23 de enero de 2011

Por eso vino Cristo



Mt 4,12-23


Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea. Y dejando Nazaret, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí; para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: ‘¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los gentiles! El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido’. Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: ‘Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado’. 

Caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores, y les dice: ‘Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres’. Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; y los llamó. Y ellos al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron. Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.


COMENTARIO

La Palabra de Dios siempre se cumple. Si se había escrito que sería en determinada tierra donde se establecería el Hijo del Hombre ahí es donde, precisamente, se estableció, Jesús. Nada, pues, había de nuevo en eso que es lo mismo que decir que en el Antiguo Testamento el Cristo estaba anunciado.

Jesús llamó a quien quiso. No fueron ellos los que dijeron te seguimos antes de conocerlo sino que respondieron sí a una llamada particular del Hijo de Dios. Dios, por lo tanto, nos llama y espera de nosotros que respondamos con un sí que llene nuestro corazón.

Jesús llevó a cabo su labor de curación física y espiritual porque no había venido, tan sólo, para liberar de males del cuerpo sino, sobre todo, para liberar de los diversos demonios que cada cual llevaba/llevamos dentro.



JESÚS, tú nos llamas para que respondamos de forma afirmativa a tu seguimiento. También quieres que seamos apóstoles de hoy, apóstoles de nuestro tiempo, para que la Palabra de Dios llegue donde los corazones aún no la han conocido o la han olvidado. Nos dices “Sígueme” y esperas que lo dejemos todo pero, a veces, es tan difícil...




Eleuterio Fernández Guzmán

22 de enero de 2011

El celo de tu Casa


Mc 3,20-21

En aquel tiempo, Jesús volvió a casa y se aglomeró otra vez la muchedumbre de modo que no podían comer. Se enteraron sus parientes y fueron a hacerse cargo de Él, pues decían: “Está fuera de sí”.


COMENTARIO

Muchas personas iban tras Jesús porque conocían de lo que era capaz. Esperaban encontrar en Él un consuelo a sus muchas penas y, también, la curación a muchos males físicos.

Todo el mundo, sin embargo, al parecer, no lo comprendía porque les parecía que una persona que actuaba como lo hacía el Mesías no podía estar bien. Decían de Él que estaba “fuera de sí” como si hubiera perdido la cabeza o algo por el estilo. No entendían, a lo mejor, su misericordiosa forma de ser.

En otra ocasión, cuando entre en el Templo y vea a los cambistas y vendedores de animales para el sacrificio utilizando de forma no buena la Casa de su Padre y tanto se enfadara sus discípulos se acordaron de aquello que decía “el celo de tu casa me devora” y comprendieron lo que, entonces, hizo Jesús porque el amor por Dios era lo que le conducía en su vida.


JESÚS, muchos no te comprendieron a lo largo de tu vida pública. Decían, incluso, que no estabas bien, que habías perdido el juicio. Francamente eso podía parecer para unos corazones mundanos pero, en verdad, venir a hacer cumplir la Ley de Dios podía parecer, para muchos, cosa ilógica porque creían que la estaban cumpliendo. Pero tú sabías cuál era la Verdad.



Eleuterio Fernández Guzmán

Apóstoles de Cristo


Mc 3,13-19


En aquel tiempo, Jesús subió al monte y llamó a los que Él quiso; y vinieron donde Él. Instituyó Doce, para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios. Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre de Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el mismo que le entregó.”


COMENTARIO


Jesús escogió a los que quiso. Así, Dios mismo hace con nosotros cuando nos llama para llevar a cabo determinado apostolado. Respondemos como hicieron los apóstoles, siguiéndole, o mirando para otro lado porque no nos interesa el compromiso.


Antes había orado porque el Hijo de Dios siempre se dirigía al Padre antes de hacer algo importante (así lo hizo en la multiplicación de los panes y de los peces o, por ejemplo, en la resurrección de su amigo Lázaro)

Nosotros, que también somos apóstoles suyos, apóstoles del ahora mismo, no podemos dejar de orar mirando a Dios para que nos conceda el talento de saber ser sus enviados en el mundo relativista y hedonista de hoy. 



