17 de agosto de 2016

Saber ser últimos


Miércoles XX del tiempo ordinario

Mt  20,1-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a los discípulos esta parábola: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo’. Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: ‘¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’. Dícenle: ‘Es que nadie nos ha contratado’. Díceles: ‘Id también vosotros a la viña’.

‘Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros’. Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor’. Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos’.


COMENTARIO

Cristo vuelve a insistir, como hiciera ya ayer, acerca de algo que deberíamos tener en cuenta pero que, por desgracia y para desgracia nuestra, muchas veces olvidamos: ¡cuidado con querer ser primeros en este mundo a costa de muchos!

La parábola de la viña y del dueño de la viña nos trae a la realidad algo que muchas veces se olvida: Dios da como quiere y a quien quiere y está más que mal no alegrarse porque alguien reciba un don o una gracia de parte del Padre porque no nos haya sido dada a nosotros.
Insiste el Hijo de Dios en lo mismo pero ahora concreta más que ayer mismo. 

Y es que hoy dice apunta que los últimos serán los primeros y los primeros, últimos. Concreta más que ayer porque ahora ya sabemos qué nos conviene a cada uno de nosotros.


JESÚS,  ayúdanos a saber ser últimos y, además, agradecerlo



Eleuterio Fernández Guzmán

16 de agosto de 2016

No querer ser primeros




Martes XX del tiempo ordinario

Mt 19,23-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos’. Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: ‘Entonces, ¿quién se podrá salvar?’. Jesús, mirándolos fijamente, dijo: ‘Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible’.
Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?’. Jesús les dijo: ‘Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros’.

COMENTARIO

Cuando Jesús dice eso de los ricos no se refiere, sin duda, a los que teniendo muchos bienes hacen el bien con los que no los tienen. No. Se refiere a los que, dándose cuenta de las necesidades ajenas, nada hacen para tratar de auxiliar a tales personas.

Y una gran verdad: para el hombre hay cosas, como la salvación, con las que no tiene nada que hacer en cuanto hombre. Debe someterse a la voluntad de Dios que, sin embargo, aporta qué se ha de hacer para alcanzarla.

Jesús, a tal respecto,  habla de los últimos y los primeros. Y es que muchos que aquí se creen primeros, serán últimos en el Cielo y, al revés, muchos que se saben últimos, serán primeros. Y eso es un gran misterio pero que se explica muy bien según lo que hagamos aquí.


JESÚS,  ayúdanos a no querer ser primeros .



Eleuterio Fernández Guzmán

15 de agosto de 2016

La labor del Espíritu Santo

Lc 1,39-56

En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: ‘Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!’.

Y dijo María: ‘Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos’. María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.”

COMENTARIO

Sabemos que, cuando el Ángel Gabriel dejó a María con la buena nueva de que iba a ser la madre de Dios, ella sólo tuvo un pensamiento: debía acudir donde vivía su prima Isabel porque estaba embarazada y era persona de edad avanzada. Y eso hace sin temor a nada ni a nadie.

Cuando María se acerca a la casa de Isabel a esta el Espíritu Santo le ha soplado en el corazón. Sabe más de lo que debería saber alguien en sus circunstancias. Y se alegra. La llama bendita a María y bendito al niño que lleva en sus entrañas. Y es que ha reconocido a la Madre de su Señor.

Y María… ¿qué hace?: proclama. Ella deja salir de su corazón las inspiraciones del Espíritu Santo. Sabe que Dios ha hecho lo que, para los hombres, es imposible. Sabe, también, que, en efecto, ha sido bendecida desde la misma eternidad. Y se alegra.


JESÚS, gracias por darnos a María como Madre nuestra.

Eleuterio Fernández Guzmán


14 de agosto de 2016

El fuego de Dios sana


Lc 12, 49-53

“‘He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido! Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla! ¿Creéis que estoy aquí para dar paz a la tierra? No, os lo aseguro, sino división. Porque desde ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres contra dos, y dos contra tres;  estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la  madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.’”

COMENTARIO         

Lo que Cristo había venido a hacer al mundo, para muchos, no era entendible. Ellos vivían su fe, creían, de forma plena pero, en realidad, ni entendían la voluntad de Dios y, lo que es peor, no querían entenderla.

Jesús, sin embargo sabía todo lo que le iba a pasar. Lo sabía no por ser profeta sino porque era Dios y tenía todo conocimiento de todo. Por eso sabía cómo sería su muerte y se sometía a ella y a la voluntad de Dios en cuanto Padre suyo.

En realidad, cuando Cristo dice que unos se enfrentarán a otros quiere decir que, a causa de de Él muchos se iban a llevar mal con otros porque habrían preferido la vida eterna al mundo. Y tal era un fuego que, además, sanaría lo malo que había en el corazón de los hombres y lo sanaría para siempre.

               
JESÚS, ayúdanos a aceptar el fuego de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

13 de agosto de 2016

Ser como niños

Sábado XIX del tiempo ordinario
Mt 19,13-15

En aquel tiempo, le presentaron a Jesús unos niños para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús les dijo: ‘Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos’. Y, después de imponerles las manos, se fue de allí.”

COMENTARIO

Es bien conocido que en tiempos de Jesús, por la forma de ser del pueblo judío y por las propias circunstancias históricas de entonces, el niño no era muy bien considerado. No es que no se le quisiese sino que no se le tenía en cuenta.

Los discípulos de Jesús no querían que los niños estuviesen siempre al lado del Maestro. Creían que aquellos pequeños molestaban al Hijo de Dios. Pretendían, pues, separarlos del mismo pero no acababan de entender nada de nada.

Jesús, al contrario, quiere que los niños se acerquen a Él. Y lo hace porque sabe, y lo dice, que de ellos es el Reino de los Cielos. Y se refiere a la entrega del niño a los padres y, en fin, en la confianza que manifiesta con ellos. Y eso es lo que quiere Dios de sus hijos.
            
   
JESÚS, ayúdanos a tener la confianza de los niños en quien los auxilia.


Eleuterio Fernández Guzmán

12 de agosto de 2016

Comprender la Ley de Dios



Viernes XIX del tiempo ordinario

Mt 19,3-12

"En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: ‘¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?’. Él respondió: ‘¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre’. 

Dícenle: ‘Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?’. Díceles: ‘Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer -no por fornicación- y se case con otra, comete adulterio’. 

Dícenle sus discípulos: ‘Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse’. Pero Él les dijo: ‘No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda’”.

COMENTARIO             

Lo que Cristo había venido a cumplir en su primera venida al mundo era, también, hacer cumplir la Ley de Dios. En realidad, la misma, aunque muchos creyesen otra cosa, había sido más que tergiversada.

Lo del repudio de la mujer por el hombre era un tema muy peliguado para el pueblo judío. Creía que se podía hacer porque Moisés había prescrito que sí. Sin embargo, como muy bien dice Cristo, al principio no era así y sólo la dureza del corazón de sus hijos pudo permitir eso.

Pero hay algo muy importante. Jesús dice que no a todo el mundo está concedido entender qué quiere decir eso. Y es que Dios escoge a quien quiera para entender su Ley y sus normas. 

JESÚS,  ayúdanos a comprender la Ley de Dios.

Eeuterio Fernández Guzmán

11 de agosto de 2016

Ser agradecido y consecuente


Jueves XIX del tiempo ordinario

Mt 18,21—19,1

En aquel tiempo, Pedro preguntó a Jesús: ‘Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?’. Dícele Jesús: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré’. Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. 

‘Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’. Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano’.

Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán.”


COMENTARIO

La intención del Hijo de Dios cuando les hacía partícipes de aquellas parábolas era, sin duda que, con casos de cada día comprendiesen lo fundamental de su doctrina. Y eso es lo que hace con aquella de quien tanto debía y tanto se le perdonó.

Aquel perdón que Pedro quería saber hasta dónde tenía que darlo era el que Dios quería para cada uno de sus hijos. Así como el Todopoderoso siempre perdona la ofensa (en cuanto se le pida perdón, claro está) cada uno de sus hijos ha de hacer con sus hermanos los hombres.

Y pone un ejemplo para enseñar. Y es que aquel hombre que perdona y aquel hombre que se porta muy mal con un su deudor son el ejemplo perfecto para que comprendamos en qué lugar nos encontramos cada uno de nosotros al respecto de quien nos pueda deber algo.



JESÚS, ayúdanos a saber perdonar siempre.


Eleuterio Fernández Guzmán

10 de agosto de 2016

Tener en cuenta lo que vale la pena


Jn 12,24-26


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará’”.

COMENTARIO

Ciertamente, lo que aquí nos dice Cristo tiene mucho de misterioso. Y es que tiene que ver con lo que supone, para un discípulo suyo, entregar su vida y entregarse para la vida eterna. Esto, es verdad, no era fácil de entender.

Que Jesús tiene relación con directa con el Padre Dios Todopoderoso es creencia concreta y directa de todo discípulo suyo. Por eso todo lo que aquí nos dice tiene que ver con lo que ha de ser nuestro futuro cuando nos llegue la muerte. Así, debemos guardar nuestra vida par la que es eterna y no tener por mucho mejor la de este mundo que perece.

Seguir a Cristo es, pues, consejo muy a tener en cuenta porque es voluntad de Dios que así lo hagamos. Algunas veces esto nos dice el Padre a lo largo de las Sagradas Escrituras aunque no siempre se sigue.


JESÚS, ayúdanos a tener en cuenta nuestra vida eterna



Eleuterio Fernández Guzmán

9 de agosto de 2016

No ser ovejas descarriadas


Martes XIX del tiempo ordinario
Mt 18,1-5.10.12-14

En una ocasión, los discípulos preguntaron a Jesús: ‘¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?’. Él llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: ‘Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños’”.

COMENTARIO

No era nada extraño que aquellos que seguían a Jesús quisieran saber qué era del Reino de los Cielos y, dentro de tal curiosidad espiritual, quién era muy importante allí.

Jesús pone como ejemplo a un niño. En realidad, se refiere tanto a una edad infantil en la que no hay malicia (no debe haberla en un discípulo suyo) como a los que son pequeños en la fe (los pobres de espíritu, por ejemplo).

Y, para que comprendan qué quiere decir, aquella parábola de la oveja descarriada debería haberles servido para comprender que, incluso si ellos se pierden, Dios mismo acudirá en su busca.


JESÚS,  ayúdanos a no ser ovejas descarriadas.



Eleuterio Fernández Guzmán

8 de agosto de 2016

Cumplir las normas





                                                                  Lunes XIX del tiempo ordinario

Mt 17,22-27

En aquel tiempo, yendo un día juntos por Galilea, Jesús dijo a sus discípulos: ‘El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le matarán, y al tercer día resucitará’. Y se entristecieron mucho. 

Cuando entraron en Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban el didracma y le dijeron: ‘¿No paga vuestro Maestro el didracma?’. Dice él: ‘Sí’. Y cuando llegó a casa, se anticipó Jesús a decirle: ‘¿Qué te parece, Simón?; los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?’. Al contestar él: ‘De los extraños’, Jesús le dijo: ‘Por tanto, libres están los hijos. Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un estárter. Tómalo y dáselo por mí y por ti”.

COMENTARIO

La verdad puede causar estragos en aquellas personas que no la quieren aceptar, simplemente, porque es dura. Y eso es lo que les pasa a los que siguen a Jesús más de cerca: sus Apóstoles.

Jesús no quiere causar escándalo alguno y que pueda pensarse que va contra lo establecido. Y es que no había venido a derogar las leyes sino a darles el cumplimiento que le correspondía con respecto a la voluntad de Dios.

Lo que hace Cristo es cumplir con la norma. Pero lo hace según puede hacerlo Dios. Y es que decirle aquello de coger el pez a Pedro y que de su boca sacar una moneda del “primer” pez que salga del mar era propio de quien todo lo sabe.



JESÚS,  ayúdanos a cumplir con las normas del mundo si son acordes con Dios.




Eleuterio Fernández Guzmán

7 de agosto de 2016

Un claro aviso de parte de Cristo


Lc 12, 32-48

“‘No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino. Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla; porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

‘Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran.  Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos! Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. 40 También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre.’  Dijo Pedro: ‘Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?.’

Respondió el Señor: ¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si aquel siervo se dice en su corazón: “Mi señor tarda en venir”, y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles. ‘Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes;  el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más”.

COMENTARIO

El Reino dado por Dios

Para que no hubiese duda alguna al respecto, Jesús da cuenta a los que le escuchan, era para todos aquello, que Dios había escogido al pueblo judío como el suyo. Y por eso no debían temer nada.

Lo que ha de venir

Pero Cristo también avisa de qué ha de pasar. Y es que cuando llegue el momento oportuno vendrá el Hijo de Dios a juzgar a vivos y a muertos y que cada cual recibirá según merezca. Según merezca.

Estar preparado

De todo esto se concluye que cada cual debía estar preparado para que, cuando llegara tal momento, no pudiera ser sorprendido de forma descuidada. Es más, hacer eso tendría consecuencias muy graves. Había, pues, que orar; había, pues, que prepararse. Y hay.

JESÚS, ayúdanos a estar preparados.



Eleuterio Fernández Guzmán

6 de agosto de 2016

Cristo se transfigura para hacernos entender

Lc 9,28-36

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar. Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante, y he aquí que conversaban con Él dos hombres, que eran Moisés y Elías; los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén. 
Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con Él. Y sucedió que, al separarse ellos de Él, dijo Pedro a Jesús: ‘Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’, sin saber lo que decía. Estaba diciendo estas cosas cuando se formó una nube y los cubrió con su sombra; y al entrar en la nube, se llenaron de temor. Y vino una voz desde la nube, que decía: ‘Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle’. Y cuando la voz hubo sonado, se encontró Jesús solo. Ellos callaron y, por aquellos días, no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.”

COMENTARIO

No podemos negar que Jesús tenía, entre sus apóstoles, a algunos de ellos para los que tenía reservada una misión especial. Y aquellos tres, los Zebedeos, Santiago y Juan, y Pedro son, digamos, los más destacados de entre ellos.

Cuando Jesús se transfigura y aparecen allí Moisés y Elías, dos grandes miembros de la fe del pueblo elegido por Dios, lo que hacen es hablar de la muerte que va a tener el Hijo de Dios. Y le confirmarían todo lo que había estado predicando.

Pero aquellos tres hombres que acompañaban a Jesús actuaban como lo que eran: unos discípulos que aún no habían comprendido del todo aquello que suponía ser, precisamente, discípulos de aquel Maestro. En realidad, comprendieron más bien poco.

JESÚS, ayúdanos a comprender tu santo mensaje.



Eleuterio Fernández Guzmán

5 de agosto de 2016

Negarse a sí mismo



Viernes XVIII del tiempo ordinario

Mt 16,24-28

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues, ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O, ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Yo os aseguro: entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su Reino’”.

COMENTARIO

No podemos negar que el Hijo de Dios, como suele decirse, lo tenía todo bastante claro. Es decir, no había venido al mundo a decir las cosas con medias tintas ni a contentar a los tibios. Para seguirle a él todo debía ser abandonado.

El caso es que Jesús sabía perfectamente que la muerte acababa con todo. Ciertamente, todo el mundo sabía eso pero al parecer no se daban cuenta de que lo único que valía la pena era salvar el alma.

Es más, avisa acerca de que ha de volver. Claro, antes había de morir y, cuando volviera no lo iba a hacer para pasar el rato. No. Iba a venir, vendrá, para juzgar a vivos y a muertos. Y eso debería ser un aviso bastante claro.


JESÚS, ayúdanos a acumular para la vida eterna.

Eleuterio Fernández Guzmán


4 de agosto de 2016

Confiar en Pedro



Jueves XVIII del tiempo ordinario

Mt 16,13-23

En aquellos días, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?’. Ellos dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas’. Díceles Él: ‘Y vosotros ¿quién decís que soy yo?’. Simón Pedro contestó: ’Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo’. Replicando Jesús le dijo: ‘Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que Él era el Cristo.

Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día. Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: ‘¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!’. Pero Él, volviéndose, dijo a Pedro:’ ¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!’”.

COMENTARIO

Quién es Cristo

Cristo quería saber qué pensaba la gente de Él. Y es que como hombre no podía saberlo. Pero lo que, en realidad, quería saber era qué pensaban sus Apóstoles. Y Pedro le contesta con toda verdad y realidad.


Pedro

Aquel hombre, quien lo iba a negar tres veces, le dice la verdad: es el Hijo de Dios. Y a aquel hombre lo convierte en piedra sobre la que iba a edificar su Iglesia y a quien da las llaves de la misma.

Lo que ha de pasar

Pero había algo que no iba a gustar, precisamente, a Pedro. Cristo les dice lo que va a pasar y eso no es del gusto de ninguno de los presentes. Y Cristo se da cuenta de lo difícil que va ser el final de su misión.


JESÚS, ayúdanos a confiar en Pedro 


Eleuterio Fernández Guzmán

2 de agosto de 2016

Confiar plenamente en Cristo

Mt 14, 22-36


“22 Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. 23 Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí. 24 La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. 25 Y a la cuarta vigilia de la noche vino él hacia ellos, caminando sobre el mar.

26 Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: ‘Es un fantasma’, y de miedo se pusieron a gritar. 27 Pero al instante les habló Jesús diciendo: ‘¡Animo!, que soy yo; no temáis.’ 28 Pedro le respondió: ‘Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre
las aguas.’ 29 ‘¡Ven!’, le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. 30 Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: ‘¡Señor, sálvame!’ 31 Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: ‘Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?’ 32 Subieron a la barca y amainó el viento. 33 Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: ‘Verdaderamente eres Hijo de Dios.’ 34 Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. 35 Los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le presentaron todos los enfermos.
36 Le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron salvados.”

COMENTARIO

El Hijo de Dios tenía mucho que enseñar a los que había escogido como Apóstoles. Y lo hacía de muchas formas porque era consciente de que necesitaban aprender lo que era la voluntad de Dios Todopoderoso.

El episodio de ver a Jesús caminar sobre las aguas debió dejar helados a los que estaban en la barca. Y es que no era muy habitual ver una cosa así. No nos extraña que tuvieran miedo y tampoco que el Maestro los tranquilizara.

Pedro, aquel que tenía cierta primacía sobre los demás, no tiene dudas… en principio. Se tira al agua porque sabe que es Jesús pero su confianza no es del todo plena. Y cae a las aguas. Al contrario que la de aquellos que sabían que tan sólo con tocar la orla de su manto iban a quedar curados. Y quedaban…


JESÚS, ayúdanos a tener plena confianza en Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán


1 de agosto de 2016

El poder del Todopoderoso


Lunes XVIII del tiempo ordinario
Mt 14,13-21

En aquel tiempo, cuando Jesús recibió la noticia de la muerte de Juan Bautista, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario. En cuanto lo supieron las gentes, salieron tras Él viniendo a pie de las ciudades. Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos. 

Al atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: ‘El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren comida’. Mas Jesús les dijo: ‘No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer’. Dícenle ellos: ‘No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces’. Él dijo: ‘Traédmelos acá’. 

Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos. Y los que habían comido eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.”

COMENTARIO

Podemos suponer el dolor que Jesús debió sentir cuando supo que su primo Juan, que lo había bautizado en el río Jordán había muerte de aquella forma tan injusta y terrible. Quiso retirarse a orar, pero muchos lo siguieron.

Jesús quiso probar a sus apóstoles. Quería ver hasta dónde eran capaces de llegar con su confianza en Dios. Fallaron en esto porque ellos pensaban como hombre y no como el Creador. No supieron cómo hacer frente a tanta boca necesitada de comida.

Pero Cristo era Dios hecho hombre. Sabía perfectamente cómo salir de aquella difícil situación. Y se dirige a su Padre Dios para que, mediante Él, auxilie a quien tanta necesitad habían de auxilio. Y es que Cristo sabe cómo dirigirse a Dios.

JESÚS, ayúdanos a confiar en su voluntad misericordiosa.

Eleuterio Fernández Guzmán


31 de julio de 2016

Lo que verdaderamente interesa




Domingo XVIII (C) del tiempo ordinario

Lc 12,13-21

En aquel tiempo, uno de la gente le dijo: ‘Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo’. Él le respondió: ‘¡Hombre!, ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?’. Y les dijo: ‘Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes’.

Les dijo una parábola: ‘Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: ‘¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?’. Y dijo: ‘Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea’. Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?’. Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios’”.


COMENTARIO

A lo largo de sus años de predicación, el Hijo de Dios sabía que había algo que debía poner en conocimiento de todos aquellos que le pudiesen escuchar algo que era muy importante: hay cosas que no valen la pena de cara a la vida eterna.

La ambición humana siempre ha estado al orden del día desde que el mundo es mundo y desde que Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza. Caín, por ejemplo, ambicionaba el amor que él creía que Dios tenía por su hermano Abel. Y, desde entonces…

Sin embargo, la voluntad de Dios suele ir por caminos distintos a los que el ser humano prefiere. Y es que Creador tiene en cuenta otros parámetros de vida y no los que nosotros solemos tener. Sólo vale, para Él, aquello que no enriquece para el Cielo.


JESÚS,  ayúdanos a saber qué es lo que nos conviene.


Eleuterio Fernández Guzmán