3 de junio de 2014

Según Cristo hizo






Martes VII de Pascua

Jn 17,1-11a

En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar.

'Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado.

'Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti".


COMENTARIO

Jesús, en aquel momento difícil de su vida, pide a Dios por todos aquellos que el Padre le había entregado. Sabe que quiere la vida eterna para ellos y que Él ha cumplido con la misión que Dios le había encomendado llevar a cabo.

Jesús sabe que ha hecho lo que el Padre le había mandado hacer. Ha cumplido su voluntad y ha tratado de que los que se le habían entregado por parte del Creador entendiesen lo importante de hacer lo que Dios quería que hiciesen a lo largo de su vida. 

Jesús ruega a Dios porque sabe en las dificultades en las que se van a encontrar cuando Él vuelva a donde salió para estar junto al Padre. Por eso ruega a Dios por sus hermanos los hombres. 




JESÚS, aquellos que Dios te dio (la humanidad entera) necesita de tu intercesión. Ayúdanos a pedir al Creador, también, por cada uno de nosotros. 



Eleuterio Fernández Guzmán



2 de junio de 2014

Acabar con la corrupción

        
Pablo Cabellos Llorente








          Todas las acepciones del verbo corromper indican maldad. La más suave quizá sea la situada por el DRAE  en primer lugar: alterar y trastrocar la forma de algo. Las restantes son peores: echar a perder, dañar, pudrir, sobornar, pervertir o seducir a alguien, estragar, viciar… Y así hasta oler mal que supongo se puede emplear en sentido real y figurado, aunque quizá sea más pestífero el figurado que el puro  hedor a carne podrida.

        No es infrecuente leer y hablar de corrupción política, económica, policial, de datos y hasta de jueces. Esa podredumbre es objeto de estudios variados, se establecen baremos de países o regiones más corruptos, pero el hecho es que está ahí, atravesando el ancho mundo y no parece que pongamos remedios eficaces, tal vez porque, sobre todo en los centros de poder, existen muchos intereses que impiden su extirpación. Hoy por ti, mañana, por mi. Hoy te encubro y disimulo  gritando, mañana me tapas y tú levantas la voz. Incluso sucede como en El Gatopardo, la conocida novela de Lampedusa, donde se lee que es preciso que todo cambie para que todo siga igual.

        Siempre se ha hablado de la posibilidad de que en un montón manzanas  sólo una putrefacta puede pudrirlas todas. Pero por lo que contemplamos a diario, parece dañado buena parte del montón o, al menos, en puntos esenciales de la vida pública o privada. Aunque confío en que no lleguemos al límite expresado por un taxista mexicano que apuntaba: oiga, aquí roban hasta los particulares. Sea como fuere, el tema de la corrupción es una lacra de ámbito universal, lo que, lejos de ser un consuelo, la torna aún más preocupante.

        La pregunta obvia es qué vamos a hacer para erradicarla sin emprender la gran movida para que todo siga igual. Es preciso ir al origen de lo que estraga esta sociedad nuestra. Y ese origen hay que buscarlo en el hombre mismo: en las desordenadas ambiciones personales, los excesos en la búsqueda de la propia excelencia, en la inmoderación personal para los gastos, la protesta porque deseo tener más aunque no haya de qué, el absentismo laboral injustificado, el jefe que únicamente busca resultados para salvar su pellejo, los negocios del sexo, los parados…; todo eso y más constituye la causa del trastrueque que observamos.

         Precisamos una reflexión seria y generosa para ahondar en la causa de los desvaríos humanos. Séneca afirmaba: ¿qué importa saber lo que es una recta si no se sabe lo que es la rectitud? Ésta interesa mucho porque importa el hombre, porque toda vida humana es una aventura extraordinaria que no podemos malograr por seducirla para que pierda su norte. En la obra “Cruzando el umbral de la esperanza”, Juan Pablo II afirmaba: la persona es un ser para el que la única dimensión adecuada es el amor. Somos justos en lo que respecta a una persona cuando la amamos. En este contexto, es evidente que corruptores y corrompidos no aman ni propician el amor salvo el desquiciado que se profesan a sí mismos.

        Indudablemente, escribo desde una mente cristiana, pero procuro hacerlo de modo que sea útil a una mayoría. El amor gobernado por la recta razón. Amar guarda poca relación con cifrar  la solución de nuestros problemas de corrupción en el apartamiento de los catecismos –modo grosero de referirse a algo inexistente- y un aborto con más capacidad de muertes. ¿Alguien piensa seriamente en amar a la gente de ese modo. ¿Alguien cree que seremos más humanos y juveniles cambiando el Crucificado por el Che Guevara, a quien la gente joven ya no conoce?

        El amor puede sanar muchas heridas en una humanidad rasgada por sobornos y otras perversiones. Amar es darse, es acoger la vida naciente y tener hospitalidad con quien la necesita. Amar es aceptar lo que otro nos da y hacerlo propio, como escribió Yepes Stork. Amar es respetar y reconocer la dignidad de todos, incluidos ancianos y no nacidos. Si educamos para el amor, elegiremos amorosamente, y eso hace distinta la elección. Amar es atender y comprender. También obedecer es amar, y buscar la concordia, actuar desinteresadamente, respetar las promesas, perpetuarse en un tiempo con ansia de eternidad.


        ¿No podríamos poner todos los medios en búsqueda de esa civilización del amor, que es lo más opuesto a la civilización de la podredumbre? Así la vida humana volvería a brillar con todo su esplendor aún con los errores nacidos de nuestras limitaciones. La vida sería esa aventura apasionante cantada por los poetas, celebrada por la música, inmortalizada en la pintura, reflejada en un cine moderno y atrayente, trabajada en los talleres y en las aulas. Una vida pletórica de vida, de personas con norte y brújula, un río de luz con la fuerza creativa del hombre, siempre capaz de lo mejor y de lo peor. Ha de cambiar todo para que nada siga igual,  para  despertarnos, como decía una canción italiana, con los ojos y el corazón de un niño que nunca puede traicionar.  Sólo veo realizable la poesía de la canción con los ojos de Dios.


P. Pablo Cabellos Llorente

Cuando no hay dudas de fe



Lunes VII de Pascua


Jn 16,29-33


En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús: 'Ahora sí que hablas claro, y no dices ninguna parábola. Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has salido de Dios'. Jesús les respondió: '¿Ahora creéis? Mirad que llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo'”.



COMENTARIO

Aquellos que le escuchan más de cerca, los apóstoles, llega un momento en el que creen entender aquello que les estaba diciendo Jesús. Sin embargo, el Hijo de Dios no cree que eso sea así pues sabe que es difícil soportar lo que ha de venir y ellos sólo están gozando de lo mejor de la vida con el Maestro.

Jesús sabe lo que va a pasar. Por eso está más que seguro que aquellos que están seguros de lo que entienden, acabarán por abandonarle en el momento más difícil de su vida terrena. Y lo dejarán sólo.

Sin embargo, también sabe que resultará vencedor de la muerte y del Mal. Por eso les da ánimos pues está seguro que los van a necesitar cuando llegue el terrible momento de la muerte en la cruz. Él ha vencido al mundo y ellos también lo harán.





JESÚS, has vencido a todo lo malo: a la muerte, al mundo y a todo lo que significa. Ayúdanos a confiar siempre en ti.




Eleuterio Fernández Guzmán


1 de junio de 2014

Ir por el mundo evangelizando

Ascensión del Señor
Mt 28,16-20


En aquel tiempo, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: 'Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo'”.


COMENTARIO


Jesús, después de haber resucitato estuvo con sus discípulos hasta que llegó el momento de dejarlos y ascender a la Casa del Padre. Mientras tanto, los habia enseñado según era la voluntad de Dios acerca de sus hijos.

