18 de noviembre de 2019

Ut videam!


Lc 18, 35-43

“35 Sucedió que, al acercarse él a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; 36 al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello. 37 Le informaron que pasaba Jesús el Nazoreo 38 y empezó a gritar, diciendo: ‘¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!’ 39 Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: ‘¡Hijo de David, ten compasión de mí!’ 40 Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó: 41 ‘¿Qué quieres que te haga?’ Él dijo: ‘¡Señor, que vea!’ 42 Jesús le dijo: ‘Ve. Tu fe te ha salvado’. 43 Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios.”

COMENTARIO


Podemos decir que aquel hombre, sí, el que seguía con el oído a la muchedumbre que acompañaba al Hijo de Dios padecía una enfermedad de las llamadas descalificantes porque lo apartaba totalmente de la sociedad. Y grita que es, como poco, lo que debía hacer.

De los que seguían a Jesucristo había de los que tenían el corazón duro porque no querían que siguiese gritando aquel pobre ciego. Pero el hombre, que confiaba en el Maestro porque debería haber escuchado sus acciones y palabras, no iba a dejar que aquello pasase como si nada…

Y Jesucristo, que sabe que en el corazón de aquel hombre hay una confianza expresa en su persona, no puede hacer otra cosa que curarlo y devolverla la vista. Y es que la fe, tenerla y que sea de verdad, cuenta mucho para Dios.


JESÚS, gracias por premiar la fe de aquella extraordinaria  forma y manera.

Eleuterio Fernández Guzmán

17 de noviembre de 2019

Saber cuándo y cómo

Lc 21, 5-19


 “5 Como dijeran algunos, acerca del Templo, que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, él dijo: 6 ‘Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida.’ 7 Le preguntaron: ‘Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?’ 8 Él dijo: ‘Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: ‘Yo soy’ y "el tiempo está cerca’. No les sigáis. 9 Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato.’ 10 Entonces les dijo: ‘Se levantará nación contra nación y reino contra reino. 11 Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo. 12 ‘Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre; 13 esto os sucederá para que deis testimonio. 14 Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, 15 porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. 16 Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, 17 y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. 18 Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. 19 Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.”


COMENTARIO

Es más que claro el Hijo de Dios cuando nos habla, entonces y ahora mismo porque también nos vale y sirve, de aquello que ha de suceder cuando lleguen los últimos tiempos del mundo como lo conocemos. Y no debemos llevarnos a engaño: eso va a pasar tal cual.

Es bien cierto que se nos habla mucho de malas cosas, de catástrofes. Sin embargo, nosotros debemos gozar con tales momentos, por muy difíciles que sean, porque supondrán que todo llega a su fin y vuelve Cristo.

Hay algo, sin embargo, que no deberíamos olvidar porque es la clave de todo esto. Y es que nosotros debemos perseverar en nuestra fe católica porque así, cuando eso llegue, estaremos preparados para la vida eterna.


JESÚS,  gracias por ponernos sobre la pista de cómo debemos ser y actuar.


Eleuterio Fernández Guzmán

16 de noviembre de 2019

No perder la fe

Lc 18, 1-8
"Les propuso una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer: 'Había en una ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella misma ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: `¡Hazme justicia contra mi adversario!' Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: `Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que deje de una vez de importunarme.''

Dijo, pues, el Señor: 'Oíd lo que dice el juez injusto; pues, ¿no hará Dios justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche? ¿Les hará esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?'

COMENTARIO

Cuando el Hijo de Dios nos dice que pronto se ha de hacer justicia, en realidad lo que quiere decirnos es que sí, que el Tribunal de Dios hará justicia… a su tiempo. Y es que, en realidad, no sabemos ni cuándo seremos llamados antes el mismo ni, sobre todo, cuándo va a volver Cristo en su Parusía.
El caso es que aquel juez no tenía conciencia alguna de que su poder no le venía de su propia validez sino de la voluntad de Dios de que eso fuera sí. Por eso se cree que es más de lo que es y se cree en el derecho de no cumplir con la función que tiene atribuida que no es otra que ser, precisamente, juez.
Jesucristo nos pide fe. Lo que quiere decirnos es que perseveremos en la creencia en Dios Todopoderoso y que hagamos según sea su santísima voluntad. Que perseveremos, pues, en la fe y que nunca nos dejemos dominar por el Enemigo y sus malas intenciones.


