7 de junio de 2014

Sábado VII de Pascua


Jn 21,20-25

"En aquel tiempo, volviéndose Pedro vio que le seguía aquel discípulo a quién Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: 'Señor, ¿quién es el que te va a entregar?'. Viéndole Pedro, dice a Jesús: 'Señor, y éste, ¿qué?'. Jesús le respondió: 'Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme». Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: «No morirá», sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga'. 

Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran.


COMENTARIO

Jesús les había dicho qué iba a pasar con su vida. Y pasó, exactamente, aquello que había dicho. Pero ahora, resucitado, les enseñaba acerca de lo que tenían que hacer en el futuro. Alguno de ellos, sin embargo, no tenía muy claro que eran hermanos en la fe. 

Pedro quiere saber qué será de Juan, aquel a quien Jesús amaba mucho y quería como a un verdadero hermano de sangre. Pedro no sabía si iba a ocupar el primer puesto entre ellos. Se preocupaba por el poder.

Pero Jesús sabe que todos son importantes y que a Pedro no debe importarle qué será de Juan. Sólo debe preocuparle seguir a Jesús y transmitir la Palabra de Dios a todo el que se encuentre. 


JESÚS, quieres que todos estemos contigo y que digamos, al mundo, que lo estamos para que el mundo te conozca. Ayúdanos a no olvidarlo nunca. 



Eleuterio Fernández Guzmán

6 de junio de 2014

Perdonados siempre




Viernes VII de Pascua



Jn 21,15-19

"Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos y comiendo con ellos, dice Jesús a Simón Pedro: 'Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?' Le dice él: 'Sí, Señor, tú sabes que te quiero'. Le dice Jesús: 'Apacienta mis corderos'. Vuelve a decirle por segunda vez: 'Simón de Juan, ¿me amas?'. Le dice él: 'Sí, Señor, tú sabes que te quiero'. 'Le dice Jesús: 'Apacienta mis ovejas'. 

Le dice por tercera vez: 'Simón de Juan, ¿me quieres?'. Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: '¿Me quieres?' y le dijo: 'Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero'. Le dice Jesús: 'Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas a donde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras'. Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: 'Sígueme'".


COMENTARIO

Podemos imaginar  que Pedro no estaba muy contento con la actitud que había tenido con Jesús. Lo había traicionado no una vez sino tres, tres, veces. Y recordaba, además, que el Señor le había dicho que haría lo que hizo.

Pero Jesús lo quiere mucho.Le pregunta hasta por tres veces si lo quiere. Pedro responde que sí porque de verdad lo quiere. Así Jesús le perdona las mismas veces que él lo traicionó. Jesús aún lo ama más que Pedro al Señor. 

Es más, Jesús le profetiza su muerte, la de Pedro. Cuando sea mayor alguien, su captor lo llevará a la muerte donde, lógicamente, Pedro o querrá. Sin embargo aquella muerte sería propia gloria de Dios, para la gloria del Padre.



JESÚS, quieres a Pedro igual que a cada uno de nosotros. Ayúdanos a no traicionarte como hiciera el Príncipe de los Apóstoles.


Eleuterio Fernández Guzmán

5 de junio de 2014

Ser uno con Dios






Jueves VII de Pascua

Jn 17,20-26

“En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.

‘Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos’.

COMENTARIO

Jesús sabe que, más mal que bien, muchos de los que le han seguido, han comprendido parte de la doctrina que les ha transmitido. Por eso no pide a Dios por ellos sino por todos aquellos que han de creen en él a lo largo de los siglos.

Jesús quiere que toda la humanidad le siga porque de tal manera será una con Dios y, así, con Él mismo. Así todos estaremos en el Hijo y el Hijo estará en nosotros. Y será así para siempre, siempre, siempre.

Jesús promete estar siempre estará con los hombres, con aquellos que dios le había dado par que los cuidara. Él ha dado a conocer el nombre de Dios a la humanidad y ha enseñado el primer Mandamiento de la Ley de Dios que es el amor.



JESÚS, quieres que no estemos separados sino que seamos uno como Tú y el Padre sois uno. Ayúdanos a no sembrar cizaña entre nosotros.




Eleuterio Fernández Guzmán


4 de junio de 2014


Miércoles VII de Pascua
Jn 17,11b-19

En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. 

Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad”.

COMENTARIO

Jesús quiere reunir, bajo sus manos y su corazón, a toda la humanidad. Por eso pide a Dios que todos seamos uno como lo son Él y el Padre. Él ha cumplido la misión que tenía encomendada y sabe que todos pueden salvarse.

Jesús sabe que el mundo odia a sus discípulos lo mismo que lo habían odiado a Él. Por eso le pide al Padre que guarde a los que le había entregado porque no ignora que el Demonio procurará alejarlos de Dios. 

La voluntad de Cristo, de Dios, es que todos sean santos. Por eso entrega su vida el Hijo del Padre y por eso pide al Padre que todos lo sean. Sabe que es difícil pero nunca pierde la esperanza en que eso sea posible.  


JESÚS, nos quieres santos a todos y que te imitemos lo más posible. Ayúdanos a que eso sea posible. 



Eleuterio Fernández Guzmán

3 de junio de 2014

Según Cristo hizo






Martes VII de Pascua

Jn 17,1-11a

En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar.

'Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado.

'Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti".


COMENTARIO

Jesús, en aquel momento difícil de su vida, pide a Dios por todos aquellos que el Padre le había entregado. Sabe que quiere la vida eterna para ellos y que Él ha cumplido con la misión que Dios le había encomendado llevar a cabo.

Jesús sabe que ha hecho lo que el Padre le había mandado hacer. Ha cumplido su voluntad y ha tratado de que los que se le habían entregado por parte del Creador entendiesen lo importante de hacer lo que Dios quería que hiciesen a lo largo de su vida. 

Jesús ruega a Dios porque sabe en las dificultades en las que se van a encontrar cuando Él vuelva a donde salió para estar junto al Padre. Por eso ruega a Dios por sus hermanos los hombres. 




JESÚS, aquellos que Dios te dio (la humanidad entera) necesita de tu intercesión. Ayúdanos a pedir al Creador, también, por cada uno de nosotros. 



Eleuterio Fernández Guzmán



2 de junio de 2014

Acabar con la corrupción

        
Pablo Cabellos Llorente








          Todas las acepciones del verbo corromper indican maldad. La más suave quizá sea la situada por el DRAE  en primer lugar: alterar y trastrocar la forma de algo. Las restantes son peores: echar a perder, dañar, pudrir, sobornar, pervertir o seducir a alguien, estragar, viciar… Y así hasta oler mal que supongo se puede emplear en sentido real y figurado, aunque quizá sea más pestífero el figurado que el puro  hedor a carne podrida.

        No es infrecuente leer y hablar de corrupción política, económica, policial, de datos y hasta de jueces. Esa podredumbre es objeto de estudios variados, se establecen baremos de países o regiones más corruptos, pero el hecho es que está ahí, atravesando el ancho mundo y no parece que pongamos remedios eficaces, tal vez porque, sobre todo en los centros de poder, existen muchos intereses que impiden su extirpación. Hoy por ti, mañana, por mi. Hoy te encubro y disimulo  gritando, mañana me tapas y tú levantas la voz. Incluso sucede como en El Gatopardo, la conocida novela de Lampedusa, donde se lee que es preciso que todo cambie para que todo siga igual.

        Siempre se ha hablado de la posibilidad de que en un montón manzanas  sólo una putrefacta puede pudrirlas todas. Pero por lo que contemplamos a diario, parece dañado buena parte del montón o, al menos, en puntos esenciales de la vida pública o privada. Aunque confío en que no lleguemos al límite expresado por un taxista mexicano que apuntaba: oiga, aquí roban hasta los particulares. Sea como fuere, el tema de la corrupción es una lacra de ámbito universal, lo que, lejos de ser un consuelo, la torna aún más preocupante.

