5 de junio de 2019

Cristo intercede por nosotros

Jn 17, 11b-19
11 Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. 12 Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. 13 Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. 14 Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. 15 No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. 16 Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. 17 Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. 18 Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. 19 Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad.

COMENTARIO

El Hijo de Dios sigue dirigiéndose a su Padre del Cielo para pedir por todos aquellos que el Creador le entregó, en su día, para que los cuidase. Y es que Jesucristo sabe cercana la hora de su muerte y eso le hace estar más que seguro (conociendo a sus discípulos) de que es muy necesario que Dios sepa que ha hecho lo que debía hacer, que los suyos saben a qué atenerse y, pronto, además, lo sabrán mejor.

Jesucristo sabe que a los suyos también los va a odiar el mundo que es lo que a Él le ha pasado. Por eso, en tal sentido, los iguala a sí mismo y pide a Dios por ellos, para que no se pierdan, para que sean guardados de la influencia del Mal y de Satanás.


JESÚS, gracias por interceder por tus hermanos


Eleuterio Fernández Guzmán

4 de junio de 2019

Estamos salvados: Cristo ruega por nosotros

Jn 17, 1-11a

“1 Así habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. 2 Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. 3 Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. 4 Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. 5 Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. 6 He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. 7 Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; 8 porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado. 9 Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; 10 y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. 11 Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti’”.


COMENTARIO


Este, digamos, discurso que el Hijo de Dios dirige a su Padre del Cielo, a Dios Todopoderoso, podemos ver que tiene relación directa con sus hermanos los hombres o, en general, con todo aquel que el Creador le había dejado para que, como Buen Pastor, los cuidase.

Cristo tiene más que claro que la vida eterna no es algo metafórico o irreal sino que supone, que existe y que es, amar a Dios sobre todas las cosas y tener a su Hijo como el Mesías. Ahí radica el meollo de toda nuestra fe cristiana y, aquí, católica.

Ruega, por tanto, Jesucristo, por todos aquellos que han aceptado, que aceptan y que aceptaran su Palabra porque es Palabra de Dios. Y en tal confianza se gana la vida eterna. Y es por esos por los que ruega Jesucristo.

JESÚS,  gracias por rogar por nosotros.


Eleuterio Fernández Guzmán

3 de junio de 2019

Confiar, siempre, en Jesucristo


Jn 16, 29-33

“19 Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: ‘¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: ‘Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?’ 20 ‘En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. 21 La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. 22 También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. 23 Aquel día no me preguntaréis nada. En verdad, en verdad os digo: lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre.”


COMENTARIO

Seguramente, si hay algo muy importante en este texto del Evangelio de San Juan no es que Cristo dijera lo que iba a pasar sino que supiera lo que iba a pasar. Y es que, para aquellos que puedan sostener que Jesucristo no sabía quién era, bien pueden quedar en entredicho cuando, al unir lo que entonces dijo y lo que luego pasó… lo bien cierto es que sabía lo que había de suceder porque era, en efecto, el Mesías y el Hijo de Dios.

Aquellos que le escuchan, como podemos entender, debieron quedar consternados ante aquellas palabras. Y es que no es para menos que alguien diga que se irá, en el sentido de morir, pero que habría de volver pronto. Y eso, la circunstancia de volver es lo que debía alegrar a los que habían sido sus discípulos más allegados. Y a fuerza de lo que acabó pasando… estamos seguros que cabían en sí de gozo.

JESÚS,  gracias por cumplir con lo prometido.

Eleuterio Fernández Guzmán

2 de junio de 2019

Y ascendió al Cielo




Lc 24, 46-53

“46 y les dijo: ‘Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día 47   y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. 48       Vosotros sois testigos de estas cosas. 49 ‘Mirad, y voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto.’ 50 Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo. 51        Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. 52 Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo, 53 y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios.”


COMENTARIO

Lo que tenía que pasar y Jesucristo había anunciado varias veces a sus discípulos… ¡había ocurrido! Por eso el Hijo de Dios les muestra que todo había sucedido tal y como había dicho que sucedería.

