17 de febrero de 2014

Eucaristía nuestra














"Verdaderamente la Eucaristía es ‘mysterium fidei’, misterio que supera nuestro pensamiento y puede ser acogido sólo en la fe".

Esta frase, dicha por el Beato, pronto santo, Juan Pablo II, muestra la vital importancia que tiene, que ha de tener, para los discípulos de Cristo hijos de la Iglesia católica, la Santa Misa, el sacrificio que muestra por bien nuestro.

Pero hay muchas, muchísimas aportaciones, a lo largo de la historia de la cristiandad, que nos hacen partícipes del amor que debemos tener por la Eucaristía pues muchos han sido los creyentes que, entendiendo a la perfección lo que eso significa, nos han legado tan gran don de  Dios.

Así, por ejemplo, en el Prefacio de su libro “Cristo, Amor eucarístico”, el P. Stefano María Manelli dice lo siguiente:

"’La devoción a la Eucaristía,’ dijo San Pío X, Papa de la Eucaristía, ‘es lo mas noble, porque tiene a Dios como objeto; es la mas  provechoso para la salvación, porque nos da al Autor de la Gracia; es la mas dulce, ya que Nuestro Señor es dulzura en Si mismo.’

La devoción a la Eucaristía, junto con la devoción a Nuestra Madre Santísima, es una devoción del Paraíso, porque es la devoción que los Ángeles y los Santos del Cielo también tienen. ‘Hay una escuela en el Cielo’, solía decir la mística Santa Gemma Galgani, ‘y ahí lo único que se tiene que aprender es cómo amar. La escuela está en el Cenáculo; el Maestro es Jesús; la materia que se enseña es Su Cuerpo y Su Sangre.’”

La Eucaristía es Amor en Sí misma, idéntica a Jesús. Por esa razón, es el Sacramento del Amor, el Sacramento que rebosa con Caridad. Verdaderamente contiene a Jesús, viviente y verdadero... el Dios Quien es "Amor," (Juan 4:8), y Quien nos amó "hasta el final." (Juan 13:1)”

Gran amor, pues, debemos a la Santa Misa pues en ella gozamos con lo que es nuestra salvación eterna.

Al respecto de la Eucaristía, el pasado 5 de febrero, el Santo Padre Francisco abundó acerca de la misma. En su Audiencia de aquel miércoles del segundo mes del año dijo que “El gesto de Jesús realizado en la última cena es el agradecimiento extremo al Padre por su amor y misericordia. Agradecimiento en griego se dice eucaristía, y por eso el sacramento se llama eucaristía. Es el supremo agradecimiento al padre que nos amó tanto al punto de darnos a su Hijo por amor. Por esto el término eucaristía resume este gesto de Dios y del hombre juntos. Gesto de Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre.

Por lo tanto la celebración eucarística es algo más que un simple banquete, es el memorial de la pascua de Jesús, el misterio central de la salvación. Memorial no significa solamente un simple recuerdo, pero quiere decir que cada vez que celebramos este sacramento participamos al misterio de la pasión muerte y resurrección de Cristo. La eucaristía constituye el auge de la acción de salvación de Dios.”

Pero es que el emérito Papa Benedicto XVI, en la Audiencia de 26 de junio de 2011 también enseñó acerca de la Santa Misa. Y dijo que “En una cultura cada vez más individualista, como lo es aquella en la que estamos inmersos en las sociedades occidentales, y que tiende a difundirse en todo el mundo, la Eucaristía constituye una especie de ‘antídoto’, que actúa en las mentes y en los corazones de los creyentes y que siembra continuamente en ellos la lógica de la comunión, del servicio, del compartir, en resumen, la lógica del Evangelio”.

Ya vemos… misterio de la fe, memoria de la Pascua de Jesús e instrumento espiritual contra lo malo del mundo y de su mundanidad.

Y eso, que es la Eucaristía, es lo que tantas veces se rechaza por achacarle no comprensión o aburrimiento. Y es que la conciencia del creyente católico es, demasiadas veces, en exceso alicorta.



Eleuterio Fernández Guzmán

Publicado en Soto de la Marina

14 de febrero de 2014

Todo lo hizo bien





Viernes V del tiempo ordinario
Mc 7,31-37

En aquel tiempo, Jesús se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. Él, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: ‘Effatá’, que quiere decir: "¡Ábrete!". 

Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían: ‘Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos’”.

COMENTARIO

Es bien cierto que muchas personas eran presentadas a Jesús porque sus discípulos tenían plena confianza en que podía obrar milagros y que, por eso mismo, era importante tener eso en cuenta. Cuando nadie podía hacer nada todo lo podía hacer el Maestro.

Aquel sordo, y casi mudo, sabía que tenía una vida muy difícil de sobrellevar. Apartado del mundo social sólo podía acogerse a lo sagrado, a lo divino. Y algunos, seguramente amigos o familiares (como pasó en el caso del paralítico llevado ante Jesús) lo llevan para que sea curado. Y lo fue. La fe pudo, otra vez, en el corazón de Cristo.

Era de esperar que muchos de los que había visto aquello (y otras cosas) pensasen que Jesús todo lo había hecho bien. Y no podía, por mucho que Jesús les dijese lo contrario, dejar de contar lo que habían visto. Fueron, por así decirlo, enviados a la fuerza… a la fuerza de las circunstancias dichosas que habían contemplado.


JESÚS, las personas que se dirigen a Ti lo hacen porque confín en Ti. Ayúdanos a ser de tal grupo y a serlo siempre, siempre, siempre.





Eleuterio Fernández Guzmán



13 de febrero de 2014

Confianza en Cristo




Jueves V del tiempo ordinario


Mc 7,24-30

En aquel tiempo, Jesús partiendo de allí, se fue a la región de Tiro, y entrando en una casa quería que nadie lo supiese, pero no logró pasar inadvertido, sino que, en seguida, habiendo oído hablar de Él una mujer, cuya hija estaba poseída de un espíritu inmundo, vino y se postró a sus pies. Esta mujer era pagana, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara de su hija al demonio. Él le decía: ‘Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos’. Pero ella le respondió: ‘Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños’. Él, entonces, le dijo: ’Por lo que has dicho, vete; el demonio ha salido de tu hija’. Volvió a su casa y encontró que la niña estaba echada en la cama y que el demonio se había ido.”


COMENTARIO

Una vez Jesús hubo iniciado su vida pública era difícil que acudiera a algún lugar y nadie lo supiese. Lo que pasaba entonces era que todas aquellas personas que confiaban en el Maestro acudían ante Él para que les echara una mano en sus muchas necesidades… no siempre materiales.

Aquella mujer sabía que sólo Jesús podía curar a su hija que estaba poseía por un demonio. Se arriesga, incluso, a que el Hijo de Dios bromee con ella con el asunto de la comida de los perros. Y ella le sigue la broma pues sabe que es bueno y misericordioso.

Jesús comprende que aquella mujer, que se conforma con lo poco que pueda hacer por su hija, tiene mucha confianza en Él y, por eso, cura a la endemoniada. Otra vez, como tantas veces pasa a lo largo de la vida de Jesús, la fe ha salvado a alguien necesitado de ser salvado.


JESÚS, la fe lo es todo para Dios o, lo que es lo mismo, confiar en el Creador tiene, siempre, buena recompensa. Ayúdanos a mantener nuestra fe y a acrecentarla.







Eleuterio Fernández Guzmán



12 de febrero de 2014

Del corazón salen las obras


  


 Miércoles V del tiempo ordinario



Mc 7,14-23


En aquel tiempo, Jesús llamó a la gente y les dijo: ‘Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Quien tenga oídos para oír, que oiga’. 

Y cuando, apartándose de la gente, entró en casa, sus discípulos le preguntaban sobre la parábola. Él les dijo: ‘¿Así que también vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado?’ —así declaraba puros todos los alimentos—. Y decía: ‘Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre’.



COMENTARIO

Era común en el pueblo judío entender que los alimentos, algunos de ellos, eran impuros y que no debían ser ingeridos por los miembros del pueblo creyente. Sin embargo eso también lo quiere cambiar Jesús pues no es la doctrina de Dios.

Aquello que entra de fuera no puede causar daño espiritual en el corazón del hijo de Dios. Es más se trata de lo que sale del corazón, de aquello que el ser humano piensa y, luego, lleva a cabo. Ahí está, o puede estar, el daño que se puede llegar a causar.

Las intenciones, pues, no vienen de fuera del hombre sino que salen de dentro. Y esto, seguramente, tampoco gustó mucho a aquellos que creían que, al contrarío, sí que contaminaba aquello que podía llegar de fuera.



JESÚS,  en muchas ocasiones dices aquello que muchos no quieren escuchar porque les rompen los esquemas que tienen hechos en su corazón. Ayúdanos a comprender la verdadera Ley de Dios.





Eleuterio Fernández Guzmán


11 de febrero de 2014

La confianza de María




 Jn 2, 1-12

“Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: ‘No tienen vino.’ Jesús le responde: ‘¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.’ Dice su madre a los sirvientes: = ‘Haced lo que él os diga.’ =
Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. Les dice Jesús: ‘Llenad las tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. ‘Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala.’ Ellos lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían  sacado el agua, sí que lo sabían), llama el maestresala al novio y le dice: ‘Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora.’ Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos. Después bajó a Cafarnaúm con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días.”
       
COMENTARIO

Parece que Jesús tenía que empezar pronto con su vida pública. Por eso, cuando en aquella boda estaba invitado junto a su Madre y a sus primeros discípulos, faltó el vino, María, siempre preocupada por el bien de sus hijos, no tuvo más remedio que pedirle que hiciera algo.

María confiaba totalmente en Jesús porque sabía que no era un hombre más de los que allí estaban. Por eso les dice a quienes tienen que hacer lo que Él diga que, en efecto, lo hagan. Y ellos obedecen.

Jesús convierte el agua en vino. Es la primera acción extraordinaria, o milagrosa, de las muchas que luego iría haciendo por los caminos por los que caminó. Seguramente los que sabían lo que había hecho (precisamente los sirvientes, los más pobres) nunca olvidaron aquello y serían de los primeros seguidores que se le unirían a lo largo del tiempo.



JESÚS, creías que aún no había llegado el tiempo de mostrar que eras el Hijo de Dios pero tu madre confiaba en Ti. Ayúdanos a tener la confianza que tenía la Virgen María.





Eleuterio Fernández Guzmán


10 de febrero de 2014

Unir las manos con Manos Unidas














“Nosotras, mujeres del mundo entero, llamadas por la naturaleza a dar la vida, protegerla y alimentarla, no podemos aceptar por más tiempo que las fronteras del hambre se inscriban en nuestro globo con trazos de muerte. Mujeres católicas, llamadas por Jesucristo para dar testimonio de un amor universal y efectivo por la familia humana, no podemos resignarnos al hecho de que la mitad de la humanidad sufra hambre”.

Con estas palabras, la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas (UMOFC) comenzaba el Manifiesto dado a público conocimiento en 1955. Lo que se pretendía con el mismo era algo, en realidad, importante pero no poco difícil: tratar de mitigar el hambre que, a nivel mundial, se extendía por todo el globo terráqueo.

Era, además, un llamamiento hecho desde la fe católica y que, por eso mismo, tuvo influjo directo en las Mujeres de Acción Católica que, pasando a la acción, nunca mejor dicho, promovieron la  Campaña contra el hambre.

Y aquella campaña dio lugar, nada más y nada menos, que a la creación de Manos Unidas.

Entonces, contaban con 160.000 asociadas y pretendían hacer hincapié en el remedio las denominadas “tres hambres” que sufría el mundo: “hambre de pan, hambre de cultura y hambre de Dios”.

Consistía, consiste, la sensibilización en dos, digamos, oblaciones voluntarias:

1.-Oblación del ayuno
2.-Oblación económica

Por la primera se propuso el “día del ayuno voluntario” que se circunscribía al primer viernes de Cuaresma. Con eso lo que se quería era concienciar, al menos ese día y para las personas que así lo siguiesen y, aún hoy día, sigan, sobre lo que supone no ingerir alimento alguno o, en el menor de los casos de práctica del mismo, en ingerir menos del que todos los días se ingiere.

Por la segunda oblación, la económica, se dio la luz a la colecta anual a favor de Manos Unidas que, con el paso del tiempo se ha convertido, en el seno de la Iglesia católica, en una de las más destacadas y que más corazones mueve en defensa directa de los seres humanos empobrecidos.

Y eso ha de tener una clara razón de ser que tiene mucho que ver con la voluntad cristiana, aquí católica, de ayudar a quien de verdad lo necesita y de tratar de mitigar, en la medida de lo posible, el mal que acecha a muchos seres humanos, los cerca y acaba con sus vidas por falta de lo elemental y necesario para existir.
Para este año 2014 el tema es “Un mundo nuevo, Proyecto común” y pretende, como es de suponer, concienciar sobre la necesidad de un mundo nuevo, un mundo en el que la situación del ser humano no penda del hilo de las circunstancias y donde la ayuda a los más necesitados sea real y efectiva y no una mera disposición que nunca llega a cuajar.

Manos Unidas pretende que se tengan en cuenta lo peor que en el mundo pasa y hay para que lo que pasa y hay deje de pasar y de haber. Por eso se nos dice que “En 2014 iniciamos la Campaña LV,  enraizada en el Objetivo de Desarrollo del Milenio número 8, “Fomentar una Asociación Mundial para el Desarrollo”, y con el lema “Un mundo nuevo, proyecto común”. Esta Campaña nos sitúa en el camino de la fraternidad universal, como condición necesaria para un desarrollo en plenitud, un desarrollo que ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad. Y cuatro palabras clave definen nuestra acción: esperanza, mundo, nuevo y común.

Y se nos habla de lo que, verdaderamente, es fundamental para un discípulo de Cristo: todos somos hermanos y, por tanto, la fraternidad universal debería ser el eje sobre el que condujéramos nuestra vida de creyentes. Y eso, que nunca debería ser olvidado, lo es en demasiadas ocasiones.
El próximo domingo, 9 de febrero, recordaremos, al menos tal día, que hay otros muchos que están mucho peor que nosotros. Esperemos, por tanto, que sepamos tenerlo en cuenta y que tenga sus lógicas consecuencias.


Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en Soto de la Marina

Día del enfermo: fe y caridad

ELEUTERIO





Tal es el lema de este año para el denominado “Día del enfermo”. Y se apoya en un texto de la Primera Epístola de San Juan (2, 16) que dice, en concreto:

“Dar nuestra vida por los hermanos”.  

Y es que inmediatamente antes, en el comienzo de tal versículo, dice el más joven de los apóstoles que “En esto hemos conocido lo que es amor: en que él dio su vida por nosotros”.

Por tanto, se establece una relación directa entre lo que es caridad, la fe y que es Cristo la fuente de tal amor y de tal fe. Y, a partir de una y otra realidad, se entiende mejor lo que supone la atención a quien pasa por un momento delicado de su vida y que necesita el apoyo, la comprensión y, en definitiva, el amor de su prójimo.

Para este día, el Santo Padre Francisco nos ha ofrecido un Mensaje en el que resalta, precisamente, tanto la fe como al caridad con relación al enfermo, a los enfermos y, en definitiva, a todos nosotros que, en un momento u otro de nuestra vida terrena estaremos en el grupo de tales personas.

En el punto 2 del Mensaje nos dice que “El Hijo de Dios hecho hombre no ha eliminado de la experiencia humana la enfermedad y el sufrimiento sino que, tomándolos sobre sí, los ha transformado y delimitado”.

Por tanto, y dicho esto con relación al texto bíblico origen de todo esto, es bien cierto que Jesucristo, el Enviado por Dios al mundo para procurar su salvación eterna, no consiguió, digamos, que al enfermedad fuera erradicada del mundo. Eso no era posible porque la propia naturaleza del ser humano lleva implícita la posibilidad de que la salud se venga abajo por muchas y muy variadas circunstancias. Por eso Cristo no erradicó la enfermedad: eso no era posible.

Sin embargo, lo mismo que hizo, en general, con todo lo que se refiere al ser humano, sí colaboró mucho en que la enfermedad, decimos irremediable porque no tiene remedio que caigamos en ella, tuviera un sentido sobrenatural y que la misma, bien entendida desde el punto de vista espiritual, fuese llevada con un ánimo distinto al que la lleva quien no cree en Dios y en que su Santa Providencia tiene previsto para nosotros lo que tenga que tener previsto.

Todos, pues, en un momento u otro, caeremos enfermos. Entonces, entra en juego lo que de cristianos tienen los demás, que así lo sean y, cuando se trate de nosotros, lo que nosotros tenemos de tales. Por eso, en el punto 3 del Mensaje dice el Papa Francisco que: “Cuando nos acercamos con ternura a los que necesitan atención, llevamos la esperanza y la sonrisa de Dios en medio de las contradicciones del mundo. Cuando la entrega generosa hacia los demás se vuelve el estilo de nuestras acciones, damos espacio al Corazón de Cristo y el nuestro se inflama, ofreciendo así nuestra aportación a la llegada del Reino de Dios.”

Y es que no es que sea cosa nuestra el consuelo del que pueda gozar un enfermo sino que, como con tantas otras cosas pasa en materia de fe, se trata de Dios, Padre Misericordioso, quien pone en nuestro corazón voluntad de ser caritativos con el enfermo y de mostrar que tenemos una fe que, entre otras realidades, se impone ante los egoísmos particulares en los que podemos caer.

Fe y caridad.

Estas dos palabras, tan relacionadas con la creencia en Dios Todopoderoso, juegan, han de jugar, un papel muy importante en lo referido a los enfermos. No han de ser vocablos huecos sino llenos de la Verdad que es Cristo, Médico llamado del alma y, por eso de nuestro mismo cuerpo.

Y por eso, en el punto 5 de su Mensaje, nos dice el Santo Padre Francisco lo que es muy importante y que tanto tiene que ver con nosotros mismos y lo que creemos: “San Juan, el discípulo que estaba con María a los pies de la Cruz, hace que nos remontemos a las fuentes de la fe y de la caridad, al corazón de Dios que ‘es amor’ (1 Jn 4,8.16), y nos recuerda que no podemos amar a Dios si no amamos a los hermanos. El que está bajo la cruz con María, aprende a amar como Jesús.”
Dios, claro, es Amor y nosotros, sus hijos, sólo podemos, debemos, ser caritativos con quien lo necesita si es que pasa por momentos difíciles en la vida causados por la enfermedad. Fe y caridad, Fe y Amor no son más que las dos caras de la moneda de la esperanza.


Eleuterio Fernández Guzmán

Publicado en Análisis Digital

9 de febrero de 2014

Ser discípulos que saben que lo son





Domingo V del tiempo ordinario
MT 5,13-16


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: 'Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos'”.


COMENTARIO

Ser sal

Todo ser humano, creado por Dios, ha de ser instrumento de Quien todo lo hace y todo lo mantiene. Por eso, quien comprende y entiende lo que significar ser hijo de Dios ha de llevar a cabo una existencia acorde con tal pensamiento, con ta fe.


Dejar de ser sal

Cuando un creyente en Dios Todopoderoso deja de tener por bueno y mejor ser hijo de Dios y se entrega al mundo y a sus mundanidades, lo único que consigue, y es muy grave, es dejar de servir a Dios y, así, entregarse a lo que más se aleja del Padre.

Esconder lo que conviene se sepa

Saberse hijo de Dios y tener una fe en la que sostenerse no puede ser una realidad espiritual que escondamos por miedo al qué dirán o a lo que se pueda pensar de nosotros. No se puede esconder la luz porque es posible, más que posible, que muchos otros hermanos la necesiten.

JESÚS, ser hermanos tuyos y discípulos del Hijo de Dios ha de suponer todo para nosotros. Ayúdanos a no olvidarlo nunca.




Eleuterio Fernández Guzmán


8 de febrero de 2014

Perseverantes en la fe



“Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. El, entonces, les dice: ‘Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco.’ Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.”
       


COMENTARIO

Jesús envía a los suyos a evangelizar. Ellos vuelven porque a comunicar aquello que les había pasado. Pero Jesús, que sabia que muchas personas le seguían para escucharle necesitaba escuchar a sus apóstoles. Los lleva a un lugar aparte para poder enseñar con tranquilidad.

Pero muchos iban tras Él porque querían seguir escuchándole. No se dejaban despistar fácilmente porque tales eran las ganas que tenían que escucharle que fuera donde fuera iban a buscarlo.

Jesús sabía que la misión que tenían que cumplir tenía que llevarla a cabo. Aquellas personas estaban, espiritualmente, perdidas, como ovejas sin pastor. Por eso, a pesar de estar humanamente cansado, no dejaba de enseñarles.


JESÚS, por mucho que te alejes del mundo para enseñar a tus apóstoles los que te quieren siempre te encuentran. Ayúdanos a ser perseverantes en la fe.





