13 de febrero de 2016

Los que necesitamos médico

Sábado después de Ceniza
Lc 5,27-32
En aquel tiempo, Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: ‘Sígueme’. El, dejándolo todo, se levantó y le siguió. Leví le ofreció en su casa un gran banquete. Había un gran número de publicanos, y de otros que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y sus escribas murmuraban diciendo a los discípulos: ‘¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?’. Les respondió Jesús: ‘No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores’”.

COMENTARIO

Jesús fue llamando a cada uno de los que iban a ser los apóstoles como quiso llamarlos. El caso es que aquellos a los que escogió tras haber orado en el monte le seguían sin dudarlo. Algo debieron ver en quien no les ofrecía ni poder ni nada por el estilo.

Aquel hombre, Leví, era publicano. Cobraba impuestos para el invasor romano y era muy mal visto por sus hermanos de fe. Lo tenían por pecador y no querían saber nada de él. Pero Jesús lo llama porque sabía que necesitaba salvación.

Jesús nos dice algo muy importante: aquellos que no necesitan ser salvados no van a ser salvados porque ya están salvados. Por eso necesitamos médico, Cristo, aquellos que pecamos y que somos conscientes que somos pecadores. Nosotros  sí necesitamos a Cristo.


JESÚS, ayúdanos a no pecar.



Eleuterio Fernández Guzmán

12 de febrero de 2016

Saber qué hacer en cada momento

Viernes después de Ceniza
Mt 9,14-15

En aquel tiempo, se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: ‘¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?’. Jesús les dijo: ‘Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán’”.

COMENTARIO

Aquellos que eran considerados sabios por el pueblo judío tenían, de los preceptos establecidos como obligatorios, un concepto exagerado. Es decir, no eran capaces de comprender más allá de lo que los mismos decían.

Jesús sabía que era una batalla importante la que debía mantener con ellos. Y es que, dominadores del pueblo escogido por Dios, sabía que podían manipularlo en su contra pero, sobre todo, en contra de la santa doctrina que debía hacer cumplir.

Era, en efecto, una forma de hacer las cosas que no cuadraba con la voluntad de Dios. Por eso se extrañaban algunos de que los discípulos de Cristo no ayunaran según estaba establecido. Y, claro, no entendían nada de lo que hacía el Maestro ni los suyos.


JESÚS, ayúdanos a comprender la voluntad del Padre.



Eleuterio Fernández Guzmán

11 de febrero de 2016

Esto no lo dice un profeta sino que lo dice Dios


Jueves después de Ceniza
Lc 9,22-25
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día’. Decía a todos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?’”.


COMENTARIO

Jesús, en cuanto Dios mismo hecho hombre, no podía ser un profeta. Es decir, Él no podía ser tomado por Dios para que transmitiera lo que era obligación transmitir de parte del Creador. Él era Dios mismo y lo que aquí nos dice no lo hace profetizando algo que puede pasar sino que dice lo que sabe, a ciencia cierta, que va a pasar.

Lo que dice Cristo aquí es muy importante. Todo tiene que ver con la salvación de sus hermanos los hombres. Así, que es esencial negarse a sí mismo para tomar la cruz que cada cual llevamos e ir tras la de Cristo. Y es que esto es, por así decirlo, un cumplir lo que se dice que se cree.

En todo caso, Cristo no dice lo que aquí dice por quedar bien ni nada por el estilo. No. Lo dice, nos lo dice, porque sabe que sólo quien lo siga se salvará, quien pierda su vida antigua la ganará para la vida eterna. Todo lo demás no tiene la más mínima importancia.

JESÚS,  ayúdanos a seguirte con todas las consecuencias

Eleuterio Fernández Guzmán



10 de febrero de 2016

Dios ve en lo secreto de nuestro corazón

Miércoles de Ceniza

Mt 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

‘Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará’”.

COMENTARIO

Cristo enseña a sus discípulos lo mejor que deben saber acerca de lo que verdaderamente importa. Es la vida eterna aquello que deben anhelar los que siguen al Hijo de  Dios. Por eso debemos aprender lo que es crucial para alcanzar la misma.

Dios ve en lo secreto. Jesús lo dice de muchas formas para que pueda ser entendido. Nos habla de aquellos que miran a los demás con intención de simular lo que hacen y dicen. No tienen en cuenta lo que debería importarles y que tiene poco que ver lo que hacen.

Todo lo que hacemos es conocido por Dios. Es decir, en el interior de nuestro corazón… allí el Creador conocer lo que en verdad pensamos. Por eso Jesús nos recomienda que no pretendamos contentar a los hombres sino a Dios.


JESÚS, ayúdanos a cumplir la voluntad de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

9 de febrero de 2016

A Cristo no le gusta la hipocresía

Martes V del tiempo ordinario

Mc 7,1-13 

“En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén. Y vieron que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas, -es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas. 

Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: ‘¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?’. Él les dijo: ‘Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres’. Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres’. Les decía también: ‘’Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición! Porque Moisés dijo: ‘Honra a tu padre y a tu madre y: el que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte’. Pero vosotros decís: ‘Si uno dice a su padre o a su madre: Lo que de mí podrías recibir como ayuda lo declaro "Korbán" -es decir: ofrenda-’, ya no le dejáis hacer nada por su padre y por su madre, anulando así la Palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas’.”

COMENTARIO

En tiempos de Jesús había muchos que estaban muy sometidos a las tradiciones que, desde antiguo, les habían llegado. No hacían, según ellos, más que cumplir con lo que estaba establecido. Otra cosa era que lo establecido estuviera más que mal.

Jesús sabía en qué estaban equivocados. Por eso, cada vez que tenía ocasión les decía cuál era el error que estaban cometiendo. Lo hacían porque quería que corrigieran aquella forma de comportarse y la adecuaran a la verdadera Ley de Dios.

Ciertamente muchos de los comportamientos que llevaban a cabo los contemporáneos de Jesús no acordaban, para nada, con lo que Dios quería de ellos. Y es que, por mucho que defendieran sus comportamientos, los mismos no eran, precisamente, los adecuados.


JESÚS, ayúdanos a cumplir la voluntad de Dios



Eleuterio Fernández Guzmán

8 de febrero de 2016

Buscar a Cristo



Lunes V del tiempo ordinario

Mc 6,53-56
"En aquel tiempo, cuando Jesús y sus discípulos hubieron terminado la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron. Apenas desembarcaron, le reconocieron en seguida, recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que Él estaba. Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que les dejara tocar la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados.”

COMENTARIO

Cuando Jesús empezó a predicar la Buena Noticia y a mostrar con señales que era el Hijo de Dios muchos se dieron cuenta de que, en efecto, era el Hijo de Dios. Y le buscaban allí donde estuviera. El caso es que muchos iban tras de sí, ciertamente, también, precisamente, por tales hechos.

Los que iban tras Jesús que padecían dolores físicos o espirituales lo hacían porque conocían lo que hacía aquel Maestro que todo lo hacía Bien.

La confianza en Cristo que le mostraban aquellos que le buscaban era más que suficiente como para que el Hijo de Dios obrar prodigios inimaginables para un ser humano que no tuviera el poder del Todopoderoso. Y es que ellos, a veces, pedían muy poco.


JESÚS, ayúdanos a tener fe.



Eleuterio Fernández Guzmán

7 de febrero de 2016

Reconocerse pecador

Lc 5, 1-11

“Estaba él a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: ‘Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.’ Simón le respondió: ‘Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes.’ Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto  las dos barcas que casi se hundían. Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: ‘Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.’

Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: ‘No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.’  Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.”

COMENTARIO

Había muchos que seguían a Jesús. No extraña, para nada, que lo rodearan o que, en todo caso, estuvieran muy cerca para poder escucharle. Y Jesús, cumpliendo a la perfección, le enseñaba todo lo que podía ser recibido por sus corazones.

Aquella ocasión, de todas formas, le vino muy bien al Hijo de Dios para dar muestras del poder de Dios pero, sobre todo, para que uno de sus discípulos más importantes, reconociese que era un pecador. Y es que Pedro debió dudar en su corazón y por eso se reconoce pecador.

Jesús, de todas formas, sabe que aquel hombre, que va a negarlo en el momento más trágico de su Pasión, ha de ser muy importante para la Iglesia que va a fundar. Y lo hace, por eso mismo, pescador de hombres.


JESÚS, ayúdanos a no caer en la tentación de la duda.

