6 de diciembre de 2015

El Mensajero que anuncia a Cristo



Mc 1, 1-8

“Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Conforme está escrito en Isaías el profeta: = Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino. = = Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor,  enderezad sus sendas, =  apareció Juan bautizando en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados.  Acudía a él gente de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.  Juan llevaba un vestido de pie de camello; y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Y proclamaba: ‘Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa  de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo’”.

COMENTARIO

En realidad, todo estaba escrito en lo que llamamos Antiguo Testamento o Antigua Alianza. Y estaba escrito que Dios suscitaría entre los hombres un gran profeta que, además, introduciría a su Hijo en el mundo, anunciaría su llegada.

El hombre de aquel profeta era Juan. Era llamado el Bautista porque ejercía su labor espiritual en el río Jordán, bautizando con agua. Pero él sabía que no era el Mesías y que debía limitarse a procurar que muchos limpiasen su corazón con el agua del arrepentimiento.

Otro, sin embargo, debía venir. Bautizaría no con agua sino con fuego y Espíritu Santo. Es más fuerte que el propio Juan. Y es de tal naturaleza su fortaleza espiritual que n se siente signo ni de desatarle la correa de sus sandalias. Tal es el Cristo quien ha de venir… y vino.


JESÚS, ayúdanos a comprender el mensaje espiritual de tu primo Juan.



Eleuterio Fernández Guzmán

5 de diciembre de 2015

Ser trabajadores de la mies de Dios

Sábado I de Adviento

Mt 9,35—10,1.6-8

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: ‘La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies’. 

Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: ‘Dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis’”.

COMENTARIO

Sabe Cristo que debe hacer lo posible para que su mensaje, la Palabra de Dios y la santa doctrina de la Iglesia que va a fundar, debe ser transmitida al mundo. Necesita, pues, trabajadores para la mies de su Padre.

El caso es que Jesús se da cuenta de que tal misión debe ser cumplida porque aprecia que muchos andan equivocados por el mundo como ovejas que no tienen pastor. Por eso pide que, a su vez, pidamos a Dios que envíe pastores.

Y luego envía  a los doce apóstoles a evangelizar. Debían recuperar a las ovejas perdidas o, lo que es lo mismo, a los miembros del pueblo judío que se habían desviado de la voluntad de Dios.

JESÚS, ayúdanos a trabajar en tu mies.


Eleuterio Fernández Guzmán

4 de diciembre de 2015

Según nuestra fe

Viernes I de Adviento

Mt 9,27-31

Cuando Jesús se iba de allí, al pasar le siguieron dos ciegos gritando: ‘¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!’. Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: ‘¿Creéis que puedo hacer eso?’. Dícenle: ‘Sí, Señor’. Entonces les tocó los ojos diciendo: ‘Hágase en vosotros según vuestra fe’. Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó severamente: ‘¡Mirad que nadie lo sepa!’. Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca.

COMENTARIO

Los que siguen a Jesús muchas veces lo hacen para ver a alguien que ha alcanzado fama de santidad. Muchos, por eso mismo, no tienen fe sino que, simplemente, quieren conocer a quien, según les dicen, hace cosas extraordinarias.

Otros, sin embargo, creían en Jesús y tenían confianza en que podría salvarles. Aquellos ciegos, por ejemplo, eran de los que estaban más que seguros que, acudiendo al Maestro, serían curados. Y así lo hacen.

Jesús no puede resistir la petición de alguien que, con corazón de carne, le reconozca como el Mesías, como el Hijo de Dios. Por eso les dice que “según vuestra fe” les curaba. Y ellos, por mucho que no quisiera el Mesías que se anunciasen aquella curación, no podían dejar de alabar a Dios.

JESÚS,  ayúdanos a tener fe.



Eleuterio Fernández Guzmán

3 de diciembre de 2015

Construir la vida sobre la Roca que es Cristo

Jueves I de Adviento
Mt 7,21.24-27

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina’”.

COMENTARIO

Una cosa es lo que se dice y otra, a veces muy distinta, lo que se hace. Y eso lo sabe de cada uno de sus hermanos los hombres. Por avisa acerca de que se sabe, Quien lo sabe es lo que a veces no queremos ver, todo lo que hay en nuestro corazón.

Jesús, como en muchas ocasiones, trata de que se conozca en profundidad, lo que conviene al ser humano. Y el ejemplo de la casa construida sobre roca o sobre arena.

Construir la casa sobre la roca es hacerlo sobre Cristo, Roca de la fe que nos sostiene. Sólo quien construye su vida espiritual, y material, sobre Él será capaz de sobrevivir a las embestidas del Maligno. Quien no lo haga será como el necio que la construye sobre lo perecedero y mortal.


JESÚS,  ayúdanos a construir nuestra vida sobre Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

2 de diciembre de 2015

Confiar en la santa Providencia de Dios

Miércoles I de Adviento

Mt 15,29-37

“En aquel tiempo, pasando de allí, Jesús vino junto al mar de Galilea; subió al monte y se sentó allí. Y se le acercó mucha gente trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos; los pusieron a sus pies, y Él los curó. De suerte que la gente quedó maravillada al ver que los mudos hablaban, los lisiados quedaban curados, los cojos caminaban y los ciegos veían; y glorificaron al Dios de Israel. 

Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: ‘Siento compasión de la gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino’. Le dicen los discípulos: ‘¿Cómo hacernos en un desierto con pan suficiente para saciar a una multitud tan grande?’. Díceles Jesús: ‘¿Cuántos panes tenéis?’. Ellos dijeron: ‘Siete, y unos pocos pececillos’. El mandó a la gente acomodarse en el suelo. Tomó luego los siete panes y los peces y, dando gracias, los partió e iba dándolos a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y de los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas.

COMENTARIO

Él los curó. Este texto del evangelio de San Mateo nos dice lo que Jesús hacía habitualmente. Había venido a curar a los enfermos. No sólo de cuerpo sino también de alma pero, también, a los de cuerpo. Era un signo de que había llegado el Mesías como así estaba escrito.

Pero Jesús sabe que aquellos que le siguen tienen hambre, también, de pan porque es todo punto lógico que no tuvieran nada de comer después de seguirlo unos cuantos días. Y quiere agradecérselo de la mejor manera que puede y sabe.

Jesús, según nos dice este texto, da gracias a Dios. No se pone repartir el pan y los peces sin más sino que se dirige al Padre porque sabe que todo lo puede. Y sobró comida porque para el Creador nada hay imposible.


JESÚS,  ayúdanos a confiar en la santa Providencia de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

1 de diciembre de 2015

Entender lo que Dios nos quiere decir


 Martes I de Adviento
Lc 10,21-24

En aquel momento, Jesús se llenó de gozo en el Espíritu Santo, y dijo: ‘Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar’. Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: ‘¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron’”.

COMENTARIO

Jesús sabe que Dios gusta y goza acerca de que lo que es importante para el ser humano lo conozca quien lo va a aceptar en su corazón. Y eso es lo que hace en este caso Jesús cuando se presenta ante los que le escuchan.

Jesús sabe que es el Hijo de Dios. Es más, lo sabe hasta tal punto que está más que seguro que muchos de los que le escuchan lo van a entender. Otros no pero un grupo de personas, los más sencillos, van a tener en su corazón la verdad que les está transmitiendo.

Jesús goza en transmitir que el momento que están viviendo aquellos que le escuchan es único. Es más, sabe que eso querrían haberlo visto muchos otros antes y no lo habían visto. Y ellos, muchos de ellos, no querían saber nada del que eso les decía.

JESÚS,  ayúdanos a entender las Palabras de Dios Padre


Eleuterio Fernández Guzmán

30 de noviembre de 2015

Seguir a Cristo


Mt 4,18-22

“18 Caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores, 19 y les dice: ‘Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres.’ 20 Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron. 21 Caminando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; y los llamó. 22 Y ellos al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron”.


COMENTARIO

Cuando Jesús comienza su etapa de predicación sabía que necesitaba que algunos de sus contemporáneos le echasen una mano en la labor que había comenzado a llevar a cabo. Y escoge a algunos.

