15 de junio de 2019

El rincón del hermano Rafael – Un gozo más que bueno





“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”
Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.
Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.
Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.
             
Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

“Saber Esperar” – Un gozo más que bueno

 Qué dulces son las amarguras, las soledades, las penas devoradas y sorbidas en silencio, sin ayuda…, qué dulces son las lágrimas derramadas junto a tu Cruz.” (Saber esperar, punto 313 b)
  
El hermano Rafael, en santidad llamado San Rafael Arnáiz Barón, tenía una relación muy estrecha con el Hijo de Dios. Y es que se dirige a Jesucristo con una no menguada amistad que dice mucho de la tal relación.
Este hermano nuestro, que tan mal lo pasó, físicamente hablando, en su vida en el mundo, sabe muy bien que la cercanía espiritual con el Hijo de Dios es algo no sólo recomendable sino más que conveniente para todo discípulo de Cristo.
El sufrimiento físico o espiritual se puede mostrar en esto que sigue:
-Amarguras,
-Soledades,
-Penas devoradas y sorbidas… en silencio.
El hermano Rafael habla de que eso lo sufre “en silencio”. Y es que tal situación, pasarlo mal en silencio, viene muy bien a todo aquel que no quiera hacerse pasar por sufridor ante su prójimo sino que, en lo oscuro de su habitación (como diría Jesucristo), hace participe a Dios de eso que su sufrimiento.
Hay algo aquí, de todas formas, que pudiera parecer algo increíble de creer o de aceptar. Y es que nos dice San Rafael Arnáiz Barón que eso lo entiende como “dulce”.
Es bien cierto que resulta extraño que alguien pueda decir que pasar amarguras, pasar soledades o sentirse penado por algo es algo dulce. Pero no es así si se sabe sobrenaturalizar el sufrimiento y se le da la importancia que tiene el mismo pero, sobre todo, si se acepta el mismo y se ofrece por una santa causa espiritual, en busca, por ejemplo, del bien del prójimo.
Podemos decir que, en realidad, no necesita ayuda alguna para saber pasar el sufrimiento que tiene nuestro hermano Rafael. Y es que se basta con su sufrimiento, con aceptarlo y, sobre todo, con tenerlo en cuenta mirando a la Cruz de Cristo.
Junto a la Cruz.
El hermano Rafael sabe que sí, que mucho puede sufrir (como, en efecto, sufrió) y que eso puede acaecerle a todo ser humano (sea creyente o no lo sea) Sin embargo, todo eso puede mitigarse si se mira a la Cruz de Cristo.
Mirar a la Cruz del Hijo de Dios y estar junto a la misma es mucho más que una pose o un, incluso, querer no abandonar al Maestro. Y es que supone, en primer lugar, un aceptar que pasa, uno mismo, por momentos tales que lleven su propia cruz; en segundo lugar, porque eso supone reconocer que la Cruz se corresponde, desde ella, con la salvación del creyente que se nos ha alcanzado.
San Rafael Arnáiz Barón tiene un gozo más que bueno también sufrir. Es más, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que sabe que eso es más que bueno y, claro, lo acepta con toda la alegría que su corazón puede ser capaz de aceptar.


Eleuterio Fernández Guzmán 

Lo que es importante saber


Mt 5, 33-37

“33 ‘Habéis oído también que se dijo a los antepasados: No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos. 34 Pues yo digo que no juréis en modo alguno: ni por el Cielo =, porque es el trono de Dios, 35 ni por la Tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. 36 Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro. 37 Sea vuestro lenguaje: "Sí, sí’; ‘no, no’: que lo que pasa de aquí viene del Maligno.”


COMENTARIO

A lo largo de muchos diálogos y muchas conversaciones, el Hijo de Dios enseñaba lo que, en realidad, era la Ley de Dios verdaderamente comprendida. Y es que muchos creían cumplirla aunque, en realidad, andaban muy lejos de eso.

No podemos negar que hay muchas verdades que pone sobre la mesa Jesucristo que no pueden ser del agrado de algunos de los que le escuchan. Y es que no siempre viene bien escuchar lo que es cierto y verdad.

Algo muy importante: donde la Ley de Dios dice una cosa no se puede decir la contraria y cuando establece algo como malo no puede ser bueno. Y eso era una lección muy difícil de aceptar.


JESÚS,  gracias por enseñarnos lo que vale la pena.


