21 de julio de 2017

Misericordia y sacrificios


Viernes XV del tiempo ordinario
Mt 12,1-8

En aquel tiempo, Jesús cruzaba por los sembrados un sábado. Y sus discípulos sintieron hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerlas. Al verlo los fariseos, le dijeron: ‘Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado’. Pero Él les dijo: ‘¿No habéis leído lo que hizo David cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la Presencia, que no le era lícito comer a él, ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes? ¿Tampoco habéis leído en la Ley que en día de sábado los sacerdotes, en el Templo, quebrantan el sábado sin incurrir en culpa? Pues yo os digo que hay aquí algo mayor que el Templo. Si hubieseis comprendido lo que significa aquello de: ‘Misericordia quiero y no sacrificio’, no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado’”.

COMENTARIO

La Ley de la Misericordia

Muchos, en tiempos de Jesús, se aferraban a duras costumbres que no siempre eran fácil de cumplir. Por eso el Hijo de Dios tenía que dar a entender que una cosa es lo que dicen las normas y otra, muy distinta pero más importante, la necesaria misericordia.

Los sacrificios mal entendidos

La ley de la misericordia tenía todo que ver, tiene todo que ver, con la santa voluntad de Dios de dar a sus hijos lo mejor de su santo corazón. Por eso, siendo el Todopoderoso de gran Misericordia quiere que, también, sus hijos la tengan entre sí.

Cristo es Dios

Al parecer, Jesucristo debía justificar que hacía lo que hacía porque era algo más que un simple hombre. Era hombre, claro, pero también era Dios y, por tanto, estaba por encima del sábado que era lo que muchos no acababan de entender.


JESÚS,  ayúdanos a entender la Ley de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

20 de julio de 2017

El yugo de Cristo

 Jueves XV del tiempo ordinario
Mt 11,28-30

En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera’”.


COMENTARIO

En muy pocas palabras, el Hijo de Dios pone sobre la mesa lo más importante de su predicación y de su enseñanza. No tiene nada que ver con altas ideas teológicas o que pocos pudieran conocer y entender. No. Se trata de algo muy sencillo pero, es cierto no siempre seguido.

Cristo había venido al mundo a salvar a lo que necesitaba salvarse y a consolar a los desconsolados. Por eso nos habla de que en Él podemos encontrar descanso porque su corazón es el tierno corazón de Dios.

Hay, sin embargo, una carga: el yugo de Cristo. Lo debemos llevar como nos dice el Emmanuel. Sin embargo, no se trata de algo tan pesado que nos haga imposible caminar. No. Al contrario es la verdad: es, en cosa pesada, muy ligera y, además, suave. ¿Se puede pedir más?


JESÚS, ayúdanos a llevar tu yugo.

Eleuterio Fernández Guzmán

19 de julio de 2017

Conocer a Dios a través de Jesucristo



Mt 11, 25-27

“25 En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: ‘Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. 26 Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. 27 Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.’”

COMENTARIO

Muchos, en tiempos de Jesucristo, se creían sabios porque dominaban los textos sagrados. Eran los considerados inteligentes y a ellos se dirigían los que querían conocer lo que no tenían en su corazón.
Dios, sin embargo, y según dice su Hijo, no querían que esos, los que se consideraban sabios, conociesen la verdad porque podían tergiversarla. Por eso revela lo que es importante a los más sencillos en la fe y Jesús lo sabe. Y lo dice.
Es más, hay algo importante que no debería ser olvidado: Jesucristo, el Hijo, conoce y reconoce que sólo Él ha visto al Padre. Y es que aún no se ha abierto el Cielo y, lógicamente, sólo el Hijo, en efecto, ha visto al Padre desde el que ha sido enviado al mundo.


JESÚS, gracias por revelarnos cosas tan importantes.



Eleuterio Fernández Guzmán

18 de julio de 2017

Aceptar lo bueno que Dios tiene para nosotros


Martes XV del tiempo ordinario
Mt 11,20-24

En aquel tiempo, Jesús se puso a maldecir a las ciudades en las que se habían realizado la mayoría de sus milagros, porque no se habían convertido: ‘¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que en sayal y ceniza se habrían convertido. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para ti’”.

COMENTARIO

A alguien le puede parecer algo raro que el Hijo de Dios se ponga a maldecir a dos ciudades. Sin embargo, lo hacía porque sabía lo que habían perdido por no aceptar su Palabra.

