3 de octubre de 2020

Dios revela a quien quiere

Sábado, 3 de  octubre de 2020

Lc 10, 17-24

 

“Regresaron los setenta y dos, y dijeron alegres: ‘Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.’ Él les dijo: ‘Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad, os he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones y sobre todo poder del enemigo, y nada os podrá hacer daño; pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos.’


En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo y dijo: ‘Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a ingenuos. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Mi Padre me lo ha entregado todo, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.’


Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: ‘¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.’”

 

COMENTARIO

 

Podemos imaginar que aquellos que había enviado el Hijo de Dios a anunciar la Buena Noticia y habían visto todo lo que habían visto, al regresar junto a Jesucristo, iban estar alabándolo un rato muy largo. Y es que no era poco someter demonios…

Jesucristo, que sabía muy bien que todo aquello era propio de Dios y de su total poder sobre las cosas, agradece y bendice a su Padre del Cielo porque sabe que lo más importante de la Buena Noticia no se lo ha entregado a los que se creen sabios sino, al contrario, a los que son lo bastante humildes como para aceptar la Palabra de Dios en boca de su Maestro. 

Además, como bien sabe Cristo, aquello que está pasando en aquellos momentos era sabido que pasaría por aquellos otros creyentes en Dios Todopoderoso. Ellos, sin embargo, no lo iban a ver como hace 2.000 lo vieron. 

 

JESÚS,  gracias por revelar la Verdad a los humildes

 .

Eleuterio Fernández Guzmán

2 de octubre de 2020

Ser como un niño

Mt 18, 1-5.10

"En aquel momento se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron: '¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?' Él llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: 'Yo os aseguro: si no 'cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se humille como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos.
'Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. 'Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos.'"


COMENTARIO


Es sabido que en tiempos del Hijo de Dios, tanto la mujer como el niño no eran especialmente considerados y, a veces, eran hasta despreciados por el hecho mismo de ser mujer o niño. Y eso no era bueno ni para ellos ni para la sociedad en general. Y el Hijo de Dios lo tenía mucho en cuenta.

Le preguntan a Jesucristo sobre el mayor en el Reino de los Cielos. Y ellos no esperaban que dijera no quién lo era sino cómo se entraba en tal Reino, el definitivo de Dios, el Cielo. Y se refiere a un niño.

Lo que dice Jesucristo es más que grave para aquellos que desprecian a los pequeños en la fe. Y es que sus ángeles miran siempre el rosto de Dios porque el Creador tiene en muy buena estima a los que sufre y aquellos niños seguros estamos que sufrían mucho y, también, creían con fe limpia.


JESÚS, gracias por ser tan franco con nosotros.


Eleuterio Fernández Guzmán

1 de octubre de 2020

Enviados a anunciar el Reino de Dios

Lc 10, 1-12

"Después de esto, designó el Señor a otros setenta y dos y los envió por delante, de dos en dos, a todas las ciudades y sitios adonde él había de ir. Y les dijo:

'La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. En la casa en que entréis, decid primero: `Paz a esta casa.' Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comed y bebed lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: `El Reino de Dios está cerca de vosotros.' En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: `Sacudimos sobre vosotros hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies. Sabed, de todas formas, que el Reino de Dios está cerca.' Os digo que en aquel Día habrá menos rigor para Sodoma que para aquella ciudad."


COMENTARIO


Como era de esperar, para que la Buena Noticia del Reino de Dios llegará a los lugares más apartados, era necesario que hubiera quien la llevase. Y eso es lo que hace el Hijo de Dios: envía a 72 de sus discípulos para que la anuncien.

Jesucristo les pone sobre el aviso de que deben confiar en Dios. Por eso les dice que no lleven más de lo necesario. Y es que el Todopoderoso ha de proveer para ellos. Les da, además, una serie de poderes para curar enfermos.

El caso es que Jesucristo sabe que habrá quien no crea en las palabras de sus enviados. Por eso les recomienda que, en tales casos, se sacudan hasta el polvo de tales lugares en el sentido de que nada quieren saber de ellos si ellos nada quieren saber de los enviados del Mesías. Y, en tal sentido, ya están juzgados.


JESÚS, gracias por enviar a los tuyos al mundo.


Eleuterio Fernández Guzmán


30 de septiembre de 2020

Ser apto para el Reino de Dios

 

Lc, 9, 57-62

"Mientras iban caminando, uno le dijo: 'Te seguiré adondequiera que vayas.' Jesús le dijo: 'Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.' A otro dijo: 'Sígueme.' Él respondió: 'Déjame ir primero a enterrar a mi padre.' Le respondió: 'Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios.' También otro le dijo: 'Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa.' Le dijo Jesús: 'Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios.'"


COMENTARIO


Es muy bonito decir eso de que se quiere seguir a Jesucristo. Muchas veces lo decimos sin pararnos a pensar qué significa eso. Y eso fue lo que le pasó a aquel del que nos habla el Evangelio de San Lucas. Y es que, seguramente, se sentía fuerte espiritualmente hablando y por eso dice que seguirá al hijo de Dios donde vaya. Así, sin nada más…

Jesucristo, sin embargo, que conoce más que bien su propia vida y existencia, sabe que las cosas no son tan fáciles como pudiera parecer a primera vista. Y por eso, al decir el otro eso de ir a enterrar a su padre, le dice las palabras tan duras que dice.

Nos dice Jesucristo que no debemos mirar atrás para poder seguirle. Es decir, el pasado espiritual que hayamos tenido hasta entonces no debe ser mirado, siquiera mirado, porque de hacer eso no podremos ser buenos discípulos de Aquel que había venido al mundo a dar su vida por el mundo.


JESÚS, gracias por decir las cosas como son.


Eleuterio Fernández Guzmán

29 de septiembre de 2020

Tener fe de verdad

Jn 1, 47-51

Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: “Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez”.

“¿De dónde me conoces?”, le preguntó Natanael. Jesús le respondió: “Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera”.

Natanael le respondió: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”.


Jesús continuó: “Porque te dije: ‘Te vi debajo de la higuera’, crees . Verás cosas más grandes todavía”. Y agregó: “Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”.


COMENTARIO


No es nada raro ni extraño que las personas que pertenecían al pueblo judío tuviera por muy cierto y verdad ciertas señales que les hacían pensar y creer en uno u otro sentido. Y es que, para decir toda la verdad, a lo largo de su historia como pueblo las habían tenido de parte de Dios y eso fundamentaba más que mucho su vida y existencia.

El caso de este hombre, Natanael, es típico de cómo eran ellos. Le basa que Jesucristo le diga que le ha visto debajo de una higuera para que cree, así de rápido, que es el Hijo de Dios…

Sin embargo, para Jesucristo eso no debe ser suficiente aunque, claro, siempre era mejor que no estuvieran en su contra. De todas formas, cuando dice aquello que dice sobre el cielo abierto y los ángeles que suben y bajan sobre el Hijo del hombre, estamos más que seguros, que allí mismo sembró la estupefacción.


JESÚS, gracias por mostrar la verdad.


Eleuterio Fernández Guzmán 

28 de septiembre de 2020

Saber ser pequeño en la fe

Lc 9, 46-50

 

“Se suscitó una discusión entre ellos sobre quién de ellos sería el mayor. Conociendo Jesús lo que pensaban en su corazón, tomó a un niño, le puso a su lado, y les dijo: ‘El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor.’


Tomando Juan la palabra, dijo: ‘Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros. Pero Jesús le dijo: ‘No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros está por vosotros.’” 

 

 

COMENTARIO

 

No podemos negar que el Hijo de Dios tenía mucho trabajo que llevar a cabo en el tiempo que tenía para hacerlo. Y es que el pueblo que le había destinado Dios para que fuera el suyo era duro de mollera y no comprendía, en realidad, Su Ley.

 

En este corto texto, Jesucristo da dos lecciones muy a tener en cuenta. La primera de ellas tiene que ver con cómo somos en materia de fe porque, en realidad, a nosotros nos gusta más las grandilocuencias y no comprendemos que sea como unió cómo debemos comportarnos.

 

La otra lección para no olvidar es aquella que dice que debemos tener en cuenta no sólo a los nuestros porque Dios es Dios de todos. Y eso muchos no comprendieron, como bien sabemos.

