10 de marzo de 2011

Perder la vida para ganarla




Lc 9,22-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día’. Decía a todos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?’.


COMENTARIO

Nadie ha dicho que seguir a Jesucristo sea nada fácil ni que, por eso mismo, se garantice que ningún problema va a acaecer en contra del discípulo del Hijo de Dios. Es más, es, exactamente, al contrario lo que suele suceder.

Cuando Jesucristo dice que cada cual debe tomar su cruz si es que quiere seguirlo es que conoce que quien lo siga tendrá que llevar, en efecto, una pesada carga: la carga de la incomprensión, a lo mejor de los suyos y, también, del zaherimiento que el mundo con su mundanidad ejercerá contra su persona.

Perderlo todo. Dice Jesús que tenemos que perderlo todo. Se ha referir a todo lo que nos sobra y que, en verdad, es un lastre para seguir el camino que marca el Hijo del Hombre. Por lo tanto, lo que nos sobra no podemos quererlo ni tenerlo, ya, como sus discípulos, como propio. El definitivo reino de Dios nos espera.


JESÚS,  exiges sacrificio humano a los que te sigan. No es fácil, para un ser humano, dejarlo todo para seguirte. Sin embargo, sabemos que es la mejor ganancia que podemos tener como hermanos tuyos: seguirte es, sin duda, amar a Dios porque tú eres Dios hecho hombre y nada puede haber mejor, para un hijo del Creador, que seguirlo.





Eleuterio Fernández Guzmán

9 de marzo de 2011

Lo que Dios sabe




Mt 6,1-6.16-18

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

‘Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará’”.

COMENTARIO

Podemos caer en la trampa del Maligno según la cual cuando hacemos algo puede dar la impresión de tener la obligación de proclamarlo a los cuatro vientos. Conviene el silencio porque Dios ve en lo secreto de nuestro corazón y la humildad es muy necesaria para un hijo de Dios.

No podemos ser hipócritas y hacer para que se nos vea lo que hacemos. Si está bien ya será Dios el que lo conozca y si está mal… también.

Debemos, en todo caso, buscar la recompensa del Creador cumpliendo nuestras obligaciones materiales y espirituales con devoción, fervor y gozo. Dios todo lo ve y todo lo sabe. Eso no lo deberíamos olvidar nunca. El qué dirán importa poco.



JESÚS, sabías que tu Padre ve en lo secreto y, por eso mismo, pretendías que es supiera dónde, de verdad, debía ser puesto nuestro corazón: no en las apariencias de lo que se hacía sino, en todo caso, en la verdad de las mismas.



Eleuterio Fernández Guzmán

8 de marzo de 2011

Del César y de Dios



Mc 12,13-17

“En aquel tiempo, enviaron a Jesús algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Vienen y le dicen: ‘Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?’.

Mas Él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: ‘¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea’. Se lo trajeron y les dice: ‘¿De quién es esta imagen y la inscripción?’. Ellos le dijeron: ‘Del César». Jesús les dijo: «Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios’. Y se maravillaban de Él.”

COMENTARIO

Cuando Jesús se tuvo que enfrentar a los que buscaban su perdición y, así, su cautiverio en el mundo, sabía que estaba enfrentándose a lobos con piel de cordero. Le tendían frecuentes trampas espirituales para que, si eso podía ser posible, el Maestro se mostrara contrario a la Ley.

Sabía, el Mesías, que era difícil la situación que le planteaban pues dijera lo que dijera siempre podría achacársele algún tipo de comportamiento ajeno a lo establecido.

Dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César ha sido, desde que fuera dicho, un punto de partida válido para el discípulo de Cristo. Ni se puede dar menos al César de lo debe dársele (ni tampoco más) ni tampoco, por supuesto, se le puede dar menos a Dios (y si es posible, más).


JESÚS, ante la asechanza tan artera de aquellos discípulos de la hipocresía les enviaste un mensaje claro: no se le puede negar lo que e corresponde al poder pero, mucho menos, lo que le corresponde a Dios. Aquellos buscaban, seguramente, dar menos a Dios que al César pero tú sabes que es muy importante, para el hijo de Dios, no olvidar a su Padre en beneficio exclusivo del César.





Eleuterio Fernández Guzmán

7 de marzo de 2011

La piedra angular de la fe



Mc 12,1-12

En aquel tiempo, Jesús comenzó a hablarles en parábolas: ‘Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores, y se ausentó. 

Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña. Ellos le agarraron, le golpearon y le despacharon con las manos vacías. De nuevo les envió a otro siervo; también a éste le descalabraron y le insultaron. Y envió a otro y a éste le mataron; y también a otros muchos, hiriendo a unos, matando a otros. Todavía le quedaba un hijo querido; les envió a éste, el último, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero aquellos labradores dijeron entre sí: ‘Éste es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia’. Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña. 

¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros. ¿No habéis leído esta Escritura: ‘La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?’”.

Trataban de detenerle —pero tuvieron miedo a la gente— porque habían comprendido que la parábola la había dicho por ellos. Y dejándole, se fueron.

COMENTARIO

A veces necesitamos que Dios se dirija muchas veces a nosotros para atender lo que nos dice. Sea porque no nos interesa lo que nos propone o, simplemente, porque no tenemos el oído espiritual preparado para tal relación directa.

Tenemos la obligación espiritual, como cristianos, de tener a Cristo como la piedra angular a que se refiere el Maestro porque es con Él con quien debemos caminar y es en él en quien podemos vivir y existir.

Prestar una atenta escucha, por ejemplo en la oración, a lo que Dios nos dice ha de ser, seguramente, el camino más recto hacia el definitivo reino del Creador. Él nos espera con ansia de Padre que ve como su hijo regresa, a lo mejor, de la perdición.



JESÚS, muchas veces les dijiste a los que te oían lo que debían saber para vivir de acuerdo a la voluntad de Dios y otras tantas veces, al parecer, no te hacían caso. Tú, que eres la piedra angular, has de servirnos de fortaleza en la que recostar nuestra tribulación.



Eleuterio Fernández Guzmán

6 de marzo de 2011

Como fe firme



Mt 7,21-27

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No todos los que me dicen ‘Señor, Señor’ entrarán en el reino de los cielos, sino solo los que hacen la voluntad de mi Padre celestial. Aquel día muchos me dirán: ‘Señor, Señor, nosotros hablamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros’. Pero yo les contestaré: ‘Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, malhechores!’.


Todo el que oye mis palabras y hace caso a lo que digo es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Vino la lluvia, crecieron los ríos y soplaron los vientos contra la casa; pero no cayó, porque tenía sus cimientos sobre la roca. Pero todo el que oye mis palabras y no hace caso a lo que digo, es como un tonto que construyó su casa sobre la arena. Vino la lluvia, crecieron los ríos y soplaron los vientos, y la casa se derrumbó. ¡Fue un completo desastre!’”.

COMENTARIO


Hacer como que se cree, de cara a los demás, es muy fácil para una persona. No se compromete a nada sino que, en apariencia, lo da todo por Dios y por su Reino. Es, digamos, la simulación de fe.

Dios, sin embargo, como dice Jesús en otra ocasión, ve en lo secreto y, por eso mismo, es de necios tratar de esconder lo que puede ver y, de hecho, ve.

Podemos hacer lo que queremos con nuestra vida: bien desarrollamos nuestra existencia de acuerdo a la Ley de Dios y a su voluntad o bien, al contrario, hacemos lo que queremos sin tenerlo en cuenta para nada. Jesús sabe cuál es la forma más adecuada para ser unos buenos hijos de Dios: construir sobre roca, sobre La Roca que es Él mismo.


JESÚS, eres la roca sobre la que construir nuestra vida. Sobre ti toda construcción del espíritu dura para siempre. Por eso no podemos hacer como si careciera de sentido seguirte o seguir tu doctrina porque como eres la roca firme sobre la que construir sólo podemos hacerlo, en efecto, sobre ti.





