10 de febrero de 2015

Corregir nuestros muchos errores




Martes V del tiempo ordinario


Mc 7, 1-13

En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén. Y vieron que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas, -es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas-. 

Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: ‘¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?’. Él les dijo: ‘Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres’. Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres’. Les decía también: ‘¡Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición! Porque Moisés dijo: ‘Honra a tu padre y a tu madre y: el que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte’. Pero vosotros decís: ‘Si uno dice a su padre o a su madre: Lo que de mí podrías recibir como ayuda lo declaro "Korbán" -es decir: ofrenda-’, ya no le dejáis hacer nada por su padre y por su madre, anulando así la Palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas’”.



COMENTARIO

No podemos negar que la fe, la creencia en Dios, en tiempos de Jesús, había alcanzado un desarrollo no pequeño. Hacía ya muchos siglos que el pueblo judío esperaba la llegada del Mesías y había tenido mucho tiempo para establecer sus propias normas religiosas.

Jesús sabía que mucho de lo que hacían sus compatriotas estaban muy equivocadas y debía corregirlas. El caso es que la verdadera Ley de Dios había sido sustituida por la tradición del hombre y el mismo, el poderoso, había hecho todo lo posible para que la misma fuera muy ventajosa para aquel que la establecía.

Jesús les dice algo que es muy importante: violar el mandamiento de Dios y poner, sobre el mismo, la elaboración del mismo por parte del hombre es algo que el Creador no tiene por bueno sino, al contrario, por muy malo.



JESÚS, ayúdanos a no tergiversar la Verdad.


Eleuterio Fernández Guzmán

9 de febrero de 2015

Y quedaban salvados



Lunes V del tiempo ordinario




Mc 6,53-56


En aquel tiempo, cuando Jesús y sus discípulos hubieron terminado la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron. Apenas desembarcaron, le reconocieron en seguida, recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que Él estaba. Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que les dejara tocar la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados”.

COMENTARIO

Difundiendo la Palabra

La misión que tenía encomendada Cristo la estaba cumpliendo a la perfección. Nada ni nadie podía impedir que así fuera y, a pesar de aquellos que le perseguían buscando su desaparición, caminó y navegó por aquellas tierras y lagos en busca de aquellos que necesitaban salvación.


Buscando a Cristo

Muchos seguían a Jesús. Es cierto que algunos lo harían por la novedad y por ver qué podía hacer en tal o cual momento. Sin embargo, muchos estaban verdaderamente necesitados de salvación. Y ellos se dirigía Cristo.


Quedaron salvados

Aquellos que confiaban en el Maestro, aquellos que tenían fe, quedaban curados y, así, salvados: primero curados de sus muchas enfermedades físicas y, luego, salvados para la vida eterna al convertir su corazón a Dios Salvador.





JESÚS, ayúdanos a tener fe como aquellos que te buscaban.


Eleuterio Fernández Guzmán


8 de febrero de 2015

Para eso vino Cristo




Mc 1, 29-39

Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.    Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar  a los demonios, pues le conocían. De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: ‘Todos te buscan.’ El les dice: ‘Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido.’ Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios”.


COMENTARIO

Jesús no pierde su ocasión para cumplir son su misión curativa. En cada ocasión que se le presenta muestra al mundo el inmenso poder de Dios que, siendo Él mismo el Creador hecho hombre, cuenta con sus manos y corazón para hacerse efectiva.

Muchos necesitaban ayuda: física y espiritual. Y aquellos muchos que habían creído en Él no cejaban en su voluntad de encontrarlo, de seguirlo y de pedirle ayuda. Por eso Jesús no deja de expulsar demonios (de exorcizar) o, en otros casos, de curar otro tipo de enfermedades. Y luego oraba. Siempre se dirigía a Dios Padre para dar gracias por lo que había podido llevar a cabo.

Pero Jesús sabía que había otros muchos que aún necesitaban de su ayuda y auxilio. Dice algo que es muy importante: “para eso he salido”. Dice que ha salido, de Dios Padre, para llevar al mundo su Palabra y su bondad, su misericordia y su ansia de tener a sus hijos a su lado para siempre, siempre, siempre.

JESÚS, ayúdanos a querer buscarte.

Eleuterio Fernández Guzmán

7 de febrero de 2015

La compasión de Cristo



Sábado IV del tiempo ordinario

Mc 6,30-34

En aquel tiempo, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él, entonces, les dice: ‘Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco’. Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas”.