Eleuterio Fernández Guzmán

6 de febrero de 2016

Seguir a Cristo

Sábado IV del tiempo ordinario

Mc 6,30-34

En aquel tiempo, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él, entonces, les dice: ‘Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco’. Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

COMENTARIO

Seguramente muchos habían visto, personalmente, lo que había hecho Jesús; otros, sin embargo, sólo sabrían de Él por lo que les podían haber dicho. El caso es que le seguían y, por decirlo pronto, no le dejaban ni descansar.

Jesús quiere instruir a sus apóstoles. Pero, para eso necesita, de vez en cuando, estar a solas con ellos. Por eso quiere irse un poco lejos porque es la única forma de que eso pueda llevarse a cabo sin tener que cumplir otras misiones de su ministerio.

El caso es que a Jesús le puede el amor por sus hermanos. Por mucho que quieran ocultarse a la muchedumbre, la muchedumbre sabe dónde ha ido y allí acude. Por eso Jesús, como los ve como ovejas sin pastor, quiere enseñarles que Él es el Buen Pastor.


JESÚS, ayúdanos a seguirte como aquellos te seguían.


Eleuterio Fernández Guzmán

5 de febrero de 2016

La fidelidad del Bautista


Viernes IV del tiempo ordinario
Mc 6,14-29
En aquel tiempo, se había hecho notorio el nombre de Jesús y llegó esto a noticia del rey Herodes. Algunos decían: ‘Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas’. Otros decían: ‘Es Elías’; otros: ‘Es un profeta como los demás profetas’. Al enterarse Herodes, dijo: ‘Aquel Juan, a quien yo decapité, ése ha resucitado’. Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: ‘No te está permitido tener la mujer de tu hermano’. Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto. 
Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: ‘Pídeme lo que quieras y te lo daré’. Y le juró: ‘Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino’. Salió la muchacha y preguntó a su madre: ‘¿Qué voy a pedir?’. Y ella le dijo: ‘La cabeza de Juan el Bautista’. Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: ‘Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista’. El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.”

COMENTARIO
El caso de Juan el Bautista es síntoma y muestra de hasta dónde puede llegar quien tiene fe. Y es que el primo de Jesús no había querido ser políticamente correcto con Herodes y le había dicho la verdad, su verdad particular.
Aquello no había gustado nada a Herodías. La ponía en entredicho y busca la ocasión para matarlo. Y la encuentra cuando ve que puede hacerse cargo, para mal, de la promesa de Herodes echa a los presentes en aquella nefasta fiesta.
El ejemplo del Bautista nos ha de valer y servir para darnos cuenta de que no es lo mismo decir que se tiene fe y, en fin, demostrar que se tiene. Aquel hombre, que vivía en el desierto supo ir al Cielo con amor y respeto a la Verdad.
JESÚS, ayúdanos a ser fieles como lo fue Juan el Bautista
Eleuterio Fernández Guzmán



4 de febrero de 2016

Cumplir la misión que Dios tiene para nosotros




 Jueves IV del tiempo ordinario
Mc 6,7-13
En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: ‘Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas’. Y les dijo: ‘Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos’. Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.”

COMENTARIO

Cuando Jesús escoge a los Doce apóstoles sabe que debe encomendarles la misión de transmitir la llegada del Reino de Dios. Pero, para eso, no basa con, en efecto, enviarlos sino que debe dotarlos de dones especiales.

Jesús conoce la voluntad de Dios. Por eso sabe que quien trabaja para la mies del Señor ha de tener su sustento.  Y les pide confianza absoluta en el Todopoderoso. Él, pues, ha de proveer.

Jesús, que sabe cómo son sus contemporáneos, está seguro que en muchos lugares no recibirán bien a sus apóstoles. Eso, sin embargo, no es problema. Basta con alejarse del lugar e ir donde sean bien recibidos. Y, para eso, les dona el poder de expulsar demonios, aquellos que controlaban al hombre de aquella forma.


JESÚS,  ayúdanos a confiar en ti como lo hicieron tus apóstoles

Eleuterio Fernández Guzmán



3 de febrero de 2016

No dudar nunca de Cristo

Miércoles IV del tiempo ordinario

Mc 6,1-6
En aquel tiempo, Jesús salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: ‘¿De dónde le viene esto?, y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?’. Y se escandalizaban a causa de Él. Jesús les dijo: ‘Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio’. Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.”