JESUS, gracias por avisarnos tantas veces de cómo debemos ser y hacer.

Eleuterio Fernández Guzmán

15 de noviembre de 2019

Palabras que avisan

Lc, 17, 26-36
"26 'Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre. 27 Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos. 28 Lo mismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían; 29 pero el día que salió Lot de Sodoma, Dios hizo llover fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. 30 Lo mismo sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste. 31 'Aquel Día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás. 32 Acordaos de la mujer de Lot. 33 Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará. 34 Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado; 35 habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada'. 36 Y le dijeron: '¿Dónde, Señor?» El les respondió: «Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres'".
COMENTARIO

Nosotros podemos imaginar que, a lo largo de su tiempo de predicación, el Hijo de Dios diría cosas como las que hoy nos trae el Evangelio de San Lucas. Y es que había venido, precisamente, a salvar lo que necesitaba salvación y, por eso, a veces sus palabras pueden parecer duras y difíciles de asimilar.
Que iba a llegar un tiempo, que va a llegar, parecido al que ha habido a lo largo de la historia de la humanidad creyente, es algo que debemos esperar. Lo que nos dice Jesucristo es que, cuando llegue, deberemos estar preparados.
Nos dice el Hijo de Dios algo que es muy importante: quien, cuando eso pase, pierda su vida, la ganará. Y ha de referirse, por fuerza, a los casos de aquellos creyentes que hayan olvidado las cosas del mundo y se hayan acogido a la santa Voluntad de Dios. Y ganarán la vida… eterna.

JESÚS, gracias por ponernos sobre la pista de qué es lo que debemos creer y, luego, hacer.

Eleuterio Fernández Guzmán

14 de noviembre de 2019

La llegada del Reino de Dios


Lc 7, 20-25
20 Llegando donde él aquellos hombres, dijeron: «Juan el Bautista nos ha enviado a decirte:
¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?»
21 En aquel momento curó a muchos de sus enfermedades y dolencias, y de malos
espíritus, y dio vista a muchos ciegos.
22 Y les respondió: «Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos
andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a
los pobres la Buena Nueva;
23 ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!»
24 Cuando los mensajeros de Juan se alejaron, se puso a hablar de Juan a la gente: «¿Qué
salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?
25 ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¡No! Los que visten
magníficamente y viven con molicie están en los palacios.

COMENTARIO

Tampoco debe extrañarnos tanto que, en tiempos del Hijo de Dios, los últimos tiempos, hubiera quien quisiera saber cuándo iba a ser proclamado el Reino de Dios. Lo que pasa es que tal proclamación era, para muchos, expresión de violencia en contra del invasor romano.
Jesucristo sabía más que bien que el Reino de Dios no era así, violento, sino que tenía sus bases espirituales en la Voluntad del Todopoderoso y eso era algo más distinto porque, en el mismo, ha de ser y es el amor el que ha de prevalecer sobre otros aspectos inaceptables.
Cuando iba a llegar el Reino de Dios lo dice muy bien su Hijo. Y es que, al parecer, muchos no habían sido capaces de darse cuenta de que cuando nación aquel niño en Belén el Reino de Dios se hizo presente en el mundo. De todas formas, el definitivo Reino de Dios, el abrirse el Cielo, iba a instaurarse tras la muerte y resurrección de Cristo. Y bien que lo dice.

JESÚS, gracias por ser tan claro en tus expresiones aunque haya quien no quiere enterarse de las mismas.