Eleuterio Fernández Guzmán

5 de marzo de 2011

De Dios mismo


Mc 11,27-33

“En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el Templo, se le acercan los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le decían: ‘¿Con qué autoridad haces esto?, o ¿quién te ha dado tal autoridad para hacerlo?’. Jesús les dijo: ‘Os voy a preguntar una cosa. Respondedme y os diré con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres? Respondedme’.

Ellos discurrían entre sí: ‘Si decimos: ‘Del cielo’, dirá: ‘Entonces, ¿por qué no le creísteis?’. Pero, ¿vamos a decir: ‘De los hombres’?’. Tenían miedo a la gente; pues todos tenían a Juan por un verdadero profeta. Responden, pues, a Jesús: ‘No sabemos’. Jesús entonces les dice: ‘Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto’”.

COMENTARIO

A veces, espiritualmente hablando, la verdad duele mucho. Cuesta, por eso mismo, escucharla porque puede suponer un acercamiento excesivo, para nuestro corazón, a Dios. El Amor no siempre lo soportamos en nuestra egoísta vida.

A veces creemos poco en la autoridad de Jesús y nos acercamos a Él al igual que aquellos que querían preguntarle para tenderle una trampa. Como no creían en que era el Mesías pretendían, con sus preguntas, hacerle caer en alguna contradicción con la Ley de Dios.

Sin embargo, sabemos que Jesucristo es Dios hecho hombre y por eso tenemos que acercarnos a su persona y doctrina como en busca del agua viva que necesita nuestro corazón. Sólo así seremos hijos de Dios y verdaderos hermanos de Cristo.

JESÚS, a pesar de aquellos que querían verte en mala situación ante el pueblo y, sobre todo, ante los poderosos, nosotros sabemos que viniste para salvarnos. No deberíamos caer, a veces, en lo mismo que cayeron aquellos “sabios oficiales” que te tenían por embaucador y por falso Mesías.



Eleuterio Fernández Guzmán

4 de marzo de 2011

El celo de la fe


Mc 11,11-25

“En aquel tiempo, después de que la gente lo había aclamado, Jesús entró en Jerusalén, en el Templo. Y después de observar todo a su alrededor, siendo ya tarde, salió con los Doce para Betania.

Al día siguiente, saliendo ellos de Betania, sintió hambre. Y viendo de lejos una higuera con hojas, fue a ver si encontraba algo en ella; acercándose a ella, no encontró más que hojas; es que no era tiempo de higos. Entonces le dijo: ‘¡Que nunca jamás coma nadie fruto de ti!’. Y sus discípulos oían esto.

Llegan a Jerusalén; y entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo. Y les enseñaba, diciéndoles: ‘¿No está escrito: ‘Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las gentes?’.¡Pero vosotros la tenéis hecha una cueva de bandidos!’. Se enteraron de esto los sumos sacerdotes y los escribas y buscaban cómo podrían matarle; porque le tenían miedo, pues toda la gente estaba asombrada de su doctrina. Y al atardecer, salía fuera de la ciudad.

Al pasar muy de mañana, vieron la higuera, que estaba seca hasta la raíz. Pedro, recordándolo, le dice: ‘¡Rabbí, mira!, la higuera que maldijiste está seca’. Jesús les respondió: ‘Tened fe en Dios. Yo os aseguro que quien diga a este monte: ‘Quítate y arrójate al mar’ y no vacile en su corazón sino que crea que va a suceder lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis. Y cuando os pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas’”.



COMENTARIO

Saber en qué se cree es fundamental para una persona que se dice, así, creyente. No caben equivocaciones al respecto porque hacer tal cosa es poner en mal lugar a la causa de nuestra fe y al motivo espiritual de nuestra existencia.

Jesús tenía celo por la fe. No podía entender cómo era posible que la Casa de su Padre la hubieran convertido, mediando tergiversaciones de la voluntad de Dios, en algo así como un mercado de intereses y de egoísmos.

Jesús quería que el corazón del creyente se mantuviese limpio de venganzas y odios. Por eso pide que, antes de orar, se perdone si es que hay algo que perdonar. A Dios no podemos dirigirnos con un corazón sucio o lleno de las inmundicias del mundo.



