24 de agosto de 2020

Encontrar a Jesucristo


Jn 1, 45-51


“45 Felipe se encuentra con Natanael y le dice: ‘Ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret.’ 46 Le respondió Natanael: ‘¿De Nazaret puede haber cosa buena?’ Le dice Felipe: ‘Ven y lo verás.’ 47 Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.’ 48 Le dice Natanael: ‘¿De qué me conoces?’ Le respondió Jesús: ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.’ 49 Le respondió Natanael: ‘Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.’ 50 Jesús le contestó: ‘¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.’  51 Y le añadió: ‘En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo.”


COMENTARIO

Los que buscan a Cristo

Aquellos que habían descubierto que Jesucristo, el hijo de María y de José, era el Mesías, habían estado buscando al Enviado de Dios y se habían acercado a su profeta Juan. Querían encontrar… y encontraron.


Sorprendidos por el Hijo de Dios

Había muchos que, de todas formas, no acababan de comprender la verdad de las cosas, aquello que llevaba a cabo el Maestro. Natanael se sorprende de algo que, siendo importante, era muy pequeño porque Dios es Todopoderoso y, claro, todo lo puede.


Lo que ha de venir, sin duda, vendrá

Jesucristo avanza lo que ha de pasar cuando llegue el día en el que vuelva en su Parusía. Ellos, aquellos que le escuchaban, estamos más que seguros que no entendieron y aún espera que llegue ese momento. Nosotros queremos que estén en el Cielo esperando la resurrección de los muertos.


JESÚS, ayúdanos a buscarte, a encontrarte, a amarte.

Eleuterio Fernández Guzmán


23 de agosto de 2020

Tú eres Pedro

Mt 16, 13-20

13 Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?’ 14 Ellos dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas.’ 15 Díceles él: ‘Y vosotros ¿quién decís que soy yo?’ 16 Simón Pedro contestó: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.’ 17 Replicando Jesús le dijo: ‘Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 18 Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. 19 A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.’ 20 Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo.”

COMENTARIO

Alguien podría pensar que es algo raro que el Hijo de Dios se vea en la obligación de preguntar a sus discípulos qué pensaba la gente de él, del Maestro. Y es que, en realidad, esto era una prueba más para sus Apóstoles que para el resto de seguidores suyos.

Pues sí. Jesucristo quería preguntarles a ellos que quién era Él. Y  la pregunta no era fácil de contestar porque, al parecer, el resto de personas que no estaban tan cerca de sí mismo no tenían muy claro quién era.

Al parecer, el Espíritu Santo le sopla en el corazón a Pedro aquello que dice. Y, entonces, Jesucristo le dice que sí, que ha acertado porque se lo ha dicho su Padre del Cielo. Y, entonces, lo escoge para que sea el primus inter pares y le da las llaves del Reino de los Cielos.



JESÚS,  gracias por haber escogido a Pedro.

Eleuterio Fernández Guzmán

22 de agosto de 2020

Y dijo sí


Lc 1,26-38

Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: ‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo’. Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: ‘No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin’. 

María respondió al ángel: ‘¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?’. El ángel le respondió: ‘El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios’. Dijo María: ‘He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra’. Y el ángel dejándola se fue
”.
COMENTARIO


El anuncio del Ángel

Lo que había venido a anunciar el Ángel del Señor, Gabriel, era muy importante para la humanidad. Por eso se presenta a María llamándola “llena de gracia” porque, en verdad, Dios estaba con ella y, pronto, en ella.


La situación de María

No podemos negar que aquella virgen judía estaría atribulada ante la presentación de aquel Enviado de Dios. No duda, sin embargo, como había hecho Zacarías, el padre de Juan el Bautista. Ella, sin embargo, sólo quiere saber cómo será lo que le ha dicho Gabriel.

La respuesta de María

Ciertamente María podía haber dicho que no al Ángel. Era una posibilidad. Sin embargo, para una joven entregada a Dios desde muy pequeña no podía haber nada mejor que responder sí a la santa voluntad de Dios. Y así nos salvó.


JESÚS, ayúdanos a alabar, en cuanto merece (que es mucho) la actitud de tu Madre, su santa Madre.

Eleuterio Fernández Guzmán


21 de agosto de 2020

Mandamientos de Dios

Mt 22,34-40

En aquel tiempo, cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: ‘Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?’. Él le dijo: ‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas’”.


COMENTARIO

Muchos de los que vivían en tiempos de Jesús no lo querían para nada y buscaban siempre la ocasión para cogerlo en un renuncio. Sin embargo, lo de ahora es peor porque dudan de que conozca cuál es el primer mandamiento de la Ley de Dios.