Jesús había hecho muchos milagros en muchas ciudades y había favorecido a muchas personas que necesitaban ser favorecidas. Pero, a pesar de eso, muchos no se habían convencido de que era el Mesías.

Lo dice con toda claridad el Hijo de Dios. Y queremos decir que lo expresa de una forma que se entiende perfectamente: hay que tener en cuenta que lo que hacemos en este mundo tendrá consecuencias en el otro.


JESÚS,  ayúdanos a aceptar lo que has venido a hacer al mundo.




Eleuterio Fernández Guzmán


17 de julio de 2017

Cristo trajo la Verdad y la Vida además un Camino hacia el Cielo





Lunes XV del tiempo ordinario
Mt 10,34--11,1

"En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: 'No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él.

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá. Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa'.

Y sucedió que, cuando acabó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades."

COMENTARIO

Lo que había venido Jesucristo a hacer en el mundo no era poca cosa. En realidad, era dar la vuelta a todo lo que, entonces, se consideraba bueno y mejor. Por eso sabía que no todos lo iban a aceptar de buena gana y que muchos buscarían su muerte. 

Lo que el Hijo de Dios sabe que es es que es, precisamente, el Hijo de Dios. Por eso dice que quien lo recibe a Él, hace lo propio quien lo ha envidado y, debemos entender, quien hace lo contrario... también hace lo mismo con Dios, Padre Todopoderoso. 

Todo eso que, entonces, les decía Jesucristo a los que iban a ser sus Apóstoles ante el mundo, debía ser anunciado desde todos los lugares posible. Por eso los envía allá donde sabe Jesucristo que deben conocer la Verdad. 


JESÚS,  ayúdanos a aceptar tu santa Palabra. 

Eleuterio Fernández Guzmán


14 de julio de 2017

Cuidado con el mundo


Viernes XIV del tiempo ordinario

Mt 10,16-23

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. 
Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre’”.

COMENTARIO

El mundo y los discípulos de Cristo

Jesús lo dice con toda claridad. Y es que sabe que muchos, en el mundo, no va a aceptar mucho de lo que los enviados de Dios iban a transmitir. Por eso les pide prudencia y sencillez.

En manos del Espíritu Santo

De todas formas, el Hijo de Dios sabía que muchas veces sus enviados iban a car en manos de aquellos que no querían ni verlos. Sin embargo, entonces deberían dejarse guiar por el Espíritu Santo.

El tiempo en el que vuelva Jesucristo

Hay, de todas formas, un mensaje que quien quiera puede entender y que se refería al tiempo en el que ha de volver, en su Parusía, el Hijo de Dios. Por eso les dice que no acabarían de recorrer todas las ciudades de Israel antes de que volviera.

JESÚS, ayúdanos a aceptar el sentido de tus palabras. 


Eleuterio Fernández Guzmán

13 de julio de 2017

Bajo la Providencia de Dios




Jueves XIV del tiempo ordinario
Mt 10,7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: ‘Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento. En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros. Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, salid de la casa o de la ciudad aquella sacudiendo el polvo de vuestros pies. Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad’”.

COMENTARIO

El encargo era, a la vez, sencillo y difícil de llevar a cabo: lo primero porque sólo era eso y, lo segundo, porque muchos no lo iban a aceptar fácilmente. Y, como sabemos, es lo que pasó con el tiempo.

De todas formas, Jesús, que conoce lo que va a pasar por ser Dios y no por profeta, aconseja de forma que aquellos que le sirven de tal forma no se centren en lo que ellos, por sí solos, puedan llevar a cabo. No. Deben dejar de someterse a su voluntad y hacer lo propio con la del Todopoderoso.

El Hijo de Dios sabe que lo que se hace en este mundo tiene consecuencias en la vida eterna. Por eso avisa, al menos eso es lo que dice a sus Apóstoles, que la casa que no quiere recibirlos o la ciudad que eso haga, tendrá un juicio muy riguroso cuando eso tenga que suceder. Y es que despreciar al Enviado de Dios no puede quedar sin consecuencia alguna.




JESÚS, ayúdanos a someternos a la Santa Providencia de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

12 de julio de 2017

Transmitir la Verdad


Miércoles XIV del tiempo ordinario
Mt 10,1-7

En aquel tiempo, llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le entregó. A éstos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: ‘No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca’”.

