24 de mayo de 2016

Querer y saber ser los últimos



Martes VIII del tiempo ordinario
Mc 10,28-31

En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido’. Jesús dijo: ‘Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora en el presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros’.


COMENTARIO


Estaba claro para aquellos que habían decido seguir a Jesús más de cerca, sus Apóstoles, que lo habían tenido que dejar todo. Y es que el Hijo de Dios les había dicho que, en efecto, eso tendrían que hacer Y lo hicieron.

Jesús, de todas formas (y conociendo más que de sobre la realidad) consuela. Ellos, según les dice, van a tener mucho más que lo que han perdido. Ahora bien, el sentido de lo que tendrán será muy distinto y mejor.


Es más, Jesús avanza algo que deberían tener muy en cuenta. Y es que conseguían algo más que era crucial para sus vidas futuras: la vida eterna. Y eso siendo los últimos, considerándose los últimos.


JESÚS, ayúdanos a querer ser los últimos y a no ser soberbios.


Eleuterio Fernández Guzmán









                                                                                                   

23 de mayo de 2016

Cumplir enteramente los Mandamientos de Dios



Lunes VIII Tiempo ordinario

Mc 10, 17-27

“Un día que Jesús se ponía ya en camino, uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante Él, le preguntó: ‘Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?’. Jesús le dijo: ‘¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre’. Él, entonces, le dijo: ‘Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud’. Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: ‘Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme`’. Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. 

Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: ‘¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!’. Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: ‘¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios’. Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: ‘Y ¿quién se podrá salvar?’. Jesús, mirándolos fijamente, dice: ‘Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios’”.

COMENTARIO 

En este texto del Evangelio de San Marcos, Jesús se refiere a la ida eterna. Y es que aquello joven rico quería heredar la misma al considerarse, porque lo era, hijo de Dios.

Jesús tiene por fundamental el cumplimiento de los Mandamientos de la Ley de Dios. Quien los cumple accederá al definitivo Reino de Dios. Pero su cumplimiento va más allá de su letra. Es decir, significa más de lo que pudiera parecer. Y aquel joven, que era rico, no quería ser totalmente consecuente con ellos.

Jesús les habla del camello y de la aguja. Y eso suponía una dificultad muy grande para entrar en la vida eterna. Es más, como muy bien dice el Hijo de Dios, sólo Dios puede salvarnos.


JESÚS,  ayúdanos a llevar una vida a los Mandamientos de Dios


Eleuterio Fernández Guzmán

22 de mayo de 2016

Las promesas de Dios siempre las cumple el Todopoderoso.


Jn 16, 12-15

“Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga,  y os anunciará lo que ha de venir.  El me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío  y os lo anunciará a vosotros.”

COMENTARIO

Era una gran verdad que aquellos que Jesús había escogido para ser sus apóstoles, aquellos que transmitiesen la Palabra de Dios al mundo y fuesen testigos de su vida y obra, no estaban preparados intelectualmente. Muchos serían analfabetos y había cosas que no acababan de comprender.

Jesús tiene, también para eso, remedio. Ha de enviar al Espíritu Santo para que guíe al pueblo escogido, nuevo pueblo mediante la nueva alianza de Cristo con el Padre. Será el Paráclito Quien nos anunciaría aquello que debía tener importancia.

Pero Jesús anuncia algo muy importante y que determinaba que era Dios mismo hecho hombre: todo lo que tiene Dios es suyo. Por eso era tan importante confesar que, en efecto, era el Hijo de Dios.


JESÚS,  ayúdanos a esperarte.


Eleuterio Fernández Guzmán

21 de mayo de 2016

Recibir el Reino como un niño

Sábado VII del tiempo ordinario

Mc 10,13-16
En aquel tiempo, algunos presentaban a Jesús unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: ‘Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él’. Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos.”

COMENTARIO

En tiempos de Jesús, en aquello siglos del Imperio romano y el sometimiento del pueblo elegido por Dios, se tenía poca consideración por el niño. Es decir, no es que los padres no quisieran a sus hijos sino que los tenían en poco valor para el funcionamiento ordinario de la casa.

Jesús, sin embargo, que había venido al mundo al salvar al necesitado no podía olvidar, precisamente, a los que más necesitaban ayuda. Y tiene a los niños por personas fundamentales con relación al Reino de Dios y a la vida eterna.

Nos dice el texto bíblico que Jesús bendecía a los niños. En realidad, hacía lo que debía porque sostenía que de ellos es el Reino de  Dios. Y quería decir que sólo quien tuviese corazón de niño podría comprender ciertas cosas.


JESÚS, ayúdanos a tener corazón de niño.