        La pregunta obvia es qué vamos a hacer para erradicarla sin emprender la gran movida para que todo siga igual. Es preciso ir al origen de lo que estraga esta sociedad nuestra. Y ese origen hay que buscarlo en el hombre mismo: en las desordenadas ambiciones personales, los excesos en la búsqueda de la propia excelencia, en la inmoderación personal para los gastos, la protesta porque deseo tener más aunque no haya de qué, el absentismo laboral injustificado, el jefe que únicamente busca resultados para salvar su pellejo, los negocios del sexo, los parados…; todo eso y más constituye la causa del trastrueque que observamos.

         Precisamos una reflexión seria y generosa para ahondar en la causa de los desvaríos humanos. Séneca afirmaba: ¿qué importa saber lo que es una recta si no se sabe lo que es la rectitud? Ésta interesa mucho porque importa el hombre, porque toda vida humana es una aventura extraordinaria que no podemos malograr por seducirla para que pierda su norte. En la obra “Cruzando el umbral de la esperanza”, Juan Pablo II afirmaba: la persona es un ser para el que la única dimensión adecuada es el amor. Somos justos en lo que respecta a una persona cuando la amamos. En este contexto, es evidente que corruptores y corrompidos no aman ni propician el amor salvo el desquiciado que se profesan a sí mismos.

        Indudablemente, escribo desde una mente cristiana, pero procuro hacerlo de modo que sea útil a una mayoría. El amor gobernado por la recta razón. Amar guarda poca relación con cifrar  la solución de nuestros problemas de corrupción en el apartamiento de los catecismos –modo grosero de referirse a algo inexistente- y un aborto con más capacidad de muertes. ¿Alguien piensa seriamente en amar a la gente de ese modo. ¿Alguien cree que seremos más humanos y juveniles cambiando el Crucificado por el Che Guevara, a quien la gente joven ya no conoce?

        El amor puede sanar muchas heridas en una humanidad rasgada por sobornos y otras perversiones. Amar es darse, es acoger la vida naciente y tener hospitalidad con quien la necesita. Amar es aceptar lo que otro nos da y hacerlo propio, como escribió Yepes Stork. Amar es respetar y reconocer la dignidad de todos, incluidos ancianos y no nacidos. Si educamos para el amor, elegiremos amorosamente, y eso hace distinta la elección. Amar es atender y comprender. También obedecer es amar, y buscar la concordia, actuar desinteresadamente, respetar las promesas, perpetuarse en un tiempo con ansia de eternidad.


        ¿No podríamos poner todos los medios en búsqueda de esa civilización del amor, que es lo más opuesto a la civilización de la podredumbre? Así la vida humana volvería a brillar con todo su esplendor aún con los errores nacidos de nuestras limitaciones. La vida sería esa aventura apasionante cantada por los poetas, celebrada por la música, inmortalizada en la pintura, reflejada en un cine moderno y atrayente, trabajada en los talleres y en las aulas. Una vida pletórica de vida, de personas con norte y brújula, un río de luz con la fuerza creativa del hombre, siempre capaz de lo mejor y de lo peor. Ha de cambiar todo para que nada siga igual,  para  despertarnos, como decía una canción italiana, con los ojos y el corazón de un niño que nunca puede traicionar.  Sólo veo realizable la poesía de la canción con los ojos de Dios.


P. Pablo Cabellos Llorente

Cuando no hay dudas de fe



Lunes VII de Pascua


Jn 16,29-33


En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús: 'Ahora sí que hablas claro, y no dices ninguna parábola. Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has salido de Dios'. Jesús les respondió: '¿Ahora creéis? Mirad que llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo'”.



COMENTARIO

Aquellos que le escuchan más de cerca, los apóstoles, llega un momento en el que creen entender aquello que les estaba diciendo Jesús. Sin embargo, el Hijo de Dios no cree que eso sea así pues sabe que es difícil soportar lo que ha de venir y ellos sólo están gozando de lo mejor de la vida con el Maestro.

