19 de mayo de 2018

La voluntad de Cristo


Jn 21,20-25

En aquel tiempo, volviéndose Pedro vio que le seguía aquel discípulo a quién Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: ‘Señor, ¿quién es el que te va a entregar?’. Viéndole Pedro, dice a Jesús: ‘Señor, y éste, ¿qué?’. Jesús le respondió: ‘Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme’. Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: ‘No morirá’, sino: ‘Si quiero que se quede hasta que yo venga’. 

Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran’”.


COMENTARIO

Por si había alguna duda acerca de que es Jesús quien escoge a sus discípulos el caso que nos presenta este evangelio de san Juan es ejemplo de eso. Pedro se queja de Juan, el más joven de entre ellos, porque no sabe la razón por la que tenga que estar con ellos.

Jesús, sin embargo, conoce, sabe, que determinadas personas son muy especiales. Pero a Pedro le queda una misión muy importante que cumplir. Por eso le dice el Maestro que le siga.

San Juan tiene algo muy importante que decir. Tiene relación con lo que Jesús llevó a cabo a lo largo de su vida llamada pública. El caso es que no todo, seguramente, se escribió y todo lo que no se escribió tuvo que ser crucial para la vida del discípulo. Y aquello quedó en el corazón de Juan, a quien Jesús quería.

JESÚS, ayúdanos a saber ser de los escogidos por Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán

18 de mayo de 2018

La curación espiritual de Pedro


Jn 21,15-19

Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos y comiendo con ellos, dice Jesús a Simón Pedro: ‘Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?’ Le dice él: ‘Sí, Señor, tú sabes que te quiero’. Le dice Jesús: ‘Apacienta mis corderos’. Vuelve a decirle por segunda vez: ‘Simón de Juan, ¿me amas?’. Le dice él: ‘Sí, Señor, tú sabes que te quiero’. Le dice Jesús: ‘Apacienta mis ovejas’. 

Le dice por tercera vez: ‘Simón de Juan, ¿me quieres?’. Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: ‘¿Me quieres?’ y le dijo: ‘Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero’. Le dice Jesús: ‘Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas a donde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras’. Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: ‘Sígueme’”.
  

COMENTARIO

Cuando Pedro, aquel que había prometido a Jesús seguirlo hasta la muerte, lo negó las mismas veces que Jesús le dijo que le negaría, se abrió en su corazón y en su alma una herida muy grande que sólo podía curar quien era el origen de la misma.

Jesús sabe que Pedro necesita curar aquella herida. Por eso le pregunta las mismas veces que Cefas lo negó, tres, para perdonarlo las mismas veces. Y Pedro responde con el corazón: sabe que quiere al Hijo de Dios y, ahora, aún más. Y Jesús le pide algo más: que conduzca a sus ovejas hasta el definitivo Reino de Dios.

Pero Jesús añade algo más que es muy importante para la vida de Pedro. Le dice cómo ha de morir: lo hará conducido por otros, sus matarifes, hacia el martirio. Y le añade, a pesar de eso: sígueme. Y Pedro lo siguió hasta, precisamente, su martirio.


JESÚS, ayúdanos a no negarte nunca.

Eleuterio Fernández Guzmán


16 de mayo de 2018

Cristo nos ha regalado la Palabra de Dios



Jn 17,11b-19

En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. 

‘Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad’”.


COMENTARIO

La voluntad de Dios es tener a todos sus hijos bajo sus manos y en su corazón. En su corazón ya los tiene pero depende mucho de la voluntad de los mismos el tenerlos bajo sus manos. Jesús le pide al Todopoderoso para que eso sea posible.

Jesús sabe que sólo Satanás se perdió de entre los hijos de Dios. Por eso sufre condena eterna. Pero no quiere que sus hermanos los hombres sigan el mismo camino que el caído. Y, aún sabiendo que no somos del mundo quiere que estando en él, mientras estemos, seamos cuidados por el Padre.

En la Palabra de Dios está la verdad. Por eso Jesucristo transmitió la Palabra y con ella la Verdad del Creador y Todopoderoso (¡Alabado sea por siempre!) Por eso Jesús anhela ser santificado y que todos nosotros, sus hermanos, lo seamos también.



JESÚS, ayúdanos a procurar nuestra propia santificación.

Eleuterio Fernández Guzmán


15 de mayo de 2018

Cristo rogó por nosotros



Jn 17,1-11a

En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. 

‘Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado. 

‘Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti’”
.