Jesucristo sabe a ciencia y corazón ciertos que cuando llegue al lado de su Padre del Cielo, enviará el mundo al Espíritu Santo. Es una promesa que había hecho y que iba a cumplir en tanto subiese, eso, a la Casa de su Padre.

Después de haber visto lo que vieron: la muerte pero, sobre todo, la resurrección de su Maestro, no nos extraña, para nada, que los Apóstoles estuvieran siempre en el Templo. Y es que tenían razones más que suficientes para ello.


JESÚS,  gracias por haber cumplido con todas tus promesas.

Eleuterio Fernández Guzmán

1 de junio de 2019

Serie el rincón del hermano Rafael - Saber esperar- No darse cuenta de la Cruz de Cristo


Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.
Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.
Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.
Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.
             
Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

Saber esperar- No darse cuenta de la Cruz de Cristo
“¡Cuántas almas, aún religiosas, ignoran esto! ¡Qué pena! ¡Cuánto tiempo perdido en pláticas, devociones y ejercicios que son santos y buenos…, pero no son la Cruz de Cristo, no son lo mejor!” (Saber esperar, punto 308)

San Rafael Arnáiz, con ser religioso, debía conocer, por decirlo así, el ser y estar de muchos de sus compañeros de instituto religioso. Y esto lo decimos porque las palabras que traemos aquí, algunas de ellas, reflejan la situación (al menos entonces, en su tiempo de vida en el mundo) también se refieren a ellos.
Nosotros sabemos que rezar, que orar, es muy importante para un hijo de Dios. Pero el hermano Rafael nos dice que no siempre es lo mejor. Y no es que no sea importante sino que, en muchos casos, se hace de menos una realidad espiritual que nunca deberíamos olvidar nunca porque no es, sólo, un símbolo espiritual sino, en todo caso, el símbolo espiritual por antonomasia.
Pues sí. Al parecer, muchas veces estamos equivocados, incluso, en nuestra fe.
Perdemos el tiempo, según nos dice San Rafael Arnáiz Barón, cuando hacemos según qué cosas. Y estas palabras nunca las deberíamos olvidar.
De todas formas, no debemos confundir una cosa con otra. Es decir, sí, son muy importante las pláticas, las devociones y los ejercicios espirituales. Y por eso, el hermano Rafael las pone como eso, como importantes para que nuestra fe siga adelante, se alimente. Pero…
Aquí hay un pero.
El pero lo pone San Rafael Arnáiz en lo que verdaderamente es importante de todo esto: la Cruz de Cristo.
Sí, la Cruz, aquellos maderos en los que colgaron al Hijo de Dios con gran ignorancia por parte de muchos y con mucha culpabilidad y complicidad de parte de otros, ha de estar muy por encima de todo aquello, que, de todas formas, es importante para nosotros.
El caso es que a San Rafael Arnáiz, todo esto le da pena. Es decir, no lo deja ahí, sin darle importancia sino que, al contrario, sabe que es una verdadera pena que haya quien, muy a pesar de que lo que pueda hacer en su vida espiritual, no sepa, al parecer, lo que importa, lo que le debe importar a él mismo: la Cruz de Cristo.
Mucho se ha dicho sobre la importancia que tiene la Cruz para un discípulo de Cristo. En general, esto: toda, total, sin nada que pueda tener más.
La Cruz de Cristo se ha de ver reflejada en el quehacer diario de cada discípulo de Cristo. Y si no es así, de poco sirve todo lo que haga en otro tipo de realidades espirituales. Y eso no quiere decir que no sirve da nada sino que servirá, en todo caso, en segundo plano, en segunda posición o, en fin, luego, siempre, de la Cruz de Cristo.

Eleuterio Fernández Guzmán

Pedir en nombre de Cristo




Jn, 16, 23b-28

“En verdad, en verdad os digo: lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre. 24 Hasta ahora nada le habéis pedido en mi nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado. 25 Os he dicho todo esto en parábolas. Se acerca la hora en que ya no os hablaré en parábolas, sino que con toda claridad os hablaré acerca del Padre. 26 Aquel día pediréis en mi nombre y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, 27 pues el Padre mismo os quiere, porque me queréis a mí y creéis que salí de Dios. 28 Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre”.