 

 

 

JESÚS,  gracias por decir las cosas como tienen que ser dichas.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

27 de septiembre de 2020

Hacer la Voluntad de Dios… de verdad

Mt 21, 28-32

  

28 ‘Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: ’Hijo, vete hoy a trabajar en la viña.’ 29 Y él respondió: ‘No quiero’, pero después se arrepintió y fue.30 Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: ‘Voy, Señor’, y no fue. 31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?’ – ‘El primero’ - le dicen. Díceles Jesús: ‘En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios.32 Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las rameras  creyeron en él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en él.’”

 

 

COMENTARIO

 

No podemos negar que las palabras que dice el Hijo de Dios son difíciles de escuchar e, incluso, de soportar para quien se cree el pueblo escogido por Dios pero implicando eso que el Creador no tenga en cuenta a nadie más.

 

Como suele pasar muchas veces, Jesucristo desengaña, o quiere que eso se así, a los que creen lo dicho arriba. Y es que comprender eso, seguramente, les hubiera sacado de muchos líos espirituales y muchas malas formas de pensar lo que no se debe pensar.

 

El caso es que cuando Jesucristo les dice a la cara a muchos que publicanos y rameras (ambos considerados pecadores) llegarán antes el Reino de Dios, podemos imaginar la rabia que debió acometer a más de uno de los presentes. Y es que no acababan de comprender las cosas, eso es cierto y verdad.

 

 

JESÚS,  gracias por decir las cosas como son aunque parezcan duras.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

26 de septiembre de 2020

Con miedo a saber

Lc 9, 43b-45


43b Estando todos maravillados por todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos: 44 ‘Poned en vuestros oídos estas palabras; el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.’ 45 Pero ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto.”


COMENTARIO


Al parecer aún no había llegado el momento para que se comprendiera Quién era aquel Maestro que enseñaba con autoridad. Y, sin embargo, todos se maravillaban de lo decía pero, sobre todo (por ser un signo querido y necesitado por el pueblo judío) de lo que hacía.

Jesucristo, sin embargo, no escondía nada. Y es que les dice cuál va a ser su futuro y el mismo no es, precisamente, un camino de rosas sino, más bien, de espinas y de piedras puestas en el camino.

Lo que resulta más curioso es que, como se nos dice en el texto de este Evangelio de San Lucas, a los que le escuchaban les “estaba velado” para que no comprendiesen lo que escuchaban. Por eso ellos no querían preguntar… a lo mejor por no querer saber aquello que, a lo mejor, podían intuir.


JESÚS, gracias por decir la verdad, Tú, que eres la Verdad.


Eleuterio Fernández Guzmán

25 de septiembre de 2020

Saber Quién es Cristo

Lc 9, 18-22


"Estando una vez orando a solas, en compañía de los discípulos, les preguntó: '¿Quién dice la gente que soy yo?' Ellos respondieron: 'Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos ha resucitado.' Les dijo: 'Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?' Pedro le contestó: 'El Cristo de Dios.' Pero les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie.


Dijo: 'El Hijo del hombre debe sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día.'" 


COMENTARIO


Que el Hijo de Dios quisiese saber lo que pensaba el común de la gente no es cosa rara. Y es que, humanamente hablando, era lógico que quisiese conocer el pensar general. Y, al parecer, había mucho despiste.

Cuando Pedro contesta que saben, ellos al menos sí lo saben, que su Maestro es El Cristo de Dios o, lo que es lo mismo, el Enviado o Mesías, está revelando algo que era muy importante saber y tener en cuenta.

Jesucristo, sin embargo, no quiere que se sepa todavía que es Quien es. Y es que aún no estaba preparado nadie para saberlo y eso podía traer consecuencias tan graves como las que dice a los que entonces lo escuchan pero antes de tiempo.


JESÚS, gracias por decir las cosas como son.


Eleuterio Fernández Guzmán

24 de septiembre de 2020

Buscar ver a Cristo

Lc 9, 7-9


7 Se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba, y estaba perplejo; porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; 8 otros, que Elías se había aparecido; y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado. 9 Herodes dijo: ‘A Juan le decapité yo. ¿Quién es, pues, este de quien oigo tales cosas?’ Y buscaba verle.”


COMENTARIO


Es bien cierto que los poderosos de todos los tiempos siempre han tenido la sensación de poder hacerlo todo según su antojo. Y eso le pasaba a Herodes, tetrarca. Y es que conocía lo que se decía de aquel Maestro al que muchos admiraban pero otros odiaban.