JESÚS, amas más que nada a Tu Padre. Por eso reprendes de una forma terrible a quienes se burlan de su Casa y hacen de ella centro de oprobios y de negocios ajenos a la espiritualidad que merece. Y mantienes que la fe es fundamental… tener, al menos, algo de ella, de la que, muchas veces, estamos faltos.






Eleuterio Fernández Guzmán

3 de marzo de 2011

La fe salva


Mc 10,46-52

“En aquel tiempo, cuando Jesús salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: ‘¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!’. Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: ‘¡Hijo de David, ten compasión de mí!’.

Jesús se detuvo y dijo: ‘Llamadle’. Llaman al ciego, diciéndole: ‘¡Ánimo, levántate! Te llama’. Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús. Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: ’¿Qué quieres que te haga?’. El ciego le dijo: ‘Rabbuní, ¡que vea!’. Jesús le dijo: ‘Vete, tu fe te ha salvado’. Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino”.


COMENTARIO

Seguramente aunque no seamos ciegos físicos sí que somos, en muchas ocasiones, ciegos espirituales. También necesitamos de curación del alma y tenemos que acudir al médico de la misma que es Jesucristo.

Bien supo Bartimeo a quien tenía que acudir y así lo hizo. No se lo pensó dos veces e insistió, fue perseverante, para que el Maestro escuchara su voz o los que iban con él le dijeran que alguien le estaba llamando.

Le salvó su fe. Confió en Cristo y eso le salvó. Y tal comportamiento es el que prefiere Dios mismo: tener fe, poner la confianza en Quien salva, en Dios entre nosotros, el Emmanuel. Es a través de tal comportamiento con el que podemos ser salvos.



JESÚS, la fe es lo que más aprecias porque con ella demostramos que tenemos confianza en Quien, en verdad, nos ama y perdona nuestras ofensas. El ciego supo dirigirse a ti con insistencia, sin demorar su petición y sabiendo lo que hacía. Eso es lo que tú quieres de nosotros… y que no desfallezca nuestra fe.





Eleuterio Fernández Guzmán

2 de marzo de 2011

Lo que nos cuesta creer


Mc 10,32-45

“En aquel tiempo, los discípulos iban de camino subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que le seguían tenían miedo. Tomó otra vez a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder: ‘Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, y se burlarán de Él, le escupirán, le azotarán y le matarán, y a los tres días resucitará’.

Se acercan a Él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen:’Maestro, queremos, nos concedas lo que te pidamos’. Él les dijo: ‘¿Qué queréis que os conceda?’. Ellos le respondieron: ‘Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda’. Jesús les dijo: ‘No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?’. Ellos le dijeron: ‘Sí, podemos’. Jesús les dijo: ‘La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado; pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado’.

Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. Jesús, llamándoles, les dice: ‘Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos’.


COMENTARIO

Muchas veces puede dar la impresión de que queremos los mejores puestos en la Iglesia católica. No nos basta con llevar a cabo la misión que se nos encomienda sino que queremos llegar más allá de lo que, seguramente, nos corresponde.

También nos cuesta trabajo reconocer que es difícil aceptar los sacrificios que tenemos que hacer por evangelizar o por ser lo que tenemos que ser. La soberbia puede, otras tantas veces, con nuestro corazón…

Nuestra filiación divina nadie ha dicho que sea fácil de entender y, ni siquiera, de llevar. Sin embargo, sí sabemos que es fundamental para nuestra existencia de católicos que tengamos presente que todo lo que está previsto, por parte de Dios, ha de ser bueno y benéfico para nuestras vidas.



JESÚS,  por muy difícil que fuera la misión que tenías encomendada era por la que Dios te había enviado a vivir entre aquellos otros nosotros. A menudo, sin embargo, entorpecemos la voluntad de tu Padre con nuestros gustos personales y con nuestra falta de paciencia para con los frutos que queremos obtener de la evangelización.





Eleuterio Fernández Guzmán

1 de marzo de 2011

Contra el Mal


 Mc 10,28-31

“En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido’. Jesús dijo: ‘Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora en el presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros’.


