8 de marzo de 2012

Ser Lázaro o Epulón



Jueves II de Cuaresma


Lc 16, 19-31

“En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: ‘Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y un pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.

‘Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: ‘Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama’. Pero Abraham le dijo: ‘Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros’.

‘Replicó: ‘Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento’. Díjole Abraham: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan’. Él dijo: ‘No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán’. Le contestó: ‘Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite’’”.


COMENTARIO

Los que nos consideramos creyentes en Dios Único y Omnipotente tenemos la posibilidad, en determinadas ocasiones, de escoger entre una opción y otra. Aquí se nos plantea el caso de Lázaro, pobre y Epulón, rico.

En nuestra libertad podemos no prestar atención a los que necesitan nuestra ayuda. Puede tratarse de una que lo sea económica o de simple compañía y comprensión pues son muchas las necesidades que el prójimo puede tener. Seremos, entonces, como los que han atendido a Cristo mismo.

También podemos ser como quien no presta atención a quien lo necesita y camina por la vida de forma egoísta. Seremos, entonces, como aquel rico que nada hacía por el pobre Lázaro. Debemos saber que, en tal caso, en esta vida ya hemos sido pagados y que en la que lo será eterna no nos espera nada bueno. No hemos sido misericordiosos.


JESÚS, tenías en cuenta las necesidades de aquellos que te necesitaban. Por eso siempre enseñaste que quien nos busca por la razón que sea ha de ser atendido aunque eso nos cueste tiempo e, incluso, dinero. Manifestar amor por el prójimo es deber inexcusable de quien se dice hijo de Dios.




Eleuterio Fernández Guzmán


7 de marzo de 2012

Ser servidor del prójimo



Miércoles II de Cuaresma

Mt 20, 17-28

“En aquel tiempo, cuando Jesús iba subiendo a Jerusalén, tomó aparte a los Doce, y les dijo por el camino: ‘Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, para burlarse de Él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará’».

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: ‘¿Qué quieres?’. Dícele ella: ‘Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino’. Replicó Jesús: ‘No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?’. Dícenle: ‘Sí, podemos’. Díceles: «Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre’.

Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: ‘Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos’.

COMENTARIO

Es humanamente esperable que queramos ser los primeros o, en todo caso, estar junto a quien lo sea porque el prestigio que tal situación puede darnos es, socialmente, muy importante. Eso era lo que quería la madre de Juan y Santiago, hijos de Zebedeo.

Jesús, en la seguridad de saber qué va a pasar pregunta si es que ellos van a bebe el cáliz de la muerte como Él lo beberá. Dicen que sí porque, en efecto, así iba a ser. Sin embargo, ni siquiera en tal caso correspondía a Jesús decir nada al respecto de quién se situaría a su lado en el definitivo Reino de  Dios.

A pesar de eso, es bien cierto que había algo que debían aprender y que era primordial en su relación con Dios: servir, el servicio, estar a disposición de los demás. Y se pone Él como ejemplo de quien ha venido a servir y no a ser servido.



JESÚS, enseñabas a tus más cercanos discípulos que el servicio era importante. Tú lo practicabas con ellos y con todos y, por eso mismo, esperabas de ellos un comportamiento similar porque si bien cierto es que el discípulo no puede ser más que el maestro no es poco cierto que, al menos, puede intentar ser igual.  



Eleuterio Fernández Guzmán

6 de marzo de 2012

Ser sal y ser luz

Eleuterio Fernández Guzmán







Ya el mismo Jesús nos pidió algo así como que fuéramos sal y luz (cf. Mt 5, 13-14). En el mundo quería que diésemos sabor y que iluminásemos porque para eso había enseñado a serlo y a hacerlo. No se limitó, sin embargo, a decir que lo éramos sino que de no serlo no serviríamos, espiritualmente, para nada.
Conviene, pues, ser sal ser luz porque, de otra manera, «si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres» (Mt 5, 13) y, además, no debemos olvidar que «No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte» (Mt 5, 14).

