5 de noviembre de 2015

¿Por qué todos necesitamos este año de la misericordia?





            






Seguramente no existe nadie con tan mal corazón que no se rebele de algún modo ante la miseria cercana o distante, ante la injusticia manifiesta en tantos aspectos y ambientes de nuestra sociedad, ante la falta de libertad de expresión para ciertos temas –ideología de género y epígonos, por ejemplo-, ante la falta de recursos sanitarios de algunas personas, ante la imposibilidad, en cualesquiera casos, de acceder al tipo de educación que deseas para tus hijos, ante la miseria moral en la que vive mucha gente, etc., etc. Pero es muy posible que, en la relación incompleta que acabo de describir, unos reaccionarán de un modo mientras que otros lo harán de manera diversa.

Esa pluralidad, en principio, no es  mala, porque no todos percibimos la problemática del mundo con idéntico sentir. Tal vez aquí emerge un aspecto de la misericordia hacia los demás escasamente contemplado. Me refiero a la grandeza de corazón –magnanimidad-, a la virtud de no resistir en nuestra torre de marfil y abrir nuestras ventanas al mundo. Eso se llama también respeto a la libertad personal de todos y cada uno, sin tratar de imponer nada a nadie. ¡Oiga! ¿Y esto lo dice usted que es sacerdote católico y tiene un Credo? Pues sí, porque la religión no puede ser impuesta a ninguno. Sin libertad, no hay fe. Y cuando eso ha sucedido a lo largo de la historia, nada se ha logrado –salvo males-, porque la intimidad de la conciencia no puede ser torcida a la fuerza por nadie. Y atento el político que ha de gobernar para todos.

Aun intentando generalizar, es muy posible que no todos poseamos similar concepto de compasión –padecer con- o misericordia: llevar en el propio corazón la miseria ajena. Suena bien, pero ¿cuántas veces hemos ejercitado esta noble virtud sin culpar a otros, sino avistando las propias culpas? Y, por supuesto, no me refiero a pecados en algo genérico, sino en eso que sucede y criticamos, en aquello que ocurre en las antípodas: ¿qué he hecho yo mal? ¿En cuantos momentos hemos hablado de lo que hay que trabajar sin haber movido un dedo por esa tarea? Justo lo contrario de lo espetado a un arzobispo que hace más por los emigrantes que todos sus verdugos. Obras son amores y no buenas razones.

Esos nuestros modos de pensar, de hablar o escribir, de trabajar…, nos facilitan la visión positiva que supone mirar a un año dedicado a la misericordia. En la Bula que lo convoca –a partir del próximo 8 de diciembre-, Francisco escribe: “Redescubramos las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir a los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y difuntos”. Después, ha sugerido algo muy práctico para los primeros siete meses de este año: hallar para cada mes de ese tiempo una obra de misericordia corporal y otra espiritual en la fijemos nuestros objetivos. Así viviremos las catorce de modo permanente.

Seguramente, esta idea del Papa puede servirnos a todos para despertar nuestra conciencia muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, de la soledad, de la incomprensión que es otro duro modo de aislamiento, como también sucede con la ignorancia o la falta de acogida al emigrante, la capacidad de perdonar  y solicitar perdón, la virtud de ser mujeres y hombres de paz, de vencer el rencor con el cariño, de salir a todas las periferias existenciales en busca de quien pueda recibir un algo de nuestra asistencia. Al fin y al cabo, todo se resume en el amor que, si es verdadero, no es excluyente, llega a todos. De modo tempestivo, el Papa cita en su Bula las conocidas palabras de Juan de la Cruz: “En el ocaso de nuestras vidas, seremos juzgados en el amor”.

Vuelvo al título de estas líneas: ¿no es cierto que a todos nos viene bien este Año de la Misericordia? Ciertamente esta virtud cordial resulta ineludible siempre, tanto dándola como siendo receptores. No obstante, será muy útil este empentón no sólo para subir el listón una temporada, sino para sostener y hacer progresar lo conseguido. Es una tarea costosa, es un trabajo de cuantos vivimos en este planeta, pero ¿no es ilusionante pensar en un mundo mejor, construido por el perdón, la comprensión y la generosidad de todos? Es cierto que la misericordia es un concepto nacido con el cristianismo pero, en la mayoría de sus aspectos, es propiedad de la humanidad. Por eso nos alcanza de muchas maneras a todos los humanos.

