22 de octubre de 2011

Convertirse





Sábado XXIX del tiempo ordinario





Lc 13,1-9





“En aquel tiempo, llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: ‘¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos perecéis del mismo modo.





Les dijo esta parábola: ‘Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?’. Pero él le respondió: ‘Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas’’”.





COMENTARIO



El pueblo elegido tenía una concepción de la culpa que le llevaba a pensar que una persona, por ejemplo, sufría algún mal porque su pecado le llevaba a padecer enfermedad o algún tipo de tragedia. Pero Jesús sabe que eso no es así y les conmina a convertirse.



La paciencia de Dios con sus hijos es grande y por eso mismo siempre perdona aquello que hacemos porque nos ama y quiere lo mejor para nosotros. No se arrepiente de perdonarnos porque sus entrañas son de misericordia y enseñan que nosotros también debemos perdonar.



Pide Jesús, sin embargo, algo que es muy importante y sin lo cual difícilmente podemos querer que se nos diga que somos hijos de Dios: conversión. Cambiar el corazón duro por uno de carne y, así, comprender lo que el Creador quiere para nosotros.






JESÚS, tus contemporáneos tenían un concepto bastante equivocado de lo que era el amor de Dios. Creían que castigaba por los pecados que cometían y que, por eso, muchos sufrían enfermedades o padecían de accidentes. Sin embargo, les haces ver que Dios es misericordioso pero que quiere la conversión de sus hijos. Y eso, a veces, ni a nosotros, por egoísmo, nos conviene.







Eleuterio Fernández Guzmán





21 de octubre de 2011

Estar preparados siempre

Viernes XXIX del tiempo Ordinario




Lc 12,54-59





“En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: ‘Cuando veis una nube que se levanta en el occidente, al momento decís: ‘Va a llover’, y así sucede. Y cuando sopla el sur, decís: ‘Viene bochorno’, y así sucede. ¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? ¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo’”.




COMENTARIO



Jesús sabe que, en determinadas ocasiones tenemos la costumbre de no someternos a la Ley de Dios y hacer de nuestra capa, un sayo y, hablando con claridad, hacer con nuestra vida y nuestras circunstancias todo lo que no quiere el Creador que hagamos.




Jesús tiene reglas para la vida que son muy distintas a las nuestras. Cuando puede haber un conflicto estima importante el procurar evitarlo en bien de la paz común y no llevarlo hasta sus últimas consecuencias en aplicación de alguna venganza personal.



En materia espiritual el Hijo de Dios nos muestra cómo podemos hacer para no caer en la tentación de querer ser lo que, en verdad no somos. Debemos procurar, en efecto, arreglar nuestro espíritu antes de comparecer ante el tribunal de Dios y, teniendo en cuenta que no sabemos cuándo será tal momento, siempre tenemos que estar preparados.





JESÚS, querías y quieres que siempre nos sometamos a la voluntad de Dios. Nosotros podemos no querer porque no nos conviene, por ejemplo, perdonar al prójimo como se supone que tenemos que perdonar y, así, en gran parte de la doctrina que transmites que nos resulta incómoda a veces y a veces olvidamos queriendo obviar que Dios nos espera…








Eleuterio Fernández Guzmán





20 de octubre de 2011

Vivir el Reino de Dios




Jueves XXIX del tiempo Ordinario





Lc 12,49-53





“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra’”.





COMENTARIO





Se suele decir que ser cristiano no es nada fácil aunque para muchas personas sea fácil serlo. Y es así porque, en realidad, tienen de su fe un sentido algo alicorto y venido a menos y para tales personas ser discípulo de Cristo, como son, no es nada complicado.





Jesús sabía, muy al contrario de lo dicho arriba, que seguirlo era dificultoso si se hacía como era debido hacerlo. Sus palabras encontraron muchos que se le enfrentaron porque no les convenía lo que les decía. La división que traía era, además, necesaria, para saber qué persona amaba a Dios y qué persona no lo amaba.





Dividir el reino de Dios entre los que, de verdad, son discípulos de Cristo y los que sólo lo son en apariencia es algo importante que hizo el Hijo de Dios al venir entre nosotros. No era, eso, nada malo sino algo muy necesario para distinguir el trigo de la cizaña.