Eleuterio Fernández Guzmán

13 de noviembre de 2019

Ser agradecidos a Dios

Lc 17, 11-19
"De camino a Jerusalén, pasó por los confines entre Samaría y Galilea. Al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: '¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!' Al verlos, les dijo: 'Id y presentaos a los sacerdotes.' Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz, y, postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: '¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?' Y le dijo: 'Levántate y vete; tu fe te ha salvado.'" 

COMENTARIO

Es cierto y verdad que en muchas ocasiones Dios socorre nuestra vida y eso debe ser motivo y causa de agradecimiento sin medida. Sin embargo, es posible que nos pase como aquellos nueve leprosos que, sabiendo que habían sido curados por una persona concreta, por el Hijo de Dios y no por alguien desconocido, se van, sí, contentos por su nueva situación pero, ¡Ay!, agradeciendo poco cuando no nada.
Hay, sin embargo, quien sabe a quien debe dirigirse para agradecer una merced tan grande como era que se le quitase la lepra que era una enfermedad que, por contagiosa, impedía vivir una vida social, digamos, plena.
Aquel leproso se vuelve para dar las gracias a Jesucristo. Y el Hijo de Dios, que sabe que los demás se han ido sin decir, siquiera, gracias, reconoce en aquel hombre a quien tiene fe. Por eso se ha salvado.


JESÚS, gracias por declarar que la fe salva… porque, sí, salva y nos salva.

Eleuterio Fernández Guzmán

12 de noviembre de 2019

Palabras más que justas


Lc 17, 7-10
"¿Quién de vosotros que tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: `Pasa al momento y ponte a la mesa?' ¿No le dirá más bien: `Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme y luego que yo haya comido y bebido comerás y beberás tú?' Acaso tiene que dar las gracias al siervo porque hizo lo que le mandaron? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os mandaron, decid: No somos más que unos pobres siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer."

COMENTARIO

Es casi seguro que haya personas que, al escuchar estas palabras del Hijo de Dios se lleven las manos a la cabeza. Y lo harán porque no acaban de comprender la posición que ocupan con relación a Dios, su Creador.
El ejemplo que nos pone Jesucristo, el del siervo y el señor, nos viene muy bien para comprender qué somos nosotros: siervos que estamos al servicio del Todopoderoso. Y así debemos hacer, con relación a eso.
Sí. Es verdad que reconocer, por nosotros mismos, que somos siervos inútiles, no es nada fácil. Sin embargo, debemos hacerlo para darnos cuenta de que todo debemos a Dios y nada nos debe nuestro Creador.

JESÚS,gracias por ser tan verdadero cuando nos hablas.

Eleuterio Fernández Guzmán

11 de noviembre de 2019

El poder de la fe


Lc 17, 1-6

“Dijo a sus discípulos: ‘Es imposible que no haya escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y le arrojen al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños. Andad, pues, con cuidado. ‘Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: `Me arrepiento', le perdonarás.’ Dijeron los apóstoles al Señor: ‘Auméntanos la fe.’ El Señor dijo: ‘Si tuvierais una fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro: `Arráncate y plántate en el mar', y os habría obedecido.’”

COMENTARIO

El Hijo de Dios nos dice que debemos tener cuidado. Y nos lo dice porque sabe que es posible que pequemos y, lo que es peor, que hagamos que otros pequen. Por eso lo de la piedra del molino que parece y es, verdaderamente, terrible.

Nos dice que perdonemos a los que nos ofenden. Y lo hace para que estemos prevenidos ante las asechanzas del Maligno que puede querer que nosotros, en efecto, no perdonemos.

Y, al final, aquello que es más importante: debemos tener fe. Y la fe que debemos tener, a lo mejor, ni siquiera la tenemos porque nos dice Jesucristo que si fuera como un grano de mostaza, que es pequeño, haríamos mover de su sitio un árbol…


JESÚS,  gracias por ser diáfano en lo que debemos ser y hacer.