De no ser porque actúan sin saber lo que hacen (como diría Jesús en la cruz) no se entiende esta pregunta. Jesús debió mirarlos con pena porque con todo lo que había hecho aún le preguntaban eso.

Jesús sabe más que bien lo que debe decir. Tener en cuenta lo que les dice es algo más que importante porque para nuestra vida ordinaria amar a Dios es esencial pero hacer lo propio con el prójimo es también importante pues es la voluntad del Creador que eso sea así.


JESÚS, lo que nos dices es fundamental para nuestra vida ordinaria. Ayúdame a no caer en la trampa del Maligno.

Eleuterio Fernández Guzmán


20 de agosto de 2020

Acudir cuando llama Dios

Mt 22,1-14
“En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a otros siervos, con este encargo: ‘Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.

‘Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos’”.



COMENTARIO

Jesús, con esta parábola pretende alentarnos a la hora de aceptar, para lo que sea, la llamada de Dios. El Creador nos requiere en muchas ocasiones para llevar a cabo determinadas misiones y quiere, así, que nos sentemos en su banquete de gloria.

Nosotros, sin embargo, podemos poner muchas excusas porque somos especialistas en escurrir el bulto y mirar para otro lado. En este aspecto, el ser humano es muy imaginativo. Siempre tenemos algo que hacer, algo a lo que mirar antes que allí donde Dios quiere que miremos y actuemos.

Jesús, sin embargo, nos previene. Como es hermano nuestro y conoce más que bien la voluntad del Creador, sabe que debemos acudir a la llamada de Dios. Es más, sabe también que no debemos acudir de cualquier forma sino de la mejor posible: limpios de corazón y de alma.  Así acudimos bien vestidos.


JESÚS, quieres que aceptemos la llamada del Padre siempre que nos la haga. Y que lo hagamos de forma correcta y adecuada a su voluntad. Ayúdanos a no mirar para otro lado cuando eso suceda.


Eleuterio Fernández Guzmán


19 de agosto de 2020

Es mejor ser últimos

  
Mt 20, 1-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a los discípulos esta parábola: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo’. Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: ‘¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’. Dícenle: ‘Es que nadie nos ha contratado’. Díceles: ‘Id también vosotros a la viña’.
‘Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros’. Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor’. Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos’”.


COMENTARIO

Dios llama a quien quiere para ser discípulo de Cristo. En realidad, podemos creer que somos nosotros quienes elegimos seguir al Hijo pero es el mismo Todopoderoso quien, en su voluntad, así actúa aunque no todo hijo responde bien a su Padre.

Es bien cierto que hay hermanos en la fe que creen tener más derechos ante el Creador. Como los hermanos Santiago y Juan querían estar a la derecha y a la izquierda de Cristo en su Reino. Y así actúan: quieren tener una retribución mejor.

Jesús, sin embargo, que es conocedor absoluto de la voluntad de Dios, sabe que para ser el primero en su definitivo Reino hay que ser el último en éste. Por eso conviene ser los últimos en cuanto a consideración del mundo; los últimos por ser los que más ayudan y se entregan a los demás; los últimos, en fin, por saber que así hay que proceder.



JESÚS, Dios tiene en cuenta la forma en la que actuamos en este mundo. Ayúdanos a ser, de verdad, los últimos y a gozar con ello.


Eleuterio Fernández Guzmán


18 de agosto de 2020

Cristo lo sabe todo: ser los últimos

Mt 19,23-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos’. Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: ‘Entonces, ¿quién se podrá salvar?’. Jesús, mirándolos fijamente, dijo: ‘Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible’. 

Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?’. Jesús les dijo: ‘Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros’”.


COMENTARIO

Como siempre, Jesús dice cosas muy importantes en este texto. Ahora se refiere a lo que ha de venir y de qué es lo que nos conviene hacer con respecto a nuestra vida futura, a nuestra vida eterna.

La salvación es cosa de Dios. Quiere decir el Hijo del Padre que es el Todopoderoso el que salva pero que también debemos poner de nuestra parte. Por eso dice que hay que ser el último y, más que nada, seguirlo a Él, Mesías y Enviado de Cristo.

Lo que obtendremos de hacer eso no es poca cosa sino, al contrario, lo más importante de nuestra pecadora existencia: la vida eterna que dura para siempre, siempre, siempre. Y, para eso, hay que dejarlo todo y seguir a Cristo. Así se sencillo.