Una palabra para los bautizados: sería poco lógico el deseo de lograr esta virtud en alto grado sin acceder al Sacramento del Perdón, la muestra más alta de la Misericordia de Dios con el ser humano.

Pablo Cabellos Llorente


Publicado en Las Provincias

Saber convertirse

Jueves XXXI del tiempo ordinario
Lc 15,1-10

En aquel tiempo, todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: ‘Éste acoge a los pecadores y come con ellos’. 
Entonces les dijo esta parábola. ‘¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido’. Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.
‘O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido’. Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta’”.

COMENTARIO

Era cierto que había muchos que no querían saber nada con Jesús. Tenían, de su actitud, dudas que no podían disipar. Veían como atendía con mucha preferencia a los que ellos consideraban miserables y pecadores.

Jesús, sin embargo, no perdía oportunidad para enseñar lo que, de verdad, era importante para Dios, su Padre. Y la misericordia era una de las cosas que debían aprender y para siempre.

El caso es que al final de los ejemplos que pone Jesús para convencerles de lo que es importante. Dios quiere a sus hijos con Él. Y quiere que sean los pecadores, aquellos que necesitan salvación, los que sean salvados. Por eso hace Jesús lo que hace.

JESÚS, ayúdanos a convertir nuestro corazón.


Eleuterio Fernández Guzmán

4 de noviembre de 2015

Ser conscientes de seguir a Cristo

Miércoles XXXI del tiempo ordinario

Lc 14,25-33
En aquel tiempo, caminaba con Jesús mucha gente, y volviéndose les dijo: ‘Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. 

‘Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: ‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar’. O ¿qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío’”.

COMENTARIO

Entender lo que quiere decir Cristo

No podemos negar que en algunas ocasiones Jesús habla de una que, mundanamente, es muy dura. Ahora nos dice que debemos dejarlo todo para seguirle. Lo que quiere decir es que debemos dejar todo lo que nos sobra y que es mundano.

Cargar con nuestra cruz

Algo que siempre hace ver Jesús es que seguirle no es fácil. Lo que quiere decir es que todos debemos ir tras Él teniendo en cuenta cómo somos. Cargar con nuestra cruz es esencial para seguir al Hijo de  Dios.

Ser consciente de lo que supone seguir a Cristo

Jesús quiere que tengamos claro una cosa: seguirlo supone dejar muchas cosas atrás y eso debe ser tenido en cuenta. Hacer otra cosa es no darse cuenta de lo que somos y lo que supone ir tras Jesús.

JESÚS, ayúdanos a creer en Ti y a seguirte.


Eleuterio Fernández Guzmán

3 de noviembre de 2015

Querer siempre estar con Dios


Martes XXXI del tiempo ordinario

Lc 14,15-24

En aquel tiempo, dijo a Jesús uno de los que comían a la mesa: ‘¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!’. Él le respondió: ‘Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos; a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: ‘Venid, que ya está todo preparado’. Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: ‘He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses’. Y otro dijo: ‘He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses’. Otro dijo: ‘Me he casado, y por eso no puedo ir’.

‘Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, airado el dueño de la casa, dijo a su siervo: ‘Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, y ciegos y cojos’. Dijo el siervo: ‘Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio’. Dijo el señor al siervo: ‘Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa’. Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena’”.

COMENTARIO

Jesús sabe que, si bien, él propone el Reino de Dios, no todos lo van aceptar y, por tanto, muchos no van a gozar de la vida eterna. Y como lo sabe no deja de advertir. Aquí dice que será dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios. No dice que todos vayan a comer.

El Hijo de  Dios pone el ejemplo de aquel hombre que invitó a muchos a comer. Donde dice “hombre” pongamos “Dios” y sabremos a qué se refiere Jesús con esto que cuenta. A todos se propone el Reino pero no todos lo van a aceptar. Es más, habrá demasiados que se excusen de acudir a él.