Eleuterio Fernández Guzmán

20 de mayo de 2016

Lo dice Cristo


Viernes VII del tiempo ordinario

Mc 10,1-12
“En aquel tiempo, Jesús, levantándose de allí, va a la región de Judea, y al otro lado del Jordán, y de nuevo vino la gente donde Él y, como acostumbraba, les enseñaba. Se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban: ’¿Puede el marido repudiar a la mujer?’. Él les respondió: ‘¿Qué os prescribió Moisés?’. Ellos le dijeron: ‘Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla’. Jesús les dijo: ‘Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto. Pero desde el comienzo de la creación, Él los hizo varón y hembra. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre’. 
Y ya en casa, los discípulos le volvían a preguntar sobre esto. Él les dijo: ’Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio’”.

COMENTARIO

Jesús conocía perfectamente cuál era la situación de la Ley de Dios en el seno del pueblo que el Todopoderoso se había escogido como suyo. Y sabía que no todo lo que se decía era lo que se correspondía con la voluntad de Dios.

Le preguntan, ahora, sobre el repudio o, lo que es lo mismo el divorcio o separación del hombre y de la mujer que han constituido un matrimonio indisoluble a los ojos de Dios. Y es que ellos creen que es posible el mismo porque así lo estableció Moisés.

Sin embargo Jesús, como era de esperar, tenía una sorpresa para ellos. Dios unió al hombre y a la mujer y el hombre no puede separarlos por ley que, además, se diga proviene de Dios. Y, además, el adulterio se entiende desde un punto de vista extendido a lo que, habitualmente se entiende por el mismo.


JESÚS, ayúdanos a comprender y entender le Ley de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

19 de mayo de 2016

Proceder según quiere Dios

Jueves VII del tiempo ordinario

Mc 9,41-50
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa. Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, mejor le es que le pongan al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen al mar. Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo. Más vale que entres cojo en la Vida que, con los dos pies, ser arrojado a la gehenna. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga; pues todos han de ser salados con fuego. Buena es la sal; mas si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros y tened paz unos con otros’”.

COMENTARIO

Jesús, como se suele decir, no tiene pelos en la lengua. Le importa bien poco lo que puedan decir de sus palabras porque sabe lo que tiene encomendado por parte del Padre. Por eso no calla nada al respecto de los que ayuden a sus discípulos. Tampoco lo que le pasará a quien escandalice a los pequeños en la fe. Y es terrible esto último.

Hay algo, además, que nunca deberíamos olvidar: aquello que nos aleja de Dios debemos, a su vez, alejarnos de nosotros. Sea lo que sea no podemos dejarlo con nosotros en nuestro corazón porque estropeará nuestra relación con el Todopoderoso.

Y, por si fuera poco lo dicho por Cristo, algo crucial: sus discípulos no podemos dejar de serlo en el sentido de hacer como si no lo fuéramos. Tal es una forma de manifestar alejamiento de Dios Padre.


JESÚS, ayúdanos a comprender cuál ha de ser nuestra actuación y nuestro proceder.


Eleuterio Fernández Guzmán


17 de mayo de 2016

El egoísmo no es nada bueno

Miércoles VII del tiempo ordinario


Mc 9,38-40
En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: ‘Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros’. Pero Jesús dijo: ‘No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros’.

COMENTARIO

El egoísmo es una característica muy propia del ser humano. Por eso cuando alguien, como se dice en este texto bíblico, trata de hacer cosas buenas por los demás en nombre del Maestro hay discípulos suyos que no les parece bien.

Sin embargo, Jesús entiende las cosas de una forma muy distinta. Si a él le habían llamado la atención por curar en sábado ¿acaso los suyos iban a hacer lo mismo con otros que hicieran algo bueno?

Algo fundamental dice Jesús que debería ser correctamente entendido: quien no está contra Él está a su favor. Por eso debían tener en cuenta que habría muchas personas que habiéndolo conocido sólo de oídas, hicieran el bien en su nombre.


JESÚS, ayúdanos a no ser egoístas.



Eleuterio Fernández Guzmán

Querer ser el primero sirviendo

Martes VII del tiempo ordinario

Mc 9,30-37

“En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos iban caminando por Galilea, pero Él no quería que se supiera. Iba enseñando a sus discípulos. Les decía: ‘El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará’. Pero ellos no entendían lo que les decía y temían preguntarle. 

Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntaba: ‘¿De qué discutíais por el camino?’. Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor. Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: ‘Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todo’’. Y tomando un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo: ‘El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado’”.

COMENTARIO

Podemos imaginar que cuando Jesús iba diciendo a sus apóstoles que moriría de una determinada forma ellos se entristecieran. Pero también podemos imaginar que alguno de ellos  pensara que quién iba a ser el primero.

Jesús, sin embargo, tenía algo que decirles que, seguramente, les iba a sorprender: el verdadero orden de las cosas espirituales. Quería decir que lo importante no era querer ser importante sino, al contrario, querer ser servidor de cada hermano.

Para demostrar lo que quería decir (pues estaban muy necesitados de signos y señales o, en fin, de algo que apoyara lo que decía el Maestro) les pone delante un niño: alguien muy despreciado por la gran mayoría de personas pero, también, muy querido por Dios. Deben recibirlo como Dios los recibe.


JESÚS,  ayúdanos a comprender lo que nos dices.



Eleuterio Fernández Guzmán