  
 JESÚS, Tú llamaste a quien quisiste para que te siguiera. Así, nosotros mismos, cuando somos llamados de la forma que sea y para lo que sea (pues muy grande es la viña del señor y muchos trabajos hay que hacer en bien de la cosecha) tenemos que responder con un hágase como hizo tu madre. Ayúdanos a no tener miedo.







Eleuterio Fernández Guzmán

20 de enero de 2011

Conocer a Cristo

Mc 3,7-12

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a Él. Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: ‘Tú eres el Hijo de Dios’. Pero Él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran.”


COMENTARIO

Dice el texto evangélico que aquellos espíritus malignos que Jesús expulsaba de los cuerpos que dominaban lo conocían. Sabían que era el Mesías, el Enviado de Dios. Huían porque tenían miedo a la Verdad, a la Luz y a la Vida.

Muchos, sin embargo, buscaban al Maestro para que curara sus dolencias del cuerpo y del alma perdonándoles los pecados y mejorándolos de su maltrecho estado físico. Lo buscaban porque creían en Él.

Así nosotros tenemos que ir tras Cristo, seguir sus pasos por el mundo y requerir su atención para que nos mejore nuestro estado espiritual, a veces tan decaído y alejado de la voluntad de Dios. Y, luego, al igual que hicieron muchos, ir por ahí a proclamarlo.




JESÚS, Conocías Tú a los espíritus que hacían llevar mala vida a las personas que los poseían; conocías el mal y tratabas, siempre, de enmendar aquellas vidas torcidas. A nosotros, tantos siglos después de que ocurriera aquello también no es necesaria una limpieza de nuestro corazón para quitarle la herrumbre que tiene; también tenemos ciertos espíritus inmundos dentro del alma que necesitamos sean echados fuera.






Eleuterio Fernández Guzmán

Duros corazones


19 de enero de 2011



Mc 3,1-6


En aquel tiempo, entró Jesús de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: ‘Levántate ahí en medio’. Y les dice: ‘¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?’. Pero ellos callaban. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: ‘Extiende la mano’. Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra Él para ver cómo eliminarle.


COMENTARIO

El cambio del corazón. Tal era el pensamiento que Jesús trajo el mundo. Y tal mudanza en la forma de hacer y de pensar no era fácil para sus contemporáneos ni tampoco hoy día entre nosotros lo es.

Son duros aquellos corazones que no admiten el bien para el prójimo a sabiendas de la situación por la que pasan; duros los que no tienen misericordia.

Jesús predicaba acerca de lo que era mejor para cumplir la Ley de Dios pues ya había recogido el profeta Ezequiel aquellas palabras de Dios que decían: “Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas”.


JESÚS, tú quisiste que nuestro corazón fuera blando y no duro, que supiéramos abrirnos a las dolencias ajenas para tratar de mitigarlas y que las vidas de nuestros semejantes mejoraran si es que estaban bajo alguna mala situación. Para eso, ayúdanos a escribir los errores ajenos en agua y los aciertos en piedra para que siempre recordemos lo mejor de los demás.





Eleuterio Fernández Guzmán

19 de enero de 2011

Ley de Dios




Mc 2,23-28

“Un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas. Decíanle los fariseos: ‘Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?’. Él les dice: ’¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?’. Y les dijo: ‘El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado’”.


COMENTARIO


La Ley de Dios es la que es. Jesús había venido, vino, a darle su cumplimiento perfecto y, sobre todo, a que no se hiciera lo que fuera contrario a la misma.

Someter la vida del hombre a las leyes olvidando qué es lo principal en la existencia de la creación de Dios era, sin duda alguna, tergiversar la voluntad del Creador.

Jesús trata de hacer comprender que la realidad está puesta para al hombre, a quien Dios, al crearlo, pensó que era “muy bueno” lo que había hecho. Por eso lo que hay en la creación está para provecho del ser humano que ha de cuidarlo como algo entregado por el Padre para que lo administre. Pero, de ninguna de las maneras se ha de someter el hombre a leyes que pretendan invertir tales términos.