COMENTARIO

Jesús, como sabemos, sabía que era muy necesario que la Palabra de Dios y su Reino se difundieran lo más posible. Por eso escoge a una serie de personas, los Doce Apóstoles, a los que envía al mundo a predicar.

Sin embargo, no vaya a pensarse que los envía sin nada a lo que recurrir. No. Lo que hace es darle una serie de poderes propios del Hijo de Dios. Por eso van a poder expulsar demonios o curar dolencias que traen a mal traer a quien las padece.

De todas formas, en primer lugar, se debía recuperar a las ovejas perdidas del pueblo escogido por Dios, el judío, el israelita. Y es que Jesucristo sabía que tales creyentes deberían tener el corazón más preparado para recibir la Verdad.


JESÚS, ayúdanos a recibir la Palabra de Dios de parte de tus Apóstoles.



Eleuterio Fernández Guzmán

11 de julio de 2017

La mies necesita obreros




Martes XIV del tiempo ordinario
Mt 9,32-38

En aquel tiempo, le presentaron un mudo endemoniado. Y expulsado el demonio, rompió a hablar el mudo. Y la gente, admirada, decía: ‘Jamás se vio cosa igual en Israel’. Pero los fariseos decían: ‘Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios’.

Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: ‘La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies’”.

COMENTARIO

Era de lo más normal que aquellos que no querían aprender nada de Jesucristo aprovecharan cualquiera ocasión para zaherirlo. ¡Qué mejor ocasión que aquella en la que expulsa a un demonio! Y es que, como no podían entender cómo eso era posible… lo acusan de ser discípulo del Demonio.

Pero Jesucristo sabe que debe cumplir una misión para la que ha sido enviado al mundo. Nada iba a impedir que cumpliese con proclamar que había llegado el Reino de Dios al mundo y que había venido a sanar a los que necesitaban ser curados.

También sabía, sin embargo, que iba a ser necesaria la intervención de muchas otras personas porque el campo de Dios era inmenso. Por eso pide que se ore a Dios para que el Todopoderoso suscite, entre sus hijos, a quien quiera entregar su vida por su Reino.

JESÚS, ayúdanos a aceptar tu Reino.


Eleuterio Fernández Guzmán

10 de julio de 2017

Y se burlaban de Él


Lunes XIV del tiempo ordinario
Mt 9,18-26

En aquel tiempo, Jesús les estaba hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante Él diciendo: ‘Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá’. Jesús se levantó y le siguió junto con sus discípulos. En esto, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó la orla de su manto. Pues se decía para sí: ‘Con sólo tocar su manto, me salvaré’. Jesús se volvió, y al verla le dijo: ‘¡Ánimo!, hija, tu fe te ha salvado’. Y se salvó la mujer desde aquel momento. 
Al llegar Jesús a casa del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando, decía: ‘¡Retiraos! La muchacha no ha muerto; está dormida’. Y se burlaban de Él. Mas, echada fuera la gente, entró Él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó. Y la noticia del suceso se divulgó por toda aquella comarca.

COMENTARIO

“Y se burlaban de él”. Lo dice el texto bíblico acerca de la persona de Jesucristo, el Hijo de Dios. Y es que muchos no habían acabado de asimilar que aquel hombre, aquel Maestro, era el Hijo del Todopoderoso y, lo que es mejor, que era Dios mismo hecho hombre.

Pero el Hijo de Dios sabía que su misión, la de salvar al que necesitaba ser salvado, debía continuar. Por el premia la fe de aquella mujer que tenía flujos de sangre. Y es que ella confiaba en el poder sanador del Maestro.

Pero lo más curioso de este texto evangélico es la actitud de aquellos que ven que la niña ha muerto. No debían creer en la posibilidad de que volviese a la vida porque no tenían fe en Jesucristo. Por eso volvió a la vida aquella niña, la hija de Jairo.

JESÚS, ayúdanos a creer siempre en Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

9 de julio de 2017

Domingo, 9 de julio de 2017 – El yugo de Cristo




Domingo XIV del tiempo ordinario
Mt 11,25-30

“En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: ‘Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

‘Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera’”.

COMENTARIO

Dios había enviado a su Hijo al mundo para que el mundo se salvase y, sobre todo, para que salvase Jesucristo a los que necesitaban ser salvados (por culpa propia o ajena). Por eso se alegra mucho el Emmanuel cuando su Padre del Cielo entrega lo mejor a los que peor están considerados por la sociedad.

La fatiga y la sobrecarga son dos buenos pesos que pueden recaer sobre el ser humano. Tal fatiga y tal sobrecarga pueden ser descargadas en el corazón de Jesucristo. Él lo puede todo porque es Dios hecho hombre.

De todas formas, aún sin, digamos, obligar a ello, Jesucristo nos dice que debemos ser como es Él: manso y humilde de corazón. Sólo así podremos entrar en el corazón de Dios Todopoderoso y permanecer a allí por tiempo sin fin.


JESÚS, ayúdanos a ser capaces de acercarnos a Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

8 de julio de 2017

Lo nuevo y lo viejo


Sábado XIII del tiempo ordinario
Mt 9,14-17

En aquel tiempo, se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: ‘¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?’. Jesús les dijo: ‘¿Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, porque lo añadido tira del vestido, y se produce un desgarrón peor. Ni tampoco se echa vino nuevo en pellejos viejos; pues de otro modo, los pellejos revientan, el vino se derrama, y los pellejos se echan a perder; sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos, y así ambos se conservan’”.

COMENTARIO

Lo que responde Jesucristo a los que le preguntan tiene todo que ver, nada más y nada menos, que con la doctrina santa que había venido a traer al mundo. Y es que tanto el ayuno como lo que luego dice de lo nuevo y lo viejo tiene sustancia espiritual importante.

Sobre lo primero, el ayuno, es bien cierto que había tal costumbre espiritual en el seno del pueblo judío. Sin embargo, ellos no entendían, porque no querían ni parece que les conviniese, que era él el Hijo de Dios.

Es bien cierto lo que el Hijo de Dios dice de lo nuevo y de lo viejo. Y es que ellos debían abandonar las viejas ideas que tan buenas creían porque había venido, él, a traer la verdadera voluntad de Dios. No era posible, por tanto, querer mantener unas y otras porque sólo servían y valían las suyas.

JESÚS, ayúdanos a aceptar su santa Palabra.


Eleuterio Fernández Guzmán

7 de julio de 2017

Curar a los que necesitan ser curados


 Viernes XIII del tiempo ordinario
Mt 9, 9-13

En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: ‘Sígueme’. Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: ‘¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?’. Mas Él, al oírlo, dijo: ‘No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: ‘Misericordia quiero, que no sacrificio’. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores’”.

COMENTARIO

Cuando Jesucristo empezó a “reclutar” a sus Apóstoles podemos decir, sin temor a equivocarnos, que no escogió a la inteligencia sabia de su tiempo. Sin embargo, a los que escogió quisieron seguirlo y eso le bastó al Maestro.

Aquel hombre, Mateo, era muy mal visto por sus vecinos. Y es que era recaudador de impuestos para el Imperio Romano y eso lo convertía, automáticamente, en pecador. Por eso lo odiaban con todas sus fuerzas.

Jesucristo, sin embargo, sabía que debía salvar a los que necesitaban ser salvados. Y eso se lo hace ver a los que quieren afearle la conducta acerca de porqué con ciertas personas mal vistas. Pero, ciertamente, los sanos no necesitan médico. Y ellos sin darse cuenta de que no estaban tan sanos como creían…


JESÚS,  ayúdanos a tener un corazón limpio.


Eleuterio Fernández Guzmán

6 de julio de 2017

La divinidad de Jesucristo

Jueves XIII del tiempo ordinario
Mt 9,1-8

En aquel tiempo, subiendo a la barca, Jesús pasó a la otra orilla y vino a su ciudad. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: ‘¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados’. Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: ‘Éste está blasfemando’. Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: ‘¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados —dice entonces al paralítico—: ‘Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’’. Él se levantó y se fue a su casa. Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.

COMENTARIO

No podemos negar que, dada la fama de santidad que tenía el Maestro de Nazaret, muchos confiasen sus males o los de otros a su corazón y a su ánimo. Y eso para con aquel paralítico.