JESÚS, bien sabías que entre los que eran tus vecinos y, en general, entre el género humano, hay personas que dicen ser lo que, en verdad, no son, al respecto de su fe. Discernir entre las personas de tal manera que se sepa lo que son es tarea de cada uno de nosotros pero que, sin embargo, muchas veces rehuimos por egoísmo.






Eleuterio Fernández Guzmán





19 de octubre de 2011

Estar siempre preparados

Estar siempre preparados




 

Miércoles XXIX del tiempo Ordinario



Lc 12,39-48




“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre’.




Dijo Pedro: ‘Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?’. Respondió el Señor: ‘¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si aquel siervo se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda en venir’, y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles”.




COMENTARIO




No se puede decir que Jesús no nos avise del porvenir. Muy al contrario es la verdad porque, precisamente ahora, avisa de que en cualquier momento podemos ser llamados a comparecer ante el tribunal de Dios.




Tenemos que estar preparados para cuando tal momento llegue y no nos puede coger desprevenidos. Jesús nos avisa al respecto de tener el corazón preparado. Pero la preparación no ha de ser falsa ni mentida sino, al contrario, real y con franqueza. Dios, que ve en lo secreto, conoce nuestros más íntimos pensamientos.




Nuestra preparación ha de ir encaminada a no cometer los errores en los que cae el siervo de la parábola que porque su señor no puede verlo comete desmanes sin cuento. Por eso cuando no sabe que su señor llega, éste llega y lo castiga. Aquel siervo no esperaba a su señor y eso le perdió.






JESÚS, puedes llegar, a juzgar a vivos y muertos, en cualquier momento. Nos debería hacer recapacitar acerca de la vida que llevamos saber, como sabemos, que cuando menos lo esperemos vendrás para ver si hemos hecho lo correcto o no. Sin embargo, y a pesar de saber lo que sabemos no actuamos como deberíamos hacer por nuestra dureza de corazón.








Eleuterio Fernández Guzmán























18 de octubre de 2011

La mujer para (y en) la Iglesia católica










Cuando María, la Madre de Jesús, en las bodas de Caná, obligó a su hijo, Jesús, a que convirtiera el agua en vino (aunque ella, claro, no sabía lo que iba a hacer) colaboró, con tal gesto, a hacer que la mujer ocupara un lugar muy importante en el seno de la Iglesia fundada por Jesucristo.

Luego, además, fue a una mujer, María Magdalena, a quien primero se apareció Cristo tras la Resurrección y, además, serían mujeres, junto a Juan, el discípulo amado, las que le habían acompañado hasta los mismos pies de la cruz.


Por eso resulta de todo punto inaudito que se pueda sostener que porque la mujer no pueda ser sacerdote (y, por eso, obispo o, incluso, Papa) la Iglesia la pretiere como si no fuera piedra viva que la constituya.

Nada más lejos de la realidad.

En el Discurso que Benedicto XVI pronunció en Luanda (Angola) el 22 de marzo de 2009 y, precisamente, relativo a la “promoción de la mujer” , atendió a la importancia que las hijas de Eva tienen en el mundo de hoy mismo, Así, dijo que “la historia habla casi exclusivamente de las conquistas del hombre, cuando, en realidad, una parte importantísima se debe a la acción determinante, perseverante y beneficiosa de las mujeres”.

Por eso, no es de extrañar que, en el mismo discurso, trajera a colación un escrito papal muy importante en relación con la mujer y que no es otra que la Carta apostólica “Mulieris dignitatem” escrita por su amado predecesor Juan Pablo II Magno. Allí dejó escrito que “sobre el designio eterno de Dios, la mujer es aquella en quien el orden del amor en el mundo creado de las personas halla un terreno para su primera raíz” (MD 29)

Por tanto, no es que la Iglesia fundada por Cristo tenga a la compañera del hombre como a algo inferior sino que, muy al contrario, la considera como verdaderamente le corresponde y merece: como el origen mismo de la sucesiva vida humana.

Tampoco extraña, por otra parte, que Benedicto XVI diga la verdad de las cosas. “En esas cosas” (se refiere a las migraciones forzadas, a las guerras, etc.) “casi siempre son las mujeres las que mantienen intacta la dignidad humana, defienden la familia y tutelan los valores culturales y religiosos”.

También tenía que hacer mención, el Santo Padre, a las mujeres que “se han consagrado al Señor” . Ellas “apoyándose en Él, se han puesto al servicio de los otros” y con su “presencia y virtudes” hacen, sin duda alguna, una Iglesia católica, y un mundo, mejor.

