30 de agosto de 2020

Seguir a Cristo




Mt 16, 21-27

21 Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día. 22 Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: ‘¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!’ 23 Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ‘¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!’ 24 Entonces dijo Jesús a sus discípulos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. 25 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. 26 Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? 27 ‘Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno  según su conducta.’”


COMENTARIO

Ciertamente, lo que nos dice el Hijo de Dios en este pasaje del Evangelio de San Mateo es tan importante que no lo deberíamos olvidar nunca. Y es que nos habla de lo esencial para nuestra fe católica.

Debemos cargar con nuestra cruz y seguir a Quien llevó la suya con valentía y con criterio de saberse Hijo de Dios. Y es que, además, nos dice que debemos perder nuestra vida, la antigua, la sin sentido, para ganar la que verdaderamente importa.

¿De qué le vale al hombre ganar todo en el mundo si, en el fondo, pierde su vida, la eterna? Dice Jesucristo esto y nosotros, seguramente, miramos para otro lado, para el mundo y no para dónde deberíamos mirar.


JESÚS,  gracias por ponernos sobre la pista de cómo debemos ser.

Eleuterio Fernández Guzmán

29 de agosto de 2020

La fe del Bautista

Mc 6,17-29

“En aquel tiempo, Herodes había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: ‘No te está permitido tener la mujer de tu hermano». Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto. 

Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: ‘Pídeme lo que quieras y te lo daré’. Y le juró: ‘Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino’. Salió la muchacha y preguntó a su madre: ‘¿Qué voy a pedir?’. Y ella le dijo: ‘La cabeza de Juan el Bautista’. Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: ‘Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista’. El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura’”.


COMENTARIO

Aquel hombre, Juan, había venido al mundo porque Dios le había encargado una misión que cumplir. Su fe, por eso mismo, era grande y sabía que no valían medias tintas con el Creador. Por eso hizo lo que tenía que hacer y echó en cara a Herodes su matrimonio con quien no debía haberse casado.

El odio siembra malas semillas en el corazón del hombre. Por eso la mujer de Herodes quería ver muerto a quien tanto “daño” le estaba haciendo a su plácida vida en palacio. Y urde, urde, lo peor para el primo de Jesús.

Herodes, empero, era un cobarde. De no haber prevalecido en él el respeto humano no habría cumplido la promesa que hizo a la discípula del Mal. Sin embargo, pudo más el qué dirán antes que la verdad, antes, incluso, que su propio pensamiento acerca de aquel profeta llamado Juan. 




JESÚS, tu primo Juan supo cumplir con la misión que le había puesto Dios. Ayúdanos a tener tanta fe como él tuvo.

Eleuterio Fernández Guzmán


28 de agosto de 2020

Debemos ser prudentes

Mt 25,1-13

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: ‘El Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: ‘¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: ‘Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan’. Pero las prudentes replicaron: ‘No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis’. Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’. Pero él respondió: ‘En verdad os digo que no os conozco’. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora’”.


COMENTARIO

Cuando el Hijo de Dios habla a los que le escuchan lo hace de forma que pueda ser entendido pues, de otra forma, su misión no hubiera podido cumplirla con demasiada eficacia. Y hace uso de parábolas que resultan más comprensibles haciendo uso de costumbres y de comportamientos tradicionales del mundo judío.

Hay quien cree que, a lo mejor, a la hora de salvarse para siempre, para la vida eterna, le será suficiente con arrepentirse de lo mal hecho en el justo momento de morirse como si no importase nada lo hecho con anterioridad. Lo que pasa es que no se suele saber cuál es tal momento y, a lo mejor, al llegar al mismo no estamos, siquiera, para darnos cuenta de lo que importa.

Hay quien, sin embargo, sabe que llegado el momento de la muerte es necesario estar preparado pues, de lo contrario, le espera una vida futura más que peliaguda. Por eso, como las vírgenes sensatas o prudentes, preparan su alma para tal momento sabiendo que, cuando llegue, podría ser demasiado tarde.

JESÚS,  ayúdanos a prepararnos para cuando nos llame a su Tribunal tu Padre del Cielo.



Eleuterio Fernández Guzmán


27 de agosto de 2020

Estar preparados

Mt 24,42-51

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda’, y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes’”».


COMENTARIO

El ser humano, digamos, ordinario, que tiene fe y cree en Dios todopoderoso, no sabe cuando va a ser llamado por el Padre a su presencia. No lo sabe pero, a la vez, parece no darse cuenta de que eso ha de pasar.

Jesús nos avisa de algo muy importante: vamos a ser llamados por Dios y no sabemos cuándo va a ser eso. Por eso explica, a los que quieran escuchar, que seremos llamados cuando menos lo esperemos y que debemos estar preparados.

Sin embargo, podemos optar por una actitud nada de acuerdo a la voluntad de Dios. Si miramos para otro lado como si eso nunca fuera a suceder o, pretextando que no sabemos cuándo va a ser eso, no haremos lo que tenemos que hacer y, seguramente, eso será nuestra perdición eterna.


JESÚS, nos pones sobre la pista de qué debemos hacer de cara a la llamada al tribunal de Dios. Ayúdanos a estar preparados, ¡ayúdanos!


Eleuterio Fernández Guzmán


26 de agosto de 2020

¡Cuidado con la hipocresía!

Mt 23,27-32

En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos, y decís: ‘Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!’. Con lo cual atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!’”.

COMENTARIO

Jesús sabe que es crucial para el ser humano que su vida de fe sea como tiene que ser. A Dios no se le puede engañar y, por eso mismo, hacer como si eso fuera posible no es cosa recomendable.

El Hijo de Dios llama la atención a los que, teniendo que ser verdaderos maestros son como no tienen que ser: falsean su manifestación con el prójimo como si el Creador no conociera su corazón aunque es más que cierto que, como Cristo sabe, el Todopoderoso lo conoce todo.

Jesús profetiza acerca de su propia vida. Profeta de Dios, sabe que su final en la vida terrena estará a mano, precisamente, de aquellos cuyos padres ya mataron a otros profetas. Conoce Jesús que aquellos que actúan como no deben harán lo propio con respecto a Él mismo.



JESÚS, debes corregir a los que no son como tienen que ser y mienten acerca de su fe. Ayúdanos a no ser como aquellos hipócritas.


Eleuterio Fernández Guzmán


25 de agosto de 2020

Lo que importa de la Ley de Dios


Mt 23, 23-26

En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña y codicia! ¡Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!’.

COMENTARIO

Jesús no ceja en el empeño de hacer cumplir la Ley de Dios. Para eso vino y, como Él mismo diría, tenía que cumplirse hasta la última tilde de la misma. Pero hacer eso supone poner a disposición del Creador el mismo corazón.

Es cierto que se llega a tergiversar tanto la voluntad de Dios que acaba por no serlo. Por eso critica tanto Jesucristo lo que hacen aquellas personas y que no es otra cosa que hacer que sea más importante lo que es, en realidad, menos.

Justicia, misericordia y fe. Son tres realidades espirituales y, también, materiales en cuanto se plasmen en la realidad de las personas, que no se tenían en cuenta. Para eso Jesús vino y por eso, precisamente por eso murió de muerte de cruz.


JESÚS, tú querías siempre que comprendiésemos la verdadera, la única, voluntad de Dios. Sin embargo, nosotros, tus discípulos (o que nos hacemos llamar así) no nos conviene mucho o, mejor, hacemos que no nos convenga porque nos viene mejor la falta de justicia para satisfacer nuestro egoísmo, la falta de misericordia para imponer nuestro criterio y, con todo, la falta de fe, que sostiene a una y otra virtud.



Eleuterio Fernández Guzmán


24 de agosto de 2020

Encontrar a Jesucristo


Jn 1, 45-51


“45 Felipe se encuentra con Natanael y le dice: ‘Ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret.’ 46 Le respondió Natanael: ‘¿De Nazaret puede haber cosa buena?’ Le dice Felipe: ‘Ven y lo verás.’ 47 Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.’ 48 Le dice Natanael: ‘¿De qué me conoces?’ Le respondió Jesús: ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.’ 49 Le respondió Natanael: ‘Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.’ 50 Jesús le contestó: ‘¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.’  51 Y le añadió: ‘En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo.”


COMENTARIO

Los que buscan a Cristo

Aquellos que habían descubierto que Jesucristo, el hijo de María y de José, era el Mesías, habían estado buscando al Enviado de Dios y se habían acercado a su profeta Juan. Querían encontrar… y encontraron.


Sorprendidos por el Hijo de Dios

Había muchos que, de todas formas, no acababan de comprender la verdad de las cosas, aquello que llevaba a cabo el Maestro. Natanael se sorprende de algo que, siendo importante, era muy pequeño porque Dios es Todopoderoso y, claro, todo lo puede.


Lo que ha de venir, sin duda, vendrá

Jesucristo avanza lo que ha de pasar cuando llegue el día en el que vuelva en su Parusía. Ellos, aquellos que le escuchaban, estamos más que seguros que no entendieron y aún espera que llegue ese momento. Nosotros queremos que estén en el Cielo esperando la resurrección de los muertos.


JESÚS, ayúdanos a buscarte, a encontrarte, a amarte.

Eleuterio Fernández Guzmán


23 de agosto de 2020

Tú eres Pedro

Mt 16, 13-20

13 Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?’ 14 Ellos dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas.’ 15 Díceles él: ‘Y vosotros ¿quién decís que soy yo?’ 16 Simón Pedro contestó: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.’ 17 Replicando Jesús le dijo: ‘Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 18 Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. 19 A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.’ 20 Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo.”

COMENTARIO

Alguien podría pensar que es algo raro que el Hijo de Dios se vea en la obligación de preguntar a sus discípulos qué pensaba la gente de él, del Maestro. Y es que, en realidad, esto era una prueba más para sus Apóstoles que para el resto de seguidores suyos.

Pues sí. Jesucristo quería preguntarles a ellos que quién era Él. Y  la pregunta no era fácil de contestar porque, al parecer, el resto de personas que no estaban tan cerca de sí mismo no tenían muy claro quién era.

Al parecer, el Espíritu Santo le sopla en el corazón a Pedro aquello que dice. Y, entonces, Jesucristo le dice que sí, que ha acertado porque se lo ha dicho su Padre del Cielo. Y, entonces, lo escoge para que sea el primus inter pares y le da las llaves del Reino de los Cielos.



JESÚS,  gracias por haber escogido a Pedro.

Eleuterio Fernández Guzmán

22 de agosto de 2020

Y dijo sí


Lc 1,26-38

Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: ‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo’. Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: ‘No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin’. 

María respondió al ángel: ‘¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?’. El ángel le respondió: ‘El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios’. Dijo María: ‘He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra’. Y el ángel dejándola se fue
”.
COMENTARIO


El anuncio del Ángel

Lo que había venido a anunciar el Ángel del Señor, Gabriel, era muy importante para la humanidad. Por eso se presenta a María llamándola “llena de gracia” porque, en verdad, Dios estaba con ella y, pronto, en ella.


La situación de María

No podemos negar que aquella virgen judía estaría atribulada ante la presentación de aquel Enviado de Dios. No duda, sin embargo, como había hecho Zacarías, el padre de Juan el Bautista. Ella, sin embargo, sólo quiere saber cómo será lo que le ha dicho Gabriel.

La respuesta de María

Ciertamente María podía haber dicho que no al Ángel. Era una posibilidad. Sin embargo, para una joven entregada a Dios desde muy pequeña no podía haber nada mejor que responder sí a la santa voluntad de Dios. Y así nos salvó.


JESÚS, ayúdanos a alabar, en cuanto merece (que es mucho) la actitud de tu Madre, su santa Madre.

Eleuterio Fernández Guzmán


21 de agosto de 2020

Mandamientos de Dios

Mt 22,34-40

En aquel tiempo, cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: ‘Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?’. Él le dijo: ‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas’”.


COMENTARIO

Muchos de los que vivían en tiempos de Jesús no lo querían para nada y buscaban siempre la ocasión para cogerlo en un renuncio. Sin embargo, lo de ahora es peor porque dudan de que conozca cuál es el primer mandamiento de la Ley de Dios.

De no ser porque actúan sin saber lo que hacen (como diría Jesús en la cruz) no se entiende esta pregunta. Jesús debió mirarlos con pena porque con todo lo que había hecho aún le preguntaban eso.

Jesús sabe más que bien lo que debe decir. Tener en cuenta lo que les dice es algo más que importante porque para nuestra vida ordinaria amar a Dios es esencial pero hacer lo propio con el prójimo es también importante pues es la voluntad del Creador que eso sea así.


JESÚS, lo que nos dices es fundamental para nuestra vida ordinaria. Ayúdame a no caer en la trampa del Maligno.

Eleuterio Fernández Guzmán


20 de agosto de 2020

Acudir cuando llama Dios

Mt 22,1-14
“En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a otros siervos, con este encargo: ‘Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.

‘Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos’”.



COMENTARIO

Jesús, con esta parábola pretende alentarnos a la hora de aceptar, para lo que sea, la llamada de Dios. El Creador nos requiere en muchas ocasiones para llevar a cabo determinadas misiones y quiere, así, que nos sentemos en su banquete de gloria.

Nosotros, sin embargo, podemos poner muchas excusas porque somos especialistas en escurrir el bulto y mirar para otro lado. En este aspecto, el ser humano es muy imaginativo. Siempre tenemos algo que hacer, algo a lo que mirar antes que allí donde Dios quiere que miremos y actuemos.

Jesús, sin embargo, nos previene. Como es hermano nuestro y conoce más que bien la voluntad del Creador, sabe que debemos acudir a la llamada de Dios. Es más, sabe también que no debemos acudir de cualquier forma sino de la mejor posible: limpios de corazón y de alma.  Así acudimos bien vestidos.


JESÚS, quieres que aceptemos la llamada del Padre siempre que nos la haga. Y que lo hagamos de forma correcta y adecuada a su voluntad. Ayúdanos a no mirar para otro lado cuando eso suceda.


Eleuterio Fernández Guzmán


19 de agosto de 2020

Es mejor ser últimos

  
Mt 20, 1-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a los discípulos esta parábola: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo’. Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: ‘¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’. Dícenle: ‘Es que nadie nos ha contratado’. Díceles: ‘Id también vosotros a la viña’.
‘Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros’. Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor’. Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos’”.


COMENTARIO

Dios llama a quien quiere para ser discípulo de Cristo. En realidad, podemos creer que somos nosotros quienes elegimos seguir al Hijo pero es el mismo Todopoderoso quien, en su voluntad, así actúa aunque no todo hijo responde bien a su Padre.

Es bien cierto que hay hermanos en la fe que creen tener más derechos ante el Creador. Como los hermanos Santiago y Juan querían estar a la derecha y a la izquierda de Cristo en su Reino. Y así actúan: quieren tener una retribución mejor.

Jesús, sin embargo, que es conocedor absoluto de la voluntad de Dios, sabe que para ser el primero en su definitivo Reino hay que ser el último en éste. Por eso conviene ser los últimos en cuanto a consideración del mundo; los últimos por ser los que más ayudan y se entregan a los demás; los últimos, en fin, por saber que así hay que proceder.



JESÚS, Dios tiene en cuenta la forma en la que actuamos en este mundo. Ayúdanos a ser, de verdad, los últimos y a gozar con ello.


Eleuterio Fernández Guzmán


18 de agosto de 2020

Cristo lo sabe todo: ser los últimos

Mt 19,23-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos’. Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: ‘Entonces, ¿quién se podrá salvar?’. Jesús, mirándolos fijamente, dijo: ‘Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible’. 

Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?’. Jesús les dijo: ‘Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros’”.


COMENTARIO

Como siempre, Jesús dice cosas muy importantes en este texto. Ahora se refiere a lo que ha de venir y de qué es lo que nos conviene hacer con respecto a nuestra vida futura, a nuestra vida eterna.

La salvación es cosa de Dios. Quiere decir el Hijo del Padre que es el Todopoderoso el que salva pero que también debemos poner de nuestra parte. Por eso dice que hay que ser el último y, más que nada, seguirlo a Él, Mesías y Enviado de Cristo.

Lo que obtendremos de hacer eso no es poca cosa sino, al contrario, lo más importante de nuestra pecadora existencia: la vida eterna que dura para siempre, siempre, siempre. Y, para eso, hay que dejarlo todo y seguir a Cristo. Así se sencillo.


JESÚS, los que te siguen queremos saber cómo estar siempre contigo. Tú nos dices que debemos seguirte y creer en Ti. Ayúdanos a cumplir siempre con tan gran verdad.


Eleuterio Fernández Guzmán


17 de agosto de 2020

El verdadero interés


Mt 19,16-22

“En aquel tiempo, un joven se acercó a Jesús y le dijo: ‘Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?’. Él le dijo: ‘¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos’. «¿Cuáles?» —le dice él—. Y Jesús dijo: ‘No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo’. Dícele el joven: ‘Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?’. Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme’». Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.”


COMENTARIO

Ciertamente, aquel joven, que era rico, había cumplido con todo lo que la ley decía que se había que cumplir. Seguramente tenía, en su corazón, la certeza bien asentada de que hasta entonces todo lo había hecho bien y que, bien poco, podría reprochársele.

Jesucristo, como suele ser habitual, da sorpresas y, por el hecho de serlo, no son esperadas. Y es que aquel joven, que tan orgulloso estaría de cómo se había comportado toda la vida, aún le faltaba algo que cumplir con lo que, a lo mejor, no podía.

Darlo todo, cuando se tiene mucho, a los pobres, no suele plato de buen comer de casi nadie. Por eso aquel joven se marchó, triste como nos dice el texto bíblico. Y es que riqueza le nublaba el corazón de donde salen las obras y aquella, al parecer, no quería salir.

JESÚS, gracias por decir las cosas bien dichas aunque puedan doler.

Eleuterio Fernández Guzmán


16 de agosto de 2020

La Fe mueve corazones


Mt 15, 21-28

21 Saliendo de allí Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón. 22 En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: '¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada.' 23 Pero él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: 'Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros.' 24 Respondió él: No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.' 25 Ella, no obstante, vino a postrarse ante él y le dijo: '¡Señor, socórreme!' 26 Él respondió: 'No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.' 27 'Sí, Señor - repuso ella -, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.' 28 Entonces Jesús le respondió: 'Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas.' Y desde aquel momento quedó curada su hija.”


COMENTARIO

No son pocas las ocasiones en las que ocurre esto: a Jesucristo se le acerca alguien porque tiene una necesidad imperiosa o la tiene otra persona para la que pide intervención del Hijo de Dios. Y cuele concurrir otro elemento que tiene que ver con el resultado de todo lo que va a pasar: la fe.

Tener confianza en alguien, podemos pensar, suele ser un punto a favor de que tal alguien nos eche una mano pues lo contrario sería extraño. Y eso es lo que pasa en el caso de la mujer que pide a Cristo su intervención: ella confía, sabe que sólo el Maestro puede echarle una mano. Y así se lo pide.

Que Jesucristo eche una mano, como decimos, a aquella mujer, no es nada extraño ni es para que nadie se eche las manos a la cabeza. No. Es lo lógico que puede pasar cuando se pide a Dios algo y de pide con fe.



JESÚS,  gracias por comprender la fe de aquella mujer.


Eleuterio Fernández Guzmán

15 de agosto de 2020

María, la creyente


  
Lc 1,39-56

En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: ‘Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!’. 

Y dijo María: ‘Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos’. María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.”


COMENTARIO

Tras la Anunciación y Encarnación, aquella joven que se había declarado “esclava del Señor” y, por tanto, dispuesta a cumplir su voluntad, no puede, por menos, que acudir donde su prima Isabel vive para ayudarla en sus últimos meses de embarazo pues Dios había hecho lo imposible.

Isabel, sin duda inspirada por el Espíritu Santo, proclama la grandeza de Aquella que había acudido a visitarla por amor y por entrega. Lo supo, además, porque el niño que llevaba en su seno, Juan llamado luego el Bautista, saltó de gozo al saber que el Hijo de Dios lo visitaba.

María, por su parte, proclama lo que se ha dado en llamar “Magnificat”. En tal oración, de agradecimiento a Dios por lo que ha hecho por ella, nos ofrece una magnífica oportunidad de alabar al Creador por su bondad misericordia, por su inmenso Amor hacia sus criaturas.


JESÚS, tu madre y tu tía Isabel saben que no eres un niño más que va a nacer. Te conocen como el Hijo de Dios que ha venir, como el Mesías, a salvar al mundo. Ayúdanos a tenerlo siempre en cuenta.

Eleuterio Fernández Guzmán


14 de agosto de 2020

La verdadera Ley de Dios

Mt 19,3-12

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: ‘¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?’. Él respondió: ‘¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre’. 

Dícenle: ‘Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?’. Díceles: ‘Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer -no por fornicación- y se case con otra, comete adulterio’. 

Dícenle sus discípulos: ‘Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse’. Pero Él les dijo: ‘No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda’”.

COMENTARIO

Como sabemos había muchos que querían poner a prueba a Jesús. Le tentaban con pruebas relacionadas con la fe que decían tener aquellos que habían hecho de la Ley de Dios un artificio difícil de cumplir.

La pregunta sobre el divorcio tenía trampa. Querían ver si Jesús conocía la norma establecida según la cual el hombre puede repudiar a su esposa. Sin embargo Jesús sabe que Dios no quiso que eso pudiera llevarse a cabo y fue la dureza del corazón lo que posibilitó que Moisés admitiera tal actitud.

Jesús lanza una propuesta: quien quiera entregarse a Dios de una forma total y no contraigan matrimonio puede hacerlo. De todas formas deben saber que es el Creador quien escoge a los que eso deben llevar a cabo.


JESÚS, ayúdanos a comprender la Palabra de tu Padre.

Eleuterio Fernández Guzmán