Eleuterio Fernández Guzmán

14 de junio de 2019

La verdadera Ley de Dios

Mt 5, 27-32
"27 'Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio. 28 Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer  deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. 29 Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. 30 Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna. 31 'También se dijo: El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio. 32 Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio."
COMENTARIO
Es lógico pensar que el pueblo judío creía cumplir con la Ley establecida por Dios. Ellos seguían los Mandamientos y eso, al parecer era suficiente. Sin embargo, el Hijo de Dios, que había venido al mundo a que la citada Ley se cumpliese en su totalidad, iba a darles una sorpresa. Y es que, en realidad, el cumplimiento de la Ley de Dios iba mucho más allá de lo que se podía pensar.

Cumplir con la Ley de Dios supone, por ejemplo, tener en cuenta el más allá de la norma o, lo que es lo mismo, la norma misma. Por eso se prohíbe no sólo el adulterio sino tener el mismo en el corazón a través de la vista. Y por eso Jesucristo recomienda atar corto a los sentidos porque los mismos pueden llevarnos al Infierno. Y eso, se diga lo que se diga, es comprender y entender la Ley de Dios de forma correcta pero, sobre todo, completa...

JESÚS, gracias por poner sobre la mesa el verdadero y último sentido de la Ley de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

13 de junio de 2019

Bondad y Misericordia del Buen Pastor para con sus ovejas

Jn 17, 1-2.9.14-26
1 Así habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. 2 Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado.9 Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos;14 Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. 15 No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. 16 Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. 17 Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. 18 Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. 19 Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad. 20 No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, 21 para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. 22 Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: 23 yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. 24 Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplan mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. 25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. 26 Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos·. 

COMENTARIO

Sabemos que la misión que Dios encomendó a su Hijo Jesucristo fue, en esencia, que conservara a los que le había entregado como hermanos suyos, en el mundo. Lo que hace, por tanto, el Mesías es hacer todo lo posible para que eso se pueda llevar a cabo. Y ruega por aquellos que, entonces, creyeron en él pero también por los que iban a creer, mediando sus hermanos creyentes, en Aquel que había sido enviado al mundo por el Todopoderoso. Y eso es lo que hace en este texto del Evangelio de San Juan: se dirige a su Padre del Cielo para implorar por aquellos que le han sido entregados y que no ha perdido, para demandar a Dios que cuide de ellos cuando se vaya a su lado y, en fin, que tenga muy en cuenta que Él estaba haciendo lo que se le había mandado hacer y que procuraría pedir, también, en el Cielo por sus hermanos los hombres.

Y así fue.

JESÚS, gracias por tu Bondad y tu Misericordia.

12 de junio de 2019

Cumplir la Ley de Dios

Mt 5, 17-19

17 ‘No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. 18 Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. 19 Por tanto, el que traspase uno solo de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos’”.


COMENTARIO

Algunos, a lo mejor, como no habían entendido la labor que tendría que llevar a cabo el Mesías que Dios iba a enviar, tenían por verdad que sería un Mesías vengador y que vendría con la espada en la mano. Ciertamente, andaban más que equivocados aquellos que así entendían las cosas.

El Hijo de Dios, Dios hecho hombre, no podía hacer otra cosa que procurar que la Ley del Todopoderoso se cumpliese palabra a palabra y mandamiento a mandamientos. Por eso de que antes habrá de pasar todo tiempo que se incumpla el más pequeño de los preceptos de la Ley.

Y un aviso: quien no sólo no cumpla con la Ley de Dios sino que, además, enseñe que incumplirla está algo así como bien y es bueno… en fin, tal persona no será mucho en el Reino de los Cielos. Es más, ya veremos si llega al mismo.


JESÚS, gracias por poner sobre la mesa toda la Verdad y nada más que la Verdad.

Eleuterio Fernández Guzmán

11 de junio de 2019

Enviados

Mt 10, 7-13

“7 Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. 8 Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios.  Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. 9 No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas; 10 ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento. 11 ‘En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. 12 Al entrar en la casa, saludadla. 13 Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros.”

COMENTARIO

Cuando Jesucristo envía a sus discípulos más allegados no lo hace, por ejemplo, de cualquier manera sino que, al contrario: con todo aquello que ellos pueden necesitar tanto material como espiritualmente.