Jesús lo advierte con toda claridad. Lo que dice, y que bien podemos poner en boca del Todopoderoso es bien terrible y triste: “ninguno de aquellos invitados probará mi cena”. Y es que Dios, si bien nos quiere a todos a su lado no obliga a nadie acudir a su Reino, a su definitivo Reino.


JESÚS, ayúdanos a no renunciar nunca a tu definitivo Reino.


Eleuterio Fernández Guzmán

2 de noviembre de 2015

Darse cuenta de la verdad… a tiempo

Lc 23,33.39-43

Cuando los soldados llegaron al lugar llamado Calvario, crucificaron allí a Jesús y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Uno de los malhechores colgados le insultaba: ‘¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!’. Pero el otro le respondió diciendo: ‘¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho’. Y decía: ‘Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino’. Jesús le dijo: Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso’”.


COMENTARIO

Cuando llevan a Jesús hasta aquel monte llamado Calvario todo estaba más que decidido. Sus enemigos habían conseguido su máximo anhelo que era matarle. Pero junto a Él iban, también, dos malhechores. Cada una era, sin duda, de una forma.

Uno de ellos debía creer poco en Dios. Se encara con Jesús diciéndole lo conocido por todos. No tiene confianza en que aquel hombre que está allí con ellos pueda hacer nada. Y que no pueda hacer nada siquiera a favor de él mismo.

El otro, al que se ha dado en llamar Dimas, sabe que Jesús es inocente y cree en Él. En aquel momento, el último de su vida, ha creído en el Reino de Dios. Y se lo pide a Jesús. Y el Hijo de Dios, dándose cuenta de su conversión, le libra, no sólo del Infierno sino, incluso, del Purgatorio-Purificatorio. Lo llevará, directamente, al Cielo.


JESÚS,  ayúdanos a no permanecer ciegos ante la voluntad de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

1 de noviembre de 2015

Bienaventurados




Mt 5, 1-12a

“Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: ‘Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados = los mansos =, porque = ellos poseerán en herencia la tierra.= Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos  regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos’”.

COMENTARIO

Cuando Jesús sube, aquel día o aquellos días, al monte a predicar sabe que debe transmitir, en esencia, aquel mensaje que Dios le había dicho debía transmitir aunque, seguramente, es mejor decir que Él sabía que debía transmitir por ser Dios hecho hombre.

Las palabras de Jesús no quieren dar al traste con los Mandamientos que entregara Dios a Moisés. Creer eso es no tener por bueno aquello que dijo Jesús acerca de que había venido al mundo no a derogar la Ley de Dios sino a darle total cumplimiento.

Lo que Jesús dice es que son bienaventurados aquellos, en general, que pasan por malos momentos y son capaces de sobrenaturalizarlos. Y quiere eso decir que deben mirar los mismos desde Dios y para Dios. Sólo así serán, verdaderamente, bienaventurados.


JESÚS,  ayúdanos a ser bienaventurados.



Eleuterio Fernández Guzmán

31 de octubre de 2015

Ser los últimos


Sábado XXX del tiempo ordinario
Lc 14,1.7-11

Un sábado, sucedió que, habiendo ido Jesús a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, ellos le estaban observando. Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: ‘Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú, y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: ‘Deja el sitio a éste’, y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto. Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te convidó, te diga: ‘Amigo, sube más arriba’. Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado’”.

COMENTARIO

Lo que queremos

Humanamente no es nada extraño que muchos del tiempo de Jesús quisieran los primeros puestos. Es una forma muy humana de comportarse y eso le hace ver a Jesús que tenía una oportunidad para enseñar algo muy importante.

Lo que debemos querer

Los hijos de Dios, aunque vean lo que muchos hacen, no deben comportarse como lo hacen muchos. En realidad, hay que hacer más bien lo contrario: buscar ser los últimos para ser los primeros donde verdaderamente importa: en el Cielo.

Lo que Dios quiere

Dios mira a sus hijos con misericordia. Sabe que somos débiles y que solemos caer en las tentaciones del Maligno. Una de ellas es la de sobresalir por sobre los demás. Y eso no lo puede ver bien quien prefiere para nosotros la humildad y el corazón tierno.

