11 de noviembre de 2015

Que tengamos fe

Miércoles XXXII del tiempo ordinario
Lc 17,11-19
Un día, de camino a Jerusalén, Jesús pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: ‘¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!». Al verlos, les dijo: ‘Id y presentaos a los sacerdotes’.
Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: ‘¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?’. Y le dijo: ‘Levántate y vete; tu fe te ha salvado’”.

COMENTARIO

En tiempos de Jesús había muchas enfermedades que incapacitaban socialmente. Es decir, no sólo se debía soportar el sufrimiento de estar enfermo sino que, además, las mismas suponían el apartamiento de la sociedad.

Jesús sabe que aquellos leprosos lo están pasando muy mal. Y ellos confían en Él y le llaman Maestro. Piden compasión. Saben que la única persona que les puede ayudar es Aquel que, por los caminos del mundo, va transmitiendo la Verdad.

Era, de todas formas, muy importante darse cuenta de lo que se había hecho por ellos. Agradecer a Jesús la curación era lo mínimo que se podía esperar. Pero sólo uno volvió para dar las gracias. Su fe lo había salvado.


JESÚS,  que nos salve nuestra fe; que nunca nos falte.


Eleuterio Fernández Guzmán

10 de noviembre de 2015

Saber qué somos ante Dios

Martes XXXII del tiempo ordinario

Lc 17,7-10
En aquel tiempo, el Señor dijo: ‘¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: ‘Pasa al momento y ponte a la mesa?’. ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?’. ¿Acaso tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: ‘Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer’’”.

COMENTARIO

No es nada extraño que en su tiempo Jesús se diera de bruces con personas que creían, al respecto de su fe, todo lo tenían bien encarrilado. No les cabía, por eso mismo, duda alguna acerca de su bondad, de su presunta bondad.

Jesús, sin embargo, los conoce perfectamente. Sabe que sus corazones muchas veces no acuerdan con la voluntad de Dios y que andan errados por el mundo equivocándose en muchas cosas.

Jesús también sabe que, como hijos de Dios, debemos comprender y conocer cuál es nuestra verdadera situación al respecto del Creador. Y es que todo se resume en esto: todo lo que hacemos lo debemos hacer porque Dios quiere que lo hagamos. Incluso entonces, sobre todo entonces, debemos ser conscientes que sólo hacemos lo que debemos hacer.

JESÚS, ayúdanos a cumplir con la santa Voluntad del Padre.



Eleuterio Fernández Guzmán

9 de noviembre de 2015

El celo del Amor de Dios


Jn 2,13-22

Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: ‘Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado’. Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu Casa me devorará.

Los judíos entonces le replicaron diciéndole: ‘Qué señal nos muestras para obrar así?’. Jesús les respondió: ‘Destruid este templo y en tres días lo levantaré’. Los judíos le contestaron: ‘Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?’. Pero Él hablaba del Santuario de su cuerpo. Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús.”


COMENTARIO

Estamos más que seguros que otras muchas veces había subido Jesús al Templo de Jerusalén. Por eso es de creer que había visto, otras tantas veces, a las personas que hacían negocio a costa de la religión.

A Jesús le molesta eso más que nada. No puede soportar que con el lugar sagrado que es el Templo hagan lo que están haciendo. Y no lo soporta porque sabe que lo importante no es eso que hace sino el origen de lo que hacen: han tergiversado la Ley de Dios y lo que significa la misma.

Jesús sabe que a partir de determinado momento no será necesario el Templo. De hecho, en una ocasión dirá que será destruido. Y, en efecto, lo sería en el año 70 de nuestra era. Sabía que el Templo sería el mismo y que tras su resurrección muchas cosas iban a cambiar.







JESÚS,


Eleuterio Fernández Guzmán



8 de noviembre de 2015

Dios lo sabe todo



Mc 12, 38-44

“Decía también en su instrucción: ‘Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa. Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos  echaban mucho. Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as.
Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: ‘Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro. Pues todos han echado de los que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.”

COMENTARIO

Las apariencias engañan muchas veces. Pero para Jesús, que conoce todos los corazones, nada puede esconderse ni tratar de darlo por no conocido. Por eso conoce a los que pretenden esconder lo que verdaderamente importa.

Muchos de los que eran tenidos por sabios eran, en realidad, hipócritas. Iban por el mundo como haciendo de buenos ante Dios cuando, en realidad, sus corazones eran oscuros y codiciosos. Y Jesús los descubre ante todo quien quisiera escucharlo.

Pero Jesús añade que lo que importa, al contrario de tales comportamientos, es lo que salga del corazón.  Por eso les pone como ejemplo el caso de aquella viuda que, no teniendo nada que dar, da todo lo que tiene.


JESÚS, ayúdanos a ser como aquella viuda.

Eleuterio Fernández Guzmán

7 de noviembre de 2015

Dios lo conoce todo de nosotros

 Sábado XXXI del tiempo ordinario

Lc 16,9-15
En aquel tiempo, Jesús decía a sus discípulos: ‘Yo os digo: Haceos amigos con el dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas. El que es fiel en lo mínimo, lo es también en lo mucho; y el que es injusto en lo mínimo, también lo es en lo mucho. Si, pues, no fuisteis fieles en el dinero injusto, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si no fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro? Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero’.

Estaban oyendo todas estas cosas los fariseos, que eran amigos del dinero, y se burlaban de Él. Y les dijo: ‘Vosotros sois los que os la dais de justos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que es estimable para los hombres, es abominable ante Dios’”.

COMENTARIO

Jesús dice mucho con aquello que, aparentemente, no quiere decir mucho. Pero hay quienes sí le entienden. Son los que, precisamente, más necesitan entender lo que dice el Hijo de Dios. Lo que pasa es que no les gusta nada lo que entienden.

Dice Jesús que hay que ser justo en lo poco. Lo que quiere decir es que no es fiable quien en lo pequeño no hace lo bueno. Entonces, si tal es su comportamiento no se espera que en lo importante sea bueno ni fiable.

Pero dice Jesús algo muy importante: no se puede servir a Dios y a dinero o, lo que es lo mismo, a Dios hay que darle lo que es suyo y al mundo… lo que sea suyo. Pero, sobre todo, debemos tener en cuenta que es Dios es que más importa.


JESÚS, ayúdanos a ser fieles a Dios Padre.



Eleuterio Fernández Guzmán

6 de noviembre de 2015

La astucia del mundo

Viernes XXXI del tiempo ordinario
Lc 6,1-8
En aquel tiempo, Jesús decía a sus discípulos: ‘Había un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda; le llamó y le dijo: ‘¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando’. Se dijo a sí mismo el administrador: ‘¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas’.
‘Y convocando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: ‘¿Cuánto debes a mi señor?’. Respondió: ‘Cien medidas de aceite’. Él le dijo: ‘Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta’. Después dijo a otro: ‘Tú, ¿cuánto debes?’. Contestó: ‘Cien cargas de trigo’. Dícele: ‘Toma tu recibo y escribe ochenta’.
‘El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz’”.

COMENTARIO

Resulta curioso el resultado de la acción de aquel hombre que, habiendo sido un siervo infiel, consigue que su antiguo señor alabe lo que ha hecho. Recordamos que no ha hecho nada bueno sino, en todo caso, seguir engañando a quien le había dado de comer.

Jesús nos quiere decir mucho con esto. Como siempre, trata de enseñar a los que, entonces, escuchaban aquellas palabras y a los que, con el paso de los siglos, hemos seguido escuchándolo.

En lo último está la verdad de esto: debemos tener en cuenta que el mundo es muy pillo y que siempre va a procurar engañar a los hijos de la luz. El mundo es más astuto pero los hijos de la luz sabemos que está perdido.


JESÚS, ayúdanos a no dejarnos engañar por el mundo.




Eleuterio Fernández Guzmán

5 de noviembre de 2015

¿Por qué todos necesitamos este año de la misericordia?





            






Seguramente no existe nadie con tan mal corazón que no se rebele de algún modo ante la miseria cercana o distante, ante la injusticia manifiesta en tantos aspectos y ambientes de nuestra sociedad, ante la falta de libertad de expresión para ciertos temas –ideología de género y epígonos, por ejemplo-, ante la falta de recursos sanitarios de algunas personas, ante la imposibilidad, en cualesquiera casos, de acceder al tipo de educación que deseas para tus hijos, ante la miseria moral en la que vive mucha gente, etc., etc. Pero es muy posible que, en la relación incompleta que acabo de describir, unos reaccionarán de un modo mientras que otros lo harán de manera diversa.

Esa pluralidad, en principio, no es  mala, porque no todos percibimos la problemática del mundo con idéntico sentir. Tal vez aquí emerge un aspecto de la misericordia hacia los demás escasamente contemplado. Me refiero a la grandeza de corazón –magnanimidad-, a la virtud de no resistir en nuestra torre de marfil y abrir nuestras ventanas al mundo. Eso se llama también respeto a la libertad personal de todos y cada uno, sin tratar de imponer nada a nadie. ¡Oiga! ¿Y esto lo dice usted que es sacerdote católico y tiene un Credo? Pues sí, porque la religión no puede ser impuesta a ninguno. Sin libertad, no hay fe. Y cuando eso ha sucedido a lo largo de la historia, nada se ha logrado –salvo males-, porque la intimidad de la conciencia no puede ser torcida a la fuerza por nadie. Y atento el político que ha de gobernar para todos.

Aun intentando generalizar, es muy posible que no todos poseamos similar concepto de compasión –padecer con- o misericordia: llevar en el propio corazón la miseria ajena. Suena bien, pero ¿cuántas veces hemos ejercitado esta noble virtud sin culpar a otros, sino avistando las propias culpas? Y, por supuesto, no me refiero a pecados en algo genérico, sino en eso que sucede y criticamos, en aquello que ocurre en las antípodas: ¿qué he hecho yo mal? ¿En cuantos momentos hemos hablado de lo que hay que trabajar sin haber movido un dedo por esa tarea? Justo lo contrario de lo espetado a un arzobispo que hace más por los emigrantes que todos sus verdugos. Obras son amores y no buenas razones.

Esos nuestros modos de pensar, de hablar o escribir, de trabajar…, nos facilitan la visión positiva que supone mirar a un año dedicado a la misericordia. En la Bula que lo convoca –a partir del próximo 8 de diciembre-, Francisco escribe: “Redescubramos las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir a los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y difuntos”. Después, ha sugerido algo muy práctico para los primeros siete meses de este año: hallar para cada mes de ese tiempo una obra de misericordia corporal y otra espiritual en la fijemos nuestros objetivos. Así viviremos las catorce de modo permanente.

Seguramente, esta idea del Papa puede servirnos a todos para despertar nuestra conciencia muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, de la soledad, de la incomprensión que es otro duro modo de aislamiento, como también sucede con la ignorancia o la falta de acogida al emigrante, la capacidad de perdonar  y solicitar perdón, la virtud de ser mujeres y hombres de paz, de vencer el rencor con el cariño, de salir a todas las periferias existenciales en busca de quien pueda recibir un algo de nuestra asistencia. Al fin y al cabo, todo se resume en el amor que, si es verdadero, no es excluyente, llega a todos. De modo tempestivo, el Papa cita en su Bula las conocidas palabras de Juan de la Cruz: “En el ocaso de nuestras vidas, seremos juzgados en el amor”.

Vuelvo al título de estas líneas: ¿no es cierto que a todos nos viene bien este Año de la Misericordia? Ciertamente esta virtud cordial resulta ineludible siempre, tanto dándola como siendo receptores. No obstante, será muy útil este empentón no sólo para subir el listón una temporada, sino para sostener y hacer progresar lo conseguido. Es una tarea costosa, es un trabajo de cuantos vivimos en este planeta, pero ¿no es ilusionante pensar en un mundo mejor, construido por el perdón, la comprensión y la generosidad de todos? Es cierto que la misericordia es un concepto nacido con el cristianismo pero, en la mayoría de sus aspectos, es propiedad de la humanidad. Por eso nos alcanza de muchas maneras a todos los humanos.

Una palabra para los bautizados: sería poco lógico el deseo de lograr esta virtud en alto grado sin acceder al Sacramento del Perdón, la muestra más alta de la Misericordia de Dios con el ser humano.

Pablo Cabellos Llorente


Publicado en Las Provincias

Saber convertirse

Jueves XXXI del tiempo ordinario
Lc 15,1-10

En aquel tiempo, todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: ‘Éste acoge a los pecadores y come con ellos’. 
Entonces les dijo esta parábola. ‘¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido’. Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.
‘O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido’. Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta’”.

COMENTARIO

Era cierto que había muchos que no querían saber nada con Jesús. Tenían, de su actitud, dudas que no podían disipar. Veían como atendía con mucha preferencia a los que ellos consideraban miserables y pecadores.

Jesús, sin embargo, no perdía oportunidad para enseñar lo que, de verdad, era importante para Dios, su Padre. Y la misericordia era una de las cosas que debían aprender y para siempre.

El caso es que al final de los ejemplos que pone Jesús para convencerles de lo que es importante. Dios quiere a sus hijos con Él. Y quiere que sean los pecadores, aquellos que necesitan salvación, los que sean salvados. Por eso hace Jesús lo que hace.

JESÚS, ayúdanos a convertir nuestro corazón.


Eleuterio Fernández Guzmán

4 de noviembre de 2015

Ser conscientes de seguir a Cristo

Miércoles XXXI del tiempo ordinario

Lc 14,25-33
En aquel tiempo, caminaba con Jesús mucha gente, y volviéndose les dijo: ‘Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. 

‘Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: ‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar’. O ¿qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío’”.

COMENTARIO

Entender lo que quiere decir Cristo

No podemos negar que en algunas ocasiones Jesús habla de una que, mundanamente, es muy dura. Ahora nos dice que debemos dejarlo todo para seguirle. Lo que quiere decir es que debemos dejar todo lo que nos sobra y que es mundano.

Cargar con nuestra cruz

Algo que siempre hace ver Jesús es que seguirle no es fácil. Lo que quiere decir es que todos debemos ir tras Él teniendo en cuenta cómo somos. Cargar con nuestra cruz es esencial para seguir al Hijo de  Dios.

Ser consciente de lo que supone seguir a Cristo

Jesús quiere que tengamos claro una cosa: seguirlo supone dejar muchas cosas atrás y eso debe ser tenido en cuenta. Hacer otra cosa es no darse cuenta de lo que somos y lo que supone ir tras Jesús.

JESÚS, ayúdanos a creer en Ti y a seguirte.


Eleuterio Fernández Guzmán

3 de noviembre de 2015

Querer siempre estar con Dios


Martes XXXI del tiempo ordinario

Lc 14,15-24

En aquel tiempo, dijo a Jesús uno de los que comían a la mesa: ‘¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!’. Él le respondió: ‘Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos; a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: ‘Venid, que ya está todo preparado’. Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: ‘He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses’. Y otro dijo: ‘He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses’. Otro dijo: ‘Me he casado, y por eso no puedo ir’.

‘Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, airado el dueño de la casa, dijo a su siervo: ‘Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, y ciegos y cojos’. Dijo el siervo: ‘Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio’. Dijo el señor al siervo: ‘Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa’. Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena’”.

COMENTARIO

Jesús sabe que, si bien, él propone el Reino de Dios, no todos lo van aceptar y, por tanto, muchos no van a gozar de la vida eterna. Y como lo sabe no deja de advertir. Aquí dice que será dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios. No dice que todos vayan a comer.

El Hijo de  Dios pone el ejemplo de aquel hombre que invitó a muchos a comer. Donde dice “hombre” pongamos “Dios” y sabremos a qué se refiere Jesús con esto que cuenta. A todos se propone el Reino pero no todos lo van a aceptar. Es más, habrá demasiados que se excusen de acudir a él.

Jesús lo advierte con toda claridad. Lo que dice, y que bien podemos poner en boca del Todopoderoso es bien terrible y triste: “ninguno de aquellos invitados probará mi cena”. Y es que Dios, si bien nos quiere a todos a su lado no obliga a nadie acudir a su Reino, a su definitivo Reino.


JESÚS, ayúdanos a no renunciar nunca a tu definitivo Reino.


Eleuterio Fernández Guzmán

2 de noviembre de 2015

Darse cuenta de la verdad… a tiempo

Lc 23,33.39-43

Cuando los soldados llegaron al lugar llamado Calvario, crucificaron allí a Jesús y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Uno de los malhechores colgados le insultaba: ‘¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!’. Pero el otro le respondió diciendo: ‘¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho’. Y decía: ‘Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino’. Jesús le dijo: Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso’”.


COMENTARIO

Cuando llevan a Jesús hasta aquel monte llamado Calvario todo estaba más que decidido. Sus enemigos habían conseguido su máximo anhelo que era matarle. Pero junto a Él iban, también, dos malhechores. Cada una era, sin duda, de una forma.

Uno de ellos debía creer poco en Dios. Se encara con Jesús diciéndole lo conocido por todos. No tiene confianza en que aquel hombre que está allí con ellos pueda hacer nada. Y que no pueda hacer nada siquiera a favor de él mismo.

El otro, al que se ha dado en llamar Dimas, sabe que Jesús es inocente y cree en Él. En aquel momento, el último de su vida, ha creído en el Reino de Dios. Y se lo pide a Jesús. Y el Hijo de Dios, dándose cuenta de su conversión, le libra, no sólo del Infierno sino, incluso, del Purgatorio-Purificatorio. Lo llevará, directamente, al Cielo.


JESÚS,  ayúdanos a no permanecer ciegos ante la voluntad de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

1 de noviembre de 2015

Bienaventurados




Mt 5, 1-12a

“Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: ‘Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados = los mansos =, porque = ellos poseerán en herencia la tierra.= Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos  regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos’”.

COMENTARIO

Cuando Jesús sube, aquel día o aquellos días, al monte a predicar sabe que debe transmitir, en esencia, aquel mensaje que Dios le había dicho debía transmitir aunque, seguramente, es mejor decir que Él sabía que debía transmitir por ser Dios hecho hombre.

Las palabras de Jesús no quieren dar al traste con los Mandamientos que entregara Dios a Moisés. Creer eso es no tener por bueno aquello que dijo Jesús acerca de que había venido al mundo no a derogar la Ley de Dios sino a darle total cumplimiento.

Lo que Jesús dice es que son bienaventurados aquellos, en general, que pasan por malos momentos y son capaces de sobrenaturalizarlos. Y quiere eso decir que deben mirar los mismos desde Dios y para Dios. Sólo así serán, verdaderamente, bienaventurados.


JESÚS,  ayúdanos a ser bienaventurados.



Eleuterio Fernández Guzmán

31 de octubre de 2015

Ser los últimos


Sábado XXX del tiempo ordinario
Lc 14,1.7-11

Un sábado, sucedió que, habiendo ido Jesús a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, ellos le estaban observando. Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: ‘Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú, y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: ‘Deja el sitio a éste’, y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto. Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te convidó, te diga: ‘Amigo, sube más arriba’. Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado’”.

COMENTARIO

Lo que queremos

Humanamente no es nada extraño que muchos del tiempo de Jesús quisieran los primeros puestos. Es una forma muy humana de comportarse y eso le hace ver a Jesús que tenía una oportunidad para enseñar algo muy importante.

Lo que debemos querer

Los hijos de Dios, aunque vean lo que muchos hacen, no deben comportarse como lo hacen muchos. En realidad, hay que hacer más bien lo contrario: buscar ser los últimos para ser los primeros donde verdaderamente importa: en el Cielo.

Lo que Dios quiere

Dios mira a sus hijos con misericordia. Sabe que somos débiles y que solemos caer en las tentaciones del Maligno. Una de ellas es la de sobresalir por sobre los demás. Y eso no lo puede ver bien quien prefiere para nosotros la humildad y el corazón tierno.

JESÚS,  ayúdanos a no querer ser los primeros.



Eleuterio Fernández Guzmán

30 de octubre de 2015

El verdadero sentido de la Ley de Dios

Viernes XXX del tiempo ordinario

Lc 14,1-6

Un sábado, Jesús fue a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, ellos le estaban observando. Había allí, delante de Él, un hombre hidrópico. Entonces preguntó Jesús a los legistas y a los fariseos: ‘¿Es lícito curar en sábado, o no?’. Pero ellos se callaron. Entonces le tomó, le curó, y le despidió. Y a ellos les dijo: ‘¿A quién de vosotros se le cae un hijo o un buey a un pozo en día de sábado y no lo saca al momento?’. Y no pudieron replicar a esto.

COMENTARIO

Al parecer, para el ser humano de la época de Jesús, para el judío entendido en la “Ley” de Dios, había cosas que se podían hacer en sábado y otras que no. Pero lo que parece es que algunas son demasiado de la conveniencia de quien así actúa.

Pero Jesús sabe que no es el hombre no está hecho para el sábado sino, en todo caso, el sábado está hecho para el hombre. Pero, sobre todo, se ha de tener en cuenta algo que es muy importante y que muchas veces olvidaban aquellos que le criticaban.

La misericordia no podía ser olvidada. Por eso Jesús se molesta porque haya personas que se preocupen tanto porque ha curado a una persona necesitada de curación precisamente en sábado. Sin embargo, ellos sí hacían otras cosas propias de su conveniencia.


JESÚS, ayúdanos a comprender perfectamente el sentido de la Ley de Dios.

  

Eleuterio Fernández Guzmán

29 de octubre de 2015

Ser, siempre, de Cristo

Jueves XXX del tiempo ordinario
Lc 13,31-35

En aquel tiempo, algunos fariseos se acercaron a Jesús y le dijeron: ‘Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere matarte’. Y Él les dijo: ‘Id a decir a ese zorro: ‘Yo expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y mañana, y al tercer día soy consumado. Pero conviene que hoy y mañana y pasado siga adelante, porque no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén’. 

'¡Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido! Pues bien, se os va a dejar vuestra casa. Os digo que no me volveréis a ver hasta que llegue el día en que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!’”.

COMENTARIO

Este texto del evangelio de san Lucas muestra a un Jesús triste. Y es que se entristece el Hijo de Dios porque sabe lo que están pensando muchos acerca de su predicación de aquello que lleva haciendo a lo largo de los caminos.

Jesús sabe que Herodes lo quería ver. Lo quería hacer por curiosidad pero, más que nada, porque quería terminar con aquel del que decían que era Rey. Pero Jesús no se aleja de tal persona sino que sigue con su predicación y su labor.

Pero Jesús está triste. Sabe que está llevando a cabo una misión de la que muchos huyen. Aunque haya quien le sigue también hay quien quiere acabar con su vida. Por eso les pone sobre el aviso de lo que va a pasar a lo largo de su vida y, luego, de su muerte.


JESÚS, ayúdanos a confiar siempre en Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

28 de octubre de 2015

Y los escogió




Lc 6,12-19

En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor. 


Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos.



COMENTARIO

Jesús, para continuar con la misión que tenía encomendada por Dios su Padre sabía que debía escoger a algunos de entre sus discípulos para que dieran continuación a tal labor. Y los escoge.

Jesús podía haber escogido, seguramente, a muchos de los considerados poderosos. Alguno podía ser su discípulo. Pero, sin embargo, escoge entre personas sencillas (casi todos pescadores) porque sabía que en aquella sencillez podía sembrar la semilla del Reino de Dios.

La fama de santidad de Jesús se había transmitido de boca en boca. Por eso, 
incluso en aquellos momentos primeros de su predicación había muchos que lo buscaban. Querían ser sanados de dolencias físicas pero iban a conocer algo que estaba más allá de las mismas: a Dios mismo hecho hombre.


JESÚS, ayúdanos a ser apóstoles tuyos.



Eleuterio Fernández Guzmán

27 de octubre de 2015

Pequeños granos de mostaza y algo de levadura


Martes XXX del tiempo Ordinario

Lc 13,18-21

En aquel tiempo, Jesús decía: ‘¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció hasta hacerse árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas’. Dijo también: ‘¿A qué compararé el Reino de Dios? Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo’”.

COMENTARIO

A Jesús le gusta mucho hablar del Reino de  Dios, hablar de Dios mismo. Le gusta porque es su Padre y porque quiere que todo ser humano alcance las praderas del definitivo Reino de Dios.

La fe no es algo físicamente grande. En realidad es como la pequeña semilla a la que hace referencia Jesús. Es muy pequeña porque cuando entra en el corazón del hombre apenas puede llegar a contar. Sin embargo, con un trato bueno de la fe puede llegar a crecer tanto que se salga del corazón del hombre y llegue a su prójimo.

Pero también la fe es como la levadura. La misma es un pequeño polvo, casi nada. Sin embargo, cuando entra en contacto con la harina llega a ser mucho. Y así llega a ser la fe de quien es discípulo de Cristo: en contacto con el prójimo puede llegar a ser mucho.


JESÚS, ayúdanos a ser semilla y levadura en el corazón del prójimo.



Eleuterio Fernández Guzmán

26 de octubre de 2015

Lo es la misecordia

Lunes XXX del tiempo ordinario

Lc 13,10-17

En aquel tiempo, estaba Jesús un sábado enseñando en una sinagoga, y había una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo alguno enderezarse. Al verla Jesús, la llamó y le dijo: ‘Mujer, quedas libre de tu enfermedad’. Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó, y glorificaba a Dios. 

Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, decía a la gente: ‘Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos días a curaros, y no en día de sábado’. Le replicó el Señor: ‘¡Hipócritas! ¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar? Y a ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?’. Y cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban confundidos, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía.”

COMENTARIO

Los que perseguían a Jesús buscaban ocasiones para ponerlo a los pies de los caballos. Por eso cuando aquella mujer puede verse curada por el Hijo de Dios lo único que les preocupa es si la cura en sábado.

Aquella mujer estaba muy necesitada de ayuda. No podía erguirse y eso, lógicamente, le produciría graves consecuencias físicas y, también, materiales a la hora, por ejemplo, de ejercer alguna profesión.

A Jesús le debió molestar la actitud de los que no entendían lo importante que es la misericordia de Dios. Es más, no podía entender cómo era posible que aquellas personas que hacían cosas en sábado no eran capaces de entender que las necesidades aquellas eran más que importantes y se debía prestar la atención adecuada.

JESÚS,  ayúdanos a tener en cuenta las necesidades ajenas.


Eleuterio Fernández Guzmán

25 de octubre de 2015

Debemos querer ver



Mc 10, 46-52

“Llegan a Jericó. Y cuando salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: ‘¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!’ Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: ‘¡Hijo de David, ten compasión de mí!’ Jesús se detuvo y dijo: ‘Llamadle.’ Llaman al ciego, diciéndole: ‘¡Animo, levántate! Te llama.’ Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús. Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: ‘¿Qué quieres que te haga?’ El ciego le dijo: ‘Rabbuní, ¡que vea!’ Jesús le dijo: ‘Vete, tu fe te ha salvado.’ Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.”

COMENTARIO

Había muchos que conocían lo que habían hecho Jesús a lo largo del tiempo en el que había enseñado. Por eso Timeo, ciego de Jericó, le pide que le ayude. Y lo hace a gritos porque sabe que es la única persona que puede hacerlo.

Timeo creía en Jesús. Por eso no cesa de llamarlo. Muchos, a su alrededor, le dicen que se calle porque creían que iba a molestar al Maestro. Sin embargo, al parecer, no conocían aquello de la misericordia de Dios y que no se para ante nada.

Timeo le pide ver. Y Jesús, que sabe que tiene fe y que cree en Él, lo cura. No extraña que una persona que no había podido ver, seguramente, en toda su vida, ante aquel hecho maravilloso y prodigioso, siguiera a su benefactor. Era puro agradecimiento por haber sido un bien nacido.


JESÚS,  ayúdanos a ver.



Eleuterio Fernández Guzmán