Aquel hombre lo tenía muy mal porque su parálisis lo tenía apartado de la sociedad. Necesitaba la curación del cuerpo y eso es lo que obtuvo al confiar en que Jesús lo iba a curar. Y lo curo para espanto de algunos de los allí presentes.

Lo terrible para algunos es que aquel hombre había dicho que perdonaba los pecados. Sólo Dios podía hacer eso. Por eso, para que vienen que era Él Dios mismo hecho hombre, no sólo le perdona los pecados sino que le cura su parálisis.


JESÚS,  gracias por hacer evidente tu divinidad.


Eleuterio Fernández Guzmán

5 de julio de 2017

No siempre se entiende el poder de Dios



Miércoles XIII del tiempo ordinario

Mt 8,28-34

En aquel tiempo, al llegar Jesús a la otra orilla, a la región de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, y tan furiosos que nadie era capaz de pasar por aquel camino. Y se pusieron a gritar: ‘¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?’. Había allí a cierta distancia una gran piara de puercos paciendo. Y le suplicaban los demonios: ‘Si nos echas, mándanos a esa piara de puercos’. Él les dijo: ‘Id’. Saliendo ellos, se fueron a los puercos, y de pronto toda la piara se arrojó al mar precipicio abajo, y perecieron en las aguas. Los porqueros huyeron, y al llegar a la ciudad lo contaron todo y también lo de los endemoniados. Y he aquí que toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, en viéndole, le rogaron que se retirase de su término.”

COMENTARIO

Es bien cierto que una cosa es lo que Dios quiere y otra, a veces muy distinta, lo que el ser humano, hijo tuyo, tenga por bien llevar a cabo. Y el ejemplo de aquellos propietarios de los cerdos es síntoma de eso.

Aquellos endemoniados conocían a Jesucristo. Es decir, los demonios que poseían a aquellos furiosos sabían perfectamente que aquel hombre era el Hijo de Dios. Y le tenían tanto miedo que le piden que no acabe con ellos sino que les dejan ir a unos cerdos que por allí había.

Jesucristo sabe que aquellos endemoniados necesitan su ayuda. No se preocupa lo más mínimo de las necesidades humanas y económicas de los propietarios de los cerdos. Y es que entendía perfectamente lo que era importante y lo que no.

JESÚS,  ayúdanos a tener confianza en ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

4 de julio de 2017




Martes XIII del tiempo ordinario
Mt 8,23-27

En aquel tiempo, Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero Él estaba dormido. Acercándose ellos le despertaron diciendo: ‘¡Señor, sálvanos, que perecemos!’. Díceles: ‘¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?’. ‘Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. Y aquellos hombres, maravillados, decían: ‘¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?’”.

COMENTARIO

Bien podemos pensar y creer que Jesucristo y sus discípulos más allegados, los Apóstoles, pasaron por multitud de situaciones que probaron la fe de los segundos. Y tampoco podemos negar que, en muchas ocasiones, no lo hicieron muy bien.

Aquellos hombres estaban asustados. Viendo cómo las aguas se agitaban más de la cuenta podrían verse muertos o algo por el estilo. ¿A quién recurrir entonces? Seguramente pensaron que a nadie mejor que a su Maestro.

Jesús sabe que ellos no pueden enfrentarse a según qué cosas. También conoce más que bien su poca fe. Por eso les llama, precisamente y no por casualidad, hombres de poca fe. Y ellos tampoco nos extraña que quedasen con el corazón lleno de sorpresa ante lo que había acabado de hacer su Maestro.


JESÚS,  ayúdanos a tener fe.



Eleuterio Fernández Guzmán

3 de julio de 2017

No podemos ser incrédulos respecto a Jesucristo

Jn 20,24-29

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: ‘Hemos visto al Señor’. Pero él les contestó: ‘Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré’. 

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: ‘La paz con vosotros’. Luego dice a Tomás: ‘Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente. Tomás le contestó: ‘Señor mío y Dios mío’. Dícele Jesús: ‘«Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído».

COMENTARIO

La incredulidad de Tomás

Aquel hombre, Tomás, no había estado presente la primera vez que su Maestro se presentó entre ellos tras su resurrección. No nos extraña, sabiendo, como sabemos, que no habían entendido mucho de lo que les había explicado, que no tuviese claro la resurrección de Jesucristo.