COMENTARIO

Las cosas de los hombres son así de extrañas. Y es que Jesús acude a su tierra, donde había vivido muchos años. Allí todos le conocían y sabían que era el hijo de María y de José, el carpintero. Pero también sabía lo que de Él se decía.

Aquellas personas, sin embargo, dudan de que una persona a la que han tratado muchos años, que les ha arreglado los desperfectos de su casa, pueda ser el Enviado de Dios. Les parece raro que el Todopoderoso pueda hacer así las cosas.

Jesús, sin embargo, conocía la forma de pensar de sus paisanos. De todas formas, no por eso dejó de ayudar a quien lo necesitaba. Por eso nos dice este texto bíblico que curó a los que se le presentaron porque, aun extrañado (en el fondo de su corazón) de lo que pensaban sabía que no todos lo hacían y habían quien confiaba en su persona.


JESÚS, ayúdanos a no dudar nunca de Ti.



Eleuterio Fernández Guzmán

2 de febrero de 2016

El gozo de conocer al Hijo de Dios

Lc 2,22-40


Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: ‘Todo varón primogénito será consagrado al Señor’ y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. 

Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre Él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: ‘Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel’. Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. 

Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: ‘Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción —¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!— a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones’. 

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él.”


COMENTARIO

La Presentación de Jesús en el Templo, siguiendo la ley, supone mucho para la historia de la salvación. Primero, porque los padres del Niño Jesús acuden a cumplir con lo establecido. Ellos nunca se han salido de lo que han de hacer.

Aquel hombre anciano, Simeón, sabe mucho acerca del Mesías. Se le ha dicho que lo verá. Él espera tal momento. Nada más quiere de su vida. Por eso cuando se da cuenta de que aquel niño es el Enviado de Dios nada más tiene que esperar de la vida.

Otro tanto pasa con Ana. Ella también espera la salvación de Israel. Todo lo ofrece al Señor. Por eso cuando ve al Niño Jesús se da cuenta, ella también, que ha visto al Mesías.  Y eso la llenó de gozo y alegría.


JESÚS, ayúdanos a ser capaces de gozar contigo, contigo.



Eleuterio Fernández Guzmán

1 de febrero de 2016

Maravillados con Cristo



Lunes, 1 de febrero de 2016

 Lunes IV del tiempo ordinario

Mc 5,1-20

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni siquiera con cadenas, pues muchas veces le habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarle. Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y por los montes, dando gritos e hiriéndose con piedras. Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante Él y gritó con gran voz: ‘¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes’. Es que Él le había dicho: ‘Espíritu inmundo, sal de este hombre’. Y le preguntó: ‘¿Cuál es tu nombre?’. Le contesta: ‘Mi nombre es Legión, porque somos muchos’. Y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región. 

Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte; y le suplicaron: ‘Envíanos a los puercos para que entremos en ellos’. Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara -unos dos mil- se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar. Los porqueros huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas; y salió la gente a ver qué era lo que había ocurrido. Llegan donde Jesús y ven al endemoniado, al que había tenido la Legión, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de temor. Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos. Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término. 
Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con Él. Pero no se lo concedió, sino que le dijo: ‘Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti’. Él se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados.”

COMENTARIO

Jesús hace muchas cosas buenas. En principio lo son porque, por ejemplo, liberar a un endemoniado de los demonios que lo tienen aprisionado no es poca cosa. Pero no todo el mundo pensaba lo mismo acerca de aquello.

Los hombres que tenían por negocio (incluso siendo judíos) tratar con los cerdos, no estaban, para nada, de acuerdo con que el Maestro hiciera lo que había hecho. Y es que gran parte del negocio se les fue al mar al echarse los cerdos en sus aguas. Aquello, humanamente, no les convenía.

No era de extrañar que la persona que se había visto beneficiada con aquel acto extraordinario de Jesús quisiera acompañarle. Pero el Hijo de Dios prefería que fuera a su casa y dijera lo que había pasado. Sería una prueba del poder de Dios.


JESÚS, ayúdanos a maravillarnos con tus palabras y actos.



Eleuterio Fernández Guzmán

31 de enero de 2016

Cumplir con la voluntad de Dios

Lc 4, 21-30

“Comenzó, pues, a decirles: ‘Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy.’ Y todos daban testimonio de él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: ‘¿No es éste el hijo de José?’  El les dijo: ‘Seguramente me vais a decir el refrán: Médico, cúrate a ti mismo. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria.’ Y añadió: ‘En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria.’  ‘Os digo de verdad: Muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país;  y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a = una mujer viuda de Sarepta de Sidón. =  Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio.’  Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira;  y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero él, pasando por medio de ellos, se marchó.”

