13 de agosto de 2014

Corregir y corregirse



 Miércoles XIX del tiempo ordinario

Mt 18, 15-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano. Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos’”.


COMENTARIO

Jesús sabe que sus discípulos son pecadores. Lo sabe porque, siendo Dios, conoce hasta lo más profundo de nuestros corazones. Por eso aconseja corregir a quien se equivoque pero hacerlo de una forma fraterna.

Jesús nos dice que lo que hagamos aquí tiene trascendencia eterna. Con eso nos quiere decir que vale la pena pensar, antes de hacer, lo que vayamos a hacer pues en la vida eterna nuestras acciones de ahora tendrán sus consecuencias.

Pedir a Dios. Con eso el Hijo de Dios nos dice que nos podemos poner de acuerdo para dirigirnos al Padre en oración. Si lo hacemos con fe y con fe pedimos por las necesidades (ajenas es mejor) el Creador nos escuchará pues no puede ni quiere hacer otra cosa con su descendencia.




JESÚS, quieres que seamos hermanos porque lo somos. También quieres que nos demos cuenta de lo que supone la vida eterna y que se gana desde la vida que ahora llevamos. Ayúdanos a no olvidar algo que es tan importante para nosotros.




Eleuterio Fernández Guzmán

12 de agosto de 2014

Los principios que valen y sirven


Martes XIX del tiempo ordinario


Mt 18,1-5.10.12-14

En una ocasión, los discípulos preguntaron a Jesús: ‘¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?». Él llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños’”.


COMENTARIO

Es más que probable que muchos de los que seguían a Jesús tuvieran, del Reino de Dios, un sentido equivocado. Para ellos sería el más grande quien lo fuera en la tierra. Sin embargo, el Hijo de Dios sabía que eso no era así.

Ser como un niño. Jesús, que quiere mucho a los infantes porque los sabe libres de todo lo malo de los adultos, los pone de ejemplo para alcanzar el Reino de los Cielos. Ser, pues, como un niño es lo mismo que situarse muy bien para alcanzar la vida eterna.

Dios, el Padre de Cristo y el nuestro, no quiere que ninguno de sus hijos se pierda por los recovecos del mundo y sus asechanzas. Por eso Jesús nos dice que siempre nos busca y cuando estamos perdidos sale a por nosotros, nos llama y espera que regresemos a su seno.

JESÚS, tus discípulos han de ser de aquellos que crean que Dios siempre los quiere a su lado. Y eso para cambiar lo que haya que cambiar y olvidar lo que haya que olvidar. Ayúdanos a ser fieles a la voluntad del Creador.


Eleuterio Fernández Guzmán

11 de agosto de 2014

Cumplir con la voluntad de Dios.


Lunes XIX del tiempo ordinario


Mt 17,22-27


En aquel tiempo, yendo un día juntos por Galilea, Jesús dijo a sus discípulos: 'El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le matarán, y al tercer día resucitará'. Y se entristecieron mucho.

Cuando entraron en Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban el didracma y le dijeron: '¿No paga vuestro Maestro el didracma?'. Dice él: 'Sí'. Y cuando llegó a casa, se anticipó Jesús a decirle: '¿Qué te parece, Simón?; los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?'. Al contestar él: 'De los extraños', Jesús le dijo: 'Por tanto, libres están los hijos. Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un estárter. Tómalo y dáselo por mí y por ti'”.

COMENTARIO

Poco a poco Jesús va avisando a sus apóstoles de lo que va a pasar. No les quiere quitar ni un ápice de lo que ha de suceder porque está escrito y es la voluntad de Dios.

No extraña, sin embargo, que la situación de los que le escuchan sea de tristeza. A los amigos no les gusta, de ninguna manera, que le diga que otro amigo va a morir de una forma tan terrible. Y se entristecen. Aun no comprenden lo que eso significa para la historia de la humanidad y para ellos mismos.

Como a lo largo de toda su vida pública Jesús no incumple ninguna norma humana. Está a bien con la ley porque es hombre de ley. Por eso también paga aquel impuesto del que habla este texto del Evangelio de San Mateo. No quiere que se le acuse de no cumplir con lo establecido pues diría que había venido a que se cumpliese la Ley de Dios hasta la última tilde.