COMENTARIO

Cuando Jesucristo, que sabe todo lo que está pasando y lo que va a pasar, se dirige a sus discípulos más allegaros, es consciente de que debe calmar el corazón de aquellos que le han seguido más de cerca. Y por eso les habla de El mismo y de su Padre Dios.

Es cierto que, para que ellos entendieran lo que quería que conocieran, muchas veces les ha hablado con un lenguaje basado en la parábola. Pero bien sabe Jesucristo que pronto, cuando lleguen al Cielo, todo se entenderá, todo se comprenderá mejor o, simplemente, se comprenderá.

Lo último que nos dice el Hijo de Dios es que va al Padre, a su Padre. Y eso quiere decir, entonces, que todo se ha cumplido y debe, aún, enviar al Espíritu Santo. Por eso nos conviene más que nada creer en que Jesucristo es el Enviado del Creador, Dios hecho hombre.


JESÚS,  

Eleuterio Fernández Guzmán

30 de mayo de 2019

Confiar en la Palabra de Cristo

Jn 16, 16-20
"16 «Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver». 17 Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí: «¿Qué es eso que nos dice: "Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver" y "Me voy al Padre"?» 18 Y decían: «¿Qué es ese "poco"? No sabemos lo que quiere decir». 19 Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: «¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: "Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a  ver?" 20 «En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo"

COMENTARIO

En realidad, no es nada raro lo que pasó entonces. Y queremos decir con eso que cuando Jesús comunica a sus Apóstoles que va a morir de la forma cómo va a morir la tristeza era lo que era de esperar. Y eso es lo que pasa porque ellos se preguntan porque no entienden las palabras de su Maestro y eso los desazona más que mucho y pregunta, se preguntan entre ellos.
Ciertamente, la cosa no era para menos porque después de haber estado unos años con aquel Enviado de Dios (creemos que, a tal altura de la vida, sabían que lo era) que les dijera que los iba a abandonar y que se iba a la Casa de Su Padre… en fin, que no era para menos lo que pasa por los corazones de aquellos hombres.
Sin embargo, hay esperanza: el Hijo de Dios les dice que no deben estar tan tristes porque su tristeza se convertirá en gozo y alegría.

JESÚS, gracias por tranquilizarnos con tu regreso.

Eleuterio Fernández Guzmán

29 de mayo de 2019

Ser guiados por el Espíritu Santo

Jn 16, 12-15

12 ‘Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. 13 Cuando venga a él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no halará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. 14 El me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. 15 Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros.’”

COMENTARIO

Jesucristo sabía, primero, que no podía, que no tenía tiempo, para instruir y enseñar a sus Apóstoles con todo aquello que era necesario que supiera. Sabía que se iba a ir a la Casa de Su Padre. Sin embargo, no iba a abandonar a nadie de los que le habían sido entregados por Dios.
Enviaría, iba a enviar, a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Y lo iba a hacer porque era crucial, en primer lugar, que acabara de enseñar y, luego, que actuara con Defensor, como Paráclito.
Y algo que es muy importante para todo creyente y discípulo de Cristo: Dios y Cristo son Uno y eso es tan crucial para la vida de todo aquel que quiera seguir al Hijo de Dios que desconocerlo supone no saber cuál es el camino que nos lleva al Cielo, a nuestra salvación eterna.

JESÚS, gracias por enviar al Espíritu Santo.

Eleuterio Fernández Guzmán

28 de mayo de 2019

Gozosos por el Paráclito




Jn 16, 5-11

“5 Pero ahora me voy a Aquel que me ha enviado, y ninguno de vosotros me pregunta: “¿Dónde vas?” 6 Sino que por haberos dicho esto vuestros corazones se han llenado de tristeza. 7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré: 8 y cuando él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; 9 en lo referente al pecado, porque no creen en mí; 10 en lo referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya no me veréis; 11 en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado.”