Pero Jesús les encomienda una misión muy importante como era decir a las gentes aquello que ellos habían vivido. Y que lo hicieran en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo que era lo mismo que decirlo de las tres personas que constituían la Santísima Trinidad.

También les encomienda todo aquello que ellos habian escuchado y que Jesús había tratado de que entendiesen a lo largo de aquellos años de convivencia. Y que lo hicieran tal como Él les había enseñado.


JESÚS, querías que los que habían sido tus discípulos más allegados transmitiesen aquello que habían escuchado de ti y visto contigo. Ayúdanos, a nosotros, a hacer lo mismo ahora.




Eleuterio Fernández Guzmán


31 de mayo de 2014

Magnifica María




La Visitación de la Virgen
Lc 1, 39-56

“En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!’.

Y dijo María: ‘Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos. María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa”.


COMENTARIO




JESÚS,




Eleuterio Fernández Guzmán

30 de mayo de 2014

Estar gozosos con Cristo

Viernes, 29 de mayo de 2014

Viernes VI de Pascua

Jn 16,20-23a

“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada’”.

COMENTARIO

Como Dios lo sabe todo, Cristo sabia lo que iba a pasar en cuanto muriera de muerte terrible. Por eso avisa a sus discípulos más allegados y procura calmar su corazón y su alma. 

Es cierto que el mundo, lo que rodea a los que le siguen, creerá que ha vencido al Maestro, a Aquel que les decía lo que no quería escuchar y a Aquel que, al fin y al cabo, tanto odiaban por lo que hacía pero, sobre todo, por lo que decía. 

Sin embargo, sabe Jesús que quien en Él cree y quien en Él confía nada tiene que temer del mundo. Él iba a vencer a la muerte y al Demonio y eso les debía poner sobre el aviso de que ellos también vencerían a la muerte. 




JESÚS, los que te siguen temían, mucho, por sus vidas y por lo que iba a pasar pronto. Pero Tú calmaste su corazón y su alma. Ayúdanos a no caer en tal tentación nunca. 



Eleuterio Fernández Guzmán

29 de mayo de 2014

Llorar para luego reír



Jueves VI de Pascua
Jn 16,16-20

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver’. Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí:’«¿Qué es eso que nos dice: ‘Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver’ y ‘Me voy al Padre’?’. Y decían: ‘¿Qué es ese ‘poco’? No sabemos lo que quiere decir’. Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: ‘¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: ‘Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?’. En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo’”.


COMENTARIO

Jesús sabe que aquellos que le escuchan dudan acerca de lo que ha de pasar, a poco tiempo que transcurra, cuando Jesús muera. En verdad no quieren hacerse a la idea de eso y, seguramente, les bloquea.

Pero Jesús tiene que tranquilizar el corazón de aquellos que le escuchan y les transmite que aunque vayan a sufrir en un primer momento luego la tranquilidad llegará a su alma cuando vean lo que va a pasar.

Jesús llega al corazón de aquellos que le escuchan diciéndoles la verdad de las cosas. No trata de decirles otra cosa que no sea la verdad ni trata de tranquilizarlos para que no sufran. La verdad ante todo.



JESÚS, los que te escuchan saben que algo importante va a pasar pero aún no son capaces de comprenderlo. Nosotros sabemos lo que pasó y, aún con eso, no faltan las dudas. Ayúdanos a no caer en tal tentación.




Eleuterio Fernández Guzmán


28 de mayo de 2014

Lo que aún no comprendemos



Miércoles VI de Pascua


Jn 16,12-15


En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: 'Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros'”.


COMENTARIO


Jesús sabía que, a lo mejor, todo lo que sus discípulos estaban viviendo superaba sus fuerzas. Por eso creía que sería lo mejor que fueran, poco a poco, asimilándolo.

El Hijo de Dios iba a enviar al Espíritu Santo. El Paráclito iba a procurar, para la especie humana, todo aquello que la misma necesitaba para llevar una existencia propia de hijos de Dios.

