7 de junio de 2013

Ovejas perdidas a veces somos




Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

Lc 15,3-7

“En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola a los fariseos y maestros de la Ley: ‘¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, contento, la pone sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido’. Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión’”.

COMENTARIO

Jesús se dirigía en parábolas a sus oyentes porque era la mejor manera de que llegase a su corazón el mensaje que quería darles. Ellos escuchaban con gusto porque, para la mentalidad de entonces, era una buena forma de enseñar y de aprender.

La que corresponde a la oveja que se pierde tiene mucha relación con aquellos mismos que escuchaban entonces a Jesús. Ellos se creían en la seguridad de estar en la Ley de Dios pero, en realidad, estaban en la ley que ellos habían hecho con la del Creador. En realidad, estaban perdidos y Jesús había venido a llevarlos, de nuevo, al redil verdadero de Dios.

Dice Jesús que el cielo, Dios, se alegra mucho porque un pecador se convierta. En realidad se lo dice para que comprendan que deben convertirse y no creerse tan justos como ellos se creían que eran.


JESÚS, aquellos que te escuchaban decirles la parábola de la oveja perdida, estaban en la seguridad de que eran justos y que poco o nada podían aprende de Ti. Y eso es, justamente, lo mismo que en demasiadas ocasiones nos pasa a nosotros.





Eleuterio Fernández Guzmán


6 de junio de 2013

Amar a Dios y al prójimo



Jueves IX del tiempo ordinario

Mc 12,28-34

“En aquel tiempo, se llegó uno de los escribas y le preguntó: ‘¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?’. Jesús le contestó: ‘El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que éstos’.

Le dijo el escriba: ‘Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios’.

Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: ‘No estás lejos del Reino de Dios’. Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas".

COMENTARIO

Realmente muchos de los que veían, escuchaban y seguían a Jesús pudiera dar la impresión de que no acababan de conocer ante Quien estaban. Preguntarle al Mesías por el primer Mandamiento de la Ley de Dios era algo que estaba fuera de lugar. A lo mejor pretendía cogerlo en un renuncio…

Responde Jesús de la manera, única, que puede responder: Dios es a Quien debemos amar con todo nuestro corazón. Pero también debemos amar a nuestro prójimo, ley de la caridad de Dios, porque es hermano nuestro.

Jesús vio que aquel hombre que le preguntaba estaba en el secreto, dado a conocer a voces por el mismo Cristo, de la Verdad: amar a Dios y al prójimo. Sin embargo, se deduce de lo dicho por Jesús que todavía no estaba preparado del todo para entrar en el definitivo Reino de Dios porque, seguramente, le faltaba que todo lo que decía lo tuviese en cuenta en su vida.


JESÚS, amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos parecen dos Mandamientos sencillos de entender. Sin embargo, tantas y tantas veces no lo hacemos…





Eleuterio Fernández Guzmán


5 de junio de 2013

La resurrección de los muertos


Miércoles IX del tiempo ordinario

Mc 12,18-27

“En aquel tiempo, se le acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan que haya resurrección, y le preguntaban: ’Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno y deja mujer y no deja hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos: el primero tomó mujer, pero murió sin dejar descendencia; también el segundo la tomó y murió sin dejar descendencia; y el tercero lo mismo. Ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos, murió también la mujer. En la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer’.

Jesús les contestó: ‘¿No estáis en un error precisamente por esto, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios? Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos. Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en lo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de vivos. Estáis en un gran error’”.


COMENTARIO

Muchos de los que vivían en tiempos de Jesús no estaban de acuerdo, no creían, en la resurrección de los muertos. Otros sí, claro. Por eso aquellos que no creen se dirigen al Maestro para plantearla algo que, ellos creían, podía suponer ponerlo en un aprieto.

Jesús quiere abrirles los ojos y el corazón. Parece que no son capaces de entender las Sagradas Escrituras y que,  por eso mismo, se limitan a trasladar el comportamiento humano al definitivo Reino de Dios. Así cometen un error bastante grande que Jesús les hace ver.

En el cielo seremos como ángeles. Por eso allí mismo no se puede aplicar la forma de ser, de vivir, de existir, que llevamos en la Tierra como seres mortales. Por eso la vida eterna no termina nunca y, por eso mismo, Dios lo es de vivos y no de muertos.