Lo que les dice es, nada más y nada menos, que pueden resucitar muertos. Y eso no es cosa baladí sino algo que muestra el poder que Dios puede otorgarle al hombre. Y, además, otros dones de no poca importancia: curar leprosos o, también, expulsar demonios que posean a ser humanos.

Hay, aquí, algo que es fundamental en aquel viaje: deben confiar totalmente en Dios y en su Amor y, por tanto, deben abandonarse a su santísima Providencia. Y esa es, por cierto, la única manera de caminar por el mundo anunciado la Buena Noticia.


JESÚS,  gracias  por haber confiado en aquellos hombres.


Eleuterio Fernández Guzmán

10 de junio de 2019

Madre e hijo; hijos y Madre


Jn 19, 25-27

“25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. 26 Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo’. 27 Luego dice al discípulo: ‘Ahí tienes a tu madre’. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.”

COMENTARIO

Es bien cierto que el momento que refleja, hoy, el Evangelio de San Juan es más que gozoso. Y no que queramos ver el sufrimiento del Hijo de Dios sino que, al contrario, gozamos con ver qué es lo que fue capaz de hacer entonces… cuando moría.

Hay, por cierto, algunos de los suyos allí presentes. La gran mayoría, por miedo, había huido y se había escondido. Pero allí estaban los únicos que fueron capaces de ser fieles hasta el último momento. Y entre ellos su Madre, María, y Juan, su discípulo más joven.

Lo que hace entonces Jesucristo ha quedado, ya para siempre, establecido en la Tierra y en Cielo. Y es que al entregar a su Madre a su discípulo Juan, lo que hace es hacerlo con todo ser humano creyente en Jesucristo como Enviado de Dios. Y así estamos, desde entonces: María es, ya, Madre nuestra.

JESÚS,  Gracias, Cristo, por ser tan generoso con nosotros.

Eleuterio Fernández Guzmán

9 de junio de 2019

Cristo vuelve, entre los suyos


Jn 20, 19-23


“19 Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros.’ 20 Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. 21 Jesús les dijo otra vez: ‘La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.’ 22       Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo. 23 A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.’”


COMENTARIO

Muchas veces, desde entonces, se ha dicho que no era extraño que los Apóstoles tuvieran miedo del resto de judíos o, a lo mejor, de los poderosos de entre ellos. Y es que era casi seguro que tuvieran intención de acabar, cuando antes, con los seguidores de Aquel que habían matado en una Cruz.

Pero Cristo había resucitado y va a ver a sus amigos. Sabe que debe tranquilizarlos porque, después de lo que ha pasado con su muerte… en fin, que la cosa no anda demasiado bien en sus corazones.

Pero no sólo los visita sino que además les otorga el Espíritu Santo y sus corazones se llenan de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Y, además, les concede la posibilidad perdonar pecados… o de retenerlos. Así quedara eso en el Cielo...

JESÚS, gracias por tranquilizarnos.


Eleuterio Fernández Guzmán

8 de junio de 2019

Serie El rincón del hermano Rafael – Saber sufrir

¡Qué bien se vive sufriendo…, a tu lado, en tu Cruz…, viendo llorar a María! ¡Quién tuviera fuerzas de gigante para sufrir!” (Saber esperar, punto 312)