Jesús sabe lo que va a pasar. Por eso está más que seguro que aquellos que están seguros de lo que entienden, acabarán por abandonarle en el momento más difícil de su vida terrena. Y lo dejarán sólo.

Sin embargo, también sabe que resultará vencedor de la muerte y del Mal. Por eso les da ánimos pues está seguro que los van a necesitar cuando llegue el terrible momento de la muerte en la cruz. Él ha vencido al mundo y ellos también lo harán.





JESÚS, has vencido a todo lo malo: a la muerte, al mundo y a todo lo que significa. Ayúdanos a confiar siempre en ti.




Eleuterio Fernández Guzmán


1 de junio de 2014

Ir por el mundo evangelizando

Ascensión del Señor
Mt 28,16-20


En aquel tiempo, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: 'Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo'”.


COMENTARIO


Jesús, después de haber resucitato estuvo con sus discípulos hasta que llegó el momento de dejarlos y ascender a la Casa del Padre. Mientras tanto, los habia enseñado según era la voluntad de Dios acerca de sus hijos.

Pero Jesús les encomienda una misión muy importante como era decir a las gentes aquello que ellos habían vivido. Y que lo hicieran en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo que era lo mismo que decirlo de las tres personas que constituían la Santísima Trinidad.

También les encomienda todo aquello que ellos habian escuchado y que Jesús había tratado de que entendiesen a lo largo de aquellos años de convivencia. Y que lo hicieran tal como Él les había enseñado.


JESÚS, querías que los que habían sido tus discípulos más allegados transmitiesen aquello que habían escuchado de ti y visto contigo. Ayúdanos, a nosotros, a hacer lo mismo ahora.




Eleuterio Fernández Guzmán


31 de mayo de 2014

Magnifica María




La Visitación de la Virgen
Lc 1, 39-56

“En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!’.

Y dijo María: ‘Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos. María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa”.


COMENTARIO




JESÚS,




Eleuterio Fernández Guzmán

30 de mayo de 2014

Estar gozosos con Cristo

Viernes, 29 de mayo de 2014

Viernes VI de Pascua

Jn 16,20-23a

“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada’”.

COMENTARIO

Como Dios lo sabe todo, Cristo sabia lo que iba a pasar en cuanto muriera de muerte terrible. Por eso avisa a sus discípulos más allegados y procura calmar su corazón y su alma. 

Es cierto que el mundo, lo que rodea a los que le siguen, creerá que ha vencido al Maestro, a Aquel que les decía lo que no quería escuchar y a Aquel que, al fin y al cabo, tanto odiaban por lo que hacía pero, sobre todo, por lo que decía. 

Sin embargo, sabe Jesús que quien en Él cree y quien en Él confía nada tiene que temer del mundo. Él iba a vencer a la muerte y al Demonio y eso les debía poner sobre el aviso de que ellos también vencerían a la muerte. 




JESÚS, los que te siguen temían, mucho, por sus vidas y por lo que iba a pasar pronto. Pero Tú calmaste su corazón y su alma. Ayúdanos a no caer en tal tentación nunca. 



Eleuterio Fernández Guzmán

29 de mayo de 2014

Llorar para luego reír



Jueves VI de Pascua
Jn 16,16-20

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver’. Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí:’«¿Qué es eso que nos dice: ‘Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver’ y ‘Me voy al Padre’?’. Y decían: ‘¿Qué es ese ‘poco’? No sabemos lo que quiere decir’. Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: ‘¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: ‘Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?’. En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo’”.


COMENTARIO

Jesús sabe que aquellos que le escuchan dudan acerca de lo que ha de pasar, a poco tiempo que transcurra, cuando Jesús muera. En verdad no quieren hacerse a la idea de eso y, seguramente, les bloquea.

Pero Jesús tiene que tranquilizar el corazón de aquellos que le escuchan y les transmite que aunque vayan a sufrir en un primer momento luego la tranquilidad llegará a su alma cuando vean lo que va a pasar.

