21 de enero de 2017

Estar fuera de sí


Sábado II del tiempo ordinario
Mc 3,20-21

En aquel tiempo, Jesús volvió a casa y se aglomeró otra vez la muchedumbre de modo que no podían comer. Se enteraron sus parientes y fueron a hacerse cargo de Él, pues decían: ‘Está fuera de sí’”.

COMENTARIO

Podemos imaginar que Jesús volvió muchas veces a su casa de Nazaret. Iría a visita a su familia pero, sobre todo, a ver a su Madre, la Virgen María. Tampoco nos extraña nada que muchos quisieran verlo.

Nos dice este texto que se agolpó mucha gente en la casa donde estuviera predicando. Y es que la fama de buen predicador y buen Maestro llegó hasta los rincones más recónditos de Israel. Y tal era el gentío que no podían ni comer.

Es de creer que la Virgen María quería ver a su hijo. Por eso fue a buscarlo allí donde se encontraba. Y lo que nos dice este texto bíblico es extraño: estaba “fuera de sí”. Y es que podemos imaginar, también, a Jesucristo enseñando con todo el gozo del mundo y eso, para según qué mentalidades, podía parecer algo extraño.


JESÚS,  ayúdanos a hacernos cargo de tu enseñanza.



Eleuterio Fernández Guzmán

20 de enero de 2017

Escoger a sus Apóstoles


Viernes II del tiempo ordinario
Mc 3,13-19

En aquel tiempo, Jesús subió al monte y llamó a los que Él quiso; y vinieron donde Él. Instituyó Doce, para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios. Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre de Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el mismo que le entregó.

COMENTARIO

Jesús sabía que la labor de transmitir la llegada del Reino de Dios y su posterior aceptación necesita de la colaboración de más personas. Escoge a los que quiere porque sabe que eso es necesario.

El texto nos dice que llamó a los que quiso. En realidad, la voluntad de Dios, que estaba en Él por ser Dios hecho hombre, era precisamente la de escoger a unos hombres que, quizá no eran grandes sabios pero que tenían el corazón preparado para recibir la Buena Noticia.

Cada uno de aquellos hombres, que constituirían el grupo de los Doce tienen una vida particular. Cristo los hace todos uno y uno que le va a seguir para aprender lo que el Hijo de Dios quiera enseñarles. Incluso escoge al que le va a entregar. Él lo sabía ya.


JESÚS, ayúdanos a ser apóstoles de hoy.



Eleuterio Fernández Guzmán

19 de enero de 2017

Muchos acudían a Él


Jueves II del tiempo ordinario
Mc 3,7-12

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a Él. Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: ‘Tú eres el Hijo de Dios’. Pero Él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran.

COMENTARIO

Muchos le seguían

Es de creer que cuando se corrió la voz (casi única forma entonces de saber lo que pasaba) acerca de un Maestro que hacía prodigios y hablaba con autoridad, muchos lo buscaran. Querían conocer a Quien muchos llamaban Mesías.

Curó a muchos

La misión de Cristo estaba bien definida: salvar a los que habían necesidad de ser salvados. Por eso cura a muchos que se encuentran enfermos: físicamente o del alma (por posesión demoníaca) y por eso muchos comprobaron que, en efecto, aquel hombre era más que un hombre.

Lo reconocieron

El Mal, por mucho que se quiera apoderar de los hijos de Dios, conoce al Bien. Es decir, los demonios que dominaban a personas sabían que Jesús podía derrotarlos. Y lo reconocían, ante el estupor de todos aquellos que aquello veían


JESÚS, ayúdanos a confiar en tu poder.



Eleuterio Fernández Guzmán

18 de enero de 2017

Saber lo que es misericordia


Miércoles II del tiempo ordinario
Mc  3,1-6

“En aquel tiempo, entró Jesús de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: ‘Levántate ahí en medio’. Y les dice: ‘¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?’. Pero ellos callaban. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: ‘Extiende la mano’. Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra Él para ver cómo eliminarle.