Eleuterio Fernández Guzmán

7 de noviembre de 2019

Ser astutos como serpientes


Lc 16, 1-8

"Decía también a sus discípulos: «Había un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda. Le llamó y le dijo: `¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no seguirás en el cargo.' Se dijo entre sí el administrador: `¿Qué haré ahora que mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea destituido del cargo me reciban en sus casas. 'Y llamando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: `¿Cuánto debes a mi señor?' Respondió: `Cien medidas de aceite.' Él le dijo: `Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta.' Después dijo a otro: `Tú, ¿cuánto debes?' Contestó: `Cien cargas de trigo.' Dícele: `Toma tu recibo y escribe ochenta. 'El señor alabó al administrador injusto porque había obrado con sagacidad, pues los hijos de este mundo son más sagaces con los de su clase que los hijos de la luz.'" 


COMENTARIO

En efecto. En una ocasión, el Hijo de Dios dijo a los que le estaban escuchando, a modo de consejo, que sus discípulos debíamos ser humildes como palomas. Pero también dijo otra cosa que hoy, en este Evangelio de San Lucas, es más que importante: debemos ser astutos como serpientes.
Es posible que alguien coja el rábano por las hojas y vea sólo eso de “serpientes” y se comporte como hace tal animal. Sin embargo, es cierto y verdad que Jesucristo no quería que hiciésemos eso sino que, en cuanto a tal ser vivo que repta por haber hecho lo que hizo en el Paraíso, debemos ser astutos pues se supone que la serpiente lo es.
Lo de astutos ha de querer decir, nos quiere decir Jesucristo, que no vayamos por el mundo de forma imprudente sino que guardemos lo que debamos guardar cuando sea conveniente guardar.

JESÚS, gracias por advertirnos de cómo debemos actuar y ser en el mundo.

Eleuterio Fernández Guzmán

Ansiar que Cristo nos recoja cuando nos perdamos

Lc 15- 1-10

"Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: 'Éste acoge a los pecadores y come con ellos.» Entonces les dijo esta parábola: «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la que se perdió, hasta que la encuentra? Cuando la encuentra, se la pone muy contento sobre los hombros y, llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido.' Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.
'O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.' Pues os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.'"


COMENTARIO

Aquellos que criticaban al Hijo de Dios porque, al parecer, estaba demasiado cerca de los considerados pecadores, a lo mejor no habían acabado de entender la misión para la que había sido enviado el hijo de María y, adoptivo, de José. Y es que era difícil que, sin querer aceptar, eso, que había sido enviado, lo demás pudiera tener cabida en su corazón.
El caso es que sí, que Jesucristo se reunía con pecadores e, incluso, comía y bebía con ellos. Y no lo hacía, digamos, por llevar la contraria a lo establecido en la sociedad y en el qué y cómo del pueblo judío. No. Lo hacía por algo más importante que tales convenciones sociales.
El Hijo de Dios había venido al mundo a salvar lo que se había perdido y, claro, a llevar al redil de Dios a las ovejas que se hubieran perdido que, como podemos ver, eran más que muchas. Y, entonces, cuando eso sucedía y había conversión del corazón en tales creyentes, el Cielo se alegraba mucho aunque, eso creemos nosotros, tampoco eso comprendían los detractores de Cristo.

JESÚS, gracias por salvar lo que necesitaba salvación.

Eleuterio Fernández Guzmán

6 de noviembre de 2019

Duras palabras para la vida eterna


Miércoles, 6 de noviembre de 2019
Lc 14, 25-33
Caminaba con él mucha gente y, volviéndose, les dijo: «Si alguno viene junto a mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. «Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: `Éste comenzó a edificar y no pudo terminar.' O ¿qué rey, antes de salir contra otro rey, no se sienta a deliberar si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío. 


COMENTARIO

Es bien cierto que el Hijo de Dios había venido al mundo, fue enviado al mismo por el Todopoderoso, porque debía salvar lo que estaba perdido. Por eso en algunas ocasiones (que sepamos, al menos, en tales) dice eso de que no ha venido a salvar lo que ya está salvado. Por tanto, conviene escuchar muy bien lo que nos dice porque, en el fondo, se trata de esto de nuestra propia salvación eterna.
Jesucristo sabe que para seguirlo a Él hay que dejarlo todo. Sin embargo, es posible haya confusión con esto porque hoy día también se puede seguir al Hijo de Dios y ya entendemos que eso no ha de querer decir lo que pudiera parecer a primera vista.
Jesucristo quiere que dejemos todo lo que nos sobra, todo lo que nos ata al mundo y que, entonces, le sigamos. Y sí, que vayamos con Él cargados con nuestra cruz porque quiere compartirla con nosotros. Y entonces vemos que estas palabras no son desatino sino exacta y cierta Verdad.

JESÚS, gracias por decirnos la verdad de las cosas del alma, lo que nos conviene, lo que debemos hacer y querer hacer.

Eleuterio Fernández Guzmán

5 de noviembre de 2019

Acudir al ser llamados


Lc 14, 15-24

"Al oír esto, uno de los comensales le dijo: ' ¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!' Él le respondió: ' Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos; a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: `Venid, que ya está todo preparado.' Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: `He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses.' Y otro dijo: `He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses.'Otro dijo: `Me acabo de casar, y por eso no puedo ir.'
'Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, el dueño de la casa, airado, dijo a su siervo: `Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, a ciegos y cojos.' Dijo el siervo: `Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio.' Dijo el señor al siervo: `Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa.' Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena.'"


COMENTARIO

Habría, hay, que tener muy en cuenta las palabras que el Hijo de Dios dice en este Evangelio de San Lucas. Y es que son una clara advertencia al hecho de ser llamados y no hacer el mínimo caso a tal llamada.
Los llamados, nosotros mismos, solemos poner muchas excusas para no acudir cuando Dios nos requiere. Y eso, como en la parábola de los que acuden a trabajar a diversas horas del día y luego reciben la misma paga, suele pasar a menudo.
Jesucristo nos lo dice bien claro para que nadie se lleve a engaño: todo aquel que sea llamado y no escuche (porque no quiere, se entiende) la llamada de Dios será gravemente zaherido porque se nos dice que quien eso haga no probará la cena del Todopoderoso. Y eso, se diga lo que se diga, no es lo más recomendable.


JESÚS, gracias por avisarnos sobre cuál ha de ser nuestra respuesta al requerimiento de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán

4 de noviembre de 2019

Lo que nos conviene de verdad


  
Lc 14, 12-14

“12 Dijo también al que le había invitado: ‘Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa. 13 Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; 14 y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos.’”


COMENTARIO

En muchas ocasiones se ve obligado el Hijo de Dios a decir que el amor por el prójimo es más que importante. Y es que el egoísmo, en tal sentido, ni es ni puede ser del agrado de nuestro Creador, Dios Todopoderoso.

Amar al prójimo quiere decir, siempre, tener en cuenta lo que es necesidad de aquel que está cerca de nosotros. Y no es que Cristo no quiera que tengamos en cuenta a los que están más cerca de nosotros (nuestra familia y amigos) sino que quiere que no olvidemos a los demás.

Hay algo de mucha importancia que el Hijo de Dios nos dice aquí. Y es que quien hace lo que el prójimo necesita quedará sin recompensa. Pero es que se trata de una recompensa que lleva a la eternidad.

JESÚS,  ayúdanos a ser buenos prójimos de nuestro prójimo.


Eleuterio Fernández Guzmán

3 de noviembre de 2019

Ansiar la salvación, como Zaqueo




Lc 19, 1-10

“Entró en Jericó y cruzaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: ‘Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.’ Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: ‘Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador.’ Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: ‘Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más.’ Jesús le dijo: ‘Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.’”


COMENTARIO

Aquel hombre tenía, seguramente, una vida muy agradable: gozaba de una buena posición social por su fortuna económica y, por eso mimo, no podía quejarse de nada. Sin embargo, al parecer, no todo lo tenía.

Jesucristo es seguro que conocía a Zaqueo. Por eso sabía que debía pasar por su casa porque era posible que aquel jefe de publicanos también quisiera verlo. Y así era.

Cuando Zaqueo se presentó ante el Hijo de Dios de aquella forma, subido en aquel árbol, queriendo conocer, ansiado la presencia de Jesucristo, encontró, precisamente, lo que buscaba: la salvación, que había llegado a su casa.


JESÚS,  gracias por salvar a Zaqueo.

Eleuterio Fernández Guzmán

2 de noviembre de 2019

Cristo el Camino, la Verdad, la Vida


Jn 14, 1-6


‘No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones;  si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo,  para que donde esté yo  estéis también vosotros.  Y adonde yo voy sabéis el camino.’ Le dice Tomás: ‘Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?’ Le dice Jesús: ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.  Nadie va al Padre sino por mí’”.

COMENTARIO

Jesús está muy interesado en que sepamos qué es lo que nos conviene para nuestra vida eterna. Sabe que anhelamos alcanzar la misma y estar con Dios y, para eso, debemos creer en Él.

Jesús nos lo dice con toda claridad: está en el Cielo preparándonos estancias para que, cuando Dios quiera, las ocupemos. Y también nos habla de su Parusía, cuando vuelva para juzgar a vivos y muertos.

El camino para ir a Dios lo sabemos porque nos lo dice Jesús: es Él. Sólo, pues, creyendo en el Mesías, en su santa doctrina y en todo aquello que hizo en su primera venida al mundo, podremos comprender lo que supone que sea el Camino, la Verdad y la Vida.




JESÚS, ayúdanos a aceptarte como Verdad, como Camino, como Vida.

Eleuterio Fernández Guzmán


1 de noviembre de 2019

Bienaventurados


Mt 5, 1-12a
"Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y, tomando la palabra, les enseñaba diciendo:
'Bienaventurados los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Bienaventurados los mansos,
porque ellos poseerán en herencia la tierra.
Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa"'
COMENTARIO

Que el texto del Evangelio de San Mateo dedicado a recoger las llamadas “Bienaventuranzas” sea el que destina el Calendario Litúrgico para hoy, 1 de noviembre, Día de todos los Santos, tiene su razón de ser y no es, para nada causal.
Lo que nos dice el Hijo de Dios es que hay dos tipos de personas, así, en general: aquellas que siguen la Voluntad de Dios y las que no la siguen. Y se nos recomienda ser de las primeras porque nos conviene y mucho nos conviene estar en tal grupo.
Ser bienaventurados supone tener muy en cuenta estos consejos que nos da Jesucristo. Y ser bienaventurados supone, en primer lugar, hacer lo que Dios quiere que hagamos y, luego, obtener como donación y gracia del Todopoderoso la salvación eterna. Así de sencillo de entender.

JESÚS, gracias por darnos pistas de cómo debemos ser, de qué debemos hacer.

Eleuterio Fernández Guzmán

31 de octubre de 2019

Saber lo que va a pasar

Lc 13, 31-35
"En aquel mismo momento se acercaron algunos fariseos y le dijeron: 'Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere matarte.' Él les contestó: 'Id a decir a ese zorro: Yo expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y mañana, y al tercer día soy consumado. Pero conviene que hoy y mañana y pasado siga adelante, porque no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén.

'¡Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido! Pues bien, se os va a dejar desierta vuestra casa. Os digo que no me volveréis a ver hasta que llegue el día en que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!'"


COMENTARIO

No podemos negar que las palabras del Hijo de Dios, en este Evangelio de San Lucas, son muy difíciles de soportar para según qué tipo de espíritus. Y es que Jesucristo tenía la virtud de decir siempre la verdad porque era la Verdad misma.
Había quien no quería que Jesucristo muriera. Es decir, incluso entre los fariseos había quien no estaba de acuerdo con la muerte buscada para aquel Maestro que enseñaba con autoridad. Pero el Hijo de Dios tenía otros planes y aquel no era el momento de su muerte.
En este texto, Jesucristo dice que al tercer día de su muerte va a resucitar. Y aunque no sean tales sus palabras nosotros las entendemos así. Pero aquellos que aquello escuchaban, a lo mejor, no acabaron de comprender y siguieron a la suya...

JESÚS, gracias por ser tan franco con tus santas palabras.

Eleuterio Fernández Guzmán

30 de octubre de 2019

Una clara advertencia de Cristo

Lc 13, 22-30
"Atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. Uno le dijo: 'Señor, ¿son pocos los que se salvan?' Él les dijo: 'Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no  podrán.'Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a 'llamar a la puerta, diciendo: `¡Señor, ábrenos!' Y os responderá: `No sé de dónde sois.' Entonces empezaréis a decir: `Hemos comido y bebido contigo y has enseñado en nuestras plazas '. Pero os volverá a decir: `No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los malhechores!''Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios.'Pues hay últimos que serán primeros y hay primeros que serán últimos.'"

COMENTARIO

Este texto del Evangelio de San Lucas debería ser aprendido por todo creyente católico desde que tenga uso de razón Y es que el Hijo de Dios nos dice, exactamente, cómo llegar al Cielo.
Es cierto que, según Jesucristo (y es verdad, claro está) debemos entrar en el definitivo Reino de Dios por la puerta estrecha. Y eso ha de querer decir que el camino hacia el mismo no es ancho sino que está lleno de sacrificios y, a veces, de sufrimientos.
Es más, los que se consideran primeros en el mundo es posible sean los últimos en el Cielo y aquellos que aquí, en el mundo, son tenidos (por sencillos y humildes) en el Cielo ocuparan los primeros puestos pues, no debemos olvidar que en el definitivo Reino de Dios no toda alma tiene, digamos, el mismo lugar...

JESÚS, gracias por advertirnos sobre lo que verdaderamente debe importarnos.

Eleuterio Fernández Guzmán

29 de octubre de 2019

Lo sencillo de la Verdad


Lc 13, 18-21

18 Decía, pues: ‘¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé? 19 Es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció hasta hacerse árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas.1 20 Dijo también: ‘¿A qué compararé el Reino de Dios? 21 Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo.’”


COMENTARIO

El Hijo de Dios enseña haciendo uso de realidades ordinarias, cotidianas, que podían pasar todos los días a los que le estaban escuchando. Y lo que enseña hoy es muy importante porque supone que el Reino de Dios, la Buena Noticia, no llega con escándalo.
Los ejemplos que nos pone Jesucristo es cierto que son bien sencillos: un grano de mostaza, levadura… Y lo hace así porque, seguramente, eso lo había visto en su vida hacer muchas veces y cualquiera que le escuchara… también.
El Reino de Dios, pues, no llega con estrépito sino que van adentrándose en el corazón del creyente hasta que fructifica y arraiga en su corazón. Y así se sencillo es comprender como eso, que es la Voluntad de Dios, sucede.

JESÚS, gracias por hacernos ver las cosas del alma de forma tan sencilla y accesible.

Eleuterio Fernández Guzmán

28 de octubre de 2019

Y eligió a los doce

Lc 6,12-19

"En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor.

Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos".


COMENTARIO

Jesús debía continuar con su labor, con la misión que Dios-Padre le había encargado. Pero, para eso, debía escoger a un grupo de ente sus discípulos para que transmitiesen la Palabra del Creador y la santa doctrina de Jesucristo. Y escogió a doce.
Cada uno de ellos tenía un trabajo determinado pero todos ellos acabaron siendo pescadores de hombres porque iban a atraer a la humanidad hacia Dios y hacia su Reino que, en Jesucristo, había llegado a la Tierra.
Muchos, ya entonces, seguían a Jesús. Algunos porque tenían curiosidad por ver a un Maestro famoso; otros porque, de verdad, creían en Él. Pero Cristo, a pesar de saber eso no cejó en cumplir la misión encargada por su padre.

JESÚS, ayúdanos a tenerte por Hijo que, en el nombre del Padre, nos dice qué es lo que nos conviene.




Eleuterio Fernández Guzmán

27 de octubre de 2019

Las apariencias no nos valen nada ante Dios


Lc 18, 9-14

“Dijo también a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola: ‘Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: ‘¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano.  Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias.’

En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!’ Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.’”

COMENTARIO

Resulta curiosa la lección que quiere el Hijo de Dios que entendamos y nos llevemos al corazón. Y es la reacción de cada uno de aquellos hombres que en el Templo están para orar.

Sabemos que uno de ellos es bastante falso o, como poco, hipócrita. Y es que cree que basta con cumplir aquello que está establecido para que Dios esté contento con él. A lo mejor no sabe que el Todopoderoso quiere algo más que eso.

Aquel hombre, el otro, el publicano (pecador por pecado público) sabe que es un pecador. Y así se lo dice a Dios. Y este hombre, que se ha humillado en el tempo porque sabe la verdad de su corazón, sale de allí justificado. Y tal lección la deberíamos aprender ahora mismo.


JESÚS,  ayúdanos a confesar nuestro pecado ante Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán

26 de octubre de 2019

Lo que nos conviene saber y no debemos olvidar nunca

Lc 13, 1-9
"En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: '¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.» Les dijo esta parábola: 'Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: `Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro. Córtala; ¿Para qué ha de ocupar el terreno estérilmente?' Pero él le respondió: `Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas.'"

COMENTARIO

Es más que conocido que el pueblo judío relacionaba los males que le acaecían a las personas con los pecados que hubieran cometido. Era como decir que Dios castigaba. Y no podemos negar que eso no fuera así pero no siempre todo lo que le sucedía a una persona tenía relación con un castigo de Dios.
El Hijo de Dios sabía que las cosas que pasaban lo hacían por las propias circunstancias de la realidad. Y había algo que aquellos que lo escuchaban debían aprender y aprehender.
Jesucristo, según decimos arriba, quería la conversión de aquellos que le escuchaban, de todo ser humano. Y la quería no por egoísmo o algo por el estilo sino porque sabía que era la manera más efectiva de alcanzar el Cielo, el definitivo Reino de Dios.

JESÚS, gracias por advertirnos acerca de lo que, espiritualmente, nos conviene.

Eleuterio Fernández Guzmán

25 de octubre de 2019

Debemos cuidar nuestra alma

Lc 12, 54-59

"Decía también a la gente: 'Cuando veis que una nube se levanta por occidente, al momento decís: `Va a llover', y así sucede. Y cuando sopla el sur, decís: `Viene bochorno', y así sucede. ¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? '¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.'"

COMENTARIO

El Hijo de Dios nos advierte, en este texto del Evangelio de San Lucas, acerca de lo que nosotros podemos creer pero, en el fondo, no acertamos a saber exactamente qué es eso que creemos creer.
Cuando alguien está seguro de algo afirma que lo tiene más que claro. Eso, en el mundo, puede darnos una seguridad que, incluso, a veces es falsa pero no sirve ni vale para el espíritu ni para lo que es, en definitiva, nuestra mayor ansia: la salvación eterna.
Jesucristo nos da tiempo. Queremos decir que no advierte que “de camino”, podemos entender que hacia nuestro Juicio Particular. Y eso supone que aún estamos a tiempo de corregir nuestras faltas pecados. Y, así, tiempo hay aunque otra cosa es que queramos hacerlo...

JESÚS, gracias por advertirnos acerca de qué es lo que nos conviene.

Eleuterio Fernández Guzmán