Lo que nos dice el hermano Rafael en este punto de su libro “Saber esperar” tiene mucho de verdad pero tiene, también, mucho de dificultad por cómo somos los seres humanos al respecto del sufrimiento.
Nosotros sabemos que quien acabaría siendo santo, con el nombre de San Rafael Arnáiz Barón, estuvo enfermo los últimos años de su corta vida. También sabemos que tenía una profunda espiritualidad que le llevó a ingresar en la vida religiosa porque era grande su ansia de servir a Dios y a los hombres y así quería entregar y dar su vida.
Sabía, pues, mucho de lo que significa, digamos, padecer físicamente. Pero también sabía más que bien lo que era el padecimiento espiritual. Y nos lo muestra muchas veces en sus textos escritos. Así, en este también.
Ciertamente, hay que saber sufrir. Lo que le pasa al hermano Rafael es que a él sufre sabiendo que puede hacerlo junto a la Cruz de Cristo. Al menos… eso es lo que quiere porque bien nos dice que le gustaría tener fuerzas para sufrir. Y eso lo que ha de querer decirnos no es que no sufra, porque sí sufre, sino que quisiera hacerlo de esa forma tan especial como es hacerlo junto a Cristo, hermano suyo y nuestro y hacerlo, así, junto a la Cruz donde entregó su vida para que todo aquel que quiera se salve…
En realidad, decir que se vive bien sufriendo no quiere decir que le guste, eso, sufrir. Y es que pensamos que tampoco era del gusto de Cristo está allí colgado, muriendo de aquella forma. Lo que pasa es que tanto el Hijo de Dios como el mismo hermano Rafael sobrenaturalizaron el dolor y el sufrimiento y eso los hizo pasar a la historia, primero, como el Hijo que se entrega a la Voluntad de su Padre del Cielo y, segundo, como aquel hermano del Hijo que sabe, en eso, imitar a su hermano y Dios hecho hombre.
Y, además, el hermano Rafael sabe que no está allí solo.
Nosotros sabemos que junto a la Cruz había unas cuantas personas muy allegadas a Jesucristo. Y, entre ellas, su propia Madre, María. Allí estaba, sufriendo lo insufrible y dando ejemplo de cómo ha de actuar quien ama y quien tiene fe. Y a ella se acoge el hermano Rafael y, con él, nosotros también nos acogemos a nuestra Madre del Cielo.
Sufrir, así, con la Cruz, tiene un sentido que va más allá de nuestras obviedades humanas. Y es, además, salvador para nosotros.

Eleuterio Fernández Guzmán

Lo que hizo Cristo


Jn 21, 20-25
“20 Pedro se vuelve y ve siguiéndoles detrás, al discípulo a quién Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?» 21 Viéndole Pedro, dice a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?» 22 Jesús le respondió: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme». 23 Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: «No morirá», sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga». 24 Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. 25 Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran. “


COMENTARIO

El último texto del Evangelio de San Juan es verdaderamente revelador de qué es lo que, a lo largo de su vida predicadora, hizo el Hijo de Dios. Y es que, en verdad, hay mucho que, seguramente, no sabemos.

No extraña, para nada, que Pedro, una vez sanada su herida por Jesucristo, quisiera saber qué sería de su hermano en la fe más joven de los Apóstoles. Y es que Juan había tenido un comportamiento, ¡A qué negarlo!, mucho más digno que el primero de los Apóstoles.

Jesucristo, sin embargo, que bien sabía el papel que, en todo eso, había jugado el joven Juan, quiere que esté con Él… siempre. Y es una manera, como, de decirle a Pedro que él lo que tiene que hacer es seguirlo y no de preocuparse por sus preferencias espirituales.


JESÚS, gracias por saber hacer lo que debías hacer.

Eleuterio Fernández Guzmán


7 de junio de 2019

Y Pedro conoce el Amor

Jn 21, 15-19
"15 Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos». 16 Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas». 17 Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas. 18 «En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras». 19 Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: 'Sígueme'".
COMENTARIO

No podemos negar, tampoco lo hacía él, que Pedro había actuado más que mal cuando negó, por tres veces (y estaba avisado) a su Maestro y Señor. Por eso el hombre debía pasar, desde entonces, por muy malos momentos. Pero todo iba a arreglarse por bien del Amor.

Jesucristo sabía que Pedro lo estaba pasando muy mal y también sabía que lo había elegido para cumplir una gran misión. Y lo perdona. Y no lo hace de cualquiera manera sino que le pregunta tres veces (las mismas que lo había negado su amigo Cefas) si lo quiere. Y Pedro, a la tercera vez, se entristece porque debe creer que su Maestro no lo cree y que no cree que lo ame cuando, en realidad, lo ama y más que lo ama.

Una vez perdonado podemos imaginar que aquel hombre, Pedro, se sentía muy mejor, espiritualmente hablando. Había quedado más que liberado de una carga muy pesada. Y, estamos seguros de ello, sigue a Jesucristo cuando le dice, en efecto, que lo siga. Y lo hizo hasta su propia muerte.


JESÚS, gracias por haber perdonado a Pedro.

6 de junio de 2019

Jesucristo ruega por nosotros

Jn 17, 20-26
"20 No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, 21 para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. 22 Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: 23 yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. 24 Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplan mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. 25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. 26 Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos."
COMENTARIO

El Hijo de Dios sabe que, a lo largo del tiempo (a partir de su partida a la Casa de Su Padre) habrá muchos seres humanos que, aún no habiéndolo conocido en vida, creerán en su persona, en que es el Enviado del Todopoderoso y que había venido al mundo para que el mundo se salvase. Y eso es lo que pide a su Padre, en este discurso, acerca de ellos de todos esos que han de venir y que van a creer en Él.

