21 de febrero de 2011

Tenemos poca fe




Mc 9,14-29

“En aquel tiempo, Jesús bajó de la montaña y, al llegar donde los discípulos, vio a mucha gente que les rodeaba y a unos escribas que discutían con ellos. Toda la gente, al verle, quedó sorprendida y corrieron a saludarle. Él les preguntó: ‘¿De qué discutís con ellos?’. Uno de entre la gente le respondió: ¡Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo y, dondequiera que se apodera de él, le derriba, le hace echar espumarajos, rechinar de dientes y lo deja rígido. He dicho a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido’. 

Él les responde: ‘¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo!’. Y se lo trajeron. Apenas el espíritu vio a Jesús, agitó violentamente al muchacho y, cayendo en tierra, se revolcaba echando espumarajos. Entonces Él preguntó a su padre: ‘¿Cuánto tiempo hace que le viene sucediendo esto?’. Le dijo: ‘Desde niño’. Y muchas veces le ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él; pero, si algo puedes, ayúdanos, compadécete de nosotros». Jesús le dijo: ’Qué es eso de si puedes! ‘Todo es posible para quien cree!’. Al instante, gritó el padre del muchacho: ’¡Creo, ayuda a mi poca fe!’. 

Viendo Jesús que se agolpaba la gente, increpó al espíritu inmundo, diciéndole: ‘Espíritu sordo y mudo, yo te lo mando: sal de él y no entres más en él’. Y el espíritu salió dando gritos y agitándole con violencia. El muchacho quedó como muerto, hasta el punto de que muchos decían que había muerto. Pero Jesús, tomándole de la mano, le levantó y él se puso en pie. Cuando Jesús entró en casa, le preguntaban en privado sus discípulos: ‘¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?’. Les dijo: ‘Esta clase con nada puede ser arrojada sino con la oración’.

COMENTARIO

A Jesús le gustaba mucho apartarse a orar a la montaña porque estaba con Dios de una forma más perfecta. Dice, al final del episodio que sólo “puede ser arrojada” tal clase de demonio “con la oración”. Y así hace el Hijo de Dios.

Les dice a aquellos que le escuchan que tienen poca fe o mejor, que no creen nada. No han podido, los discípulos, expulsar aquel demonio, porque, precisamente, no tenían fe que es un presupuesto esencial que en Jesús suele coincidir para llevar a cabo un hecho extraordinario. “Todo es posible para q uien cree” dice el Maestro... para quien cree.

Ciertamente nos falta la fe y nuestra creencia, como dice Pablo, la llevamos en vasijas de barro que se rompen con facilidad a la más mínima asechanza del Maligno. Y, también, nos falta oración, cercanía con Dios, acercarse al Padre al que implorarle perdón por nuestra humana y voluntaria lejanía.



JESÚS, no podías evitar que a aquellos que te escuchaban les faltase la fe porque se comportaban, exclusivamente, con la parte material de su vida. No entendían de dónde viene el milagro que no es de otro lugar espiritual que de la oración y el estar muy cerca de tu Padre. Nosotros también queremos esa cercanía pero, a veces, a lo mejor no nos conviene, por egoísmo, como seres humanos.




Eleuterio Fernández Guzmán

20 de febrero de 2011

La exacta voluntad de Dios


Mt 5,38-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda.


‘Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial”.


COMENTARIO

La doctrina que Cristo vino a traer al mundo era, exactamente, la Ley de Dios perfecta o, lo que es lo mismo, lo que el Creador quiere para nosotros. Difícil de cumplir porque no resulta siempre fácil hacer lo que un padre quiere.

La venganza, en cualquiera de sus formas, no es del agrado de Dios que prefiere el perdón y la misericordia. Por eso se pide poner la otra mejilla cuando te abofetean la otra y ayudar a quien lo necesita. Vengarse es alejarse, mucho, de Dios.

El amor es, sobre todo, la suprema ley del reino de Dios. Así, la caridad, se ha tener, sobre todo, con el prójimo no demasiado próximo (la familia) porque, de hacerlo sólo y en exclusiva así, poco mérito tendremos. Amor se ha escribir, por eso mismo, con mayúscula y no con el egoísmo de la letra pequeña que puede ser grande.



JESÚS, prefieres el amor al odio y la ayuda y entrega al egoísmo. Tal es la voluntad de Abbá, Padre tuyo y nuestro. Nosotros, en demasiadas ocasiones, preferimos el odio y la avaricia y el egoísmo porque nuestra naturaleza nos lleva, así, por camino equivocado hacia el definitivo reino de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

19 de febrero de 2011

Aceptar la luz de Dios


Mc 9,2-13

En aquel tiempo, Jesús toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo. Se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús.

Toma la palabra Pedro y dice a Jesús: ‘Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías’; pues no sabía qué responder ya que estaban atemorizados. Entonces se formó una nube que les cubrió con su sombra, y vino una voz desde la nube: ‘Este es mi Hijo amado, escuchadle’. Y de pronto, mirando en derredor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos.

Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre sí qué era eso de ‘resucitar de entre los muertos’.
Y le preguntaban: ¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero?’. Él les contestó: ‘Elías vendrá primero y restablecerá todo; mas, ¿cómo está escrito del Hijo del hombre que sufrirá mucho y que será despreciado? Pues bien, yo os digo: Elías ha venido ya y han hecho con él cuanto han querido, según estaba escrito de él’.

COMENTARIO

Escuchar la voz de Dios para aquellos testigos escogidos por Jesús debió parecerles algo extraordinario. Por eso Pedro, sin saber lo que decía, quería quedarse allí sin darse verdadera cuenta de lo que sucedía.

La resurrección de Jesucristo era algo que, entonces, no podían entender aquellos que escuchaban. Tan sólo después de que se produjera la misma fueron capaces de comprender un hecho espiritual  tan especial.

Cuando Juan el Bautista anunciaba a Quien tenía que venir muchos no le hicieron caso. Así, nosotros mismos, en determinadas ocasiones, tampoco aceptamos lo que Dios nos dice porque no conviene a nuestra cómoda vida.


JESÚS, cuando tu Padre dijo que debíamos escucharte sabía de nuestra dureza de oído y de nuestro corazón de piedra tardo en aceptar lo que le conviene.  Insiste en anunciarnos el reino de Dios porque sólo así sabremos aceptarlo.



Eleuterio Fernández Guzmán

18 de febrero de 2011

Ser discípulo de Cristo


Mc 8,34-9,1

“En aquel tiempo, Jesús llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? Pues, ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles’. Les decía también: ‘Yo os aseguro que entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios’”.


COMENTARIO

Lo que pedía, y pide, Jesucristo, para que alguien pueda llamarse, legítimamente, discípulo suyo, es realidad espiritual difícil de acometer por un ser humano, digamos, puramente humano.

Por eso seguir a Jesús supone, para empezar, reconocer que se tiene que cargar uno mismo con su cruz. No negar tal carga es esencial para poder, entonces, ir tras el Maestro para el que, recordemos, no tenía sitio donde recostar la cabeza.

Y luego… no negar que se es no que se es: cristiano. Se puede negar de muchas formas aunque, hoy día, al menos en occidente, la forma más común es callar lo que se es para que no se note que se es cristiano y, así, discípulo de Cristo. No admite esto el Hijo de Dios porque quien así actúa no es consecuente que luego reclame la parte del reino que le corresponde.



JESÚS, exiges muchos a los que quieren seguirte. No ha de ser esto por querer cargar con una carga mayor a la que ya tenemos, de por sí, cada uno de nosotros. Seguramente lo haces para que se reconozca el esfuerzo y la entrega que supone ir tras tu persona, obra y doctrina. Por eso no puedes entender que, en determinadas ocasiones hagamos como hizo Pedro en el patio en tu Pasión: negarte de muchas formas.





Eleuterio Fernández Guzmán

17 de febrero de 2011

Saber quien es Cristo


Mc 8,27-33


En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que soy yo?’. Ellos le dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas’. Y Él les preguntaba: ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’. Pedro le contesta:’Tú eres el Cristo’.

Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de Él. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días. Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle. Pero Él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: ‘¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.”




COMENTARIO

Jesús no dejaba de cumplir su misión: salió para predicar el reino de Dios y hacer lo posible para que se convirtiesen los que necesitaban conversión, enfermos de la fe.

Preguntarnos a nosotros mismos quién es Cristo tiene un objetivo fundamental: reconocer en nuestro corazón al Hijo de Dios para, sobre todo, tratar de ser Alter Christus, otro Cristo y, yendo más allá, Ipse Christus,, el mismo Cristo en cuanto actitud y comportamiento.

Nos conviene, por eso mismo, prestar atención a lo que nos dice Jesucristo y tener el oído raudo al entendimiento para no ser como Pedro, que actuando como hombre quiso apartar a Cristo de su misión. 




JESÚS, viniste para extender el reino de Dios por el mundo. Muchos no quisieron escucharte porque no les convenía. Nosotros mismos actuamos, de vez en cuando como Pedro y queremos que te apartes del camino porque así caminamos sin tanta entrega.

Eleuterio Fernández Guzmán
 

16 de febrero de 2011

Ciegos voluntarios


Mc 8,22-26
“En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegan a Betsaida. Le presentan un ciego y le suplican que le toque. Tomando al ciego de la mano, le sacó fuera del pueblo, y habiéndole puesto saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntaba: ‘¿Ves algo?’. Él, alzando la vista, dijo: ‘Veo a los hombres, pues los veo como árboles, pero que andan’. Después, le volvió a poner las manos en los ojos y comenzó a ver perfectamente y quedó curado, de suerte que veía claramente todas las cosas. Y le envió a su casa, diciéndole: ‘Ni siquiera entres en el pueblo’”.


COMENTARIO

Los que siguen a Jesús saben que puede hacer cosas extraordinarias y que rogándole con fe se apiada, siempre, de ellos. Si, además, piden no para sí mismos sino muestran misericordia por el prójimo es, como suele decirse, miel sobre hojuelas o, lo que es lo mismo, el querer exacto de Cristo.

Ciegos lo podemos ser de muchas formas. No queremos ver lo que Dios quiere, por ejemplo, para nosotros, y volvemos el corazón para otro lado. Pero siempre puede haber quien interceda por nuestra actitud para que cambie.

Y poco a poco podemos ver la luz. Estábamos, si es el caso, en la oscuridad más absoluta de no querer ver a Dios y, claro, a su Hijo Jesucristo pera la intercesión del Amor del Creador puede hacer lo posible de lo imposible.




JESÚS, tú nos das la vista a los que estamos ciegos. A veces es ceguera impuesta por el mundo, por sus atracciones y cosas que nos propone. Pero otras veces la ceguera es buscada por nosotros porque nos interesa no mirar de cara a Dios. Es mejor, esos creemos, hacer como si Dios no se dirigiese a nosotros.





Eleuterio Fernández Guzmán

Es posible que nos falte fe



15 de febrero de 2011

Mc 8,14-21

En aquel tiempo, los discípulos se habían olvidado de tomar panes, y no llevaban consigo en la barca más que un pan. Jesús les hacía esta advertencia: «Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de ‘Herodes’. Ellos hablaban entre sí que no tenían panes. Dándose cuenta, les dice: '¿Por qué estáis hablando de que no tenéis panes? ¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Es que tenéis la mente embotada? ¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís? ¿No os acordáis de cuando partí los cinco panes para los cinco mil? ¿Cuántos canastos llenos de trozos recogisteis?». «Doce», le dicen. ‘Y cuando partí los siete entre los cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de trozos recogisteis?’ Le dicen: «Siete». Y continuó: ‘¿Aún no entendéis?’.”

COMENTARIO

Muchas veces somos duros del oído del corazón. Nos cuesta entender lo que Dios quiere de nosotros y nos empeñamos en decirle al Creador lo que creemos que nos quiere decir. A veces, por eso mismo, imponemos lo que es nuestra voluntad a la suya.

Cuando el Mal entra en nuestro corazón, aunque sea en poca cantidad cual levadura en la masa de pan, va creciendo hasta que se apodera de nuestra vida y nuestro comportamiento. Así, somos como el pan corrupto.

Tenemos la obligación, grave, como hijos de Dios, de tener confianza en el Creador y seguir lo que nos dice que debemos hacer. Tampoco, para eso, tenemos que buscar demasiado porque Su Hijo, Jesucristo, vino para que no olvidáramos Su Ley.


JESÚS, quieres tú, y así lo dijiste en tu vida pública, que tengamos fe y que creamos en Dios. Nosotros, sin embargo, solemos no hacer mucho caso a lo que está puesto para nuestro bien y miramos para otro lado cuando no nos gusta lo que quiere el Padre de nosotros. Te pedimos  nos ayudes a no olvidar algo tan importante para nosotros.