COMENTARIO

No hay duda alguna acerca de las intenciones de aquellos que perseguía a Cristo. No tenían la más mínima intención de creer en lo que decía pero aún tenían menos a la hora de aceptar lo que hacía. Si eso era en sábado, aún menos.

Aquel hombre estaba muy necesitado de curación. Tener la mano paralizada le suponía una pobreza asegurada porque no podrían trabajar de forma, digamos,  normal. Sin embargo, aquellos hombres rígidos de corazón no entendían que Jesús pudiera curarlo ¡en sábado!

Jesús, sin embargo, conoce el corazón de Dios. Sabe, por tanto, que el Todopoderoso no puede querer que alguien sufra so capa de cumplir determinada norma. Por eso Cristo hace el bien: porque debe hacer el bien aunque sea sábado.


JESÚS, ayúdanos a ser misericordiosos.


Eleuterio Fernández Guzmán

17 de enero de 2017

Lo lícito para Dios

Martes II del tiempo ordinario
Mc 2,23-28

Un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas. Decíanle los fariseos: ‘Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?’. Él les dice: ‘¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?’. Y les dijo: ‘El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado’”.

COMENTARIO

No era nada extraño que hubiese muchos que mirasen qué hacía Jesús y sus discípulos. Por eso les extraña que hagan algo que no está permitido en sábado porque tal precepto es muy importante para ellos.

Pero Jesús, que los conoce bien, sabe que lo que dice no es correcto. Y es que ellos parecen ciegos que no quieren ver y no entienden que las cosas no son como ellos creen.

En realidad, Cristo lo dice más que bien: el mundo está hecho para el hombre pero no el hombre para las necesidades particulares del mundo. Y con esto les quería decir que Él era quien establecía lo que, en realidad, era la voluntad de Dios.


JESÚS, ayúdanos a comprender la voluntad de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán





16 de enero de 2017

Odres nuevos para vino nuevo

Mc 2, 18-22

“Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen: ‘¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?’ Jesús les dijo: ‘¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día. Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo, en pellejos nuevos.”

COMENTARIO

No es poco cierto que aquellos que no querían a Jesús y tenían intención de ponerlo mal en cualquier circunstancia aprovechaban lo que fuera para hacer eso. Y, evidentemente, el tema del ayuno era uno de los preferidos. Al parecer, sus discípulos no ayunaban los días que eso estaba prescrito.

Pero Cristo, que sabe que su vida tendrá un final, ciertamente, terrible, sabe cómo hacer frente a aquellas alegaciones. En realidad, Él es el novio de la boda y sus amigos han de festejar que están con Él hasta que se lo lleven o, lo que es lo mismo, hasta que muera. Pero ellos, eso de la muerte seguramente no lo entendieron.

Y entonces el Hijo de Dios aprovecha para hablarles de lo que deben cambiar: sus corazones. Y es que para recibir el vino nuevo que es, en realidad, la antigua Palabra de Dios, necesitan venir a ser otros, que todo cambie para que sus vidas se vean interpeladas, de verdad, por Dios.

JESÚS,  ayúdanos a tener nuestros corazones bien dispuestos para Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

15 de enero de 2017

Todo se cumple




Jn 1, 29-34

“Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: ‘He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel.’  Y Juan dio testimonio diciendo: ‘He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo.’ Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios.’”


COMENTARIO

El Cordero de Dios

El Bautista sabía que aquel hombre que había bautizado era el Enviado de Dios. Sabía que existía antes que él aunque supiera que había nacido unos meses después.

Quien tenía que venir

Aquel hombre, aquel  de quien decía el Bautista que era el Cordero de Dios que quitaba el pecado del mundo era quien tanto había estado esperando el pueblo judío.

El Bautista fue avisado

Lo más curioso de esto es que nada es mentira. Es decir, Juan el Bautista, que  no era el Mesías, tuvo que ser avisado por el Espíritu Santo de todo lo que estaba pasando. Sólo así se entiende que supiera aquello.