Hizo, además, referencia a la Carta a los obispos de la Iglesia católica, de la Congregación para la Doctrina de la fe (de fecha 31 de julio de 2004) y, en concreto, a su número 13. En tal Carta se habla de que “debido a que han sido dotadas por el Creador con una especial ‘capacidad de acogida del otro’, las mujeres tienen un papel crucial que desempeñar en la promoción de los derechos humanos” .

A continuación dice algo que resulta importante tener en cuenta y que ha de ir en el camino de romper con ciertos comportamientos ideológicos e, incluso, más allá de la ideología, simplemente personales: llama la atención sobre la importancia de “corregir toda idea errónea de que el cristianismo es, simplemente, un conjunto de mandamientos y prohibiciones”.

Entonces… ¿Qué considera la Iglesia católica sobre lo sucedido en el ámbito femenino durante los últimos decenios?

Pues lo que sigue: “la emancipación femenina ha sido y es un evento histórico, marcado por significados ambivalentes y contrastados, sobre los que debe ejercerse un discernimiento cristiano constante, paciente, inteligente y sabio, para sacar lo bueno para combatir lo malo, para orientar lo incierto” (cardenal Renato Raffaele Martino)

Indica, el cardenal Martino, tres retos muy importantes a los que ha hacer frente (y debe hacer frente) con relación a la mujer:

1.-La relación entre naturaleza y cultura (diferencia sexual, identidad del matrimonio y familia...)

2.-La formación (evitando los lastres culturales que “mortifican la dignidad de la mujer” )

3.-Respuestas a la pobreza (importancia de fomentar un mundo “más justo y solidario”.

Y es que, al fin y al cabo, aquellas palabras de san Pablo en la Epístola a los Gálatas, 3:28 ( “ya no hay judío ni griego, ni esclaro ni libre; ni hombre ni mujer” ) se han hecho ciertas, a lo largo de la historia de la Iglesia católica.

Como muy dijo el beato Juan Pablo II en unas palabras que bien podremos traer a colación ahora: “Te doy gracias, mujer, ¡por el hecho mismo de se mujer!”

Nada mejor, ni más cierto, es posible decir.


Eleuterio Fernández Guzmán

Publicado en Acción Digital









































Ser sembradores



Lc 10,1-9






“En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: ‘La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino.






‘En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’’”.




COMENTARIO






Jesús envió a sus discípulos a predicar la Buena Nueva de que había llegado el Mesías y que, por eso mismo, había llegado la salvación no sólo al pueblo elegido sino, también, al resto.






Jesús se acoge o, mejor, les dice que se acojan a los que no se opongan a la Noticia que les llevan porque es de suponer que, en muchas ocasiones, habían oído hablar de un Maestro de Nazaret que no predicaba como los demás maestros sino que lo hacía con autoridad.






Dios no nos obliga a aceptarlo. Por eso Jesús les dice a sus enviados que entren donde sean bien recibidos y que no traten de imponer sus creencias a nadie. La transmisión de la Verdad ha de ser su única guía y, al fin y al cabo, quien no tenga intención de recibirla, se quedará sin ella.










JESÚS, enviaste a tus discípulos a sembrar la Buena Noticia de que el Reino de Dios estaba cerca. Muchos recibieron la misma con alegría y gozo pero seguramente muchas otras personas no aceptaban ni tu doctrina ni, tampoco, a tu persona. Nosotros, a veces, hacemos como que no oímos lo que nos dicen tus enviados.



















Eleuterio Fernández Guzmán








17 de octubre de 2011

Dios nos llama cuando quiere




Lunes XXIX del tiempo Ordinario


Lc 12,13-21

“En aquel tiempo, uno de la gente le dijo: ‘Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo’. Él le respondió: ‘¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?’. Y les dijo: ‘Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes’.

Les dijo una parábola: ‘Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: ‘¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?’. Y dijo: ‘Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea’. Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?’. Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios’”.

COMENTARIO

En muchas ocasiones nos aferramos a nuestros dioses particulares para no darnos cuenta de que, en realidad, abandonamos a Dios que nos creó y nos ama. El dinero, la posición social, el querer ser más que el otro, el egoísmo...