Jesucristo quieren que cada uno de ellos sean uno como lo son Él mismo y Dios, Creador y Todopoderoso. Y ruega al Padre que eso pueda ser posible y que, así se conozca verdaderamente que Él es Dios hecho hombre y eso salve al ser humano de la perdición y el Infierno.

Quiere, además, el Hijo de Dios, que cada uno de los seres humanos que Dios le había dado y, claro, los que en Él creerán a lo largo del tiempo estén, con Él, en el Cielo. ¡En el Cielo!

JESÚS, gracias por rogar por nosotros, tus hermanos.


Eleuterio Fernández Guzmán

5 de junio de 2019

Cristo intercede por nosotros

Jn 17, 11b-19
11 Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. 12 Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. 13 Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. 14 Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. 15 No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. 16 Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. 17 Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. 18 Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. 19 Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad.

COMENTARIO

El Hijo de Dios sigue dirigiéndose a su Padre del Cielo para pedir por todos aquellos que el Creador le entregó, en su día, para que los cuidase. Y es que Jesucristo sabe cercana la hora de su muerte y eso le hace estar más que seguro (conociendo a sus discípulos) de que es muy necesario que Dios sepa que ha hecho lo que debía hacer, que los suyos saben a qué atenerse y, pronto, además, lo sabrán mejor.

Jesucristo sabe que a los suyos también los va a odiar el mundo que es lo que a Él le ha pasado. Por eso, en tal sentido, los iguala a sí mismo y pide a Dios por ellos, para que no se pierdan, para que sean guardados de la influencia del Mal y de Satanás.


JESÚS, gracias por interceder por tus hermanos


Eleuterio Fernández Guzmán

4 de junio de 2019

Estamos salvados: Cristo ruega por nosotros

Jn 17, 1-11a

“1 Así habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. 2 Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. 3 Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. 4 Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. 5 Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. 6 He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. 7 Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; 8 porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado. 9 Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; 10 y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. 11 Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti’”.


COMENTARIO


Este, digamos, discurso que el Hijo de Dios dirige a su Padre del Cielo, a Dios Todopoderoso, podemos ver que tiene relación directa con sus hermanos los hombres o, en general, con todo aquel que el Creador le había dejado para que, como Buen Pastor, los cuidase.

Cristo tiene más que claro que la vida eterna no es algo metafórico o irreal sino que supone, que existe y que es, amar a Dios sobre todas las cosas y tener a su Hijo como el Mesías. Ahí radica el meollo de toda nuestra fe cristiana y, aquí, católica.

Ruega, por tanto, Jesucristo, por todos aquellos que han aceptado, que aceptan y que aceptaran su Palabra porque es Palabra de Dios. Y en tal confianza se gana la vida eterna. Y es por esos por los que ruega Jesucristo.

JESÚS,  gracias por rogar por nosotros.


Eleuterio Fernández Guzmán

3 de junio de 2019

Confiar, siempre, en Jesucristo


Jn 16, 29-33

“19 Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: ‘¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: ‘Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?’ 20 ‘En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. 21 La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. 22 También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. 23 Aquel día no me preguntaréis nada. En verdad, en verdad os digo: lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre.”


COMENTARIO

Seguramente, si hay algo muy importante en este texto del Evangelio de San Juan no es que Cristo dijera lo que iba a pasar sino que supiera lo que iba a pasar. Y es que, para aquellos que puedan sostener que Jesucristo no sabía quién era, bien pueden quedar en entredicho cuando, al unir lo que entonces dijo y lo que luego pasó… lo bien cierto es que sabía lo que había de suceder porque era, en efecto, el Mesías y el Hijo de Dios.

Aquellos que le escuchan, como podemos entender, debieron quedar consternados ante aquellas palabras. Y es que no es para menos que alguien diga que se irá, en el sentido de morir, pero que habría de volver pronto. Y eso, la circunstancia de volver es lo que debía alegrar a los que habían sido sus discípulos más allegados. Y a fuerza de lo que acabó pasando… estamos seguros que cabían en sí de gozo.

JESÚS,  gracias por cumplir con lo prometido.

Eleuterio Fernández Guzmán

2 de junio de 2019

Y ascendió al Cielo




Lc 24, 46-53

“46 y les dijo: ‘Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día 47   y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. 48       Vosotros sois testigos de estas cosas. 49 ‘Mirad, y voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto.’ 50 Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo. 51        Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. 52 Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo, 53 y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios.”


COMENTARIO

Lo que tenía que pasar y Jesucristo había anunciado varias veces a sus discípulos… ¡había ocurrido! Por eso el Hijo de Dios les muestra que todo había sucedido tal y como había dicho que sucedería.

Jesucristo sabe a ciencia y corazón ciertos que cuando llegue al lado de su Padre del Cielo, enviará el mundo al Espíritu Santo. Es una promesa que había hecho y que iba a cumplir en tanto subiese, eso, a la Casa de su Padre.

Después de haber visto lo que vieron: la muerte pero, sobre todo, la resurrección de su Maestro, no nos extraña, para nada, que los Apóstoles estuvieran siempre en el Templo. Y es que tenían razones más que suficientes para ello.


JESÚS,  gracias por haber cumplido con todas tus promesas.

Eleuterio Fernández Guzmán

1 de junio de 2019

Serie el rincón del hermano Rafael - Saber esperar- No darse cuenta de la Cruz de Cristo


Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.
Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.
Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.
Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.
             
Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

Saber esperar- No darse cuenta de la Cruz de Cristo
“¡Cuántas almas, aún religiosas, ignoran esto! ¡Qué pena! ¡Cuánto tiempo perdido en pláticas, devociones y ejercicios que son santos y buenos…, pero no son la Cruz de Cristo, no son lo mejor!” (Saber esperar, punto 308)

San Rafael Arnáiz, con ser religioso, debía conocer, por decirlo así, el ser y estar de muchos de sus compañeros de instituto religioso. Y esto lo decimos porque las palabras que traemos aquí, algunas de ellas, reflejan la situación (al menos entonces, en su tiempo de vida en el mundo) también se refieren a ellos.
Nosotros sabemos que rezar, que orar, es muy importante para un hijo de Dios. Pero el hermano Rafael nos dice que no siempre es lo mejor. Y no es que no sea importante sino que, en muchos casos, se hace de menos una realidad espiritual que nunca deberíamos olvidar nunca porque no es, sólo, un símbolo espiritual sino, en todo caso, el símbolo espiritual por antonomasia.
Pues sí. Al parecer, muchas veces estamos equivocados, incluso, en nuestra fe.
Perdemos el tiempo, según nos dice San Rafael Arnáiz Barón, cuando hacemos según qué cosas. Y estas palabras nunca las deberíamos olvidar.
De todas formas, no debemos confundir una cosa con otra. Es decir, sí, son muy importante las pláticas, las devociones y los ejercicios espirituales. Y por eso, el hermano Rafael las pone como eso, como importantes para que nuestra fe siga adelante, se alimente. Pero…
Aquí hay un pero.
El pero lo pone San Rafael Arnáiz en lo que verdaderamente es importante de todo esto: la Cruz de Cristo.
Sí, la Cruz, aquellos maderos en los que colgaron al Hijo de Dios con gran ignorancia por parte de muchos y con mucha culpabilidad y complicidad de parte de otros, ha de estar muy por encima de todo aquello, que, de todas formas, es importante para nosotros.
El caso es que a San Rafael Arnáiz, todo esto le da pena. Es decir, no lo deja ahí, sin darle importancia sino que, al contrario, sabe que es una verdadera pena que haya quien, muy a pesar de que lo que pueda hacer en su vida espiritual, no sepa, al parecer, lo que importa, lo que le debe importar a él mismo: la Cruz de Cristo.
Mucho se ha dicho sobre la importancia que tiene la Cruz para un discípulo de Cristo. En general, esto: toda, total, sin nada que pueda tener más.
La Cruz de Cristo se ha de ver reflejada en el quehacer diario de cada discípulo de Cristo. Y si no es así, de poco sirve todo lo que haga en otro tipo de realidades espirituales. Y eso no quiere decir que no sirve da nada sino que servirá, en todo caso, en segundo plano, en segunda posición o, en fin, luego, siempre, de la Cruz de Cristo.

Eleuterio Fernández Guzmán