26 de marzo de 2013

La muerte sigue los pasos de Cristo



Martes Santo

Jn 13,21-33.36-38

“En aquel tiempo, estando Jesús sentado a la mesa con sus discípulos, se turbó en su interior y declaró: ‘En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará’. Los discípulos se miraban unos a otros, sin saber de quién hablaba. Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa al lado de Jesús. Simón Pedro le hace una seña y le dice: ‘Pregúntale de quién está hablando’. Él, recostándose sobre el pecho de Jesús, le dice: ‘Señor, ¿quién es?’. Le responde Jesús: ‘Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar’. Y, mojando el bocado, le toma y se lo da a Judas, hijo de Simón Iscariote. Y entonces, tras el bocado, entró en él Satanás. Jesús le dice: ‘Lo que vas a hacer, hazlo pronto’. Pero ninguno de los comensales entendió por qué se lo decía. Como Judas tenía la bolsa, algunos pensaban que Jesús quería decirle: ‘Compra lo que nos hace falta para la fiesta’, o que diera algo a los pobres. En cuanto tomó Judas el bocado, salió. Era de noche.

Cuando salió, dice Jesús: ‘Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en Él. Si Dios ha sido glorificado en Él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto. Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscaréis, y, lo mismo que les dije a los judíos, que adonde yo voy, vosotros no podéis venir, os digo también ahora a vosotros’. Simón Pedro le dice: ‘Señor, ¿a dónde vas?’. Jesús le respondió: ‘Adonde yo voy no puedes seguirme ahora; me seguirás más tarde’. Pedro le dice: ‘¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti’. Le responde Jesús: ‘¿Que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes que tú me hayas negado tres veces’”.



COMENTARIO


Querer saber

Era de esperar que los discípulos más allegados a Jesús quisiesen saber quién era la persona que lo iba a entregar. Sin embargo, sólo se lo dice a quien tenía mucha confianza y estaba seguro de su fe y no era otro que el apóstol Juan.

Culpable

Judas sabía que Jesús conocía que era él quien lo iba a traicionar. Incluso le urge el mismo Cristo a que haga lo que tiene que hacer. Sabía, también, que entregaba a un hombre inocente y, aún así, la avaricia puede con su corazón de discípulo.

La verdad de la entrega

Pedro se las prometía muy felices pero, a la hora de la verdad, cobardea ante la posibilidad de su propia muerte. Ahora, a lo mejor, no comprende lo que le dice Jesús pero un rato después…



JESÚS, sabes que lo que les dices a tus apóstoles no lo entienden todavía. Algo así nos pasa a nosotros porque parece que tampoco te entendemos.




Eleuterio Fernández Guzmán




Martes Santo

Jn 13,21-33.36-38

“En aquel tiempo, estando Jesús sentado a la mesa con sus discípulos, se turbó en su interior y declaró: ‘En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará’. Los discípulos se miraban unos a otros, sin saber de quién hablaba. Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa al lado de Jesús. Simón Pedro le hace una seña y le dice: ‘Pregúntale de quién está hablando’. Él, recostándose sobre el pecho de Jesús, le dice: ‘Señor, ¿quién es?’. Le responde Jesús: ‘Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar’. Y, mojando el bocado, le toma y se lo da a Judas, hijo de Simón Iscariote. Y entonces, tras el bocado, entró en él Satanás. Jesús le dice: ‘Lo que vas a hacer, hazlo pronto’. Pero ninguno de los comensales entendió por qué se lo decía. Como Judas tenía la bolsa, algunos pensaban que Jesús quería decirle: ‘Compra lo que nos hace falta para la fiesta’, o que diera algo a los pobres. En cuanto tomó Judas el bocado, salió. Era de noche.

Cuando salió, dice Jesús: ‘Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en Él. Si Dios ha sido glorificado en Él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto. Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscaréis, y, lo mismo que les dije a los judíos, que adonde yo voy, vosotros no podéis venir, os digo también ahora a vosotros’. Simón Pedro le dice: ‘Señor, ¿a dónde vas?’. Jesús le respondió: ‘Adonde yo voy no puedes seguirme ahora; me seguirás más tarde’. Pedro le dice: ‘¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti’. Le responde Jesús: ‘¿Que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes que tú me hayas negado tres veces’”.




COMENTARIO


Querer saber

Era de esperar que los discípulos más allegados a Jesús quisiesen saber quién era la persona que lo iba a entregar. Sin embargo, sólo se lo dice a quien tenía mucha confianza y estaba seguro de su fe y no era otro que el apóstol Juan.

Culpable

Judas sabía que Jesús conocía que era él quien lo iba a traicionar. Incluso le urge el mismo Cristo a que haga lo que tiene que hacer. Sabía, también, que entregaba a un hombre inocente y, aún así, la avaricia puede con su corazón de discípulo.

La verdad de la entrega

Pedro se las prometía muy felices pero, a la hora de la verdad, cobardea ante la posibilidad de su propia muerte. Ahora, a lo mejor, no comprende lo que le dice Jesús pero un rato después…



JESÚS, sabes que lo que les dices a tus apóstoles no lo entienden todavía. Algo así nos pasa a nosotros porque parece que tampoco te entendemos.




Eleuterio Fernández Guzmán


25 de marzo de 2013

Hacer lo mejor para Cristo





Lunes Santo

Jn 12,1-11

“Seis días antes de la Pascua, Jesús se fue a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Le dieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con Él a la mesa.



Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume. Dice Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo había de entregar: ‘¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?’. Pero no decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella. Jesús dijo: ‘Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis’.



Gran número de judíos supieron que Jesús estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron dar muerte también a Lázaro, porque a causa de él muchos judíos se les iban y creían en Jesús.

COMENTARIO


A esta altura de la vida de Jesús muchos ya conocían lo que hacía y lo que decía. Nadie ignoraba que hacía cosas que ningún otro hombre podía hacer (como en el caso de su amigo Lázaro) y, por eso mismo, había judías que querían acabar con su vida.

Hacer algo a favor de Jesús era mal visto por los que se comportaban de forma hipócrita. Sin embargo, Jesús sabe cómo responderles y sabe que, en no mucho tiempo, tendrán que recordarlo como era en vida porque está seguro, sabe, que va a morir de una muerte terrible.

Los que habían entendido a Jesús y la labor que estaba realizando comprendieron perfectamente que era el Mesías esperado. Otros, sin embargo, seguramente viendo que no era el Mesías que esperaban ellos decidieron darle muerte para que no siguiera llevándose a sus seguidores.

JESÚS, los que te quieren hacen caso a lo que dices; los que te odian sólo buscan matarte. Nosotros, en cierta manera, también te matamos cuando no te seguimos.




Eleuterio Fernández Guzmán

23 de marzo de 2013

Olvidar lo que hace Cristo




Sábado V de Cuaresma

Jn 11, 45-56

“En aquel tiempo, muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en Él. Pero algunos de ellos fueron donde los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron consejo y decían: ‘¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchas señales. Si le dejamos que siga así, todos creerán en Él y vendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación’. Pero uno de ellos, Caifás, que era el Sumo Sacerdote de aquel año, les dijo: ‘Vosotros no sabéis nada, ni caéis en la cuenta que os conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación’. Esto no lo dijo por su propia cuenta, sino que, como era Sumo Sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación —y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos—. Desde este día, decidieron darle muerte.

Por eso Jesús no andaba ya en público entre los judíos, sino que se retiró de allí a la región cercana al desierto, a una ciudad llamada Efraim, y allí residía con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua de los judíos, y muchos del país habían subido a Jerusalén, antes de la Pascua para purificarse. Buscaban a Jesús y se decían unos a otros estando en el Templo: ‘¿Qué os parece? ¿Que no vendrá a la fiesta?’. Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes de que, si alguno sabía dónde estaba, lo notificara para detenerle”.




COMENTARIO

Jesús continuaba con su labor de predicación y de demostración de que era el Hijo de Dios. Nadie podía dudar de que lo era porque había hecho muchas señales que muchos habían visto. Por eso había personas que querían matarlo y maquinaban para conseguir tal fin.

Unos creyeron en Jesús por lo que hacía más que por lo que decía. Otros, sin embargo, que no creyeron en el Maestro, fueron a sus superiores espirituales a decirles que aquel hombre era muy peligroso para sus intereses. Ellos, con toda seguridad, acordaron acabar con su vida.

Las órdenes estaban dadas: quien viera a Jesús en la época de Pascua que se acercaba tenía que dar parte de su presencia en la Jerusalén. El Mal iba tendiendo el camino de muerte para el Hijo de Dios y muchos, seguramente, creyeron que huiría de aquel momento y que no iría a la ciudad santa. Pero estaban muy equivocados.


