas para que transmitieran todo aquello que les iba a enseñar. No era poco importante tal labor de parte de aquellos que fueran escogidos porque la tenían que hacer como corresponde a un hijo de Dios.



Dice San Marcos que Jesús subió al monte a orar. Antes de hacer algo muy importante el Mesías se dirigía a Dios, su Padre y el nuestro, para que su petición fuera escuchada. Así lo hace en el momento de escoger a sus apóstoles.



Eran doce. Representaban, podemos así pensarlo, a las doce tribus de Israel y, en general, habían sido escogidos porque Jesús veía en ellos a los que podían ser fieles discípulos. Instituyó apóstoles a los doce y ellos, correspondiendo a Cristo, le siguieron para siempre.

JESÚS, escogiste a los que quisiste para que transmitieran la Palabra de Dios. Fueron doce y fueron los que, con el tiempo, seguirían el camino de la fe con todo aquel que se encontraran. Antes, ¡Ay!, tuviste que morir para que te creyeran del todo.











Eleuterio Fernández Guzmán




19 de enero de 2012

Seguir o no seguir a Cristo





Jueves II del tiempo ordinario

Mc 3, 7-12

“En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a Él. Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: ‘Tú eres el Hijo de Dios’. Pero Él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran.


COMENTARIO

La gente seguía a Jesús porque le había visto, o había oído que hacía, cosas que se salían de lo normal. Muchos, por eso mismo, no buscaban en él consuelo espiritual sino, en todo caso, algo de espectáculo visual.

Muchos de aquellos, sin embargo, iban tras el Maestro, tras quien les podía enseñar con una autoridad que no tenían los que se tenían por sabios y entendidos en la Ley de Dios. Y lo seguían porque creían en él y porque tenían confianza en Jesús.

Los espíritus inmundos sabían a la perfección quien era porque lo conocían. Era el “Hijo de Dios” y así se lo hacían saber. Sin embargo, Jesús no quería que se supiese todavía porque eso causaría un gran revuelo y aquellos que lo perseguían podían utilizarlo en su contra.



JESÚS, te seguían por muchas razones. Tú, sin embargo, a todos acogías porque tu corazón es inmenso y siempre prefieres que te sigan hasta los que no creen en ti para que, viéndote y oyéndote, te crean y se conviertan. Nosotros, sin embargo, que creemos en ti, en determinadas ocasiones nos olvidamos de tal creencia.




Eleuterio Fernández Guzmán