Eleuterio Fernández Guzmán

14 de febrero de 2011

Creer es confiar


Mc 8,11-13

“En aquel tiempo, salieron los fariseos y comenzaron a discutir con Jesús, pidiéndole una señal del cielo, con el fin de ponerle a prueba. Dando un profundo gemido desde lo íntimo de su ser, dice: ‘¿Por qué esta generación pide una señal? Yo os aseguro: no se dará a esta generación ninguna señal’. Y, dejándolos, se embarcó de nuevo, y se fue a la orilla opuesta.”


COMENTARIO

Muchas veces aquellos que vivían y veían a Jesús le pedían que hicieran una señal. Necesitan que demostrara que era un gran profeta porque no actuaban, en eso, como seres humanos pegados a la tierra.

Una señal le pedían. Pero Jesús no quería que siguiesen por ese camino de increencia y que creyesen en él. Así los deja al igual que nosotros mismos le dejamos por las cosas del mundo y miramos para otro lado cuando nos dice que lo que hacemos no es lo que Dios quiere que hagamos.

Jesús se fue al otro lado, al orilla opuesta, porque aquellos que lo veían y vivían con él no estaban seguros de que lo hacía fuera por voluntad de Dios. Se alejó de ellos.



JESÚS, muchas veces no confiamos en Dios y necesitamos señales que nos demuestren lo que no somos capaces de entender como bueno por nuestra fe. No nos basta con estar seguros sino que, como seres humanos que somos, necesitamos algo más que, en tu corazón, ha de ser algo menos.


Eleuterio Fernández Guzmán

13 de febrero de 2011

Dura lex sed lex


Mt 5,17-37

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos. Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. 

Habéis oído que se dijo a los antepasados: 'No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal'. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano ‘imbécil’, será reo ante el Sanedrín; y el que le llame ‘renegado’, será reo de la gehenna de fuego. Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo. 

Habéis oído que se dijo: 'No cometerás adulterio'. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna. También se dijo: 'El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio'. Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio. 

»Habéis oído también que se dijo a los antepasados: 'No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos'. Pues yo digo que no juréis en modo alguno: ni por el Cielo, porque es el trono de Dios, ni por la Tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro. Sea vuestro lenguaje: "Sí, sí"; "no, no": que lo que pasa de aquí viene del Maligno’”


COMENTARIO

La ley de Dios es dura porque el hombre no se acostumbra a cumplirla. Sin embargo es ley que hay que cumplir porque sus preceptos fueron establecidos por el Creador y a Él debemos amor y respeto.

Jesús no vino a abolir la Ley. No vino a abolirla sino a darle cumplimiento exacto y perfecto. Así era porque el pueblo elegido por Dios no lo estaba haciendo sino que había hecho, de la letra de la misma, un proceder adecuado a sus necesidades y gustos temporales.

Algo más. No sólo es importante cumplir la Ley de Dios sino, además, no enseñar a los demás a que la incumplan. Hacer eso es violar, aún más, los preceptos divinos porque supone incitar a un hermano a que vaya por el camino equivocado. Por eso la Ley es dura pero es Ley.



JESÚS,  viniste para que la voluntad de tu Padre fuese cumplida. Querías que todos sus hijos fueran por el camino recto del que hablara tu primo Juan en el Jordán: camino recto que lleva al definitivo reino de Dios y que hay que enderezar. Se endereza cumpliendo la Ley de Dios porque es perfecta, como su Padre es perfecto.


Eleuterio Fernández Guzmán
  



12 de febrero de 2011

Oír y hablar para alabar a Dios


Mc 7,31-3

En aquel tiempo, Jesús se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. Él, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: ‘Effatá», que quiere decir: “¡Ábrete!’.

Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían: ‘Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos’”.

COMENTARIO
En una ocasión, los discípulos de Juan el Bautista acudieron a Jesús para preguntarle si era, su primo, el Enviado a quien todo el pueblo elegido estaba esperando. Les dijo que dijeran a Juan que los ciegos veían y que los cojos andaban. Así se habían cumplido las profecías.

Los sordos oyen. Es una forma muy particular no sólo de curar la enfermedad de una persona sino, además, de destapar algo más que le oído físico. El espiritual, oído, era el que tenían que poner en práctica aquellos otros nosotros.