SEÑOR,  Quisiste Tú que lo que habías creado fuera administrado por el hombre. También quisiste que, por tanto, la creación sirviera al ser humano y que de ella obtuviese todo lo que le hace falta para subsistir. Que no cambiemos los términos de tal relación y pongamos como razón de existencia secundaria al hombre.





Eleuterio Fernández Guzmán

17 de enero de 2011

Odres nuevos


Mc 2,18-22

Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen a Jesús: “¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: “¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día. 


Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos”.


COMENTARIO


Jesucristo había venido a dar perfección a la Ley de Dios, Por eso muchos de sus contemporáneos no comprenden lo que hacen, por ejemplo, sus discípulos cuando hacen algo que está prohibido. Profetiza, así, el ayuno en viernes santo porque a partir de tal momento ya no estaría entre ellos. Entonces sí habría causa para ayunar y destaca lo que es importante sobre lo superfluo o tergiversador de la norma divina.

De la vida ordinaria extrae Jesús ejemplos que pueden hacer comprender a los que le rodean lo que, de otra forma, no habrían llegado a entender. Lo nuevo requiere espacio nuevo, lugar donde desarrollarse en contra de lo antiguo. Y lo nuevo es Él mismo y el reino que trae de parte de Dios.

En el odre nuevo de un nuevo corazón, purificado con el fuego del bautismo, el discípulo de Cristo se sabe hijo de Dios. Entonces ya no vale lo viejo, el odre que, de querer poner ahí la nueva forma de ser, se rompería porque no admitiría tal renovación.




JESÚS, cómo explicabas a los que te oían de forma que pudiesen entender la Verdad que Tú eres... Así, a nosotros, en este mundo tan contrario a la voluntad de tu Padre, también nos conviene que nos hables de forma sencilla, para que nuestros corazones, a veces tardos en la comprensión, te acojan como nuevos templos del Espíritu.





Eleuterio Fernández Guzmán




Fuego salvador





Jn 1,29-34

"En aquel tiempo, vio Juan venir Jesús y dijo: “He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es por quien yo dije: ‘Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo’. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que Él sea manifestado a Israel”. 


Y Juan dio testimonio diciendo: “He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre Él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios”.


COMENTARIO

A lo largo de su vida es posible que Juan el Bautista perdiera la inocencia que le hiciera saltar, en el vientre de su madre Isabel, cuando María visitó a su prima. Entonces supo quién venía en el vientre de aquélla. Por eso dice que no le conocía.

En el momento oportuno se le comunicó quién era el Cordero de Dios y así lo hizo ver a aquellos que, entonces, acudían a que les limpiara los pecados con agua.

Además, a Juan se le da el privilegio de ver al Espíritu Santo en forma de paloma pues así lo demuestra el caso de que diga que quien lo envío le dijo lo que tenía que pasar cuando la Tercera Persona de la Santísima Trinidad bajara sobre el elegido de Dios en quien se complacía.




JESÚS, tú viniste a bautizar con fuego para que nuestros pecados se quemaran en la purificación eterna. Ahora, cuando tanto tiempo ha pasado de tu bautismo somos, seguramente, más pecadores que entonces porque te conocemos y no somos como tu primo Juan que no te conoció hasta que se lo dijo Dios. Sana nuestro corazón con el fuego eterno del perdón.




Eleuterio Fernández Guzmán

15 de enero de 2011

Seguir a Cristo


15 de enero de 2011


Mc 2,13-17

 “En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a Él, y Él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: ‘Sígueme’. Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían. Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: ‘¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?. Al oír esto Jesús, les dice: “No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores’”.


COMENTARIO

El seguimiento de Cristo supone, más que nada, la manifestación de confianza en el Hijo de Dios porque, incluso entonces, era conocido que los “sabios” de su tiempo no lo apreciaban mucho y no era muy visto entre los poderosos.

Los apóstoles lo siguen. Lo dejan todo (trabajo y familia, por ejemplo). Eso también hizo Mateo que era, como Jesús, muy mal visto entre sus vecinos  aunque en este caso porque recaudaba impuestos para el invasor. Jesús lo acepta por lo que sigue.

Muchos se preguntaban qué es lo que hacía aquel hombre, el hijo del carpintero, que se juntaba con personas que no consideraban honorables en su sociedad. Había venido, sin embargo, no a por los buenos (por los que así se consideraban y no querían cambiar su corazón) sino a por aquellos que se reconocían pecadores y necesitaban, ellos si conscientemente, de quien los salvara.


JESÚS, Mateo supo conocerte y seguirte. Sin embargo aquellos que eran los considerados mejores de entre los suyos no te tenían mucho aprecio y querían sorprendente en un descuido espiritual para acusarte, pensaban, de blasfemo. Que sepamos, siempre, confiar en ti para caminar contigo hacia el definitivo Reino de Dios.





Eleuterio Fernández Guzmán

14 de enero de 2011

Sanar cuerpo y alma

14 de enero de 2011



Mc 2, 1-12

Entró de nuevo en Cafarnaum; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y Él les anunciaba la Palabra.

Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde Él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: “Hijo, tus pecados te son perdonados”.

Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: “¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?”. Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: “¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate, toma tu camilla y anda?’ Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-: ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’».

Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: “Jamás vimos cosa parecida”.


COMENTARIO

Cuando Jesús, por lo general, se tenía que enfrentar a un caso especial, llámase extraordinario, tenía mucho en cuenta lo que pretendían las personas que se le acercaban. Valoraba mucho la fe que tenían y, así, la confianza que en Él se ponía.

Aquel paralítico, en verdad, fue sanado porque sus amigos le demostraron amor haciendo todo aquello que hicieron para llevarlo ante el Maestro. Y, también,  por supuesto, porque estaban más que seguros que sería curado.

La curación llevaba implícita el perdón de los pecados porque los contemporáneos de Jesús establecían tan errónea relación. Sanó, pues, física y espiritualmente.



SEÑOR, sana nuestro corazón herido por el mundo y perdona aquello que da mal hagamos. Que sea, tal perdón el momento preciso de empezar una nueva vida, sanado el corazón del pecado y danos fuerza para no caer más en la tentación de romper nuestra relación contigo.




Eleuterio Fernández Guzmán

13 de enero de 2011

Agradecer el don

13 de enero de 2011



Mc 1, 40-45

En aquel tiempo, vino a Jesús un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: “Si quieres, puedes limpiarme”. Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: “Quiero; queda limpio”. Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente:” ”Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio”.

Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a Él de todas partes.


COMENTARIO

Jesucristo, a lo largo de su vida pública, mostró un gran amor por aquellos que, en la sociedad de su época, eran considerados como personas no admitidas en la misma: mujeres, niños y enfermos (paralíticos, leprosos, etc.). Así nos enseña que la caridad ha de ir dirigida, sobre todo, a los más necesitados.

Por otra parte, el Hijo de Dios siempre cumple la Ley establecida. Por eso le dice al leproso que acuda al sacerdote para que certifique su curación.

Sin embargo, el leproso no pudo contener su gozo por haber sido curado y, raudo, comunicó a todo el que quiso escucharle que era, siendo la misma persona, otra distinta que iba a ser admitida, ahora, por la sociedad que le rechazó. Fue agradecido.




JESÚS, al igual que hiciste con el leproso, límpiame de todo pecado que lastre mi vida espiritual y permíteme que promulgue, a los cuatro vientos, de dónde viene la salvación eterna.





Eleuterio Fernández Guzmán





12 de enero de 2011

Buscar a Jesucristo

12 de enero de 2011


Mc 1,29-39

En aquel tiempo, Jesús, saliendo de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.

Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: ‘Todos te buscan’. El les dice: ‘Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido’. Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.


COMENTARIO

Jesús sanaba los cuerpos y los corazones de sus contemporáneos porque era la misión que le había encomendado Dios, su Padre. Así trataba de convertir a los que se habían alejado de la Ley del Creador y habían tomado caminos mundanos y, además, adaptado la norma divina según los intereses puramente humanos.

Además, Jesucristo sabía que para eso, como él mismo dice, había “salido” al mundo. Por eso todos iban tras Él.

Una actitud buena de parte de quien obtiene la curación, física o espiritual, es la que tiene la suegra de Simón: sirve a quien le ha salvado y no se aleja, como harían 9 de los 10 leprosos que curaría el Hijo de Dios. No abandona, por así decirlo, a quien tanto le ha dado sino que se muestra agradecida.



JESÚS, tú que supiste llevar a cabo lo que te había encargado tu Padre, permítenos encontrarte en nuestra búsqueda del camino que nos lleve hacia el definitivo reino de Dios.





Eleuterio Fernández Guzmán

11 de enero de 2011

Divina autoridad

11 de enero de 2011

Mc 1,21-28

Llegó Jesús a Cafarnaum y el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él». Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él. 

Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen». Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.


COMENTARIO

Cuando los espíritus inmundos reconocen a Jesús como el Santo de Dios hacen algo que, a lo mejor, muchas veces, sus propios discípulos costaba entender. Seguramente esperaban a un Mesías batallador y guerrero que no era, precisamente, el comportamiento que su Maestro demostraba.

Por otra parte, cuando enseñaba todos decían que, a diferencia de sus ordinarios maestros, la enseñanza de Jesús denotaba una verdad que no podían apreciar en sus contemporáneos que llevaban a cabo tal labor. Se daban cuenta, aún sin reconocerlo como hijo de Dios, que aquella persona que les hablaba tenía, en sus palabras, la Verdad.



JESÚS, es bien cierto que sabes de la existencia del Mal y que Satanás pretende apartarnos de la voluntad de tu Padre. Ayúdanos a evitar las tentaciones que, ordinariamente, nos presenta el ángel caído y limpia nuestro pecado. 




Eleuterio Fernández Guzmán

10 de enero de 2011

Seguir a Jesucristo

10 de enero de 2011


Mc 1, 14,40


Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.”

Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago.

Jesús les dijo: “Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.”
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

COMENTARIO

Cuando Jesús comprendió que había llegado el momento en el que debía manifestar el mundo su divina naturaleza, no duda ni un momento qué debe hacer.

Busca a aquellos que sabe van a dejarlo todo y a seguirlo. Y así lo hacen con sus inmediatos quehaceres. Lo cambian todo por seguir a alguien a quien no conocen. Tienen confianza en quien les llama y eso les hace ver que el mundo puede ser mejor.

Quiere hacerlos pescadores de hombres para atraerlos, con la red de la Palabra de Dios al reino del Padre y ellos, teniendo fe antes, siquiera, de conocer a Jesús, todo lo dejan y se abandonan, con tal forma de actuar, a la voluntad de Dios.



SEÑOR,  que sepamos dejar nuestras cosas del mundo con sus mundanidades para dedicar nuestra vida a la transmisión de tu Palabra y así ser hijos tuyos que saben que lo son y actúan en consecuencia; como nos has llamado que no miremos para otro lado.





Eleuterio Fernández Guzmán

9 de enero de 2011

Bautizados con Espíritu y fuego

9 de enero de 2010


Mt 3,13-17

En aquel tiempo, Jesús vino de Galilea al Jordán donde estaba Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?». Jesús le respondió: «Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia». Entonces le dejó. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre Él. Y una voz que salía de los cielos decía: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco».


COMENTARIO

El Bautista no se sentía digno de bautizar a Jesús. Sabemos, sin embargo, que su bautizo, el de Cristo, no fue uno que lo fuera sacramental (Él no tenía pecado ni necesitaba, por lo tanto, que se le perdonara) sino que servía de ejemplo a aquellos que, entonces, seguían a su primo nacido de Isabel.

No podemos olvidar, por otra parte, que Dios se complace en su Hijo y así nos lo hace saber. Entonces, sabiendo que el Creador ama con todo su Amor a Jesucristo, seguir a quien tanto ama (pues Cristo es Dios hecho hombre) ha de ser la primera disciplina del creyente: sigo al Mesías porque le amo.


JESÚS, que siempre tengamos presente que, tras el bautismo, somos hijos de tu Padre, y no sólo criaturas, y que, por lo tanto, nuestra vida tiene que ser llevada acorde con su voluntad y no podemos desviar nuestro existir ordinario por caminos de perdición del alma. 






Eleuterio Fernández Guzmán