En realidad, el Espíritu Santo no dirá, por así decirlo, nada que no fuera propio de Dios pues formando parte de la Santísima Trinidad todo lo que conocía Dios lo conocía el Paráclito. Por era muy importante que lo tuviesen muy en cuenta en lo sucesivo.


JESÚS, sales lo importante que iba a ser, para la humanidad, el Espíritu Santo. Ayúdanos as no despreciar nunca su ayuda.




Eleuterio Fernández Guzmán


27 de mayo de 2014

Alegrarse de la partida de Cristo

Martes VI de Pascua


Jn 16,5-11

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: 'Pero ahora me voy a Aquel que me ha enviado, y ninguno de vosotros me pregunta: ‘¿Adónde vas?’. Sino que por haberos dicho esto vuestros corazones se han llenado de tristeza. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré: y cuando Él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado, porque no creen en mí; en lo referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya no me veréis; en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado'".


COMENTARIO

Jesús sabe que sus discípulos más allegados están tristes porque saben que va a irse. Debe consolar su alma y su corazón pues, de otra manera, no cumplirán con la misión que han de cumplir. 

Jesús promete algo muy importante: cuando se marche enviará al Espíritu Santo porque es crucial para la historia de la humanidad que le Paráclito nos guíe hacia el definitivo Reino de Dios. 

El Espíritu Santo había de enseñarlo pues forma parte de la Santísima Trinidad y eso le procura, para su propia realidad, conocer todo lo que Dios conoce y todo lo que el hijo conoce. Y nos ayudará en nuestra salvación eterna. 




JESÚS, aquellos que te escuchan están tristes porque los vas a dejar. Sin embargo, prometes el Espíritu Santo. Ayúdanos a darnos cuenta de lo que, verdaderamente, importa y nos conviene. 



Eleuterio Fernández Guzmán

26 de mayo de 2014

Paráclito


Lunes VI de Pascua


Jn  15,26—16,4


En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: 'Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho'”.


COMENTARIO

En este texto del Evangelio de San Juan Jesús dice algo muy importante y que, a lo mejor pasa desapercibico: “estáis conmigo desde el principio”. Dios lo tiene todo previsto y desde la misma eternidad, nos ha elegido. Sólo debemos responder como quiere Él que respondamos.

Jesús habla acerca del Paráclito, el Defensor, el Espíritu Santo. Lo ha de enviar cuando suba al Padre, tras su Ascensión. Nos recordará, el mismo, lo que debemos y hacer y en qué debemos creer. Nos iluminará en la oscuridad y estará con nosotros siempre, siempre, siempre.

Pero Jesús también profetiza, dice, acerca de lo que pasará a sus discípulos: habrá persecuciones y, seguramente, muerte por selo. Pero eso, lo que sucedió y seguirá sucediendo sólo nos tiene que dar fuerzas para seguir adelante.



JESÚS, nos has de enviar al Espíritu Santo para que nos reconforte, nos anime y nos guie. Ayúdanos a recibirlo como merece quien forma parte de la Santísima Trinidad.




Eleuterio Fernández Guzmán


25 de mayo de 2014

Perseguidos por ser discípulos



Domingo, VI de Pascua


Jn 14, 15-21

“’15 Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; 16 y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, 17 el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros. 18 No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros.19 Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros si me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis. 20 Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros. 21 El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.’”


El Evangelio de hoy domingo, 25 de mayo, nos habla de que debemos  guardar los mandamientos de la Ley de Dios. 

A tal respecto, Jesús dijo, en más de una ocasión, que si a Él lo habían perseguido, otra cosa no podían esperar aquellos que quisiesen ser sus discípulos.

Desde el mismo momento en el que aquel hombre se dejó matar en una Cruz por bien de la humanidad y asumió sobre sí todos los pecados del mundo, los limpió y nos garantizó la vida eterna, se estableció un odio del mundo hacia aquellos que se iban a llamar cristianos o, en general, seguidores del Hijo de Dios.
La persecución, a lo largo de los siglos, es más que conocida.

