27 de abril de 2013

Jesús es Dios



Sábado IV de Pascua

Jn 14,7-14

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto’. Le dice Felipe: ‘Señor, muéstranos al Padre y nos basta’. Le dice Jesús: ‘¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras.

‘Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si pedís algo en mi nombre, yo lo haré’".

COMENTARIO

Los discípulos más cercanos a Jesús quieren saber. Al parecer, no se han enterado mucho de Quién es aquel hombre que los ha conducido durante unos cuantos años por caminos de fe y esperanza.

Jesús, les dice, es el Padre, Dios mismo hecho hombre. Por eso les dice que verlo a Él es ver al Padre. Es más, aquello que dice no lo dice porque le venga bien decirlo sino porque es la exacta Palabra de Dios.

Jesús les deja una promesa cumplida: aquello que se pida en su hombre, Dios lo concederá. Lo dice varias veces: hay que pedir en su nombre porque Dios nada puede negar a su Hijo.



JESÚS, cuando enseñas a tus discípulos más allegados lo haces a sabiendas de que el Padre está en Ti y Tú en el Padre. Nosotros, sin embargo, lo olvidamos demasiadas veces.




Eleuterio Fernández Guzmán


26 de abril de 2013

Camino, Verdad y Vida




Viernes IV de Pascua

Jn 14,1-6

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis el camino’. Le dice Tomás: ‘Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?’. Le dice Jesús: ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí’.

COMENTARIO

Jesús quiere calmar a los que le escuchan porque, seguramente, no sería fácil escucharle, por ejemplo, que iba a morir de una forma terrible. Además, les dice que el camino que deben seguir es el mismo que va a seguir Él: el martirio.

Pero Jesús les dice una gran verdad: es el Camino, la Verdad y la Vida. Y eso ha de ser más que suficiente porque indica, con eso, lo que ha de ser el comportamiento de quien quiere ser su discípulo.

Jesús es, pues, el Camino porque a través de Él se va a la vida eterna; la Verdad porque es Dios hecho hombre; la vida porque da la que es eterna y que sólo se llega a través de Él.



JESÚS, eres, en verdad y como dijiste, el Camino, la Verdad y la Vida. Y nosotros, en demasiadas ocasiones, lo olvidamos.





Eleuterio Fernández Guzmán


25 de abril de 2013

Yo tengo un sueño




Pablo Cabellos Llorente









I have a dream -Yo tengo un sueño. Muchos recordarán el discurso de Martin Luther King que tuvo esa cantilena. Corría el 1963 y el líder de color, encaramado en las escaleras del monumento a Lincoln, hablaba ilusionado e ilusionando sobre la igualdad de derechos de los de su raza con los restantes norteamericanos. Un sueño realizado sustancialmente, incluso hasta lograr uno de ellos la presidencia del país. Sin dormir, se colapsaría la vida. Sin soñar, se adormece la existencia.

Yo también tengo un sueño: para nuestro país y para este mundo globalizado. Pero pienso más en España porque es lo inmediato y por algunas características propias.  Deseo  vivir en una nación libre, realmente libre. Hablo desde una instancia moral, no política, aunque ésta tenga mucho juego en la libertad. Para comenzar juzgando ese predio, casi se limita a votar cada cierto tiempo. Y elegimos generalmente al primero de una lista,  muy probablemente de otra circunscripción. Sueño con más participación ciudadana, con más sociedad.

Es cierto que la libertad política incluye más asuntos, por ejemplo, la libertad de pensamiento y expresión, la religiosa, la de los padres a elegir el modelo de educación que desean para sus hijos, la sindical, etc., a una vivienda digna. Pero no acaban de ser cabales. Sueño con políticos, empresarios, sindicalistas, sociólogos, pensadores, curas, etc.,  que busquen la verdad y el bien de las gentes. Con un país sin paro soñamos todos, pero tal vez descuidamos la parte que honradamente corresponde a cada uno para conseguirlo.

Sueño con una judicatura, una policía y un etcétera que desconozco   dedicados a lo suyo -seguro que la mayoría lo hace- en lugar de realizar un trabajo mediático injusto. Todo se filtra, dando lugar a indefensión, a calumnia, a difamación, a falta de seguridad jurídica, etc. Por ahí deseo continuar soñando porque vivimos con el sobresalto diario de noticias filtradas -lo llamamos periodismo de investigación- que, en no pocas ocasiones, originan daños a la sociedad, a personas o familias concretas. Sueño con unos medios de comunicación libres, respetuosos con la libertad ajena, veraces.