JESÚS,  ayúdanos a no querer ser los primeros.



Eleuterio Fernández Guzmán

30 de octubre de 2015

El verdadero sentido de la Ley de Dios

Viernes XXX del tiempo ordinario

Lc 14,1-6

Un sábado, Jesús fue a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, ellos le estaban observando. Había allí, delante de Él, un hombre hidrópico. Entonces preguntó Jesús a los legistas y a los fariseos: ‘¿Es lícito curar en sábado, o no?’. Pero ellos se callaron. Entonces le tomó, le curó, y le despidió. Y a ellos les dijo: ‘¿A quién de vosotros se le cae un hijo o un buey a un pozo en día de sábado y no lo saca al momento?’. Y no pudieron replicar a esto.

COMENTARIO

Al parecer, para el ser humano de la época de Jesús, para el judío entendido en la “Ley” de Dios, había cosas que se podían hacer en sábado y otras que no. Pero lo que parece es que algunas son demasiado de la conveniencia de quien así actúa.

Pero Jesús sabe que no es el hombre no está hecho para el sábado sino, en todo caso, el sábado está hecho para el hombre. Pero, sobre todo, se ha de tener en cuenta algo que es muy importante y que muchas veces olvidaban aquellos que le criticaban.

La misericordia no podía ser olvidada. Por eso Jesús se molesta porque haya personas que se preocupen tanto porque ha curado a una persona necesitada de curación precisamente en sábado. Sin embargo, ellos sí hacían otras cosas propias de su conveniencia.


JESÚS, ayúdanos a comprender perfectamente el sentido de la Ley de Dios.

  

Eleuterio Fernández Guzmán

29 de octubre de 2015

Ser, siempre, de Cristo

Jueves XXX del tiempo ordinario
Lc 13,31-35

En aquel tiempo, algunos fariseos se acercaron a Jesús y le dijeron: ‘Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere matarte’. Y Él les dijo: ‘Id a decir a ese zorro: ‘Yo expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y mañana, y al tercer día soy consumado. Pero conviene que hoy y mañana y pasado siga adelante, porque no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén’. 

'¡Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido! Pues bien, se os va a dejar vuestra casa. Os digo que no me volveréis a ver hasta que llegue el día en que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!’”.

COMENTARIO

Este texto del evangelio de san Lucas muestra a un Jesús triste. Y es que se entristece el Hijo de Dios porque sabe lo que están pensando muchos acerca de su predicación de aquello que lleva haciendo a lo largo de los caminos.

Jesús sabe que Herodes lo quería ver. Lo quería hacer por curiosidad pero, más que nada, porque quería terminar con aquel del que decían que era Rey. Pero Jesús no se aleja de tal persona sino que sigue con su predicación y su labor.

Pero Jesús está triste. Sabe que está llevando a cabo una misión de la que muchos huyen. Aunque haya quien le sigue también hay quien quiere acabar con su vida. Por eso les pone sobre el aviso de lo que va a pasar a lo largo de su vida y, luego, de su muerte.


JESÚS, ayúdanos a confiar siempre en Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

28 de octubre de 2015

Y los escogió




Lc 6,12-19

En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor. 


Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos.



COMENTARIO

Jesús, para continuar con la misión que tenía encomendada por Dios su Padre sabía que debía escoger a algunos de entre sus discípulos para que dieran continuación a tal labor. Y los escoge.

Jesús podía haber escogido, seguramente, a muchos de los considerados poderosos. Alguno podía ser su discípulo. Pero, sin embargo, escoge entre personas sencillas (casi todos pescadores) porque sabía que en aquella sencillez podía sembrar la semilla del Reino de Dios.

La fama de santidad de Jesús se había transmitido de boca en boca. Por eso, 
incluso en aquellos momentos primeros de su predicación había muchos que lo buscaban. Querían ser sanados de dolencias físicas pero iban a conocer algo que estaba más allá de las mismas: a Dios mismo hecho hombre.


JESÚS, ayúdanos a ser apóstoles tuyos.