COMENTARIO

Ha llegado la hora”. Jesús sabe que en aquel momento, se está celebrando la Última Cena, es el adecuado para reverlo todo, para decir a los que le escuchan que todo lo que les había dicho, se va a confirmar.

Nos dice Jesús, con claridad, que la vida eterna tiene un núcleo esencial y que se corresponde con conocer a Dios a través del conocimiento del Cristo, de su Enviado. Por eso iba a morir y por so glorificaba a su Padre.

Jesús ruega por todos los que Dios le había dado y, también, por todos aquellos que iban a ser discípulos suyos a través de la historia por venir. Jesús sabe que sus discípulos, que viven el mundo aunque no sean del mismo, van a necesitar el auxilio del Padre. Y se lo pide.


JESÚS, ayúdanos a glorificarte a Ti y a Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


14 de mayo de 2018

El Amor de Cristo



Jn 15,9-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. 

‘Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. 

‘No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros’”.


COMENTARIO

El Amor de Cristo

Jesús dejó un mandamiento que es el primero de la Ley de Dios, aquel que muestra que somos hermanos suyos y discípulos del Hijo del hombre: el amor. Y debemos amar como Cristo nos amó… hasta el extremo.

Somos amigos de Cristo

Aquellos que nos consideramos discípulos de Cristo podemos gloriarnos de que nos llamara “amigos”. Por eso dio su vida y por eso, precisamente por eso, somos hermanos unos de otros.

Cristo nos ha elegido

Aunque alguien pueda pensar otra cosa, no es uno quien elige a Cristo sino que es el Hijo de Dios quien nos elige a cada uno de nosotros. Y no lo hace para nada sino, al contrario, para que demos fruto abundante y, además, nuestro fruto permanezca en el corazón de Dios.

JESÚS, ayúdanos a permanecer siempre en tu amor.


Eleuterio Fernández Guzmán


13 de mayo de 2018

Evangelizar


Mc 16, 15-20

Y les dijo: ‘Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.  Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.’ Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.  Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales  que la acompañaban.”


COMENTARIO


Evangelizar

Jesús envía a sus discípulos más allegados, a sus apóstoles, a ir por el mundo a transmitir la Buena Noticia de que el Reino de  Dios había llegado. Era una misión que debían cumplir a rajatabla y sin demora.

Creer y salvarse

Jesús dice algo que es muy importante. En realidad es lo que debían enseñar a todo aquel que quisiese conocer a Dios mismo hecho hombre: hay que creer en Cristo Jesús porque tal creencia supone, nada más y nada menos, que la salvación eterna.

No creer y condenarse

Sin embargo, también les informa de algo muy importante y que tiene que ver con lo único que debe importar al ser humano: no creer en Él supone, ni más ni manos, la muerte eterna, el Infierno para siempre, siempre, siempre.

JESÚS, queremos creer en Ti, creemos en Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán


11 de mayo de 2018

La esperanza del regreso de Cristo



Jn 16,20-23a

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada’”.


COMENTARIO

Jesús, en este texto del evangelio de san Juan, siembra en el corazón de aquellos que entonces le escuchan, una esperanza basada en la voluntad Dios. Sabe lo que ha de pasar pero también sabe que en lo que pase no está el final.

Ciertamente, la muerte de Jesús y, luego, su resurrección, será como un nacimiento. Nacerá un hombre nuevo, un mundo nuevo y será, ciertamente, una nueva creación.

Y Jesús sienta, en el corazón de los que le escuchan, algo bueno: ha de volver. Se refiere, entonces, a su resurrección. Y, como bien sabemos, poco pudieron preguntarle cuando sucedió porque su asombro sería total.



JESÚS, ayúdanos a tener siempre presente tu resurrección.

Eleuterio Fernández Guzmán



10 de mayo de 2018

Tras la resurrección de Cristo



Jn 16, 16-20

“16 ‘Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver.’ 17 Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí: ‘¿Qué es eso que nos dice: ‘Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver’ y ‘Me voy al Padre’?’ 18 Y decían: ‘¿Qué es ese ‘poco’? No sabemos lo que quiere decir.’ 19 Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: ‘¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: ‘Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?’ 20 ‘En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo.’”

COMENTARIO

Es bien cierto que, muchas veces, lo que dice el Hijo de Dios, es bastante misterioso. Más aún, podemos decir, lo era para aquellos que no “sabían” lo que iba a pasar sino que debían esperar a que pasara.

Era verdad que pronto no iban a ver a Jesucristo pero que poco después lo volverían a ver. El caso es que ellos debían esperar, primero, su muerte y, luego, su maravillosa resurrección, principio de tantos bienes dados por Dios al hombre.

Lo último es lo mejor: lloraran los que vean morir a Jesús pero cuando se alegren con su resurrección tendrá una alegría y un gozo que nadie podrá quitarles.


JESÚS, gracias por haber vuelto al mundo para darnos la vida eterna.

Eleuterio Fernández Guzmán


9 de mayo de 2018

El Espíritu Santo nos guía



Jn 16,12-15

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros’”.

COMENTARIO

Jesús, en el tiempo aquel en el que sabía que su muerte se aproximaba, sabía que debía consolar a los discípulos más allegados, a los que eran sus apóstoles. Los necesita fuertes de espíritu y de corazón.

Jesús, como había hecho otras veces, les habla del Espíritu Santo. Pero, para que sea enviado desde el definitivo Reino de Dios, él debe marchar junto al Padre o, lo que es lo mismo debe morir. Y eso lo deben tener por muy bueno.

El Espíritu Santo cumplirá su misión según le sería encomendada. Iba a guiar al pueblo de Dios por los caminos tortuosos que el hombre había establecido. Lo hará, además, porque todo lo que transmita lo habrá recibido de Dios Padre y, por tanto, habrá recibido de parte de Cristo.


JESÚS, ayúdanos a confiar en las mociones del Espíritu Santo.

Eleuterio Fernández Guzmán


8 de mayo de 2018

El Espíritu Santo nos ilumina




Jn 16,5-11

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Pero ahora me voy a Aquel que me ha enviado, y ninguno de vosotros me pregunta: ‘¿Adónde vas?’. Sino que por haberos dicho esto vuestros corazones se han llenado de tristeza. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré: y cuando Él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado, porque no creen en mí; en lo referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya no me veréis; en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado’”.


COMENTARIO

No hay que extrañarse de que los discípulos de Jesús que andaban con él por los caminos se entristecieran porque les dijera que debía morir. El caso es que Jesús les recompensa con una verdad muy importante que tiene que ver con la tercera persona de la Santísima Trinidad.

El Espíritu Santo lo iba a enviar Cristo en cuanto subiera a la Casa del Padre. Antes de eso o, mejor, para poder hacer eso, debía pasar por la muerte y una muerte de cruz. Pero la venida del Espíritu Santo, como luego vino sobre ellos, supondría mucho para la humanidad.

El Espíritu Santo no iba a venir al mundo a pasar el rato. No. El Espíritu Santo Dios debía cumplir una misión muy importante como era, por ejemplo, llevar al mundo por el camino recto hacia el definitivo Reino de Dios. Los iba a convencer de la Verdad y de todo aquello que no habían sido capaces de entender mientras Jesús se lo decía.



JESÚS, ayúdanos a escuchar las mociones del Espíritu Santo.

Eleuterio Fernández Guzmán

7 de mayo de 2018

Lo que debía pasar… pasó

Jn 15, 26-16, 5a

“26 Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí. 27 Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio.

Juan 16

1 Os he dicho esto para que no os escandalicéis. 2 Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. 3 Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. 4 Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho. ‘No os dije esto desde el principio porque estaba yo con vosotros.’”


COMENTARIO

Lo que dice el Hijo de Dios no lo dice por ser profeta sino porque es
Dios hecho hombre y todo lo sabe. Por eso tiene bastante claro que lo que les dice a los que le escuchan pasará sin la menor duda. Es más, ha había pasado.

Sus discípulos, sin embargo, tendrán Quien les ayude. Y es que cuando el Espíritu Santo sean infundido en el corazón de aquellos podrán defenderse de todas las acusaciones que pudieran recibir de parte de sus perseguidores.

Hace, también, una advertencia Jesucristo. Y es que cuando no esté entre aquellos que le escuchaban entonces sepan ellos que las palabras de su Maestro eran ciertas y que se iban a cumplir una a una. Al menos, eso evitaría que pudieran cogerlos desprevenidos y sin el alma limpia.


JESÚS,   ayúdanos a comprender el verdadero sentido de tus palabras.

Eleuterio Fernández Guzmán

6 de mayo de 2018

El mandamiento del amor



Jn 15, 9-17


Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto,  para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros   como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos,  porque el siervo no sabe lo que hace su amo;  a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí,  sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre  os lo conceda. Lo que os mando es   que os améis los unos a los otros.”
       
COMENTARIO

Jesús, a lo largo de su predicación, enseñó mucho acerca del Reino de Dios y de cómo alcanzarlo. Sin embargo, debía enseñar algo que fuera esencial y crucial para tal fin: el mandamiento principal de tal Reino.

El amor, dice Jesús, es lo primero, lo principal. Por eso lo enseña como el mandamiento nuevo. No es que antes los hijos de Dios no se amasen sino que ahora se deben amar de una forma distinta, más profunda: perdonando siempre, por ejemplo.

Jesús nos dice, también, que no es que hayamos sido elegidos para que estemos pagados de eso y vivamos mirando para otro lado. No. Jesús nos dice que debemos dar fruto y lo damos si hacemos la voluntad de Dios y aplicamos, a nuestra vida ordinaria, el Amor del Padre.




JESÚS, ayúdanos a amar siempre y a tener el amor como la principal ley de nuestra vida ordinaria.

Eleuterio Fernández Guzmán


5 de mayo de 2018

No ser del mundo

Jn 15,18-21

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado’”.



COMENTARIO

Jesús sabía que sus discípulos iban a ser perseguidos. Él lo había sido y el discípulo no puede ser más que el Maestro. Pero eso no debe preocuparnos porque al igual que Cristo venció a la muerte también  nosotros resultaremos vencedores de las asechanzas del Maligno.

Jesús escoge a sus discípulos. Por eso tenemos la garantía divina de haber sido salvados por una muerte en cruz. Por eso el mundo odia a sus discípulos y por eso, precisamente por eso, la victoria la tenemos asegurada.

Jesús, sin embargo, nos pide algo: debemos guardar su Palabra, Palabra de Dios. Así, poniéndola en práctica en nuestra vida ordinaria alcanzaremos la vida eterna por haber cumplido la voluntad de Dios.


JESÚS, ayúdanos a guardar tu santa y verdadera Palabra.

Eleuterio Fernández Guzmán

4 de mayo de 2018

El Amor de Dios


Jn 15,12-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros’”.


COMENTARIO

La doctrina de Cristo es doctrina de Dios. Por eso su Hijo enseña lo mejor que debemos aprender. Y el mandamiento nuevo, aquel que había traído al mundo del definitivo Reino de Dios: el amor.

El Amor de Dios es el mandamiento más amado por el Padre. Quien ama según es la voluntad de Dios hace lo mejor para sí mismo y para su prójimo. Por eso Jesús se entregó a sus amigos y al mundo entero con una muerte terrible: lo hizo por amor.

Dice Jesús algo importante: es Él quien nos elige a nosotros y lo hace no para que nos quedemos mirando nuestra fe y la escondamos debajo de cualquier celemín sino para que vayamos al mundo y demos fruto abundante.


JESÚS, ayúdanos a saber amar como tú amas.

Eleuterio Fernández Guzmán


3 de mayo de 2018

El Camino, la Verdad y la Vida



Jn 14, 6-15

“6 Le dice Jesús: ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. 7 Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.’ 8 Le dice Felipe: ‘Señor, muéstranos al Padre y nos basta.’ 9 Le dice Jesús: ‘¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? 10 ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. 11 Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. 12 En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. 13 Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.  14 Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré. 15 Si me amáis, guardaréis mis mandamientos.’”  



COMENTARIO

El Hijo de Dios conoce muy bien a las personas a las que se dirige. Por eso sabe que debe hablar con mucha claridad porque será la única forma de poder ser entendido. Por eso lo dice pronto, muy pronto, en este texto del Evangelio de San Juan.

Dice Jesucristo que es el Camino, la Verdad y la Vida. No dice, pues, nada que sea poco importante sino, al contrario, algo esencial de ser conocido por aquellos que se quieran seguir.

Es más, tal es así la realidad espiritual que eso supone que el Hijo de Dios es a Quien debemos pedir para ser escuchados por Dios. No es que no podamos hacerlo de otra forma sino que, a través de Él llegamos directamente al corazón de Dios.


JESÚS, gracias por ser el Camino, la Verdad y la Vida.

Eleuterio Fernández Guzmán

2 de mayo de 2018

Vid y sarmientos

Jn 15,1-8

“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos’”.

COMENTARIO

Para los que no tuvieran muy claro qué era y qué suponía ser discípulo de Cristo, el Hijo del hombre, en este texto del evangelio de san Juan lo dice con toda claridad.

Jesús hace uso de imágenes propias de su tiempo. No busca elucubraciones teológicas que nadie entienda sino, como ahora, lo más sencillo. Busca ser entendido. Y la imagen de la vid y los sarmientos es clara, sencilla y fácil de comprender.

Si no estamos unidos a la vid, Cristo, nosotros, sarmientos de la misma, no podemos hacer nada. Eso se entiende con facilidad porque es lo que pasa al respecto de una vid y de sus sarmientos. Sólo quien permanece en Cristo, vid, da fruto. Quien no permanece unido a la vid… sencillamente muere.


JESÚS, ayúdanos a estar siempre unidos a ti.

Eleuterio Fernández Guzmán

1 de mayo de 2018

No conocer a Cristo

Mt 13, 54-58

“53 Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí. 54 Viniendo a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados: ‘¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros? 55 ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? 56 Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?» 57 Y se escandalizaban a causa de él. Mas Jesús les dijo: ‘Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio.’ 58 Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe.”


COMENTARIO

Podemos estar seguros que Jesucristo fue muchas veces a su tierra de Galilea. Y es que no sólo por ser su tierra sino porque, por ejemplo, en ella estaba viviendo su Madre María.

En su Nazaret había muchos que lo conocían. Vamos, que todos sabían que era el hijo del Carpintero y de María, aquella joven que lo tuvo muy joven. Eso, sin embargo, no les hacía creer más en Él sino, seguramente, al contrario.

Jesús respondía, sobre todo, a la fe que se tenía en su persona y en la creencia que se tenía de que era el Mesías, el Enviado de Dios. Por eso no nos extraña nada de nada que allí no hiciera muchos milagros porque no había, seguramente, quien creyera en Él o, al menos, no muchos.

JESÚS,   ayúdanos a creer en Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán

30 de abril de 2018

Guardar los Mandamientos de Dios

Jn 14, 21-26

“21 ‘El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.’ 22 Le dice Judas - no el Iscariote -: ‘Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?’ 23 Jesús le respondió: ‘Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. 24 El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. 25 Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. 26 Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho.’”


COMENTARIO


Cuando el Hijo de Dios predicaba no lo hacía porque no tuviera otra cosa que hacer. Era la forma de cumplía la misión para la que había sido enviado al mundo. Y cuando habla de los Mandamientos que hay que cumplir quiere decir que, en efecto, deben ser guardados.

Es bien cierto que había, entre sus discípulos, quien no entendía demasiado bien qué quería decir cuando así hablaba. Sin embargo, era, y es, muy importante comprender que guardar la Palabra de Cristo es tenerla muy en cuenta en nuestro corazón y en nuestra vida diaria, sin esconderla ni nada por el estilo.

Pero hay más. Y es que Jesucristo informa, a los que escuchan, que el Espíritu Santo cuando sea enviado informará de todo lo que es importante saber y, además, hará recuerdo de todo aquello que había enseñado el Hijo de Dios… para que no se olvide.


JESÚS,  ayúdanos a guardar tu Palabra.

Eleuterio Fernández Guzmán

29 de abril de 2018

Somos parte de la Viña de Dios


Jn 15, 1-8

“1 'Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. 3 Vosotros estáis ya limpios  gracias a la Palabra que os he anunciado. 4 Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. 5 Yo soy la vid;  vosotros los sarmientos.  El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. 6 Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento,  y se seca; luego los recogen, los echan al fuego  y arden. 7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros,  pedid lo que queráis  y lo conseguiréis. 8 La gloria de mi Padre está  en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos.'”

COMENTARIO

La imagen de la vid y de la viña era muy querida para el pueblo elegido por Dios. Por eso, su Hijo la utiliza para que comprendan, aquellos que le escuchan, que cada uno de ellos forma parte de la creación y que no deben querer separarse de tal viña.

Lo dice Cristo con toda claridad: no podemos hacer nada sin Él. Y eso, que parece muy radical se refiere a que no podemos hacer nada digno de ser tenido por haber sido hecho por un hijo de Dios y un hermano suyo.

Hay, sin embargo, una condición sin la cual nada de lo dicho antes, puede llevarse a cabo: debemos permanecer en Cristo. Y la permanencia en el Hijo de Dios supone, también, la permanencia en Dios mismo. Y así somos, verdaderamente, discípulos suyos.


JESÚS, ayúdanos a permanecer en Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán