25 de agosto de 2016

Prepararse


 Jueves XXI del tiempo ordinario

Mt 24,42-51
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda’, y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes’”.

COMENTARIO

Este texto del evangelio de San Mateo es una clara advertencia de parte de Cristo a cada uno de sus hermanos los hombres pero, sobre todo, para aquellos que se consideran sus discípulos.

Ciertamente, no sabemos cuándo vamos a ser llamados por Dios. Esto ha de querer decir, primero, que seremos llamados y, segundo, que ignoramos el momento exacto. Por eso hace falta prepararse.

Jesús nos dice que hay dos formas de actuar: hacerlo de forma negligente como si nunca fuéramos a ser llamados por Dios; hacerlo de forma adecuada preparándonos sabiendo que, en efecto, vamos a ser llamados.


JESÚS, ayúdanos a estar preparados cuando seamos llamados.


Eleuterio Fernández Guzmán

24 de agosto de 2016

Encontrar a Cristo


Jn 1,45-51

En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: ‘Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret’. Le respondió Natanael: ‘¿De Nazaret puede haber cosa buena?’. Le dice Felipe: ‘Ven y lo verá’. Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño’. Le dice Natanael: ‘¿De qué me conoces?’. Le respondió Jesús: ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi’. Le respondió Natanael: ‘Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’. Jesús le contestó: ‘¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores’. Y le añadió: ‘En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre’”.




COMENTARIO


Felipe quiere comunicar al mundo que ha encontrado, que han encontrado, a Quien Dios había prometido enviar para que el mundo se salvara. Sabe que Jesús es el Mesías y no puede callarlo.

Aquel hombre, Natanael, se extraña mucho de aquello que le dice Jesús. No concibe que alguien, digamos, ordinario, le pueda decir que lo ha visto como le dice aquel hombre que le ha visto. Y por eso deduce que sólo el Hijo de Dios puede hacer eso. 

Pero Jesús sabe que eso no tiene tanta importancia como cree Natanael. Es más, sabe que sus hermanos los hombres tiene, aún, mucho que ver y que entonces se darán cuenta de todo lo que les irá diciendo. 


JESÚS, ayúdanos a encontrarte



Eleuterio Fernández Guzmán

23 de agosto de 2016

No ser hipócritas


Martes XXI del tiempo ordinario
Mt 23,23-26
En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña y codicia! ¡Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!’”.

COMENTARIO                

Seguramente, muchos de los que perseguían a Jesús creían que lo estaban haciendo bien. Ellos creían que seguían la Ley de Dios cuando, en realidad, nada de eso estaban cumpliendo y el Hijo de Dios se lo hace ver.

Los guías espirituales del pueblo judío son llamados hipócritas. Eso era ponerlos a los pies de los caballos si el pueblo acababa por entender que aquellas palabras del Maestro eran justas. Y los llama ciegos porque no se daban cuenta del daño que estaban haciendo con su actitud.

Lo que Jesús les dice es que, antes de querer hacer ver a los demás qué es lo que deben hacer, se purifiquen por dentro. El corazón debían cambiarlo y convertirlo a la Ley de Dios verdadera y no a la que ellos tenían por verdadera.

JESUS, ayúdanos a no ser hipócritas con nuestra fe.

Eleuterio Fernández Guzmán

22 de agosto de 2016

Fieles como María

Lc 1, 26-38

“Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: ‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.’ Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.
El ángel le dijo: ‘No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.’  María respondió al ángel: ‘¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?’ El ángel le respondió: ‘El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, ‘porque ninguna cosa es imposible para Dios.’ Dijo María: ‘He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.’ Y el ángel dejándola se fue.”

COMENTARIO

En el episodio de la Encarnación muchas cosas están en juego. No se trata, tan sólo, de que Dios envía a su Ángel a visitar a una joven (casi niña) de Israel sino del hecho mismo de acudir allí para hacer una proposición crucial a la que espera una respuesta positiva.

Pudiera parecer que aquel Ángel nova a preguntar nada a María. Y es que dice, claramente, lo que ha de pasar, lo que va a pasar. Sin embargo, no es posible creer que contra la voluntad de aquella joven judía Dios hubiera hecho su voluntad, al menos, de aquella manera.