Andrés y Pedro eran pescadores. Estaban llevando a cabo su oficio cuando Jesús los llama. Les dice que los va a hacer pescadores de hombres. Seguramente no entendieron que quería decir eso pero algo tuvieron que ver en Jesús para dejarlo todo y seguirlo.

Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, también eran pescadores. Al parecer, su padre era propietario de las barcas. Ellos, por tanto, dejaban mucho  más que los otros dos nombrados antes. Pero lo dejaron, incluso a su padre (con lo que eso suponía en el mundo judío) para seguir a Aquel que los había llamado.

JESÚS, ayúdanos a dejarlo todo por ti.


Eleuterio Fernández Guzmán


29 de noviembre de 2015

Prepararse; estar preparados



Lc 21, 25-28. 34-36

“‘Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación.’

‘Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros, como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra. 36 Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre.”

COMENTARIO

Seguramente Jesús quiere, cuando dice lo que dice y que recoge este texto del Evangelio de San Lucas, causar cierto miedo en las personas que le escuchan. No es que quiera causarles daño espiritual sino que se den cuenta de lo que va a pasar.

Todas las señales a las que hace referencia son cosas terribles. Podemos pensar a qué se refiere cuando habla de las señales que habrá en la luna, en el solo o en las estrellas. Nada bueno puede ser. Pero tiene, todo eso, un sentido para Quien lo dice: sabe que va a pasar  y nos pone sobre el aviso de eso.

Pero la esperanza no se pierde. Es más, bien nos dice Jesús que la esperanza no debe perderse nunca. Y es que cuando se den las señales a las que hace referencia será el tiempo de su regreso. Vendrá para juzgar a vivos y a muertos. Por eso debemos estar preparados.


JESÚS, ayúdanos a estar preparados; a prepararnos.


Eleuterio Fernández Guzmán

28 de noviembre de 2015

Las cosas del mundo ni sirven ni valen


Sábado XXXIV del tiempo ordinario

Lc 21,34-36

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros, como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra. Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre’”.

COMENTARIO

En muchos momentos de su predicación, Jesús nos pone sobre la pista de qué debemos hacer pero, otras muchas veces (porque conoce nuestra naturaleza) sobre lo que no debemos hacer ni seguir. Y eso es esencial para nuestra vida eterna.

Es bien cierto que las cosas terrenas atraen mucho al ser humano. Es decir, que eso de lo que habla Jesús (el libertinaje, la embriaguez por las cosas de la vida, etc.) no nos es extraño sino que es, para desgracia mucha, lo que conduce muchas nuestra vida.

Lo contrario nos dice Jesús que debemos comportarnos. Quiere, porque nos ama como hermanos suyos que somos, que estemos en vela. Eso quiere decir que procuremos no caer en determinadas tentaciones que ensucian nuestra alma. Y orar. También nos recuerda que no debemos dejar de orar.

JESÚS, ayúdanos a permanecer en vela.



Eleuterio Fernández Guzmán

27 de noviembre de 2015

Tener conciencia de nuestra fe

Viernes XXXIV del tiempo ordinario
Lc 21,29-33
En aquel tiempo, Jesús puso a sus discípulos esta comparación: ‘Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya echan brotes, al verlos, sabéis que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que el Reino de Dios está cerca. Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.

COMENTARIO

A veces Jesús habla de forma enigmática. No es que no quiera hacerse entender (todo lo contrario es la verdad) sino que necesita decir las cosas como son y, a veces, las cosas no se entienden fácilmente.

Ya se había referido a las señales que se darán antes de que vuelva otra vez al mundo (todavía no se había ido y por eso era tan difícil de entender aquello que decía). Ahora remacha acerca de que entonces, entonces, volverá.

La prueba de que ha de volver es que aquello que les ha dicho, Palabra de Dios, nunca ha de pasar. Puede pasar todo, de hecho todo pasará, pero su Palabra no pasará nunca.

JESÚS, ayúdanos a esperarte con fe y esperanza.


Eleuterio Fernández Guzmán

26 de noviembre de 2015

Estar preparados

Lc 21,20-28
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación. Entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que estén en medio de la ciudad, que se alejen; y los que estén en los campos, que no entren en ella; porque éstos son días de venganza, y se cumplirá todo cuanto está escrito.

‘¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Habrá, en efecto, una gran calamidad sobre la tierra, y cólera contra este pueblo; y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que se cumpla el tiempo de los gentiles. Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación’”.


COMENTARIO

Los acontecimientos que han de anticipar la llegada del Hijo del hombre son terribles: multitud de señales la acompañan  provocando en el hombre, en las personas, una situación de angustia de difícil parangón.  Y esto puede producir angustia en quien lo escuche.

Todo este panorama, como decimos, puede causar pavor en quien no tenga fe en Dios Todopoderoso y en su Hijo Jesucristo. Y es que pensar, tan sólo pensar, en tal panorama, no ofrece mucho gozo-

De todas formas, el aspecto más positivo de este terrible anuncio es que llega esa nuestra liberación. Y es que Cristo nos dice con toda claridad que cuando veamos que sucede todo eso a lo que se refiere aquí es el momento en el que vendrá con majestad a juzgar a vivos y a muertos.

JESÚS, ayúdanos a estar preparados cuando vuelvas al mundo.


Eleuterio Fernández Guzmán

25 de noviembre de 2015

Perseverar en la fe


Miércoles XXXIV del tiempo ordinario
Lc 21,12-19

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis testimonio. Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas’“.

COMENTARIO

Jesús sabe lo que va a pasar con aquellos que quieran ser sus discípulos. El caso es que sería extraño que si han perseguido al Maestro no quieran hacer lo mismo con aquellos que pueden difundir lo que Él les ha transmitido.

Pero lo peor, por así decirlo, es que la persecución no será, digamos, de parte (sólo) del poder establecido sino de los propios familiares de sus discípulos. Serán sus mismas familias las que los entreguen a las autoridades pensando, además, que hace un bien.

Todo, sin embargo, no está perdido. Y es que Jesús les dice, nos dice, que aunque nos persigan Dios está a nuestro lado. Es más, que perseverar en la fe y en la creencia en el Todopoderoso es señal de que seremos salvados.

JESÚS, ayúdanos a perseverar en la fe.


Eleuterio Fernández Guzmán

24 de noviembre de 2015

Debemos estar atentos para no ser engañados


Martes XXXIV del tiempo ordinario

Lc 21,5-11

En aquel tiempo, como dijeran algunos acerca del Templo que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: ‘Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida’. 
Le preguntaron: ‘Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?’. Él dijo: ‘Estad alerta, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: ‘Yo soy’ y ‘el tiempo está cerca’. No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato’. Entonces les dijo: ‘Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo’”.

COMENTARIO

A diferencia de lo que se pueda creer, Jesús no dice eso del Templo de Jerusalén porque fuera profeta (no lo era) sino porque sabía lo que iba a pasar al ser Dios. Pero el aviso no debería haber caído en saco roto.

Jesús avisa acerca de los que han de venir en su nombre. Es decir, quiere decirnos que debemos tener cuidado con aquellos que se presente diciendo que son Cristo mismo y que han venido a salvar al mundo.

Poner, sin embargo, el acento en algo que ha de pasar: cuando llegue el tiempo de su regreso a la tierra antes habrá habido muchas catástrofes. Sin embargo insiste en decirnos que no debemos preocuparnos sino, en todo caso, orar a Dios.

JESÚS, ayúdanos a no dejarnos engañar por los que se presentan como si fuesen tú.


Eleuterio Fernández Guzmán

23 de noviembre de 2015

A Dios no le engañan las apariencias

Lunes XXXIV del tiempo ordinario

Lc 21,1-4

En aquel tiempo, alzando la mirada, Jesús vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas, y dijo: ‘De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir’”.

COMENTARIO

No era nada extraño, y sigue sin serlo, que el ser humano haga como si Dios no conociese lo que lleva a cabo. Es decir, como si el Creador, que todo lo ha creado y mantiene, estuviese muy alejado de la existencia de cada una de sus criaturas.

Jesús sabe que su Padre conoce todo de todos. Por eso no se le puede engañar y por eso les pone el ejemplo de la limosna en el Templo. Es normal, a tal respecto, que hubiese muchos ricos que echaban lo que les sobraba. Y tal dinero, seguramente, no era tan bien visto por Dios como ellos debían creer.

La viuda, sin embargo (que sería pobre por no tener quien la asistiera) echa mucho más que ellos. Es decir, no en cantidad pero si en “calidad” de la limosna. Ella no echa lo que sobra sino de lo que le hace falta. Y tal dar forma de dar es muy agradecida por Dios.

JESÚS, ayúdanos a tener espíritu caritativo de verdad y no falseado


Eleuterio  Fernández Guzmán

22 de noviembre de 2015

Rey de Reyes


Jn 18, 33b-37

“’¿Eres tú el Rey de los judíos?’  Respondió Jesús: ‘¿Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?’ Pilato respondió: ‘¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?’ Respondió Jesús: ‘Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí.’ Entonces Pilato le dijo: ‘¿Luego tú eres Rey?’ Respondió Jesús: ‘Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.’ Le dice Pilato: ‘¿Qué es la verdad?’ Y, dicho esto, volvió a salir donde los judíos y les dijo: ‘Yo no encuentro ningún delito en él”.

COMENTARIO

Aquel hombre, el Gobernador Pilato, tenía cierto miedo por todo lo que podía pasar en aquello que parecía el inicio de una revuelta. Y pregunta a Jesús si es que, en verdad, es el Rey de los judíos. Pero Jesús le responde con una gran verdad: no es Rey de este mundo.

Seguramente Pilato quedó algo más tranquilo. Si aquel hombre que le habían entregado para ser juzgado no era Rey de los judíos ¿de qué lo podía acusar? Y le pregunta por segunda vez si es Rey de los suyos.

Pero Jesús acaba por tranquilizar a Pilato: sí, es Rey, pero no de este mundo sino del que ha de venir. Es más, todo el que quiera salvarse debe escuchar su voz y seguirla. Por eso Pilato, al darse cuenta de que era inocente, decide, en principio, no acusarle.


JESÚS, ayúdanos a tener como Quien eres: Rey de Reyes.


Eleuterio Fernández Guzmán

21 de noviembre de 2015

Comprender la Palabra de Dios

Sábado XXXIII del tiempo ordinario

Lc 20,27-40

En aquel tiempo, acercándose a Jesús algunos de los saduceos, esos que sostienen que no hay resurrección, le preguntaron: ‘Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno, que estaba casado y no tenía hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos; habiendo tomado mujer el primero, murió sin hijos; y la tomó el segundo, luego el tercero; del mismo modo los siete murieron también sin dejar hijos. Finalmente, también murió la mujer. Ésta, pues, ¿de cuál de ellos será mujer en la resurrección? Porque los siete la tuvieron por mujer’. 

Jesús les dijo: ‘Los hijos de este mundo toman mujer o marido; pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él todos viven’. 

Algunos de los escribas le dijeron: ‘Maestro, has hablado bien’. Pues ya no se atrevían a preguntarle nada”.

COMENTARIO

Aquellos que querían que Jesús cayese en algún tipo de error doctrinal o de fe aprovechaban cualquier ocasión para ver si era posible cogerle en un renuncio. Y el tema de la resurrección era uno muy apropiado para eso.

Ellos sin embargo,  no contaban con el conocimiento que tenía Jesús (era Dios hecho hombre) del tema y, como era de esperar les pone ante sus ojos que Dios no es Dios de muertos sino que es de vivos y todos vivirán si es que lo aceptan como Padre.

Nos dice el texto algo muy importante que, además, debía sacar de quicio a los que perseguían a Jesús. Y es que no se atrevían a preguntarle nada más. El caso que eso sólo hizo que se agravara la opinión que tenían sobre Jesús.


JESÚS, ayúdanos a comprender la Palabra de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

20 de noviembre de 2015

El celo por la Casa de Dios

Viernes XXXIII del tiempo ordinario
Lc 19,45-48

En aquel tiempo, entrando Jesús en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían, diciéndoles: ‘Está escrito: ‘Mi casa será casa de oración’. ¡Pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos!’. Enseñaba todos los días en el Templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y también los notables del pueblo buscaban matarle, pero no encontraban qué podrían hacer, porque todo el pueblo le oía pendiente de sus labios·.

COMENTARIO

Es lógico pensar que Jesús había ido muchas veces al Templo de Jerusalén. Que muchas veces habría visto a los que hacían negocio en el mismo con la fe de sus hermanos en la fe. Pero alguna vez eso tuvo que ser suficiente.

A Jesús le molestaba mucho que la Casa de su Padre se utilizara para negociar con la fe de sus hermanos los hombres. Y es que se negociaba con las creencias acerca de las ofrendas que se debían presentar en el Templo (animales, monedas…)

Ciertamente, no es extraño que hubiese muchos que quisiesen que aquel Maestro no enseñara aquellas doctrinas que iban contra su negocio de hombres carnales. Y, poco a poco, se iba ganando enemigos porque otra cosa no podía suceder.


JESÚS, ayúdanos a no pervertir nuestra fe.



Eleuterio Fernández Guzmán

19 de noviembre de 2015

Conocer y reconocer a Cristo

Jueves XXXIII del tiempo ordinario

Lc 19,41-44

En aquel tiempo, Jesús, al acercarse a Jerusalén y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: ‘¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, y te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita’·.

COMENTARIO

Jesús dice lo que va a pasar. No es que sea profeta y por eso lo sepa sino porque es Dios y todo lo sabe. Por eso les dice eso de la Ciudad Santa que, con el tiempo, sabemos que se cumplirá.

Los que quieren mal al pueblo de Israel destruirán el Templo y todo lo que puedan. Sin embargo, Jesús sabe que hay algo detrás de todo eso y que tiene que ver con la fe del pueblo que Dios escogió para que fuera el suyo.

Jesús lo dice con toda claridad. Quiere decirlo para que sepan, aun estaban a tiempo de corregir su actitud de cara a Él, que es posible cambiar. Sin embargo, bien les dice Cristo que han conocido la venida del Mesías y no han querido escucharlo.


JESÚS, ayúdanos a no mirar para otro lado cuando te manifiestes a nuestro corazón.



Eleuterio Fernández Guzmán

18 de noviembre de 2015

Los talentos que recibimos


Miércoles XXXIII del tiempo ordinario

Lc 19,11-28

“En aquel tiempo, Jesús estaba cerca de Jerusalén y añadió una parábola, pues los que le acompañaban creían que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro. Dijo pues: ‘Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y volverse. Habiendo llamado a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: ‘Negociad hasta que vuelva’. Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: ‘No queremos que ése reine sobre nosotros’. 

‘Y sucedió que, cuando regresó, después de recibir la investidura real, mandó llamar a aquellos siervos suyos, a los que había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno. Se presentó el primero y dijo: ‘Señor, tu mina ha producido diez minas’. Le respondió: ‘¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo mínimo, toma el gobierno de diez ciudades’. Vino el segundo y dijo: ‘Tu mina, Señor, ha producido cinco minas’. Dijo a éste: ‘Ponte tú también al mando de cinco ciudades’. Vino el otro y dijo: ‘Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo; pues tenía miedo de ti, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste, y cosechas lo que no sembraste’. Dícele: ‘Por tu propia boca te juzgo, siervo malo; sabías que yo soy un hombre severo, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré; pues, ¿por qué no colocaste mi dinero en el banco? Y así, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses’.
‘Y dijo a los presentes: ‘Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas’. Dijéronle: ‘Señor, tiene ya diez minas’. ‘Os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y aquellos enemigos míos, los que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí’’.

Y habiendo dicho esto, marchaba por delante subiendo a Jerusalén”.

COMENTARIO

Jesús enseña mediante parábolas. Eso es más que conocido. Y lo hace porque sabe que es la forma que, en su tiempo, se traslada al corazón de los oyentes, lo que era importante conocer. Era, además, una forma sencilla de predicar.

Aquel hombre bien puede ser Dios mismo. Se marcha para ver qué hacen sus siervos. Y a cada uno de ellos le entrega algo para que lo haga rendir. No quiere que se lo devuelvan igual que él lo había dado. Necesitaba ponerse a trabajar.

Todos los siervos, excepto uno, hacen rendir los talentos. Aquel siervo tenía miedo a su señor. No quiso perder el talento pero tampoco quiso ponerlo a trabajar. Actuó de forma egoísta y no supo que lo importante era que lo hiciera rendir. Y eso es lo que quiere Dios de nosotros con aquellos talentos y dones que nos entrega.  


JESÚS, ayúdanos a hacer rendir nuestros talentos en beneficio del prójimo.



Eleuterio Fernández Guzmán

17 de noviembre de 2015

Querer buscar a Cristo


Martes XXXIII del tiempo ordinario
Lc 19,1-10

En aquel tiempo, habiendo entrado Jesús en Jericó, atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: ‘Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa’. Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. 

Al verlo, todos murmuraban diciendo: ‘Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador’. Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: ‘Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo’. Jesús le dijo: ‘Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido’”.

COMENTARIO

Zaqueo era un hombre, seguramente, poderoso. Si era publicado y, además, rico (lo primero llevaba a lo segundo) tendría poder económico. Sin embargo, le debía faltar algo que no se compra con el dinero.

Zaqueo busca a Jesús. Nos dice el texto bíblico que se subió a un árbol. ¡Subirse a un árbol un hombre como Zaqueo! Tenía ansia de conocer a quien era muy visto por muchos. A lo mejor aprendía algo.

Jesús había dicho muchas veces, que conozcamos, que había venido a salvar lo que estaba perdido. Quien se salvaba por su fe no tenía que ser salvado pero sí personas como Zaqueo. Por eso Jesús le dice que había llegado la salvación a su Casa. Él era la salvación.

JESÚS,  ayúdanos a querer buscarte siempre.



Eleuterio Fernández Guzmán

16 de noviembre de 2015

Querer ver


Lunes XXXIII del tiempo ordinario
Lc 18,35-43
En aquel tiempo, sucedió que, al acercarse Jesús a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello. Le informaron que pasaba Jesús el Nazareno y empezó a gritar, diciendo: ‘¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!’ Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: ‘¡Hijo de David, ten compasión de mí!’. Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó: ‘¿Qué quieres que te haga?’. Él dijo: ‘¡Señor, que vea!’. Jesús le dijo: ‘Ve. Tu fe te ha salvado’. Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios”.

COMENTARIO

Que los ciegos quieran ver no es nada extraño. Sin embargo, que haya ciegos que puedan ver mediando un milagro no es nada común. Pero aquel ciego, que en otro evangelio aparece con el nombre de Bartimeo, sabe que el hombre que pasa por allí puede hacer algo bueno por él.

Jesús no puede hacer otra cosa. Es decir, cuando hay un hombre ciego que se dirige a Él porque quiere que le cure de una enfermedad tan grave como es la ceguera reconoce que tiene confianza en su persona y que espera lo mejor de Él.

Lo que pasa al ciego es que tiene fe. Queremos decir que confía en que Jesús le cure.  Y tal confianza, tal fe, le consigue el milagro de curarle la ceguera. No extraña, por tanto, que todo aquel que vio aquella extraordinaria curación, alabara a Dios en la persona del Maestro.


JESÚS,  ayúdanos a ver porque muchas veces estamos ciegos.


Eleuterio Fernández Guzmán



15 de noviembre de 2015

Lo que ha de venir



Mc 13, 24-32

“‘Mas por esos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas irán cayendo del cielo, y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas. Y entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria; entonces enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. ‘De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que El está cerca, a las puertas. Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.’”


COMENTARIO

En muchas ocasiones Jesús habla acerca de lo que ha de venir cuando llegue el final del mundo. Lo hace, sobre todo, para que quien escuche sus palabras, se prepare lo mejor posible. Lo único que quiere es que nadie ignore que ha de estar preparado.

Lo que nos dice Jesús es verdaderamente terrible. Entonces se han de producir, se producirán, grandes cataclismos que afectarán a muchas personas. Entonces, cuando eso suceda, deberemos darnos cuenta de que el Hijo de Dios está al llegar.

Hay, sin embargo, una gran incógnita que ni siquiera Jesús revela entonces. Es Dios quien sabe cuándo sucederá todo eso. Por eso conviene que estemos preparados.


JESÚS,  ayúdanos a estar preparados para cuando vengas de nuevo.


Eleuterio Fernández Guzmán