Sueño con una libertad de expresión más igual porque mientras se toleran asuntos como los citados, es prácticamente imposible, por ejemplo, criticar la ideología de género salvo que se desee ser mártir, o de llamar violencia doméstica, machista o feminista, según los casos, a lo que, precisamente por esa ideología, hay que denominar violencia de género. Sueño con que se pueda hablar de castidad o de la belleza de llegar virgen al matrimonio sin ser perseguido por los insultadores de turno. Tendríamos una sociedad realmente abierta y menos hosca.

Sueño con gobernantes dedicados al bien común en serio, en lugar de mirar al propio. Dijo Margaret Thatcher -no es la Biblia- que no era una política de consenso sino de convicción. Es matizable, pero  vale la pena mirar las propias convicciones y las de los votantes. ¿Existen ideas fuertes en esta sociedad del pensamiento débil y del relativismo?  Me parece irreal que la presencia de certidumbres engendre intolerancia. Más bien está siendo causa de fanatismo eso que se suele llamar el pensamiento dominante impregnado de género, relativismo, laicismo y juicio débil, porque, ¡ay de ti! si no admites tales "dogmas". Pero las convicciones evitan  la corrupción. Otro sueño. Y cada uno a opinar como quiera, pero evitando  imposiciones.

Sueño  una sociedad desmarcada de lo política o socialmente correcto, capaz  de expresar lo que realmente piensa, si es que esa tarea no continua siendo una "funesta manía". La funesta manía de pensar viene evitada porque los medios de opinión son con harta frecuencia medios de adoctrinamiento, porque el sistema educativo no ayuda a la reflexión, porque la cultura de la imagen hace difícil la especulación... Ahora se especula jugando al fútbol o se está en estado de gracia metiendo goles. Se ha repetido  que los españoles somos demasiado improvisadores, pero  ni eso es posible porque todo  lo entregan digerido, hasta las hazañas del famoseo en programas mugres. que devastan la cultura.

Sueño con una  libertad religiosa, no basada en la  ridiculización de la fe católica. Este aspecto positivo del libre albedrío es principalmente inmunidad de coacción  respecto a temas de conciencia y religión, siendo el orden público su único límite. En muchas ocasiones, la Iglesia Católica ha solicitado perdón por sus momentos oscuros. Sueño con que lo soliciten muchas más personas, otras religiones, partidos políticos totalitarios que hicieron purgas terribles, y sindicatos coligados. Sueño con partidos políticos, sindicatos y afines al gobierno que no tengan el llamado dinero público como propio y, sin ser los dueños, lo nieguen a los excluidos de sus circuitos.


Sueño con que se pueda hablar de ley natural sin escándalo de intelectuales  a la moda, que saben muy bien que eso exige pensar en la existencia de Dios y en la dependencia del hombre respecto al Creador, vínculo que estimo como mejor garantía para  respectar la dignidad y libertad de la persona. Sí, persona mejor que ciudadano, porque dice más, porque apunta a lo más específico del ser humano individual. Persona habla de intimidad, creatividad, libertad, donación. Y por eso, de inviolabilidad. 

P. Pablo Cabellos Llorente

Publicado en Las Provincias

24 de abril de 2013

Escuchar a Jesús es escuchar a Dios




Miércoles IV de Pascua

Jn 12,44-50

“En aquel tiempo, Jesús gritó y dijo: ‘El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí’”.


COMENTARIO

Es tan importante lo que dice Jesús en este texto del evangelio de San Juan que no lo deberíamos olvidar nunca: creer en Cristo es creer en Dios. Jesús, además, no vino para juzgar sino a que se cumpliera la Ley de Dios-

Rechazar a Jesús no es, como muchas personas creen, hacer lo propio con un simple profeta. Muy al contrario es la verdad: rechazar a Jesús es rechazar a Dios mismo y eso, para quien no quiere tenerlo presente, supone la condenación eterna.

Jesús vino a cumplir lo que Dios le había mandado que cumpliese. No hizo otra cosa ni obró con intención distinta. Por eso escuchar a Jesús es escuchar a Dios mismo.


JESÚS, tenerte presente a Ti en nuestra vida es hacer lo propio con Dios, que te envió. Por eso es tan triste que, muchas ves, lo tengamos como no oído por nuestra parte.





Eleuterio Fernández Guzmán


23 de abril de 2013

Jesús es Dios





Jn 10,22-30

"Jesús se paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón. Le rodearon los judíos, y le decían: '¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente'. Jesús les respondió: 'Ya os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí (…). Yo y el Padre somos uno'".

COMENTARIO

Había muchos que no aceptaban lo que Jesús decía. No creían que fuera el Mesías enviado por Dios para salvar a Israel porque no parecía que hiciese nada para salvar a Israel. 

Insisten algunos en que haga algo para demostrar que es el Hijo de Dios. Jesús, sin embargo, sabe que hay muchas formas de decir las cosas para que las entienda y en muchas ocasiones se lo ha dicho aunque ellos, al parecer, estaban ciegos y sordos. 

El mejor testimonio que podía dar Jesús de Dios era hacer lo que hacía. Si, aquellos que le veían no eran capaces de entender que lo que llevaba a cabo el hijo del carpintero sólo podía ser obra directa de Dios, con mucha dificultada iban a entender lo demás. 


JESÚS, los que no querían entender... en efecto, no entendían nada. Tenían el corazón cerrado y al alma echada a perder. Y eso es lo que, muchas veces nos pasa a nosotros. 



Eleuterio Fernández Guzman

22 de abril de 2013

Seguir a Cristo siempre

Lunes IV (B y C) de Pascua

Jn 10,1-10


En aquel tiempo, Jesús habló así: «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños». Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba. 
Entonces Jesús les dijo de nuevo: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia».


COMENTARIO

Jesús sabe que al definitivo Reino de Dios sólo se llega a través de Él mismo. Por eso pone sobreaviso a los que le escuchan para que no caigan en las trampas que les pueden poner aquellos que quieren hacerse pasar por mesias enviados por Dios. 

Les dice el  Hijo de Dios que nadie, de las personas que antes que el han nacido de mujer era el verdadero Mesías. Él es el enviado del Creador y por eso mismo no siguieron a los que antes se hicieron pasar por enviados del Padre. 

Quien no viene en nombre de Dios, y demuestra que así es, sólo quiere aprovecharse de la grey del Señor pàra sacar algún tipo de beneficio. Seguir a Jesús es, sin duda alguna, no equivocarse y seguir el camino correcto y trazado por Dios. 



JESÚS, seguirte a Ti es garantía de salvación eterna. Sin embargo, muchas veces no lo hacemos por egoísmos o por conveniencias excesivamente particulares.



Eleuterio Fernández Guzmán

21 de abril de 2013

Dios nos conoce uno a uno



Domingo IV (C) de Pascua

Jn 10,27-30

“En aquel tiempo, dijo Jesús: ‘Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno’”.

COMENTARIO

La relación de Jesús con aquellos que le siguen es muy especial. No se trata de un simple pastor sino del Buen Pastor que cuida de cada una de las ovejas que Dios le dio para que las llevase a su definitivo Reino.

Quien sigue a Jesús no muere espiritualmente porque tiene la vida eterna que el Padre le regala como el don mayor de su propia existencia. Es más, nadie prevalecerá contra el amor de Jesús a sus ovejas porque Dios es Todopoderoso y nada se puede hacer contra sus hijos que así se consideran.

Jesús y Dios son uno. Esto, dicho por el Hijo del Padre y de Él mismo es más que importante porque supone, y es, para nosotros, expresión máxima de entrega de parte de Quien nos da la vida y esa entrega es para siempre.

 
JESÚS,  quien te sigue sabe, ha de saber y tiene que saber, que tiene asegurada la vida eterna. Cree en Ti es ganar la vida eterna. ¿Por qué no nos damos cuenta de esto?





Eleuterio Fernández Guzmán

19 de abril de 2013

Carne y sangre de Cristo






Jn 15,1-8

“En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre sí y decían: ‘¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?’. Jesús les dijo: ‘En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre’. Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm”.

COMENTARIO

Ciertamente eran de duro corazón muchos de los que escuchaban a Jesús porque no creían más que en lo que veían. Por eso era difícil que entendiesen aquello de comer su carne o, incluso beber su sangre.

Jesús lo dice con toda claridad: su carne es verdadera comida y su sangre verdadera bebida. Y con ello les quería decir que a través de
Él se llegaba a la vida eterna. Además, permanecer en Cristo ha de suponer, por eso mismo, comer su carne y beber su sangre en la Santa Eucaristía.

Jesús les dice algo que es muy importante: Él es el profeta de la nueva alianza. Aquella que Dios formalizó con los padres del pueblo judío ha periclitado y ahora, a través del Hijo de Dios, el Creador nos salva. Sólo así y de tal forma.



JESÚS, por muy difícil que se entender lo que supone comer tu carne y beber su sangre, debemos entender que es ganarse la vida eterna con la aceptación de Ti.




Eleuterio Fernández Guzmán


18 de abril de 2013

Comer del pan de eternidad




Jueves III de Pascua

Jn 6, 44-51

“En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: ‘Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo’”.


COMENTARIO

Jesús les dice a los que, entonces, le escuchaban y a nosotros mismos, que es Dios quien escoge a quien quiere escoger para que vayan a él. A esto el Hijo sólo puede responder resucitándolo en el último día, cuando venga en su Parusía.

Insiste Jesús en la relación existente entre creer en Él y tener vida eterna. Es necesario, por lo tanto, no tener a Jesús como a un hombre más que vivió en su tiempo sino, exactamente, como Dios mismo. Sólo así, creyendo, nos salvaremos.

El alimento espiritual que nunca cesa de alimentarnos es Cristo mismo. Por eso Jesús profetiza sobre su propia muerte y sobre la importancia que tendrá, tiene y seguirá teniendo, alimentarse de su Cuerpo.


JESÚS, eres el pan vivo bajado del cielo. Creer en Ti supone la salvación eterna. Pues, incluso así, en demasiadas ocasiones se nos olvida lo importante que es creer en el Hijo de Dios.




Eleuterio Fernández Guzmán


17 de abril de 2013

La vida eterna a través de Cristo




Miércoles III de Pascua

Jn 6, 35-40

“En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: ‘Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis. Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día’”.

COMENTARIO

Lo que dice Jesús en este texto de San Juan es demasiado importante como para dejarlo atrás o tenerlo por no puesto. Nos dice, por ejemplo, que Él es la verdadera comida y la verdadera bebida y que comerlo y beberlo supone no tener, nunca, hambre o sed.

Jesús, sin embargo, actúa y lleva a cabo la misión encomendada por Dios cumpliendo, no por casualidad, la voluntad del Creador. Así muestra fidelidad hacia quien lo ha engendrado y enviado al mundo a salvar a la humanidad.

Nos pide, sin embargo, algo el Hijo de Dios: debemos creer en Él porque la creencia en Jesús supone la creencia en Dios mismo. Entonces, la vida eterna, vivir para siempre en el definitivo Reino de Dios, está a nuestro alcance. Y resucitar, no olvidemos, cuando Jesús regrese, en su Parusía.

JESÚS, es tan importante creer en Ti que no cesas de recomendarlo, sin obligar, a quien te quiera escuchar. El problema es que, en demasiadas ocasiones, no queremos escucharte.



Eleuterio Fernández Guzmán

16 de abril de 2013

Verdadero pan y verdadero vino




Jn 6, 30-35


"Ellos entonces le dijeron: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: = Pan del cielo les dio a comer.» =        Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo:      No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo.» Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.» Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed."
        

COMENTARIO

Parece que a Jesús sólo le creían por las señalas que podía hacer. De otra forma, aquel pueblo elegido por Dios para transmitir su Palabra parece que no le entendía. Y le piden signos, claro.

Confunden el pan que comieron en el desierto, el maná, por el verdadero pan, que nunca se acaba y que no es otro que el pan de la Palabra de Dios. Tal pan da vida al mundo y no es perecedero. Y tal pan no es otro que Jesús mismo.

Jesús, al ser pan de Dios, alimento divino, nos permite vivir para siempre, no tener hambre. Además, quien crean en el Hijo de Dios tampoco tendrá sed porque Cristo se entregará, entonces aún no había constituido la Santa Misa, con el vino transformado en su Sangre.





JESÚS, eres verdadera comida y verdadera bebida. Sólo Tú eres la verdadera comida y la verdadera bebida. Lástima que, en demasiadas ocasiones se nos olvida.




Eleuterio Fernández Guzmán


15 de abril de 2013

Creer, siempre, en Cristo




Lunes III de Pascua

Jn 6,22-29

“Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos le vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús.

Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello». Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios?». Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado»”

COMENTARIO

A Jesús le siguen porque saben que, con Él, las cosas van mucho mejor. Esperan, seguramente, que haya hechos extraordinarios en cuanto a curaciones y demás pero también esperan su palabra santa.

Jesús recomienda que se obre por aquello que dura para siempre y que guardemos para la vida eterna y no para este mundo donde la polilla todo lo corroe. Nos recomienda estar, pues, preparados para cuando seamos llamados a comparecer ante Dios Nuestro Señor.

Pero lo que más conviene que tengamos en cuenta es lo último que dice el Hijo de Dios y que no es otra cosa que hay que creer en Él porque lo ha enviado Dios. Si así lo hacemos, la ganancia espiritual será más que grande.


JESÚS, nos dices que debemos creer en Ti porque eres el enviado de Dios. Y nosotros, en demasiadas ocasiones, no lo hacemos.

Eleuterio Fernández Guzmán        

14 de abril de 2013

Confirmados en la fe



Domingo III (C) de Pascua

Jn 21,1-19

"En aquel tiempo, se apareció Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: «Voy a pescar». Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo». Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.



Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?». Le contestaron: «No». Él les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor». Al oír Simón Pedro que era el Señor se puso el vestido —pues estaba desnudo— y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.



Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar». Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Venid y comed». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.



Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?». Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos». Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas». Le dice por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras». Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme».


COMENTARIO

Aquellos hombres que habían seguido tan de cerca de Jesús vuelven pronto a los trabajos que antes tenían. Se van a pescar como si no les hubiera sucedido nada o nada, en sus vidas, fuera ya distinto. Es más, incluso sabiendo que es el Señor, le preguntan quién es.

Jesús, sin embargo, los invita a comer porque quiere compartir con ellos todo lo que tiene intención de que conozcan. Aún no están preparados y, por eso, quiere estar con ellos durante unos cuantos días más.

Pedro, quien le había negado tres veces, debía tener un pesar grande en su corazón. Por eso Jesús le limpia tal carga preguntándole si lo ama o si lo quiera. Pedro sabe que sí pero se entristece pues pudiera dar la impresión de que el Señor no lo tiene tan claro. Era, sólo, un prueba.



JESÚS, cuando te aparece a tus apóstoles lo haces para confirmarles en la fe que les habías transmitido. Nosotros, sin embargo, no parece que necesitemos tantas confirmaciones aunque...




Eleuterio Fernández Guzmán

13 de abril de 2013

El poder de Dios en Cristo




Sábado II de Pascua


Jn 6,16-21

“Al atardecer, los discípulos de Jesús bajaron a la orilla del mar, y subiendo a una barca, se dirigían al otro lado del mar, a Cafarnaúm. Había ya oscurecido, y Jesús todavía no había venido donde ellos; soplaba un fuerte viento y el mar comenzó a encresparse. Cuando habían remado unos veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y tuvieron miedo. Pero Él les dijo: ‘Soy yo. No temáis’. Quisieron recogerle en la barca, pero en seguida la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían."



COMENTARIO

En este pasaje del evangelio de San Juan, Jesús se manifiesta con el poder de Dios dominando aquellas instancias de la naturaleza que, para el común de mortales, son tan misteriosas y difíciles de entender.

Jesús se presenta, para que desaparezca el miedo de sus apóstoles, diciendo lo mismo que Dios dijera en una ocasión cuando le preguntaron quién era: Yo soy. Eso mismo dice Jesús. Con esto demuestra, una vez más que es Dios mismo hecho hombre.

Jesús nos propone no tener miedo de nada. No debemos tenerlo porque el Creador es nuestro Padre y, por eso mismo, nadie ni nada puede hacernos nada aunque lo intente. Es cierto que podemos salir perjudicados de ciertos enfrentamientos pero siempre, siempre, sabemos que la vida eterna es un regalo de Dios.

  


JESÚS, caminaste sobre las aguas demostrando Quién eres. Pues, ni siquiera con tal demostración te seguimos siempre.




Eleuterio Fernández Guzmán


12 de abril de 2013

La Fe lo sostiene todo







Jn 6, 1-15

“En aquel tiempo, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia Él mucha gente, dice a Felipe: ‘¿Dónde vamos a comprar panes para que coman éstos?’. Se lo decía para probarle, porque Él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: ‘Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco’. Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: ‘Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?’.



Dijo Jesús: ‘Haced que se recueste la gente’. Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: ‘Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda’. Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. Al ver la gente la señal que había realizado, decía: ‘Éste es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo’. Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte Él solo".

COMENTARIO

Aquellos hombres que seguían a Jesús más de cerca, sus apóstoles, aún no habían comprendido lo que el Hijo de Dios les estaba diciendo y, sobre todo, no sabían como solucionar aquel problema que les había planteado el Maestro.

Jesús sabe que orando todo se consigue si lo que se quiere responde a la voluntad de Dios. Por eso da las gracias a Dios porque sabe que el Padre nunca dejará de lado a quien a Él se dirige con amor hacia su prójimo. Y comen hasta quedar saciados del pan de Dios.

Aquella multiplicación hizo que muchos creyesen en Jesús de una forma algo más que teórica. Sabían que aquel hombre no era un hombre como los demás sino que tenía, seguramente, un mandato claro de parte de Dios.


JESÚS, la fe faltó a tus apóstoles. No sabían como solucionar aquello mientras que a Ti te bastó y te sobró con la confianza en Dios. ¡Cuántas montañas no moveríamos si tuviéramos, al menos fe como un grano de mostaza de grande!




Eleuterio Fernández Guzmán


11 de abril de 2013

Otro XTantos

 





Como cada año se nos llama a presentar nuestra declaración de la Renta. También es momento, por tanto, de reconocer lo que hace la Iglesia católica por el prójimo y, por supuesto, indicar que la parte del impuesto que corresponde pagar se pague a la Esposa de Cristo aunque, es cierto esto, se puede marcar la casilla que indica que también se dirija tal cantidad de dinero (que no se nos quita, no lo olvidemos) a “otros fines sociales” pues también se beneficia la organización de la Iglesia católica en otros aspectos y circunstancias.

Los datos oficiales nos acercan a lo que hace la Iglesia católica. Más o menos, la misma atiende a lo siguiente:

-23.000 parroquias
-850 monasterios de clausura
-200 hospitales y ambulatorios
-300 guarderías
-900 orfanatos
-1.600 centros de acogida y reinserción Social y Familiar.

Pero, claro, también hay que tener en cuenta a los sacerdotes, obispos, religiosos y religiosas que, como hermanos y hermanas nuestras, llevan a cabo una labor que es, sencillamente, impagable.

Pero es que, además, se atiende a lo siguiente:

-Más de 400.000 personas hospitalizadas y asistidas en centros hospitalarios de la Iglesia católica.
-Más de 850.000 personas asistidas en ambulatorios y dispensarios.
-Más de 60.000 personas asistidas residentes o asistidas en casas para ancianos o discapacitados.
-Más de 11.000 personas asistidas en orfanatos y centros de tutela de la infancia.
-Más de 11.000 personas asistidas en guarderías infantiles.
-Más de 54.000 personas asistidas en centros de educación especial.
-Más de 325.000 personas asistidas en otros centros de asistencia social.
-Más de 80.000 personas asistidas en consultorios familiares.

En realidad, cualquiera que no se haga el ciego voluntario sabe que esto encierra una gran verdad y que, por lo tanto, debemos responder, quien haga la declaración de la renta, de la forma obligada: marcando la casilla que corresponde marcar a un católico o a una persona que, no siéndolo, sabe lo que hay en este aspecto.

Son, por tanto, cifras que muestran la entrega a los demás y el cumplimiento de la voluntad de Dios que se centra, sobre todo, en servir, y, por lo tanto, en amar. Y, siendo cierto que es obligación hacerlo así no es menos cierto que se debe reconocer de la forma que sea y que, ahora mismo, existe ésta.
No olvidemos que la fe también se demuestra con obras.


Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en   Soto de la Marina

Aceptar a Cristo en nuestro corazón




Jueves II de Pascua

Jn 3,31-36

“En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: ‘El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él’”.

COMENTARIO

Jesús le dice a Nicodemo que debe reconocer que Él es el más importante de todos y que, por eso mismo, hay que seguirlo y hacer lo que diga que hay que hacer. Además, da testimonio de Dios mismo que es el Padre.

Hay, por otra parte, que aceptarlo porque lo que dice viene directamente del Creador. No dice Jesús algo distinto a lo que le ha dicho Dios que diga y, por eso mismo, es tan importante hacer, como diría María, lo que diga.

Aceptar a Jesús como Quien es no es algo que lleve aparejado un gran don que es, además, lo más deseado y anhelado por el hombre: la vida eterna, la salvación eterna. Creer en Él es, por eso mismo, esencial para nuestra futura existencia.



JESÚS, salvarnos depende de nosotros mismos. Hay que aceptarte como Redentor y Salvador. Sin embargo, en demasiadas ocasiones, por lo que eso supone, miramos para otro lado.




Eleuterio Fernández Guzmán