JESÚS, los que no creían entonces y no creen, ahora mismo, en la vida eterna, se pierden lo mejor de la existencia del ser humano: estar con Dios para siempre, siempre, siempre. Por eso es algo que nos debería hacer pensar mucho acerca de nuestro comportamiento en este valle de lágrimas.





Eleuterio Fernández Guzmán


4 de junio de 2013

A Dios lo que es de Dios


Martes IX del tiempo ordinario

Mc 12,13-17

“En aquel tiempo, enviaron a Jesús algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Vienen y le dicen: ‘Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?’.

Mas Él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: ‘¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea’. Se lo trajeron y les dice: ‘¿De quién es esta imagen y la inscripción?’. Ellos le dijeron: ‘Del César». Jesús les dijo: ‘Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios’. Y se maravillaban de Él.

COMENTARIO

Los que perseguían a Jesús buscaban cualquier ocasión para ponerlo mal ante los suyos o ante los que no lo conocían. El ejemplo que trae este evangelio supone, sobre todo, la intención clara de que se manifestara acerca de los impuestos que pagaban al César.

Le preguntan acerca del tributo a pagar al Imperio Romano porque no les parecía bien hacer frente a tal petición de parte del dominador de su tierra y de sus cosas. Quieren saber si, según el Maestro, se debe o no se debe pagar. Lo que, en realidad quieren escucharle decir que no hay que pagar para acusarlo ante el Gobernador.

Jesús conoce los corazones de aquellos tramposos. Sabe que debe contestar con sabiduría y como lo haría un sabio de Israel. Y así lo hace: deben dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. No es de extrañar que se maravillaran de aquella respuesta que contentaban, por así decirlo, a unos y a otros pero no, precisamente, a los que le perseguían.


JESÚS,  los que no quieren escuchar lo que les dices pretende ponerte en un brete. Tú, sin embargo, respondes con sabiduría. Por eso extraña que sabiendo lo que ahora sabemos de lo que, entonces pasó, actuemos con tanta ceguera.





Eleuterio Fernández Guzmán


3 de junio de 2013

Cristo, el Enviado por Dios





Lunes IX del tiempo ordinario

Mc 12,1-12

“En aquel tiempo, Jesús comenzó a hablarles en parábolas: ‘Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores, y se ausentó.



‘Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña. Ellos le agarraron, le golpearon y le despacharon con las manos vacías. De nuevo les envió a otro siervo; también a éste le descalabraron y le insultaron. Y envió a otro y a éste le mataron; y también a otros muchos, hiriendo a unos, matando a otros. Todavía le quedaba un hijo querido; les envió a éste, el último, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero aquellos labradores dijeron entre sí: ‘Éste es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia’. Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña.



‘¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros. ¿No habéis leído esta Escritura: ‘La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?’”.



Trataban de detenerle —pero tuvieron miedo a la gente— porque habían comprendido que la parábola la había dicho por ellos. Y dejándole, se fueron.


COMENTARIO

A lo largo de la historia del pueblo de Israel, Dios suscitó, entre ellos, a muchos profetas. Aquellos hombres, que hablaban según les decía Dios que tenían que decir, no eran muy bien vistos porque, por lo general, decían la verdad y la misma no era muy estimada.

La parábola del dueño de la viña muestra, exactamente, el caso de Dios que, como tal, envía a sus profetas. Uno a uno los van matando porque nadie quiere escuchar, o no los poderosos, que se le diga que lo que hacen se aparta de la voluntad de Dios.

Pero Jesús dice algo que es muy grave para los poderosos de su tiempo: Dios les quitará su Reino y se lo entregará a quienes, de verdad, cumplan su voluntad porque ellos, precisamente, no hacen eso. Y aquello, como era de esperar no gustó muchos a los que le escuchaban.


JESÚS, los que te persiguen buscan cualquier ocasión para zaherirte. Y nosotros, tantas veces hacemos lo mismo con aquello que nos dices...




Eleuterio Fernández Guzmán

2 de junio de 2013

Confiar en Dios








Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo


Lc 9,11b-17

“En aquel tiempo, Jesús les hablaba acerca del Reino de Dios, y curaba a los que tenían necesidad de ser curados. Pero el día había comenzado a declinar, y acercándose los Doce, le dijeron: ‘Despide a la gente para que vayan a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar deshabitado’. Él les dijo: ‘Dadles vosotros de comer’. Pero ellos respondieron: ‘No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente’.

Pues había como cinco mil hombres. Él dijo a sus discípulos: ‘Haced que se acomoden por grupos de unos cincuenta’. Hicieron acomodarse a todos. Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente. Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos”.

COMENTARIO

Era normal que muchas de las personas que seguían a Jesús lo hacían porque querían verle realizar alguno de sus prodigios también llamados milagros. Otros, sin embargo, lo haría porque creían en Él.

Aquella situación no era fácil de resolver con la intervención exclusiva del hombre. Demasiadas personas para tan poca comida. Y los apóstoles actúan como hombres: que cada uno se busque su propia comida. No habrían aprendido nada de la voluntad de Dios.

Jesús sabía que dirigiéndose a su Padre no sería difícil salir de aquel grave problema. Por eso ora para pedir la misericordia de Dios y, de forma extraordinaria aquellos panes y aquellos peces se transforman en alimento para miles de personas. El poder del Creador se había manifestado.


JESÚS,  los que confían en Ti y en tu forma de actuar saben que siempre van a tener tu ayuda. Seguramente nosotros deberíamos pensar acerca de lo que no obtenemos de nuestra oración.





Eleuterio Fernández Guzmán

1 de junio de 2013

Autoridad de Dios




Sábado VIII del tiempo ordinario

Mc 11,27-33

“En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el Templo, se le acercan los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le decían: ‘¿Con qué autoridad haces esto?, o ¿quién te ha dado tal autoridad para hacerlo?’. Jesús les dijo: ‘Os voy a preguntar una cosa. Respondedme y os diré con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres? Respondedme’.

Ellos discurrían entre sí: ‘Si decimos: ‘Del cielo’, dirá: ‘Entonces, ¿por qué no le creísteis?’. Pero, ¿vamos a decir: ‘De los hombres’?’. Tenían miedo a la gente; pues todos tenían a Juan por un verdadero profeta. Responden, pues, a Jesús: ‘No sabemos’. Jesús entonces les dice: ‘Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto’".

COMENTARIO

Los que perseguían a Jesús no perdían el tiempo en tratar de desacreditarlo ante los suyos. Por eso le preguntaban, en cuanto podían, sobre realidades que ellos entendían podían hacer que  pasara un mal  momento. Sin embargo, parece que no sabían que Jesús era Dios.

La pregunta acerca de la autoridad que tenía Jesús para hacer lo que hacía no era una pregunta cualquiera. Si decía que era Dios mismo hecho hombre, no tardarían en calificarlo de blasfemo y condenarlo a muerte.  Por eso esperaban su respuesta.

No sabían, ellos, qué responder a la pregunta sobre la autoridad de Juan el Bautista a quien también perseguían. Lo tenían por gran profeta pero, a pesar de eso, buscaban su muerte como ahora la de Jesús. No responden porque saben, en el fondo, que eran tan culpables de su muerte como Herodes o Herodías.

JESÚS,  los que te persiguen buscan que caigas en sus trampas. Sin embargo, como Dios que eres nada de lo que digan te sorprende porque todo lo sabes. Ayúdanos, hermano Cristo, a comprenderte.





Eleuterio Fernández Guzmán


31 de mayo de 2013

Magnificat




La Visitación de la Virgen

Lc 1,39-56

“En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: ‘Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!’.

Y dijo María: ‘Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos’. María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.



COMENTARIO

Cuando el Ángel Gabriel se presentó ante María le dijo que su prima Isabel estaba embarazada. Era algo extraño para quien no tuviese fe en Dios porque era una mujer de una edad en la que, por lo normal, no se espera que quede en tal estado. Pero para Dios nada hay imposible. Y esto tampoco.

María no lo dudó ni un instante. Tenía que acudir a echar una mano a Isabel porque comprendía que sería difícil llevar aquella situación. Ni corta ni perezosa se preparó, es de suponer que le dijo a José que iba a visitar a su prima, y se encaminó hacia la montaña donde vivían Isabel y Zacarías. Y, en cuanto llegó, no sólo se alegró Isabel sino el niño que llevaba en su seno que sería, con el tiempo, Juan el Bautista. Y es que Dios no hace nada de forma torcida.

María no puede, por menos, que darse cuenta de quién era ella misma y de que había sido elegida especialmente por Dios para llevar en su seno al Enviado del Creador para salvar a la humanidad. Y en aquel Magnificat manifestó la grandeza del Todopoderoso y, sobre todo, lo que ella sería para siempre, siempre, siempre.


JESÚS,  tu Madre no dudó, ni por un instante, ayudar a tu tía Isabel. Nosotros, en demasiadas ocasiones, manifestamos muchas dudas acerca de la ayuda al prójimo





Eleuterio Fernández Guzmán


30 de mayo de 2013

Querer ver




Jueves VIII del tiempo ordinario

Mc 10,46-52

“En aquel tiempo, cuando Jesús salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: ‘¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!’. Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: ‘¡Hijo de David, ten compasión de mí!’.

Jesús se detuvo y dijo: ‘Llamadle’. Llaman al ciego, diciéndole: ‘¡Ánimo, levántate! Te llama’. Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús. Jesús, dirigiéndose a él, le dijo:’«¿Qué quieres que te haga?’. El ciego le dijo: ‘Rabbuní, ¡que vea!’. Jesús le dijo: ’Vete, tu fe te ha salvado’. Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino”.

COMENTARIO

Muchas de las personas que se dirigían a Jesús lo hacían porque tenían graves problemas físicos. Y esto era así no sólo por el problema físico que pudieran tener sino por lo que significaba a nivel social tenerlo.

Cuando aquel ciego grita para que el Mesías le escuche lo hace porque sabe que  de aquel hombre sólo puede obtener lo bueno y mejor para su vida. Y por eso insiste en llamarlo. No puede hacer otra cosa que creer y cree.

Jesús sabe que aquel hombre cree en Él de verdad. Tiene confianza en lo que puede hacer el Maestro. Eso le salva de aquella terrible enfermedad de la ceguera. Era ceguera, por cierto, física, que no le impidió ver en Jesús a quien lo iba a salvar. Su fe le salvó. 


JESÚS,  cuando alguien se dirige a Ti con fe y lo hace con fe auténtica y verdadera, siempre obtiene lo que pide. Eso, sin embargo, debería hacer que meditáramos acerca de por qué no obtenemos siempre lo que pedimos.





Eleuterio Fernández Guzmán


29 de mayo de 2013

Caridad, amor, entrega al prójimo



Miércoles VIII del tiempo ordinario

Mc 10,32-45

“En aquel tiempo, los discípulos iban de camino subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que le seguían tenían miedo. Tomó otra vez a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder: ‘Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, y se burlarán de Él, le escupirán, le azotarán y le matarán, y a los tres días resucitará’.

Se acercan a Él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: ‘Maestro, queremos, nos concedas lo que te pidamos’. Él les dijo: ‘¿Qué queréis que os conceda?’. Ellos le respondieron: ‘Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda’. Jesús les dijo: ‘No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?’. Ellos le dijeron: ‘Sí, podemos’. Jesús les dijo: ‘La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado; pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado.

Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. Jesús, llamándoles, les dice: ‘Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos”’.



COMENTARIO

Jesús va revelando, a los que le son más cercanos porque los escogió para ser sus apóstoles, lo que en un tiempo iba a suceder. No todo serían rosas sino que tendrían que soportar muchas espinas empezando por la que se les clavaría en su corazón cuando muriese de la forma en la que iba a morir.

Los discípulos, que aún no lo habían comprendido todo si es que habían comprendido algo, actúan como seres humanos y quieren, algunos de ellos, que el Maestro los tenga en un lugar especial, privilegiado. Pero ellos se equivocan pues al Reino de  Dios no se llega como ellos creen que se llega.

Jesús resalta el servicio, la entrega a los demás, como única forma de alcanzar la vida eterna. Darse a quienes los pudieran necesitar sin mirar tiempo ni otros egoísmos humanos es lo que les/nos recomienda. Así había hecho Él con ellos y con todo el mundo que había conocido.


JESÚS, entre las muchas cosas que les dices a tus apóstoles la referida al servicio, a la caridad, al amor, es la más importante. Por eso es tan triste que, en demasiadas ocasiones, no la tengamos en cuenta.





Eleuterio Fernández Guzmán

28 de mayo de 2013

Ser los últimos





Martes VIII del tiempo ordinario

Mc 10,28-31

En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido’. Jesús dijo: ‘Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora en el presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros’”.

COMENTARIO

Es lógico, humanamente hablando, que aquellos que, en efecto, lo habían dejado todo por seguir a Jesús así se lo dijeran pues no era lo mismo seguirlo de forma esporádica cuando pasara por algún determinado lugar que hacerlo siempre.

Jesús sabe, sin embargo, que todo lo que se hace por Él no queda sin recompensa de parte de Dios. Es más, se recibe el máximo que se puede recibir que es, ni más ni menos, que la vida eterna. Tal es el premio que se alcanza por seguir al Hijo de Dios.

Jesús hace ver una cosa que era muy importante fuera tenida en cuenta por aquellos mismos discípulos: hay que ser el último en el mundo, aquí mismo, para ser el primero, o de los primeros, en el definitivo Reino de Dios. Por eso Cristo se hizo el último, para ser, luego, el primero y, además, servir de ejemplo.

  

JESÚS, muchos son, ahora, los primeros en la Casa del Padre por haber sido de los últimos, entregándose a los demás en cuerpo y alma, aquí en la tierra. Es triste, por eso mismo, darnos cuenta de que no siempre somos de los últimos





Eleuterio Fernández Guzmán

27 de mayo de 2013

Seguir a Cristo




Lunes VIII del tiempo ordinario


Mc 10,17-27

“Un día que Jesús se ponía ya en camino, uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante Él, le preguntó: ‘«Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?’. Jesús le dijo: ‘¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre’. Él, entonces, le dijo: ‘Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud’. Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: ‘Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme’. Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!». Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: ‘¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios’. Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: ‘Y ¿quién se podrá salvar?’. Jesús, mirándolos fijamente, dice: ‘Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios’”.




COMENTARIO

Muchos de los que querían seguir a Jesús tenían que saber, lógicamente, a qué ateriese con el Maestro. Por eso aquel joven rico le pregunta qué debía hacer. Y lo que escucha no le acaba de gustar porque tiene que dejar lo que más quiere: el dinero. No ha comprendido, exactamente, lo que quiere decir ser su discípulo.

Por eso, para entrar en el Reino de Dios se hace necesario cambiar el corazón y tener uno que tenga en cuenta lo que, de verdad, vale la pena. Lo importante es lo que es la voluntad de Dios y no otra cosa lo que debía guiar la vida de aquel joven rico y la de cada uno con nosotros.

Jesús dice algo que es muy importante y que tiene que ver la vida de cada uno de los hijos de Dios: es el Creador el que salva y nosotros sólo podemos aceptar o no la salvación. Eso es lo que le pasaba al joven rico: no se dejó salvar porque no quiso.

JESÚS,  nos recomiendas, siempre, cumplir con la voluntad de Dios que no siempre tiene que ver con la nuestra. Nosotros, muchas veces, no hacemos mucho caso de esta gran verdad.





Eleuterio Fernández Guzmán

25 de mayo de 2013

Ser como niños




Sábado VII del tiempo ordinario


Mc 10,13-16

En aquel tiempo, algunos presentaban a Jesús unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: ‘Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él’. Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos’”.

COMENTARIO

En el tiempo de Jesús, los niños (junto con las mujeres y las personas que tenían determinadas enfermedades) no eran muy tenidos en cuenta. Se les tenía como poco útiles para la sociedad y se les apartaba de las cosas importantes de la vida.

Jesús, sin embargo, sabía que los niños eran  más que importantes para la Buena Noticia y para el Reino de  Dios. Dice Jesús que de ellos es, precisamente, el Reino de Dios. Y eso debía querer decir más de lo que muchos de aquellos compañeros suyos entendían.

El Hijo de Dios sabe que los que le escuchan tienen mucho que cambiar en su corazón. Por ejemplo, la consideración de ser niños en la fe que reciben la creencia como lo mejor de sus vidas y que se entregan a los demás sin tener en consideración egoísmos era una de las realidades que tenían que mudar de forma rápida para encontrar, de verdad, el Reino de Dios.




JESÚS, quieres mucho a los niños y no permites que se les aleje como si no tuvieran importancia. Nosotros, sin embargo, no tenemos siempre el espíritu del niño que es el que Tú requieres para entrar en el definitivo Reino de Dios.





Eleuterio Fernández Guzmán

24 de mayo de 2013

La verdad de la Ley de Dios




Viernes VII del tiempo ordinario

Mc 10,1-12

“En aquel tiempo, Jesús, levantándose de allí, va a la región de Judea, y al otro lado del Jordán, y de nuevo vino la gente donde Él y, como acostumbraba, les enseñaba. Se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban: ‘¿Puede el marido repudiar a la mujer?’. Él les respondió: ‘¿Qué os prescribió Moisés?’. Ellos le dijeron: ‘Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla’. Jesús les dijo: ‘Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto. Pero desde el comienzo de la creación, El los hizo varón y hembra. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre’.

Y ya en casa, los discípulos le volvían a preguntar sobre esto. Él les dijo: ‘Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio’”.

COMENTARIO

Era lógico que, incluso el pueblo elegido por Dios, hiciera de su capa un sayo con la Ley de Verdad del Creador. Por eso acomodaron sus preceptos, e inventaron otros, porque creían que estaban cumpliendo con la voluntad de Dios.

Jesús, lo había dicho siempre, no había venido a derogar la Ley de Dios para poner otra en su lugar sino, muy al contrario, a que se cumpliera a la perfección. Y el tema en cuestión que le planteaban venía como anillo al dedo.

Dice Jesús que lo que Dios una no lo puede separar el hombre pues el hombre había consentido separar a quien se había casado. Y lo había hecho, mediando Moisés, porque tenían el corazón de piedra y no habían aprendido a perdonar. Pero la Ley de Dios era otra, muy otra.


JESÚS,  aquellos que te preguntan buscan acomodo a sus comportamientos en la Ley de Dios. Sin embargo, como tantas veces haces, les muestras cuál ese la voluntad de tu Padre. Y tal voluntad, en demasiadas ocasiones, no la seguimos.









Eleuterio Fernández Guzmán

23 de mayo de 2013

Santa Misa







Lc 22, 14-20

“Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles; y les dijo: ‘Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios.’ Y recibiendo una copa, dadas las gracias, dijo: ‘Tomad esto y repartidlo entre vosotros;  porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios.’ Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: ‘Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío.’ De igual modo, después de cenar, la copa, diciendo: ‘Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros’”.
        

COMENTARIO

Cuando llegó el momento de entregar su vida al Padre, Jesús celebra una cena muy especial. No sólo por ser la última que iba a celebrar con ellos antes de su muerte sino porque supuso una novación de la Pascua judía.

Jesús se refiere a su Cuerpo y a su Sangre. Lo hace porque quiere que a partir de tal momento trajeran a su realidad espiritual aquel momento. Se había celebrado la primera Santa Misa y, a partir de entonces, será el memorial de la entrega de Cristo por la salvación del mundo.

Jesús quería que todo lo que se hiciera en tal sentido se llevara a cabo porque era importante que el mundo supiera que la Buena Noticia había llegado cuando Él nació y que ahora, precisamente cuando iba a entregar su vida por todos para que muchos se salvaran, hicieran como Él había hecho.  


JESÚS, cuando celebraste la primera Santa Misa aquellos que te veían y escuchaban comprendieron que debían hacerlo para tener, siempre, presente al Mesías. Nosotros, en determinadas ocasiones, hacemos de menos a tan gran entrega.





Eleuterio Fernández Guzmán

22 de mayo de 2013

Estar, o no, con Cristo






Mc 9,38-40

En aquel tiempo,“Juan le dijo: ‘Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros.’ Pero Jesús dijo: ‘No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea  capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros.’

COMENTARIO

Los apóstoles estaban muy seguros de la fe que tenían. Por eso les parecía extraño que alguien que no fuera alguno de ellos se atreviera, por ejemplo, a expulsar demonios como si hubieran estado enviados por el mismo Cristo a liberar del mal a los endemoniados.

Jesús, sin embargo, sabe que es muy importante que pase lo que está pasando. Él enseño a sus discípulos más cercanos pero no para que lo hicieran de forma egoísta sino para que comprendiesen que era crucial, para la extensión del Reino de Dios, que muchos hicieran lo mismo.

Jesús dice algo que es muy importante y que consiste en creer que hay que estar con el Hijo de Dios. No es imposible que muchos, que no conocieron directamente al Mesías, curaran en su nombre porque Él había dicho que había que pedir, precisamente, en su nombre para que Dios concediese lo que se pedía.

JESÚS,  muchos creen que tienen la exclusiva del Amor de Dios cuando, en realidad, el Padre a todos los ama y a todos nos otorga bienes y gracias. Por eso, es triste que, en demasiadas ocasiones nos mostremos tan egoístas como aquellos apóstoles.


Eleuterio Fernández Guzmán