Jesús llega al corazón de aquellos que le escuchan diciéndoles la verdad de las cosas. No trata de decirles otra cosa que no sea la verdad ni trata de tranquilizarlos para que no sufran. La verdad ante todo.



JESÚS, los que te escuchan saben que algo importante va a pasar pero aún no son capaces de comprenderlo. Nosotros sabemos lo que pasó y, aún con eso, no faltan las dudas. Ayúdanos a no caer en tal tentación.




Eleuterio Fernández Guzmán


28 de mayo de 2014

Lo que aún no comprendemos



Miércoles VI de Pascua


Jn 16,12-15


En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: 'Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros'”.


COMENTARIO


Jesús sabía que, a lo mejor, todo lo que sus discípulos estaban viviendo superaba sus fuerzas. Por eso creía que sería lo mejor que fueran, poco a poco, asimilándolo.

El Hijo de Dios iba a enviar al Espíritu Santo. El Paráclito iba a procurar, para la especie humana, todo aquello que la misma necesitaba para llevar una existencia propia de hijos de Dios.

En realidad, el Espíritu Santo no dirá, por así decirlo, nada que no fuera propio de Dios pues formando parte de la Santísima Trinidad todo lo que conocía Dios lo conocía el Paráclito. Por era muy importante que lo tuviesen muy en cuenta en lo sucesivo.


JESÚS, sales lo importante que iba a ser, para la humanidad, el Espíritu Santo. Ayúdanos as no despreciar nunca su ayuda.




Eleuterio Fernández Guzmán


27 de mayo de 2014

Alegrarse de la partida de Cristo

Martes VI de Pascua


Jn 16,5-11

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: 'Pero ahora me voy a Aquel que me ha enviado, y ninguno de vosotros me pregunta: ‘¿Adónde vas?’. Sino que por haberos dicho esto vuestros corazones se han llenado de tristeza. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré: y cuando Él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado, porque no creen en mí; en lo referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya no me veréis; en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado'".


COMENTARIO

Jesús sabe que sus discípulos más allegados están tristes porque saben que va a irse. Debe consolar su alma y su corazón pues, de otra manera, no cumplirán con la misión que han de cumplir. 

Jesús promete algo muy importante: cuando se marche enviará al Espíritu Santo porque es crucial para la historia de la humanidad que le Paráclito nos guíe hacia el definitivo Reino de Dios. 

El Espíritu Santo había de enseñarlo pues forma parte de la Santísima Trinidad y eso le procura, para su propia realidad, conocer todo lo que Dios conoce y todo lo que el hijo conoce. Y nos ayudará en nuestra salvación eterna. 




JESÚS, aquellos que te escuchan están tristes porque los vas a dejar. Sin embargo, prometes el Espíritu Santo. Ayúdanos a darnos cuenta de lo que, verdaderamente, importa y nos conviene. 



Eleuterio Fernández Guzmán

26 de mayo de 2014

Paráclito


Lunes VI de Pascua


Jn  15,26—16,4


En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: 'Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho'”.


COMENTARIO

En este texto del Evangelio de San Juan Jesús dice algo muy importante y que, a lo mejor pasa desapercibico: “estáis conmigo desde el principio”. Dios lo tiene todo previsto y desde la misma eternidad, nos ha elegido. Sólo debemos responder como quiere Él que respondamos.

Jesús habla acerca del Paráclito, el Defensor, el Espíritu Santo. Lo ha de enviar cuando suba al Padre, tras su Ascensión. Nos recordará, el mismo, lo que debemos y hacer y en qué debemos creer. Nos iluminará en la oscuridad y estará con nosotros siempre, siempre, siempre.

Pero Jesús también profetiza, dice, acerca de lo que pasará a sus discípulos: habrá persecuciones y, seguramente, muerte por selo. Pero eso, lo que sucedió y seguirá sucediendo sólo nos tiene que dar fuerzas para seguir adelante.



JESÚS, nos has de enviar al Espíritu Santo para que nos reconforte, nos anime y nos guie. Ayúdanos a recibirlo como merece quien forma parte de la Santísima Trinidad.




Eleuterio Fernández Guzmán


25 de mayo de 2014

Perseguidos por ser discípulos



Domingo, VI de Pascua


Jn 14, 15-21

“’15 Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; 16 y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, 17 el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros. 18 No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros.19 Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros si me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis. 20 Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros. 21 El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.’”


El Evangelio de hoy domingo, 25 de mayo, nos habla de que debemos  guardar los mandamientos de la Ley de Dios. 

A tal respecto, Jesús dijo, en más de una ocasión, que si a Él lo habían perseguido, otra cosa no podían esperar aquellos que quisiesen ser sus discípulos.

Desde el mismo momento en el que aquel hombre se dejó matar en una Cruz por bien de la humanidad y asumió sobre sí todos los pecados del mundo, los limpió y nos garantizó la vida eterna, se estableció un odio del mundo hacia aquellos que se iban a llamar cristianos o, en general, seguidores del Hijo de Dios.
La persecución, a lo largo de los siglos, es más que conocida.

Desde aquel mismo instante, como decimos, el Imperio más poderoso de entonces, el romano, se dedicó (hasta que Constantino el Grande quitó tal carga) a perseguir a los cristianos y a estigmatizar al cristianismo considerándolo como la creencia no sólo distinta a la del Estado sino muy peligrosa para el propio Estado. Y eso, verdaderamente, era cierto, porque con el tiempo procuraría, sin fuego y sin armas, el fin de aquella forma pagana de ver las cosas.

Pero, a lo largo de los siglos, ha habido muchas otras persecuciones contra los hijos de Dios que querían ser llamados hermanos de Cristo. Muchos de ellos dieron sus vidas perdonando a sus matarifes. Ellos fueron mártires y su sangre, como diría Tertuliano, sería semilla de nuevos discípulos de Cristo pues quien ve morir así a una persona o tiene conocimiento de una muerte así sólo puede pensar que su Maestro ha de ser algo más que un Maestro y que, a lo mejor, es el verdadero Hijo de Dios. Y eso ha producido la incorporación, a las filas de Cristo, de muchos que, bien no conocían al Mesías o, simplemente, que conociéndole, no habían tenido una especial querencia por su persona y espíritu.

Hoy día también hay persecuciones, no podemos engañarnos.

En muchos lugares del mundo, las muertes son a la antigua usanza: se mata al discípulo de Cristo por serlo y por suponer, eso dicen, algún tipo de extraña amenaza a la sociedad. Y eso se dice, seguramente, porque falta, precisamente, el amor que es aquello en lo que Jesús quiso que se notara que éramos sus discípulos. Y como falta el amor, todo lo demás cae por su propio peso y negritud.

Pero también hay persecuciones, digamos, más finas y delicadas. No se trata de matar, con sangre, sino de matar de otras muchas formas: ignorando la existencia de la fe cristiana, haciéndola de menos, legislando en su contra la enseñanza de la Religión católica o cosas y formas parecidas.

Nosotros, sin embargo, los que nos consideramos hijos de Dios y discípulos de Cristo sabemos, eso lo deberían conocer todos los perseguidores, que nos sentimos la mar de bien con las persecuciones. No es que nos gusten sino que las tenemos como algo normal según dijo nuestro Maestro.

No nos preocupa, por tanto, que se nos persiga pues es un timbre de honor ser perseguidos por ser hermanos de un tal Hermano Cristo. Tampoco vamos a tratar de no ser perseguidos pues el Mal sabe, por desgracia, hacer las cosas según son sus intereses y, aunque no vayamos a buscar la persecución (ya viene ella sola) que no vaya a creer nadie que los cristianos que somos conscientes de que lo somos vamos a rehuir ser perseguidos y que, también eso es casi seguro, no responderemos de la misma forma que se utilice en contra de nuestra fe y nuestras creencias.