Le abrió el oído a quien lo tenía cerrado. Pero, a la vez, lógicamente, la lengua, que por su enfermedad auditiva no había puesto en práctica en demasía, también le quedó liberada. Pudo hablar, así, de la gloria de Dios y decir, con sus amigos, “todo lo ha hecho bien” refiriéndose a Jesús.



JESÚS,  liberando a aquella persona sorda y casi muda lo incorporaste a la sociedad que, seguro, tenía apartado por relacionar su enfermedad con algún pecado que podría haber cometido aquella persona o sus padres. Así, también, a nosotros mismos, nos liberas de nuestras torpezas de oído y de boca y podemos, como aquellos, decir que todo lo haces bien y que, sobre todo, es por nuestro bien y nuestra eternidad.


Eleuterio Fernández Guzmán

11 de febrero de 2011

Con el poder de Dios


Mc 7,31-3


En aquel tiempo, Jesús se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. Él, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: ‘Effatá», que quiere decir: “¡Ábrete!’.

Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían: ‘Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos’”.


COMENTARIO

En una ocasión, los discípulos de Juan el Bautista acudieron a Jesús para preguntarle si era, su primo, el Enviado a quien todo el pueblo elegido estaba esperando. Les dijo que dijeran a Juan que los ciegos veían y que los cojos andaban. Así se habían cumplido las profecías.

Los sordos oyen. Es una forma muy particular no sólo de curar la enfermedad de una persona sino, además, de destapar algo más que le oído físico. El espiritual, oído, era el que tenían que poner en práctica aquellos otros nosotros.


Le abrió el oído a quien lo tenía cerrado. Pero, a la vez, lógicamente, la lengua, que por su enfermedad auditiva no había puesto en práctica en demasía, también le quedó liberada. Pudo hablar, así, de la gloria de Dios y decir, con sus amigos, “todo lo ha hecho bien” refiriéndose a Jesús.


JESÚS,  liberando a aquella persona sorda y casi muda lo incorporaste a la sociedad que, seguro, tenía apartado por relacionar su enfermedad con algún pecado que podría haber cometido aquella persona o sus padres. Así, también, a nosotros mismos, nos liberas de nuestras torpezas de oído y de boca y podemos, como aquellos, decir que todo lo haces bien y que, sobre todo, es por nuestro bien y nuestra eternidad.



Eleuterio Fernández Guzmán



10 de febrero de 2011

Aunque sea algo de fe



Mc 7,24-30


En aquel tiempo, Jesús partiendo de allí, se fue a la región de Tiro, y entrando en una casa quería que nadie lo supiese, pero no logró pasar inadvertido, sino que, en seguida, habiendo oído hablar de Él una mujer, cuya hija estaba poseída de un espíritu inmundo, vino y se postró a sus pies. Esta mujer era pagana, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara de su hija al demonio. Él le decía: ‘Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos’. Pero ella le respondió: ‘Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños’. Él, entonces, le dijo: ‘Por lo que has dicho, vete; el demonio ha salido de tu hija». Volvió a su casa y encontró que la niña estaba echada en la cama y que el demonio se había ido.’”


COMENTARIO

La fe puede mucho. Un poco de la misma puede hacer que se mueva una montaña de sitio como bien dijo, en una ocasión, el Mesías. Por eso tiene tanta 
importancia para Jesús que se manifieste la misma.

Aquella mujer tenía, en verdad, un grave problema: la posesión de una hija suya que no la dejaba vivir como debe vivir un ser humano. Pero también sabía que sólo alguien con poder sobre el Mal podía solucionar aquella situación.

Tenía, al menos, algo de fe. Se sentía como un animalillo que sacia su hambre con lo que otros echan al suelo. Así era su fe: pequeña pero grande a los ojos de Cristo. Y eso salvó a su hija.



JESÚS, tú siempre quieres que tengamos fe. Eso salvó a muchas personas que se encontraron contigo a lo largo de tu vida pública y no sabemos si también en la llamada oculta. Así, prefieres que tengamos algo de fe a no tener ninguna porque creer un poco es estar en el camino del definitivo reino de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán

9 de febrero de 2011

Del corazón salen las obras


Mc 7,14-23

En aquel tiempo, Jesús llamó a la gente y les dijo: ‘Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Quien tenga oídos para oír, que oiga’.

Y cuando, apartándose de la gente, entró en casa, sus discípulos le preguntaban sobre la parábola. Él les dijo: ‘¿Así que también vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado?’ —así declaraba puros todos los alimentos—. Y decía: ‘Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre’
.”

COMENTARIO

Los discípulos de Jesús, aquellos primeros doce, no entendían, muchas veces, lo que les decía el Maestro. Tenían, por así decirlo, el corazón cerrado. Aún no habían llegado a comprender lo que, en realidad, era la doctrina de Jesucristo.

Es conocido que el pueblo judío tenía algunos alimentos por impuros y, claro, no ingerían nada de ellos. Tenían, así, del mundo una visión alicorta porque se dejaban vencer por las apariencias de las cosas.

Jesús les dice que es del corazón, de dentro del cuerpo humano, de donde salen los pensamientos y, así, las obras. Por eso, no deberían preocuparse de lo que venía de fuera sino, más bien, de lo que pudiese salir de su interior.


JESÚS, a veces nos cuesta entender, al igual que les pasaba a aquellos otros nosotros discípulos tuyos, lo que significan tus palabras. Estamos atrapados por el mundo y eso nos impide reconocerte entre lo que nos pasa y, así, decidir lo que, en tu doctrina es mejor para nuestra vida ordinaria.




Eleuterio Fernández Guzmán

8 de febrero de 2011

Palabra de Dios y Ley del hombre


Mc 7,1-13

En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén. Y al ver que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas, -es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas-.

Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: ‘¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?’. Él les dijo: ‘Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres’. Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres’. Les decía también: ‘¡Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición! Porque Moisés dijo: ‘Honra a tu padre y a tu madre y: el que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte’. Pero vosotros decís: ‘Si uno dice a su padre o a su madre: Lo que de mí podrías recibir como ayuda lo declaro "Korbán" -es decir: ofrenda-’, ya no le dejáis hacer nada por su padre y por su madre, anulando así la Palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas’”
.

COMENTARIO

Jesús, en varias ocasiones, se vio obligado a decir que la Ley de Dios se tenía que cumplir. Eso significaba, por lo tanto, que no se estaba cumpliendo por parte de sus contemporáneos.

Muchos ejemplos ponía para hacerles comprender que tenían que llevar a cabo la voluntad de su Padre. Habían hecho de la tradición una forma de existencia muy distante a la Palabra de Dios. Hombres había hecho normas adaptadas a los hombres.

Les acusa el Maestro, precisamente, de violar el mandamiento de Dios para aferrarse a lo que los hombres habían querido entender de tal mandamiento. Eso no era cumplir la Palabra de Dios sino, en todo caso, mirarla sólo de lejos.


JESÚS, el pueblo elegido por tu Padre para transmitir su Fe había tergiversado, en mucho, la Palabra de Dios y tuviste que corregir, varias veces, a los que así se comportaban. Nosotros, a una distancia tan grande en el tiempo de lo que entonces pasada hacemos casi lo mismo porque adaptamos la Ley de Dios a lo que nos conviene. Ayúdanos a superar una tara tan grande.



Eleuterio Fernández Guzmán

7 de febrero de 2011

Buscando a Jesucristo


Mc 6,53-56

En aquel tiempo, cuando Jesús y sus discípulos hubieron terminado la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron. Apenas desembarcaron, le reconocieron en seguida, recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que Él estaba. Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que les dejara tocar la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados.


COMENTARIO

Muchos de los que buscaban a Jesús lo hacían porque, seguramente, habían oído que hacía cosas extraordinarias y que debía ser un gran profeta.

Buscar al Hijo de Dios ha de ser, entonces, para nosotros, un objetivo primordial para nuestra existencia porque importa que sepamos junto a quien caminamos hacia el definitivo Reino del Creador.

Aquellos otros nosotros confiaban en Jesús. Por eso les bastaba con tocar la orla del manto que llevaba el Maestro. Así, los que, con fe, tocaban su ropa quedaban curados y, así, salvados. Confiaron... luego fueron justificados.


JESÚS, confiamos en Ti porque sabemos que eres el hijo del Hombre del que hablara el profeta Daniel. Por eso vamos detrás de ti para que, al menos, nos toque algo de tu sombra. Buscamos a Quien nos salve, nos justifique, se entregue por nosotros a una muerte segura y salvadora.


Eleuterio Fernández Guzmán