JESÚS, los que te perseguían no cesaban en tu intento de matarte. Maquinaron olvidando de lleno todo lo que habías dicho y hecho. Y eso, exactamente eso, es lo que hacemos demasiadas veces nosotros mismos.




Eleuterio Fernández Guzmán


22 de marzo de 2013

Creer que Jesús es Dios hecho hombre



Viernes V de Cuaresma

Jn 10,31-42

“En aquel tiempo, los judíos trajeron otra vez piedras para apedrearle. Jesús les dijo: ‘Muchas obras buenas que vienen del Padre os he mostrado. ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme?’. Le respondieron los judíos: ‘No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios’. Jesús les respondió: ‘¿No está escrito en vuestra Ley: ‘Yo he dicho: dioses sois’? Si llama dioses a aquellos a quienes se dirigió la Palabra de Dios —y no puede fallar la Escritura— a aquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo, ¿cómo le decís que blasfema por haber dicho: ‘Yo soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed por las obras, y así sabréis y conoceréis que el Padre está en mí y yo en el Padre’. Querían de nuevo prenderle, pero se les escapó de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había estado antes bautizando, y se quedó allí. Muchos fueron donde Él y decían: ‘Juan no realizó ninguna señal, pero todo lo que dijo Juan de éste, era verdad’. Y muchos allí creyeron en Él".

COMENTARIO

Era conocido que había muchas personas que no estaban de acuerdo con lo que decía Jesús y querían, sencillamente, matarlo. Dice el texto que no era la primera vez que querían apedrearle. Lo hacían porque, para ellos, era la única manera de que se callase.

Jesús les dice que no sabe cuál es la razón por la que quieren matarlo. Sabe, perfectamente, que no creen que Él sea el Hijo de Dios y que eso es razón, para ellos, más que suficiente como para ajusticiarlo.

Jesús les presenta pruebas de que si no creen en Él que crean en lo que hace. Pero ellos saben que eso, al final, es lo mismo. Muchos, sin embargo, creyeron porque  lo que había dicho Juan el Bautista de Jesús se había cumplido y tenían a Juan por un profeta.


JESÚS, muchos lucharon contra ti de forma muy dura. No creían por nada del mundo acerca de lo que les decías. Eso, más o menos, nos pasa a nosotros cuando no atendemos a tus santas palabras.




Eleuterio Fernández Guzmán


Dios es gloria en Cristo




Jueves V de Cuaresma

Jn 8, 51-59

“En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: ‘En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás’. Le dijeron los judíos: ‘Ahora estamos seguros de que tienes un demonio. Abraham murió, y también los profetas; y tú dices: ‘Si alguno guarda mi Palabra, no probará la muerte jamás’. ¿Eres tú acaso más grande que nuestro padre Abraham, que murió? También los profetas murieron. ¿Por quién te tienes a ti mismo?’. Jesús respondió: ‘Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada; es mi Padre quien me glorifica, de quien vosotros decís: ‘Él es nuestro Dios’, y sin embargo no le conocéis, yo sí que le conozco, y si dijera que no le conozco, sería un mentiroso como vosotros. Pero yo le conozco, y guardo su Palabra. Vuestro padre Abraham se regocijó pensando en ver mi día; lo vio y se alegró. Entonces los judíos le dijeron: ¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo Soy. Entonces tomaron piedras para tirárselas; pero Jesús se ocultó y salió del Templo". 

COMENTARIO

Guardar la Palabra de Dios

Jesús sabe que es muy importante guardar la Palabra de Dios porque es la Verdad y sólo con la Verdad puede vivirse de acuerdo a al creencia que se dice tener.

Dios glorifica a Cristo

La glorificación del Hijo por el Padre determina, a la perfección, Quién es Aquel que habla al mundo sobre la Verdad y sobre lo que es importante de la misma.

Lo que pasa ya pasó

Abraham vio Quien sería el Hijo de Dios y se alegró. En realidad, todo lo que pasa ya ha pasado porque nosotros estamos en un tiempo que Dios siempre ve. Por eso el Patriarca de la fe vio lo que luego sucedería con Jesús.

JESÚS, aquellos que te perseguían querían insinuar que Tú no venías de Dios. Por lo que hacías eso decían. Y nosotros, de igual forma aunque de distinta manera, hacemos lo mismo.




Eleuterio Fernández Guzmán


20 de marzo de 2013

Creer, siempre, en Cristo


Miércoles V de Cuaresma

Jn 8,31-42

“En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos que habían creído en Él: ‘Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres’. Ellos le respondieron: ‘Nosotros somos descendencia de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Os haréis libres?’. Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo. Y el esclavo no se queda en casa para siempre; mientras el hijo se queda para siempre. Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres. Ya sé que sois descendencia de Abraham; pero tratáis de matarme, porque mi Palabra no prende en vosotros. Yo hablo lo que he visto donde mi Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído donde vuestro padre’.



Ellos le respondieron: ‘Nuestro padre es Abraham’. Jesús les dice: ‘Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham. Pero tratáis de matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre’. Ellos le dijeron: ‘Nosotros no hemos nacido de la prostitución; no tenemos más padre que a Dios’. Jesús les respondió: ‘Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais a mí, porque yo he salido y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino que Él me ha enviado’”.

COMENTARIO

Las discusiones entre Jesús y aquellos que no creían del todo en su labor misionera eran continuas porque muchos le querían mal y buscaba cualquier ocasión para difamarle. Incluso, hay que ver, los que sí habían creído en El...
¿Dice Jesús algo extraño? Tan sólo les dice que deben creer en Él porque es el Hijo de Dios y sólo por eso, el Mesías esperado por todo el pueblo elegido, deberían estar a su lado sin manifestar duda alguna.

Sabe Jesús que aquellos que hablan con Él tienen de Dios, seguramente, un conocimiento sesgado por el sentido que tienen del Creador y de su Ley y por aquello que se ha hecho con la misma por parte de los “sabios” judíos. Trata, por eso, de hacerles caer del error en el que se encuentran, pero ellos, claro, no quieren.


JESÚS, tratas de hacer comprender que es muy importante creer en Ti porque eres el Hijo de Dios. Sin embargo, ni ellos creyeron en Ti ni nosotros, muchas veces, lo hacemos siempre.

18 de marzo de 2013

La verdad a veces duele



Lunes V (C) de Cuaresma

Jn 8,12-20

“En aquel tiempo, Jesús les habló otra vez a los fariseos diciendo: ‘Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida’. Los fariseos le dijeron: ‘Tú das testimonio de ti mismo: tu testimonio no vale’. Jesús les respondió: ‘Aunque yo dé testimonio de mí mismo, mi testimonio vale, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo ni a dónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie; y si juzgo, mi juicio es verdadero, porque no estoy yo solo, sino yo y el que me ha enviado. Y en vuestra Ley está escrito que el testimonio de dos personas es válido. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo y también el que me ha enviado, el Padre, da testimonio de mí’.

Entonces le decían: ‘¿Dónde está tu Padre?’. Respondió Jesús: ‘No me conocéis ni a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre’. Estas palabras las pronunció en el Tesoro, mientras enseñaba en el Templo. Y nadie le prendió, porque aún no había llegado su hora.”


COMENTARIO

Jesús se dirigía a los que le escuchaba sabiendo que era el Hijo de Dios y que podía decirles la verdad sobre la Verdad. Sin embargo, muchos de ellos no estaban de acuerdo con lo que decía porque, en realidad, no les convenía.

Cuando dice Jesús que Él da testimonio de sí mismo y, por lo tanto, sin necesidad de nadie más, lo hace porque se reconoce, es, Dios mismo el que les está hablando. Y eso tampoco les gusta mucho escucharlo.

Jesús, además, les dice algo que es más que grave y que les hace pensar que o están muy equivocados en lo que hacen o Jesús no dice la verdad: da testimonio Dios mismo de su persona o, lo que es lo mismo, que es Dios.


JESÚS,  cuando hablas a los que te escuchan afirmas la verdad. Eso no les gusta porque no les conviene que les diga la verdad. Y eso, exactamente, es lo que nos pasa a nosotros las más de las veces.



Eleuterio Fernández Guzmán


17 de marzo de 2013

No poder tirar la primera piedra





Domingo V (C) de Cuaresma

Jn 8,1-11

“En aquel tiempo, Jesús se fue al monte de los Olivos. Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a Él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: ‘Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?’. Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra.



Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: ‘Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra’. E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: ‘Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?’. Ella respondió: ‘Nadie, Señor’. Jesús le dijo: ‘Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más’.


