25 de mayo de 2019

Serie El rincón del hermano Rafael – Encontrar un tesoro así










“Yo no sé rezar, no sé lo que es ser bueno…, no tengo espíritu religioso, pues estoy lleno de mundo… Sólo sé una cosa, una cosa que llena mi alma de alegría, a pesar de verme tan pobre en virtudes y tan rico en miserias…, sólo sé que tengo un tesoro que por nada ni por nadie cambiaría…, ¡mi cruz…, la Cruz de Jesús! …, esa Cruz que es mi único descanso…, ¡cómo explicarlo!… Quien esto no haya sentido, ni remotamente podrá sospechar lo que es.” (“Saber esperar”, punto 306)

Palabras como éstas dicen mucho de quien las dice:

mundo,
rezar sin saber,
alegría,
virtudes que no se tienen,
miserias que sí se tienen,
y, por fin:
Cruz de Cristo.

El hermano Rafael, que se conoce muy bien a sí mismo y, lo debemos decir, también conoce muy bien a sus hermanos los hombres, sabe a ciencia y corazón ciertos la verdad de lo que pasa por su alma.
Por una parte, sabe que es un hombre de mundo. Y no entendamos esto como que está en el mismo y sigue todo lo que sigue el mismo. No. Quiere decir que es mundano. Y lo dice en desdoro de sí mismo porque eso supone que su mundanidad lo aleja de Dios.
¡Eso lo dice quien, entonces, en su propio tiempo, tenía fama de santidad! ¡Podemos imaginar lo que podemos decir nosotros mismos de nuestra vida!
Pero, por otra parte, sabe a qué atenerse. Es algo más que conocido pero que, en demasiadas ocasiones, tenemos por realidad espiritual de poca importancia cuando es lo más importante que tenemos los discípulos de Cristo: la Cruz, Su Cruz.
En la Cruz se apoya San Rafael Arnáiz Barón porque reconoce en ella mucho más que un símbolo. Y es que en la Cruz de su hermano, Hijo de Dios y Dios mismo hecho hombre, el consuelo, en ella encuentra. Y es en ella donde puede llorar, ante ella, porque sabe que sus lágrimas son de verdad y no fingen nada que no pase por su corazón.
El hermano Rafael dice que no sabe ser bueno. Sin embargo, algo debe ser cuando se centra en la Cruz de Cristo para ser mejor. Con ella, por tanto, nada malo se aprende y sí todo lo bueno se recibe de parte de Dios. Y San Rafael Arnáiz Barón, que mucho ansiaba su propia salvación eterna, sabía que la Cruz era, por eso mismo, el camino más directo hacia el Cielo, hacia el definitivo Reino de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

Un honor ser odiados por Cristo



Jn 15, 18-21
"18 'Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. 19 Su fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. 20 Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán. 21 Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.'"

COMENTARIO

El Hijo de Dios, como es Dios mismo hecho hombre, todo lo sabe en cuanto que es Dios. Por eso habla de aquello que ha de pasar. Y lo hace a sabiendas de que lo conoce. Por eso nos avisa acerca de lo que puede pasarnos en cuanto discípulos suyos.

Que seremos perseguidos es algo que se ha visto a lo largo de la historia del cristianismo. Y es que se cumple perfectamente eso de que no podemos ser más que el Maestro y, en cuanto a persecución, menos.

En realidad, Jesucristo sabe más que bien las, digamos, razones, de los perseguidores: no lo conocen a Él y, por tanto, tampoco conocen a Dios mismo que lo ha enviado al mundo. Y odia sin saber.


JESÚS, gracias por no ser del mundo

Eleuterio Fernández Guzmán




24 de mayo de 2019

Un nuevo Mandamiento

Jn 15, 12-17
"'12 Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. 13 Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. 14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. 15 No  Os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. 16 No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. 17 Lo que os mando es que os améis los unos a los otros'".

COMENTARIO
Pudiera parecer imposible que después de que Dios entregara a Moisés los Diez Mandamientos algo nuevo pudiera decirse a tal respecto o, lo que es lo mismo, que alguno nuevo pudiera ponerse sobre la Mesa. Dios, sin embargo, tenía una sorpresa en boca de su Hijo.
Lo que nos dice Jesucristo, en el fondo, no es nada nuevo. Y es que los Mandamientos, más que conocidos por todo el pueblo judío, tienen un destino bien claro y que tiene que todo que ver con el Amor: de Dios por su criatura humana; de la criatura humana entre sí.
Jesucristo es bien claro: hemos sido elegidos por Él. Y, por eso mismo, debemos seguir lo que llama nuevo mandamiento: el Amor, amarse unos a otros como amó a los suyos y al prójimo él mismo. Y tal es el tan importante mensaje y consejo que nos muestra el Hijo de Dios.

JESÚS, gracias por amarnos tanto.


Eleuterio Fernández Guzmán

23 de mayo de 2019

Permanecer en Jesucristo

Jn 15, 9-11

9 “’Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. 10 Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. 11 Os he dicho esto, para que mi gozo es´t en vosotros, y vuestro sea colmado.’”

COMENTARIO
Como no puede ser de otra manera, el Hijo se ve en la obligación (tal es su misión) de resaltar lo que es importante que conozcan sus hermanos los hombres, aquellos que les ha entregado el Padre para que nadie se pierda.

En muchas ocasiones se ve en la obligación, como decimos, de dar conocer que no basta, digamos, con conocer a Jesucristo sino que debemos hacer algo más: permanecer en Él.

Cuando permanecemos en el Hijo de Dios lo hacemos también en el Padre. Y esto, que es difícil de comprender para nosotros es bien sencillo de parte de Dios Todopoderoso: si aceptamos a su Hijo como enviado Suyo y hacemos lo que nos dice… entonces la Palabra de Dios permanece en nosotros y nosotros en ella.

JESÚS, gracias por no abandonarnos nunca.


Eleuterio Fernández Guzmán

22 de mayo de 2019

Vid y sarmientos

Jn 15, 1-8
"1 'Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. 2 Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. 3 Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. 4 Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. 5 Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. 6 Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. 7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. 8 La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos.'"
COMENTARIO

No podemos negar que el Hijo de Dios, en este texto del Evangelio de San Juan, quiere que entendamos el mensaje que en él se contiene. Y es que no es de poca importancia sino, al contrario, de mucha y más que mucha porque tiene que ver con nuestra vida eterna.
Sí. Cuando Jesucristo dice una y otra vez que debemos permanecer en Él no está haciendo uso del lenguaje para decir algo extraño. No. Nos está diciendo que lo tenemos que tener en cuenta en nuestra vida y, en fin, en todo lo que llevemos a cabo.
El caso es que, permaneciendo en el Hijo de Dios hacemos lo propio con Dios mismo. Por eso insiste tanto Jesucristo en decir que sí, que debemos permanecer en Él. Y, es más, quien no permanece en Él es arrojado fuera, digamos, al Infierno. Y no se trata de palabras duras, aunque lo sean, sino de la simple y estricta verdad.

JESÚS, gracias por ser la Vid.


Eleuterio Fernández Guzmán

21 de mayo de 2019

La Paz de Dios

Jn, 14, 27-31a

27 ‘Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. 28 Habéis oído que os he dicho: ‘Me voy y volveré a vosotros. Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre de más grande que yo. 29 Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. 30 Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; 31 pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado.’”

COMENTARIO

Lo que dice el Hijo de Dios en este texto del Evangelio de San Juan tiene una importancia más que destacable porque nos muestra que las cosas no son como a veces creemos que son. Y es que, en verdad, la Paz que da Jesucristo no es la del mundo sino, precisamente, la de Dios. Y la misma tiene que ver con el perdón y la misericordia y no sólo con la falta de guerras o algo por el estilo.
Es cierto que a los que lo escuchaban, entonces, no les gustaba nada la idea de que se fuera para siempre. Sin embargo, debían comprender (como quería Cristo que comprendiesen) que se iba para enviar al Espíritu Santo sabiendo, además, que el Príncipe de este mundo (Satanás) había sido enviado al mundo para que fuese dueño del mismo por un tiempo. Y, sin embargo, es más que cierto que el Maligno no tenía poder sobre el Hijo de Dios lo cual, por cierto, no se puede decir sobre el resto de la humanidad.

JESÚS, gracias por advertirnos de la presencia, entre nosotros, del Príncipe de este mundo.


Eleuterio Fernández Guzmán

19 de mayo de 2019

El rincón del hermano Rafael – “Saber esperar”- Querer, ansiar, anhelar.


“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”
Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.
Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.
Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.
             
Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

“Saber Esperar” - Querer, ansiar, anhelar

Oh, quién me diera el léxico de David, para poder expresar las maravillas del amor a la Cruz!…"(“Saber esperar”, Punto 304)

Es gran verdad que, muchas veces, por mucho que queramos expresar lo que creemos al respecto de nuestra fe y de las riquezas que la misma contiene, no sabemos a ciencia y a corazón ciertos cómo hacerlo.
Nosotros quisiéramos utilizar las palabras más bellas y las expresiones más redondas pero… somos limitados y no siempre capaces de cumplir un deseo tan grande como ése.
Al hermano Rafael le pasa algo parecido. Y, para eso, no recurre a cualquiera que pudiera, por decirlo así, inspirarlo a decir lo bueno y mejor sobre la Cruz. No. Acude, nada más y nada menos que a David, el Rey David debemos entender.
Querer ser capaz de hacer lo que, en su día, hizo aquel hombre perteneciente al pueblo escogido por Dios, el judío, al respecto de la expresión escrita u oral, no es poca cosa. Y es que escribir muchos de los Salmos que forman parte de la Sagrada Escritura es mucho y más que mucho.
Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón es tal el amor que tiene por la santísima Cruz de Cristo que no puede, ¡qué menos!, que pedir a Dios que, si es posible, tenga el don de palabra que sin duda tuvo en su día en Rey David.
Lo que le pasa al hermano Rafael es que quiere lo mejor para Dios. Pero también le pasa que ansía ser capaz de decir lo mejor sobre lo que representa, en cuanto al amor hacia los hombres, la Cruz en la que murió, a la vida terrena, el Hijo de Dios.
Ciertamente, no es poco lo que pide nuestro hermano en la fe. Pero también es cierto que no es imposible que lo pueda alcanzar porque en los muchos puntos que dan forma y sustancia a su “Saber esperar” demuestra que sí, que alcanzó el don de palabra que Dios otorgó al Rey David. Claro está que hay diferencia entre un creyente y otro pero el Todopoderoso no da los dones sin ton ni son sino, al contrario, comprendido en qué se debe basar el mismo según la persona a la que vaya dirigido y el tiempo en el que le haya tocado vivir.
El hermano Rafael sabe muy bien y más que bien lo que quiere: alabar la Cruz de Cristo. ¡Sí!, aquellos maderos en los que se dejó matar nuestro hermano Jesucristo han de ser alabados (más, claro está, Aquel que allí murió) porque son ejemplo y signo de lo que puede haber de bueno y verdad en el Amor de morir por los amigos.
San Rafael Arnáiz Barón, a sabiendas de que creía estar limitado en tal posibilidad expresa, así, con exclamación lo que, para su corazón, es en verdad exclamación de amor por Cristo y por su, tan especial, entrega en aquella Cruz.
Querer, pues, ser capaz de expresar un amor tan grande; ansiar hacerlo mejor posible y, por fin, anhelar el don de palabra. Y Dios, sin duda alguna, se lo concedió.

Eleuterio Fernández Guzmán

Amor; el Amor


Jn 13, 31-33a.34-35

“31 Cuando salió, dice Jesús: ‘Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre  y Dios ha sido glorificado en él. 32  Si Dios ha sido glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto.’ 33 ‘Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. 34 Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. 35 En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros.’”
         
COMENTARIO

Sabemos que Dios, a Moisés, le entregó los Diez Mandamientos. Y los mismos rigieron (es un decir y un suponer) la vida del pueblo elegido por el Todopoderoso a lo largo de los siglos. Pero el Hijo de Dios sabía que había que decir las cosas de forma sencilla… para que se entendiese lo que significaban aquellos Mandamientos. Y es que había quien no acababa de entender que el Todopoderoso quería algo sencillo pero, a veces, tan difícil de llevar a cabo. Y todo se resume en una palabra: amor. Amor desde el Padre hacia los hijos y amor entre los hijos porque es lo que Dios quiere de su semejanza. Y es lo que enseña Su Hijo cuando da un “Mandamiento nuevo”. Y lo da así, nuevo, porque, al parecer, no se había acabado de entender que era el amor, la caridad, lo que iba a prevalecer por toda la eternidad. Todo lo demás iba a dejar de ser algo para ser algo y dejar paso, sólo, a eso, al amor.

JESÚS, gracias por el Amor; gracias por amarnos.


Eleuterio Fernández Guzmán

17 de mayo de 2019

Camino, Verdad y Vida

Jn 14, 1-6

1 ‘No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios; creed también en mí. 2 En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. 3 Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo, estéis también vosotros. 4 Y adonde yo voy sabéis el camino’ 5 Le dice Tomas: ‘Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?’
6. Le dice Jesús: ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.”

COMENTARIO

Ciertamente, este texto del Evangelio de San Juan es más que importante para nosotros, hijos de Dios y discípulos de Cristo. Y es que nos pone sobre la mesa muchas verdades sin las cuales nuestra fe deja de serla.
Cristo es el Camino porque a través de Él se va al Cielo; Cristo es la Verdad porque es Dios hecho hombre y de su boca sale la Palabra de Dios; Cristo es, por fin, la Vida, porque es en Él donde reside la que es Eterna.
Hay, también, algo que nunca deberíamos olvidar: sólo a través de Jesucristo se va a Dios, al Cielo, a Su definitivo Reino. Y no deja Cristo duda alguna para que nadie se lleve a engaño: sólo se va a Dios través del Hijo.

JESÚS, gracias por ser el Camino, por ser la Verdad y por ser la Vida.


Eleuterio Fernández Guzmán

16 de mayo de 2019

Reconocer a los enviados de Cristo

Jn 13, 16-20

16 ‘En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía. 17 Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís. 18 No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: ‘El que come mi pan ha alzado contra mí su talón’. 19 Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo soy. 20 En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado.”

COMENTARIO

No podemos negar que es muy triste lo que nos dice en este texto evangélico el Hijo de Dios. Y es que Aquel que había sido enviado por Dios al mundo para que el mundo se salvase, sabe que hay muchos que no es que no lo quieran sino que, además de eso, buscan su muerte.
Lo que, además, quiere que comprendamos Jesucristo es que no podemos querer ser más que Él. Es decir, que no debemos querer comprender mejor su papel en el mundo que lo que él mismo comprende. Y es que, para eso, deberíamos sobrepasar su naturaleza y eso es, claramente, imposible.
Pero, además, nos da un consejo que tiene que ver con nuestra vida eterna: debemos acoger a quien sea enviado por Dios porque es Voluntad del Santísimo Creador y Todopoderoso que así sea.

JESÚS, gracias por decirlo todo con una claridad tan santa.

Eleuterio Fernández Guzmán

15 de mayo de 2019

Vid y sarmientos


Jn 15, 1-7
“1 ‘Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. 2 Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. 3 Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. 4 Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. 5 Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. 6 Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. 7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis.’”

COMENTARIO
Hay palabras dichas por el Hijo de Dios que son más que importantes y que resultan, de todo punto, cruciales para comprender nuestra fe cristiana y, aquí, católica. Y las que hoy traemos son, desde cualquier ángulo que se las mira, importantísimas.
Nosotros formamos parte de la viña del Señor. Y eso, que es una imagen que nos viene la mar de bien para entendernos, es una verdad grande. Y es que nosotros debemos permanecer unidos a Jesucristo no sólo porque es Jesucristo, el Maestro sino porque es Dios hecho hombre.
Hay, además, en estas palabras, una clara advertencia. Y es que se nos avisa de algo a tener muy en cuenta: si no permanecemos en Cristo seremos arrojados al fuego eterno. Sí, el Infierno es lo que nos espera porque una cosa es que Dios sea bueno y otra que no sea justo, que lo es.
JESÚS, gracias por ser la vid en la que vivir y existir.

Eleuterio Fernández Guzmán


12 de mayo de 2019

Saber ser oveja del redil de Cristo


Jn 10, 27-30

27 Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. 28 Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. 29 El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. 30 Yo y el Padre somos uno’.”

COMENTARIO

Cuando alguien decía que debía seguir al Hijo de Dios sabía que no lo hacían con cualquier maestro sino que lo hacía, a conciencia, con el Maestro, con Aquel que enseñaba con verdadera autoridad.
Lo que nos dice aquí Jesucristo es muy importante. Y es que se trata de la verdad fundamental: nosotros ovejas de su redil y seguimos a Quien había enviado al mundo porque es obligación de los hijos de Dios hacer eso.
Es bien cierto que lo que Dios tiene por bueno y mejor ni puede ser alterado por el hombre ni nunca cambiará de sentido si eso es lo que quiere el Todopoderoso. Y su Hijo, que es Dios mismo hecho hombre, tiene por cierto y verdad que es así… porque lo es.


JESÚS, gracias por ser nuestro Buen Pastor.

Eleuterio Fernández Guzmán

11 de mayo de 2019

El Rincón del hermano Rafael – Ansia de Dios


¡Oh!, ¡Bendito Jesús, cuándo acabará la farsa! Cuándo llegará el día en que podamos dejar este cuerpo con todas sus lacras y sus miserias, cuándo dejaremos el mundo con todas sus mentiras.” ("Saber esperar", Punto 221)

Cualquiera podría decir que el hermano Rafael está angustiado. Y, ciertamente, lo está, como aquí podemos leer y ver.
No es el primero, ni el segundo ni el tercero de los creyentes católicos que, digamos, han subido a los cielos que ha manifestado, eso, su ansia por pisar las praderas del definitivo Reino de Dios, llamado Cielo.
¿Quiere decir eso que le gustaría haberse suicidado o algo así?
La respuesta a eso es, claramente, no. San Rafael Arnáiz Barón sabía perfectamente que su vida no era suya sino de Dios y que sería el Creador, su Creador, el que lo llamara cuando tuviese por oportuno llamarlo. No se trataba, sin embargo de eso, claro está.
Sí se trataba, por otra parte, del ansia que tenía nuestro hermano en la fe, de Dios y de su Cielo.
Algo muy importante nos dice el hermano Rafael en este texto. Y es que, ciertamente, nosotros tenemos un cuerpo, la parte física de nuestro ser (la otra es la espiritual, el alma, que es inmortal) que tiene muchas lacras y, también, muchas miserias, Y eso no hace falta, por decirlo así, que nos lo diga nadie porque cada cual sabemos de lo que habla nuestro hermano. Sin embargo si eso lo dice alguien que era como era, Rafael Arnáiz Barón, luego santo de la Iglesia Católica, en fin… a lo mejor es como para hacérnoslo mirar…
Pues bien. Nuestro hermano manifiesta un ansia más que notable por dejar el cuerpo en el mundo, bajo tierra o en un nicho mortuorio, y volar hacia el Cielo.
¡Sí, San Rafael Arnáiz Barón tiene ansia de Cielo…
Sabe, también, que el mundo se construye, para desgracia del mismo, sobre mentiras. Y eso le duele más que mucho porque sabe, a ciencia y corazón ciertos, que a Dios eso no le puede gustar nada de nadar porque el Padre es todo Verdad y eso quiere para sus hijos creados a su imagen y semejanza.
El hermano Rafael, como podemos ver, quiere lo mejor. No duda lo más mínimo: el cuerpo… que se quede en el mundo, pudriéndose: el alma, a volar hacia el Cielo al encuentro de Dios si es que no ha tenido que acabarse de purificar en el Purgatorio-Purificatorio.
Y, sin embargo, lo deja todo a la santísima Providencia de Dios. Y es que, como no sabe cuándo será llamado por Dios, espera que eso sea pronto pero mientras llega ese momento puede pedir, sí que puede, que sea pronto pero no puede hacer nada más que orar y pedir al Todopoderoso el encuentro con Él.
A San Rafael Arnáiz Barón todo esto, el mundo y sus cosas, le parecen una falsa. Y no se equivoca. Por eso quiere ir a Dios y a su definitivo Reino. Y no le falta razón, nada de razón.

Eleuterio Fernández Guzmán

Creer en la Palabra de Dios

Jn 6, 60-69

260 Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: ‘Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?’ 61 Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: ‘¿Esto os escandaliza? 62 ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?... 63 ‘El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las  palabras que os he dicho son espíritu y son vida. 64 ‘Pero hay entre vosotros algunos que no creen». Porque Jesús sabía desde el principio
quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. 65 Y decía: ‘Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre’. 66 Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él. 67 Jesús dijo entonces a los Doce: ‘¿También vosotros queréis marcharos?’ 68 Le respondió Simón Pedro: ‘Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, 69 y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios’

COMENTARIO

Es más que cierto que, muchas veces, el Hijo de Dios hablaba de una forma que podía parecer dura al oído de muchos. Y es que el mensaje que había venido a traer al mundo es verdad que en algunas ocasiones no era del gusto de más de uno.
El caso es que Jesucristo había dicho muchas cosas extraordinarias y que se salían, digamos, del normal pensamiento de muchos. Y eso les escandalizaba cuando, en realidad, nada habían visto aún de lo que debía suceder.
Cristo quiere saber. No. Sus Apóstoles, con Pedro a la cabeza, no quieren abandonarlo. Y es que ellos, que han vivido muy de cerca con el Maestro, saben que es Dios hecho hombre aunque eso aún no lo acaben de comprender.

JESÚS, gracias por decirnos siempre la Verdad.

Eleuterio Fernández Guzmán




10 de mayo de 2019

Sal y luz

Mt 5, 13-19

"13 'Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. 14 «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. 15 Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. 16 Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. 17 «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. 18 Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. 19 Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.'"
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El texto del Evangelio de San Mateo que se nos reserva para hoy contiene muchas verdades dichas por el Hijo de Dios. Y no podemos olvidar ninguna de ellas porque todas son cruciales para el devenir espiritual de sus hermanos. Y es que no es poco que se diga que nosotros, ¡Sí!, nosotros, somos sal y luz del mundo.
Ser sal y ser luz supone mucho. Es decir, no es una expresión que quiera alagar a quien la escucha sino que pone sobre la mesa el papel que deben desempañar, en el mundo, los hijos de Dios que, dándose cuenta de que lo son, son piedras de la Iglesia católica. Y ser sal y ser luz es una obligación que se nos impone por creer y por querer que también crea quien no cree.
Y, luego, algo que es del todo crucial: no podemos olvidar la Ley de Dios, los Mandamientos dados por el Creador a Moisés. Y es que hacer eso supone, ya lo dice (y si se enseña tal forma de hacer las cosas) Jesucristo, ser pequeños en el definitivo Reino de Dios.

JESÚS, gracias por dar a entender la verdad de las cosas de nuestra fe católica.

Eleuterio Fernández Guzmán

9 de mayo de 2019

Ver a Dios en Cristo

Jn 6, 44-51

44 ‘Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. 45 Está escrito en los profetas: serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. 46 no es que alguien haya visto al Padre sino aquel que ha venido de Dios, ése has visto al Padre. 47 En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. 48 Yo soy el pan de la vida. 49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; 50 este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. 51 Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.”

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No se puede decir, ni nadie puede hacer eso, que el Hijo de Dios no lo haya dicho con total claridad y que no lo haya expuesto muchas y más veces. Y es que es tan importante lo que hoy nos trae el texto evangélico que ignorarlo es caer más que bajo y no querer a su propia.
El caso es que Jesucristo quiere que todos sus hermanos, aquellos que le entregó su Padre del Cielo, se salven. Por eso insiste, ahora y otras muchas veces, para que se entienda que Él es Mesías pero también es Dios mismo hecho hombre.
La insistencia tiene una clara razón de ser: quien cree que el hijo de María es el Mesías, se salvará; quien coma del pan que es Él, se salvará y, en fin, quien no huya de su persona y le siga con todas sus consecuencias… se salvará.

JESÚS, gracias por ser tan claro en lo que nos dices.

Eleuterio Fernández Guzmán

6 de mayo de 2019

Reconocer, de verdad, a Jesucristo


Jn 6, 22-29

“Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: ‘Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?’  Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello. Ellos le dijeron: ‘¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?’ Jesús les respondió: ‘La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado’

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Estamos más que seguros que el Hijo de Dios conocía más que bien la forma de ser de aquellos que su Padre del Cielo le había entregado para que cuidara de ellos y se los entregara cuando llegara el momento oportuno. Por eso, no debió extrañarle nada de nada que aquellos que tenían tanta ansia de seguirle, y le buscaban allí donde estuviera, en realidad lo que querían eran ver portentos. Por eso, Jesucristo (aquel que les había dado de comer con sólo unos pocos panes y unos pocos peces) les da una pista acerca de qué es lo que deben hacer para hacer la Voluntad de su Padre común, Dios Todopoderoso.

En realidad, todo era más sencillo de lo que ellos podían suponer. Y es que les bastaba con que creyeran en su persona, en Él porque había sido enviado por Dios al mundo para que el mundo se salvase.  Y eso bastaba porque creer en Cristo era creer en Dios mismo.


JESÚS, gracias por dar una lección de Verdad tan grande.

Eleuterio Fernández Guzmán

5 de mayo de 2019

Domingo, 5 de mayo de 2019 – Reconocer a Cristo en nuestra vida


Jn 21, 1-19
“Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos.  Simón Pedro les dice: ‘Voy a pescar.’ Le contestan ellos: ‘También nosotros vamos contigo.’ Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: ‘Muchachos, ¿no tenéis pescado?’ Le contestaron: ‘No.’ Él les dijo: ‘Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.’ La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: ‘Es el Señor’, se puso el vestido - pues estaba desnudo - y se lanzó al mar.  Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos. Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: ‘Traed algunos de los peces que acabáis de pescar.’ Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red.

Jesús les dice: ‘Venid y comed.’ Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ‘¿Quién eres tú?’, sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez.

Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos. Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: ‘Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?’ Le dice él: ‘Sí, Señor, tú sabes que te quiero.’ Le dice Jesús: ‘Apacienta mis corderos.’ Vuelve a decirle por segunda vez: ‘Simón de Juan, ¿me amas?’ Le dice él: ‘Sí, Señor, tú sabes que te quiero.’ Le dice Jesús: ‘Apacienta mis ovejas.’ Le dice por tercera vez: ‘Simón de Juan, ¿me quieres?’ Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: ‘¿Me quieres?’ y le dijo: ‘Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.’ Le dice Jesús: ‘Apacienta mis ovejas. ‘En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras.’
19 Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: ‘Sígueme.’

COMENTARIO

Aquellos hombres seguían con su labor de pescadores. Habían vuelto a su trabajo tradicional después de la muerte de su Maestro. No acababan de entender lo que les había pasado aunque lo hubieran visto vivo, entre ellos, hacía muy pocos días.

Ellos comieron con su Maestro y Señor. Y lo hicieron como seguramente habían hecho otras muchas veces. Ya era la tercera vez que se aparecía a ellos y que conversaba, enseñando, acerca de lo más importante que debían conocer y saber.

A Pedro le tiene reservada una sorpresa muy grande. Y es que si lo había negado, el Apóstol, tres veces la noche de su Pasión, ahora le va a perdonar tres veces preguntándole si lo quiere, también, tres veces. Y, además, le encomienda que apaciente a sus ovejas nombrándolo, así, primer Papa de su Iglesia.

JESÚS, gracias por la bondad que mostraste con Pedro.

Eleuterio Fernández Guzmán