Jesús sabe qué es lo que, en verdad importa y no es, precisamente, aquello que nosotros creemos que es importante. Muy al contrario, amar a Dios sobre todas las cosas, sobre todas las cosas y bienes materiales, es lo único que deberíamos tener en cuenta.

No sabemos cuándo seremos llamados al definitivo reino de Dios. Por eso mismo tenemos que estar preparados y, para estarlo, debemos abandonar todo lo que nos ata a la tierra y al mundo. Sólo así podremos estar en disposición de ocupar alguna de las estancias que Jesús nos está preparando.


JESÚS, lo caduco y lo que se pudre no es buena cosa para los hijos de Dios. Lo que sí que deberíamos tener en cuenta es aquello que no perece y que no muerte ni aquí ni en la eternidad: tener el alma limpia de pecado y llena de la gracia de Dios. Eso es lo que, a veces, nosotros mismos rechazamos.


Eleuterio Fernández Guzmán


16 de octubre de 2011

Lo de Dios, es de Dios



Domingo XXIX (A) del tiempo ordinario


Mt 22,15-21


“En aquel tiempo, los fariseos se fueron y celebraron consejo sobre la forma de sorprenderle en alguna palabra. Y le envían sus discípulos, junto con los herodianos, a decirle: ‘Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con franqueza y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas. Dinos, pues, qué te parece, ¿es lícito pagar tributo al César o no?’. Mas Jesús, conociendo su malicia, dijo: ‘Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Mostradme la moneda del tributo’. Ellos le presentaron un denario. Y les dice: ‘¿De quién es esta imagen y la inscripción?’. Dícenle: ‘Del César’. Entonces les dice: ‘Pues lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios’.

COMENTARIO

Le buscaban a Jesús algún fallo en el que pudiera incurrir y acusarlo ante los tribunales de tal forma que no pudiera seguir predicando como lo hacía pero, sobre todo, de lo que lo hacía: el cumplimiento de la Ley de Dios y de su voluntad.

La moneda que le entregan representa el poder del César pero Jesús sabía que era más importante, para ellos, el amor que debían a Dios y al que nunca deberían renunciar.

Jesús les dice que no deberían ir contra el poder establecido (también venía de Dios) pero que, de ninguna de las maneras eso debería querer decir que dejasen olvidado al Creador. No. Muy al contrario debería, y deberíamos, actuar porque dejarnos llevar por la mundanidad nos acaba alejando de Dios.


JESÚS, sabías que no habías venido a sembrar cizaña y, por eso mismo, no recomiendas que se actúe contra el poder establecido pero tampoco puedes olvidar que Dios es nuestro Padre y que siempre lo tenemos que tener en cuenta.


Eleuterio Fernández Guzmán


15 de octubre de 2011

El Espíritu nos auxilia




Sábado XXVIII del tiempo ordinario







Lc 12,8-12





“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Yo os digo: Por todo el que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios. Pero el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios. A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.





‘Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué os defenderéis, o qué diréis, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir’”







COMENTARIO





En realidad, Jesucristo nos lo pone muy fácil. No hace falta que hagamos grandes gestas ni que acometamos los problemas del mundo con intención de solucionarlos. Ser discípulos suyos es mucho más fácil aunque, a veces, no lo parezca.





Dice Cristo que basta con no negarlo. Es decir, que es necesaria una manifestación de asentimiento a su discipulado y no negar que se le ama. Y, entonces, Él, cuando sea necesario, saldrá en nuestra defensa. Pero hace falta no negar lo que somos.





Siempre tendremos la ayuda del Espíritu Santo en nuestra labor de transmisores de la voluntad de Dios y de la doctrina de Cristo. No debería darnos miedo, por tanto, cuando nos enfrentemos con situaciones en las que, en apariencia, no podemos encontrar salida porque el Espíritu de Dios está, como dijo Jesús, para acompañarnos siempre.







JESÚS, sabes que la única forma de seguirte es, en efecto, seguirte. Negarte ante el prójimo con intención políticamente correcta no es la mejor forma de mantener que se tiene fe sino, al contrario, la que más nos lleva por el camino equivocado. Y nosotros, muchas veces por comodidad o por otras malas razones, hacemos, precisamente, tal cosa en nuestras relaciones con los demás.









Eleuterio Fernández Guzmán





14 de octubre de 2011

Apariencia de fe





Viernes XXVIII del tiempo ordinario



Lc 12,1-7



“En aquel tiempo, habiéndose reunido miles y miles de personas, hasta pisarse unos a otros, Jesús se puso a decir primeramente a sus discípulos: ‘Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Nada hay encubierto que no haya de ser descubierto ni oculto que no haya de saberse. Porque cuanto dijisteis en la oscuridad, será oído a la luz, y lo que hablasteis al oído en las habitaciones privadas, será proclamado desde los terrados. Os digo a vosotros, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más. Os mostraré a quién debéis temer: temed a aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar a la gehenna; sí, os repito: temed a ése. ¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, ni uno de ellos está olvidado ante Dios. Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis; valéis más que muchos pajarillos’".



COMENTARIO



Hipócritas son aquellos que dicen una cosa pero, en el fondo, hacen la contraria y, en el caso de la fe, aquellos que simulan tenerla pero sólo es cara a los que puedan ver acciones y obras. En realidad. En su corazón no hay tal verdad que se dice tener.



Jesús sabe que el cuerpo puede perecer pero que el alma es inmortal y, por eso mismo, se debe temer a los que, incitando al pecado o propiciándolo, consiguen que caigamos en la tentación y vayamos minando nuestra fe hasta dejarla vacía y llena de la nada del mundo.



Jesucristo ofrece una confianza grande en Dios que nunca olvida a su creación. No debemos, por lo tanto, hacer como si Dios no nos tuviera en cuenta y actuar, entonces, mirando para otro lado ignorando que, en verdad, el Creador nunca puede dar la espalda a su creación a la que, además, mantiene.





JESÚS, aquellos que pretendían guiar al pueblo elegido no actuaban, en muchas ocasiones, de acuerdo a la voluntad de Dios. Prevenías a los que te escuchaban para que no cayesen en la trampa de los fariseos y no siguiesen a los que, en verdad, estaban muy alejados del Creador.





Eleuterio Fernández Guzmán





13 de octubre de 2011

Ir contra Dios




Jueves XXVIII del tiempo ordinario


Lc 11,47-54

“En aquel tiempo, el Señor dijo: ‘¡Ay de vosotros, porque edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron! Por tanto, sois testigos y estáis de acuerdo con las obras de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros edificáis sus sepulcros. Por eso dijo la Sabiduría de Dios: ‘Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán’, para que se pidan cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que pereció entre el altar y el Santuario. Sí, os aseguro que se pedirán cuentas a esta generación. ¡Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido’.

Y cuando salió de allí, comenzaron los escribas y fariseos a acosarle implacablemente y hacerle hablar de muchas cosas, buscando, con insidias, cazar alguna palabra de su boca.


COMENTARIO

Querer tener bajo su mano el sentido de la Ley de Dios es cosa propia de personas egoístas que quieren controlar, en todo caso, lo que es la voluntad del Creador. Se quiere estar en ventaja con relación a Dios.

Seguir la voluntad de Dios y hacer cumplir su Ley es importante para quien se considera hijo del Creador. Hacer otra cosa es desnaturalizar la relación que nos une con Quien nos da la vida y nos la entrega para que hagamos uso de ella.

Aquellos que creen tener en sus manos el secreto de lo que Dios quiere para nosotros pueden tener la intención de controlar nuestra relación con el Padre y hacer de ella un mero engaño. Sin embargo, Jesús sabe y nos dice que mienten y son como falsos profetas.


JESÚS, les dijiste que no podían seguir por el camino equivocado y, sobre todo, hacer que otros siguieran por el mismo camino que no conducía al definitivo Reino de Dios. Querer ocultar la verdad con ánimo egoísta no es la mejor manera de relacionarse con Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán


12 de octubre de 2011

¿Y la familia? Mal, gracias


¿Qué proyecto se tiene, hoy día, en España, para la familia, por parte de aquellos que aún nos “gobiernan”?, ¿qué luces tienen para que el desarrollo de esta institución, esencia de la historia de la humanidad, continúe su discurrir sin alteraciones? Fácil es ver que más bien pocas, o ninguna.

Dice Benedicto XVI, en el discurso “Nueva Evangelización y soporte vital de la familia” que “el verdadero discípulo crece y madura en la familia” , circunscribiendo, así, una socialización básica en el seno de aquella, pues sus reglas de comportamiento interno bien pueden extrapolarse al mundo exterior de la sociedad o, lo que es lo mismo, los valores que pueden enseñarse y aprenderse dentro de la familia son válidos para el resto de la vida en común, con otras personas, ajenas a los miembros de esa iglesia doméstica porque “en el hogar se custodia el patrimonio de la fe; en él los hijos reciben el don de la vida, se sienten amados tal como son y aprenden los valores que les ayudarán a vivir como hijos de Dios”. 

Sin embargo, si esto es lo que ha de darse, en cuanto miramos lo que se está haciendo con la familia, la división de sus miembros (con el “todo vale” nihilista), la desconceptualización del término “matrimonio” (y me refiero a los que se dan entre homosexuales, sin ser, claro, eso matrimonio); el nulo caso legislativo que se hace de ella en las instancias correspondientes... nos damos cuenta, si no estamos ciegos, que lo que se pretende es, al acabar con este espacio donde la persona se desarrolla íntegramente como tal, pasar a controlar a todo aquel que se incorpore, cuando lo haga, a la sociedad, pues se queda, así, huérfano de proceder porque habrá perdido el horizonte que le ofrece su familia.

Vemos, por ejemplo, volviendo a lo dicho antes, que se tergiversa y falsea la institución matrimonial como muy bien dice la Instrucción Pastoral “La Familia, Santuario de la Vida y Esperanza de la Sociedad”, cuando se aceptan “nuevos y alternativos modelos de familia” , y con esto lo único que se consigue es debilitar hasta hacerla nula la misma idea de matrimonio.

Vemos, por ejemplo, que cuando se fomenta la ruptura matrimonial haciendo depender de un mínimo enfado (pues no otra cosa es que el fin de esa unión pueda producirse a los 3 meses de contraída sin ningún tiempo de “reposo” del temperamento, tan necesario en estos casos) lo único que se pretende es que quede en nada el vínculo, que sea algo mudable, efímero, arbitrario.

Vemos que todo esto responde a un intento, como muy bien dice Juan Pablo II Magno, en su Carta a las Familias (1994) de hacer ver, de dar a entender que “la familia” (la que lo es de verdad, sin simulaciones y falsas analogías) es “una institución que, dificulta la libertad de sus miembros” pues, al fin y al cabo, establece unas reglas que hay que seguir y unos valores que respetar y eso, claro, no puede ser aprobado por los defensores del subjetivismo a ultranza y por eso “la familia no pude dejar de sentirme amenazada (también esto lo dice en la Carta citada) porque está acechada en sus mismos fundamentos” 

Entonces, ¿qué hacer? El peligro es tan evidente que no se puede negar ni esconder bajo un buenismo tonto o un optimismo que, aquí, no cabe ni es admisible.

Queda, por ejemplo, contrarrestar esto con tener las ideas claras; por ejemplo, con salir en defensa de lo que nos importa cada vez que sea necesario; por ejemplo, con personarse donde corresponda y con no dar nuestro brazo a torcer; por ejemplo... y que cada uno ponga los que estime oportuno.

Hay, por ejemplo, que tener en cuenta lo que Chesterton dice sobre la familia pues es bastante clarificador para los que creemos en ella, y es lo que sigue: “solamente aquellos para quienes la familia es algo sagrado tendrán alguna vez un fundamento moral o un estatus desde el que podrán criticar al estado” . Esto lo decía en su libro “El hombre eterno” y era hace muchos años, como si lo hiciera refiriéndose al futuro pues habla en este sentido. Ese futuro ya ha llegado como fácilmente puede verse y como los buenos libros tiene, aún, validez lo que dice. A las pruebas hay que remitirse. Sobre esto, la Constitución Pastoral Gaudium et Spes dijo, más de treinta años después y mucho más cerca de hoy, que “el matrimonio es una institución confirmada por la ley divina” (48), o sea, en esencia, lo mismo.

Otra cosa es el fin, y no sólo de la familia, sino de una forma de comportarse que, a lo largo de la historia, se ha demostrado como buena, porque lo ha sido y lo es. Y, claro, entonces, de la misma sociedad que ha sido sustentada por este vínculo de cercana vivencia que, por eso mismo, se hace universal: porque es origen de ese todo y de todo eso.