COMENTARIO

No es nada de extrañar, ni debe, por tanto, extrañarnos, que cuando el Hijo de Dios dijo a sus discípulos más cercanos que iba a marcharse a la casa de su Padre, mucho sintieran una gran desazón en su corazón.

Jesucristo sabe, de todas formas, que es una realidad que no se puede soslayar y, por tanto, deben saber a qué atenerse y qué va a ser de Su vida y de sus vidas.

Es conveniente que Jesucristo se marche a la Casa del Padre porque, de hacerlo, podrá enviar a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad que cumplirá con su misión de forma más que perfecta. Y por eso debían alegrarse.


JESÚS, gracias por enviar al Espíritu Santo a que nos susurre en el corazón.


Eleuterio Fernández Guzmán

27 de mayo de 2019

Paráclito


Jn 15, 26-16,4a


“26 Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí. 27 Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio.

1 Os he dicho esto para que no os escandalicéis. 2 Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. 3 Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. 4 Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho.”


COMENTARIO

El Hijo de Dios sabe que, cuando vaya al Padre, a Su Padre, muchos van a quedar desconsolados. Y les procura tranquilidad espiritual porque conoce a sus hermanos los hombres.

Sabe que, cuando vaya a la Casa del Padre desde allí enviará a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, llamado Paráclito porque es el Defensor de los hijos de Dios.

Resulta, de todo punto, terrible, que diga Jesucristo que sus discípulos serán perseguidos porque, en efecto, así será. Y eso es posible, fue posible porque había muchos que no conocían, siquiera, a Dios.



JESÚS,  gracias por ser dan bondadoso con nosotros.

Eleuterio Fernández Guzmán

26 de mayo de 2019

Guardar la Palabra de Dios

Jn 14 23-29

“23 Jesús le respondió: ‘Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él,  y haremos morada en él. 24 El que no me ama no guarda mis palabras.  Y la palabra que escucháis no es mía,  sino del Padre que me ha enviado. 25 Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. 26  Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo  y os recordará todo lo que yo os he dicho. 27 Os dejo la paz,  mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde.


28 Habéis oído que os he dicho: ‘Me voy y volveré a vosotros.’ Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre,  porque el Padre es más grande que yo. 29 Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.’” 

COMENTARIO

Amar a Cristo

No es poco importante atender a las palabras del Hijo de Dios: debemos amarlo pero no porque sea nuestro Maestro (que también) sino porque es Dios mismo hecho hombre. Y ahí radica, está la raíz, de nuestra salvación eterna.

Paráclito, Defensor

De todas formas, vamos a tener ayuda. Cuando Cristo subió al Padre tras su resurrección, envió al Espíritu Santo, llamado Paráclito porque es nuestro Defensor. Y a Él debemos escuchar porque mora en nuestro corazón que es como su templo.

Dejar que Cristo se marche al Padre

Es cierto que podemos ser, que somos, egoístas. Por eso, como aquellos otros nosotros, no queremos que Cristo se marche al Padre. Lo queremos siempre con nosotros aunque era de la mayor importancia que se marchara. Y, gracias a Dios, se marchó.


JESÚS, gracias por marcharte a la Casa del Padre y cumplir con tu misión.


Eleuterio Fernández Guzmán

25 de mayo de 2019

Serie El rincón del hermano Rafael – Encontrar un tesoro así










“Yo no sé rezar, no sé lo que es ser bueno…, no tengo espíritu religioso, pues estoy lleno de mundo… Sólo sé una cosa, una cosa que llena mi alma de alegría, a pesar de verme tan pobre en virtudes y tan rico en miserias…, sólo sé que tengo un tesoro que por nada ni por nadie cambiaría…, ¡mi cruz…, la Cruz de Jesús! …, esa Cruz que es mi único descanso…, ¡cómo explicarlo!… Quien esto no haya sentido, ni remotamente podrá sospechar lo que es.” (“Saber esperar”, punto 306)

Palabras como éstas dicen mucho de quien las dice:

mundo,
rezar sin saber,
alegría,
virtudes que no se tienen,
miserias que sí se tienen,
y, por fin:
Cruz de Cristo.