Eleuterio Fernández Guzmán


7 de febrero de 2014

Herodes el matarife





Viernes IV del tiempo ordinario


Mc 6,14-29

En aquel tiempo, se había hecho notorio el nombre de Jesús y llegó esto a noticia del rey Herodes. Algunos decían: ‘Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas’. Otros decían: ‘Es Elías’; otros: ‘Es un profeta como los demás profetas’. Al enterarse Herodes, dijo: ‘Aquel Juan, a quien yo decapité, ése ha resucitado’. Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: ‘No te está permitido tener la mujer de tu hermano’. Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto.” 

COMENTARIO

La vida de Juan, primo de Jesús y Bautista, llegó al extremo que tenía reservado Dios para Él. Pero el rey Herodes, mundano y acorralado por la mundanidad, no entendía cómo aquel hombre a quien estimaba como profeta, podía ser odiado por otros.

Jesús dejaba perplejos a muchos. Los que le escuchaban quedaban atónicos de lo que salía de su boca pues era Dios hecho hombre y eso, muchos, no lo podían entender. Seguramente, los enviados de Herodes para verlo le transmitieron aquel sentimiento generalizado. Eso lo dejaba, verdaderamente, preocupado.

Herodes tenía sobre su cabeza muerte de Juan el Bautista. Por eso creía que Jesús era el Bautista a quien había matado. Ese pensamiento ya lo determina como creyente en religiones no judías pues Juan no podía venir en la persona de Cristo.






JESÚS, Herodes no sabe quién eres porque ignora todo de la Ley y los profetas. Ayúdanos a no caer en tan gran ignorancia.





Eleuterio Fernández Guzmán





6 de febrero de 2014

Escogidos y enviados por Cristo




Jueves IV del tiempo ordinario


Mc  6,7-13

En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: ‘Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas’. Y les dijo: ‘Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos’. Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.”

COMENTARIO


Enviados por Cristo

Jesús envía al mundo a los que escoge para ser sus evangelizadores. Sabe que a las personas que escoge y que responden sí a su petición, no les van a defraudar y van a hacer todo lo posible para que la Palabra de Dios llegue al mundo.


Lo que hay que tener en cuenta

Hay cosas que, en la vida de un creyente, tienen importancia pero otras no lo tienen. Jesús sabe que lo que importa no es acumular en esta vida sino, en todo caso, acumular para la vida eterna.


Dar a quien quiera recibir

Jesús sabe que no todas las personas van a recibir bien la Palabra de Dios, la doctrina Santa. Sin embargo, no obliga a nadie a aceptarla. Propone pero no impone y tal es la actitud que recomienda a los suyos.



JESÚS, aquello que comunicas a tus enviados, entonces, es importante, también, ahora mismo. Ayúdanos a ser buenos transmisores de la Palabra de Dios.




Eleuterio Fernández Guzmán


5 de febrero de 2014

Ser profeta de Dios






Miércoles IV del tiempo ordinario

Mc 6,1-6

En aquel tiempo, Jesús salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: ‘¿De dónde le viene esto?, y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?’. Y se escandalizaban a causa de Él. Jesús les dijo: ‘Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio’. Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.”


COMENTARIO

Los que oyen y no comprenden

Muchos de los que escuchan a Jesús lo conocían desde que era pequeño. No podían entender cómo era posible que una persona de la que todo conocían pudiera enseñar de la forma como enseñaba. Oían pero no comprendían.

Ser profeta

Por la historia del pueblo judío, Jesús sabía que los profetas nunca habían sido bien vistos por el pueblo elegido por Dios. No lo habían sido porque decían aquello que no querían escuchar (la voluntad del Creador) y por eso acaban matándolos.


Perseverancia de Cristo

A pesar del comportamiento de los más cercanos a Jesús, Él no se arredra y sigue cumpliendo la misión para la que había sido enviado. Curaba a los enfermos, sanaba el alma de los atribulados. Aún había personas que, allí mismo, sí creían en Él.




JESÚS, muchos de los más cercanos a Ti no comprendían porque tenían el corazón embotado. Ayúdanos a no ser como ellos.




Eleuterio Fernández Guzmán


4 de febrero de 2014

Fe, la fe que salva


Mc 5,21-43

“En aquel tiempo, Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a Él mucha gente; Él estaba a la orilla del mar. Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: ‘Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva". Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.

Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: ‘Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré’. Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de Él, se volvió entre la gente y decía: ‘¿Quién me ha tocado los vestidos?’. Sus discípulos le contestaron: ‘Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’’. Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo: ‘Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad’.

Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: ‘Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?’. Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: ‘No temas; solamente ten fe’. Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Pero Él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: ‘Talitá kum’, que quiere decir: ‘Muchacha, a ti te digo, levántate’. La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.”

COMENTARIO

A Jesús se le acercaban muchas personas porque sabían que era un Maestro distinto a los demás. Confiaban en su persona y en lo que podía hacer por las personas por las que pedían o por ellas mismas.

Jairo necesitaba la ayuda de aquel hombre que demostraba ser mucho más que un hombre. Nadie más podía ayudar a su hija, que se estaba muriendo. Acude a Jesús con fe y, por eso mismo, obtiene lo que tanto quiere: su hija vuelve a la vida pues había muerto.

Aquella mujer, que tenía flujos de sangre, sabía que Jesús sería su salvación. Sólo con tocar algo de Él sabía que estaría curada. Por eso le dice el Hijo de Dios que la había curado su fe pues mucha era su confianza.



JESÚS, seguramente lo que más aprecias es la fe. Tenerla es muy importante para cada uno de nosotros. Ayúdanos a no perderla nunca o a encontrarla si es que, en verdad, no la tenemos.



Eleuterio Fernández Guzmán

3 de febrero de 2014

El poder de Diios


Mc 5, 1-2.6-13.16-20


Y llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo.

Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante él y gritó con gran voz: '¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.' Es que él le había dicho: 'Espíritu inmundo, sal de este hombre.' Y le preguntó: '¿Cuál es tu nombre?' Le contesta: 'Mi nombre es Legión, porque somos muchos.' Y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región. Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte; y le suplicaron: 'Envíanos a los puercos para que entremos en ellos.' Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara - unos 2.0000 se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar.


Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos. Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término. Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con él. Pero no se lo concedió, sino que le dijo: 'Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti.' El se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados.

COMENTARIO

Los de espíritu perdido

Hay muchos hijos de Dios que han escogido, entre el Creador y el mundo, éste. A pesar de los dones que le entrega el Todopoderoso, pronto se olvidan del Señor y prefieren acumular en este mundo antes que acumular para el venidero, la vida eterna.

El Mal reconoce a Cristo

Pero el Mal sabe Quién es el Bien, quien es Cristo, el Hijo de Dios. Sabe que nada puede contra el poder de Dios y le tiene miedo. Por eso huye de donde es descubierto por el Mesías.

No siempre gusta el Bien

A pesar de que Cristo es el Bien en su máxima expresión, no es poco cierto que en demasiadas ocasiones preferimos aquello que, humanamente nos conviene porque la doctrina del Hijo de Dios no siempre nos viene bien. Y lo abandonamos con demasiada facilidad.


JESÚS, Tú eres el Bien que todo lo puede, el más Misericordioso de los hombres y Dios mismo. Ayúdanos a no escoger al mundo antes que a Ti.




Eleuterio Fernández Guzmán


2 de febrero de 2014

Presentación de Cristo al mundo




a Presentación del Señor
Lc 2,22-40


Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: 'Todo varón primogénito será consagrado al Señor' y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.
Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre Él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: 'Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel'. Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él.
Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: 'Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción —¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!— a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones'.
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él.”



COMENTARIO

Cumplir con la Ley

Lo que hacen José y María es significativo. En vez de no cumplir con la Ley y no presentar a Jesús hacen lo que se espera de personas fieles a Dios y a las normas de Moisés. Jesús no había venido a abolir la ley.

Descubrir el Hijo de Dios

Aquellos ancianos, Simeón y Ana, esperaban, como todos los miembros del pueblo judió, la llegada del Mesías. Se dieron cuenta, por inspiración del Espíritu Santo, de que aquel Niño era el Enviado por Dios y gozaron hasta el extremo.

Ésa espada


De aquella visita la Madre María obtiene una profecía emitida por Simeón: una espada le atravesará el corazón. En el momento determinado por Dios, aquella mujera, Inmaculada, recibiría el dolor más grande que era ver morir a su hijo de una forma terrible.



JESÚS, cuando tus padres te llevan al Templo por primera vez, te presentaron a Dios. Ya nunca lo abandonarías en cuanto persona. Ayúdanos a recordar, siempre, que eres Hijo y eres el mismo Dios hecho hombre.




Eleuterio Fernández Guzmán