COMENTARIO

Jesús, como podemos imaginar, volvería muchas veces a su pueblo, Nazaret, para ver a su Madre y al resto de su familia. Entonces, en aquellos momentos, no iba a dejar de predicar. Por eso este texto nos habla de cuando acude a la sinagoga y ha leído un texto en el que se apunta a la llegada del Mesías.

Jesús sabe que se ha cumplido la Escritura y que Él es el Mesías. Sin embargo, muchos de sus vecinos no pueden creer que el hijo del carpintero pueda ser el enviado de Dios. Y eso, de todas formas, no extraña nada a Jesús.

Cuando Jesús pone los ejemplos que pone sobre a qué personas ha ayudado Dios a lo largo de la historia molesta a muchos. Les hace ver que, a lo mejor, ellos, que son el pueblo elegido, no lo están haciendo demasiado bien al respecto de la voluntad de Dios. Y se enfadan con él. Ellos, además, se enfadan…

JESÚS, ayúdanos a no dudar nunca, nunca, de ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

30 de enero de 2016

Confiar en Cristo

Sábado III del tiempo ordinario

Mc 4,35-41

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Pasemos a la otra orilla’. Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con Él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: ’Maestro, ¿no te importa que perezcamos?’.

Él, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: ‘¡Calla, enmudece!’ El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: ‘¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?’. Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: ‘Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?’”.

COMENTARIO

Como es bien sabido, a Jesús le seguía mucha gente. Por eso, y para predicar en otros sitios, no era nada extraño que subieran a una de las barcas, a lo mejor, de sus discípulos, y fueran a la otra orilla del lago. Pero otros lo seguían también en barca.

Cuando se levanta, de repente, una borrasca muy fuerte, aquellos que van en la barca de Jesús empiezan a temer por sus vidas. Saben, de todas formas, que en el Maestro tienen un seguro de vida. Y lo despiertan.

Jesús está la mar de tranquilo. Es más, lo que más le sorprende (aunque poco) es que aquellos que van con Él tenga tan poca confianza, precisamente, en Él. Por eso cuando calma a la tormenta los mismos que le piden ayuda se extrañan de que les ayude. Su fe, en verdad, era escasa.


JESÚS, ayúdanos a confiar siempre en ti.



Eleuterio Fernández Guzmán

29 de enero de 2016

Parábolas santas

Viernes III del tiempo ordinario


Mc 4,26-34

En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: ‘El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega’. 

Decía también: ‘¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra’. Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado”.

COMENTARIO

Jesús conoce más que bien las limitaciones del pueblo elegido por Dios para ser el suyo. Es bien cierto que había muchos de entre los suyos que eran buenos conocedores de la Ley de Dios pero la gran mayoría era tarda en el entendimiento. Por eso hace uso de ejemplos para dar a entender cuál es la voluntad de Dios.

Aquí pone unos cuantos. Así, por ejemplo, cuando nos dice que el Reino de Dios (Dios mismo) crece en el corazón del ser humano aunque este no haga nada para que crezca. Es como el devenir natural de quien ha sido hecho a imagen y semejanza del Todopoderoso.

Pero también es el Reino de Dios como algo muy pequeño. Es muy pequeño cuando es sembrado en el corazón. Sin embargo crece hasta que se hace tan grande que ocupa toda la existencia de quien lo posee. Así es el Reino de Dios; así es Dios mismo.


  

JESÚS, ayúdanos a comprender tus parábolas.



Eleuterio Fernández Guzmán

28 de enero de 2016

Ser fieles a Dios


Jueves III del tiempo ordinario

Mc 4,21-25

En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: ‘¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho? ¿No es para ponerla sobre el candelero? Pues nada hay oculto si no es para que sea manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser descubierto. Quien tenga oídos para oír, que oiga’. 

Les decía también: ‘Atended a lo que escucháis. Con la medida con que midáis, se os medirá y aun con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará’”.
                          

