21 de enero de 2012

Orar por la unión



En un principio no había separación entre discípulos de Cristo de tal forma entendida que pudiera decirse de ella que se constituían grupos totalmente contrarios entre sí. Pero a lo largo la historia, la cristiandad ha mostrado una peligrosa tendencia a la separación; una forma de no cumplir la voluntad de Dios que es, como sabemos que sus hijos permanezcan unidos.  

Sin embargo, es más que conocido que Jesús dijo que quería que los hijos de Dios estuviesen unidos como Él lo estaba con su Padre. “Para que sean uno” (Jn 17: 21) fue la expresión utilizada por el Hijo del hombre (en expresión del profeta Daniel, en 7:13) porque sabía que se entregaba a la muerte, y muerte de cruz (Flp 2:8), para que, efectivamente, el pueblo elegido por Dios no presentara división alguna.

Por eso es conveniente que, de vez en cuando, se nos recuerde la necesidad de que aquel “Para que sean uno” no sea una mera frase dicha pero sin contenido alguno.

Tal es el objetivo de la Semana de Oración para la Unidad de los Cristianos.

Desde el 18 y hasta el 25 de enero, y bajo el lema “Todos seremos transformados por la victoria de nuestro Señor Jesucristo” , tomado de la Primera Epístola a los de Corinto (15, 51-58), los obispos de la Comisión Episcopal para las Relaciones Interconfesionales, nos ofrecen otra oportunidad, de adentrarnos en el proceloso camino de la separación con un fin meridianamente claro: construir la unidad perdida del cristianismo hace, ya, demasiados siglos.

La unidad del pueblo elegido ha sido, a lo largo de la historia del mismo, un objetivo a conseguir. Esto es una señal de que los hijos de Dios tenemos la mala costumbre de hacer caso omiso a lo querido por el Padre. Por eso Ezequiel (37, 15-28) se ve obligado reclamar la finalización de la división de la casa de Israel y, por eso, ahora, en nuestro siglo, se ha de hacer exactamente lo mismo porque las palabras de Cristo “Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros” han de ser escuchadas por los hermanos para hacerlas efectivas.

Bien podemos decir, por lo tanto, que no se trata de una voluntad fundada en la nada sino que, al contrario, existen fundadas razones para que la unidad de los cristianos se haga real no siendo, precisamente, poco importante, el compartir un bautismo común.

Dicen, por ejemplo, que “En la Semana de Oración 2012 estamos invitados a profundizar en nuestra fe, en la que todos nosotros seremos transformados por la victoria de nuestro Señor Jesucristo. Las lecturas bíblicas, comentarios, oraciones y preguntas para la reflexión exploran los diferentes aspectos de lo que esto significa para la vida de los cristianos y para su unidad, en y para el mundo de hoy. Comenzamos por contemplar a Cristo servidor, y nuestro camino nos lleva a la celebración final del reino de Cristo, por medio de su cruz y resurrección”.

Se nos pide, por lo tanto, no quedarse anclados en una fe infantil sino llegar a conocerla lo mejor que podamos. De tal forma podremos llegar a ser, de verdad, transformados por Jesucristo, Hijo de Dios que fue enviado por el Padre para salvarnos y ser guía de la humanidad toda.

Y tenemos, para tal fin, lo que dicen nuestros obispos y que no podemos dejar de lado: las Sagradas Escrituras y todo aquello relacionado con las mismas. En ellas debemos apoyar nuestra fe y en un saberse hermanos de Cristo e hijos creados por Dios.

Por otra parte, el texto del Evangelio que se ha escogido para este año viene referido a que “No es una victoria fruto de nuestro esfuerzo humano, ni una victoria según los criterios mundanos de éxito y fracaso, sino una victoria conseguida por Jesús a través del misterio pascual y en la que participamos por la fe. Al hacer nuestra la victoria del Señor nos vamos transformando y configurando a Cristo, nosotros y nuestras Iglesias y comunidades eclesiales, y vamos caminando hacia la unidad de todos los que creemos en la victoria del Señor, según los criterios y los tiempos de Dios y no según los nuestros. Este esfuerzo ecuménico requiere paciencia, servicio, disponibilidad a abandonar algunas formas eclesiales que acaso nos sean familiares pero no se corresponden adecuadamente al significado verdadero y lleno de la experiencia cristiana, superar el deseo de competir entre nosotros, etc.”

Por lo tanto, no se requiere de nosotros una actitud pasiva sino esforzada y colmada por el ansia de unidad de la que habló y sobre la que predicó Jesucristo en su vida entre aquellos otros nosotros de su tiempo, discípulos que amaban al maestro y que dieron forma a su Iglesia, la católica.

Valga esta Semana de Unidad para que, entre los cristianos, sepamos cumplir con la voluntad de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en Análisis Digital

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