Desde aquel mismo instante, como decimos, el Imperio más poderoso de entonces, el romano, se dedicó (hasta que Constantino el Grande quitó tal carga) a perseguir a los cristianos y a estigmatizar al cristianismo considerándolo como la creencia no sólo distinta a la del Estado sino muy peligrosa para el propio Estado. Y eso, verdaderamente, era cierto, porque con el tiempo procuraría, sin fuego y sin armas, el fin de aquella forma pagana de ver las cosas.

Pero, a lo largo de los siglos, ha habido muchas otras persecuciones contra los hijos de Dios que querían ser llamados hermanos de Cristo. Muchos de ellos dieron sus vidas perdonando a sus matarifes. Ellos fueron mártires y su sangre, como diría Tertuliano, sería semilla de nuevos discípulos de Cristo pues quien ve morir así a una persona o tiene conocimiento de una muerte así sólo puede pensar que su Maestro ha de ser algo más que un Maestro y que, a lo mejor, es el verdadero Hijo de Dios. Y eso ha producido la incorporación, a las filas de Cristo, de muchos que, bien no conocían al Mesías o, simplemente, que conociéndole, no habían tenido una especial querencia por su persona y espíritu.

Hoy día también hay persecuciones, no podemos engañarnos.

En muchos lugares del mundo, las muertes son a la antigua usanza: se mata al discípulo de Cristo por serlo y por suponer, eso dicen, algún tipo de extraña amenaza a la sociedad. Y eso se dice, seguramente, porque falta, precisamente, el amor que es aquello en lo que Jesús quiso que se notara que éramos sus discípulos. Y como falta el amor, todo lo demás cae por su propio peso y negritud.

Pero también hay persecuciones, digamos, más finas y delicadas. No se trata de matar, con sangre, sino de matar de otras muchas formas: ignorando la existencia de la fe cristiana, haciéndola de menos, legislando en su contra la enseñanza de la Religión católica o cosas y formas parecidas.

Nosotros, sin embargo, los que nos consideramos hijos de Dios y discípulos de Cristo sabemos, eso lo deberían conocer todos los perseguidores, que nos sentimos la mar de bien con las persecuciones. No es que nos gusten sino que las tenemos como algo normal según dijo nuestro Maestro.

No nos preocupa, por tanto, que se nos persiga pues es un timbre de honor ser perseguidos por ser hermanos de un tal Hermano Cristo. Tampoco vamos a tratar de no ser perseguidos pues el Mal sabe, por desgracia, hacer las cosas según son sus intereses y, aunque no vayamos a buscar la persecución (ya viene ella sola) que no vaya a creer nadie que los cristianos que somos conscientes de que lo somos vamos a rehuir ser perseguidos y que, también eso es casi seguro, no responderemos de la misma forma que se utilice en contra de nuestra fe y nuestras creencias.

Y es que lo mucho que haremos, y no es poco según son las cosas  y nuestra pecadora naturaleza humana, es rezar por aquellos que nos persiguen, pedir a Dios que cambie su corazón y, en todo caso, de no querer cambiarlo, que Su Justicia sea lo más misericordiosa que pueda con quienes desprecian a los hermanos de Cristo.

Tan sólo eso. Y que lo comprendan aquellos que nos persiguen por el terrible delito de ser hermanos del Hijo de Dios pues deben saber que estamos dispuestos a guardar, en nuestro corazón, la Ley de Dios y sus Mandamientos y que eso nos da fuerza para encarar aquello que nos suceda que, además, recibimos como algo bueno para nuestra existencia de hijos de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

24 de mayo de 2014

Odiados por el mundo, amados por Dios





 Sábado V de Pascua
Jn 15,18-21

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado”.

COMENTARIO


Jesús sabía, porque le había pasado a Él, que aquellos que le habían perseguido, el mundo, haría lo mismo con sus discípulos. Sin embargo, eso no debía procurarles miedo alguno. 

También sabe Jesús que no podemos ser como Él pues sería pretender lo que es imposible. Sin embargo, sí podemos ser como Él en cuanto a sufrimiento y aceptar el sufrimiento que el mundo nos pueda procurar. 