JESÚS, cumples con la ley del hombre pero, sobre todo, cumples con la Ley de Dios. Y eso te llevará a la muerte, como dices a tus apóstoles. Ayúdanos a mantenernos firmes ante las asechanzas del Maligno.




Eleuterio Fernández Guzmán


10 de agosto de 2014

Confiar verdaderamente en Cristo










 Domingo XIX (A) del tiempo ordinario




Mt 14,22-33


Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla mientras él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. 

De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: '¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!'. Pedro le contestó: 'Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua'. Él le dijo: 'Ven'. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: 'Señor, sálvame'». En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: '¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?'. En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante Él diciendo: Realmente eres Hijo de Dios'·.


COMENTARIO

Jesús subía muchas veces al monte para orar. Allí se dirigía al Padre porque sabía que lo escuchaba. El Hijo de Dios siempre fue consciente de estar a las cosas de su Padre. Y sabe lo que necesitan aquellos que le siguen. Y por eso baja a donde están sus apóstoles.

Los apóstoles reman con dificultad. Entre las asechanzas del demonio y los que persiguen al Maestro, ya tienen bastantes problemas. Y ahora se les aparece Jesús andando sobre las aguas.

En este caso Pedro demuestra que no tiene tanta fe como él cree tener. Por eso tiene miedo cuando Jesús le manda ir sobre las aguas pues no era lo más normal en cuanto a hacer algo. Jesús, sin embargo, los consuela y enseña que la fe es más importante de lo que ellos creen.


JESÚS, Pedro creían que siguiéndote era suficiente como para tener fe. Sin embargo, ahora también se equivoca. Ayúdanos a ser más fieles que aquel pescador rudo.




Eleuterio Fernández Guzmán


9 de agosto de 2014






Sábado XVIII del tiempo ordinario


Mt 17,14-20

“En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre que, arrodillándose ante Él, le dijo: ‘Señor, ten piedad de mi hijo, porque es lunático y está mal; pues muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua. Se lo he presentado a tus discípulos, pero ellos no han podido curarle’. Jesús respondió: ‘¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo acá!’. Jesús le increpó y el demonio salió de él; y quedó sano el niño desde aquel momento. 

Entonces los discípulos se acercaron a Jesús, en privado, y le dijeron: ‘¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?’. Díceles: ‘Por vuestra poca fe. Porque yo os aseguro: si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: ‘Desplázate de aquí allá’, y se desplazará, y nada os será imposible’”.

COMENTARIO

Muchos se acercaban a Jesús porque querían que les solucionase algún problema. En muchas ocasiones había padres que pedían por el bien de sus hijos porque, como es el caso, estaban poseídos por un demonio.

Jesús sabe que es difícil arreglar tales situaciones. Es necesaria mucha fe y mucha oración y no todos los suyos, incluso sus apóstoles, pueden hacer lo que corresponde. Su fe aun es débil.

El Hijo de Dios sabe que la fe es muy importante. Por eso les pone el ejemplo del grano de mostaza. Es muy pequeño pero es importante, al menos, tener una fe así de pequeña. Y eso, dicho pronto, quería decir que sus discípulos no tenían mucha fe aunque ellos creyesen que sí la tenían.


  

JESÚS, la fe es crucial para llevar una vida de la que puede decirse que es, verdaderamente, la propia de un discípulo tuyo. Ayúdanos a tener fe, al menos, como un grano de mostaza.



Eleuterio Fernández Guzmán

8 de agosto de 2014

Seguir a Cristo



Viernes XVIII del tiempo ordinario


Mt 16,24-28


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: 'Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues, ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O, ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Yo os aseguro: entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su Reino'”.

COMENTARIO

Tomar la cruz

Seguir a Jesús no es fácil. Lo dice Él mismo porque sabe que muchos persiguen a sus discípulos. Además, debemos seguirlo con la cruz que, cada uno de nosotros, tenemos.


Perder la vida para ganarla

Seguir a Jesús supone algo importante y crucial para nuestra vida: perdemos la que tenemos ahora, el hombre viejo, para ganar la futura, la vida eterna. Por eso perdemos la vida... para ganarla.


Parusía de Cristo

Jesús ha de volver. Volverá cuando Dios quiera que vuelva y lo hará para juzgar a vivos y a muertos. Entonces será el momento de resucitar.

JESÚS, lo que nos dices es muy importante para nosotros. Ayúdanos a comprender tus palabras porque son decisivas para nuestra vida eterna.




Eleuterio Fernández Guzmán


7 de agosto de 2014

Cristo es Dios hecho hombre. Y es verdad cierta.



Jueves XVIII del tiempo ordinario

Mt 16,13-23

En aquellos días, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: '¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?'. Ellos dijeron: 'Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas'. Díceles Él: 'Y vosotros ¿quién decís que soy yo?'. Simón Pedro contestó: 'Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo'. Replicando Jesús le dijo: 'Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos'. Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que Él era el Cristo.

Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día. Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: '¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!'. Pero Él, volviéndose, dijo a Pedro: '¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!'”.


COMENTARIO

Jesús tenía interés por saber qué pensaban sus contemporáneos de Él. En realidad lo sabía pero prefería que aquellos que estaban cerca de su persona preguntasen a los demás. Y había bastante despiste al respecto.

Pedro, sin embargo, sabe que Jesús es el Mesías enviado por Dios. Y eso, como bien dice Jesús no lo sabe por sí mismo sino que se lo ha dicho el Espíritu Santo. Por eso Jesús lo nombra para llevar, como pastor, a la Iglesia que iba a fundar y que fundó. Todo lo que ate quedará atado y lo que ate, desatado.

Sin embargo, incluso Pedro parece que no ha comprendido del todo Quien es Jesús. No puede entender como el Hijo de Dios vaya a moir como dice que va a morir. Pero entonces no es el Espíritu Santo el que habla sin el mismo Satanás.


JESÚS, muchas veces los que te siguen no comprenden Quién eres. Ayúdanos a tener siempre en cuenta que eres el Hijo de Dios, Dios mismo hecho hombre.




Eleuterio Fernández Guzmán


6 de agosto de 2014

Escuchar a Cristo es más que conveniente

 La Transfiguración del Señor

Mt 17,1-9

En aquel tiempo, Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con Él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías'.

Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: 'Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle'. Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: 'Levantaos, no tengáis miedo'. Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: 'No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos'”.
 


COMENTARIO

No podemos negar que entre los apóstoles de Jesús había tres que estaban escogidos para tener un papel importante en la comunidad religiosa que estaba a punto de nacer. Santiago, Juan y Pedro son los elegidos por Cristo para eso.

Jesús acude al monte con aquellos tres hombres porque quería que viesen algo de la gloria de Dios, lo que les esperaba en el Cielo. Pero aquellos hombres no acaban de comprender lo que les está pasando y sólo piensan en gozar de aquel momento.

La voz de Dios es terminante: aquel hombre, Jesús, es su Hijo y es muy importante que se tenga en cuenta que, por eso mismo, no hay que limitarse a ver lo que hace sino que hay que escucharlo. Sólo así se cumplirá con su santa Voluntad divina.




JESÚS, cuando te transfiguras en el monte quieres que tus apóstoles sepan lo que te va a pasar. Ayúdanos a no mirar, en exclusiva, el mundo y a nuestras propias circunstancias.




Eleuterio Fernández Guzmán


5 de agosto de 2014

No debemos dudar nunca de Cristo



Martes XVIII del tiempo ordinario


Mt 14,22-36


En aquellos días, cuando la gente hubo comido, Jesús obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de Él a la otra orilla, mientras Él despedía a la gente. Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí.

La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. Y a la cuarta vigilia de la noche vino Él hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un fantasma», y de miedo se pusieron a gritar. Pero al instante les habló Jesús diciendo: '¡Animo!, que soy yo; no temáis'. Pedro le respondió: 'Señor, si eres tú, mándame ir donde tú sobre las aguas'. '¡Ven!', le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: '¡Señor, sálvame!'. Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: 'Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?'. Subieron a la barca y amainó el viento. Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: 'Verdaderamente eres Hijo de Dios'.

Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le presentaron todos los enfermos. Le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron salvados.”

COMENTARIO

Jesús oraba, como sabemos, con mucha frecuencia. Buscaba, además, lugares solitarios para estar a solas con el Padre. En la oración se dirigiría a Dios como el Hijo que era pues sabía que siempre le escuchaba.

Los apóstoles pescaban. En su labor diaria de trabajo debían pasar por situaciones como aquella del agua peligrosa. Pero Pedro, cuando ve a Jesús duda. Le dice “si eres” pues no estaba seguro de lo que estaba viendo. Más tarde vuelve a dudar y cae al agua. Le falló la fe.

Todos los que sabían que Jesús estaba cerca acudían a Él. Sabían que quedarían sanados porque estaban seguros que era el Mesías y el Enviado de Dios. Dice el texto que tan sólo con tocar algo de la ropa que llevaba. Y eso es confiar mucho en el poder de Dios.


JESÚS, muchos de los que son tus apóstoles dudan sobre Ti y otros, que se te siguen, no dudan para nada y quedan curados. Ayúdanos a ser del segundo grupo.




Eleuterio Fernández Guzmán


4 de agosto de 2014

Reconocer a Cristo


Mt 14, 22-36


Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí. La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, por las olas, pues el viento era contrario.Y a la cuarta vigilia de la noche vino él hacia ellos, caminando hacia el mar.Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y: 'Es un fantasma», y de miedo se pusieron a gritar. Pero al instante les habló Jesús diciendo: '¡Animo!, que soy yo; no.' Pedro le respondió: 'Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre aguas.''¡Ven!', le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre aguas, yendo hacia Jesús. Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: '¡Señor, sálvame!' Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: 'Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?' Subieron a la barca y amainó el viento. Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: 'Verdaderamente eres Hijo de Dios.' Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le presentaron todos los enfermos. 36 Le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron salvados”.



COMENTARIO


La barca de la Iglesia es zarandeada por muchos vientos de mala doctrina o, simplemente, por el mundo con sus añadidas mundanidades. Seguir, entonces, en el seno de la Esposa de Cristo sólo puede hacerse si es que se tiene confianza en Quien la fundó que no es otro que Jesucristo, Hijo de Dios y hermano nuestro.
Algo así les pasaba a los discípulos que, aún conociendo a Jesús demostraban no llegar, aún, a tener en sus corazones al Maestro. Creen, al ver a aquella persona que no conocían, en principio, que se trataba de un fantasma o, lo que es lo mismo, de un ser que no tenía vida sino que se aparecía, a su antojo, a quien quería. Tuvieron miedo aquellos rudos pescadores de lo que no conocían.
Dudó. Pedro dudo ante Cristo y, por eso mismo, por la duda, se hundía en las aguas. Tuvo poca fe y eso mismo es lo que le dice Jesús tratándolo de hombre, exactamente, de escasa confianza en Quien tanto amaba.

JESÚS, incluso los que mucho te aman dudan de la fe que tienen. Ayúdanos a no ser como ellos.




Eleuterio Fernández Guzmán


3 de agosto de 2014

Multiplicar por amor



Mt 14, 13-21.

Al oírlo Jesús, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario. En cuanto lo supieron las gentes, salieron tras él viniendo a pie de las ciudades. Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos. Al atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: ‘El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren comida.’ Mas Jesús les dijo: ‘No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer.’ 17 Dícenle ellos: ‘No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.’ El dijo: ‘Traédmelos acá.’ Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos. Y los que habían comido eran unos 5.000 hombres, sin contar mujeres y niños”.


COMENTARIO

Los que seguían a Jesús tenían hambre. Es más, tenían dos clases de hambre: espiritual y material. Jesús satisfacía de sobre la que era espiritual porque les enseñaba la santa doctrina de Dios. Pero también necesitaban de la materia para vivir.

Jesús prueba a sus apóstoles. Que les ellos de comer. Eso les dice para probarlos pues bien sabían que con lo poco que tenían no podían satisfacer la comida de miles de personas. Pero Jesús los tienta para ver por dónde salen. Y ellos poco pueden hacer... humanamente hablando.

Pero para Dios nada hay imposible. Jesús pide al Creador, su Padre, por aquellas personas que le quieren escuchar pero que también tienen que comer. Y consigue del Todopoderoso todo lo que pide pues el Padre nada puede negar al Hijo que con tal fin lo pide.


JESÚS, quienes te siguen saben que no tienes dónde recostar la cabeza pero también saben que de Dios todo lo puedes conseguir. Ayúdanos a tener confianza en el Padre.




Eleuterio Fernández Guzmán


2 de agosto de 2014

Juan, el enderezador de caminos




Sábado XVII del tiempo ordinario


Mt 14,1-12

En aquel tiempo, se enteró el tetrarca Herodes de la fama de Jesús, y dijo a sus criados: 'Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas'.

Es que Herodes había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo. Porque Juan le decía: 'No te es lícito tenerla'. Y aunque quería matarle, temió a la gente, porque le tenían por profeta. 

Mas llegado el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio de todos gustando tanto a Herodes, que éste le prometió bajo juramento darle lo que pidiese. Ella, instigada por su madre, 'dame aquí, dijo, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista'. Entristecióse el rey, pero, a causa del juramento y de los comensales, ordenó que se le diese, y envió a decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su madre. Llegando después sus discípulos, recogieron el cadáver y lo sepultaron; y fueron a informar a Jesús”.


COMENTARIO

El hijo de Zacarías y de Isabel había venido al mundo por una razón muy especial que tenía relación directa con el Mesías. Dios, por tanto, le había dado una misión que cumplir y que estaba cumpliendo a la perfección.

Decir lo que no se debe hacer es tarea de los profetas escogidos por Dios de entre sus hijos. Decir lo que debe hacer, recomendarlo. La Ley de Dios ha de estar por encima del comportamiento de sus hijos. Y eso era lo que hacía Juan, el primo de Jesús.

Pero Juan tenía un final asegurado que tenía mucho que ver con la misión que tenía que cumplir. No hizo nada extraño cuando le dijo a Herodes lo que no tenía que hacer. Hacerlo era lo que Dios quería de él.


JESÚS, tu primo Juan cumple con su misión y eso le trae la muerte. Ayúdanos a ser como fue Juan.




Eleuterio Fernández Guzmán


1 de agosto de 2014

Reconocer, en Cristo, al Mesías


Viernes XVII del tiempo ordinario

Mt 13,54-58

En aquel tiempo, Jesús viniendo a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados: '¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?'. Y se escandalizaban a causa de Él. Mas Jesús les dijo: 'Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio'. Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe”.


COMENTARIO

No era nada extraño que Jesús fuera, y seguro que lo hizo muchas veces, a Nazaret, donde había vivido la gran mayoría de los años de su vida terrena. Tampoco era extraño que predicada allí mismo, en sus calles e, incluso, en la sinagoga.

Sin embargo, había muchos que no comprendían cómo era posible que quien tanto conocían fuera un predicador afamado por su forma de transmitir la Palabra de Dios. Miraban, sólo, el linaje humano sin darse cuenta de la procedencia divina de aquel hombre, el hijo del carpintero y de María.

Sin embargo, Jesús sabía que, al igual que antes habían hecho los antepasados de aquellos que eso decían con otros profetas, lo mismo iban a procurar hacer con Él. Y es que la cercanía a la persona, a veces, puede distorsionar la visión que se tiene de la misma, su verdadera realidad.


JESÚS, los que te conocen no te aprecian. Ayúdanos a no ser como aquellos que, en realidad, sabían muy poco de tu ser Hijo de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


31 de julio de 2014

Nos conviene saber qué somos




Jueves XVII del tiempo ordinario




Mt 13,47-53


En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: 'También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto?' Dícenle: 'Sí'. Y Él les dijo: 'Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo'. Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí”


COMENTARIO

Es bien cierto que Dios hacía escogido un pueblo para que fuera, muy especialmente, el suyo. Por eso le transmitió su Palabra para que hiciera lo propio allá donde fuera. Por eso sus miembros se consideraban muy especiales.

Dios, sin embargo, que tiene a todos por hijos suyos (porque lo son), nos quiere a todos cabe sí y, por eso mismo, a todos nos llama con los gemidos inefables de su Espíritu. A todos nos llama y a todos nos espera.

Muchos aceptamos su llamada pero otros, conociéndolo, no la aceptan y se alejan del Padre porque tienen por bueno que el mundo les proporcionará mejor vida en la tierra ignorando que hay otra vida y que dura para siempre.


JESÚS, tus hermanos (todos los seres humanos) debemos querer, debemos, estar junto a Ti, junto al Padre. Ayúdanos a no salirnos del camino que lleva al definitivo Reino de Dios.




Eleuterio Fernández Guzmán


30 de julio de 2014

Qué es el Reino de los Cielos


Mt 13,44-46


En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: 'El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel. 
'También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra'”.


COMENTARIO

Es cierto que muchos de los judíos que vivían en tiempo de Jesús anhelaban el Reino de Dios y lo esperaban con ansia. Muchos soñaban co ver al Mesías que Dios había prometido enviar al mundo.

Encontrar el Reino de Dios suponía haber llegado a lo máximo de la espiritualidad de los hijos de Dios. Por eso Jesús habla de cómo darse cuenta de eso, de qué es el Reino de los cielos.

Quien encuentra el Reino de Dios hace bien en dejar todo lo que antes era importante en su vida.Todo se deja atrás porque sólo importa el definitivo Reino del Padre. Entonces, se sabe que se ha encontrado algo de mucho valor y se da todo por el mismo.


JESÚS, nos quieres simpre contido y con el Padre. Por eso nos hablas de forma que podamos entender lo que eso significa. Ayúdanos a entender tu Palabra que es la de Dios.




Eleuterio Fernández Guzmán


29 de julio de 2014

Lo que más nos conviene




Lc 10,38-42


En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: 'Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude'. Le respondió el Señor: 'Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada'”.


COMENTARIO

Pensamos, porque sería la verdad, que cuando Jesús iba a visitar a alguien no iba solo. Muchas personas lo seguirían y no sólo sus discípulos. Por eso cuando va a visitar a María, Marta y Lázaro otros muchos irían con Él.

Marta tenía mucho trabajo. Cumplía muy bien con la función que tenía asignada en aquella casa. Pero se molestaba porque su hermana María no hacía más que escuchar a Jesús y eso molestaba a Marta que veía como todo recaía sobre sus espaldas.

Pero Jesús sabe lo que es importante. Aquello que hacía Marta estaba muy bien pero era primordial saber lo que tenía que decirles Jesús. Con aquello podrían llevar a cabo lo que tenían que hacer.


JESÚS, sabes lo que es importante para nosotros. Ayúdanos a escucharte por encima del mundo y sus mundanidades.




Eleuterio Fernández Guzmán


28 de julio de 2014

Como lo pequeño es grande




Mt 13, 31-35

Otra parábola les propuso: 'El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo. Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas.' Les dijo otra parábola: 'El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo'. Todo esto dijo Jesús en parábolas a la gente, y nada les hablaba sin parábolas, para que se cumpliese el oráculo del profeta: = Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo. =”

COMENTARIO

Jesús habla de mejor forma para ser entendido. Como en su tiempo había muchas personas que no sabían leer Él les transmite el mensaje de Dios de una forma sencilla a través de las parábolas. Así, además, se cumplía lo que estaba escrito.

De lo pequeño puede devenir lo grande. Eso es lo que quiere decir Jesús cuando pone el ejemplo de la semilla de mostaza o la levadura. Ejemplos, todos estos, de la vida ordinaria que Jesús habría visto en su diario existir. Por eso era entendido por los más sencillos.

Dios quiere que los sencillos en la fe entiendan lo que, en verdad, es importante. Jesús les habla en parábolas pero, a través de aquella forma de hablar sin mucha complicación, les dice lo que debe saber y conocer para alcanzar la vida eterna.


JESÚS, lo que nos enseñas lo haces de la mejor forma para nuestros corazones y nuestra mente. Ayúdanos a no olvidar nunca tus consejos y recomendaciones.


Eleuterio Fernández Guzmán


27 de julio de 2014

Para no caer en el fuego eterno


Mt 13, 44-52


El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.' 'También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra. 'También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. '¿Habéis entendido todo esto? Dícenle: 'Sí'. Y él les dijo: 'Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo.'”




COMENTARIO

Encontrar a Cristo

El hijo de Dios, ser humano creado a imagen y semejanza del Creador, necesita reconocer que cuando ha encontrado a Cristo debe dejar todo lo anterior y, cambiando el corazon, seguirlo en forma y modo correspondiente a su forma de vida.

Un aviso del Hijo de Dios

Jesús nos pone sobre la pista de algo muy importante: lo que hacemos tiene eco en la eternidad. Por eso quien sea justo en este valle de lágrimas alcanzará la vida eterna y quien no sea, alcanzará la muerte eterna.



Saber lo que nos conviene

Entender lo que quiere decir Cristo cuando habla del rechinar de dientes es crucial para nuestra vida futura. Tras nuestra muerte cosecharemos según hayamos sembrado.

JESÚS, no quieres que caigamos en el fuego eterno. Por eso nos recomiendas actuar según actúa un hijo de Dios. Ayúdanos a no caer en las trampas del Maligno.




Eleuterio Fernández Guzmán