COMENTARIO

En demasiadas ocasiones nos pasa como a aquellos que querían apedrear a la mujer que habían sorprendido en adulterio. Queremos acusar a los demás cuando, en realidad, sería a nosotros mismos a los que deberíamos acusar.

Los que querían dañar a la mujer se basaban en la interpretación de la ley, llamada de Dios por ellos cuando en realidad no era más que trasunto humano, en la que no entraba la misericordia o el perdón. Habían perdido la verdad de Dios.

Cuando Jesús despide a la mujer le dice algo que es muy importante: que no pecara más. Le perdona su pecado pero también le dice que no deber seguir por ese camino y que debe cambiar su corazón.



JESÚS,  cuando perdonas a la mujer que habían sorprendido en adulterio das una gran lección: nadie está libre de pecado. Es una pena que muchas veces no nos demos cuenta de eso.




Eleuterio Fernández Guzmán


16 de marzo de 2013

Salir en defensa del Nombre de Cristo y de Cristo mismo



Sábado IV de Cuaresma

Jn 7,40-53

“En aquel tiempo, muchos entre la gente, que habían escuchado a Jesús, decían: ‘Éste es verdaderamente el profeta’. Otros decían: ‘Éste es el Cristo’. Pero otros replicaban: ‘¿Acaso va a venir de Galilea el Cristo? ¿No dice la Escritura que el Cristo vendrá de la descendencia de David y de Belén, el pueblo de donde era David?’.

Se originó, pues, una disensión entre la gente por causa de Él. Algunos de ellos querían detenerle, pero nadie le echó mano. Los guardias volvieron donde los sumos sacerdotes y los fariseos. Estos les dijeron: ‘¿Por qué no le habéis traído?’. Respondieron los guardias: ‘Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre’. Los fariseos les respondieron: ‘¿Vosotros también os habéis dejado embaucar? ¿Acaso ha creído en Él algún magistrado o algún fariseo? Pero esa gente que no conoce la Ley son unos malditos’.

Les dice Nicodemo, que era uno de ellos, el que había ido anteriormente donde Jesús: ‘¿Acaso nuestra Ley juzga a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo que hace?’. Ellos le respondieron: ‘¿También tú eres de Galilea? Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta’. Y se volvieron cada uno a su casa".


COMENTARIO

Se está fraguando la detención de Jesús para acusarle de todo lo que se le podía acusar aunque fueran falsas las acusaciones y los testigos. Unos creen que, en efecto, es el Mesías y otros, los poderosos que quieren acabar con Él, que no es recomendable.

Algunos de los que tenían que detenerlo se habían dado cuenta de que aquel hombre no era un maestro como los demás sino que era un verdadero Maestro. No se atreven a prenderlo porque temían una mala reacción del pueblo.

Nicodemo, discípulo en secreto de Jesús, sabe que es el Hijo de Dios y sale en su defensa. No puede soportar, aquel hombre sabio del pueblo judío, que sus compañeros quieren hacer lo que quieren hacer con el Cristo.



JESÚS, muchos te querían mal pero habían otros muchos que querían defenderte de la muerte que te estaban procurando. Nosotros, hoy mismo, hoy día, no salimos siempre en tu defensa.




Eleuterio Fernández Guzmán


15 de marzo de 2013

Matar a Cristo es lo que quieren






Viernes IV de Cuaresma

Jn 7,1-2.10.14.25-30

“En aquel tiempo, Jesús estaba en Galilea, y no podía andar por Judea, porque los judíos buscaban matarle. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas. Después que sus hermanos subieron a la fiesta, entonces Él también subió no manifiestamente, sino de incógnito.

Mediada ya la fiesta, subió Jesús al Templo y se puso a enseñar. Decían algunos de los de Jerusalén: ‘¿No es a ése a quien quieren matar? Mirad cómo habla con toda libertad y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido de veras las autoridades que éste es el Cristo? Pero éste sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es’. Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: ‘Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que me envió el que es veraz; pero vosotros no le conocéis. Yo le conozco, porque vengo de Él y Él es el que me ha enviado’. Querían, pues, detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora".


COMENTARIO

¡Qué terrible es lo que dice el Evangelio! Buscaban a Jesús para matarle. No es que quisieran entablar con Él una controversia para ver si daban solución a determinado problema espiritual. No. Lo estaban buscando para matarle.

Otros, seguramente no poderosos, se extrañaban de que a quien querían matar, pudiera predicar con total tranquilidad. Ciertamente aún es más terrible no que algunos quisieran matarle sino que fuera de conocimiento general tal intención.

Pero Jesús no se viene abajo ni se desdice de cumplir la misión que tiene que cumplir. Se define como Hijo de Dios y eso no puede ocultarlo ni quiere ni le la da santa gana hacer tal cosa. Sabe a qué se expone y, además, es consciente de lo que le va a pasar.



JESÚS, te perseguían para matarte en tu tiempo y, ahora mismo, hacen lo mismo muchos que te ignoran o de odian y nosotros no siempre hacemos lo que debemos hacer para que comprendan que eso no está ni medianamente bien.




Eleuterio Fernández Guzmán


14 de marzo de 2013

¡Habemus Papam!


Francisco I
“El cardenal Jorge Mario Bergoglio, S.J., arzobispo de Buenos Aires (Argentina), ordinario para los fieles de rito oriental residentes en la Argentina que no disponen de ordinario de rito propio, nació en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936…”

Así empieza, y puede empezar, cualquier biografía del Papa Francisco que fue elegido el miércoles, 13 de marzo del presente año de Nuestro Señor de 2013.

El caso, y lo que importa, es que la Iglesia católica tiene nuevo sucesor de Pedro y ahora empieza para el Santo Padre un trabajo, seguramente, duro y esforzado. Está claro que para llevarlo a cabo ha de contar, y contará, con aquellos colaboradores de los que se rodee y con los que en el Vaticano están siempre al servicio del Vicario de Cristo sea quien sea éste.

¿Qué decir?

Como católico, el que esto escribe, goza al saber que la Esposa de Cristo vive un tiempo en el que cuando sopla el Espíritu Santo aquellas personas que tienen que escuchar sus mociones hacen lo propio y no miran para otro lado.

Esta elección ha sido bastante rápida pues no se puede decir que un Cónclave que empieza el 12 de marzo y al día siguiente por la tarde es elegido el Papa haya tardado mucho ni más de la cuenta. Además, a mi modesto parecer era importante que el nuevo sucesor de Pedro estuviera ya elegido para cuando de comienzo la Semana Santa el próximo 24 de marzo.

En fin… ahora hay poco más que decir si no es recordar a los que ya están malmetiendo en contra del nuevo Santo Padre que sería mejor que, llevados por Satanás, se dedicaran a otra cosa porque deberían saber, ya es hora de que se den cuenta, de que la Iglesia de Cristo siempre prevalecerá frente Mal. Habrá, pues, que rezar, por tales personas para ver si les viene al corazón alguna ráfaga de entendimiento que sepan aceptar.

¡Viva, pues, el Papa! y, luego, Dios dirá lo que tendrá que ser. Al fin y al cabo, dependemos de su Providencia y a ella deberíamos someternos.


Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en Soto de la Marina

Jesús es el Enviado de Dios






Jueves IV de Cuaresma

Jn 5, 31-47

“En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: ‘Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido. Otro es el que da testimonio de mí, y yo sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros mandasteis enviados donde Juan, y él dio testimonio de la verdad. No es que yo busque testimonio de un hombre, sino que digo esto para que os salvéis. Él era la lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis recrearos una hora con su luz. Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado. Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí. Vosotros no habéis oído nunca su voz, ni habéis visto nunca su rostro, ni habita su palabra en vosotros, porque no creéis al que Él ha enviado.

‘Vosotros investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí; y vosotros no queréis venir a mí para tener vida. La gloria no la recibo de los hombres. Pero yo os conozco: no tenéis en vosotros el amor de Dios.

‘Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a ése le recibiréis. ¿Cómo podéis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que os voy a acusar yo delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, en quién habéis puesto vuestra esperanza. Porque, si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?’”.



COMENTARIO

Jesús sabía que muchos de los que constituían el pueblo elegido por Dios no seguían los caminos del Creador y que estaban andando, directamente, hacia la fosa de la que ya no se sale nunca. Por eso les advierte acerca de su propia persona.

A Jesús lo ha enviado Dios y quien cree a Jesús cree, también, a Dios. Por eso era tan importante que dejasen sus cosas mundanas, aquellos que le escuchaban, y estuviesen más a las cosas de Dios, a las oraciones dichas con corazón de carne y a lo que el Creador quería de cada uno de ellos.