Conocer a Cristo, por parte de aquellos que lo perseguían, no era un dechado de verdad. Por eso, por no conocer y no guardar su Palabra, que es la de Dios, lo habían perseguido. Pues exactamente igual les pasaría a los suyos. 




JESÚS, nos adviertes de que seremos perseguidos. Ayúdanos a sobrellevar tales persecuciones sabiendo que Tú eres Dios. 



Eleuterio Fernández Guzmán

23 de mayo de 2014

El Mandamiento de la Caridad





Viernes V de Pascua



Jn 15,12-17

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros’”.

COMENTARIO

El mayo legado que Jesús dejó a los que le escuchaban y que tenía que ver, totalmente, con la Ley de Dios y, más concretamente, con el Mandamiento más importante a tener en cuenta en nuestra relación con el prójimo era el del amor.

Jesús no dice que nos amemos de cualquier forma sino como Él nos ha amado. Eso quiere decir que debemos seguir su ejemplo y, por ejemplo, perdonar siempre, no enfadarnos, no llevar las cosas por el camino de la falta de paz y tener en cuenta al prójimo para lo bueno y para lo malo, etc.

La voluntad de Dios es que demos fruto. Por eso nos ha elegido. No quiere otra cosa sino que hagamos su voluntad. De tal manera, alcanzaremos la vida eterna pues habremos llevado a cabo un hacer y un ser de acuerdo a lo que quiere el Creador que siempre es lo mejor para nosotros, hijos suyos.


JESÚS,  como quieres lo mejor para nosotros nos recomiendas que nos amemos unos a otros y que lo hagamos como Tú nos amaste. Ayúdanos a ser capaces de hacer eso.




Eleuterio Fernández Guzmán


22 de mayo de 2014

Guardar la Ley de Dios en nuestros corazones

Jueves V de Pascua



Jn 15,9-11

"En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: 'Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado'".

COMENTARIO

Como sabemos, Jesús amó a sus hermanos lo más que se puede amar. Lo hizo hasta el mismo extremo de dar su vida por ellos, por todos y cada uno de nosotros. Y así es como ama Dios pues lo dice el mismo Hijo.

Hay que guardar los Mandamientos de a la Ley de Dios. Pero guardarlos no quiere decir esconderlos sino tenerlos bien dentro del corazón y que, desde allí, de donde salen las obras, iluminen nuestra existencia. 

Sólo guardando los Mandamientos y el pensamiento de Cristo en nuestros corazones estaremos llenos del Espíritu Santo y seremos su templo. Debemos, pues, hacer lo que hace el Maestro y que es tener siempre a Dios en su corazón y en su existencia.


JESÚS, sólo nos dices lo que nos conviene saber y llevar a la práctica. Ayúdanos a no olvidar nunca los Sagrados Mandamientos de tu Padre. 


Eleuterio Fernández Guzmán

21 de mayo de 2014

Sarmientos de la Viña


Miércoles V de Pascua


Jn 15,1-8

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos’”.


COMENTARIO


Jesús, en su predicación, pone ejemplos que son fácilmente entendidos por aquellos que le escuchan. Así, por ejemplo, en el caso de hoy, se refiere a la Viña, que es Él mismo, y a los sarmientos, que somos sus discípulos.

Dios, como nos dice su Hijo, nos quiere limpios de pecado. Por eso nos limpia y nos hace crecer en el espíritu. Si permanecemos en Cristo y lo ponemos en nuestro corazón como el primero que es, avanzaremos en nuestra vida espiritual.

Quiere Jesús que demos fruto. De otra forma perderemos todo (hasta lo poco que tengamos de fe). Por eso nos recomienda, muchas veces, que lo tengamos siempre presente en nuestra vida. Si no queremos arder en el fuego eterno debemos procurar que el Hijo permanezca en nosotros.



JESÚS, nos quieres siempre contigo y nos quieres limpios y puros de corazón. Ayúdanos a limpiar aquello que nos sobra y echarlo al fuego.