COMENTARIO

La querencia humana es tener la voluntad de reclamar cuando creemos que hemos hecho algo que merece ser premiado. Olvidamos, muchas veces, aquello de que es conveniente que la mano izquierda no sepa lo que hace la derecha.

El premio que esperamos debería ser, seguramente, el que de verdad nos merecemos por según lo que hemos hecho o llevado a cabo. Tenemos, para eso, que reconocer que Dios ve en lo secreto y que no le podemos engañar con nuestras apariencias de bondad cuando, en realidad, llevan escondido el Mal.

Jesucristo sabe que el premio mejor es el que alcanza aquel que lo abandona todo para seguirle. Cristo es el Reino de Dios y Dios mismo y, para un hijo de Dios, nada es mejor que ir tras su Padre. Y deberíamos preferir ser ahora los últimos, los servidores para ser, en el definitivo reino de Dios, los primeros; ahora los más pequeños, luego de los más grandes.




JESÚS, el seguimiento que predicas es total y absoluto. No te valen las medias tintas porque no podemos cumplir y mentir (el cumplimiento tan utilizado por tus hijos). Y sabemos que recibiremos mucho más de lo que damos porque a Dios nadie puede ganarle en generosidad.





Eleuterio Fernández Guzmán

28 de febrero de 2011

La verdad de la riqueza

Mc 10,17-27

“Un día que Jesús se ponía ya en camino, uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante Él, le preguntó: ‘Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?’ Jesús le dijo: ‘Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre’ Él, entonces, le dijo: M‘aestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud’ Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: ‘na cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme’ Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. 

Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: ‘Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!’ Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: ‘Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios’ Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: ‘Y ¿quién se podrá salvar?’. Jesús, mirándolos fijamente, dice: ‘Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios’”.



COMENTARIO


Seguramente, en muchos momentos de nuestra vida somos como el joven rico. Tampoco queremos seguir a Jesús porque eso supondría dejar muchas de nuestras más apreciadas... dispersiones. El rico tenía dinero pero nosotros, a lo mejor, tenemos otras cosas a las que nos aferramos antes de seguir a Cristo.

La riqueza, en sí misma, no era mal vista por Jesús. Sí, sin embargo, el mal uso que se hacía de ella. Y eso porque el Hijo de Dios sabía que siempre, por diversas circunstancias, habrá personas que tengan más bienes que otras.

Por el ojo de una aguja es difícil que pueda pasar un rico... ni los que no lo sean tampoco si se comportan de una forma no correcta ni adecuada a la voluntad de Dios pues no es de importancia lo que se tiene sino lo que se hace con lo que se tiene al igual que no es importante que tengamos talentos sino lo que con ellos seamos capaces de hacer rendir.


JESÚS, querías, y quieres, una entrega total de parte de quien te sigue. Por eso no puedes dejar de decir la verdad,  de poner a cada cual en su sitio y, sobre todo, de hacernos comprender que el verdadero camino que lleva al definitivo reino de Dios eres tú mismo.                        


Eleuterio Fernández Guzmán

27 de febrero de 2011

Estar, sólo, a lo importante


Mt 6,24-34

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero. 


Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? 


Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal’”.


COMENTARIO

Es propio de las personas querer aprovecharse de todo lo bueno que en el mundo hay; propio y natural. Así, queremos estar, como se dice, a todo, y eso limita lo que pueda haber de fidelidad en nosotros.

Sólo podemos, como buenos hijos, estar con nuestro Padre. Por eso no debemos querer, además, servir a lo que no podemos servir, ni amar a lo que no debemos amar de forma desordenada (dinero, querer tener sobre el ser hijos, acaparar bienes...)

Deberíamos darnos cuenta de la realidad que tenemos, para nosotros mismos y en nosotros mismos, en este mismo instante. Ahí debería estar puesto nuestro afán. Muy al contrario solemos hacer cuando nuestras preocupaciones se centran en un futuro que, además, ignoramos cómo será. El presente, sin embargo, es como es.


JESÚS, estar contigo y contra ti no es posible. Tampoco es posible que pretendamos hacer como que estamos contigo pero mirando de reojo la mundanidad y lo que nos ofrece el mundo. Algo que es, además, perverso y que nos encierra en su jaula de oro falso sólo puede traernos malas consecuencias.



Eleuterio Fernández Guzmán




26 de febrero de 2011

Ser como niños



Mc 10,13-16

“En aquel tiempo, algunos presentaban a Jesús unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él». Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos”.


COMENTARIO

En la época de Jesús tanto a las mujeres como a los niños se les tenía poca consideración. Jesús, que había venido para consolar a los tristes o apartados de la sociedad los tenía, al contrario, como personas a tener en cuenta.

Los niños eran un caso muy especial. En ellos no concurría la malicia que suele darse en la edad adulta. Amaban con un amor sin límite y se sabían dependientes de las personas que los tenían a su cargo.

Jesús dice “el que no reciba el Reino de Dios como niño” porque sabía que lo recibían con alegría y aceptación de lo que suponía saberse hijo de Dios. No regateaban el amor de forma egoísta. Por eso Jesucristo los pone como ejemplo no de lo que mal puedan hacer, cosa propia de la edad, sino por lo que de espiritual había en sus corazones: pureza.




JESÚS, amas a los niños porque sabes que ellos quieren sin medida y su entrega, como sus acciones, es total. Las personas que son adultas tienen, muchas veces, prevenciones para amar porque su corazón se ha podido petrificar y quedado en un estado de falta de misericordia. Eso no le pasa al niño y por eso lo amas con un amor tan noble y tan limpio. Y así quieres que seamos nosotros.





Eleuterio Fernández Guzmán

25 de febrero de 2011

La Ley de Dios es Ley de Dios


Mc 10,1-12

En aquel tiempo, Jesús, levantándose de allí, va a la región de Judea, y al otro lado del Jordán, y de nuevo vino la gente donde Él y, como acostumbraba, les enseñaba. Se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban: ‘¿Puede el marido repudiar a la mujer?’. Él les respondió: ‘¿Qué os prescribió Moisés?’. Ellos le dijeron: ‘Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla’. Jesús les dijo:’Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto. Pero desde el comienzo de la creación, El los hizo varón y hembra. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre’.
Y ya en casa, los discípulos le volvían a preguntar sobre esto. Él les dijo: ‘Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio’”.

COMENTARIO

El comportamiento ordinario de Jesús era el de Maestro. Así, enseñaba a aquellos que le seguían porque quería instruirlos en la Ley de Dios que traba de perfeccionar. Era, por eso, una buena costumbre.

El corazón de piedra era una de las realidades espirituales que Jesús había venido a cambiar por otro de carne porque era, éste, misericordioso y perdonador de las ofensas ajenas y no duro e impertérrito ante las necesidades del prójimo. Y el caso del divorcio era un de los temas que más preocupaba a sus discípulos.

Dios había establecido la unión entre hombre y mujer con nuestros primeros Padres Adán y Eva. Eso no podía ser separado porque el celebrante había sido el mismo creador. Fue, precisamente, por la dureza del corazón de sus hijos, por lo que Moisés estableció el acta de divorcio. Pero en el principio no era así y eso enseña Jesús. Y el principio era el estado perfecto para el hombre.



JESÚS, querías que el corazón de tus discípulos estuviera libre de las asechanzas del Mal que procura una dureza muy alejada de las entrañas de misericordia de tu Padre. Tú siempre vas más allá de nuestra visión de hombres y ahondas en la Verdad para que la Verdad sea, para nosotros, la única Verdad por la que nos conduzcamos.





Eleuterio Fernández Guzmán

24 de febrero de 2011

Lo que vale la pena


Mc 9,41-50

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa. Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, mejor le es que le pongan al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen al mar. Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo. Más vale que entres cojo en la Vida que, con los dos pies, ser arrojado a la gehenna. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga; pues todos han de ser salados con fuego. Buena es la sal; mas si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros y tened paz unos con otros’”.

COMENTARIO

Los discípulos que iba sumando Jesucristo en su caminar necesitaban conocer cuál debía ser su actitud en la vida y, exactamente, qué debían hacer ante lo que les pasa. Y conocer, al menos, lo más elemental de una existencia junto al Maestro.

Reconocer el bien en Jesucristo y en los que le siguen tiene recompensa; echar a perder a un persona indicándole el camino equivocado o llevándola, directamente, al mal, es castigado por no cumplir la voluntad de Dios.

Lo que vale la pena es seguir lo que indica Jesucristo que hay que seguir y llevar una vida acorde con la voluntad de Quien envió a Su Hijo para que se cumpliese la Ley del Creador. Otra cosa es alejarse del Padre y no hacer lo que nos conviene. Así lo que vale la pena es saber qué hemos de hacer y qué hemos de ser. Jesús bien que lo sabe y bien que lo dice muchas veces.



JESÚS,  buscabas que se comprendiese qué era lo bueno y qué era lo malo para nosotros. Cumplir la Ley de Dios, darle perfección, era eso: ver a tus hermanos por el camino recto que lleva al definitivo reino de Dios. Cuéntanos entre los que queremos ser fieles y no colaborar con el Maligno en nada.





Eleuterio Fernández Guzmán

23 de febrero de 2011

Ser, en verdad, discípulo de Cristo



Mc 9,38-40

“En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: ‘Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros’. Pero Jesús dijo: ‘No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros’”.

COMENTARIO

En su tiempo también había discípulos de Cristo que querían, digamos, la “exclusiva” en la defensa de la fe. Actuaban, por decirlo así, de forma en exceso proteccionista de lo que creían y se sentían en al derecho de reprobar que otros hicieran lo mismo.

A Jesucristo no gusta tal actitud porque supone, en primer lugar, una que lo es egoísta y, en segundo lugar, el plantear una imposibilidad en la transmisión de la fe y de la doctrina del hijo de Dios.

Si en las bienaventuranzas en un momento determinado dice Jesús que son bienaventurados aquellos que se sientan perseguidos por causa de su nombre este caso es, digamos, el reverso de la moneda espiritual: los que invoquen su nombre para curar o, en general, hacer algo bueno, no pueden ser enemigos suyo sino, al contrario, discípulos, además, aventajados porque saben lo que hace y en nombre de quien lo hacen.



JESÚS, tu quieres que el reino de Dios, tú mismo, se expanda y llegue a todos los corazones de los hijos de tu Padre. No limitas, por eso mismo, la acción de los que creen en tu persona y en tu doctrina. Por eso estar contigo es hacer lo que tú haces y estar contra ti llevar una vida apartada del Evangelio y de ti.





Eleuterio Fernández Guzmán

Tú eres Pedro


Mt 16,13-19

“En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?’. Ellos dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas’. Díceles Él: ’Y vosotros, ¿quién decís que soy yo’. Simón Pedro contestó: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo’.

Replicando Jesús le dijo: ‘Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos’”.


COMENTARIO

Jesús tenía que escoger, entre los doce que había extraído del pueblo elegido, a uno de ellos que fuera el que llevara a cabo una misión muy importante. Escogió a Cefas y le cambió el nombre: Pedro, señal de que tenía algo muy importante que encomendarle.

Respondió aquel que luego le traicionara con gran verdad. Era, Jesús, el “Hijo de Dios vivo”.  Se lo había dicho es Espíritu a través de las mociones que supo escuchar. Fue solícito a lo indicado por la tercera persona de la Santísima Trinidad.

Entregó las llaves de la Iglesia a Pedro para que pudiera dirigir a la misma por los caminos del mundo. Lo hizo el primero entre iguales para que atara y desatara a sabiendas que actuaba en nombre de Cristo y que lo hecho prevalecería en el definitivo reino de Dios.



JESÚS,  pudiste escoger a otra persona pero, a sabiendas de lo que luego sucedería, lo hiciste con Cefas, aquella piedra sobre la que ibas a edificar tu Iglesia, la católica, universal. Lo llamaste “bienaventurado” porque había sabido escuchar al Espíritu Santo y fue dócil a aquella llamada. Así esperamos que nos sirva de ejemplo para nuestro comportamiento ordinario.





Eleuterio Fernández Guzmán