Y es que lo mucho que haremos, y no es poco según son las cosas  y nuestra pecadora naturaleza humana, es rezar por aquellos que nos persiguen, pedir a Dios que cambie su corazón y, en todo caso, de no querer cambiarlo, que Su Justicia sea lo más misericordiosa que pueda con quienes desprecian a los hermanos de Cristo.

Tan sólo eso. Y que lo comprendan aquellos que nos persiguen por el terrible delito de ser hermanos del Hijo de Dios pues deben saber que estamos dispuestos a guardar, en nuestro corazón, la Ley de Dios y sus Mandamientos y que eso nos da fuerza para encarar aquello que nos suceda que, además, recibimos como algo bueno para nuestra existencia de hijos de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

24 de mayo de 2014

Odiados por el mundo, amados por Dios





 Sábado V de Pascua
Jn 15,18-21

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado”.

COMENTARIO


Jesús sabía, porque le había pasado a Él, que aquellos que le habían perseguido, el mundo, haría lo mismo con sus discípulos. Sin embargo, eso no debía procurarles miedo alguno. 

También sabe Jesús que no podemos ser como Él pues sería pretender lo que es imposible. Sin embargo, sí podemos ser como Él en cuanto a sufrimiento y aceptar el sufrimiento que el mundo nos pueda procurar. 

Conocer a Cristo, por parte de aquellos que lo perseguían, no era un dechado de verdad. Por eso, por no conocer y no guardar su Palabra, que es la de Dios, lo habían perseguido. Pues exactamente igual les pasaría a los suyos. 




JESÚS, nos adviertes de que seremos perseguidos. Ayúdanos a sobrellevar tales persecuciones sabiendo que Tú eres Dios. 



Eleuterio Fernández Guzmán

23 de mayo de 2014

El Mandamiento de la Caridad





Viernes V de Pascua



Jn 15,12-17

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros’”.

COMENTARIO

El mayo legado que Jesús dejó a los que le escuchaban y que tenía que ver, totalmente, con la Ley de Dios y, más concretamente, con el Mandamiento más importante a tener en cuenta en nuestra relación con el prójimo era el del amor.

Jesús no dice que nos amemos de cualquier forma sino como Él nos ha amado. Eso quiere decir que debemos seguir su ejemplo y, por ejemplo, perdonar siempre, no enfadarnos, no llevar las cosas por el camino de la falta de paz y tener en cuenta al prójimo para lo bueno y para lo malo, etc.

La voluntad de Dios es que demos fruto. Por eso nos ha elegido. No quiere otra cosa sino que hagamos su voluntad. De tal manera, alcanzaremos la vida eterna pues habremos llevado a cabo un hacer y un ser de acuerdo a lo que quiere el Creador que siempre es lo mejor para nosotros, hijos suyos.


JESÚS,  como quieres lo mejor para nosotros nos recomiendas que nos amemos unos a otros y que lo hagamos como Tú nos amaste. Ayúdanos a ser capaces de hacer eso.




Eleuterio Fernández Guzmán


22 de mayo de 2014

Guardar la Ley de Dios en nuestros corazones

Jueves V de Pascua



Jn 15,9-11

"En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: 'Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado'".

COMENTARIO

Como sabemos, Jesús amó a sus hermanos lo más que se puede amar. Lo hizo hasta el mismo extremo de dar su vida por ellos, por todos y cada uno de nosotros. Y así es como ama Dios pues lo dice el mismo Hijo.

Hay que guardar los Mandamientos de a la Ley de Dios. Pero guardarlos no quiere decir esconderlos sino tenerlos bien dentro del corazón y que, desde allí, de donde salen las obras, iluminen nuestra existencia. 

Sólo guardando los Mandamientos y el pensamiento de Cristo en nuestros corazones estaremos llenos del Espíritu Santo y seremos su templo. Debemos, pues, hacer lo que hace el Maestro y que es tener siempre a Dios en su corazón y en su existencia.


JESÚS, sólo nos dices lo que nos conviene saber y llevar a la práctica. Ayúdanos a no olvidar nunca los Sagrados Mandamientos de tu Padre. 


Eleuterio Fernández Guzmán