Es cierto y verdad que Herodes quiere ver a Jesucristo. Sin embargo, una vez reconoce su injusta maldad de haber mandado decapitar a Juan, aquel hombre que vestía con ropa de camello y comía langostas porque, al fin y al cabo, le decía las verdades del barquero, quiere conocer al Maestro.

Las cosas que oía Herodes de Jesucristo debían ser de mucha enjundia porque hace intención de verlo. En verdad, lo que le gustaba a aquel depravado hombre era el espectáculo y no la fe.


JESÚS, gracias por haber mostrado hasta a Herodes la Verdad.


Eleuterio Fernández Guzmán

23 de septiembre de 2020

Anunciar la Buena Noticia

Lc 9, 1-6

"1 Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; 2 y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. 3 Y les dijo: 'No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno. 4 Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí. 5 En cuanto a los que no os reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos.' 6 Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes."

COMENTARIO


Era de esperar que el Hijo de Dios supiese que era necesario que otras personas, además de Él, anunciaran la Buena Noticia de que el Reino de Dios había llegado. Y eso es lo que hace con los que había escogido, los Doce, para que fueran sus Apóstoles.

No podemos negar que Jesucristo les de una serie de instrucciones que debían tener en cuenta. Y había una bien curiosa: no debían obligar a nadie a creer en lo que ellos iban predicando. Y es que Dios da libertad a sus hijos, incluso, para que lo rechacen.

Ellos, aquellos Doce que habían sido escogidos, ni cortos ni perezosos se encaminaron al mundo a transmitir que el Reino de Dios había llegado al mundo y que era más que importante seguir tan buena indicación.


JESÚS, gracias por anunciar la Buena Noticia.


Eleuterio Fernández Guzmán

22 de septiembre de 2020

Escuchar y cumplir

Lc 8, 19-21

"Se le presentaron su madre y sus hermanos, pero no podían llegar hasta él a causa de la gente. Le avisaron: 'Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte.' Pero él les respondió: 'Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la palabra de Dios y la cumplen.'"


COMENTARIO


Siempre que surge este texto del Evangelio de San Lucas salta la misma, digamos, prevención: diera la impresión de que el Hijo de Dios hace de menos a su madre (lo mismo pasó en Caná de Galilea, en aquella boda a la que fueron invitados y también parecía que no hacía caso a su Madre) porque dice lo que dice Jesucristo.

Sin embargo, la verdad es muy otra. Y es que escuchar lo que dice Jesucristo cuando le dicen que su Madre está fuera porque quiere hablar con Él. Y es que lo que dice no es que no quiera saber nada de ella sino que su madre y sus hermanos son aquellos que, al escuchar la Palabra de Dios no se limitan a escucharla sino que la cumplen.

Entonces se entiende mejor la cosa: la Madre del Hijo de Dios había cumplido siempre la Palabra de Dios y, desde la Anunciación se había declarado esclava del Señor. Por era quien más era su Madre y no quien menos.


JESÚS, gracias por dejar las cosas claras al respecto de la Virgen María.


Eleuterio Fernández Guzmán

21 de septiembre de 2020


 

¡Qué gran lección de parte de Cristo!

Mt 9, 9-13

 

“Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: ‘Sígueme.’ Él se levantó y le siguió.

 Y sucedió que estando él a la mesa en la casa, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: ‘¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?’ Mas él, al oírlo, dijo: ‘No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.’”

 

 COMENTARIO

 

Resulta verdaderamente misterioso el influjo que tenía el Hijo de Dios con aquellas personas a las que se dirigía muy especialmente. Y Mateo, aquel al que consideraban pecador porque cobraba impuestos para el invasor, no iba a ser menos. Todo lo deja allí donde está trabajando y sigue a Aquel que lo ha llamado.

 

No es poco cierto, por otra parte, que había muchos que no entendía lo que hacía Jesucristo. ¿Cómo era posible que tomara como discípulo a un pecador así considerado? Por eso, exactamente por eso, había quien no quería, para nada, al hijo de María.