JESÚS, los que te siguen queremos saber cómo estar siempre contigo. Tú nos dices que debemos seguirte y creer en Ti. Ayúdanos a cumplir siempre con tan gran verdad.


Eleuterio Fernández Guzmán


17 de agosto de 2020

El verdadero interés


Mt 19,16-22

“En aquel tiempo, un joven se acercó a Jesús y le dijo: ‘Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?’. Él le dijo: ‘¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos’. «¿Cuáles?» —le dice él—. Y Jesús dijo: ‘No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo’. Dícele el joven: ‘Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?’. Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme’». Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.”


COMENTARIO

Ciertamente, aquel joven, que era rico, había cumplido con todo lo que la ley decía que se había que cumplir. Seguramente tenía, en su corazón, la certeza bien asentada de que hasta entonces todo lo había hecho bien y que, bien poco, podría reprochársele.

Jesucristo, como suele ser habitual, da sorpresas y, por el hecho de serlo, no son esperadas. Y es que aquel joven, que tan orgulloso estaría de cómo se había comportado toda la vida, aún le faltaba algo que cumplir con lo que, a lo mejor, no podía.

Darlo todo, cuando se tiene mucho, a los pobres, no suele plato de buen comer de casi nadie. Por eso aquel joven se marchó, triste como nos dice el texto bíblico. Y es que riqueza le nublaba el corazón de donde salen las obras y aquella, al parecer, no quería salir.

JESÚS, gracias por decir las cosas bien dichas aunque puedan doler.

Eleuterio Fernández Guzmán


16 de agosto de 2020

La Fe mueve corazones


Mt 15, 21-28

21 Saliendo de allí Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón. 22 En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: '¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada.' 23 Pero él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: 'Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros.' 24 Respondió él: No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.' 25 Ella, no obstante, vino a postrarse ante él y le dijo: '¡Señor, socórreme!' 26 Él respondió: 'No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.' 27 'Sí, Señor - repuso ella -, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.' 28 Entonces Jesús le respondió: 'Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas.' Y desde aquel momento quedó curada su hija.”


COMENTARIO

No son pocas las ocasiones en las que ocurre esto: a Jesucristo se le acerca alguien porque tiene una necesidad imperiosa o la tiene otra persona para la que pide intervención del Hijo de Dios. Y cuele concurrir otro elemento que tiene que ver con el resultado de todo lo que va a pasar: la fe.

Tener confianza en alguien, podemos pensar, suele ser un punto a favor de que tal alguien nos eche una mano pues lo contrario sería extraño. Y eso es lo que pasa en el caso de la mujer que pide a Cristo su intervención: ella confía, sabe que sólo el Maestro puede echarle una mano. Y así se lo pide.

Que Jesucristo eche una mano, como decimos, a aquella mujer, no es nada extraño ni es para que nadie se eche las manos a la cabeza. No. Es lo lógico que puede pasar cuando se pide a Dios algo y de pide con fe.



JESÚS,  gracias por comprender la fe de aquella mujer.


Eleuterio Fernández Guzmán

15 de agosto de 2020

María, la creyente


  
Lc 1,39-56

En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: ‘Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!’. 

Y dijo María: ‘Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos’. María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.”


COMENTARIO

Tras la Anunciación y Encarnación, aquella joven que se había declarado “esclava del Señor” y, por tanto, dispuesta a cumplir su voluntad, no puede, por menos, que acudir donde su prima Isabel vive para ayudarla en sus últimos meses de embarazo pues Dios había hecho lo imposible.

Isabel, sin duda inspirada por el Espíritu Santo, proclama la grandeza de Aquella que había acudido a visitarla por amor y por entrega. Lo supo, además, porque el niño que llevaba en su seno, Juan llamado luego el Bautista, saltó de gozo al saber que el Hijo de Dios lo visitaba.

María, por su parte, proclama lo que se ha dado en llamar “Magnificat”. En tal oración, de agradecimiento a Dios por lo que ha hecho por ella, nos ofrece una magnífica oportunidad de alabar al Creador por su bondad misericordia, por su inmenso Amor hacia sus criaturas.


JESÚS, tu madre y tu tía Isabel saben que no eres un niño más que va a nacer. Te conocen como el Hijo de Dios que ha venir, como el Mesías, a salvar al mundo. Ayúdanos a tenerlo siempre en cuenta.

Eleuterio Fernández Guzmán


14 de agosto de 2020

La verdadera Ley de Dios

Mt 19,3-12

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: ‘¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?’. Él respondió: ‘¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre’. 

Dícenle: ‘Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?’. Díceles: ‘Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer -no por fornicación- y se case con otra, comete adulterio’. 

Dícenle sus discípulos: ‘Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse’. Pero Él les dijo: ‘No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda’”.

COMENTARIO

Como sabemos había muchos que querían poner a prueba a Jesús. Le tentaban con pruebas relacionadas con la fe que decían tener aquellos que habían hecho de la Ley de Dios un artificio difícil de cumplir.

La pregunta sobre el divorcio tenía trampa. Querían ver si Jesús conocía la norma establecida según la cual el hombre puede repudiar a su esposa. Sin embargo Jesús sabe que Dios no quiso que eso pudiera llevarse a cabo y fue la dureza del corazón lo que posibilitó que Moisés admitiera tal actitud.

Jesús lanza una propuesta: quien quiera entregarse a Dios de una forma total y no contraigan matrimonio puede hacerlo. De todas formas deben saber que es el Creador quien escoge a los que eso deben llevar a cabo.


JESÚS, ayúdanos a comprender la Palabra de tu Padre.

Eleuterio Fernández Guzmán


13 de agosto de 2020

Misericordia quiere Dios

  
Mt 18, 21—30. 32-35

En aquel tiempo, Pedro preguntó a Jesús: ‘Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?’. Dícele Jesús: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré». Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. 

‘Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’. Y  
encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano’”.


COMENTARIO

Ser misericordioso con el prójimo es uno de los valores que más tenía en cuenta Jesús. Siendo Dios hecho hombre y teniendo el corazón puramente misericordioso se comprende que eso fuera así.

Cuando le preguntan a Jesús por el perdón lo hacen, seguramente, para ver cuál es la voluntad de Dios. Y la cosa es bien sencilla porque según quiere el Creador un hermano debe perdonar siempre a su hermano y, teniendo en cuenta que todos somos hijos de Dios, el perdón no debe ser algo restringido sino, al contrario, extendido.

Aquel siervo, el de la parábola, había sido verdaderamente malvado. Al parecer no comprendía aquello que dice que no hay que hacer a los demás lo que no quieres que te hagan a ti. A lo mejor creía que no iba a ser sorprendido en su mala acción. Y es que nunca deberíamos olvidar, llevando las cosas a la verdad, que Dios lo ve todo y lo sabe todo.

JESÚS, ayúdanos a ser misericordiosos siempre.

Eleuterio Fernández Guzmán


12 de agosto de 2020

Estar con Cristo


Mt 18, 15-20

“’Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano.

‘Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. ‘Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.’” 


COMENTARIO

Ciertamente, es posible que se dé la ocasión en la que un hermano en la fe católica deba ser corregido porque, simplemente, no ha acabado de entender el significado de la Ley de Dios o por la causa que sea.

Acabar por considerar a un hermano en la fe como si se tratase de un gentil o un publicano ha de querer decir que no ha escuchado nada de nada la Voluntad de Dios.

Hay, de todas formas, una forma de pedir sea solucionado esto. Y consiste en pedir a Dios en nombre de su Hijo Jesucristo. Entonces, en tal caso, el Creador escuchará nuestra solicitud de auxilio.


JESÚS,  gracias por darnos a entender cómo debemos actuar en según qué situaciones.

Eleuterio Fernández Guzmán

11 de agosto de 2020

Los principios que valen y sirven

Mt 18,1-5.10.12-14

En una ocasión, los discípulos preguntaron a Jesús: ‘¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?». Él llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños’”.


COMENTARIO

Es más que probable que muchos de los que seguían a Jesús tuvieran, del Reino de Dios, un sentido equivocado. Para ellos sería el más grande quien lo fuera en la tierra. Sin embargo, el Hijo de Dios sabía que eso no era así.

Ser como un niño. Jesús, que quiere mucho a los infantes porque los sabe libres de todo lo malo de los adultos, los pone de ejemplo para alcanzar el Reino de los Cielos. Ser, pues, como un niño es lo mismo que situarse muy bien para alcanzar la vida eterna.

Dios, el Padre de Cristo y el nuestro, no quiere que ninguno de sus hijos se pierda por los recovecos del mundo y sus asechanzas. Por eso Jesús nos dice que siempre nos busca y cuando estamos perdidos sale a por nosotros, nos llama y espera que regresemos a su seno.

JESÚS, tus discípulos han de ser de aquellos que crean que Dios siempre los quiere a su lado. Y eso para cambiar lo que haya que cambiar y olvidar lo que haya que olvidar. Ayúdanos a ser fieles a la voluntad del Creador.

Eleuterio Fernández Guzmán


10 de agosto de 2020

Amar la vida que vale la pena ser amada

Jn 12, 24-26

En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere,
queda él solo;
pero si muere,
da mucho fruto.
El que ama su vida, la pierde;
y el que odia su vida en este mundo,
la guardará para una vida eterna.
Si alguno me sirve, que me siga,
y donde yo esté, allí estará también mi servidor.
Si alguno me sirve, el Padre le honrará. 


COMENTARIO

Lo que dice el Hijo de Dios pudiera parecer contradictorio. Y es que no son pocas las veces en las que, en efecto, pareciera que quiere meternos en un lío de palabras. Y, sin embargo, nada de tal apreciación es cierta.

Ciertamente, quien prefiere su vida a la que Dios le ofrece… en fin, bien podemos decir de tal persona que es necia y que no sabe lo que le conviene.

Sin embargo, quien guarda su vida para la vida eterna y, por tanto, no atiende ni a las tentaciones que el Maligno le presente ni se las crea él mismo… tal persona tendrá la vida eterna como justo resultado de una vida como debe ser tomada y puesta en práctica.


JESÚS,  gracias por ponernos sobre la pista de cómo debemos actuar.

Eleuterio Fernández Guzmán

9 de agosto de 2020

100 veces gracias, Lolo

100 veces gracias, Lolo: Cuando se cumplen 100 años del nacimiento del Beato Manuel Lozano Garrido, tan sólo una palabra debe bastar: gracias, y un añadido: Lolo. Gracias, Lolo.

Creer, de verdad, en Cristo



Mt 14, 22-33

“22 Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. 23 Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí. 24 La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. 25 Y a la cuarta vigilia de la noche vino él hacia ellos, caminando sobre el mar. 26 Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: ‘Es un fantasma’, y de miedo se pusieron a gritar. 27 Pero al instante les habló Jesús diciendo: ‘¡Animo!, que soy yo; no temáis.’ 28 Pedro le respondió: ‘Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas.’ 29 ‘¡Ven!’, le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. 30 Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: ‘¡Señor, sálvame!’ 31 Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: ‘Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?’ 32 Subieron a la barca y amainó el viento. 33 Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: ‘Verdaderamente eres Hijo de Dios.’”

COMENTARIO

El caso que nos muestra hoy el Evangelio de San Mateo muestra hasta dónde somos capaces de creer aquellos que decimos tener fe. Y es que suponemos que Pedro, que era considerado el primus inter pares, el primero entre iguales porque tenía la predilección del Maestro, no parecía tenerlas todas consigo.

Cuando Pedro ve que el Señor va hacia ellos no duda en echarse al agua. Sin embargo, le parece que, al fin y al cabo, va a acabar hundiéndose en el agua, deja de confiar en Quien está allí, delante de él, y está a punto de hundirse.

Haciendo aquello, Pedro muestra bien a las claras que su fe no es tan profunda como cree y tampoco nos extraña que Jesucristo le diga que es hombre de poca fe. Y tan poca…



JESÚS,  gracias por comprender tan bien a Pedro.

Eleuterio Fernández Guzmán

8 de agosto de 2020

El grano de mostaza

Mt 17,14-20

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre que, arrodillándose ante Él, le dijo: ‘Señor, ten piedad de mi hijo, porque es lunático y está mal; pues muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua. Se lo he presentado a tus discípulos, pero ellos no han podido curarle’. Jesús respondió: ‘¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo acá!’. Jesús le increpó y el demonio salió de él; y quedó sano el niño desde aquel momento. 

Entonces los discípulos se acercaron a Jesús, en privado, y le dijeron: ‘¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?’. Díceles: ‘Por vuestra poca fe. Porque yo os aseguro: si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: “Desplázate de aquí allá”, y se desplazará, y nada os será imposible’”.

COMENTARIO

Muchos le pedían a Jesús porque había muchos que necesitaban ayuda de la buena, de la que sólo puede dar quien la tiene. Algunos por enfermedades físicas y otros por estar dominados por demonios e hijos privilegiados de Satanás.

Jesús comprende perfectamente a las personas que lo llaman porque lo necesitan. Él, además, había venido al mundo a salvar lo que necesitaba ser salvado y, como aquel caso de la persona enferma mental, lo necesitaba.

Pero Jesús dice algo importante: se necesita fe para hacer determinadas cosas. Dice que como un grano de mostaza… que es muy pequeño. Y aquello era un aviso a los que creían que tenían mucha fe pero, en verdad, no era así.


JESÚS, ayúdanos a tener fe.

Eleuterio Fernández Guzmán