COMENTARIO

Cuando Jesús predica no puede querer que aquellos que le escuchan se vayan a sus casas gozosos con lo escuchado y ya está. Sabía que la única forma de que su santa Palabra y doctrina tuvieran eco en el mundo era que, precisamente, aquellos que le escuchaban hicieran todo lo posible para que se supiera lo que habían escuchado.

Lo que Cristo pide es que aquello que sabemos es bueno para nuestra vida para nuestra existencia de hijos de Dios lo comuniquemos a nuestro prójimo. Cada cual en la medida de sus posibilidades ha de ser apóstol del Hijo de Dios.

Es más, debemos tener muy en cuenta que aquel que crea que tiene fe pero, en realidad, no la aplica a su vida, será tratado por Dios como si no fuera hijo suyo. En realidad, no ha cumplido su voluntad y, por tanto, se ha apartado del Creador.



JESÚS,  ayúdanos a ser fieles a la Palabra y Voluntad de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán



27 de enero de 2016

Salió el sembrador…


Miércoles III del tiempo ordinario

Mc 4,1-20
En aquel tiempo, Jesús se puso otra vez a enseñar a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar. Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas. Les decía en su instrucción: ‘Escuchad. Una vez salió un sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó enseguida por no tener hondura de tierra; pero cuando salió el sol se agostó y, por no tener raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto. Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento». Y decía: «Quien tenga oídos para oír, que oiga’.
Cuando quedó a solas, los que le seguían a una con los Doce le preguntaban sobre las parábolas. El les dijo: ‘A vosotros se os ha dado comprender el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera todo se les presenta en parábolas, para que por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone’. 
Y les dice: ‘¿No entendéis esta parábola? ¿Cómo, entonces, comprenderéis todas las parábolas? El sembrador siembra la Palabra. Los que están a lo largo del camino donde se siembra la Palabra son aquellos que, en cuanto la oyen, viene Satanás y se lleva la Palabra sembrada en ellos. De igual modo, los sembrados en terreno pedregoso son los que, al oír la Palabra, al punto la reciben con alegría, pero no tienen raíz en sí mismos, sino que son inconstantes; y en cuanto se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumben enseguida. Y otros son los sembrados entre los abrojos; son los que han oído la Palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y las demás concupiscencias les invaden y ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Y los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la Palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento’.

COMENTARIO

Jesús, que conoce el corazón del hombre, sabe que, entre los suyos hay muchos que les cuesta entender lo que les está explicando. Por  eso hace uso de la parábola. Y ahora lo hace con una más que conocida: la del sembrador que bien podemos pensar que es Dios mismo.

Dios sale a sembrar la Palabra: la echa en el corazón del hombre y cada cual la recibe de una forma. Pero lo más importante no es, seguramente, cómo se reciba, sino lo que luego se haga con ella.

Jesús pone varios casos que vienen a explicitar qué es posible hacer con la Palabra de Dios y con la voluntad del Todopoderoso. Desde quien prácticamente no la acepta en su vida hasta quien la acepta y la acepta muy bien. Y así explicaba Jesús las cosas…


JESÚS, ayúdanos a ser terreno fértil donde la Palabra de Dios sea sembrada y fructifique.



Eleuterio Fernández Guzmán

26 de enero de 2016

Cumplir la voluntad de Dios

Martes III del tiempo ordinario
Mc 3,31-35

En aquel tiempo, llegan la madre y los hermanos de Jesús, y quedándose fuera, le envían a llamar. Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: ‘¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan’. Él les responde: ‘¿Quién es mi madre y mis hermanos?’. Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: ‘Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre’.

COMENTARIO

No es nada extraño que la Madre fuera a buscar al Hijo. Seguramente quería estar con Jesús cuando acudía a su pueblo, Nazaret. Por eso acuden donde se encuentra. Y los demás, que saben quién es María, no pueden hacer otra cosa que decírselo.

Jesús, sin embargo, ve las cosas de otra forma. Él, como Hijo de Dios que es tiene una misión que cumplir y, por eso, el acento lo pone en otra cosa muy distinta a lo que muchos otros creen.

Jesús pone el acento, como decimos, en, sí, escucharlo a Él pero, acto seguido, poner por obra eso que dice porque es palabra que viene de Dios mismo. Por eso entiende que son su madre y sus hermanos aquellos que cumplen la voluntad del Todopoderoso.


JESÚS,  ayúdanos a cumplir la voluntad de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán