5 de febrero de 2020

No creer en Jesucristo

Mc 6, 1-6
"Salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: '¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es esta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?' Y se escandalizaban a causa de él. Jesús les dijo: 'Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio.' Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se maravilló de su falta de fe."

COMENTARIO

Es bien cierto y verdad que hoy día, tantos siglos después de que el Hijo de Dios caminara por el mundo, por su nación judía, a nosotros aquello que le pasó nos puede resultar extraño. Sin embargo, no deberíamos mirar con pensamientos actuales lo que otros han hecho tanto tiempo atrás.
El caso es que sí, muchos habían oído que un vecino suyo, el Hijo de María y adoptivo (eso lo sabemos nosotros, ellos, salvo María y José, no lo sabían) de José hacía cosas que eran consideraban extraordinarias y predicaba de una forma muy distinta a como otros maestros lo hacían. Y no confiaban en Él.
Que hubiera quien no creyera en Jesucristo, aquel vecino de Nazaret que había salido de su tierra para transmitir la Buena Noticia, no extrañaba para nada a Jesucristo. Y por eso se nos dice que allí hizo pocos milagros. E hizo pocos porque no le tenían confianza y no tenían fe.
JESÚS,

Eleuterio Fernández Guzmán

4 de febrero de 2020

Fe, la fe que salva


Mc 5,21-43

“En aquel tiempo, Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a Él mucha gente; Él estaba a la orilla del mar. Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: ‘Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva". Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.

Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: ‘Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré’. Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de Él, se volvió entre la gente y decía: ‘¿Quién me ha tocado los vestidos?’. Sus discípulos le contestaron: ‘Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’’. Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo: ‘Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad’.

Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: ‘Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?’. Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: ‘No temas; solamente ten fe’. Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Pero Él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: ‘Talitá kum’, que quiere decir: ‘Muchacha, a ti te digo, levántate’. La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.”

COMENTARIO

A Jesús se le acercaban muchas personas porque sabían que era un Maestro distinto a los demás. Confiaban en su persona y en lo que podía hacer por las personas por las que pedían o por ellas mismas.

Jairo necesitaba la ayuda de aquel hombre que demostraba ser mucho más que un hombre. Nadie más podía ayudar a su hija, que se estaba muriendo. Acude a Jesús con fe y, por eso mismo, obtiene lo que tanto quiere: su hija vuelve a la vida pues había muerto.

Aquella mujer, que tenía flujos de sangre, sabía que Jesús sería su salvación. Sólo con tocar algo de Él sabía que estaría curada. Por eso le dice el Hijo de Dios que la había curado su fe pues mucha era su confianza.



JESÚS, seguramente lo que más aprecias es la fe. Tenerla es muy importante para cada uno de nosotros. Ayúdanos a no perderla nunca o a encontrarla si es que, en verdad, no la tenemos.


Eleuterio Fernández Guzmán

3 de febrero de 2020

El poder del Amor y de la Misericordia


Mc 5, 1-2.6-13.16-20


“1 Y llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. 2 Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros,
un hombre con espíritu inmundo.

6 Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante él 7 y gritó con gran voz: ‘¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.’ 8 Es que él le había dicho: ‘Espíritu inmundo, sal de este hombre.’ 9 Y le preguntó: ‘¿Cuál es tu nombre?’ Le contesta: ‘Mi nombre es Legión, porque somos muchos.’ 10 Y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región. 11 Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte; 12 y le suplicaron: ‘Envíanos a los puercos para que entremos en ellos.’ 13 Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara - unos 2.0000 se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar. 16 Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos. 17 Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término. 18 Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con él. 19 Pero no se lo concedió, sino que le dijo: ‘Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti.’ 20 Él se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados.”



COMENTARIO

No es difícil entender que aquellos que habían visto lo que había hecho Jesucristo con aquel hombre endemoniado se admirasen de lo que estaban viendo. Y es que no es muy común asistir a un exorcismo y, entonces, quedar como si nada se hubiera visto.

El caso es que aquellos demonios conocían al Hijo de Dios. Y eso apuntaba tan certeramente a la verdad que todos deberían haber comprendido (al menos, aquellos que allí estaban) que sí, que el Maestro era el Mesías.

A otro respecto, siempre  podemos ver a Jesucristo caminando de un lado para otro. Y es que debía cumplir con la misión que se le había enviado al mundo y, de ninguna de las maneras iba a decepcionar a su Padre del Cielo.

JESÚS,  gracias por ser misericordioso.

Eleuterio Fernández Guzmán

2 de febrero de 2020

En la Casa de su Padre



Lc 2, 22-40

“22 Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, 23 como está escrito en la Ley del Señor: = Todo varón primogénito será consagrado al Señor = 24 y para ofrecer en sacrificio = un par de tórtolas o dos pichones =, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. 25 Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. 26 Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. 27 Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, 28 le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: 29 ‘Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; 30 porque han visto mis ojos tu salvación, 31 la que has preparado a la vista de todos los pueblos, 32 luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.’ 33 Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. 34 Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: ‘Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción – 35 ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! – a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.’ 36 Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, 37 y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. 38 Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. 39 Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40 El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.”


COMENTARIO

José y María presentan al Niño Jesús porque la Ley así lo establece. Ellos no van a incumplir nunca una norma porque es Voluntad de Dios que así sea. Y cuando se presentan en el Templo es de suponer que hay mucha gente.

Aquellas personas especiales, Simeón y Ana, saben que allí hay alguien muy importante. Y ellos profetizan aquello que van a pasar porque han sido advertidos por el Espíritu Santo.

Lo que nos dice el Texto bíblico es que aquel Niño, cuando vuelve a su casa de Nazaret, crece, como hace cualquier otro niño. Pero no lo hace igual que cualquiera porque lo hace en sabiduría y en gracia de Dios.


JESÚS,  gracias por cumplir, en todo, la Voluntad de tu Padre.


Eleuterio Fernández Guzmán

1 de febrero de 2020

Tener miedo o tener dudas


Mc 4, 35-41
"Este día, al atardecer, les dice: 'Pasemos a la otra orilla.' Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: 'Maestro, ¿no te importa que perezcamos?' Él, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: '¡Calla, enmudece!' El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: '¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?' Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: 'Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?'"

COMENTARIO

Como podemos imaginar, a lo largo de la vida, digamos, pública, del Hijo de Dios, tuvieron que pasar por muchas malas situaciones aquellos que le seguían más de cerca. Por eso no nos extraña que tuvieran miedo aquellos que, aún siendo la mayoría rudos pescadores, veían que la barca se iba a pique.
Ellos, al parecer no tienen aún demasiada confianza en Aquel que les acompaña. Y sí, está durmiendo Jesucristo pero eso no quiere decir que no sepa lo que pasa. Humanamente, a lo mejor no pero, como Dios hecho hombre, estaba al cabo de la calle de todo.
Ellos tienen miedo y, además, dudan. Y lo hacen porque se preguntan acerca de quién es Aquel que es capaz de dominar al viento y al mar. En realidad, pareciera que aún tenían velado el corazón para comprender que Aquel que les acompañaba era el Mesías enviado por Dios para que el mundo se salvase ya sabemos cómo...

JESÚS, gracias por comprender a los que no siempre tienen fe o confianza en Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán

31 de enero de 2020

Lo pequeño es grande

Mc 4, 26-34
"También decía: 'El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega.'

Decía también: '¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra.» Y les anunciaba la palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado."