Eleuterio Fernández Guzmán

27 de octubre de 2015

Pequeños granos de mostaza y algo de levadura


Martes XXX del tiempo Ordinario

Lc 13,18-21

En aquel tiempo, Jesús decía: ‘¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció hasta hacerse árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas’. Dijo también: ‘¿A qué compararé el Reino de Dios? Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo’”.

COMENTARIO

A Jesús le gusta mucho hablar del Reino de  Dios, hablar de Dios mismo. Le gusta porque es su Padre y porque quiere que todo ser humano alcance las praderas del definitivo Reino de Dios.

La fe no es algo físicamente grande. En realidad es como la pequeña semilla a la que hace referencia Jesús. Es muy pequeña porque cuando entra en el corazón del hombre apenas puede llegar a contar. Sin embargo, con un trato bueno de la fe puede llegar a crecer tanto que se salga del corazón del hombre y llegue a su prójimo.

Pero también la fe es como la levadura. La misma es un pequeño polvo, casi nada. Sin embargo, cuando entra en contacto con la harina llega a ser mucho. Y así llega a ser la fe de quien es discípulo de Cristo: en contacto con el prójimo puede llegar a ser mucho.


JESÚS, ayúdanos a ser semilla y levadura en el corazón del prójimo.



Eleuterio Fernández Guzmán

26 de octubre de 2015

Lo es la misecordia

Lunes XXX del tiempo ordinario

Lc 13,10-17

En aquel tiempo, estaba Jesús un sábado enseñando en una sinagoga, y había una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo alguno enderezarse. Al verla Jesús, la llamó y le dijo: ‘Mujer, quedas libre de tu enfermedad’. Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó, y glorificaba a Dios. 

Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, decía a la gente: ‘Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos días a curaros, y no en día de sábado’. Le replicó el Señor: ‘¡Hipócritas! ¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar? Y a ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?’. Y cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban confundidos, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía.”

COMENTARIO

Los que perseguían a Jesús buscaban ocasiones para ponerlo a los pies de los caballos. Por eso cuando aquella mujer puede verse curada por el Hijo de Dios lo único que les preocupa es si la cura en sábado.

Aquella mujer estaba muy necesitada de ayuda. No podía erguirse y eso, lógicamente, le produciría graves consecuencias físicas y, también, materiales a la hora, por ejemplo, de ejercer alguna profesión.

A Jesús le debió molestar la actitud de los que no entendían lo importante que es la misericordia de Dios. Es más, no podía entender cómo era posible que aquellas personas que hacían cosas en sábado no eran capaces de entender que las necesidades aquellas eran más que importantes y se debía prestar la atención adecuada.

JESÚS,  ayúdanos a tener en cuenta las necesidades ajenas.


Eleuterio Fernández Guzmán

25 de octubre de 2015

Debemos querer ver



Mc 10, 46-52

“Llegan a Jericó. Y cuando salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: ‘¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!’ Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: ‘¡Hijo de David, ten compasión de mí!’ Jesús se detuvo y dijo: ‘Llamadle.’ Llaman al ciego, diciéndole: ‘¡Animo, levántate! Te llama.’ Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús. Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: ‘¿Qué quieres que te haga?’ El ciego le dijo: ‘Rabbuní, ¡que vea!’ Jesús le dijo: ‘Vete, tu fe te ha salvado.’ Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.”

COMENTARIO

Había muchos que conocían lo que habían hecho Jesús a lo largo del tiempo en el que había enseñado. Por eso Timeo, ciego de Jericó, le pide que le ayude. Y lo hace a gritos porque sabe que es la única persona que puede hacerlo.

Timeo creía en Jesús. Por eso no cesa de llamarlo. Muchos, a su alrededor, le dicen que se calle porque creían que iba a molestar al Maestro. Sin embargo, al parecer, no conocían aquello de la misericordia de Dios y que no se para ante nada.

Timeo le pide ver. Y Jesús, que sabe que tiene fe y que cree en Él, lo cura. No extraña que una persona que no había podido ver, seguramente, en toda su vida, ante aquel hecho maravilloso y prodigioso, siguiera a su benefactor. Era puro agradecimiento por haber sido un bien nacido.