Eleuterio Fernández Guzmán


20 de mayo de 2014

La promesa de volver



 Martes V de Pascua
Jn 14, 27-3a

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: ‘Me voy y volveré a vosotros’. Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado’”.

COMENTARIO

Seguramente Jesús pedía mucho a sus más allegados discípulos cuando les decía que su corazón no debía turbarse. Si les estaba diciendo que se iba a marchar de una forma tan trágica no es extraño pensar que aquellos que le seguían quedaran preocupados.

Pero Jesús pide confianza. Les dice que deben amarlo y que, entonces, estarían contentos porque se fuera. Pero sabe que no creerán hasta que no haya muerto y haya resucitado.

Jesús sabe que el Demonio va a dominar al mundo. También sabe que no puede nada contra Él porque es Dios hecho hombre y su voluntad prevalece sobre la del Mal pero era bueno que les dijera que debían tener confianza.









JESÚS, sabes que, muchas veces, somos de dura cerviz y necesitamos muchos avisos acerca de nuestra vida eterna. Ayúdanos a que no nos venza el Príncipe de este mundo.




Eleuterio Fernández Guzmán


19 de mayo de 2014

Cristo es la Palabra

Jn 14, 21-26

21 'El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.» 22 Le dice Judas - no el Iscariote' -: 'Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?' 23 Jesús le respondió: 'Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. 24 El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. 25 Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. 26 Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho'”.

COMENTARIO

Muchas veces tiene que recalcar Jesús aquello que, para Él, es esencial y que todos sus discípulos tenían que entender y creer: confiar en su persona era hacer lo propio con el Padre. Por eso ahora también les dice lo que les dice acerca de los Mandamientos. Y los llama “míos”.

Es muy importante que Jesús diga que no basta, digamos, con escuchar sus mandamientos o mandatos. Hay que ir un poco más allé de eso y guardarlos en el corazón. Eso quiere decir que debemos llevarlos a la práctica no valiendo, por eso mismo, la sola teoría.

Aún avanza algo más Jesús: enviará al Espíritu Santo, al Paráclito o Defensor, para que nos enseñe todo lo que corresponde ser enseñado y que, entonces y ahora, aún no comprendía ni comprendemos. Es más, ha de recordar (y hacerlo muy a menudo) las palabras de Jesús pues en ellas está la Vida Eterna.


JESÚS, Tú eres la Palabra y, en el Principio, estabas junto a Dios, Padre Creador y Todopoderoso. Ayúdanos a no olvidar nunca estas gran verdad.




Eleuterio Fernández Guzmán


18 de mayo de 2014

Jesús lo es Todo



Domingo V de Pascua



Jn 14,1-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: 'No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis el camino'.
 

Le dice Tomás: 'Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?'. Le dice Jesús: 'Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto'.

Le dice Felipe: 'Señor, muéstranos al Padre y nos basta'. Le dice Jesús: '¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre'”·.


COMENTARIO

Era de esperar que aquellos que seguían más de cerca a Jesús, sus apóstoles, sintiesen el corazón encogido cuando escuchaban de la boca del Maestro que le iba a pasar lo que le iba a pasar. Incluso, alguno duda.

Es bien cierto que aún no tenían, del todo, el corazón abierto y aún no habían conocido la verdad de las cosas. Por eso Felipe le pregunta a Jesús acerca del Padre y del hecho mismo de que el Hijo de Dios se lo mostrase.

Pero Jesús deja sentado, ya para siempre, la gran Verdad: Él es Camino y la Verdad y la Vida. Sólo eso, ni más ni menos, debían comprender aquellos que le seguían más de cerca para entrar, con gloria y gozo, en la vida eterna.


JESÚS, nos dices que eres el Camino, la Verdad y la Vida. En tales palabras se encierra todo lo que nos conviene ahora y para siempre, siempre, siempre. Ayúdanos a tenerlas en nuestro corazón.




Eleuterio Fernández Guzmán