La insistencia de Jesucristo

El Mesías no dejó de enseñar. Es decir, cuando resucitó se quedó entre sus Apóstoles. Por eso volvió al domingo siguiente para que, sobre todo, quedaba bien fijado, para siempre, el sentido de la palabra “fe”.

Creer sin ver

Lo de arriba lo decimos porque, ante la declaración de Tomás acerca de Quién era aquel que allí estaba, Jesucristo define a la perfección lo que es la palabra fe: creer sin haber visto o, por decirlo de otra forma, confiar plenamente.

JESÚS,  ayúdanos a tener fe y a tenerla de verdad.



Eleuterio Fernández Guzmán

2 de julio de 2017

Seguir a Cristo supone esto



Mt 10, 37-42

“El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a  mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. ‘Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. ‘Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá.  ‘Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa.’”

COMENTARIO

Dejarlo todo por Cristo 

El Hijo de Dios lo dice con una claridad que no puede llevar a engaño a nadie. Para seguirlo a Él ha que dejarlo todo pero entendiendo lo que eso quiere decir. 

Tomar nuestra propia cruz

Para seguir a Jesucristo debemos cargar con nuestra cruz o, incluso, con nuestras cruces. Y es que el Hijo de Dios quiere que hagamos como hizo Él camino del Calvario.

Tener en cuenta a los enviados de Dios

Hay recompensa por servir no sólo a Dios sino a los enviados de Dios. Y es que lo mismo que, en muchas ocasiones, Jesucristo dijo que tener en cuenta que lo que decía él era lo mismo que tenerlo en cuenta dijo por Dios. Lo mismo pasa al respecto de sus enviados. 


JESÚS, ayúdanos a seguirte. 

Eleuterio Fernández Guzmán

1 de julio de 2017

Confiar en Cristo

Sábado XII del tiempo ordinario

Mt 8,5-17

“En aquel tiempo, al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: ‘Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos’. Dícele Jesús: ‘Yo iré a curarle’. Replicó el centurión: ‘Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace’. Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: ‘Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Y dijo Jesús al centurión: ‘Anda; que te suceda como has creído’. Y en aquella hora sanó el criado. 

Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; Él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: ‘Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades’.

COMENTARIO

La labor espiritual que el Hijo de Dios lleva a cabo en aquellos años de vida pública tiene todo que ver con su amor y la misericordia de Dios. Pero si hay algo que Jesucristo tiene muy en cuenta es la confianza que se pone en su persona. Y aquel centurión tenía mucha.

El criado de aquel romano quedó curado. Y quedó curado por lo que dice el Hijo de Dios: aquel hombre, a pesar de no ser judío, tenía mucha fe. Y eso salvó a su criado y, suponemos, amigo.

Es más, Jesucristo continúa su labor. Consiste la misma, en esencia, en salvar a los que necesitan salvación. Y no sólo espiritual sino, también, física, porque, muchas veces, la segunda es el origen de cierto desprecio social. 

JESÚS, ayúdanos a confiar en ti como lo hizo aquel romano.


Eleuterio Fernández Guzmán

30 de junio de 2017

Confiar en Cristo siempre



Viernes XII del tiempo ordinario
Mt 8,1-4

En aquel tiempo, cuando Jesús bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre. En esto, un leproso se acercó y se postró ante Él, diciendo: ‘Señor, si quieres puedes limpiarme’. Él extendió la mano, le tocó y dijo: ‘Quiero, queda limpio’. Y al instante quedó limpio de su lepra. Y Jesús le dice: ’Mira, no se lo digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio’”.

COMENTARIO

Seguramente, el Hijo de Dios no quería que se supiese todavía que había llegado el Enviado del Padre. Seguramente sabía que muchos aún no estaban preparados. Por eso le prohíbe al leproso que vaya pregonando por ahí la persona que lo había curado.

Había algo, sin embargo, que sí debía hacer aquel hombre sacado, de golpe, de la miseria. Debía acudir al sacerdote para que pudiese comprobar que la lepra había desaparecido. Así se convencerían que había habido curación.

Lo que cura al leproso, además de la voluntad de Jesucristo, es la fe, la confianza que tiene en aquel hombre que, como muchos dicen, enseña con autoridad. Sabe que puede curarle y por eso se dirige a Él.


JESÚS, ayúdanos a tener siempre confianza en Ti.



Eleuterio Fernández Guzmán