JESÚS, gracias por haber venido y por haber cumplido con la misión encargada por Dios Todopoderoso.




Eleuterio Fernández Guzmán

14 de enero de 2017

Necesitados de salvación

Sábado I del tiempo ordinario
Mc 2,13-17

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a Él, y Él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: ‘Sígueme’. Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían. Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: ‘¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?’. Al oír esto Jesús, les dice: ‘No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores’”.

COMENTARIO

Jesús, cuando necesita escoger a los hombres que van a ser sus discípulos más allegados, sus Apóstoles, sabe que debe escoger a algunos que, a lo mejor, no son bien recibidos. Y Mateo es uno de ellos.

Aquel hombre, Leví, era recaudador de impuestos, publicano, para el invasor romano. No era nada bien visto por sus hermanos de nación y de religión. Sin embargo, lo deja todo cuando Jesús lo llama y, luego, acude a su casa a comer.

Muchos de los contemporáneos de Cristo no entendían cómo era posible que hiciera aquellas cosas con los que ellos consideraban pecadores. Sin embargo, Jesús desmonta toda sus objeciones al decirles que no necesitan médico los sanos pero sí los pecadores.


JESÚS, ayúdanos a no a aceptar tu santa voluntad.


Eleuterio Fernández Guzmán





13 de enero de 2017

La fe mueve corazones

Viernes I del tiempo ordinario

Mc 2,1-12

Entró de nuevo en Cafarnaum; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y Él les anunciaba la Palabra.  Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde Él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: ‘Hijo, tus pecados te son perdonados’. 

Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: ‘¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?’. Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: ‘¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate, toma tu camilla y anda?’ Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-: ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’”. 

COMENTARIO
Cuando Jesús iba a determinado lugar, una vez se había extendido la fama de autoridad que llegó a tener, no era extraño que muchos acudieran a escucharlo. También que muchos quisieran obtener algún auxilio.

Aquellos amigos querían mucho a su amigo. Por eso, confiando en el poder de sanación del Maestro, acuden a su encuentro. Hacen lo posible y lo imposible para que lo vea. Y Jesús, que conoce los corazones de los hombres según hace, eso es lo que hace.

Pero muchos dudan del poder de aquel que dice que perdona los pecados. No lo creen Dios. Sin embargo, para que vean que sí lo es no sólo le perdona los pecados sino que le cura de la parálisis. Y eso debía haberles convencido de Quién era.


JESÚS, ayúdanos a tener la fe de aquellos amigos.


Eleuterio Fernández Guzmán

12 de enero de 2017

Querer quedar limpios

 Jueves I del tiempo ordinario
Mc 1,40-45

En aquel tiempo, vino a Jesús un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: ‘Si quieres, puedes limpiarme’. Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: ‘Quiero; queda limpio’. Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: ‘Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio’. 

Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a Él de todas partes.

COMENTARIO

Había muchos que necesitaban curación. Muchos lo era espiritual pero otros tantos era física la que necesitaban. Y aquel leproso, apartado de la sociedad por su enfermedad, necesitaba mucho ser curado. Pero, además, confiaba.

La confianza que tenía el leproso acerca de que el Maestro podía curarlo lo expresa cuando dice “Si quieres”. Es decir, sabía que podía curarlo tan sólo con pedírselo y pedírselo manifestado tal creencia y confianza.

Jesús no puede resistirse a la petición de aquel hombre que sufre de la lepra. Y es que cuando aprecia confianza en su persona, fe en su persona, no puede hacer otra cosa que curarlo. No quiere que nadie lo sepa pero ya podemos imaginar que el leproso no puede evitar dar gracias a Dios y decir quién lo ha curado.


JESÚS, ayúdanos a confiar siempre en Ti.




Eleuterio Fernández Guzmán

11 de enero de 2017

Para eso vino Cristo al mundo

Miércoles I del tiempo ordinario
Mc 1,29-39

En aquel tiempo, Jesús, saliendo de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles. 

Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían. 

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: ‘Todos te buscan’. El les dice: ‘Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido’. Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.


COMENTARIO

La misión de Cristo consistía, sobre todo, en salvar lo que necesitaba ser salvado. Y las enfermedades físicas encerraban al ser humano en sí mismo y, muchas veces, lo apartaban de la sociedad que, además, los rechazaba según la consideración que se tenía de las mismas.

Tanto la suegra de Simón como aquellos endemoniados a los que curó Cristo fueron testigos de que la autoridad con la que hablaba y actuaba era propia de ser el Mesías, el Enviado de Dios y no un ser humano corriente.

Pero Jesús sabía que había venido al mundo a hacer lo que debía hacer. Y la expresión “para eso he salido” mostraba, bien a las claras, que no tenía intención de volverse atrás sino, muy al contrario, de seguir adelante.


JESÚS, ayúdanos a aceptarte en nuestro corazón para siempre.




Eleuterio Fernández Guzmán

10 de enero de 2017

La santa doctrina de Cristso


Martes I del tiempo ordinario
Mc 1,21-28

Llegó Jesús a Cafarnaum y el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: ‘¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios’. Jesús, entonces, le conminó diciendo: ‘Cállate y sal de él’. Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él. 

Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: ‘¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen’. Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.

COMENTARIO

Para cumplir con la misión que tenía encomendada, Cristo debía predicar por el mundo que tenía a su alcanza. Por eso la sinagoga era el lugar más adecuado para hacer tal cosa. Muchos, claro, no estaban de acuerdo con lo que decían, pero otros sí.

Cristo acompañaba sus palabras con signos. Y es que el pueblo judío estaba necesitado de signos para entender qué se le decía. Por eso curó a muchos poseídos por el demonio, el Mal que procuraba poner trabas a la misión de Cristo.

No extraña nada que pasar lo que pasó. Es decir que, cuando muchos vieron lo que decía y hacía, y que era verdaderamente extraordinario, corrieron a comunicarlo a los que conocía. Y es que Jesucristo enseñaba con una autoridad que antes no se había visto.



JESÚS, ayúdanos a aceptar tu santa Palabra. 


Eleuterio Fernández Guzmán


9 de enero de 2017

Seguir a Cristo


Lunes I del tiempo ordinario
Mc 1,14-20

Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: ‘El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva’. Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: ‘Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres’. Al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras Él.

COMENTARIO

La misión de Cristo había comenzado con el apresamiento de su primo Juan, el Bautista. Por eso caminaba predicando y enseñando que había llegado el tiempo del esperado por el pueblo elegido por Dios. Todo se estaba cumpliendo.

Jesús ha de buscar, por haber comenzado a cumplir su misión predicadora y salvadora, a quien le ayude. No es que no se valiera por sí mismo sino que sabía que era necesario que más personas continuaran su labor tras su muerte. Y debían ser enseñados.

Resulta curioso la actitud de aquellos a los que llama Cristo. A lo mejor alguno podría haberse preguntado que quién era aquel que los llamaba y albergar en su corazón alguna duda. Sin embargo, nada de eso pasa: ellos, al escuchar la voz de Jesús que los llama se marcha con él sin duda alguna.

JESÚS, ayúdanos a no dudar nunca de Ti y de tu llamada.


Eleuterio Fernández Guzmán

8 de enero de 2017

Dios se complace en Cristo



Mt 3,13-17

En aquel tiempo, Jesús vino de Galilea al Jordán donde estaba Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: ‘Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?’. Jesús le respondió: ‘Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia’. Entonces le dejó. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre Él. Y una voz que salía de los cielos decía: ‘Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco’”.

COMENTARIO

Jesús debía cumplir con todo lo que estaba escrito. Y, aunque, no tuviera pecado alguno que le hubiera llevado a que se le perdonase mediante el bautismo de agua de Juan, debía dar ejemplo para que los demás viesen qué debían hacer.

La voluntad de Dios debía cumplirse. Queremos decir que Juan no quería bautizarlo porque sabía que era el Enviado de Dios. Sin embargo, Jesucristo sabía que, por encima de esto se encontraba qué es lo que quería Dios.

Cuando Jesús sale de las aguas del Río Jordán se produce una manifestación de Dios. La voz del Padre hace ver que aquel hombre que ha sido bautizado no es un hombre más sino, en todo caso, su propio Hijo en quien se complace. Hay, pues, que escucharle.


JESÚS,  ayúdanos a cumplir con la misión que se nos ha encomendado.

Eleuterio Fernández Guzmán


7 de enero de 2017

El mensaje de Cristo al mundo

Mt 4,12-17.23-25

En aquel tiempo, cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, se retiró a Galilea. Y dejando la ciudad de Nazaret, fue a morar en Cafarnaúm, ciudad marítima, en los confines de Zabulón y de Neftalí. Para que se cumpliese lo que dijo Isaías el profeta: ‘Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino de la mar, de la otra parte del Jordán, Galilea de los gentiles. Pueblo que estaba sentado en tinieblas, vio una gran luz, y a los que moraban en tierra de sombra de muerte les nació una luz’. 

Desde entonces comenzó Jesús a predicar y a decir: ‘Haced penitencia, porque el Reino de los cielos está cerca’. Y andaba Jesús rodeando toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos y predicando el Evangelio del Reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia del pueblo. Y corrió su fama por toda Siria, y le trajeron todos los que tenían algún mal, poseídos de varios achaques y dolores, y los endemoniados, y los lunáticos y los paralíticos, y los sanó. Y le fueron siguiendo muchas gentes de Galilea y de Decápolis y de Jerusalén y de Judea, y de la otra ribera del Jordán.”


COMENTARIO

Jesús, que conocía a la perfección la misión que debía llevar a cabo, supo que había llegado el momento esperado cuando conoció que Juan el Bautista había sido puesto en prisión. Si su Precursor no podía seguir con la labor que tenía encomendada por Dios, sería Él mismo el que lo hiciera.

Jesús predica acerca del Reino de Dios. Era una realidad espiritual que el pueblo judío llevaba muchos siglos esperando: la llegada del Mesías y la instauración del Reino del Todopoderoso. Por eso, sabiendo que todos esperan escuchar eso, lo proclama a los cuatro vientos.

Jesús había venido al mundo a salvar a los necesitados de ser salvados. Por eso cura a los enfermos que, además de padecer diversos males, eran apartados de la sociedad por tales enfermedades. No extraña, por tanto, que muchos lo siguieran.

JESÚS, ayúdanos a confiar en tu ayuda y auxilio.



Eleuterio Fernández Guzmán

6 de enero de 2017

Cristo se presenta al mundo

La Epifanía del Señor

Mt 2,1-12

Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: ‘¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle’. En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: ‘En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel’. 

Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: ‘Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle’.

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.

COMENTARIO

Este episodio que nos trae el Evangelio de San Mateo muestra hasta dónde puede llegar el Mal en su afán egoísta. Y es que Herodes, como sabemos que hizo, no era una persona que quisiera adorar al Rey de los judíos que iba a nacer. Él era el Rey de los  judíos y ya podemos imaginar que no le haría demasiada gracia aquella noticia.

Los Reyes Magos se presentan ante el Niño, María y José. Saben que han llegado al destino que tanto habían querido alcanzar. Y presentan sus regalos (costumbre de la época al llegar a una casa ajena) que son el oro, el incienso y la mirra.

Pero Dios, que conocía la voluntad de Herodes de terminar con la vida del Niño, avisa a los Reyes Magos: no deben volver a Jerusalén a dar la noticia del nacimiento de Jesús. Sabía el Todopoderoso la malsana intención de Herodes.


JESÚS, permítenos adorarte en este día tan especial.


Eleuterio Fernández Guzmán

5 de enero de 2017

Encontrar a Cristo


Jn 1,43-51

En aquel tiempo, Jesús quiso partir para Galilea. Se encuentra con Felipe y le dice: ’Sígueme’. Felipe era de Bestsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro. Felipe se encuentra con Natanael y le dice: ‘Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret’. Le respondió Natanael: ‘¿De Nazaret puede haber cosa buena?’. Le dice Felipe: ‘Ven y lo verás’.

Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño’. Le dice Natanael: ’¿De qué me conoces?’. Le respondió Jesús: ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi’. Le respondió Natanael: ‘Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’. Jesús le contestó: ‘¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores’. Y le añadió: ‘En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre’”.


COMENTARIO

Aquellos que encuentran a Jesús por primera vez no quedan insatisfechos. Si Cristo dijo más tarde que era bienaventurado quien, al encontrarlo, no se alejaba desilusionado, tanto Felipe como Andrés y Pedro quedaron más que satisfechos y gozosos.

Ellos, los que encuentran a Cristo, no quieren dejarlo de contar. Y es que habían sido demasiados siglos esperando al Mesías como para ir por ahí callando eso. Y se lo dicen a Natanael.

Natanael se sorprende por lo que le dice Jesús. Y, siendo eso nada de extrañar más aún debió extrañarle cuando le dice que verían al Hijo del hombre en las circunstancias que les dice.


JESÚS, ayúdanos a buscarte, a buscarte y encontrarte.



Eleuterio Fernández Guzmán

4 de enero de 2017

Buscar a Cristo

Jn 1,35-42

En aquel tiempo, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: ‘He ahí el Cordero de Dios’. Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: ‘¿Qué buscáis?’. Ellos le respondieron: ‘Rabbí —que quiere decir, “Maestro”— ¿dónde vives?’. Les respondió: ‘Venid y lo veréis’. Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con Él aquel día. Era más o menos la hora décima. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Éste se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice: ‘Hemos encontrado al Mesías’ —que quiere decir, Cristo—. Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: ‘Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas’ —que quiere decir, ‘Piedra’”.

COMENTARIO

El Hijo de Dios, al haber hecho su aparición en el mundo a través de su bautismo en el río Jordán, se da a conocer. Por eso no es extraño que algunos de aquellos que allí estaban quisieran conocerlo.

Jesús les lleva a su casa. A lo mejor nos quiere decir el texto que los llevó al lugar donde vivía pero podemos pensar que les diera a entender qué es lo que quería llevar a cabo según lo establecido por Dios.

Cuando Simón conoce Jesús, el Hijo de Dios sabe que va a ser una persona muy importante en su futura Iglesia. Por eso le cambia el nombre y, a partir de entonces, será llamado Cefas, Pedro porque, en efecto, iba a ser la piedra sobre la que edificaría el Reino de Dios.


JESÚS,  ayúdanos a ser, nosotros mismos, piedras vidas de tu Iglesia.



Eleuterio Fernández Guzmán

3 de enero de 2017

El Cordero de Dios

Jn 1,29-34

Al día siguiente Juan ve a Jesús venir hacia él y dice: ‘He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es por quien yo dije: ‘Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo’. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel’. Y Juan dio testimonio diciendo: ‘He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre Él. Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios’”.


COMENTARIO


La labor de Juan Bautista tenía mucho que ver, todo, con lo que sería la salvación de la humanidad. Por eso presenta a Jesús como el Cordero de Dios que ha venido al mundo a salvar al mundo.


El Bautista sabe perfectamente que el Cordero de Dios, a pesar de ser su primo Jesús, existía antes que él. Seguramente fue iluminado por el Espíritu Santo para conocer tal verdad. Por eso sabe que debe cumplir la misión que le había sido encomendada.


Juan fue advertido. Dios le comunicó, como fuera que fuese tal comunicación, que sobe quien viera bajar al Espíritu Santo, tal sería su Hijo amado, el Mesías, su Enviado.



JESÚS, ayúdanos a cumplir la misión que nos sea encomendada.



Eleuterio Fernández Guzmán