El hermano Rafael, que se conoce muy bien a sí mismo y, lo debemos decir, también conoce muy bien a sus hermanos los hombres, sabe a ciencia y corazón ciertos la verdad de lo que pasa por su alma.
Por una parte, sabe que es un hombre de mundo. Y no entendamos esto como que está en el mismo y sigue todo lo que sigue el mismo. No. Quiere decir que es mundano. Y lo dice en desdoro de sí mismo porque eso supone que su mundanidad lo aleja de Dios.
¡Eso lo dice quien, entonces, en su propio tiempo, tenía fama de santidad! ¡Podemos imaginar lo que podemos decir nosotros mismos de nuestra vida!
Pero, por otra parte, sabe a qué atenerse. Es algo más que conocido pero que, en demasiadas ocasiones, tenemos por realidad espiritual de poca importancia cuando es lo más importante que tenemos los discípulos de Cristo: la Cruz, Su Cruz.
En la Cruz se apoya San Rafael Arnáiz Barón porque reconoce en ella mucho más que un símbolo. Y es que en la Cruz de su hermano, Hijo de Dios y Dios mismo hecho hombre, el consuelo, en ella encuentra. Y es en ella donde puede llorar, ante ella, porque sabe que sus lágrimas son de verdad y no fingen nada que no pase por su corazón.
El hermano Rafael dice que no sabe ser bueno. Sin embargo, algo debe ser cuando se centra en la Cruz de Cristo para ser mejor. Con ella, por tanto, nada malo se aprende y sí todo lo bueno se recibe de parte de Dios. Y San Rafael Arnáiz Barón, que mucho ansiaba su propia salvación eterna, sabía que la Cruz era, por eso mismo, el camino más directo hacia el Cielo, hacia el definitivo Reino de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

Un honor ser odiados por Cristo



Jn 15, 18-21
"18 'Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. 19 Su fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. 20 Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán. 21 Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.'"

COMENTARIO

El Hijo de Dios, como es Dios mismo hecho hombre, todo lo sabe en cuanto que es Dios. Por eso habla de aquello que ha de pasar. Y lo hace a sabiendas de que lo conoce. Por eso nos avisa acerca de lo que puede pasarnos en cuanto discípulos suyos.

Que seremos perseguidos es algo que se ha visto a lo largo de la historia del cristianismo. Y es que se cumple perfectamente eso de que no podemos ser más que el Maestro y, en cuanto a persecución, menos.

En realidad, Jesucristo sabe más que bien las, digamos, razones, de los perseguidores: no lo conocen a Él y, por tanto, tampoco conocen a Dios mismo que lo ha enviado al mundo. Y odia sin saber.


JESÚS, gracias por no ser del mundo

Eleuterio Fernández Guzmán




24 de mayo de 2019

Un nuevo Mandamiento

Jn 15, 12-17
"'12 Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. 13 Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. 14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. 15 No  Os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. 16 No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. 17 Lo que os mando es que os améis los unos a los otros'".

COMENTARIO
Pudiera parecer imposible que después de que Dios entregara a Moisés los Diez Mandamientos algo nuevo pudiera decirse a tal respecto o, lo que es lo mismo, que alguno nuevo pudiera ponerse sobre la Mesa. Dios, sin embargo, tenía una sorpresa en boca de su Hijo.
Lo que nos dice Jesucristo, en el fondo, no es nada nuevo. Y es que los Mandamientos, más que conocidos por todo el pueblo judío, tienen un destino bien claro y que tiene que todo que ver con el Amor: de Dios por su criatura humana; de la criatura humana entre sí.
Jesucristo es bien claro: hemos sido elegidos por Él. Y, por eso mismo, debemos seguir lo que llama nuevo mandamiento: el Amor, amarse unos a otros como amó a los suyos y al prójimo él mismo. Y tal es el tan importante mensaje y consejo que nos muestra el Hijo de Dios.

JESÚS, gracias por amarnos tanto.


Eleuterio Fernández Guzmán

23 de mayo de 2019

Permanecer en Jesucristo

Jn 15, 9-11

9 “’Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. 10 Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. 11 Os he dicho esto, para que mi gozo es´t en vosotros, y vuestro sea colmado.’”

COMENTARIO
Como no puede ser de otra manera, el Hijo se ve en la obligación (tal es su misión) de resaltar lo que es importante que conozcan sus hermanos los hombres, aquellos que les ha entregado el Padre para que nadie se pierda.

En muchas ocasiones se ve en la obligación, como decimos, de dar conocer que no basta, digamos, con conocer a Jesucristo sino que debemos hacer algo más: permanecer en Él.

Cuando permanecemos en el Hijo de Dios lo hacemos también en el Padre. Y esto, que es difícil de comprender para nosotros es bien sencillo de parte de Dios Todopoderoso: si aceptamos a su Hijo como enviado Suyo y hacemos lo que nos dice… entonces la Palabra de Dios permanece en nosotros y nosotros en ella.

JESÚS, gracias por no abandonarnos nunca.


Eleuterio Fernández Guzmán

22 de mayo de 2019

Vid y sarmientos

Jn 15, 1-8
"1 'Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. 2 Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. 3 Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. 4 Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. 5 Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. 6 Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. 7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. 8 La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos.'"
COMENTARIO

No podemos negar que el Hijo de Dios, en este texto del Evangelio de San Juan, quiere que entendamos el mensaje que en él se contiene. Y es que no es de poca importancia sino, al contrario, de mucha y más que mucha porque tiene que ver con nuestra vida eterna.
Sí. Cuando Jesucristo dice una y otra vez que debemos permanecer en Él no está haciendo uso del lenguaje para decir algo extraño. No. Nos está diciendo que lo tenemos que tener en cuenta en nuestra vida y, en fin, en todo lo que llevemos a cabo.
El caso es que, permaneciendo en el Hijo de Dios hacemos lo propio con Dios mismo. Por eso insiste tanto Jesucristo en decir que sí, que debemos permanecer en Él. Y, es más, quien no permanece en Él es arrojado fuera, digamos, al Infierno. Y no se trata de palabras duras, aunque lo sean, sino de la simple y estricta verdad.

JESÚS, gracias por ser la Vid.


Eleuterio Fernández Guzmán

21 de mayo de 2019

La Paz de Dios

Jn, 14, 27-31a

27 ‘Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. 28 Habéis oído que os he dicho: ‘Me voy y volveré a vosotros. Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre de más grande que yo. 29 Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. 30 Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; 31 pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado.’”

COMENTARIO

Lo que dice el Hijo de Dios en este texto del Evangelio de San Juan tiene una importancia más que destacable porque nos muestra que las cosas no son como a veces creemos que son. Y es que, en verdad, la Paz que da Jesucristo no es la del mundo sino, precisamente, la de Dios. Y la misma tiene que ver con el perdón y la misericordia y no sólo con la falta de guerras o algo por el estilo.
Es cierto que a los que lo escuchaban, entonces, no les gustaba nada la idea de que se fuera para siempre. Sin embargo, debían comprender (como quería Cristo que comprendiesen) que se iba para enviar al Espíritu Santo sabiendo, además, que el Príncipe de este mundo (Satanás) había sido enviado al mundo para que fuese dueño del mismo por un tiempo. Y, sin embargo, es más que cierto que el Maligno no tenía poder sobre el Hijo de Dios lo cual, por cierto, no se puede decir sobre el resto de la humanidad.

JESÚS, gracias por advertirnos de la presencia, entre nosotros, del Príncipe de este mundo.


Eleuterio Fernández Guzmán

19 de mayo de 2019

El rincón del hermano Rafael – “Saber esperar”- Querer, ansiar, anhelar.


“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”
Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.
Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.
Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.
             
Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

“Saber Esperar” - Querer, ansiar, anhelar

Oh, quién me diera el léxico de David, para poder expresar las maravillas del amor a la Cruz!…"(“Saber esperar”, Punto 304)

Es gran verdad que, muchas veces, por mucho que queramos expresar lo que creemos al respecto de nuestra fe y de las riquezas que la misma contiene, no sabemos a ciencia y a corazón ciertos cómo hacerlo.
Nosotros quisiéramos utilizar las palabras más bellas y las expresiones más redondas pero… somos limitados y no siempre capaces de cumplir un deseo tan grande como ése.
Al hermano Rafael le pasa algo parecido. Y, para eso, no recurre a cualquiera que pudiera, por decirlo así, inspirarlo a decir lo bueno y mejor sobre la Cruz. No. Acude, nada más y nada menos que a David, el Rey David debemos entender.
Querer ser capaz de hacer lo que, en su día, hizo aquel hombre perteneciente al pueblo escogido por Dios, el judío, al respecto de la expresión escrita u oral, no es poca cosa. Y es que escribir muchos de los Salmos que forman parte de la Sagrada Escritura es mucho y más que mucho.
Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón es tal el amor que tiene por la santísima Cruz de Cristo que no puede, ¡qué menos!, que pedir a Dios que, si es posible, tenga el don de palabra que sin duda tuvo en su día en Rey David.
Lo que le pasa al hermano Rafael es que quiere lo mejor para Dios. Pero también le pasa que ansía ser capaz de decir lo mejor sobre lo que representa, en cuanto al amor hacia los hombres, la Cruz en la que murió, a la vida terrena, el Hijo de Dios.
Ciertamente, no es poco lo que pide nuestro hermano en la fe. Pero también es cierto que no es imposible que lo pueda alcanzar porque en los muchos puntos que dan forma y sustancia a su “Saber esperar” demuestra que sí, que alcanzó el don de palabra que Dios otorgó al Rey David. Claro está que hay diferencia entre un creyente y otro pero el Todopoderoso no da los dones sin ton ni son sino, al contrario, comprendido en qué se debe basar el mismo según la persona a la que vaya dirigido y el tiempo en el que le haya tocado vivir.
El hermano Rafael sabe muy bien y más que bien lo que quiere: alabar la Cruz de Cristo. ¡Sí!, aquellos maderos en los que se dejó matar nuestro hermano Jesucristo han de ser alabados (más, claro está, Aquel que allí murió) porque son ejemplo y signo de lo que puede haber de bueno y verdad en el Amor de morir por los amigos.
San Rafael Arnáiz Barón, a sabiendas de que creía estar limitado en tal posibilidad expresa, así, con exclamación lo que, para su corazón, es en verdad exclamación de amor por Cristo y por su, tan especial, entrega en aquella Cruz.
Querer, pues, ser capaz de expresar un amor tan grande; ansiar hacerlo mejor posible y, por fin, anhelar el don de palabra. Y Dios, sin duda alguna, se lo concedió.

Eleuterio Fernández Guzmán

Amor; el Amor


Jn 13, 31-33a.34-35

“31 Cuando salió, dice Jesús: ‘Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre  y Dios ha sido glorificado en él. 32  Si Dios ha sido glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto.’ 33 ‘Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. 34 Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. 35 En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros.’”
         
COMENTARIO

Sabemos que Dios, a Moisés, le entregó los Diez Mandamientos. Y los mismos rigieron (es un decir y un suponer) la vida del pueblo elegido por el Todopoderoso a lo largo de los siglos. Pero el Hijo de Dios sabía que había que decir las cosas de forma sencilla… para que se entendiese lo que significaban aquellos Mandamientos. Y es que había quien no acababa de entender que el Todopoderoso quería algo sencillo pero, a veces, tan difícil de llevar a cabo. Y todo se resume en una palabra: amor. Amor desde el Padre hacia los hijos y amor entre los hijos porque es lo que Dios quiere de su semejanza. Y es lo que enseña Su Hijo cuando da un “Mandamiento nuevo”. Y lo da así, nuevo, porque, al parecer, no se había acabado de entender que era el amor, la caridad, lo que iba a prevalecer por toda la eternidad. Todo lo demás iba a dejar de ser algo para ser algo y dejar paso, sólo, a eso, al amor.

JESÚS, gracias por el Amor; gracias por amarnos.


Eleuterio Fernández Guzmán