9 de abril de 2026

Todo se cumplió

 

Lc 24, 35-48

"Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. Estaban hablando de éstas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: 'La paz con vosotros'. Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero él les dijo: '¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como véis que yo tengo'. Y, diciendo esto, los mostró las manos y los pies. Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: '¿Tenéis aquí algo de comer?' Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos. Después les dijo: 'Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: 'Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.' Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: 'Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas.'"

COMENTARIO

Podemos imaginar la turbación de los discípulos del Hijo de Dios cuando se dieron cuenta, según ellos, que su relación con el Maestro había terminado apenas unas horas antes. Y que estuvieran escondidos era lo mas esperable porque sabían muy bien cómo se las gastaban sus antiguos amigos de religión. 

Cristo se presentó en medio de ellos porque ya tenía las cualidades del cuerpo glorioso que era el suyo. Y los calma porque sabía que sus corazones debían estar más que turbados al verlo allí mismo y comprendiendo, seguramente, que todo lo que les había dicho era verdad. 

El caso es que podemos decir que en aquel momento Cristo los envía al mundo a predicar la Buena Noticia Y es que ellos, de verdad, habían sido testigos privilegiados de todo lo que había pasado y testimonio para lo que iba a pasar.


JESÚS, gracias por calmar los corazones de tus discípulos más allegados. 

Eleuterio Fernández Guzmán