 

Había algo, sin embargo, que aquellos que perseguían a Jesús no acababan por comprender y era, nada más y nada menos, que tener en cuenta la misericordia o, lo que es lo mismo, que el amor se manifestase con aquellos que lo necesitaban. Y Mateo, lo mismo que en otro momento fue Zaqueo, la necesitaban y muy mucho.

 

 

JESÚS,  gracias por ser misericordioso con los que lo necesitan.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

20 de septiembre de 2020

Domingo, 20 de septiembre de 2020 – Querer ser de los últimos

 MT 20, 1-16

‘Es que nadie nos ha contratado.” Díceles: ‘Id también vosotros a la viña.’ 8 Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros.’ 9 Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. 10 Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno.11 Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, 12 diciendo: ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor.’ 13 Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? 14 Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. 15 ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’.

16 Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos.’”

 

COMENTARIO

 

Resulta curioso, pero normal, que haya quien se pueda sentir disgustado por el bien ajeno como les pasa a los trabajadores que han trabajado todo el día. Sin embargo, ellos han recibido el salario prometido y no hay razón para que manifiesten su disgusto de tal forma.

 

Aquel contratista había cumplido con lo pactado con los trabajadores que había contratado y, a lo mejor, se había apiadado de aquellos que, de no ser por él, no habrían llevado nada a su casa para comer. Y habían esperado pacientemente la llegada de su salvación.

 

El Hijo de Dios lo dice muy bien: los últimos serán los primeros por ser los más perjudicados; los primeros, por haber sido los más agraciados, ya han disfrutado de su gracia en el mundo. 

 

JESÚS,  gracias por decir las cosas como tienen que ser dichas.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

19 de septiembre de 2020

Ser buena tierra

 Lc 8, 4b-8.11-15

"Se iba reuniendo mucha gente, a la que se añadía la que procedía de las ciudades. Les dijo entonces en parábola: 'Salió un sembrador a sembrar su simiente y, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada y las aves del cielo se la comieron; otra cayó sobre piedra y, después de brotar, se secó, por no tener humedad; otra cayó en medio de abrojos y, creciendo los abrojos con ella, la ahogaron. Y otra cayó en tierra buena y, creciendo, dio fruto centuplicado.' Dicho esto, exclamó: 'El que tenga oídos para oír, que oiga.' Le preguntaban sus discípulos qué significaba esta parábola, y él dijo: 'A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan.


'La parábola quiere decir esto: La simiente es la palabra de Dios. Los de a lo largo del camino son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la palabra, no sea que crean y se salven. Los de sobre piedra son los que, al oír la palabra, la reciben con alegría; pero no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba abandonan. Lo que cayó entre los abrojos son los que han oído, pero las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida les van sofocando y no llegan a madurez. Lo que en buena tierra son los que, después de haber oído, conservan la palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia.'"


COMENTARIO


La llamada “Parábola del sembrador” debe ser una de las más conocidas de la Sagrada Escritura. Y es que en ella, el Hijo de Dios manifiesta a qué debemos atenernos y, en realidad, cómo podemos ser al respecto de lo que nos dice con ella.

Nosotros podemos ser de muchas formas al respecto de nuestros corazones. Es decir, a la hora de recibir en ellos la Palabra de Dios, podemos tener una actitud u otra y, así, alejarnos de la misma o tenerla más que cerca, muy cerca de nuestra existencia.

Jesucristo quiere que sus hermanos los hombres tengan un corazón tierno y apto para recibir la Palabra de Dios y que la misma fructifique de tal manera que dé un rendimiento muy elevado llenando, así, nuestra vida, del buen proceder que Dios quiere de nosotros.


JESÚS, gracias por mostrarnos el camino cierto a Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

18 de septiembre de 2020

Acompañar y seguir a Cristo

Lc 8, 1-3

Recorrió a continuación ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes. 


COMENTARIO


Como era de esperar, el Hijo de Dios, cuando fue enviado al mundo por su Padre, Dios Todopoderoso, debía cumplir una misión. Había sido, pues, enviado, para anunciar al mundo la Buena Noticia del Reino de Dios. Es decir, que Él era el Reino porque era Dios hecho hombre. Y eso es lo que hace muy a pesar de que muchos quisieran matarlo por no creer en lo que decía y por tenerlo por un blasfemo

Había, sin embargo, quien sí creía en lo que decía porque, además, había sido objeto de su bondad y su misericordia: a unas personas las liberó de los demonios que las poseían; a otras, simplemente, les robó el corazón con su ternura y su Amor. Y por eso le seguían.