Eleuterio Fernández Guzmán




Publicado en Acción Digital

Cumplir, de verdad, la Ley de Dios





Miércoles XXVIII del tiempo ordinario





Nuestra Señora del Pilar





Lc 11,42-46






Lc 11,42-46



“En aquel tiempo, el Señor dijo: ‘¡Ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello. ¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que se os salude en las plazas! ¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo!’. Uno de los legistas le respondió: ‘¡Maestro, diciendo estas cosas, también nos injurias a nosotros!’. Pero Él dijo: ‘¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!’.


COMENTARIO

Jesús dijo, en una ocasión, que donde era sí, debía ser sí y donde era no, debía ser no. Es una forma de comportarse del hijo de Dios que es consciente de que lo es y que, por eso mismo, no puede tratar de engañar al Creador que, además, ve en lo secreto de nuestro corazón.

Hacer como que se tiene fe pero, a la hora de la verdad, demostrar que no se es más que un sepulcro blanqueado disimulando el verdadero sentido de nuestro hacer no es querido por Dios que prefiere hijos que cumplan con su Ley y no hagan como si la cumpliesen.

Jesús critica, con todas sus fuerzas de profeta y de Hijo de Dios, que se pretenda aparentar una fe que, en el fondo no se tiene y que, además, se aproveche su especial situación en la sociedad para obligar a los demás a hacer lo que quien lo ordena no quiere hacer. Es una forma hipócrita de comportarse que Cristo no admite.


JESÚS, te ves obligado a llamar la atención a los que tenían que ser ejemplo para el pueblo elegido por Dios. Aquellos que, además, tenían que enseñar a los demás no actuaban de forma correcta de acuerdo a la voluntad y Ley de tu Padre. Sin embargo, no tenemos que ir demasiado lejos porque hoy mismo, en muchas ocasiones, nosotros hacemos lo mismo.




Eleuterio Fernández Guzmán









11 de octubre de 2011

No es la verdad lo que solemos pensar





Martes XXVIII del tiempo ordinario





Lc 11,37-41





“En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: ‘¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros’”.




COMENTARIO





El cumplimiento de lo que se creía que era la Ley de Dios y la voluntad del Creador había llevado a tergiversar el verdadero sentido de la misma que Jesús venía a hacer cumplir. Por eso les llama la atención al respecto de tales comportamientos.



Estar limpio por fuera no quiere decir que lo estemos por dentro, donde en el corazón, como templo, habita el Espíritu. Es probable que, como les dice Jesús, haya mucho que perdonar en nuestro interior y que, por cubrirlo, cuidemos del exterior.



Prefiere el Hijo de Dios, como era de esperar en Dios mismo hecho hombre, que demos de lo poco de bueno que tengamos dentro del corazón antes que disimular como si tuviéramos algo bueno por fuera.






JESÚS, sabes qué es, en verdad, lo que importa en nuestra vida y por eso lo dices y das a entender muchas veces. Los que te escuchaban y los que, ahora mismo, te escuchamos, podemos optar por seguir lo que nos dices o, al contrario, continuar con nuestro proceder mundano. Es cosa nuestra como, según parece, nuestro propio destino escatológico.









Eleuterio Fernández Guzmán





10 de octubre de 2011

Cristo es la señal de Dios

Lunes XXVIII del tiempo ordinario

Lc 11,29-32

“En aquel tiempo, habiéndose reunido la gente alrededor de Jesús, Él comenzó a decir: ‘Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás’”.


COMENTARIO

¿Necesitamos pruebas de la existencia de Dios? En determinadas ocasiones no nos basta con creer sino que reclamamos al Creador aquello que creemos que nos corresponde y, en tal sentido, le pedimos una prueba de su misma realidad.

Jesús sabe que Él era Dios mismo hecho hombre y por eso le dice a los que le escuchan que no esperaran prueba alguna sino que era suficiente con lo que le habían visto hacer. Incluso nada más deberían esperar.

Aquellos que, al parecer, permanecen más alejados de la fe en Dios son llamados también por el Creador a su definitivo Reino. Por eso, tras la resurrección de Cristo todos somos atraídos hacia el Hijo de hombre a través de la obediencia a la Palabra de Dios.


JESÚS, a muchos no les basta con creer en ti sino que necesitan algo más para cimentar una fe que, seguramente, no tienen y ni siquiera entienden. Muchas veces te miramos como quien espera algo de un amigo sin darse cuenta que no siempre están los amigos para eso.


Eleuterio Fernández Guzmán

9 de octubre de 2011

Células durmientes católicas







Los cristianos, los católicos, somos células de las que se compone el tejido de la Iglesia, institución creada por el Mesías y entregada a Pedro para que la gobernara y, entregara, con el paso de los siglos, las llaves, de forma sucesiva, a Benedicto XVI, el Santo Padre.

Como tales células damos vida al tejido que, tras el paso del tiempo, ha dado en ser la imagen de Dios en el mundo. Por más errores que se hayan cometido por parte de las personas que, como seres humanos, han dado en llevar a la Esposa de Cristo hasta la situación en la que se encuentra hoy día, lo bien cierto es que aquel manojo de llaves que Jesús entregó a quien lo negara sigue siendo válido. Abre nuestro corazón, lo llena de la Palabra de Dios y, por así decirlo, lo conforma según la voluntad del Padre.

Por eso, a veces, resulta necesario preguntarse cómo es posible que los que hemos de dar forma, de conformar, el sí a Dios, el sí a Cristo, el sí al Espíritu, permanezcamos en estado de letargo, cual embrión que espera que llegue el día de salir al mundo, cuando nosotros somos herederos del Reino más importante que en el mundo ha sido: el Reino de Dios que Jesucristo ya anunció y trajo, siendo Él, siendo Hijo, siendo Padre y Espíritu.

Podemos preguntarnos, por lo dicho antes, cuál es, si hay, la razón por la cual permanecemos callados, como si la cosa no fuera con nosotros, cuando se zahiere a la Iglesia, cuando se insulta a Cristo, cuando se minusvaloran unas creencias que, venidas de Dios, sabemos que no son mejorables y no lo serán; podemos hacernos esa pregunta que, a veces, resulta tan incómoda: ¿En verdad, nos sentimos hijos de Dios?

Sobreponerse a la primera impresión que puede producir esa inquisición por la dificultad que, en ocasiones, supone ese verdadero hecho divino y humano, ha de valer la pena, necesaria, manifestar qué es eso de ser “hijos de Dios” , tener esa filiación de divina.

¡Somos hijos de Dios! Por eso mismo, ni podemos esconderlo ni nos está permitido hacer tal cosa. Pero hemos de ser conscientes de lo que eso significa.

Cabe, por lo tanto, despertar.

Bien dice San Josemaría que “Cuando emprendemos el camino real de seguir a Cristo, de portarnos como hijos de Dios, no se nos oculta lo que nos aguarda: la Santa Cruz, que hemos de contemplar como el punto central donde se apoya nuestra esperanza de unirnos al Señor” (Amigos de Dios, 212)

Sabemos, por eso mismo, que el sufrimiento, el cargar con nuestra cruz (“El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío”, dice el Maestro y recoge Lucas en su Evangelio, concretamente en 14, 27) es una realidad de la que no podemos, ni debemos, querer librarnos. Otra cosa sería permanecer callados, ausentes de la realidad, como si nada fuera con nosotros.

Por eso no podemos ser células durmientes.

No podemos serlo porque el permanecer dormidos, sin reconocer que conviene estar bien despiertos (aunque sólo sea porque no sabemos “qué día vendrá vuestro Señor” , recoge Mateo en 24, 42) supone no permitir, en primer lugar, que nuestro corazón ofrezca al mundo los dones y carismas que recibimos de Dios; y, en segundo lugar, porque, ciertamente, es traicionar el mandato del Padre al hombre mismo. Ese “someter la tierra” del Génesis (Gn 1, 28) no es, sino, una obligación a dar testimonio del Creador y de nosotros, su semejanza.

Testimoniar es, pues, en este tiempo de Adviento y, por extensión, en el resto de tiempos del año, en todo momento, hacer frente a las asechanzas que, contra Dios, contra Cristo, contra la Iglesia, contra la doctrina, contra nuestra creencia, contra, en fin, nuestra fe, puedan idearse, manifestarse o llevarse a cabo.

De otra forma bien se podrá argumentar, en el tribunal de Dios, en contra nuestra, con cierta facilidad, y nuestro Ángel Custodio va a tener que darle muchas vueltas a su pensamiento para sacarnos de esa difícil situación porque seguramente ya nos habrá avisado, a tiempo, de lo que teníamos que hacer.

Eleuterio Fernández Guzmán

Publicado en Acción Digital