Jesús daba testimonio de que era el Enviado de Dios por lo que hacía. Y Dios daba testimonio de su Hijo porque lo había enviado. Sin embargo, muchos de las personas a las que se dirigía no querían la gloria de Dios sino, precisamente, la de los hombres.


JESÚS, eres el Hijo de Dios y, como tal, hiciste lo que nadie podía hacer. Eras el Mesías y muchos no te creyeron y no te siguieron. Eso es lo que, demasiadas veces, nos pasa a nosotros.




Eleuterio Fernández Guzmán


13 de marzo de 2013

En torno al Cónclave




Pablo Cabellos Llorente








Los diversos tipos de conducta influyen más en los pueblos -afirma Yepes- que muchos saberes teóricos, aunque sea cierto que esos comportamientos influyentes tengan mucho que ver con doctrinas o ideologías al uso. Nadie duda, por ejemplo, que una buena novela puede tener un gran impacto por los arquetipos que crea. Lo mismo se puede decir de una película, una obra de teatro, etc. Y también persuaden eficazmente las personas que,  destacan en muy variados campos: desde el deporte al actor de cine, cantante de moda... El modelo aparece como un ídolo o héroe.

Todo eso no supone olvidar que los espejos más mirados e imitados suelen ser los propios familiares, comenzando por los padres o profesores, en la medida en que sean observados como personas admirables porque atesoran valores -mejor, virtudes- verdaderamente atrayentes.

Situado en una órbita más parecida a la familiar, pero también con un peculiar liderazgo, está el Romano Pontífice. Lo hemos podido comprobar con los últimos. Nadie duda sobre el valor de referente para el mundo del que ocupa la sede de Pedro. Es muy claro para los católicos que viven de fe, porque esa misma virtud les hace ver en el Papa la cabeza visible de Cristo en la tierra con un Magisterio que, aunque habitualmente sea ordinario, goza de una infalibilidad de conjunto. O por decirlo de otro modo:  indica la dirección para que la fe se haga vida de Cristo.

La apasionante aventura del cristiano está muy bien condensada por san Pablo. Escribe a los filipenses: mi vivir es Cristo. Eso es la existencia del cristiano. Y si tal afirmación debería poder hacerse de cada bautizado, aunque sea radical la igualdad de todos, no hay duda de que el vice-Cristo en la tierra goza de una fuerza espiritual sobre todos, es pastor, maestro y sacerdote en grado sumo para todo el Pueblo de Dios. Ha de trasparentar a Cristo especialmente.

 Escribió san Josemaría Escrivá que "ninguna vida humana es una vida aislada, sino que se entrelaza con otras vidas. Ninguna persona es un verso suelto, sino que formamos todos parte de un mismo poema divino" Y en otro lugar: "Si dejamos que Cristo reine en nuestras almas, no nos convertiremos en dominadores, seremos servidores de todos los hombres". Esas realidades surgen de compartir una misma naturaleza con todo el género humano, pero es el reinado de Cristo en cada uno el seguro más fuerte del servicio a todos. Y cuando no es así, bien puede suceder -como dijo el pasado concilio- que a la génesis del ateísmo hayan podido contribuir los creyentes por no haber manifestado adecuadamente el rostro de Dios.

En este contexto, los papas vienen siendo un referente moral  del mundo. Lo son por su propio cometido, no por su talento, idiomas que hablan y aún podríamos añadir que ni siquiera por la santidad de su vida. Es notable observar en la historia de la Iglesia la existencia de pontífices con vidas nada modélicas sin que la doctrina se haya resentido lo más mínimo. Pero también es obvio que la santidad arrastra incluso a los  no creyentes. Por tal motivo, sin negar  que las buenas cualidades humanas sean importantes, lo que principalmente necesitamos es un Papa santo porque, además de ser mejor Pastor de su grey, puede ser ese referente mundial tan necesario, quizá hoy más que nunca por la simple razón de su ausencia.

 En su "Ética a Nicómaco", decía Aristóteles que el bien del hombre es una cierta actividad del alma de acuerdo con la virtud, y si las virtudes son varias, de acuerdo con la mejor y más perfecta. Los cristianos sabemos bien -cosa distinta es si lo vivimos así- que la virtud más perfecta es la caridad, don de Dios que consiste en amarle sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, con un amor que Él mismo pone en cada corazón. A la cabeza de los que así pueden y deben amar está el Romano Pontífice. Con esa Fe que se hace vida por un comportamiento ejemplar, el Papa se convierte en referente moral del mundo. Pero, sin duda alguna, con la ayuda de todo el Cuerpo Místico, cuya cabeza es el mismo Cristo.