COMENTARIO

Recoger los frutos

Los apóstoles debían estar muy contentos. Habían cumplido con la misión que les había encomendado el Maestro y, al volver de la misma, habían dado cuenta del cumplimiento de la misma. Y Jesús, también seguramente, debió de sentirse satisfecho de ver que, poco a poco, la Buena Noticia llegaba al corazón de muchos.

El descanso del obrero de la mies de Dios

Pero Jesús sabe que aquellos hombres, seguramente sorprendidos de que su misión se hubiera cumplido de una forma tan provechosa, necesitan descanso. Por eso Jesús los aparta, al menos eso es lo que pretende, del mundanal ruido. Sin embargo las cosa son como Él quiere que sean.


La compasión de Cristo

El inmenso Amor de Jesús por sus hermanos los hombres le hace cumplir su misión predicadora y curativa sin tener en cuenta su propio cansancio. Sabe perfectamente que aquellas personas que lo buscan de verdad lo necesitan y los ve, en efecto, perdidos en un mundo que no los comprende ni los ama.


JESÚS, ayúdanos a buscarte como aquellos que, yendo tras de Ti, buscaban tu consuelo.


Eleuterio Fernández Guzmán

6 de febrero de 2015

La fe del Precursor Juan


Viernes IV del tiempo ordinario

Mc 6,14-29

En aquel tiempo, se había hecho notorio el nombre de Jesús y llegó esto a noticia del rey Herodes. Algunos decían: «Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas’. Otros decían: ‘Es Elías’; otros: ‘Es un profeta como los demás profetas’. Al enterarse Herodes, dijo: ‘Aquel Juan, a quien yo decapité, ése ha resucitado’. Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: ‘No te está permitido tener la mujer de tu hermano’. Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto. 
Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: ‘Pídeme lo que quieras y te lo daré’. Y le juró: ‘Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino’. Salió la muchacha y preguntó a su madre: ‘¿Qué voy a pedir?’. Y ella le dijo: ‘La cabeza de Juan el Bautista’. Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: ‘Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista’. El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura”.

COMENTARIO

La misión de Juan

El Bautista fue un hombre llamado por Dios para profetizar dentro del pueblo escogido por el Creador. Por eso debía hacer lo que hizo. Entre tales funciones se encontraba la de avisar sobre el mal cumplimiento de la Ley del Todopoderoso (¡Alabado sea por siempre!) que es lo que hizo con Herodes.

El martirio de Juan

La mundanidad y la carnalidad es intrínsecamente perversa. Eso es lo que a Herodías le puede. No puede soportar a Juan porque les canta las cuarenta a Herodes y pone en peligro un matrimonio tal ventajoso para ella y para su hija Herodías. Y eso lleva a la muerte cruel de Juan el Bautista dando ejemplo, el mismo, de lo que es ser testigo de Cristo sin aún haberlo visto predicar.

El ejemplo de Juan

Pero el Bautista es ejemplo de muy buenas realidades espirituales. Por ejemplo, lo es de fidelidad al mandato dado por Dios. Lo es, también, de saber afrontar el sufrimiento con entereza. Y lo es, por último, de lo que supone ser un hombre de criterio.



JESÚS, ayúdanos a tener la fe y la fidelidad de Juan.

Eleuterio Fernández Guzmán


5 de febrero de 2015

Enviados a transmitir la Buena Noticia


Jueves IV del tiempo ordinario

Mc 6, 7-13

En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: ‘Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas’. Y les dijo: ‘Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos’. Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban”.

COMENTARIO

Hay muchos momentos de la vida de Cristo y de sus apóstoles que no conocemos. Por eso muchas veces nos imaginamos que siempre estaban juntos. Sin embargo este texto nos muestra que, en determinado momento, envió a los Doce a predicar la Palabra de Dios.

Jesús no los envía de cualquier forma. En primer lugar, los envía con unas instrucciones muy concretas: no deben llevar más de lo necesario porque Dios sabe que  sus trabajadores no les puede faltar el sustento y ha de proveer sus necesidades.

Pero hace, también otra cosa: les transmite, les otorga, les dona, una serie de poderes propios del Creador y de todo su poder. Por eso tendrán poder sobres los demonios y se les provee del don de curar, de la curación de los padecimientos físicos.


JESÚS, ayúdanos ser tus enviados ahora mismo, en este siglo nuestro.

Eleuterio Fernández Guzmán


4 de febrero de 2015

La falta de fe



Miércoles IV del tiempo ordinario




Mc 6,1-6

“En aquel tiempo, Jesús salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: ‘¿De dónde le viene esto?, y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?’. Y se escandalizaban a causa de Él. Jesús les dijo: ‘Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio’. Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando”.



COMENTARIO

En la llamada “vida pública” de Jesús tuvo oportunidad de acudir a muchos lugares. Allí donde iba predicaba y, si era necesario, llevaba a cabo extraordinarios portentos propios del poder de Dios que llevaba en su corazón y en su alma. 



Todos los lugares, sin embargo, no estaban igual de preparados para recibir una doctrina nueva. El caso es que a Jesús le importaba mucho la fe de sus contemporáneos. Por eso aceptaba muy bien cuando se le pedía y quien pedía confiaban su Él. 



Sin embargo, en su propia tierra parece que no le tenían mucha confianza. Ya habían dicho si es que aquel no era el hijo del carpintero como para hacerlo de menos. Por eso Jesús, como nos dice el texto bíblico, no pudo hacer allí mucho pues no tenían fe en el Hijo de Dios. 




JESÚS, ayúdanos a tener mucha más fe que tus propios vecinos. 

Eleuterio Fernández Guzmán

3 de febrero de 2015

Extraordinarias manifestaciones del poder de Dios





Martes IV del tiempo ordinario

Mc 5, 21-43

En aquel tiempo, Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a Él mucha gente; Él estaba a la orilla del mar. Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: ‘Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva’. Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía. 

Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: ‘Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré’. Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de Él, se volvió entre la gente y decía: ‘¿Quién me ha tocado los vestidos?’. Sus discípulos le contestaron: ‘Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’’. Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo: ‘Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad’. 

Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: ‘Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?’. Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: ‘No temas; solamente ten fe’. Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. Entra y les dice: ‘¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida’. Y se burlaban de Él. Pero Él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: ‘Talitá kum’, que quiere decir: ‘Muchacha, a ti te digo, levántate’. La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer”.

COMENTARIO

De Jesús Salió una fuerza. Esto quiere que había fuerza para poder salir del Hijo de Dios. Y eso le pasó a quien había confiado en aquel Maestro que enseñaba con autoridad y con actos que iban más allá de la capacidad humana.

El caso es que un hombre importante, Jairo, sabe que su hija, que está muy enferma, va a morir. Entonces sólo puede hacer lo que hace. Confía en Jesús porque sabe que su Palabra es santa y que lo que hace sólo puede hacerlo porque tiene el poder de Dios.

Y Jesús, que comprende la fe de Jairo acude a su casa. Todo parece estar perdido pero para los que tienen fe nada está perdido. Por eso Jesús resucita a la hija de Jairo. Tuvo ve el padre y se salvó la hija.


JESÚS, ayúdanos a tener total confianza en Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán


2 de febrero de 2015

Cumplir con la voluntad de Dios



Lc 2,22-40

Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: ‘Todo varón primogénito será consagrado al Señor’ y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. 

Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre Él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: ‘Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel’. Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. 

Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: ‘Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción —¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!— a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones’. 

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él
”.



COMENTARIO


Cumpliendo con la ley de Dios

Al igual que Jesús haría después, sus padres en la tierra cumplen con lo establecido por el Creador. Siendo aquel Niño el primogénito de María (y único, por cierto) han de presentarse en el Templo para ofrecerlo a Dios. Y eso hacen porque no se podría decir que no fuesen fieles cumplidores.

Palabras proféticas

Simeón y Ana son fieles judíos y saben que ha de venir el Mesías. Cuando el anciano se da cuenta de que lo que se le había prometido se está cumpliendo profetiza acerca de Jesús y de María. Y, como sabemos, todo se iba a cumplir… palabra por palabra.


Cumpliendo la voluntad del Creador

¿Qué pasó con aquel que llevasen al Templo? El texto bíblico nos da pista de qué pasó con Jesús. Al igual que se dice en otros momentos de la Santa Escritura, creció en edad, sabiduría y gracia de Dios que era como estaba escrito que iba a pasar.


JESÚS, ayúdanos a tener tanta fe como tuvieron Simeón y Ana.