María dice sí. Y es que la desposada de José siempre había sido muy fiel a Dios y, seguramente desde la más tierna edad se había entregado de corazón al Todopoderoso. Y si ahora le enviaba a su Ángel no iba a responder de otra manera cuando estaba en juego la salvación completa.
JESÚS, ayúdanos a ser fieles como lo fue María.

Eleuterio Fernández Guzmán


21 de agosto de 2016

Los que se salvan


Lc 13, 22-30

“Atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. Uno le dijo: ‘Señor, ¿son pocos los que se salvan?’ Él les dijo: ‘Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos! Y os responderá: ‘No sé de dónde sois.’ Entonces empezaréis a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas’; y os volverá a decir: ‘No sé de dónde sois. = ¡Retiraos de mí, todos los agentes de injusticia!’ = «Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. ‘Y hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos.’”


COMENTARIO

Dice este texto evangélico que Jesús iba de ciudad en ciudad enseñando porque tal era la misión que tenía encomendada de parte de su Padre Dios. Y muchos le preguntaban porque era la forma de enseñar de aquel entonces: el discípulo pregunta y el Maestro, contesta.

La pregunta se las trae: la cantidad de los que se van a salvar y van a alcanzar la vida eterna. Y Jesús, a eso, responde que se debe tener cuidado con la forma de vida que se lleva porque no todo el que crea que va entrar en el Cielo, entrará. E, incluso, muchos de aquellos que creían tener derecho.

Es más, Jesús, para avisar a muchos de los que podían estar escuchándole, les dice algo que algunos de entre ellos no iban a tener por bueno: muchos extranjeros entrarán en el Cielo lo que quería decir, por el contrario, que muchos de ellos, los hijos del pueblo escogido por el Todopoderoso, no lo harán.


JESÚS, ayúdanos a entrar por la puerta estrecha.


Eleuterio Fernández Guzmán

19 de agosto de 2016

Amar a Dios y amar al prójimo

Viernes XX del tiempo ordinario

Mt 22,34-40
En aquel tiempo, cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: ‘Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?’. Él le dijo: ‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas’”.

COMENTARIO

No resulta difícil pensar que aquellos hombres que perseguían a Jesús de forma tan torpe eran pobres hombres. Resulta que ahora quieren coger en un renuncio al Hijo de Dios al respecto del primer Mandamiento de la Ley, precisamente, del Todopoderoso.

Jesús, como es de imaginar, debía pensar que no acababan de entender nada de nada de lo que, hasta entonces, había hecho y dicho en sus años de predicación. Preguntarle a Él por eso era algo, sencillamente, ridículo. ¡Y querían ponerlo a prueba!

La contestación de Cristo es clara: dos cosas se han de tener en cuenta en el Primer Mandamiento: el amor a Dios y el amor al prójimo. Y eso último, seguramente, era lo que más necesitaban aquellos que le preguntaban.


JESÚS,  ayúdanos a amar a nuestro prójimo.



Eleuterio Fernández Guzmán

18 de agosto de 2016

Prepararse adecuadamente

Jueves XX del tiempo ordinario

Mt 22,1-14

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a otros siervos, con este encargo: ‘Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.

‘Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos’.

COMENTARIO

En esta parábola, el Hijo de Dios nos pone sobre la mesa una realidad importante que no debemos olvidar pero que, por desgracia, muchas veces se olvida: debemos tener cuidado con la forma en la que nos presentamos ante Dios.

Aquel hombre quiere preparar una fiesta porque su hijo ha contraído matrimonio. Invita a muchos pero cada uno pone una excusa para no acudir. Estos, a nivel espiritual, están perdidos porque han preferido las cosas del mundo.

Otros, sin embargo, sí acuden. Pero no es oro todo lo que reluce. Y es que alguno de ellos no acude preparado a la fiesta. Y eso tiene que ver con nuestra preparación para nuestro juicio particular porque no siempre estamos tan preparados como creemos. Y es que no basta con aceptar a Dios sino que hay que mostrar que se le acepta.


JESÚS, ayúdanos a estar preparados para presentarnos ante Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

17 de agosto de 2016

Saber ser últimos


Miércoles XX del tiempo ordinario

Mt  20,1-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a los discípulos esta parábola: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo’. Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: ‘¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’. Dícenle: ‘Es que nadie nos ha contratado’. Díceles: ‘Id también vosotros a la viña’.

‘Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros’. Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor’. Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos’.