JESÚS,  ayúdanos a ver.



Eleuterio Fernández Guzmán

24 de octubre de 2015

Perseverantes en la fe

Sábado XXIX del tiempo ordinario

Lc 13,1-9

En aquel tiempo, llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: ‘¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.

Les dijo esta parábola: ‘Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?’. Pero él le respondió: ‘Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas’”.

COMENTARIO

En tiempos de Jesús el pueblo elegido tenía una concepción equivocada de la desgracia humana. Creía que las desgracias, fueran las que fueran, tenían que ver con el estado espiritual del hombre. Pero Jesús sabía que eso no era así.

Lo que dice Cristo es que debemos cambiar el corazón. Sólo siendo capaces de cambiar el corazón seremos capaces de conocer la verdadera voluntad de Dios y evitaremos interpretaciones tan equivocadas de la misma.

Debemos, de todas formas, tener paciencia. El caso es que sólo quien la tiene es capaz, perseverando, de alcanzar el Amor de Dios Padre Todopoderoso. Y es que no se puede pretender hacerlo siendo poco constante en la oración.


JESÚS,  ayúdanos a ser perseverantes de la fe.


Eleuterio Fernández Guzmán

23 de octubre de 2015

Nos conviene estar preparados

Viernes XXIX del tiempo ordinario

Lc 12,54-59

En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: Cuando veis una nube que se levanta en el occidente, al momento decís: ‘Va a llover’, y así sucede. Y cuando sopla el sur, decís: ‘Viene bochorno’, y así sucede. ¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? ¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo’”.

COMENTARIO

Cuando Jesús habla lo hace para personas que, siendo religiosas, les supone un conocimiento, al menos, elemental de las Escrituras Santas que entonces tenía el pueblo judío.

Por desgracia, parece que no todos están al cabo de la calle ni de lo que está pasando en tal momento ni, sobre todo, de lo que tiene que pasar según estaba escrito. Y Jesús procura abrirles los ojos.

Cuando llegue el tiempo de ser llamado ante Dios debían estar preparados. Y Jesús lo dice con toda claridad: el juez, Dios mismo, puede enviarte a las tinieblas si antes no has arreglado tus “desarreglos” espirituales.


JESÚS,  ayúdanos a estar preparados cuando seamos llamados por el Padre.



Eleuterio Fernández Guzmán

22 de octubre de 2015

Estar del lado de Cristo

Jueves XXIX del tiempo ordinario

Lc 12,49-53

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra’”.

COMENTARIO

Lo que había venido a hacer Jesucristo al mundo era algo que no todo el mundo iba a comprender. Es más, había muchos a los que no les convenía comprenderlo porque supondría tener que cambiar demasiado.

En realidad, Dios había enviado a su Hijo a que incendiara el mundo. Eso, exactamente, quería decir que había mucho que debía ser quemado para ser purificado: las intenciones, acusaciones, odios… Por eso la labor de Jesús fue tan dura: debía hacer mucho en poco tiempo.

Lo que dice Jesús es verdaderamente terrible. Y es que dentro de las propias familias también iba a haber división. Y eso no es nada de extrañar porque unos estarían a su favor, seguirían sus indicaciones y otros lo estarían en contra.


JESÚS, ayúdanos a estar siempre a tu lado y de tu parte.



Eleuterio Fernández Guzmán

21 de octubre de 2015

Estar preparados

Miércoles XXIX del tiempo ordinario

Lc 12,39-48
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre’. 
Dijo Pedro: ‘Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?’. Respondió el Señor: ‘¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si aquel siervo se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda en venir’, y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles. 

‘Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más’.


COMENTARIO

Jesús sigue dando a entender qué es lo que debemos hacer al respecto de nuestra salvación eterna. Y debemos estar preparados porque no sabemos cuándo seremos llamados por Dios Padre.

Podemos optar por dos formas de actuar: no estar preparados para cuando seamos llamados. Eso querrá decir, sobre todo, que no habremos llevado una vida acorde con la voluntad de Dios porque es la única manera de comportarse.

Pero podemos optar por seguir la voluntad de Dios. Tendremos, entonces el corazón tierno y echaremos una mano allí donde sea necesaria ser echada. Dios, entonces, verá que somos fieles hijos suyos y nos dará un regalo grande: la vida eterna.


JESÚS, ayúdanos a llevar una vida acorde con tu voluntad.



Eleuterio Fernández Guzmán

20 de octubre de 2015

Cuando Cristo vuelva debemos estar preparados

Martes XXIX del tiempo ordinario

Lc 12,35-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!’”.


COMENTARIO

A lo largo del tiempo que estuvo predicando el Hijo de Dios sabía que había algo que debía transmitir y que debía enseñar: era importante saber que el destino del ser humano tiene todo que ver con la vida eterna.

Jesús pone un ejemplo sencillo. Quien sirve a alguien ha de estar preparado para cuando su señor vuelva a casa. Si lo está no será él quien sirva sino que el propio señor, dándose cuenta la voluntad de su siervo, quien le sirva.

Eso quiere Jesús que hagamos al respecto de nuestra vida espiritual y, así, material. Y es que quiere que estemos preparados para cuando vuelva en su Parusía. No sabemos cuándo ha de ser y, por eso mismo, siempre debemos estar alerta ante las asechanzas del Enemigo.


JESÚS, ayúdanos a estar preparados para cuando vuelvas.



Eleuterio Fernández Guzmán

19 de octubre de 2015

Lo que verdaderamente importa

Lunes XXIX del tiempo ordinario

Lc 12,13-21

En aquel tiempo, uno de la gente le dijo: ‘Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo’. Él le respondió: ‘¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?’. Y les dijo: ‘Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes’.
Les dijo una parábola: ‘Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: ‘¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?’. Y dijo: ‘Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea’. Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?’. Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios’”.


COMENTARIO

La codicia humana es un grave pecado. No lo es porque suponga que una persona tenga más bienes que otra (lo cual es natural que así sea en muchas circunstancias) sino por lo que supone de desviación de la voluntad de Dios de ser misericordioso.

Jesús les dice una parábola. Como muchas otras veces encierra, lleva implícita, una lección que debería ser aprendida por todo aquel que quiera alcanzar la vida eterna.

Aquel hombre no era pecador por querer tener más. Si era producto de su trabajo no era extraño que así fuese. Lo era porque quería, en primer lugar, controlar su vida no siendo suya; en segundo lugar porque quería, una vez acaparados los bienes gozar y no tener en cuenta a los necesitados.



JESÚS,  ayúdanos a tener en cuenta la verdad de Dios. 


Eleuterio Fernández Guzmán

18 de octubre de 2015

Servir es la clave de la vida eterna


Mc 10, 35-45

“Se acercan a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: ‘Maestro, queremos, nos concedas lo que te pidamos.’ El les dijo: ¿Qué queréis que os conceda?’ Ellos le respondieron: ‘Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.’ Jesús les dijo: ‘No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?’ Ellos le dijeron: ‘Sí, podemos.’ Jesús les dijo: ‘La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo conque yo voy a ser bautizado; pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado.’ Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. Jesús, llamándoles, les dice: ‘Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores  absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.’”


COMENTARIO

No era raro que aquellos que seguían a Jesús más de cerca quisieran, humanamente, obtener más de aquel seguimiento. Y los Zebedeos no eran una excepción. Ellos quieren lo mejor y así se lo dicen a Jesús. No tienen duda alguna.

Jesús, sin embargo, sabe que ellos van a sufrir no tanto como sufrirá él mismo pero también beberán el cáliz como el suyo. Pero hay algo que ni siquiera el Hijo de Dios puede determinar: dónde estará cada uno de ellos en el Cielo. Eso es cosa del Padre y así se lo hace saber.

Y ahora la clave de la vida eterna: servicio. Jesús les dice, nos dice, que han de servir al prójimo, ser el último de entre ellos. Y eso, siendo muy difícil de llevar a cabo es lo que Jesús quiere hacerles ver que es lo esencial. Darse al prójimo por y con amor es la clave de todo el futuro nuestro, más allá de este mundo.


JESÚS, ayúdanos a ser servidores de nuestro prójimo.


Eleuterio Fernández Guzmán