JESÚS, gracias por ser bueno.


Eleuterio Fernández Guzmán


17 de septiembre de 2020

La fe salva


Lc 7, 36-50

"Un fariseo le rogó que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública. Al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume y, poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: 'Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.' Jesús le respondió: 'Simón, tengo algo que decirte.' Él dijo: 'Di, maestro.' 'Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?' Respondió Simón: 'Supongo que aquel a quien perdonó más.' Él le dijo: 'Has juzgado bien.' Y, volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: '¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.» Y le dijo a ella: 'Tus pecados quedan perdonados.' Los comensales empezaron a decirse para sí: '¿Quién es éste, que hasta perdona los pecados?' Pero él dijo a la mujer: 'Tu fe te ha salvado. Vete en paz.'"
 




COMENTARIO



Es cierto que, en tiempos del Hijo de Dios, había muchos que andaban equivocados al respecto de lo que el Todopoderoso quería de su descendencia. Por eso ponían a Jesucristo a los pies de los caballos cuando hacía algo que no les cuadraba y que se salía de sus anquilosados esquemas espirituales y mentales. Y el caso de aquella mujer es bien curioso porque según las palabras del Mesías hizo todo lo que debería haber hecho quien lo había invitado a su casa que era, al parecer, el común proceder de cualquiera que invitara a alguien a comer con él y su familia.

Aquella mujer había cumplido lo que no había cumplido el dueño de aquella casa. Y no nos extraña nada que, al perdonarle Cristo los pecados hubiera allí quien se preguntara lo que se preguntaba. Y es que no acababan de entender ni lo que era el amor ni lo que era la misericordia.



JESÚS, gracias por hacer comprender la verdad de la Voluntad de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

16 de septiembre de 2020

Las cosas como son


Lc 7, 31-35

'¿Con quién, compararé, pues, a los hombres de esta generación? Y ¿a quién se parecen? Se parecen a los chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan unos a otros diciendo:
`Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no habéis llorado.'
'Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: `Demonio tiene.' Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: `Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publícanos y pecadores.' Y la Sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos.'"


COMENTARIO

No es nada desconocido que el Hijo de Dios tuvo que enfrentarse, en su primera venida al mundo, a los que no estaban, para nada, de acuerdo con aquello que predicaba. Y es que les parecía que siempre se salía del “guion” establecido y diera la impresión de que quería ser más que Dios mismo. Y eso, como es más que sabido, estaba más que alejado de la realidad.
Cuando Jesucristo de los “hijos de la sabiduría” le han dado la razón nos está diciendo que aquellos a los que su Padre del Cielo ha querido que conozcan la Verdad, los sencillos y que tenían el corazón dispuesto para recibir el vino nuevo de la Buena Noticia, han sido los que han aceptado sus palabras y, en fin, han estado de acuerdo con Él.
Sólo, en realidad, los que aceptan a Cristo saben que es la Verdad.

JESÚS, gracias por haber escogido a los sencillos.

Eleuterio Fernández Guzmán

15 de septiembre de 2020

Nos dio a su Madre

Jn 19, 25-27
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien Él amaba, Jesús le dijo: “Mujer, aquí tiene a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Aquí tiene a tu madre”. Y desde aquella Hora el discípulo la recibió como suya.
COMENTARIO

Lo que hoy nos trae el Evangelio de San Juan, vivido por quien lo escribe de forma directa y presencial, es algo tan importante que deberíamos grabarlo a fuego en nuestro corazón. Y es que el Hijo de Dios, antes de morir, le dio a su discípulo Juan a su Madre como Madre y a su Madre le dio Juan como hijo. Y eso no quería quedarse ahí porque en tal disposición entendemos que estamos todos incluidos. Es decir, todos somos hijos de la Virgen María porque que Juan, Jesucristo, veía a toda la humanidad que lo reconociera como Enviado de Dios y Mesías.

Y nosotros, que somos fieles discípulos de Cristo, aceptamos a su Madre para ser la nuestra, faltaría más.

JESÚS, gracias por darnos a tu Madre para que fuera la nuestra.