Eleuterio Fernández Guzmán


1 de febrero de 2015

Enseñar con autoridad


Mc 1, 21-28 

Llegan a Cafarnaúm. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.  Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: ‘¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios.’ Jesús, entonces, le conminó diciendo: ‘Cállate y sal de él.’ Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él. Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: ‘¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen.’  Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea”.


COMENTARIO

Enseñar con autoridad

Los que escuchan a Jesús, aquellos que vivieron en su tiempo, se daban cuenta (los más sencillos y los más sabios) que lo que decía no eran vanas palabras sino que les llegaba al corazón. Por eso reconocen que enseñan con autoridad… pero la de verdad.

El poder total de Dios

A nosotros no nos extraña que Jesús dominara a los demonios porque sabemos que, siendo Dios hecho hombre, todo estaba a su alcance. Por eso aquellos hijos de Satanás lo reconocían y le temían.


La sorpresa del hombre

Lo curioso es que haya tanta sorpresa en aquellos que ven lo que hace Jesús. A lo mejor no acababan de entender que era el Mesías enviado por el Todopoderoso (¡Alabado sea por siempre!) y que, por tanto, todo lo que hiciera de extraordinario era, para Él, lo más ordinario.


JESÚS, ayúdanos a no sorprendernos con tu poder.


Eleuterio Fernández Guzmán

31 de enero de 2015

Confiar en Dios


Mc 4,35-41

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Pasemos a la otra orilla’. Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con Él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: ‘Maestro, ¿no te importa que perezcamos?’.

Él, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: ‘¡Calla, enmudece!’ El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: ‘¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?’. Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: ‘Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?
’”.


COMENTARIO

Buscar a Cristo

A Jesús, como suele decirse, no le quedaba tiempo ni para comer y, menos, aún, para descansar. Eran muchos los que le buscaban para encontrar consuelo a sus dolencias del cuerpo o del alma. Por eso tiene que retirarse con sus apóstoles.


El poder de Dios

Las inclemencias meteorológicas, regidas por una ley divina, tienen el poder de provocar miedo en las personas que las sufren. Eso les pasa a los que acompañan a Jesús. Pero el Señor está tranquilo y duerme. Sabe que el poder de Dios puede con aquello que apenas es nada par el Creador. Y domina la tormenta ante la estupefacción de todos.


La fe, el tenerla

Pero Jesús pone el dedo donde más duele. A los que le acompañan les falta algo que es fundamental: fe. No han tenido suficiente confianza en Aquel que le acompaña y han tenido miedo. Deben aprender, y debemos, que confiar en el Hijo es esencial para nuestra vida.



JESÚS,

Eleuterio Fernández Guzmán


30 de enero de 2015

El Reino de Dios


Viernes III del tiempo ordinario

Mc 4,26-34

En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: ’El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega’. 

Decía también: ‘¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra’. Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado
”.


COMENTARIO

Jesús sabe que es muy importante que sus discípulos entiendan dónde van a ir cuando mueran o, mejor, dónde deben querer ir cuando mueran. Por eso muchas veces les habla del Reino de Dios y los prepara para el mismo.

El Reino de Dios está entre los hombres. Es más, Cristo es el mismo Reino de Dios. Pero crece entre los hombres sin que ellos se den cuenta porque está en sus corazones de donde sale al mundo a manifestarse. Y si el fruto es bueno, lo recoge Dios en su corazón.

El caso es que el Reino de Dios pudiera parecer pequeño porque no se ve. Sin embargo, es tan grande que, cuando se desarrolla en el corazón de un ser humano puede cobijar todo el amor del mundo y toda misericordia sale de su seno.


JESÚS, ayúdanos a aceptar tu Reino en nuestra vida.


Eleuterio Fernández Guzmán

29 de enero de 2015

Nuestros muchos celemines


Jueves III del tiempo ordinario

Mc 4,21-25

En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: ‘¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho? ¿No es para ponerla sobre el candelero? Pues nada hay oculto si no es para que sea manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser descubierto. Quien tenga oídos para oír, que oiga’. 

Les decía también: ‘Atended a lo que escucháis. Con la medida con que midáis, se os medirá y aun con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará
’”.


COMENTARIO

En este corto texto evangélico Jesús nos advierte acerca de dos realidades espirituales que tienen todo que ver con nuestra fe y con lo que, en el fondo, hacemos con ella. Por eso todo lo que dice es crucial.

La fe que tenemos, el gozo que sentimos por sabernos hijos de Dios, no puede quedar oculta bajo el comportamiento del egoísmo. Debemos, pues, comunicar la misma porque, además, el Creador todo lo conoce al respecto de lo que hacemos con ella.

Pero también es importante que sepamos que la fe que creemos tener no es siempre la real o verdadera. Nosotros, con soberbia, podemos creemos muy fieles a Dios pero sólo el Todopoderoso (¡Alabado sea por siempre!) conoce lo que, de verdad, hacemos con ella. Y del Señor no podemos escapar.



JESÚS, ayúdanos a mantener siempre una fe firme y perseverante


Eleuterio Fernández Guzmán

28 de enero de 2015

Ser buena tierra





Miércoles III del tiempo ordinario
Mc 4,1-20

En aquel tiempo, Jesús se puso otra vez a enseñar a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar. Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas. Les decía en su instrucción: ‘Escuchad. Una vez salió un sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó enseguida por no tener hondura de tierra; pero cuando salió el sol se agostó y, por no tener raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto. Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento’. Y decía: ‘Quien tenga oídos para oír, que oiga’.
Cuando quedó a solas, los que le seguían a una con los Doce le preguntaban sobre las parábolas. El les dijo: ‘A vosotros se os ha dado comprender el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera todo se les presenta en parábolas, para que por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone’. 
Y les dice: ‘¿No entendéis esta parábola? ¿Cómo, entonces, comprenderéis todas las parábolas? El sembrador siembra la Palabra. Los que están a lo largo del camino donde se siembra la Palabra son aquellos que, en cuanto la oyen, viene Satanás y se lleva la Palabra sembrada en ellos. De igual modo, los sembrados en terreno pedregoso son los que, al oír la Palabra, al punto la reciben con alegría, pero no tienen raíz en sí mismos, sino que son inconstantes; y en cuanto se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumben enseguida. Y otros son los sembrados entre los abrojos; son los que han oído la Palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y las demás concupiscencias les invaden y ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Y los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la Palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento’”.

COMENTARIO

Como sabemos, Jesús utilizaba la parábola para transmitir la doctrina santa de Dios. Y tomaba de la vida ordinaria los ejemplos con los que iba a llegar al corazón de aquellos que le escuchaban y, ahora mismo, a los que escuchamos su Palabra.

Jesús sabía que aquellos que le escuchaban no entendían del todo lo que pretendía explicar. Por eso en un aparte les explica a sus apóstoles el sentido de aquella parábola del sembrador que tanta importancia tiene para entender correctamente el sentido de la fe de sus discípulos.

A cada uno de nosotros nos corresponde ser tierra donde ha de caer la semilla de la Palabra de Dios. El Creador nos da libertad para aceptarlo o no aceptarlo. Pero, al fin y cabo somos libres para aceptar la vida eterna y, por eso mismo, debemos dar buen fruto.


JESÚS, ayúdanos a ser buena tierra donde pueda fructificar la Palabra de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

27 de enero de 2015

Los que cumplen la voluntad de Dios


Martes III del tiempo ordinario

Mc 3,31-35

En aquel tiempo, llegan la madre y los hermanos de Jesús, y quedándose fuera, le envían a llamar. Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: ‘¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan’. Él les responde: ‘¿Quién es mi madre y mis hermanos?’. Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: ‘Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre’”.


COMENTARIO

No era extraño que María fuera a buscar a Jesús. A lo mejor quería que descansara un poco de su ministerio porque sabía que lo hacía con la voluntad de Dios apoyándolo. Por eso podemos decir que no tenía tiempo ni para comer.

Van a buscarlo. Entonces se produce una situación que no podemos extrañar que se la considere algo rara. Pudiera dar la impresión de que Jesús está despreciando a su Madre, a su Santa Madre. Pero, como es de imaginar, eso no puede ser así.

Jesús sabe que, incluso sobre el vínculo de sangre está otro superior que nos relaciona con Dios, nuestro Padre y Señor. Por eso conviene escuchar que nos dice que cumplir la voluntad de Dios nos hace, de verdad, hermanos suyos.


JESÚS, ayúdanos a cumplir la voluntad de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán