10 de septiembre de 2011

Caritas in Veritate - I - La vocación de progreso de Pablo VI


Ya dice Pablo VI, en el punto 2 de su Populorum progressio, que “En sus grandes encíclicas Rerum novarum, de León XIII; Quadragesimo anno, de Pío XI; Mater et magistra y Pacem in terris, de Juan XXIII —sin hablar de los mensajes al mundo de Pío XII— nuestros predecesores no faltaron al deber que tenían de proyectar sobre las cuestiones sociales de su tiempo la luz del Evangelio.


Bien podemos decir, entonces, que la doctrina papal no ha estado alejada, precisamente, de la cuestión social.


Tampoco podía darle de lado Benedicto XVI. Por eso ha hecho pública su encíclica Caritas in Veritate (Cv) en la que hace una referencia muy especial (a más de 40 años de su publicación) de la de Pablo VI, citada arriba.


Es que no se puede negar que Pablo VI tenía una clara vocación de progreso. Así lo refleja el Santo Padre en su carta encíclica sobre la Caridad y la Verdad.


Por mucho que se quiera tergiversar la figura del Papa Pablo por obras suyas como, por ejemplo, la encíclica Humanae vitae, de 1968, bien cierto es que, como dice Benedicto XVI “La relación entre la Populorum progressio y el Concilio Vaticano II no representa una fisura entre el Magisterio social de Pablo VI y el de los Pontífices que lo precedieron, puesto que el Concilio profundiza dicho magisterio en la continuidad de la vida de la Iglesia (Cv 12)


Por eso, no se trata de que se distinga entre lo dicho antes y después del CV II sino “una única enseñanza, coherente y al mismo tiempo siempre nueva” (Cv 12)


Por tanto, y por eso mismo, “la Populorum progressio, insertada en la gran corriente de la tradición, puede hablarnos todavía, hoy, a nosotros” (Cv 12)


Por otra parte, algo muy importante nos dice el Santo Padre que para Pablo VI era, es, el progreso.


Lejos de un ansia desenfrenada de tener y de avanzar por avanzar, para el anterior Santo Padre, autor de la Populorum progressio, es, exactamente, una vocación.


Como tal vocación tiene sus propias características que, en aplicación de la doctrina cristiana, la hace buena si se considera en su justa medida.


Dos elementos descubre Benedicto XVI en el progreso como vocación:


1.-“Nace de una llamada trascendente”


2.-No puede darse su sentido por si misma, por provenir de una llamada trascendente.


Por eso, “No hay, pues, más que un humanismo verdadero que se abre al Absoluto en el reconocimiento de una vocación que da la idea verdadera de la vida humana” (Populorum progressio 42)


Por eso, una llamada trascendente, la vocación del progreso, requiere una manifestación de voluntad hacia la misma tal vocación que, además, “hace libre a la persona” (Cv 17)


Tal libertad es importante en cuanto, parafraseando a Jesús, el “sábado está hecho para el hombre” y no al revés. De aquí que Pablo VI supiera entender que, aunque “las estructuras económicas y de las instituciones” fueran muy importantes para el progreso no era la libertad del ser humano la que estaba sometida a aquellas sino, en todo caco, el revés. De aquí que Benedicto XVI diga (Cv 17) que “sólo si es libre, el desarrollo puede ser integralmente humano; sólo en un régimen de libertad responsable puede crecer de manera adecuada”.


Por otra parte, como sabemos, la Iglesia católica tiene una visión de conjunto del mundo que la hace, por eso mismo, universal, tiene, también, una visión del desarrollo que abarca a todo hombre y a “todos los hombres”.


Tal es, como dice Benedicto XVI, el mensaje central de la Populorum progressio y sí tenemos que tenerlo en cuenta: el progreso o es para toda la humanidad o no deja de ser un simple avance que, además, no conviene al hombre.


No vaya a creerse, por otra parte, que el desarrollo no tiene su envés: el subdesarrollo.


En atención a lo dicho por Pablo VI, Benedicto XVI nos hace mención (Cv 19) de las causas del subdesarrollo. Son las siguientes:


1.-La voluntad, que se aparta de la Verdad de Dios.


2.-El pensamiento que “no siempre sabe orientar adecuadamente el deseo.
3.-La falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos.


Para finalizar, es necesario hacer notar que en esta primera parte de la encíclica Caritas in Veritate dice Benedicto XVI algo que resulta muy importante reconocer: “La sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos pero no más hermanos”.




Eleuterio Fernández Guzmán

Hacer no es decir

Sábado XXIII del tiempo ordinario

Lc 6,43-49

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca.

‘¿Por qué me llamáis: ‘Señor, Señor’, y no hacéis lo que digo? Todo el que venga a mí y oiga mis palabras y las ponga en práctica, os voy a mostrar a quién es semejante: Es semejante a un hombre que, al edificar una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre roca. Al sobrevenir una inundación, rompió el torrente contra aquella casa, pero no pudo destruirla por estar bien edificada. Pero el que haya oído y no haya puesto en práctica, es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin cimientos, contra la que rompió el torrente y al instante se desplomó y fue grande la ruina de aquella casa’".

COMENTARIO

Según dice Jesús del corazón del hijo de Dios sale aquello que se hace. Así, si es bueno no puede salir nada bueno y si es malo otra cosa que no sea malo puede salir. Del corazón salen las obras y, por eso mismo, conviene que rebose de amor y de misericordia.

Escuchar lo que dijo e hizo Jesucristo es fácil. Hacer lo que dijo que había que hacer es deber para un discípulo suyo pero, en no pocas ocasiones, se lleva a cabo justamente lo contrario de lo que el Hijo de Dios entiende bueno y benéfico para nuestra vida.

Tenemos, por lo tanto, que construir nuestra vida sobre la roca firme que es Cristo. Sobre tal roca nuestra existencia ha de ser fructífera y no se vendrá abajo bajo el peso del mundo o de lo que nos pueda pasar. Edificar en Cristo es, para un discípulo suyo, lo único que debería pensar hacer.



JESÚS, construyendo nuestra vida haciendo nuestra tu doctrina y aquello que con hechos demostraste es la única forma de ser, en verdad, discípulos tuyos. Ni somos capaces de cumplir siempre con la voluntad de Dios ni, a veces, queremos hacerlo.



Eleuterio Fernández Guzmán

9 de septiembre de 2011

Pecados de uno mismo

Viernes XXIII del tiempo ordinario

Lc 6,39-42

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: ‘¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo por encima del maestro. Todo discípulo que esté bien formado, será como su maestro. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: ‘Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo’, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano’”.


COMENTARIO

Es bien cierto que tenemos la humana tendencia de mirar al prójimo por encima de nuestro hombro y que solemos, con cierta facilidad, ver sus defectos e, incluso, tratar de corregirlos dando consejos que no deberían darse.

Sin embargo somos, también, muy dados, a no prestar atención a nuestras faltas espirituales y a nuestros pecados. Dios ha de querer, al contrario, que mejoremos nuestra forma de ser y que seamos misericordiosos con aquellos que tantas veces zaherimos.

Es mucho lo que se nos puede echar en cara da parte del Creador y, por eso mismo, se nos pide que, en primer lugar, sanemos nuestra vida antes de ponernos a ser salvadores de otros. Y es que, a veces, es tan grande la viga que tenemos que no la vemos.


JESÚS, conoces muy bien la naturaleza humana de tus hermanos en la fe y, por eso mismo, aconsejas sanar lo que podamos tener enfermo y, luego, en todo caso, tratar de ver las faltas de los demás porque una cosa es querer corregir fraternamente a quien ha cometido algún pecado y otra, muy distinta, querer tapar con eso los nuestros.





Eleuterio Fernández Guzmán

8 de septiembre de 2011

Nace María, colaboradora de la salvación

El Nacimiento de la Virgen María





Mt 1,1-16.18-23




“Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrom, Esrom engendró a Aram, Aram engendró a Aminadab, Aminadab engrendró a Naassón, Naassón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rahab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David.

David engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón, Salomón engendró a Roboam, Roboam engendró a Abiá, Abiá engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatam, Joatam engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando la deportación a Babilonia.

Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliakim, Eliakim engendró a Azor, Azor engendró a Sadoq, Sadoq engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Mattán, Mattán engendró a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. Así que el total de las generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

La generación de Jesucristo fue de esta manera: su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: ‘José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en Ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados’. Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: ‘He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel», que traducido significa: "Dios con nosotros’”.


COMENTARIO

Quizá pueda resultar extraño que el calendario litúrgico establezca para el día en el que celebramos la Natividad de María, la Madre de Dios, el texto referido al nacimiento de Jesucristo. Pero, además de que los caminos de Dios son inescrutables también es cierto que tienen bastante sentido.

Jesús y María tienen mucho que ver con la historia de la salvación de la humanidad a manos de Dios, Creador suyo pero, además, Padre Bueno y Misericordioso. Por eso tiene mucho que ver que tanto el Hijo como la Madre estén unidos por este lazo de realidad sobrenatural.

Nace Jesús y nace María porque los dos son necesarios para salvarnos y para que nos sean perdonados nuestros muchos pecados. Tanto el Hijo como la Madre están juntos en la voluntad de Dios como instrumentos espirituales de salvación y sanación del pecado.


JESÚS, tu Madre, a quien tanto amas, nace un día que celebramos hoy. En realidad poco importa que fuera un día como éste o fuera otro sino que, lo que es radicalmente crucial es que su nacimiento lo fuera para que Tú vinieras al mundo. Todo estaba previsto en el Plan de Dios y vuestros nacimientos van unidos de la mano del Padre para que todos seamos salvos.




Eleuterio Fernández Guzmán


Nota: la imagen que ilustar el comentario es de Murillo y corresponde a la Natividad de la Virgen.

7 de septiembre de 2011

Bienaventurados

Miércoles XXIII del tiempo ordinario

Lc 6,20-26

“En aquel tiempo, Jesús alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: ‘Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados. Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis. Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas.

‘Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que reís ahora!, porque tendréis aflicción y llanto. ¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas’”.


COMENTARIO

La Ley de Dios, dijo Cristo, había venido a hacerla cumplir. No quería derogarla porque tal no podía ser su misión. Y así proclama las bienaventuranzas que son como la perfección de la Ley y, sin dejar de tener valor los Mandamientos de Dios, acerca su sentido al corazón del creyente.

Todas las personas que se sienten entre algunos de los grupos de bienaventurados a los que hace referencia el Mesías podían sentirse felices y vivir gozosamente. Esos pobres que, en verdad, lo son; los que lloran, los que se saben perseguidos por odio a Cristo…

Y, sin embargo, Jesús no deja de llamar la atención a los que se creen en la seguridad de seguir la Ley de Dios porque la han transformado y adaptado a sus necesidades y conveniencias tergiversándola hasta límites no permisibles por el Creador. Tales personas deberían saber que Dios no puede querer que tal se actúe con su Ley.


JESÚS, eran, son, bienaventurados los que te siguen y cumplen con la Ley de Dios. Aquellos que lloran o que son pobres y que son perseguidos porque te siguen y cumplen la Ley de Dios serán los que reciban, en el definitivo Reino de Dios, el gozo del Amor del Padre.





Eleuterio Fernández Guzmán

6 de septiembre de 2011

Apóstoles y discípulos

Martes XXIII del tiempo ordinario

Lc 6,12-19

“En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor.
Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.”


COMENTARIO

Jesús vino porque tenía una misión que cumplir y que no era otra que transmitir la Palabra de Dios al mundo y, así, para que se cumpliera la voluntad del Creador y su Ley. Sabía, así, que tenía que escoger a un grupo de personas que le ayudaran a llevar a cabo tales menesteres.

Eligió a doce porque, seguramente, quería representar con ello a las 12 tribus de Israel, pueblo escogido y elegido por Dios para llevar su Palabra a la humanidad. Escogió, también, a hombres.

Sabían, aquellos que le seguían, primeros discípulos de Cristo, que no era una persona más y, ni siquiera, un sabio más de los que entre ellos predicaban. Reconocían en su persona a Quien tenían que venir y por quien el pueblo elegido estaba esperando muchos siglos. Le seguían porque creían en Él, porque tenían fe.



JESÚS, escogiste a los que quisiste. Ellos tenían, por delante, una labor muy importante que llevar a cabo y, aunque, como sabemos, te abandonaron en el momento más difícil de tu Pasión serían los que llevasen la Palabra de Dios al mundo. Nosotros, por nuestro lado, no deberíamos olvidar que somos, por eso mismo, apóstoles modernos, de ahora mismo.





Eleuterio Fernández Guzmán

5 de septiembre de 2011

Misericordia de Cristo

Lunes XXIII del tiempo ordinario

Lc 6,6-11

“Sucedió que entró Jesús otro sábado en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha seca. Estaban al acecho los escribas y fariseos por si curaba en sábado, para encontrar de qué acusarle. Pero Él, conociendo sus pensamientos, dijo al hombre que tenía la mano seca: ‘Levántate y ponte ahí en medio’. Él, levantándose, se puso allí. Entonces Jesús les dijo: ‘Yo os pregunto si en sábado es lícito hacer el bien en vez de hacer el mal, salvar una vida en vez de destruirla’. Y mirando a todos ellos, le dijo: ‘Extiende tu mano’. Él lo hizo, y quedó restablecida su mano. Ellos se ofuscaron, y deliberaban entre sí qué harían a Jesús.

COMENTARIO

Que se ofusquen aquellos que tergiversan la Ley de Dios para adaptarla a sus humanas necesidades es cosa natural porque no se puede espera que los que quieren que se hagan a su conveniencia actúen de otra forma.

Procuran, tales personas, el mal para Jesús porque no pueden admitir que una persona a las que siguen muchos de los suyos se manifieste de forma tan claramente contraria a lo que hacen. No les viene bien que se diga la verdad de las cosas.

Jesucristo sólo puede actuar de forma misericordiosa al igual que Dios con todos nosotros. No puede entender cómo es posible que cuando hay una persona que lo está pasando mal se le deba dejar en tal situación por no ser el día “apropiado” para curar. Tal forma de actuar no es, precisamente, la de Dios Padre y Creador.


JESÚS, ser misericordioso y actuar en defensa de quien te necesita es una forma muy tuya de ser. Por eso muchos te tenían cierta manía y querían perseguirte pues no te venías atrás porque algún determinado precepto humano impidiese hacer ciertas cosas en determinados días. Si el sábado es para el hijo del hombre, no otra cosa podías hacer cuando notabas cierta necesidad.


Eleuterio Fernández Guzmán

4 de septiembre de 2011

Con Cristo

Domingo XXIII (A) del tiempo ordinario

Mt 18,15-20

“En aquel tiempo, Jesús dijo a los discípulos: ‘Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano. Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

‘Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos’”.


COMENTARIO

La corrección fraterna es una forma de actuar recomendable para el discípulo de Cristo. Al igual que Jesús corrigió, en determinadas ocasiones, a los que le seguían, tenemos que hacer aquellos que decimos seguir su mensaje y practicar su doctrina.

Jesucristo prometió estar con nosotros hasta el fin de los tiempos. Así lo cumple cuando, por ejemplo, oramos en su nombre y nos dirigimos a Dios a través de Su Hijo.

Dios escucha a los que piden. Tal es así que Jesús les dice que lo que aten quedará atado y lo que aten, quedará desatado. Así, el Creador se manifiesta como un Padre que escucha a sus hijos y que tiene en cuenta todo lo que dicen.


JESÚS, querías que aquellos que te seguían cumpliesen la Ley de Dios y, en aplicación de la misma, lo que tú hacías y decías. Por eso, en cuanto a la corrección, para reforzarla, les dices que todo quedará atado o desatado porque, en realidad, Tú eres Dios mismo. Por eso no podemos hacer caso omiso a lo que nos dices.


Eleuterio Fernández Guzmán

3 de septiembre de 2011

La Ley de Dios

Sábado XXII del tiempo ordinario

Lc 6,1-5

“Sucedió que Jesús cruzaba en sábado por unos sembrados; sus discípulos arrancaban y comían espigas desgranándolas con las manos. Algunos de los fariseos dijeron: ‘¿Por qué hacéis lo que no es lícito en sábado?’. Y Jesús les respondió: ‘¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David, cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios, y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban?'. Y les dijo: 'El Hijo del hombre es señor del sábado’.


COMENTARIO

Otras muchas veces le pasa a Jesús lo que el evangelio de san Lucas narra en esta ocasión. Las personas celosas de la ley judía le echan en cara que no hace algo de acuerdo a la misma y, por eso, ponen en entredicho su labor.

Algo tiene que comunicar, y así lo hace, el Hijo del hombre: la Ley de Dios no es aquella que, en general, creen aplicar sus contemporáneos. Muy al contrario, por ejemplo, entiende que es más importante la misericordia que el sacrificio como en otra ocasión dirá Jesús.

Como Jesucristo era Dios hecho hombre prevalece, Él mismo, sobre la Ley, sobre la interpretación que se había llegado a hacer de la que lo es de Dios porque no es posible entender que el Creador prefiera que sus hijos mueran antes que dejar de trabajar en sábado.


JESÚS, hacer lo que decían que no se debía hacer aquellos que habían adaptado la Ley de Dios a su conveniencia o, simplemente, no la habían entendido bien, era algo que tenías que combatir y contra lo que tenías que ir. Habías venido para que se cumpliera la Ley de Dios hasta la última tilde y eso, por más que muchas veces nos pese por egoísmo, aún lo estás haciendo.





Eleuterio Fernández Guzmán

2 de septiembre de 2011

Odres y corazones

Viernes XXII del tiempo ordinario


Lc 5,33-39


“En aquel tiempo, los fariseos y los maestros de la Ley dijeron a Jesús: «Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben». Jesús les dijo: ‘¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días’.


Les dijo también una parábola: ‘Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo; de otro modo, desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría el remiendo del nuevo. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a perder; sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos. Nadie, después de beber el vino añejo, quiere del nuevo porque dice: ‘El añejo es el bueno’’”.


COMENTARIO

El cumplimiento exacto de la ley que había llegado a elaborar el pueblo elegido por Dios suponía una carga muy difícil de soportar por aquellos que componían al mismo. De la letra de la ley había desaparecido la misericordia y el corazón tierno y en su lugar un corazón de piedra había sustituido a la Ley del Creador.
Jesús había venido a que se cumpliera hasta la última sílaba de la Ley de Dios. Mientras estuviera con ellos los preceptos humanos quedaban derogados para sus discípulos porque Él era Dios mismo hecho hombre y su norma prevalecía sobra la de su descendencia.

La ley nueva, siendo la de siempre de Dios, necesitaba corazones nuevos, odres nuevos donde depositar el nuevo vino de la fe en el Creador. Pero teniendo valor la antigua Ley de Dios lo que tenía que cambiar era el corazón de sus hijos porque no podía contener la sustancia del Amor de Dios uno que lo fuera de piedra.


JESÚS, el corazón que no comprende ni perdona ni tiene en cuenta, de verdad, al prójimo, es uno que lo es que no puede contener la Ley de Dios. Es necesario venir a ser otro tipo de personas, dejar de llevar en nuestro odre viejo la ley vieja porque la nueva que, en realidad, es la antigua Ley de Dios, no tiene cabida en lo que se ha carcomido por la polilla del mundo.





Eleuterio Fernández Guzmán

1 de septiembre de 2011

Confiar en ser pescador de hombres

Jueves XXII del tiempo ordinario


Lc 5,1-11

“En aquel tiempo, estaba Jesús a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: ‘Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar’. Simón le respondió: ‘Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes’. Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: ‘Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador’.

Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: ‘No temas. Desde ahora serás pescador de hombres. Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.


COMENTARIO

De una forma casi casual, Jesús propone a quien le escucha, seguirle en lo que dice o, al contrario, optar por no hacerlo. Deja libertad porque la misma es un don de Dios que ni el Mesías puede alterar. Así hace con Pedro.

Pedro estaría cansado porque había estado trabajando toda la noche sin obtener, además, fruto alguno del mar. Pero confía en las palabras del Maestro. “En tu palabra” dice el pescador de peces Pedro. Y echa las redes obteniendo mucho más de lo que en otro momento habían obtenido.

La confianza en Dios siempre tiene respuesta de parte del Creador. Pero es que, además, a aquellos hombres los iba a convertir en pescadores de hombres, cambiándoles, de forma radical, su forma de vida y existencia. Ellos lo dejaron todo y le siguieron porque habían puesto su confianza en Él.



JESÚS, aquellos rudos hombres que dedicaban su vida a enfrentarse, en sus barcas, con los temporales y con los malos momentos van a tener, desde entonces, que hacerlo con otros temporales y otros malos momentos. Pero te siguieron con fe y lo dejaron todo que no es lo que pasa, siempre, con nosotros.





Eleuterio Fernández Guzmán

31 de agosto de 2011

Cristo vino para cumplir la Ley de Dios

Miércoles XXII del tiempo ordinario

Lc 4,38-44


"En aquel tiempo, saliendo de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo Él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: ‘Tú eres el Hijo de Dios’. Pero Él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo.


Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando
donde Él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero Él les dijo: ‘También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado’. E iba predicando por las sinagogas de Judea.


COMENTARIO


La gente buscaba a Jesús. Era lo común en aquellas personas necesitadas: ir en busca de quien tenía sanación (no sólo física) para sus dolencias del cuerpo o del alma.


Lo reconocen como el Hijo de Dios y, por eso mismo, saben que no es un rabino más ni alguien que se dedica a transmitir la Palabra de Dios sin más. Lo saben con autoridad superior a los demás porque, además, han visto los prodigios que hace.


Jesús sabe que su predicación ha de llegar a todos. No cree que el Bien pueda limitarse a ser transmitido al pueblo de Israel aunque crea que las primeras ovejas perdidas a las que hay que buscar han de ser las de ese pueblo elegido por Dios. Ha sido enviado para eso, como Él mismo dice.


JESÚS, que todos conocieran la Verdad era la misión que te encomendó tu Padre, Dios Creador. Transmitir, por lo tanto, lo que convenía hacer y orar, junto con las pruebas que muchos necesitaban de tan importante misión, era lo que tenías que llevar a cabo en tu primera venida al mundo. Sin embargo, muchos no te quisieron escuchar porque no les convenía.



Eleuterio Fernández Guzmán

30 de agosto de 2011

Autoridad de Cristo

Martes XXII del tiempo ordinario

Lc 4,31-37

“En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los
sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces: ‘¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios’. Jesús entonces le conminó diciendo: ‘Cállate, y sal de él’. Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño. Quedaron todos pasmados, y se decían unos a otros: ‘¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen’. Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.

COMENTARIO

Jesús hablaba con autoridad. Tal forma de pensar de alguien era atribuirle una capacidad de entendimiento superior a la de otra persona. Por eso en muchas ocasiones dicen, los que le escuchan, que habla de forma “distinta” a como hablan otros maestros.

Que a Jesús le dijeran que tenía autoridad no estaba reñido con el hecho de que actuara aplicando, en su vida, una serie de virtudes que no podía, por menos, transmitir. Así, por ejemplo, hablaba con sencillez, sin forzar el lenguaje y de la forma mejor para que sus contemporáneos le entendiesen y comprendiesen su mensaje. No era, por lo tanto, artificioso ni hablaba de forma rimbombante.

Jesucristo, con toda su autoridad, no era altivo, no gritaba ni levantaba la voz. Pero, además, demostraba su autoridad con lo que hacía y demostrando que entre su fe y la práctica de la misma no había separación alguna: era fiel porque era el Hijo de Dios, porque era hijo de Dios.


JESÚS, tu autoridad tenía hondas raíces espirituales y, desde ellas hasta todo tu hacer, partía una forma de hacer y de ser que admiraba a los que te veían y escuchaban. Deberíamos aprender más de lo que lo hacemos de tu forma de ser, de tu sencillez, de tu dulzura, de tu mansedumbre…


Eleuterio Fernández Guzmán

29 de agosto de 2011

Así se es fiel

Mc 6,17-29

“En aquel tiempo, Herodes había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: ‘No te está permitido tener la mujer de tu hermano’. Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto.


Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: ‘Pídeme lo que quieras y te lo daré’. Y le juró: ‘Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino’. Salió la muchacha y preguntó a su madre: ‘¿Qué voy a pedir?’. Y ella le dijo: ‘La cabeza de Juan el Bautista’. Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: ‘Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista’.El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.”

COMENTARIO

Juan el Bautista precedió a Jesús como el último profeta del Antiguo Testamento. Había salido, él mismo, para anunciar al que tenía que venir y que bautizaría con fuego. Pero su labor no fue nada fácil.

Ser fiel a la Ley de Dios puede resultar gravoso y peligroso para quien así actúe. Si el mundo está en contra de la voluntad de Dios, fácil es pensar que sus hijos, los que se consideran descendencia suya por creación, serán enemigos, serán vistos como tales, por aquellos que se acogen a la voluntad de la mundanidad.

Tener fe hasta las últimas consecuencias es una petición de Dios. No es que lo haga para que le sigamos sin más sino para que seamos consecuentes con lo que decimos. Que el corazón no vaya por un lado y la boca por otro o, mejor, al revés. Por eso el Creador nos llama para que le encontremos.


JESÚS, tu primo Juan, quien te bautizó en el río Jordán, cumplió con la voluntad de Dios hasta que le fue quitada la vida terrena. Supo ser fiel hasta el último momento e hizo lo que tenía que hacer cuando fue llamado a anunciarte. Nosotros, a pesar de lo difícil que puede resultar mantener una postura como la suya deberíamos, al menos, tratar de parecernos a él.



Eleuterio Fernández Guzmán

28 de agosto de 2011

Nuestra voluntad no es, a veces, la de Dios

Domingo XXII (A) del tiempo ordinario

Mt 16,21-27

“En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los senadores, sumos sacerdotes y letrados y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: ‘¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte». Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios’.


Entonces dijo a los discípulos: ‘El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta’”

COMENTARIO

No siempre nos gusta la voluntad de Dios. Eso le pasa a Pedro cuando Jesús dice lo que, en efecto, le va a pasar. No es del gusto del primer Papa porque él piensa como un hombre y no como el Hijo de Dios o, incluso, siquiera, como quien se sabe hijo de Dios.

Hay que negarse a sí mismo para seguir a Cristo. Esto es, como parece, bastante difícil porque tratar de evitar el egoísmo que nos conduce por el mundo es trabajo, casi, titánico. Más hacemos en contra de nuestra verdadera conveniencia que a favor de la misma.

El mundo sólo nos ofrece una muerte lenta del alma, un poco a poco dejar a Dios de lado y olvidar que es Padre y que es nuestro Padre. Querer hacer como si este mundo fuera el único que existe y olvidar la vida eterna debería quedar fuera de nuestro corazón.


JESÚS, quieres que no pensemos como los hombres, mundanizados y alejados de tu Padre, y así lo quieres porque sabes que es bueno para tus hermanos e hijos de Dios tener al Creador cerca del corazón. No deberíamos, por eso mismo, ansiar lo que aquí nos conviene sino, al contrario, olvidar lo que nos atrae del mundo y pensar, más y mejor, en la vida eterna.


Eleuterio Fernández Guzmán

27 de agosto de 2011

Talentos y dones de Dios

Sábado XXI del tiempo ordinario

Mt 25,14-30

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Un hombre, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio, el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor.

‘Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. Llegándose también el de los dos talentos dijo: ‘Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’.

‘Llegándose también el que había recibido un talento dijo: ‘Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo’. Mas su señor le respondió: ‘Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes’’”

COMENTARIO

Aunque a veces no nos demos cuenta de que Dios nos da una serie de talentos, que son sus dones hacia nosotros sus hijos, lo bien cierto es que no puede dejar a ninguna persona sin su particular capacidad.
Lo bien cierto es que, a veces, no nos interesa reconocer nuestros talentos porque, de hacerlo así, tendríamos que hacerlos rendir o, en caso contrario, enfrentarnos a Quien nos los dio y esperaba, de nosotros, algún tipo de fruto.

Nuestra pereza nos lleva, por lo general, a esconder bajo el celemín aquello que podría ser puesto en alto para que se sepa que existe pero, sobre todo, para que fuera provecho del prójimo y no causa de egoísmo. Los talentos los tenemos, por lo tanto, para hacerlos rendir.

JESÚS, tus hermanos en la fe e hijos de Dios somos duros de entendimiento para descubrir qué es lo que tu Padre nos dona como talento. Miramos para otro lado para no cumplir con nuestra obligación de buenos hijos que aman a su Padre y hacen lo posible para que de sus talentos se obtengan los mayores beneficios. Ciegos voluntarios, entonces, somos.


Eleuterio Fernández Guzmán

26 de agosto de 2011

Estar preparados para el Reino de Dios

Viernes XXI del tiempo ordinario

Mt 25,1-13

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: ‘El Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: ‘¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: ‘Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan’. Pero las prudentes replicaron: ‘No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis’. Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’. Pero él respondió: ‘En verdad os digo que no os conozco’. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora’”.




COMENTARIO

Es muy clara la intención de Jesucristo de darnos a entender que el Reino de Dios se alcanza, sin duda por voluntad de Dios y por su infinita Misericordia, pero también, o al menos se llega de una forma o de otra, según hagamos en este mundo.

Estar preparados para cuando el Señor venga es algo sobre lo que insiste en varias ocasiones el Mesías. Lo hacer porque sabe, a la perfección, que es fundamental que cuando El Señor venga o nos llame no podemos haber hecho como si no nos concerniera nada. Al contrario, es de vital importancia saber y reconocer que es importante para nosotros.

No sabemos ni el día ni la hora. Jesús nos pone sobre aviso de la verdad: en cualquiera momento viene el Señor y, por eso mismo, en todo momento tenemos que estar preparados: oración, expiación, dolor de los pecados, ayuda al prójimo… en fin, ser caritativos.



JESÚS, quieres que estemos en el definitivo Reino de Dios de la forma mejor posible. No pides hacer ni no hacer sino que cada cual haga lo que le corresponda, según sus propias características y su propia vida para alcanzar el fin más deseado: alcanzar las praderas del Reino del Creador habiendo sabido cumplir su voluntad.





Eleuterio Fernández Guzmán

25 de agosto de 2011

Estar preparados

Jueves XXI del tiempo ordinario


Mt 24,42-51


“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda’, y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes’”.



COMENTARIO

El hecho de no saber cuándo seremos llamados por Dios para presentarnos ante su tribunal es una realidad que nos debería hacer pensar más de lo que, por lo general, nos hace pensar. Hay que estar preparados.

Prepararse para la venida de Jesucristo en su Parusía o para presentarse ante Dios sólo se puede hacer de una forma: siguiendo la voluntad del Creador y cumpliendo su Ley.

El nuestra preparación para tal momento resultará bien un juicio para bien o un juicio para mal eterno nuestro. Estamos, por lo tanto, avisados de qué tenemos que hacer y, por lo tanto, no podemos argumentar a favor nuestro pretextando ignorancia: Dios lleva muchos siglos diciendo que, en cualquier momento, viene o nos llama.


JESÚS, nos quieres preparados. La preparación es seguirte y hacer como haces Tú, Hijo de Dios y hermano nuestro. Es cierto que no siempre podemos porque nos sentimos atraídos por el mundo y sus vivencias. Sin embargo, depende de lo que hagamos lo que será nuestra vida eterna.





Eleuterio Fernández Guzmán

24 de agosto de 2011

¡Ver, sólo, lo real!



Miércoles, 24 de agosto de 2011


Jn 1,45-51

“En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: ‘Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret’. Le respondió Natanael: ‘¿De Nazaret puede haber cosa buena?’. Le dice Felipe: ‘Ven y lo verás’. Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño’. Le dice Natanael: ‘¿De qué me conoces?’. Le respondió Jesús: ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi’. Le respondió Natanael: ‘Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: ‘¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre’.


COMENTARIO

Natanael debía ser un buen judío y verdadero cumplidor de la Ley de Dios. Sin embargo, también actuaba como hombre, como ser pegado a la tierra en la que habita.

Ver algo extraordinario le produjo a Natanael la sensación de estar, en efecto, ante una persona que era algo más, mucho más, que uno de sus semejantes. Quien podía decir dónde había estado sin haberlo visto físicamente tenía un poder que era algo no muy común.

Pero Jesús dice que eso que le hace ver cosas importantes, en realidad no es nada porque lo que han de ver sí que será, de verdad, digno de ser tenido en cuenta: ver al Hijo del hombre volver del definitivo Reino de Dios para juzgar a vivos y muertos.


JESÚS, lo que, de verdad, importa no es lo que mundanamente podamos considerar de lo que haces o dices. Lo que, en verdad, importa es reconocerte Hijo de Dios, Dios mismo hecho hombre y actuar en consecuencia.





Eleuterio Fernández Guzmán

23 de agosto de 2011

Lo que importa de la Ley de Dios

Martes XXI del tiempo ordinario


Mt 23,23-26

“En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña y codicia! ¡Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!’.



COMENTARIO

Jesús no ceja en el empeño de hacer cumplir la Ley de Dios. Para eso vino y, como Él mismo diría, tenía que cumplirse hasta la última tilde de la misma. Pero hacer eso supone poner a disposición del Creador el mismo corazón.

Es cierto que se llega a tergiversar tanto la voluntad de Dios que acaba por no serlo. Por eso critica tanto Jesucristo lo que hacen aquellas personas y que no es otra cosa que hacer que sea más importante lo que es, en realidad, menos.

Justicia, misericordia y fe. Son tres realidades espirituales y, también, materiales en cuanto se plasmen en la realidad de las personas, que no se tenían en cuenta. Para eso Jesús vino y por eso, precisamente por eso murió de muerte de cruz.



JESÚS, tu querías, siempre, que comprendiésemos la verdadera, la única, voluntad de Dios. Sin embargo, nosotros, tus discípulos (o que nos hacemos llamar así) no nos conviene mucho o, mejor, hacemos que no nos convenga porque nos viene mejor la falta de justicia para satisfacer nuestro egoísmo, la falta de misericordia para imponer nuestro criterio y, con todo, la falta de fe, que sostiene a una y otra virtud.





Eleuterio Fernández Guzmán

22 de agosto de 2011

Hipócritas

Lunes XXI del tiempo ordinario



Mt 23,13-22



“En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: ‘Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!’ ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el oro? Y también: ‘Si uno jura por el altar, eso no es nada; mas si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado’. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda? Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el Santuario, jura por él y por Aquel que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él’”.



COMENTARIO


No había venido Jesús a ser complaciente con los poderosos espiritualmente hablando. Tenía que hacer cumplir la voluntad de Dios, su Ley, y, por eso mismo, dice lo que no gusta a muchos de los que le escuchan.


A Jesucristo no le gusta que cuando alguien está tratando de cumplir la voluntad de Dios haya personas que obstaculicen lo que tratan de hacer. Si, además, tales personas son las que se supone entienden de la ley del Creador es mucho peor.


Si había algo que molestaba mucho a Jesús era el comportamiento hipócrita de muchos que se decían creyentes pero que, a la hora de la verdad, no eran más que embaucadores de los fieles de Dios que los llevaban por el camino equivocado.




JESÚS, cumplir la voluntad de tu Padre era, y es, lo más importante que un fiel discípulo tuyo puede hacer. Por eso no puede ser del agrado de Dios que se haga como que se cree pero, en realidad, no se sigua su voluntad. Nosotros, a veces actuamos, además, como si el Creador no nos viera y no conociera nuestro corazón.




Eleuterio Fernández Guzmán

20 de agosto de 2011

Cristo, Guía y Pastor

Sábado XX del tiempo ordinario

Mt 23,1-12

“En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente y a los discípulos: ‘En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame ‘Rabbí’.
‘Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar ‘Rabbí’, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie ‘Padre’ vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar ‘Guías’, porque uno solo es vuestro Guía: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado’.

COMENTARIO

Muy bien dice Jesucristo que tenían que hacer lo que los entendidos en la Ley de Dios les decían que tenían que hacer pero que, sin embargo, no hicieran lo que hacían. Esto, seguramente, sería porque no concordaba una cosa con la otra. Poco amor donde tenía que haber amor y mucha soberbia donde tenía que haber humildad.

Cristo es a quien hay que seguir porque es un buen guía y es un buen pastor: es buen Guía porque comunica el camino a seguir para llegar al definitivo Reino de Dios; es buen Pastor porque conduce a sus ovejas sin perder a ninguna y, en caso de perderla, va a buscarla y la regresa al redil de donde no debió salir.

Servir, ser servidor de los demás, del prójimo, es uno de los mensajes que dejó Cristo para que sus discípulos cumpliésemos con él. No cabe, por lo tanto, querer ser servido sino, como dijo Él mismo, servir.


JESÚS, querías que te siguieran porque eras, eres, buen guía y buen pastor. Muchas veces, sin embargo, no hacemos caso de las indicaciones que nos das y miramos, exclusivamente, desde nuestro egoísmo. Entonces nos apartamos de tu persona y, así, de Dios.





Eleuterio Fernández Guzmán

19 de agosto de 2011

Lo mandado por Dios

Viernes XX del tiempo ordinario


Mt 22,34-40

“En aquel tiempo, cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: ‘Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?’. Él le dijo: ‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas’.


COMENTARIO


Aquellos fariseos que preguntaron a Jesús sobre lo más importante en la Ley de Dios querían tenderle una trampa porque no querían saber que era el mismo Creador hecho hombre. Obtienen, sin embargo, una respuesta que les ponía en una difícil situación… exactamente como a nosotros.

Amar a Dios y amar al prójimo es expresión de lo que más importa en la Ley de Dios. Sin embargo, una cosa es decirlo de boca para afuera y otra, muy distinta, sentirlo en el corazón.

Se ama a Dios cuando se le tiene en cuenta para tomar decisiones; se ama al prójimo cuando no se murmura sobre el mismo, cuando no se siembra falso testimonio sobre el mismo y cuando, al fin y al cabo, se le perdona al igual que nosotros pedimos el perdón a Dios.


JESÚS, muy difícil se lo ponías a los que te preguntaban sobre la Ley de Dios y sobre qué era lo más importante. Amar al Creador y el prójimo no siempre resulta fácil para los hijos de Dios que tienen a Quien los creó en poco importante para sus vidas y a su prójimo como a alguien a quien mirar mal las más de las veces. Y eso no lo quiere Dios.





Eleuterio Fernández Guzmán

18 de agosto de 2011

Cada cual se escoge a sí mismo para la vida eterna

Jueves XX del tiempo ordinario

Mt 22,1-14

“En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a otros siervos, con este encargo: ‘Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.


‘Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos’”.

COMENTARIO

Si hay algo que es más que cierto es que la fe se confiesa cuando quien la tiene quiere seguir teniéndola. A nadie se le obliga a tener fe en Cristo ni se le obliga a creer en Dios Todopoderoso y Creador de lo visible a invisible.

Como creencia no es obligatoria sí, al menos, se exige, que cada cual sea testigo de su propio devenir filial con relación a Dios Padre. Por eso cuando Quien todo lo sabe sale en busca de las personas para acercarlas a su corazón, espera que se le responda de una forma, al menos, agradecida: “Quien te creó sin ti, no te salvará sin ti”, dijo san Agustín.


Es bien cierto que la vida eterna ha sido ganada por Cristo con su muerte de cruz pero no puede ser falso que cada cual puede llegar al definitivo Reino de Dios según haga en este mundo. Cuando Cristo dice que hay que estar preparados porque no se sabe cuándo llegará el dueño de la casa quiere decir, exactamente, eso: estar preparados y no hacer como si no fuera con nosotros tal momento espiritual.



JESÚS, quieres que estemos preparados para cuando sea la llamada de Dios que nos quiere a su lado como un padre quiere a sus hijos. Nosotros, muchas veces, no queremos escuchar la voz del Creador porque puede distorsionar nuestra mundana forma de vivir. Pero Él insiste porque siempre nos quiere a su lado. Nos invita a su fiesta y no deberíamos rechazar, no nos conviene, tal invitación.





Eleuterio Fernández Guzmán

17 de agosto de 2011

Ser últimos para ser los primeros

Miércoles XX del tiempo ordinario

Mt 20,1-16

“En aquel tiempo, Jesús dijo a los discípulos esta parábola: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo’. Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: ‘¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’. Dícenle: ‘Es que nadie nos ha contratado’. Díceles: ‘Id también vosotros a la viña’.


‘Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros’. Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor’. Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos’”.


COMENTARIO

Es más que probable que en nuestro mundo, en alguna ocasión, se nos haya presentado la ocasión de ocupar el primer lugar en algo mundano. No podemos decir, con casi toda seguridad, que no nos haya gustado ocuparlo.

Para Jesús las cosas son diferentes y, claro, para Dios, también. Ocupa el primer lugar en el definitivo Reino del Creador aquel que se queda para ser de los últimos. Y esto no por una falsa modestia sino por un sentir que deber ser servidor del resto de hermanos, o no, en la fe.

“Los últimos serán los primeros y los primeros, últimos” es algo, para el mundo y la mundanidad, difícil de aceptar. Se prefieren los primeros lugares de lo necio antes que los últimos de la verdad y la entrega a los demás.


JESÚS, bien sabías que lo mejor es ser último en la relación con los demás pero sabiendo lo que esto quiere decir: servir, no ser servido, era tu forma de actuar y de ser. Tal situación la quieres para tus discípulos que estamos, la mayoría de las veces, a otras cosas que en realidad no nos convienen para la vida eterna.




Eleuterio Fernández Guzmán

16 de agosto de 2011

Cristo cumple lo que promete

Martes XX del tiempo ordinario

Mt 19,23-30


“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos’. Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: ‘Entonces, ¿quién se podrá salvar?’. Jesús, mirándolos fijamente, dijo: ‘Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible’.


Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?’. Jesús les dijo: ‘Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros’”.


COMENTARIO

Cuando Jesucristo habla así a sus discípulos lo hacen para que no se lleven a engaño: seguir al Hijo de Dios es dificultoso y requiera más de un sacrificio; además, no serán bien vistos por casi nadie.

Cristo habla de una “regeneración” o, lo que es lo mismo, que en determinado momento todo se volverá a generar y se producirá una nueva creación, un nuevo mundo devendrá y sustituirá al que ya será viejo. Y esto será en la Parusía cuando Cristo vuelve en gloria para juzgar a los vivos y a los muertos.

Para tal momento no podemos esperar llegar sin ningún tipo de equipaje del alma. Esto lo que quiere decir es que tenemos que estar preparados porque no sabremos cuando llegará el Señor de nuestra casa. Si, entonces, somos o son los primeros de la sociedad los que, en realidad, no siguen la voluntad de Dios... será el llanto y el rechinar de dientes.



JESÚS, muchas veces avisas a tus discípulos del porvenir. Les dices, sobre todo, cómo tiene que comportarse, qué camino tienen que seguir y, sobre todo, cómo no deben actuar para que, cuando sea el momento oportuno y vengas en tu segunda venida estemos preparados. Sin embargo, muchas veces no nos interesa y miramos para otro lado.


Eleuterio Fernández Guzmán

15 de agosto de 2011

La fe de María

La Asunción de la Virgen María


Lc 1,39-56

En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: ‘Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!’.

Y dijo María: ‘Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos’. María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa."



COMENTARIO

Cuando el Ángel del Señor anunció a María, y aceptó ésta, la voluntad de Dios, partió hacia donde vivía su prima Isabel. Iba para ayudarla en sus últimos meses de embarazo.

La fe que tiene la Virgen María es recompensada por Isabel. El Espíritu Santo ha soplado en su corazón la admiración por aquella joven que llevaba en su seno al Salvador del mundo, Señor del mismo.

Y María responde de una forma no menos importante. Recuerda lo hecho por Dios a favor de su pueblo elegido y lo que el Creador hace por quien tiene fe y cumple su voluntad. Ella así lo hizo y, desde entonces, todas las generaciones, como dice María, la han llamado bienaventurada.


JESÚS, tu madre era el gran amor de tu vida. Cuando fue a casa de tu tía Isabel y quedaban unos meses para que naciera tu primo Juan, que sería quien te bautizara, el Bautista hizo señales de que conocía tu presencia.




Eleuterio Fernández Guzmán

14 de agosto de 2011

Confiar, tener fe

Domingo XX (A) del tiempo ordinario

Mt 15,21-28

En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: ‘Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo’. Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: ‘Atiéndela, que viene detrás gritando’. Él les contestó: ‘Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel’. Ella los alcanzó y se postró ante Él, y le pidió de rodillas: ‘Señor, socórreme’. Él le contestó: ‘No está bien echar a los perros el pan de los hijos’. Pero ella repuso: ‘Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos’. Jesús le respondió: ‘Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija."


COMENTARIO


No puede negarse que la fe se demuestra cuando se hace efectivo que se tiene. No es exagerado pensar, entonces, que aquella mujer cananea que salió al encuentro de Jesús, tenía fe porque tenía confianza en el Señor.


Pide para otra persona y no para sí misma lo que hace importante el amor que tiene por su hija y, a los ojos de Cristo, se muestra interesada, por querencia, por la curación de la misma. Y está segura que Jesús la sanará de aquel demonio que la trae a mal vivir.


Jesús sabe que aquella mujer tiene fe. Es más, le parece que tiene mucha porque así lo dice: “Qué grande es tu fe”. Y es grande porque cree en Él y le basta que diga que se cure su hija para que, con el poder de Dios, en efecto, se cure. Y así pasa porque la fe siempre tiene buena recompensa para el creyente.


JESÚS, la confianza en Dios es muy importante de cara a dirigirse al Padre porque no es posible entender que una persona pueda querer demandar algo al Creador y, al mismo tiempo, tenga un corazón oscuro y cerrado al Padre. Quien tiene confianza en Cristo sabe que puede ir tras Él y que será, siempre, bien recibido. El problema es que, en muchas ocasiones, no queremos seguir al Hijo de Dios sino alejarnos al saber que pasa por nuestra vida o cerca de ella.


Eleuterio Fernández Guzmán

13 de agosto de 2011

Ser niños

Sábado XIX del tiempo ordinario

Mt 19,13-15


En aquel tiempo, le presentaron a Jesús unos niños para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús les dijo: ‘Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos’. Y, después de imponerles las manos, se fue de allí".


COMENTARIO

Jesús tenía un amor muy especial por los desfavorecidos. Los niños, eran, junto a la mujer y a las personas que tenían determinadas enfermedades, los que más sufrían el apartamiento social por no ser muy tenidos en cuenta.

A Jesús le gustaba que los niños se le acercaran. Comprendía que su inocencia y su, aún, no violentado espíritu por las cosas del mundo, era un campo donde poder sembrar con seguridad de obtener buen fruto para el espíritu.

El Reino de los cielos está reservado para quien es como un niño. Con esto lo que quería dar a entender el Hijo de Dios es que deberíamos tener un comportamiento lo más parecido a lo que, en inocencia y sometimiento a los padres, tiene el niño. Sólo así nuestra vida podrá ser entendida como provechosa y no perdida.




JESÚS, los niños querían que les contaras cosas, que les dijeras lo que de bueno veías en ellos. Con corazón aún de carne y no corrompido por las mundanidades, avaricias y egoísmos sin sentido y sin fin, podían ser vistos como aquellos que serían muy bien recibidos en el Reino de tu Padre. Por eso nos pides que seamos como ellos aunque, muchas veces, lo olvidamos porque no nos conviene.



Eleuterio Fernández Guzmán

12 de agosto de 2011

Lo que Dios dice

Viernes XIX del tiempo ordinario

Mt 19,3-12

“En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: ‘Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?’. Él respondió: ‘¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre’.

Dícenle: ‘Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?’. Díceles: Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer -no por fornicación- y se case con otra, comete adulterio’.

Dícenle sus discípulos: ‘Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse’. Pero Él les dijo: ‘No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda’".

COMENTARIO

Es bien cierto que cuando dijo Jesús que no había venido a derogar la Ley de Dios sino a darle perfección era porque había sido tergiversada por el pueblo que el Creador había elegido.
Pone ejemplos. Ahora éstos, pero en otras ocasiones pone otros para que se viera que el sentido de la norma divina no era el que todos tenían como bueno. Por ejemplo, en el tema del divorcio que Dios no entiende posible porque la criatura no puede ir contra lo establecido por el Creador.
Jesús habla, aquí, del celibato. Es cierto que no todos estamos preparados para ser célibes y dedicar todas nuestras fuerzas a Dios. Sólo aquellos a los que Dios concede tal don pueden, añadiendo esfuerzo personal, seguir el celibato.


JESÚS, la Ley de Dios no era fácil de cumplir. Por eso los hombres la adaptaron a sus particulares circunstancias y egoístas necesidades. Querías que la norma que tu Padre estableció como buena fuera la que tuviera en cuenta pero a veces, incluso ahora, no hacemos caso a lo que Dios quiere sino a lo que nosotros nos interesa.

Eleuterio Fernández Guzmán

11 de agosto de 2011

Como perdonamos a los que nos ofenden...

Jueves XIX del tiempo ordinario


Mt 18,21—19,1

“En aquel tiempo, Pedro preguntó a Jesús: ‘Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?’. Dícele Jesús: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré’. Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.

‘Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’. Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano”.

Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

COMENTARIO

Lo que cuenta Jesús a los que le oyen es importante, como siempre, para nuestras vidas. No está dicho para llenar el tiempo o, simplemente, para mostrarse especialmente inteligente: está dicho por el Mesías.

Pedimos a Dios, en la oración que Cristo enseño a sus apóstoles, que nos perdone las ofensas porque a lo largo del día, a lo largo de una vida, son muchas las veces que ofendemos al Creador. Pedimos en la seguridad de que seremos perdonados.

Nosotros, además, debemos cumplir con la otra parte de tal petición que dice “como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. El perdón es una forma especial, una concreción de la caridad porque demostramos tener un corazón de carne y no de piedra. Perdonar de corazón es, además, requisito indispensable para que el perdón sea efectivo.


JESÚS, querías que perdonásemos de corazón. No es una forma más de perdonar sino, siempre, la única que, en puede tener validez para Dios porque si perdonamos sólo con los labios sin tener en cuenta lo que sale de dentro (que es lo que cuenta para Dios) sólo estamos mintiendo sobre nuestros sentimientos y sobre nuestra verdadera voluntad.





Eleuterio Fernández Guzmán

10 de agosto de 2011

Morir para vivir para siempre

Jn 12,24-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará’".

COMENTARIO


Morir para ser. Debió resultar difícil de entender para los que acompañaban a Jesús que les dijera que para poder vivir antes tenían que morir porque no resulta fácil comprender tan extraño acontecimiento.


El hombre viejo, el ser humano que se apega a lo que tenía siendo aquello de poco provecho para la vida eterna debe dejar aquellas viejas cosas en el tiempo pasado y venir a ser un hijo de Dios nuevo, el odre también nuevo la savia del corazón de Cristo.


Jesús promete honra por parte de Dios en caso de seguirlo a Él. A falta de comprensión acerca de su naturaleza divina y de su ser Él mismo el Creador decir que seguirlo supone ganarse la confianza de Dios es, en efecto, una forma de acercar la verdad a sus discípulos.


JESÚS, querías que te siguieran conociendo la verdad. Por eso les dice que Dios honra a quien te sigue pero que, para eso, hay que dejar lo viejo en el pasado y mirar con nuevos ojos y nuevo corazón, de carne, hacia lo que es el ahora mismo. Olvidarse, como en otro momento dirías, incluso, de lo más querido.



Eleuterio Fernández Guzmán

9 de agosto de 2011

Sobre niños y pastores

Martes XIX del tiempo ordinario

Mt 18,1-5.10.12-14


En una ocasión, los discípulos preguntaron a Jesús: ¡¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?¡. Él llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: ¡Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños".


COMENTARIO

Jesús había venido para tener en cuenta a los más desfavorecidos. Los niños no eran muy bien considerados en su tiempo porque se les tenía por poca cosa y poco útiles. Pero su inocencia y su amor incondicional hacia los padres era tenida muy en cuenta por el Maestro.


Entrar en el definitivo Reino de Dios era cuestión de mostrar la misma inocencia que los niños y, sobre todo, la misma confianza que los más pequeños demuestran con relación a sus padres.

Son, en cierto modo, como la oveja perdida, perdida por los demás, que busca el pastor. No la encuentra si no va a por ella en su busca porque le interesa devolverla a su redil. Por eso Dios no quiere que se pierda ningún pequeño… que se pierda para su Reino de Amor y de Misericordia.


JESÚS, los niños eran, seguramente, de las personas que más querías. En ellos veías la inocencia y la entrega sin condiciones a su amor infantil pero profundo. No querías que se perdieran y, por eso mismo, recomendabas ser como ellos. Sabemos, por eso mismo que estando con los niños estamos en tierra sagrada porque Dios los quiere mucho.

Eleuterio Fernández Guzmán

8 de agosto de 2011

Aunque la verdad pueda doler

Lunes XIX del tiempo ordinario

Mt 17,22-27

"En aquel tiempo, yendo un día juntos por Galilea, Jesús dijo a sus discípulos: ‘El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le matarán, y al tercer día resucitará’. Y se entristecieron mucho.

Cuando entraron en Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban el didracma y le dijeron: ‘¿No paga vuestro Maestro el didracma?’. Dice Él: ‘Sí’. Y cuando llegó a casa, se anticipó Jesús a decirle: ‘¿Qué te parece, Simón?; los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?’. Al contestar Él: ‘De los extraños’, Jesús le dijo: ¡Por tanto, libres están los hijos! Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un estárter. Tómalo y dáselo por mí y por ti’
".



COMENTARIO

Jesús quería que sus discípulos, aquellos que él había escogido de entre sus semejantes, para que fueran testigos directos de su enseñanza conociesen la verdad de la verdad, supieran lo que le iba a suceder: iba a ser maltratado, incluso morir de mala forma pero, luego, resucitaría.

Ellos se entristecen porque no se pueden imaginar la vida sin Jesús, aquel hijo del carpintero que había demostrado, muchas veces, que estaba muy cerca de Dios. Con sus obras y sus palabras les había mostrado el camino recto para ir a definitivo Reino de su Padre.

A pesar de que Jesús no tenía, por ser Dios hecho hombre, que cumplir la ley de los hombres, sabe y enseña que sus discípulos han de atenerse a lo que la misma diga.



JESÚS, no querías que tus apóstoles ignorasen lo que iba a ser tu vida inmediata. Seguramente les dolieron mucho aquellas palabras pero también es cierto que un Maestro sólo puede desear el bien para sus discípulos y tu muerte era el paso previo a tu Resurrección.




Eleuterio Fernández Guzmán

7 de agosto de 2011

Confiar; tener fe

Domingo XIX (A) del tiempo ordinario

Mt 14, 22-33

Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla mientras él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario.

De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: ‘¡Animo, soy yo, no tengáis miedo! Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua’. Él le dijo: ‘Ven’. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: ‘Señor, sálvame’. En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?’. En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante Él diciendo: ‘Realmente eres Hijo de Dios’
”.


COMENTARIO

El episodio de la barca y de Jesús que anda sobre las aguas y todo lo que pasa entorno al mismo es síntoma de muchas cosas. No todas son buenas para los creyentes.

Pedro es el discípulo que muchas veces responde a las preguntas de Jesús porque es que más se atreve a contestarlas. Es, digamos, el primero entre ellos y, por eso mismo, se lanza al agua. Lo hace, eso es cierto, pidiendo a Jesús que le mande ir hacia Él.

Pedro no tiene suficiente fe. Aunque enseguida, tras oír que Jesús le ordena que vaya hacia Él, se tira al agua, el miedo humano es más fuerte que la confianza que debía tener en el Maestro. Y se hunde en su falta de fe. Jesús, sin embargo, le salva, otra vez, del abismo.


JESÚS, ¡Cuánto hubieras querido que Pedro no hubiera tenido miedo! De haber tenido suficiente fe te hubiera alcanzado sobre las aguas caminando como tú lo hacías. Desconfiar en la voluntad de Dios no puede ser buena cosa para un hijo del Creador.


Eleuterio Fernández Guzmán

6 de agosto de 2011

Transfiguración de Cristo

La Transfiguración del Señor


Mt 17,1-9


En aquel tiempo, Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con Él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: ‘Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’.


Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: ‘Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle’. Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: ‘Levantaos, no tengáis miedo’. Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: ‘No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos’.



COMENTARIO


En el episodio de la Transfiguración del Señor Pedro se comporta como un hombre. Él quiere quedarse allí porque está a gusto con los profetas y con Cristo. No comprende lo que significa tal momento para su alma y para el resto de la humanidad.

Dios se dirige a los tres discípulos que allí se encuentran. Les dice lo mismo que dijo en el momento del Bautismo del Mesías: Jesucristo es su hijo, el amado, y por eso mismo deben, debemos, escucharlo. Es, por lo tanto, la expresión de la voluntad de Dios: hay que escuchar y seguir a Cristo.

Ciertamente los discípulos allí presentes (Pedro, Santiago y Juan) no comprenden muy bien lo que ha pasado aunque se siente bien. Seguramente tampoco entendieron lo que sobre la resurrección de Cristo les dice el Maestro. Esperarían hasta su muerte y luego comprenderían todo.


JESÚS, cuando te transfiguraste ante tus discípulos lo hiciste par que comprendieran lo que iba a ser tu inmediato futuro. Les dices que no digan nada porque, aún, nada comprenden y, seguramente, harían mal en decir lo que habían visto. Lo guardarían en su corazón hasta el momento de tu resurrección. Ayúdanos a acatar la voluntad de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

5 de agosto de 2011

Salvar la vida

Viernes XVIII del tiempo ordinario


Mt 16,24-28


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues, ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O, ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Yo os aseguro: entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su Reino’".


COMENTARIO

El reto que les plantea, que nos plantea, Jesús a sus discípulos no es nada fácil. Seguirlo a Él puede tener consecuencias, en cuanto a lo humano, funestas para el seguidor y, por lo tanto, hay que pensar muy bien lo que se hace antes de tomar tal decisión.


Perder la vida. Resulta dificultoso que una persona acepte, aquí, en este mundo, el hecho de perder la vida que lleva. En realidad no se pierde sin más sino que se pierde para ganarla para siempre.

Sin embargo, no se suele aceptar con gusto (así es la fe débil) que dejemos de ser aquí para serlo en la eternidad cuando lo que se toca y conoce es esto que tenemos.



JESÚS, seguirte a ti puede suponer tener muchas dificultades si es que se quiere hacer un seguimiento como quieres que se haga. Sin embargo, sabes que esta vida es materia y que sólo vale la pena la vida eterna que Tú ofreces.

Eleuterio Fernández Guzmán

4 de agosto de 2011

¿Quién es Jesucristo para nosotros?

Jueves XVIII del tiempo ordinario

Mt 16,13-23

“En aquellos días, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?’. Ellos dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas’. Díceles Él: ‘Y vosotros ¿quién decís que soy yo?’. Simón Pedro contestó: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo’. Replicando Jesús le dijo: ‘Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos’. Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que Él era el Cristo.

Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día. Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: ‘¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!’. Pero Él, volviéndose, dijo a Pedro: ‘¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!’”.


COMENTARIO

Jesús quería saber qué tenían sus discípulos en su corazón. Por eso les pregunta y por eso mismo Pedro contesta con la verdad: es el Hijo de Dios vivo. Vivo dice quien sería, a partir de entonces el primer Papa de la Iglesia luego llamada católica.
Jesús también nos pregunta a nosotros mismos quién es Él para nuestra vida. No pregunta por preguntar sino para ver qué de lo que decimos lo llevamos a nuestra existencia y cuánto de lo que decimos con la boca lo sentimos de corazón.
Tenemos, al igual que le pasa el mismo Pedro, a Satanás vigilando lo que hacemos para ver qué trampa nos tiende que nos sirva para alejarnos de Cristo y, así, de Dios mismo. Seríamos, así, sólo hijos del mundo pero no de Jesucristo.

JESÚS, quieres que te sigamos pero con todas las consecuencias. Por eso querías que te dijeran quién eras para tus discípulos y, también, a nosotros mismos nos haces la misma pregunta: ¿Quién dices que soy yo? Y contestamos, con los labios lo mismo que dijo Pedro pero, a veces, no demostramos que creemos lo que decimos y pecamos, gravemente, contra el Espíritu Santo.

Eleuterio Fernández Guzmán

3 de agosto de 2011

Necesaria fe

Miércoles XVIII del tiempo ordinario

Mt 15,21-28

"En aquel tiempo, Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón. En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: ‘¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada’. Pero Él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: ‘Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros’. Respondió Él: ‘No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel’. Ella, no obstante, vino a postrarse ante Él y le dijo: ‘¡Señor, socórreme!’. Él respondió: ‘No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos’. ‘Sí, Señor -repuso ella-, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos’. Entonces Jesús le respondió: ‘Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas’. Y desde aquel momento quedó curada su hija".


COMENTARIO


Aquella mujer que seguía a Jesús tenía confianza en su persona y en lo que podía hacer. Seguramente había tenido noticias de Aquel que curaba a los enfermos y sanaba los corazones de los pecadores y acudió al hijo del carpintero.

Lo que más aprecia Jesús es la fe. Nunca deberíamos de olvidar lo que es tan importante en el Reino de Dios. Por eso trata de poner a prueba a la mujer que le pide curación para su hija. Sabe que es una oveja perdida a las que ha venido a salvar.

Aquella mujer sabe que sólo con un poco, con casi nada, de lo que pueda hacer Jesús, su hija quedará curada y saldrá aquel demonio de su interior. Busca lo mínimo, al menos algo de misericordia del corazón del Hijo de Dios y la obtiene. Era grande su fe porque confió en la voluntad de Cristo.


JESÚS, aquella mujer no rogaba por ella misma sino para que su hija sanara de la posesión de un demonio. Pidió con fe porque confió en Ti y, por eso mismo, obtuvo lo que tanto deseaba. Tú, con su Amor y Misericordia sanaste como sanas el corazón de los que, con verdad y franqueza se dirigen a Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

2 de agosto de 2011

Confiar en Cristo

Martes XVIII del tiempo ordinario

Mt 14,22-36

En aquellos días, cuando la gente hubo comido, Jesús obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de Él a la otra orilla, mientras Él despedía a la gente. Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí.

La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. Y a la cuarta vigilia de la noche vino Él hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: ‘Es un fantasma’, y de miedo se pusieron a gritar. Pero al instante les habló Jesús
diciendo: ‘¡Animo!, que soy yo; no temáis’. Pedro le respondió: ‘Señor, si eres tú, mándame ir donde tú sobre las aguas’. ‘¡Ven!’, le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: ‘¡Señor, sálvame!’. Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: ‘Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?’. Subieron a la barca y amainó el viento. Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: ‘Verdaderamente eres Hijo de Dios’".

Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le presentaron todos los enfermos. Le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron salvados.


COMENTARIO

Jesús no dejaba de sorprender a sus discípulos, a aquellos que se comportaban como hombres más preocupados por cosas mundanas que por realidades divinas. Los pone a prueba y, como era de esperar, alguno de ellos, ahora también falla.

La fe era, como es lógico pensar, muy importante para el Hijo de Dios. Es más, era lo que más le importaba de entre lo que se pudiera hacer o pensar. Por eso muchas veces curó apoyándose en la confianza que algunas personas le mostraban a su persona. Pero Pedro no tenía suficiente.

Cuando Jesús dice “hombre de poca fe” quiere decir, exactamente, lo que dice. No tenía, Pedro, la suficiente como para confiar en que nada le pasaría. Estaba cerca de Jesús y, sin embargo, lo sustenta su misma humanidad que le hace, al fin, caer al agua. Luego, de la mano de Jesús regresaron a la barca porque ir de la mano del Hijo de Dios es la mejor garantía de paz y tranquilidad.

JESÚS, querías que Pedro tuviera confianza en Tu persona. Acudió a ti pero, al parecer, tenía una fe débil. Eso tú lo sabías y, por eso mismo, le tiendes la mano para que se salve, esta vez y las que vendrán, del mundo en el que vive con miedo al mismo.



Eleuterio Fernández Guzmán