COMENTARIO

Cristo vuelve a insistir, como hiciera ya ayer, acerca de algo que deberíamos tener en cuenta pero que, por desgracia y para desgracia nuestra, muchas veces olvidamos: ¡cuidado con querer ser primeros en este mundo a costa de muchos!

La parábola de la viña y del dueño de la viña nos trae a la realidad algo que muchas veces se olvida: Dios da como quiere y a quien quiere y está más que mal no alegrarse porque alguien reciba un don o una gracia de parte del Padre porque no nos haya sido dada a nosotros.
Insiste el Hijo de Dios en lo mismo pero ahora concreta más que ayer mismo. 

Y es que hoy dice apunta que los últimos serán los primeros y los primeros, últimos. Concreta más que ayer porque ahora ya sabemos qué nos conviene a cada uno de nosotros.


JESÚS,  ayúdanos a saber ser últimos y, además, agradecerlo



Eleuterio Fernández Guzmán

16 de agosto de 2016

No querer ser primeros




Martes XX del tiempo ordinario

Mt 19,23-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos’. Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: ‘Entonces, ¿quién se podrá salvar?’. Jesús, mirándolos fijamente, dijo: ‘Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible’.
Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?’. Jesús les dijo: ‘Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros’.

COMENTARIO

Cuando Jesús dice eso de los ricos no se refiere, sin duda, a los que teniendo muchos bienes hacen el bien con los que no los tienen. No. Se refiere a los que, dándose cuenta de las necesidades ajenas, nada hacen para tratar de auxiliar a tales personas.

Y una gran verdad: para el hombre hay cosas, como la salvación, con las que no tiene nada que hacer en cuanto hombre. Debe someterse a la voluntad de Dios que, sin embargo, aporta qué se ha de hacer para alcanzarla.

Jesús, a tal respecto,  habla de los últimos y los primeros. Y es que muchos que aquí se creen primeros, serán últimos en el Cielo y, al revés, muchos que se saben últimos, serán primeros. Y eso es un gran misterio pero que se explica muy bien según lo que hagamos aquí.


JESÚS,  ayúdanos a no querer ser primeros .



Eleuterio Fernández Guzmán

15 de agosto de 2016

La labor del Espíritu Santo

Lc 1,39-56

En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: ‘Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!’.

Y dijo María: ‘Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos’. María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.”

COMENTARIO

Sabemos que, cuando el Ángel Gabriel dejó a María con la buena nueva de que iba a ser la madre de Dios, ella sólo tuvo un pensamiento: debía acudir donde vivía su prima Isabel porque estaba embarazada y era persona de edad avanzada. Y eso hace sin temor a nada ni a nadie.

Cuando María se acerca a la casa de Isabel a esta el Espíritu Santo le ha soplado en el corazón. Sabe más de lo que debería saber alguien en sus circunstancias. Y se alegra. La llama bendita a María y bendito al niño que lleva en sus entrañas. Y es que ha reconocido a la Madre de su Señor.

Y María… ¿qué hace?: proclama. Ella deja salir de su corazón las inspiraciones del Espíritu Santo. Sabe que Dios ha hecho lo que, para los hombres, es imposible. Sabe, también, que, en efecto, ha sido bendecida desde la misma eternidad. Y se alegra.


JESÚS, gracias por darnos a María como Madre nuestra.

Eleuterio Fernández Guzmán


14 de agosto de 2016

El fuego de Dios sana


Lc 12, 49-53

“‘He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido! Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla! ¿Creéis que estoy aquí para dar paz a la tierra? No, os lo aseguro, sino división. Porque desde ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres contra dos, y dos contra tres;  estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la  madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.’”

COMENTARIO         

Lo que Cristo había venido a hacer al mundo, para muchos, no era entendible. Ellos vivían su fe, creían, de forma plena pero, en realidad, ni entendían la voluntad de Dios y, lo que es peor, no querían entenderla.

Jesús, sin embargo sabía todo lo que le iba a pasar. Lo sabía no por ser profeta sino porque era Dios y tenía todo conocimiento de todo. Por eso sabía cómo sería su muerte y se sometía a ella y a la voluntad de Dios en cuanto Padre suyo.

En realidad, cuando Cristo dice que unos se enfrentarán a otros quiere decir que, a causa de de Él muchos se iban a llevar mal con otros porque habrían preferido la vida eterna al mundo. Y tal era un fuego que, además, sanaría lo malo que había en el corazón de los hombres y lo sanaría para siempre.

               
JESÚS, ayúdanos a aceptar el fuego de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

13 de agosto de 2016

Ser como niños

Sábado XIX del tiempo ordinario
Mt 19,13-15

En aquel tiempo, le presentaron a Jesús unos niños para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús les dijo: ‘Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos’. Y, después de imponerles las manos, se fue de allí.”

COMENTARIO

Es bien conocido que en tiempos de Jesús, por la forma de ser del pueblo judío y por las propias circunstancias históricas de entonces, el niño no era muy bien considerado. No es que no se le quisiese sino que no se le tenía en cuenta.

Los discípulos de Jesús no querían que los niños estuviesen siempre al lado del Maestro. Creían que aquellos pequeños molestaban al Hijo de Dios. Pretendían, pues, separarlos del mismo pero no acababan de entender nada de nada.

Jesús, al contrario, quiere que los niños se acerquen a Él. Y lo hace porque sabe, y lo dice, que de ellos es el Reino de los Cielos. Y se refiere a la entrega del niño a los padres y, en fin, en la confianza que manifiesta con ellos. Y eso es lo que quiere Dios de sus hijos.
            
   
JESÚS, ayúdanos a tener la confianza de los niños en quien los auxilia.


Eleuterio Fernández Guzmán

12 de agosto de 2016

Comprender la Ley de Dios



Viernes XIX del tiempo ordinario

Mt 19,3-12

"En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: ‘¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?’. Él respondió: ‘¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre’. 

Dícenle: ‘Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?’. Díceles: ‘Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer -no por fornicación- y se case con otra, comete adulterio’. 

Dícenle sus discípulos: ‘Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse’. Pero Él les dijo: ‘No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda’”.

COMENTARIO             

Lo que Cristo había venido a cumplir en su primera venida al mundo era, también, hacer cumplir la Ley de Dios. En realidad, la misma, aunque muchos creyesen otra cosa, había sido más que tergiversada.

Lo del repudio de la mujer por el hombre era un tema muy peliguado para el pueblo judío. Creía que se podía hacer porque Moisés había prescrito que sí. Sin embargo, como muy bien dice Cristo, al principio no era así y sólo la dureza del corazón de sus hijos pudo permitir eso.

Pero hay algo muy importante. Jesús dice que no a todo el mundo está concedido entender qué quiere decir eso. Y es que Dios escoge a quien quiera para entender su Ley y sus normas. 

JESÚS,  ayúdanos a comprender la Ley de Dios.

Eeuterio Fernández Guzmán

11 de agosto de 2016

Ser agradecido y consecuente


Jueves XIX del tiempo ordinario

Mt 18,21—19,1

En aquel tiempo, Pedro preguntó a Jesús: ‘Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?’. Dícele Jesús: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré’. Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. 

‘Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’. Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano’.

Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán.”


COMENTARIO

La intención del Hijo de Dios cuando les hacía partícipes de aquellas parábolas era, sin duda que, con casos de cada día comprendiesen lo fundamental de su doctrina. Y eso es lo que hace con aquella de quien tanto debía y tanto se le perdonó.

Aquel perdón que Pedro quería saber hasta dónde tenía que darlo era el que Dios quería para cada uno de sus hijos. Así como el Todopoderoso siempre perdona la ofensa (en cuanto se le pida perdón, claro está) cada uno de sus hijos ha de hacer con sus hermanos los hombres.

Y pone un ejemplo para enseñar. Y es que aquel hombre que perdona y aquel hombre que se porta muy mal con un su deudor son el ejemplo perfecto para que comprendamos en qué lugar nos encontramos cada uno de nosotros al respecto de quien nos pueda deber algo.



JESÚS, ayúdanos a saber perdonar siempre.


Eleuterio Fernández Guzmán

10 de agosto de 2016

Tener en cuenta lo que vale la pena


Jn 12,24-26


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará’”.

COMENTARIO

Ciertamente, lo que aquí nos dice Cristo tiene mucho de misterioso. Y es que tiene que ver con lo que supone, para un discípulo suyo, entregar su vida y entregarse para la vida eterna. Esto, es verdad, no era fácil de entender.

Que Jesús tiene relación con directa con el Padre Dios Todopoderoso es creencia concreta y directa de todo discípulo suyo. Por eso todo lo que aquí nos dice tiene que ver con lo que ha de ser nuestro futuro cuando nos llegue la muerte. Así, debemos guardar nuestra vida par la que es eterna y no tener por mucho mejor la de este mundo que perece.

Seguir a Cristo es, pues, consejo muy a tener en cuenta porque es voluntad de Dios que así lo hagamos. Algunas veces esto nos dice el Padre a lo largo de las Sagradas Escrituras aunque no siempre se sigue.


JESÚS, ayúdanos a tener en cuenta nuestra vida eterna



Eleuterio Fernández Guzmán

9 de agosto de 2016

No ser ovejas descarriadas


Martes XIX del tiempo ordinario
Mt 18,1-5.10.12-14

En una ocasión, los discípulos preguntaron a Jesús: ‘¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?’. Él llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: ‘Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños’”.

COMENTARIO

No era nada extraño que aquellos que seguían a Jesús quisieran saber qué era del Reino de los Cielos y, dentro de tal curiosidad espiritual, quién era muy importante allí.

Jesús pone como ejemplo a un niño. En realidad, se refiere tanto a una edad infantil en la que no hay malicia (no debe haberla en un discípulo suyo) como a los que son pequeños en la fe (los pobres de espíritu, por ejemplo).

Y, para que comprendan qué quiere decir, aquella parábola de la oveja descarriada debería haberles servido para comprender que, incluso si ellos se pierden, Dios mismo acudirá en su busca.


JESÚS,  ayúdanos a no ser ovejas descarriadas.



Eleuterio Fernández Guzmán

8 de agosto de 2016

Cumplir las normas





                                                                  Lunes XIX del tiempo ordinario

Mt 17,22-27

En aquel tiempo, yendo un día juntos por Galilea, Jesús dijo a sus discípulos: ‘El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le matarán, y al tercer día resucitará’. Y se entristecieron mucho. 

Cuando entraron en Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban el didracma y le dijeron: ‘¿No paga vuestro Maestro el didracma?’. Dice él: ‘Sí’. Y cuando llegó a casa, se anticipó Jesús a decirle: ‘¿Qué te parece, Simón?; los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?’. Al contestar él: ‘De los extraños’, Jesús le dijo: ‘Por tanto, libres están los hijos. Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un estárter. Tómalo y dáselo por mí y por ti”.

COMENTARIO

La verdad puede causar estragos en aquellas personas que no la quieren aceptar, simplemente, porque es dura. Y eso es lo que les pasa a los que siguen a Jesús más de cerca: sus Apóstoles.

Jesús no quiere causar escándalo alguno y que pueda pensarse que va contra lo establecido. Y es que no había venido a derogar las leyes sino a darles el cumplimiento que le correspondía con respecto a la voluntad de Dios.

Lo que hace Cristo es cumplir con la norma. Pero lo hace según puede hacerlo Dios. Y es que decirle aquello de coger el pez a Pedro y que de su boca sacar una moneda del “primer” pez que salga del mar era propio de quien todo lo sabe.



JESÚS,  ayúdanos a cumplir con las normas del mundo si son acordes con Dios.




Eleuterio Fernández Guzmán

7 de agosto de 2016

Un claro aviso de parte de Cristo


Lc 12, 32-48

“‘No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino. Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla; porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

‘Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran.  Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos! Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. 40 También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre.’  Dijo Pedro: ‘Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?.’

Respondió el Señor: ¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si aquel siervo se dice en su corazón: “Mi señor tarda en venir”, y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles. ‘Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes;  el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más”.

COMENTARIO

El Reino dado por Dios

Para que no hubiese duda alguna al respecto, Jesús da cuenta a los que le escuchan, era para todos aquello, que Dios había escogido al pueblo judío como el suyo. Y por eso no debían temer nada.

Lo que ha de venir

Pero Cristo también avisa de qué ha de pasar. Y es que cuando llegue el momento oportuno vendrá el Hijo de Dios a juzgar a vivos y a muertos y que cada cual recibirá según merezca. Según merezca.

Estar preparado

De todo esto se concluye que cada cual debía estar preparado para que, cuando llegara tal momento, no pudiera ser sorprendido de forma descuidada. Es más, hacer eso tendría consecuencias muy graves. Había, pues, que orar; había, pues, que prepararse. Y hay.

JESÚS, ayúdanos a estar preparados.



Eleuterio Fernández Guzmán