COMENTARIO

Este texto del Evangelio de San Marcos nos viene la mar de bien para darnos cuenta de cómo la fe crece en nosotros sin que, en efecto, nos demos cuenta. Y es que poco a poco va creciendo en nuestro corazón y, desde allí, sale al encuentro del prójimo.
La parábola del grano de mostaza es símbolo perfecto de esto. Y es que el mismo, al parecer, es de un tamaño más bien diminuto. Lleva, sin embargo, la vida dentro y, por eso mismo, crece hasta convertirse en lugar donde hasta pueden anidar las aves. Y así es nuestra fe en nosotros.
Hay, sin embargo, un detalle importante aquí: nos dice el texto bíblico que Jesucristo enseñaba en parábolas pero a sus discípulos, entendemos que quiere decir a sus Apóstoles, todo se lo enseñaba en privado porque quería que comprendiesen mejor aquello que trataba de enseñar.

JESÚS, gracias por enseñarnos de forma que seamos capaces de entenderte.

Eleuterio Fernández Guzmán

30 de enero de 2020

No esconder la fe que tenemos


Mc 4, 21-25

"Les decía también: '¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho? ¿No es para ponerla sobre el candelero? Pues nada hay oculto si no es para que sea manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser descubierto. Quien tenga oídos para oír, que oiga.'
Les decía también: 'Atended a lo que escucháis. Con la medida con que midáis, se os medirá y aun con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.'"

COMENTARIO
Este texto del Evangelio de San Marcos es muy rico en lo que se refiere a realidades espirituales que nunca deberíamos olvidar. Y es que decirnos, en tan pocas líneas, que debemos tener muy en cuenta la fe que tenemos, a la vez que debemos tener cuidado con cómo somos y, por fin, que a lo mejor no creemos tanto como estamos seguros… en fin, que es mucho para tan pocas líneas.
El caso es que hay quien cree que la fe que tiene es para sí mismo y la guarda como si fuera un secreto cuando, en realidad, ha de proclamar (aunque sea con el ejemplo) que la tiene. Y es que nada que sea bueno puede ocultarse porque puede haber quien se “aproveche” de eso.
Tampoco podemos hacer como si lo que llevamos a cabo no tuviera importancia de cara al corazón de Dios. Y es que la tiene y más que la tiene. Por eso debemos tener muy en cuenta cómo somos con los demás…
Y, sobre todo, no debemos creer que nuestra fe es grande porque si no hacemos lo que Dios quiere que hagamos y cumplamos su santísima Voluntad… en fin, eso se nos puede quitar cuando llegue el momento adecuado y oportuno.

JESÚS, gracias por decirnos la verdad de nuestra fe.

Eleuterio Fernández Guzmán

29 de enero de 2020

Cristo, el sembrador


Mc 4, 1-20

Y otra vez se puso a enseñar a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar. Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas. Les decía en su instrucción:
«Escuchad. Una vez salió un sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó en seguida por no tener hondura de tierra; pero cuando salió el sol se agostó y, por no tener raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto. Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento.» Y decía: «Quien tenga oídos para oír, que oiga.»
Cuando quedó a solas, los que le seguían a una con los Doce le preguntaban sobre las parábolas. Él les dijo: «A vosotros se os ha dado el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera todo se les presenta en parábolas, para que por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone.»
Y les dice: «¿No entendéis esta parábola? ¿Cómo, entonces, comprenderéis todas las parábolas? El sembrador siembra la palabra. Los que están a lo largo del camino donde se siembra la palabra son aquellos que, en cuanto la oyen, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. De igual modo, los sembrados en terreno pedregoso son los que, al oír la palabra, al punto la reciben con alegría, pero no tienen raíz en sí mismos, sino que son inconstantes; y en cuanto se presenta una tribulación o persecución por causa de la palabra, sucumben en seguida. Y otros son los sembrados entre los abrojos; son los que han oído la palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y las demás concupiscencias les invaden y ahogan la palabra, y queda sin fruto. Y los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento.»
COMENTARIO

Seguramente la Parábola llamada del sembrador es una de las más comentadas de las que contiene la Sagrada Escritura. Y lo es porque tiene la misma un contenido que se podía aplicar entonces, cuando salió de labios del Hijo de Dios, ahora mismo y en el futuro.
Hay, entre los discípulos de Jesucristo, no acaba de comprender esta Parábola. Los había entonces y, claro, los hay hoy mismo. Y es que no es que sea difícil sino que nos cuesta mucho saber a qué atenernos en cuanto a ser tierra donde caiga tal semilla que siembra el Sembrador.
Hay, como dice Jesucristo, unas cuantas clases de tierra, digamos corazones, donde puede caer la semilla que siembra el Hijo de Dios. Y a nosotros nos conviene ser de la buena o, lo que es lo mismo, tener el corazón bien preparado para recibirla porque, de ella, sacaremos la mismísima vida eterna.

JESÚS, gracias por decirnos qué tipo de tierra-corazón debemos ser y tener.

Eleuterio Fernández Guzmán

28 de enero de 2020

Saber quién es hermano de Cristo

Mc 3, 31-35

31 Llegan su madre y sus hermanos, y quedándose fuera, le envían a llamar. 32 Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: ‘¡Oye!, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan.’ 33 Él les responde: ‘¿Quién es mi madre y mis hermanos?’ 34 Y mirando en torno a los que estaban senados en corro, a su alrededor, dice: ‘Estos son mi madre y mis hermanos. 35 Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.’”

COMENTARIO

No puede resultarnos nada extraño que la Virgen María quisiera ver a Jesús, su hijo, cuando estuviera cerca de su casa porque pasaba mucho tiempo alejada de ella. Por eso lo buscan y, al encontrarlo, quieren hablar con Él.
Tampoco debe extrañarnos que hubiera allí quien le hiciera notar que su familia y algunos de sus discípulos habían ido a buscarlo. Es reacción humana ordinaria que la cosa sea de tal guisa.
El Hijo de Dios, sin embargo, aprovecha para enseñar algo muy importante: está bien escucharlo y más bien aún, hacer lo que dice que se debe hacer. Y ahí reside el ser hermano y hermana suya: en escuchar y hacer y no en escuchar y hacer como si nada se hubiera oído.

JESÚS, gracias por darnos pistas de cómo ser como quieres que seamos.

Eleuterio Fernández Guzmán

27 de enero de 2020

Ser fuertes para no caer



Mc 3, 22-30

“22 Los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: ‘Está poseído por Beelzebul’ y ‘por el príncipe de los demonios expulsa los demonios.’ 23 El, llamándoles junto a sí, les decía en parábolas: ‘¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? 24 Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir.  25 Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir. 26 Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin. 27 Pero nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte; entonces podrá saquear su casa. 28 Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. 29 Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno.’ 30 Es que decían: ‘Está poseído por un espíritu inmundo.’’


COMENTARIO

Resulta curioso, o no tanto si bien lo pensamos, que este texto bíblico empiece y termine con lo mismo. Y es que, al parecer, había quien creía que el Hijo de Dios no lo era del Todopoderoso sino, al contrario, un elegido del Mal y de Satanás.

En realidad, lo que pasaba es que muchos no acababan de entender que, siendo Dios hecho hombre, Jesucristo tenía poder sobre todo y, en tal todo, entraban los demonios. Podía, por tanto, dominarlos y echarlos de allí de donde estaban.

Jesucristo, de todas formas, como era y es bueno, advierte a los que le quieran escuchar acerca de que hagan como hacen aquellos que blasfeman contra el Espíritu Santo. Y, en realidad, ni le convenía a ellos hacer eso ni nos conviene a nosotros porque seremos reos de una condenación que no termina ni mañana ni pasado ni dentro del tiempo que se quiera pensar. Ciertamente, una condenación como es para siempre, siempre, siempre.


JESÚS,  gracias por decirnos la verdad como merecemos sabrela.

Eleuterio Fernández Guzmán

25 de enero de 2020

Creer y salvarse


Mc 16, 15-18

15 Y les dijo: ‘Id por el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. 16 El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. 17 Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, 18 agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien’”.

COMENTARIO

Aunque haya pasado mucho tiempo desde que el Hijo de Dios dijera estas palabras y quedaran recogidas, por ejemplo, en el Evangelio de San Marcos, nada de lo que las mismas suponen ha pasado sino que cada instante se hace realidad.
Jesucristo no dice nada que tenga sentido y en este caso particular es tan importante que nunca lo deberíamos olvidar porque supone algo más que un aviso y es, en realidad, lo único que debería importarnos.
El Hijo de Dios no lo duda en absoluto. Y es que nos dice que quien cree y se bautice se salvará y quien no crea… pues se condenará. Por tanto, nada más claro y sencillo de entender se puede decir ni hace falta que se diga.

JESÚS, gracias por ser tan claro en tus palabras.

Eleuterio Fernández Guzmán

24 de enero de 2020

Apóstoles


Mc 3,13-19

En aquel tiempo, Jesús subió al monte y llamó a los que Él quiso; y vinieron donde Él. Instituyó Doce, para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios. Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre de Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el mismo que le entregó.”

COMENTARIO

Jesús había salido, como en alguna ocasión lo dice Él mismo, para traer la Palabra de Dios y para atraer hacía el Padre a todo aquel que se hubiera desviado del camino que lleva a su definitivo Reino.

Para cumplir aquella misión, que no era nada fácil dado el punto al que había llegado, como poco, el pueblo elegido por Dios para hacer lo que tenía que hacer ahora Jesucristo, debía escoger, en principio, a unos creyentes judíos que le ayudasen a llevar el Reino a todo aquel a quien pudieran llegar.

Cuando Jesús ha de escoger a sus primeros discípulos sube al monte. Lo hacer para acercarse a Dios y tener por bueno y mejor para su vida y para la del mundo, aquello que le pudiera transmitir el Padre. Así escoge a los discípulos que serán sus apóstoles, incluso a quien sabía le iba a traicionar.
  


JESÚS, cuando escoges a tus apóstoles lo haces confiando en ellos. Ayúdanos a hacerte ver que puedes confiar en nosotros. 



Eleuterio Fernández Guzmán


22 de enero de 2020

Contra el bien de Dios


Mc 3,1-6

En aquel tiempo, entró Jesús de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: ‘Levántate ahí en medio’. Y les dice: ‘¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?’. Pero ellos callaban. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: ‘Extiende la mano’. Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra Él para ver cómo eliminarle.”


COMENTARIO

Para muchos judíos el respeto a las tradiciones legales era lo más importante que se podía hacer y llevar a cabo. Por eso, hacer algo que estaba prohibido hacer, por ejemplo, en sábado, no era muy bien visto.

Jesús, que era Dios hecho hombre, sabía que había algo más importante que el sábado y que era la misericordia. Por eso cura a la persona que tenía una mano seca. Sabía que era lo que Dios quería que hiciera y lo hizo sin preocuparse por las consecuencias mundanas que eso pudiera tener.

Muchos, sin embargo, que buscaban cogerlo en un renuncio, están seguros que aquello puede ser elemento probatorio de su mala actuación en contra de la ley. Y se confabulan, dice el texto evangélico, para acabar con Él. Nada más lógico cuando no entendía nada de lo que hacía Jesús.




JESÚS, sabes que es más importante tener piedad por quien lo necesita. Ayúdanos a no poner por encima de la voluntad de Dios lo que creemos los hombres que es más importante.





Eleuterio Fernández Guzmán


21 de enero de 2020

El Hijo del hombre es Señor de todo

Mc 2, 23-28
"Y sucedió que un sábado cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas. Decíanle los fariseos: 'Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?' Él les dice: '¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del sumo sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?' Y les dijo: 'El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado.'" 
COMENTARIO

No es nada extraño que hubiese quien quisiese afear la conducta de Jesucristo y de sus discípulos. Y esto lo decimos porque muchas veces no eran políticamente correctos y otras tantas parecía que actuaban contra las “buenas” costumbres.
En realidad, hacer algo en sábado que estaba prohibido no era nada recomendable porque la ley podía actuar con una dureza extrema por cierto tipo de conductas. Y eso es lo que hacen, al parecer, los discípulos del Maestro.
El Hijo de Dios les tenía preparada una sorpresa. Y estaba dentro de la propia Sagrada Escritura judía. Algo había, por tanto, que no acababan de entender del todo acerca de la verdadera Voluntad de Dios.

JESÚS, gracias por poner sobre la mesa lo que verdaderamente importa.

Eleuterio Fernández Guzmán

20 de enero de 2020

Vino nuevo y vino viejo

Mc 2, 18, 22

“Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen: ‘¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?’ Jesús les dijo: ‘¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día. Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echarían a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo, en pellejos nuevos.’” 


COMENTARIO

Es cierto que el pueblo judío, en tiempos de Jesucristo, seguía más que bien ciertas tradiciones que tenía por buenas y mejores. Y muchos no comprendían como era posible que hubiera quien no las respetaba. Y eso pasa, a tenor de lo que aquí se dice, con los discípulos de Jesucristo.

El problema es que no acababan de comprender, primero, que su Reino no era de este mundo y, luego, que su doctrina era la de Dios y no la suya propia. Por eso andaban a lo que andaban…

El caso es que lo dice con toda claridad el Hijo de Dios con esto de los odres o pellejos para el vino: quien quiera recibir la Buena Noticia deberá cambiar su corazón porque, de otra forma, no podrá recibir bien lo que Dios quiere que reciba.


JESÚS,  gracias por decir las cosas como son.

19 de enero de 2020

El Cordero de Dios



Jn 1, 29-34

“29 El día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: ‘He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30 Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo. 31 Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea Manifestado a Israel.’
32 Y Juan dio testimonio diciendo: ‘He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él. 33 Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo.’ 34 Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios.’”

COMENTARIO

Juan, llamado Bautista porque tal era la labor que llevaba a cabo, tenía conocimiento de que, en un determinado momento el Hijo de Dios acudiría a ser bautizado. Y no por tener pecado sino para mostrar el camino que se debía seguir hasta que llegara el bautizo con fuego y Espíritu Santo que Él iba a traer al mundo.

Es síntoma de saber algo más de lo normal, que Juan diga lo que dice de su primo Jesús.  Y es que sabía que era, Jesús, el Cordero de Dios que había enviado Dios al mundo para que el mundo se salvase. Y es cierto que aún no sabía Juan que Jesús era tal Cordero. Ahora, sin embargo, lo sabe y lo comunica a los que están cerca del río Jordán.

Todo se cumplió en cuanto la Paloma, el Espíritu Santo en tal forma, se posó sobre el Hijo de Dios. Y Juan ni quería ni podía callarlo.


JESÚS,  gracias por ansiar ser el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.


Eleuterio Fernández Guzmán

18 de enero de 2020

Los que necesitamos ser curados


Mc 2, 13-17
"Salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a él, y él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: 'Sígueme.' Él se levantó y le siguió.
Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían. Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: 'Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?' Al oír esto Jesús, les dice: 'No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.'"
COMENTARIO

Es lógico creer que, en tiempos del Hijo de Dios, cuando se esperaba la llegada del Mesías que Dios había prometido a su pueblo elegido, hubiese quien creyese que Jesús, el hijo de María y adoptivo de José, no era la persona que ellos esperaban.
De todas formas, lo que hace Jesucristo es lo que se dice en las Sagradas Escrituras que ha de hacer el Mesías. Y eso debería haberles hecho pensar que sí, que era él el Enviado.
Jesucristo no se anda con cosas de poca importancia. Es decir, en cuanto conoce a quien sufre hace lo posible para curarlo. Por eso debía mirar con extrañeza a los que lo miraban porque hacía vida, por así decirlo, con muchos pecadores. Pero eran los que necesitaban ser salvados.

JESÚS, gracias por cumplir con tu misión.

Eleuterio Fernández Guzmán

17 de enero de 2020

Lo que hace la fe

Mc 2, 1-12
"Entró de nuevo en Cafarnaún; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y él les anunciaba la palabra. Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: 'Hijo, tus pecados te son perdonados.' Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: '¿Por qué éste habla así? Está blasfemando.¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?' Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: '¿Por qué pensáis así en vuestros corazones?¿Qué es más fácil, decir al paralítico: `Tus pecados te son perdonados', o decir: `Levántate, toma tu camilla y anda?' Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-: `A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.' Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: 'Jamás vimos cosa parecida.'" 

COMENTARIO

En determinadas ocasiones, como podemos ver en este texto bíblico del Evangelio de San Marcos, la fe va más allá, la confianza llega más lejos, cuando son otros los que se preocupan por el prójimo. Y es lo que pasa en este caso.
Aquellos amigos confiaban en el Hijo de Dios. Y la prueba de su confianza es hacen lo imposible para acercar la camilla de aquel paralítico a Quien está predicando y curando.
El Hijo de Dios, que conoce el pensar de algunos de los allí presentes, no se conforma con curar al paralítico sino que, además, le perdona los pecados porque ellos creían que era lo primero por causa de lo segundo. Y eso le puso a muchos en su contra.

JESÚS, gracias por demostrar que eres Dios hecho hombre.

Eleuterio Fernández Guzmán

16 de enero de 2020

Curado por su fe

Mc 1, 40-45
"Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: 'Si quieres, puedes limpiarme.' Enternecido, extendió su mano, le tocó y le dijo: 'Quiero; queda limpio.' Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: 'Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio.' Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes. "

COMENTARIO

Es casi seguro que aquel hombre no fuera consciente de la forma en la que pedía al Maestro que lo curara. Es decir, sí, quería ser curado pero no debía saber lo importante que era, en el fondo, la forma de pedir tal cosa.
Le dice al Hijo de Dios que, si quiere, puede limpiar la lepra de su cuerpo. Y cuando dice eso no está usando un expresión como otra cualquiera. Y no lo hace porque tal forma de pedir es, exactamente, perfecta y adecuada.
Jesucristo siempre tuvo muy en cuenta la fe, la confianza, que se tenía en Él. Por eso en muchas ocasiones tal forma de hacer las cosas llenaba su corazón de gozo. Y no queremos decir que no hubiera curado a quien no la tuviera pero ayudar, ayudaba y mucho tenerla. Era, al fin y al cabo, lo que había venido a enseñar y a predicar: la bienaventuranza de los que creen sin ver.

JESÚS, gracias por ser bueno y misericordioso con los que tienen fe.

Eleuterio Fernández Guzmán

15 de enero de 2020

Para eso había venido al mundo

Mc 1, 29-39

"Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.
Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.
De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: 'Todos te buscan.' Él les dice: Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido.' Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios." 
COMENTARIO

Hay quien es capaz de sostener que aquel hombre, de nombre Jesús e hijo de María y adoptivo de José, no sabía que era el Hijo de Dios. Sin embargo, un texto bíblico como el de hoy desmiente una creencia tan absurda como la que eso sostiene. Y es que aquel hombre, Jesús, sabía más que bien Quien era y lo que debía hacer. Por eso, en ocasiones como las que hoy nos trae la Sagrada Escritura, dice lo que debe decir y que desmiente opiniones como las anteriores e, incluso, las que podía haber en su tiempo: es el Ungido de Dios, el Enviado del Todopoderoso, el Mesías. Y ha venido al mundo, vino entonces por primera vez, porque debía transmitir la Buena Noticia según la cual el Reino de Dios había llegado con Él y con Él la salvación de la humanidad caída en desgracia por sus egoísmos y malas actuaciones.
Y eso, como bien sabemos, no fue creído por muchos.

JESÚS, gracias por ser Quien eras.

Eleuterio Fernández Guzmán

14 de enero de 2020

Con el poder de Dios

Mc 1, 21b-28
"Llegan a Cafarnaún. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: '¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios.' Jesús, entonces, le conminó diciendo: 'Cállate y sal de él.' Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él. Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: '¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen.'Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.
 

COMENTARIO
Nosotros, hoy día, sabemos mucho acerca de lo que pasó con aquel Maestro de nombre Jesucristo y, a la sazón, Hijo de Dios. Sin embargo, cuando dice lo que dice entre aquellos de entones para hacer salir al demonio que llevaba dentro aquel hombre, muchos sólo se fijaron en esos.
Podemos estar seguros de que quien tenía el demonio dentro no lo estaba pasando nada bien. Y Jesucristo, como no podía ser de otra manera, lo expulsa de donde está refugiado y libera al endemoniado de llevar una vida miserable y triste.
Estamos seguros de que muchos de los presentes se dieron cuenta de que sí, de que aquel Maestro enseñaba con verdadera autoridad ni no, pensaban los mismos, como los escribas hacían. Y eso, seguramente, le granjeó muchos enemigos a Jesucristo.

JESÚS, gracias por hacer lo que sabías hacer sin esconder tu poder.

Eleuterio Fernández Guzmán

13 de enero de 2020

Los buscó y respondieron

Mc 1, 14-20

“Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: ‘El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva.’

Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: ‘Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres.’ Al instante, dejando las redes, le siguieron.

Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.”

COMENTARIO

Lo que dice el Hijo de Dios cuando se da cuenta de que ha llegado el momento de cumplir con la misión para la que había sido enviado al mundo es bastante claro y no deja lugar a dudas: debemos convertir nuestro corazón y creer en el Evangelio.

Aquellas palabras es seguro que se las dijera a los que serían sus Apóstoles. Y ellos, que debieron ver en los ojos de Jesucristo algo más de una llamada, lo dejaron todo y le siguieron.

El caso es que el pueblo judío había esperado que Dios cumpliese con su promesa de enviar a su Ungido, al Mesías Salvador. Y ahora, cuando había lo había llevado a cabo había muchos que, como sabemos, no querían escucharlo.


JESÚS,  gracias por cumplir perfectamente con la misión que te había encomendado Dios Todopoderoso.


Eleuterio Fernández Guzmán

12 de enero de 2020

Domingo, 12 de enero de 2020 – Saber cumplir, cada cual, con su misión


Mt 3,13-17

“13 Entonces aparece Jesús, que viene de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por él. 14 Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: ‘Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?’ 15 Jesús le respondió: ‘Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia.’» Entonces le dejó. 16 Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. 17 Y una voz que salía de los cielos decía: ‘Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.’”

COMENTARIO

Ya podemos imaginar la situación por la que estaba pasando Juan el Bautista. Y es que aunque Jesús era su primo también sabía que era en enviado de Dios y eso debía pesarle mucho en el corazón.

Juan no quería bautizar a Jesús. Y no es que se quisiera mostrar rebeldía o algo por el estilo, no, sino que, por saber que era el Hijo de Dios Aquel a quien debía bautizar creía que la cosa debía ser al revés.

El Hijo de Dios sabía a la perfección que era, eso, el Hijo de Dios. Por eso no podía impedir lo que Dios quería que se hiciese. Y por eso se oyeron aquellas palabras del Todopoderoso sobre su amor hacia Jesús y sobre su complacencia con Él.


JESÚS,  gracias por haber sabido cumplir con la misión que tenías encomendada.

Eleuterio Fernández Guzmán