En ese clima de santidad está -contando también con las fuerzas que ya no tenía Benedicto XVI- el humus que puede cambiar la curia romana tanto en estructuras como en personas, en el que se puede  forjar la unidad en la normal disparidad de criterios opinables, se ha de buscar un ecumenismo verdadero, se debe ordenar el pueblo cristiano hacia su fin sanando o cortando las ramas  podridas y revalorizando la oración y la vida sacramental, se vivirá la transparencia imprescindible en lo económico y en todo; sin clericalismos, ha de quedar bien claro que el papel de los laicos en la Iglesia es fundamentalmente desempeñar honradamente sus tareas en el mundo. Fe y Razón continuarán su diálogo... La Iglesia podrá ser Luz del Mundo, como titulaba Peter Seewald el libro-entrevista con Benedicto XVI.

P. Pablo Cabellos Llorente


Publicado en Las Provincias


La Verdad, simplemente dicha





Miércoles IV de Cuaresma

Jn 5, 17-30

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo’ Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios.

Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: ‘En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace Él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que Él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis. Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado. En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida.

‘En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo, y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre. No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio. Y no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado’".

COMENTARIO

Jesús decía la verdad y no mentía: era Hijo de Dios y Dios mismo hecho hombre. Eso no gustaba a muchos de los más poderosos de su tiempo porque pudiera parecer que ellos no eran queridos por Dios como hijos. Pero Jesús sabe que sí lo son; a ellos les puede el egoísmo.

Jesús cumple la voluntad del Padre. Eso no es del gusto de todos los que le escuchan porque les dice, al igual que muchos profetas hicieron, lo que no quieren escuchar y que no es otra cosa que la verdad misma. Pero Él sólo hace lo que tiene que hacer.

Les habla, también, del porvenir, del tiempo en el que la resurrección de la carne se hará realidad. Entonces muchos comprenderán pero entonces será, seguramente, demasiado tarde.


JESÚS, por mucho que adviertes lo que puede, nos puede, pasar, no te hacen mucho caso todos los que entonces te escuchaban. Eso es, exactamente, lo mismo que muchas veces nos pasa a nosotros.






Eleuterio Fernández Guzmán


12 de marzo de 2013

La confianza que salva



  
Martes IV de Cuaresma

Jn 5,1-3.5-16

“Era el día de fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina que se llama en hebreo Betsaida, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: ‘¿Quieres curarte?’. Le respondió el enfermo: ‘Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo’. Jesús le dice: ‘Levántate, toma tu camilla y anda’. Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar.

Pero era sábado aquel día. Por eso los judíos decían al que había sido curado: ‘Es sábado y no te está permitido llevar la camilla’. Él le respondió: ‘El que me ha curado me ha dicho: ‘Toma tu camilla y anda’’. Ellos le preguntaron: ‘¿Quién es el hombre que te ha dicho: ‘Tómala y anda?’’. Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido porque había mucha gente en aquel lugar. Más tarde Jesús le encuentra en el Templo y le dice: ‘Mira, estás curado; no peques más, para que no te suceda algo peor’. El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado".

COMENTARIO

Cuando no se tiene un concepto demasiado adecuado de la Ley de Dios es más que posible que se pueda tergiversar la misma en atención a humanos intereses. Eso les pasa a los que ven que Jesús ha curado en un día, el sábado, en el que no estaba permito hacer ni eso ni otras muchas cosas.

Jesús sabe, al contrario de lo que piensan tales personas que el sábado está hecho para el hombre y no el hombre para el sábado o, lo que es lo mismo, que hay que tener en cuenta otras realidades espirituales que tienen poco que ver con aquella manifestación de corazón de piedra.

Jesús cura a la persona enferma porque sabe que lo necesita y que sin su ayuda iba a estar muchos años más para entrar en la piscina. Nadie le ayudaba porque el corazón de los que lo veían no era de carne y sólo miraban  por sus egoístas intereses. A Jesús, además, le importó poco que fuera sábado.


JESÚS, cuando curas a la persona que lo necesita sólo haces frente a la necesidad y le haces frente con la Misericordia y el Amor infinitos que Tú tienes. Nosotros, sin embargo, parece que no nos demos cuenta de lo que, en verdad, importa.






Eleuterio Fernández Guzmán