Ser sal

La sal, como especia, sirve para dar sabor a los alimentos. Y, aunque en exceso tampoco es recomendable no es menos cierto que sin ella lo que debería ser de aceptable sabor no deja de ser algo poco comestible o, en todo caso, comestible por obligación y por conciencia de lo que pasa en el mundo.
Algo así pasa con la sal espiritual que no es menos importante que la otra, la física, y que nos sirve a los discípulos de Cristo para confirmar que, en efecto, lo somos.
Ser sal, en el mundo que nos ha tocado vivir, es llevar a cabo la misión que tenemos encomendada por Jesús, haciendo lo posible para que la Sabiduría de Dios sea conocida y amada.
En realidad, la sal parece que ha desaparecido en cuanto sabor de los valores eternos que nos conforman como hijos de Dios. Así, la insipidez en tal aspecto debemos procurar sanarla siendo, precisamente, sal de la tierra que la espiritualidad llene los espacios vacíos de la misma y se posesione de los corazones que tan inhóspitos parece que se muestren a la misma. Y, como según dice el número 36 del Decreto Ad Gentes (a la sazón sobre la actividad misionera de la Iglesia) «Todos los fieles, como miembros de Cristo viviente, incorporados y asemejados a El por el bautismo, por la confirmación y por la Eucaristía, tienen el deber de cooperar a la expansión y dilatación de su Cuerpo para llevarlo cuanto antes a la plenitud (Cf. Ef., 4,13)», tal es la situación ante la que nos encontramos.
Ser sal, entonces, es ser portadores de la Palabra de Dios en tanto obligación y en cuanto devoción que hemos de tener como descendientes del Padre porque como bien dice más adelante «Por lo cual todos los hijos de la Iglesia han de tener viva conciencia de su responsabilidad para con el mundo, han de fomentar en sí mismos el espíritu verdaderamente católico y consagrar sus fuerzas a la obra de la evangelización».
Y eso sin olvidar la necesaria evangelización interior, de cada uno de nosotros que necesita, así, de la misma para ser sal.

Ser luz

«Yo soy la luz del mundo». Esto, que recoge el evangelio de san Juan en 8, 12, nos muestra hacia dónde debemos mirar y en quién nos tenemos que fijar a la hora de llevar un comportamiento del que pueda predicarse que es manifestación de un discípulo de Cristo.
La luz sirve, por ejemplo, para iluminar una estancia oscura. Pero también la podemos utilizar para poder caminar por una senda en la que está ausente la iluminación. Pues eso es lo que debemos ser en el y para el mundo: luz que permita que quienes están a oscuras puedan ver y que quienes no sean capaces de caminar ahora en el Reino de Dios que trajo Jesucristo y luego hacia el definitivo Reino de Dios, puedan hacerlo.
Así, la luz es, por una parte, la fe que tenemos y que decimos profesar y es la que tenemos que transmitir y difundir; la luz es, también el amor que debe presidir nuestras actuaciones como virtud primera y como ley esencial del Reino de Dios; la luz es la Verdad que debemos abrazar y debemos, porque es lo que nos importa, decirlo bien alto sin menoscabar nuestros pronunciamientos al respecto por el respeto humano, por el miedo o por las razones que podamos aportar en defensa de lo indefendible.
Al contrario, las tinieblas, por ausencia de luz, es tanto la hipocresía como la mentira, el odio, la incredulidad y, además (por eso mismo) no tener abierto el corazón a Cristo y no aceptarlo. Tal es la oscuridad y la misma es la que debemos, obligación grave es, mitigar con nuestra luz porque somos luz que ha de iluminar el mundo y, en el mundo, a las criaturas que en él habitan y que, siendo seres humanos, han de tender a Dios y buscar a su Creador sin el cual ni se entienden ni son nada.
De todas formas, no hace falta que busquemos imaginativamente apoyos a esto dicho aquí. Muy cerca de nosotros, en las Sagradas Escrituras encontramos razones más que suficientes. Así, el Salmo 111 dice, por ejemplo, que el «El justo brilla como una luz en las tinieblas». Seamos, pues, justos, para reflejar la luz de Dios y hacer, de nuestras vidas, aunque sea un ligero ejemplo de la Cristo Nuestro Señor.

Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en ConoZE

Contemplar a Dios







Los hermanos y hermanas en la fe que, desde la consagración que escogieron para su vida contemplan a Dios y, entonces, a su creación, tienen el inmenso gozo de llevar a cabo una labor que eligieron voluntariamente y a la que se entregan, nunca mejor dicho, en cuerpo y alma.

Entendemos, por contemplar, desde un punto de vista religioso, el hecho mismo de ocuparse de Dios pensando en Él y tener en cuenta los atributos divinos y los misterios de la religión. Por eso no puede corresponder, únicamente, a las personas entregadas la vida de contemplación, por decirlo así, llevada a cabo en lugares concretos y determinados, el mismo hecho de contemplar.

Por eso nos corresponde, a cada uno de los cristianos, aquí católicos, ejercer de contemplativos en el mundo y con el mundo.

Contemplar para creer, tener fe y sentirnos hijos de Dios

Esencial para nuestra vida de creyentes, la contemplación nos ayuda a reconocernos en el mundo porque nos sirve como medio de comprensión del mismo.

Creemos porque, al contemplar la gloria de Dios, nos confirmamos en lo que se nos dio. Ya no basta con tener una fe entregada sino que, al contrario, hemos de formar y conformar de acuerdo a la voluntad del Padre.

Entonces, cuando pensamos en Dios y lo hacemos de forma intensa contemplamos su Divino Ser y fomentamos, en nosotros, la creencia que nos sostiene.

Nos adherimos al misterio del reino de Dios y, entonces, situamos de una forma más adecuada la fe en nuestra vida y, a la vez, nos sentimos, en verdad y de verdad, hijos de Dios que saben que tal filiación les obliga a llevar un comportamiento distinto al de quien, simplemente, no cree.

¿Cómo, de todas formas, contemplamos a Dios en nuestra vida cotidiana?

Diversas son las circunstancias a partir de las cuales la contemplación es posible para nosotros, los creyentes en Dios Único y Creador:

1.-En la creación misma, donde apreciamos el poder y la misericordia de Dios para con nosotros.

2.-En los demás, donde apreciamos la voluntad de Dios de ser perfectos con el prójimo.

3.-En las Sagradas Escrituras, donde podemos contemplar la verdadera voluntad de Dios.

4.-En nosotros mismos, desde donde contemplamos el mundo y al prójimo.

Sin embargo, es posible que haya personas que sean capaces de contemplar a Dios de alguna otra forma. Cada cual ha de encontrar el modo de contemplación que sea más adecuado para su vida y circunstancias porque algo hay en común en todo intento: la búsqueda de Dios.

A Dios lo buscamos porque sabemos que es uno que lo es personal y, por eso mismo, tenemos necesidad de hacerlo presente en nuestra vida y tal realidad espiritual ha de ser querida por cualquier cristiano, aquí católico.

No podemos decir, por lo tanto, que la contemplación pueda ser exclusivamente gozo de las personas que han escogido una vida apartada del mundo para estar en el mundo sino, al contrario, de todos los que nos sabemos criaturas del Creador.

Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en Acción Digital

Humillarse para ser ensalzado





Martes II de Cuaresma


Mt 23,1-12

“En aquel tiempo, Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos y les dijo: ‘En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame ‘Rabbí’.

‘Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar ‘Rabbí’, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie ‘Padre’ vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar ‘Doctores’, porque uno solo es vuestro Doctor: Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado’”.


COMENTARIO

Hay personas que, por la especial situación que tienen dentro de la comunidad religiosa, han de dar ejemplo con la vida que llevan porque, de otra forma, no serán escuchados por muy bueno que sea lo que digan. Eso quería decir Jesús al respecto de determinadas personas de su época.
Jesús sabe que a los hombres les importa demasiado lo que entre los hombres pasa y que, a menudo, no tienen en cuenta la voluntad de Dios ni lo que la misma representa. Sólo Dios es verdadero Padre Creador y sólo Cristo es el verdadero Maestro y Doctor de la verdadera Ley de Dios.

Una cosa más les quiere enseñar Jesús: hay que ser el último, el servidor, para ser el primero en el definitivo Reino de Dios. Eso fue lo que haría el mismo en la última cena cuando lavó los pies a sus discípulos. Y tal debería ser el ejemplo que deberíamos seguir.



JESÚS, ser humilde es algo más que creerse poca cosa porque ser humilde es saber, exactamente, en qué sentido nos relacionamos con Dios. Nos ponemos al servicio del otro y así colaboramos a mejorar el mundo. Sin embargo, no solemos hacer eso sino todo lo contrario.




Eleuterio Fernández Guzmán


5 de marzo de 2012

Ley de Dios



Lunes II de Cuaresma


Lc 6,36-38

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá’”.


COMENTARIO

En otras muchas ocasiones Jesús les pone a los apóstoles, sobre la mesa, el verdadero sentido de la Ley de Dios que había sido, hasta entonces, bastante tergiversada. Y lo que decía no era fácil de llevar  cabo y, ni siquiera, de asumir.

Aquello que hacemos con relación a los demás tenemos que hacerlo de acuerdo a la voluntad de Dios. Por ejemplo, hay que se compasivo pero no de cualquier forma rácana sino de forma muy generosa. Y hay que perdonar para poder perdonados...

Muchas otras dice Jesús que sus discípulos deben cumplir: Hay que dar para que se nos de. Y esto no es cosa poco importante porque en el momento de nuestro juicio particular se tendrá en cuenta aquello que  hayamos hecho, en todos los sentidos, por los demás.



JESÚS,  mucho tenían que aprender aquellos que te seguían y mucho más los que estaban en relación directa contigo, tus apóstoles. Perdonar sobre todas las cosas, por ejemplo, sin olvidar que se nos medirá con la misma medida con la que nosotros midamos. Y eso no deberíamos olvidarlo nunca.



Eleuterio Fernández Guzmán


4 de marzo de 2012

Trabajadores para los campos del Señor







El mes de marzo se caracteriza por ser aquel en el que se celebra, muy especialmente, que hay jóvenes que han decidido entregar su vida a Dios y al prójimo de una manera muy especial como es siendo sacerdotes.

Apóstoles de hoy

Es bien cierto que el apostolado sacerdotal, hoy día, no es nada fácil.

Para empezar, escuchar la voz de Dios entre el ruido que el mundo produce requiere una predisposición no escasa.

Para continuar, una vez se ha colocado el oído del corazón en la posición adecuada tampoco ha de ser fácil perseverar en el“fiat” dado cuando, en realidad, Dios lo había requerido.

Sin embargo, la siguiente oración manifiesta el exacto sentido del mismo y la necesidad de que sean muchos los trabajadores que labren los campos del Señor.

Dios, Padre nuestro,
que enviaste a tu Hijo Jesucristo
para salvar el mundo:
Él sigue llamando hoy
y eligiendo a algunos de sus discípulos
para convertirlos en apóstoles de su Iglesia.
Suscita, con la fuerza del Espíritu Santo,
generosas y abundantes respuestas
a sus llamadas en las familias,
en las comunidades cristianas
y en la vida de los seminarios.
Se cumpla así la promesa,
‘os daré pastores según mi corazón’:
sacerdotes, ministros fieles de la Palabra,
de la Eucaristía y del Perdón.
Que vivan siempre identificados con Cristo
y sientan ardientemente
la pasión por el Evangelio.
La santísima Virgen, Madre sacerdotal
y estrella de la evangelización, los acompañe.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.


Se habla de llamada... y se habla de seguimiento... de testimonio de amor; de apostolado, al fin y al cabo.

Gracia de Dios

Es el Creador el que escoge a aquellos que van a trabajar en sus campos. Ante la llamada sólo cabe aceptar o, al contrario, hacer como si la misma no fuera con ellos.

Dice Sto. Tomás de Aquino que “la gracia y la gloria son del mismo género, porque la gracia no es otra cosa que el comienzo de la gloria en nosotros y la gracia que poseemos tiene en germen todo lo que es necesario para la gloria, como la semilla del árbol contiene todo lo necesario para llegar a ser árbol perfecto”. 

Por eso la gracia de Dios se derrama sobre aquellos que la aceptan y que bien pueden responder con aquello dicho por San Pablo en la Segunda Epístola a los Corintios: “No es que nosotros seamos capaces de pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia viene de Dios” (2 Co 3-5) o, también, como escribiría a los Filipenses, “Dios es el que obra en vosotros, el querer y el obrar” (Flp 2, 12)

Por eso la gracia de Dios conforma la fe con la que se acepta sembrar y labrar los campos del Señor, llena la esperanza con la que se dice “sí” y aumenta la caridad que no dejará, nunca ya, de ser libertad aceptadora de la voluntad de Dios.

Aquellos que aceptan la voluntad de Dios en tal sentido han de comprenderse y entenderse de la forma con la que San Josemaría caracteriza a los hijos de Dios: “La fe nos dice que el hombre, en estado de gracia, está endiosado. Somos hombres y mujeres, no ángeles, seres de carne y hueso, con corazón y con pasiones, con tristezas y con alegrías. Pero la divinización redunda en todo el hombre como un anticipo de la resurrección gloriosa” ( “Es Cristo que pasa”, 103)

Pero, en realidad, todos somos responsables de hacer lo posible para que aquellos que escuchen la voz de Dios que los llame a ser sacerdotes, se decidan a serlo. Y lo somos de lo siguiente:


Responsables de suscitar: no impidiendo que se manifieste la voluntad de Dios.

Responsables de animar: cada cual en nuestro particular ambiente.

Responsables de acompañar las vocaciones al sacerdocio: apoyando a las que puedan surgir en nuestros círculos de conocimiento.

En realidad, hacer otra cosa no es, precisamente, comportarse como cristianos e hijos de Dios.

Y otra cosa no se espera, además, de nosotros.

Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en Acción Digital



Escuchar a Cristo




Domingo II (B) de Cuaresma

Mc 9,2-10

“En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo. Se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús.

Toma la palabra Pedro y dice a Jesús: ‘Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’; pues no sabía qué responder ya que estaban atemorizados. Entonces se formó una nube que les cubrió con su sombra, y vino una voz desde la nube: ‘Este es mi Hijo amado, escuchadle’. Y de pronto, mirando en derredor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos.

Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.

COMENTARIO

Como pasará más tarde con los mismos, en Gethsemaní, el Mesías encamina a tres discípulos suyos, a saber, Santiago y Juan, los Zebedeos o “hijos del trueno” (nombre con los que los bautizó, con un innegable sentido del humor) y Pedro (la piedra sobre la que edificaría su Iglesia) y los lleva a un monte. Porque la montaña, o aquel, a lo largo de las Sagradas Escrituras, tuvo y tiene una importancia propia y característica

Jesús se transfigura y aparece hablando con los profetas Moisés y Elías. Con ellos debe hablar acerca de lo que le espera porque ellos ya saben lo que va a pasar. En cierto modo, lo han visto porque todo ha, ya, sucedido y sólo tiene que pasar para nosotros, los seres humanos.

Jesús les dice a sus tres discípulos que no hablen, para nada, de lo que habían visto. Pero no lo prohíbe para siempre sino, en todo caso, hasta que resucite. Seguramente, aquellos tres hombres sencillos no acabaron de comprender aquello de la “resurrección” del Maestro y tendrían que esperar al domingo de la Pascua del Señor para comprenderlo.


JESÚS,  ante tres de tus discípulos tu Padre volvió a repetir que había que escucharte y, por lo tanto, hacer lo que decías que había que hacer. Muchas veces, sin embargo, no queremos escucharte sino hacer todo lo contrario de lo que nos dices con tu palabra que es Palabra de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán


3 de marzo de 2012

Amar sobre todo odio o ira



Sábado I de Cuaresma


Mt 5, 43-48

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial’”.


COMENTARIO

La Ley de Dios es extremadamente cuidadosa con lo que se hace con el prójimo. No es esto nada de extrañar porque el Creador, como Padre, no puede querer que uno de sus hijos maltrate, como sea, a otro.

Jesús prescribe un amor grande que va más allá de lo que solemos entender por querer a los demás. Así, si somos rácanos con el amor que damos nuestro hermano Cristo quiere que amemos a nuestros enemigos. ¡Que amemos a nuestros enemigos! Nos pide quien perdonó a quienes lo estaban matando.

Hacer lo que hacemos con los nuestros, amarlos (y, aún así, según y cómo nos conviene hacerlo) es fácil. Sin embargo, para ser perfectos como Dios es perfecto tenemos que ir más allá, mucho más allá hasta donde el amor requiere de gran esfuerzo y ruptura con nuestra tendencia a lo que no es bueno ni mejor.


JESÚS, quieres que amemos a los que nos odian. Ciertamente que tal forma de comportarse es una que lo es suprema en al amor y en la entrega al prójimo. Sin embargo, no siempre queremos ser perfectos como Dios lo es y no hacemos lo que debemos hacer.




Eleuterio Fernández Guzmán


2 de marzo de 2012

La verdadera Ley de Dios



Viernes I de Cuaresma

Mt 5, 20-26

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal’. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano “imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame “renegado", será reo de la gehenna de fuego.

‘Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo’".

COMENTARIO

Es bien cierto que los contemporáneos de Jesús decían cumplir la Ley de Dios y que estaban más que seguros que lo hacían de la mejor manera. Sólo así puede entenderse que acusasen, por ejemplo, a Jesús, de no cumplirla y de mantenerse lejos de la misma.

Jesús sabe que, muy al contrario de lo que hacían los que vivían en su tiempo, la voluntad-Ley de Dios era otra cosa muy distinta: encolerizarse lo equipara a matar e insultar a un hermano se tiene gran pecado.
Jesús va, sin embargo, más lejos porque nos pide algo que muchas veces no es fácil de llevar a cabo y la mayoría de las veces no cumplimos. Nos pide que perdonemos a quien tiene algo contra nosotros y que nos arreglemos de la mejor manera posible.


JESÚS, eras portador de la voluntad de Dios y la misma no es, como solemos pensar, como nosotros queremos que sea sino como es. Por eso, en muchas ocasiones, obramos a sabiendas de que no hacemos lo que debemos porque el Mal se ha apoderado de nuestro corazón.



Eleuterio Fernández Guzmán


1 de marzo de 2012

Hispanoamérica 2012







“Jóvenes misioneros para un continente joven” en 2011;  “Sacerdotes, discípulos y misioneros” en 2010; “América con Cristo, vive la misión”, en 2009; “América Latina, continente en misión”, en 2008; “Llamados a ser discípulos y misioneros en América”, en 2007; “Compartimos el pan de la tierra y el pan del cielo”, en 2006 o “América recibe y nos envía misioneros”, en 2005 han sido los lemas que, en años sucesivos nos han traído a la realidad espiritual católica hispana que hay momentos en los que debemos agradecer, más de lo que hacemos, el don de poder evangelizar. 

Para este año 2012 el lema escogido ha sido “Comprometidos con América en la Nueva Evangelización” y supone, como el texto mismo indica, tanto el obligarse a evangelizar como el hacerlo en el ámbito de lo que Benedicto XVI ha entendido y hecho todo lo posible como para que se considera como nueva lo que es tan antiguo como el mismo Evangelio.

Y para este día, en concreto se celebra el domingo 4 de marzo, la Presidencia de la Pontificia Comisión para América Latina ha dado a conocer un Mensaje con motivo del denominado “Día de Hispanoamérica” instaurado en el año 1959.

En el citado Mensaje se recuerda, por ejemplo, que “Hispanoamérica debe a España, ante todo, lo que es su más rico tesoro: el  patrimonio de la tradición católica comunicada, inculturada y arraigada en las  tierras buenas del ‘Nuevo Mundo’. Con razón Benedicto XVI señaló en Aparecida, el 13 de mayo de 2007, que el patrimonio más precioso de América  Latina es ese don providencial que ha gestado a sus pueblos y que ‘ha animado  su vida y cultura [...] durante más de cinco siglos’. ‘Este es el rico  tesoro del  continente americano –decía el Papa en esa oportunidad–; este es su patrimonio más valioso: la fe en Dios amor, que reveló su rostro en Jesucristo [...]. No  es una ideología política, ni un movimiento social, como tampoco un sistema  económico; es la fe en Dios amor, encarnado, muerto y resucitado, el auténtico  fundamento de esta esperanza que produjo frutos tan magníficos desde la primera evangelización hasta hoy”.
 Es, por lo tanto, obligación de nación tan evangelizadora como lo ha sido España el continuar, como se pueda en estos tiempos de secularización, con una labor tan importante como es la de llevar la Palabra de Dios allá donde no la conocen y, en su caso, donde conociéndola puedan estar olvidándola.

En general, la relación con Hispanoamérica a nivel de evangelización se debe vehicula a través, por ejemplo, de abrir el corazón “a las familias y comunidades de latinoamericanos inmigrantes asentadas en España”; de mostrar agradecimiento por “el precioso servicio que están prestando universidades y centros superiores de Teología que, en España, acogen a sacerdotes provenientes de América Latina para la ampliación de sus estudios”, de “reconocer y recoger a los sacerdotes provenientes de países” hispanoamericanos que, “con el consentimiento de sus respectivos obispos, prestan sus servicios pastorales en diócesis españolas” o de renovar la “memoria agradecida del maravilloso espectáculo de santidad y comunión eclesial vivido durante la Jornada Mundial de la Juventud” celebrada en agosto de 2011…

Podemos ver, por tanto, que en el ámbito de la Nueva Evangelización son  muchos los puntos sobre los que recae la atención que, especialmente desde España, se tienen que fomentar en aras de una buena relación con las tierras que en otro tiempo se incorporaran a la civilización cristiana tras el descubrimiento de las tierras americanas.

Por otra parte, dice el Cardenal Marc Ouellet, a la sazón Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina que debemos recobrar el fervor espiritual  y confiar las intenciones que hacemos al respecto de la evangelización de la América hispana “a la  gracia del Espíritu Santo, verdadero protagonista de la ‘Nueva Evangelización’, que nos precede en el corazón de las personas y en la cultura de los pueblos, para conducirlos hacia Cristo, según hostiemos y ritmos definidos por la Providencia de Dios”.

Recuerda, también, el Cardenal Ouellet que, a tenor de lo dicho en el número 80 de la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, debemos conservar “La dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas. Hagámoslo —como Juan el Bautista, como Pedro y Pablo, como los otros Apóstoles, como esa multitud de admirables evangelizadores que se han sucedido a lo largo de la historia de la Iglesia— con un ímpetu interior que nadie ni nada sea capaz de extinguir. Sea ésta la mayor alegría de nuestras vidas entregadas. Y ojalá que el mundo actual —que busca a veces con angustia, a veces con esperanza— pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo, y aceptan consagrar su vida a la tarea de anunciar el reino de Dios y de implantar la Iglesia en el mundo”.

Al fin y al cabo, la misión dada por Cristo es la de evangelizar y eso se hace desde España hacia América llamada hispana. Y otra cosa no se espera de nosotros, hijos de Dios y hermanos de tantos que necesitan conocerlo.

Eleuterio Fernández Guzmán

Publicado en Análisis Digital

Pedir a Dios



Jueves I de Cuaresma


Mt 7, 7-12

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan! Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas’”.

COMENTARIO

Jesús, en este texto del evangelio de San Mateo, nos ofrece muchas posibilidades para poder ser llamados, de verdad, discípulos suyos e hijos de Dios. Consejos que no deberíamos tener como no dichos.

Pedir a Dios hay que hacerlo de la manera adecuada y no a tontas y a locas. Por eso hay que pedir sabiendo que Dios siempre nos escucha y siempre está esperando que pidamos para darnos lo que nos conviene. Nunca nos rechaza sino que, en todo caso, sabe lo que tiene que darnos.

Una ley de oro que debería quedarnos grabada en el corazón y en el alma la propone Jesús: no hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan y, en todo caso, hacer a los demás lo que queremos que sí nos hagan. Así se evitarían muchos malos modos y muchas malas acciones.


JESÚS, cuando dices a los que quieran escucharte que a los demás hay que hacer lo mismo que queremos que nos hagan lo haces para que sepamos que el prójimo tiene un valor muy grande para Dios y que, por eso mismo, no podemos hacerlo de menos. Sin embargo ¡cuántas veces no te hacemos caso!




Eleuterio Fernández Guzmán


29 de febrero de 2012

Educación sexual y libertad de conciencia







El tema de la educación sexual de los jóvenes que asisten a los centros educativos no es poco importante para un católico. Lo es porque es muy dado a manipulaciones y a imposiciones totalitarias desde el poder establecido sea cual sea tal poder y sea cual sea la ideología que lo sustente.

Algo así está sucediendo, por ejemplo, en España donde toda obligatoriedad a determinados conceptos o ideologías siniestras están procurando un adoctrinamiento que puede causar un daño irreversible en la vida de nuestros hijos y olvidando, por intereses ideológicos, la libertad de conciencia que tenemos cada ser humano por el hecho de ser hijos de Dios.

En estos casos, tan particulares y tan importantes, no podemos dejar de escuchar a aquellas personas que, conocedoras profesionalmente del tema pueden tener unas miras por encima de la que los padres tenemos.

Así, Ramón Novella, psicopedagogo, especialista en formación de padres e intervención psicopedagógica, profesor en la Facultad de Psicología de la Universidad Abat Oliba CEU y padre de cinco hijos a la pregunta de si considera adecuado que los niños y adolescentes reciban educación en la escuela, responde lo siguiente:


“El problema de fondo está las intenciones y en la manera en cómo se han hecho las cosas”.

“El primer criterio importante –añade- es que la educación sexual es una responsabilidad de las familias, y de nadie más. En todo caso, las familias deciden qué tipo de escuela corresponde mejor con su criterio para educar a sus hijos y puede colaborar mejor en la educación de sus hijos. En ese caso, la escuela puede colaborar en la educación sexual siempre y cuando responda al ideario que tiene y a planteamientos que las familias han escogido”.

“En el caso de la nueva Ley, la educación sexual está ligada a un planteamiento ideológico que muchos padres no comparten, y a la vez se pretende obligar a las escuelas a dar este tipo de educación que choca frontalmente sobre su visión del ser humano y su labor educativa”.

A esto añade que “se está imponiendo un modelo en un ámbito en el que debería haber libertad. Aparte que este planteamiento de educación sexual no favorece el desarrollo positivo de las personas y las convierte en seres infelices, eso sí completamente manipulables”. 


Se refiere, cuando habla de “nueva ley” a la del aborto que entró en vigor hace unos meses (y que ahora pretende ser modificada por el Ejecutivo del Partido Popular pero no en cuanto a la educación sexual sino, en todo caso, en cuanto a matices puramente técnicos sin entrar en la esencia de la misma) y denota, lo dicho por el profesor, que existe, por parte de quien puede hacer que exista, una voluntad tergiversadora de la educación sexual y en el fondo una voluntad dirigista y, sobre todo, totalitaria.

En este tema juegan un papel muy importante una serie de conceptos sin los cuales todo lo que se haga será, siempre, a destiempo y descaradamente impositivo: derecho de los padres, ideario personal, visión del ser humano, etc.

No es poca cosa decir que se violenta el derecho de los padres a educar, en lo tocante a la sexualidad, a los hijos si se les impone en los centros educativos; que se violenta el derecho de los padres a llevar a cabo una aplicación directa del ideario personal que tengo por oportuno y que, a lo mejor, quieren transmitir a su descendencia y, por ultimo, se violenta la visión que tienen los padres del ser humano y de las relaciones que, entre los semejantes, se llevan a cabo cuando desde el sistema educativo se hace de su capa un sayo en este tipo de materias.

Así, los padres quedan, digamos, vacíos de competencias al respecto de los hijos porque han sido robadas mediante leyes y reglamentos por quien tiene el poder para hacer tal cosa e, incluso, mantenerla por sostenella y no enmendalla.

Por eso dice el profesor citado arriba que “se está imponiendo un modelo en un ámbito en el que debería haber libertad. Aparte que este planteamiento de educación sexual no favorece el desarrollo positivo de las personas y las convierte en seres infelices, eso sí completamente manipulables” , porque es, exactamente, lo que se está haciendo con el silencio, casi siempre cómplice, de muchas personas que, desde sus sillones oficiales dicen pertenecer a la parte conservadora de la sociedad demostrando que son, precisamente, lo contrario.

Pero ¿cuál es la razón por la cual los cristianos, aquí católicos, no podemos permitir que la educación sexual de nuestros hijos sea maltratada por ideologías siniestras que tratan de imponer la homosexualidad como conducta ordinaria, el uso de métodos anticonceptivos como algo a la orden ordinaria del día y cosas por el estilo?

Pues a eso nos responde obispo Jean Laffitte, secretario del Consejo Pontificio para la Familia cuando dice lo siguiente:

“A pesar de su crecimiento, sus sufrimientos, su envejecimiento hasta la muerte, y su descomposición orgánica, el cuerpo humano está destinado a resucitar. En una visión de fe, este dato ha sido acreditado por el acontecimiento histórico fundamental que ha sido la resurrección de Jesús de entre los muertos. Es sobre la base d este acontecimiento que el cristiano cree verdaderamente que habrá una resurrección de los muertos; un acontecimiento fundamental para él y para todos los hombres, que serán integrados a la fuerza del Resucitado.” 

Aquí también aparecen conceptos que son muy importantes: cuerpo humano y resurrección.

Quizá no debería ser olvidado lo que, de tan obvio, da vergüenza ajena saber que se pretiere.

Eleuterio Fernández Guzmán

Publicado en Acción Digital

El signo es Cristo




Miércoles I de Cuaresma

Lc 11, 29-32

“En aquel tiempo, habiéndose reunido la gente, Jesús comenzó a decir: ‘Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás’”.


COMENTARIO

Jesús, al referirse a Jonás, que permitió que lo lanzaran por la borda del barco para aplacar a Dios, se refiere a sí mismo. La señal será que Él será sacrificado para que los demás puedan limpiar sus pecados.

Jesús quiere ser, como lo fue Jonás, una señal de conversión para aquellos que lo escuchan y al igual que hiciera Jonás advirtiendo de lo que podía suceder si no se convertían hace Cristo con aquellos que, entonces, le querían escuchar y ahora mismo quieran hacer su voluntad.

Jesús quiere que con su predicación aquellos que están alejados de Dios aunque crean que cumplen su Ley, vengan a ser personas que, de verdad, hagan la voluntad del Padre y llevando a sus vidas lo que quiere Dios sea llevado alcancen la salvación eterna.
JESÚS, querías advertir, como hiciera Jonás en su tiempo, de la necesidad de conversión y, por eso mismo, ibas a ser, como lo fue aquel que se tragara la ballena, ibas a morir por todos para salvación de muchos.  Sin embargo, nosotros miramos, muchas veces, para otro lado cuando vemos lo que pasó y lo que ahora mismo pasa.



Eleuterio Fernández Guzmán