17 de mayo de 2014

Permanecer en Cristo

Sábado IV de Pascua




Jn 14,7-14


"En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: 'Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto'. Le dice Felipe: 'Señor, muéstranos al Padre y nos basta'. Le dice Jesús: '¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. 'Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si pedís algo en mi nombre, yo lo haré'".


COMENTARIO

Conocer a Cristo es esencial para un discípulo suyo.  Por eso Jesús lo dice muchas veces pues sabe que nos conviene tenerle presente siempre en nuestra existencia. 

Algunos dudan de que Jesús sea quien es. Sin embargo, sabe que es porque aún no han acabado de comprender que Él está en el Padre y el Padre, Dios, en Él mismo. Sabe que aún les queda mucho por entender y sigue enseñándoles.

Jesús nos pide que pidamos. Orando a Dios seremos escuchados siempre que lo pidamos en su nombre pues el Padre siempre escucha lo que a su corazón llega de parte de su amado Hijo. 




JESÚS, quieres que estemos siempre contigo y que te tengamos en nuestro corazón. Ayúdanos a cumplir, siempre, con tus expectativas. 


Eleuterio Fernández Guzmán

16 de mayo de 2014

Camino, Verdad y Vida





Viernes IV de Pascua



Jn 14,1-6

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis el camino’. Le dice Tomás: ‘Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?’. Le dice Jesús: ’Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí’”.


COMENTARIO

Dice Jesús, seguramente, lo más importante porque nos lleva a Dios.

Cristo es Camino

Es camino porque, a través de Él, Hijo de Dios, llegamos al Padre que nos espera. Es, pues, ejemplo de lo que hay que hacer y decir.

Cristo es Verdad

Es Verdad porque es la Palabra hecha carne. Por eso, conociendo la Palabra conocemos al Padre y llegamos al Señor.


Cristo es Vida

Es Vida porque el Hijo de Dios es la Vida Eterna. Con Él, aceptándolo y teniéndolo como Vida misma, aceptamos en nuestra vida la necesidad de salvación que, por cierto, Él nos ofrece con su propia Vida.



JESÚS,  todo lo que nos dices tiene el sentido pleno de querer que nos salvemos. Ayúdanos a seguirte como Camino, a aceptarte como Verdad y a tenerte como Vida.




Eleuterio Fernández Guzmán


15 de mayo de 2014

Ser como Dios quiere que seamos




Jueves IV de Pascua


Jn 13,16-20

Después de lavar los pies a sus discípulos, Jesús les dijo: ‘En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía. Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís. No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: el que come mi pan ha alzado contra mí su talón. Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy. En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado’”.


COMENTARIO

En aquel momento crucial de la vida de Cristo y de la humanidad misma era muy importante que comprendiesen, aquellos que le escuchaban, lo que era importante para ellos. Cumpliendo lo escuchado, llegarían hasta donde todos querían llegar: la vida eterna.

No ser más que el Maestro no es cosa a no tener en cuenta pues Jesús sabía que, a lo mejor, alguno de ellos querían superarlo en algo. Eso, claro está, era imposible pero podría hacer en soberbia a quien eso pretendiese.

Debían saber que era crucial para su espíritu tener en cuenta que quien acogía a uno que era enviado en su nombre era como si se le acogía a Él mismo y, claro, a Dios, Creador y Padre. Era como aceptar a Quien el Todopoderoso había enviado al mundo para que el mundo no pereciera para siempre.

JESÚS, cuando en aquella Última Cena aconsejas lo bueno y mejor para aquellos que te escuchan, esperas ser escuchado. Ayúdanos a no tener, aquello, como no sucedido y no dichas tus palabras.




Eleuterio Fernández Guzmán


14 de mayo de 2014

Mandamiento nuevo



Jn 15,9-17

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. 

Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. 

No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros’”.

COMENTARIO

Guardar los mandamientos de Dios

Jesús, que sabe que es muy importante que se reconozca la voluntad de Dios no deja de recomendar que los mandamientos de la Ley de Dios han de conservarse en el corazón y aprender de ellos. Guardarlos, en suma.

Amarse los unos a los otros

Un Mandamiento nuevo nos da Cristo: amarnos los unos a los otros. Pero no hacerlo de cualquiera forma sino como Él nos amó. Con un amor así se reconocerá, fácilmente, que somos discípulos suyos.


Es Dios quien elige y escoge

No es posible tener por bueno que somos nosotros quienes escogemos a Dios en nuestra vida. Es el Creador Quien escoge a quien quiere elegir y, luego, espera nuestra respuesta.


JESÚS, nos amas con todo tu corazón. Y eso quieres que hagamos nosotros con nuestro prójimo. Ayúdanos a no ser egoístas y guardarnos el amor en el corazón.



Eleuterio Fernández Guzmán


13 de mayo de 2014

Creer a Cristo



Martes IV de Pascua


Jn 10,22-30

Se celebró por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno. Jesús se paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón. Le rodearon los judíos, y le decían: ‘¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente’. Jesús les respondió: ‘Ya os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno’”.


COMENTARIO

Por mucho que Jesús explicara a qué había venido al mundo y por mucho que demostrara que sólo el Enviado de Dios podía resucitar muertos o hacer lo que hacía, había, entre sus contemporáneos, muchos que no le creían.

Explica, muchas veces, que lo que hace lo hace porque es el Padre quien le dice que lo lleve a cabo. Por eso aquellos que sí creen en Él lo siguen y tienen confianza en su persona y obra.

Sin embargo, muchos, a lo mejor, creían que podían, por ejemplo, hace que nadie le siguiera. Estaban equivocados del todo pues cuando Dios escoge a alguien no hay poder humano que pueda contradecirlo.







JESÚS, aquellos que te escuchaban, muchos, no estaban seguros de que eres el Hijo de  Dios. Ayúdanos a no ser como aquellos que tanto dudaban de Ti.




Eleuterio Fernández Guzmán


12 de mayo de 2014

Cristo, Buen Pastor



 Lunes IV (A) de Pascua


Jn10,11-18

En aquel tiempo, Jesús habló así: 'Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre,
porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre'”.



COMENTARIO

Este texto del Evangelio de San Juan es rico en avisos por parte de Jesús. Nos dice aquello que nos conviene porque sabe que es importante que lo sepamos. Como, por ejemplo, que es quien Dios envío para guiar al pueblo elegido por el Creador. Otros, sin embargo, no han sabido guiarlo.

Dios, Cristo conoce a todos sus hijos-hermanos. Por eso escoge a los que quiere para que le sigan. Es bien cierto que, luego, podemos seguirlo o no seguirlo pero, a la hora de verdad, no somos nosotros quienes elegimos a Dios sino el Todopoderoso quien nos elige a nosotros.

En este texto Jesús avisa acerca de la muerte que va a tener. Dará la vida porque quiere darla y no porque el ser humano malvado quiera arrebatársela. Y la vida, la suya, la recobrará porque es voluntad de Dios que así sea.


JESÚS, eres el Pastor Bueno, Aquel que Dios envió para quiera al pueblo del Creador. Ayúdanos a no olvidar que debemor ir por donde Tú digas que debemos ir.




Eleuterio Fernández Guzmán


11 de mayo de 2014

Sólo se entra a la vida eterna por Cristo






Domingo IV (A) de Pascua


Jn 10,1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús: 'En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños'.

Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba. Entonces Jesús les dijo de nuevo: 'En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia'”.



COMENTARIO

Seguramente había, en tiempos de Jesús, quien creía que al Cielo, a la vida eterna anhelada, se podía entrar de muchas formas. Por eso practicaban la fe según les convenía.

Jesús sabe que sólo por Él, Hijo de Dios y Enviado por el Padre al mundo para que fuese salvado, se entreba en el definitivo Reino de Dios. Por eso siempre recomendaba encarecidamente que se le siguiera.

Aquellos que habían venido en el nombre del Padre pero sin haber sido enviados sólo pretendían hacerse con un botín espiritual que no les correspondía. Sin embargo, hubo muchos que no les escucharon y sí escucharon a Jesús.



JESÚS, sólo Tú eres en Enviado de Dios. Muchos, en tus días en el mundo, no lo comprendieron. Ayúdanos a tenerlo, siempre, porque lo es, por verdad.




Eleuterio Fernández Guzmán


10 de mayo de 2014

Palabras de Vida eterna




Sábado III de Pascua


Jn 6,60-69

En aquel tiempo, muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: ‘Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?’. Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: ‘¿Esto os escandaliza? ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?. El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Pero hay entre vosotros algunos que no creen’. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y decía: ‘Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre’. 

Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con Él. Jesús dijo entonces a los Doce: ‘¿También vosotros queréis marcharos?’. Le respondió Simón Pedro: ‘Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios’”.


COMENTARIO

Jesús sabía que lo que decía no era entendido por aquellos que le escuchaban porque tenían el corazón duro. Por eso no se extraña de que ellos se escandalicen de lo que diga.

Jesús tiene más que claro que es su carne, la Carne por excelencia, la que salva, la que salvará al mundo. Aceptarlo a Él es hacer lo propio con Dios y era muy necesario que aquellos que le escuchaban entendieran que era crucial para sus vidas aceptarlo como el Hijo de Dios.

Jesús se interesa por saber si aquellos que le seguían de más cerca también quieren abandonarlo. Sabía que no lo harían pero quiere que sean ellos lo que le contesten. Y Pedro da la clave de todo eso: Cristo tiene palabras de vida eterna. Y eso es lo que importa.



JESÚS, los que te siguen no tienen muy claro que eres el Hijo de Dios y que has venido a salvarlos. Ayúdanos a no dudar nunca de tan gran verdad.




Eleuterio Fernández Guzmán


9 de mayo de 2014

La carne de Cristo


 Viernes III de Pascua


Jn 15,1-8

“En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre sí y decían: ‘¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?’. Jesús les dijo: ‘En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre’”. Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm”.

COMENTARIO

Era, ciertamente, enigmático entender lo que quería decir Jesús al referirse al hecho de comer su carne. Aquellas personas aún no estaban preparadas para entender eso y, a lo mejor, quisieron ver en aquello algún tipo de rito extraño.

Jesús se refiere a la Eucaristía. Aún no la había instituido pero cundo habla de su carne y de su sangre la referencia es clara a lo que luego, en la Última Cena, hará ante aquellos que allí estén presentes.

Sabe Jesús que aquellos que comieron el maná murieron. Y que murieron para siempre hasta que él muera y baje al infierno a liberar a los justos. Pero quien come de su carne, en efecto, vivirá para siempre.







JESÚS, es cierto que comer tu carne tiene un sentido simbólico pero más que real. Por eso te pedimos nos ayudes a no dudar nunca de tu presente en las Sagradas Especies.




Eleuterio Fernández Guzmán


8 de mayo de 2014

Dios escoge y elige


Jueves III de Pascua


Jn 6,44-51

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: ‘Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo’”.

COMENTARIO

Jesús dice muchas veces que nadie ha visto a Dios. Se refiere, claro está, a persona viva pues es de suponer que en el Cielo, sí veremos a Dios. Pero para llegar a tal momento, antes hay que aceptar a Cristo como Quien es: Dios hecho hombre.

Que es Dios hecho hombre lo dice Él mismo cuando dice que quien escucha al Padre viene de Cristo. Por eso es necesario creer en Cristo pues supone, y es, creer en Dios mismo.

Jesús sabe que para vivir para siempre (se refiere a la vida eterna) es necesario comer de Quien se entregaría, pronto, por todos nosotros. Sólo así, comiendo de tal carne (vía Eucaristía) se alcanza la vida eterna pues Cristo es alimento para la eternidad.


JESÚS, tú eres el alimento que lleva a la vida eterna. Nosotros no somos capaces de comprender cómo eso sucede pero tenemos fe y no queremos otra cosa más que a Ti.





Eleuterio Fernández Guzmán

7 de mayo de 2014

Ir a Cristo


Miércoles  III de Pascua
Jn 6,35-40

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: ‘Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis. Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día’”.


COMENTARIO

Jesús dice cosas muy importantes y convenientes para todos nosotros. Nada de lo que aquí se recoge carece de validez y, tanto antes como ahora, han de ser llevadas a nuestro corazón.

Ir a Cristo es ir al Padre. Por eso Jesús, que sabe tan gran verdad, no deja de proclamarla siempre que puede para que sea entendida. Por eso acercarse a Cristo, no abandonarlo o no dejarlo de lado es hacer lo mismo con Dios porque, como sabemos, Jesús es Dios hecho hombre. Y eso no lo deberíamos olvidar nunca.

Ir a Cristo, por tanto, es alcanzar la vida eterna, estar con Dios para siempre, siempre, siempre. Y, por último, resucitar el último día momento en el cual nuestra alma se unirá a nuestro cuerpo y será glorioso. Pero, para eso no debemos olvidar que Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida.





JESÚS, todo lo que nos dices es crucial para nuestra vida… eterna. Ayúdanos a no tenerlo todo por no dicho.




Eleuterio Fernández Guzmán


6 de mayo de 2014

Pan de vida eterna




Martes III de Pascua


Jn 6,30-35

“En aquel tiempo, la gente dijo a Jesús: ‘¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer’. Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo’. Entonces le dijeron: ‘Señor, danos siempre de ese pan’. Les dijo Jesús: ‘Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed’”.


COMENTARIO

Aquellos que escuchaban a Jesús es posible que aún no estuvieran preparados para comprender lo que les decía. Tenían una idea ciertamente equivocada acerca de Quién era el que mantenía la creación.

Se equivocan al respecto de Moisés. Pudiera parecer que fue él quien alimentó, con el maná a su hambriento pueblo. Sin embargo, bien dice Jesús que fue Dios quien, en realidad, procuró que aquel pueblo no muriese de hambre en su camino hacia la tierra prometida.

Pero Jesús sabe que Él es el Pan de Cielo. Así, comiéndolo se llega a alcanzar la vida eterna si se cumple la voluntad de Dios. Por eso hay que ir a Cristo. Así nunca más tendremos hambre de aquello que nunca debemos tener hambre.






JESÚS, en este texto hablas de que eres alimento para la vida eterna: el pan y el vino ya lo anuncias. Ayúdanos a no olvidar nunca lo que más nos conviene.





Eleuterio Fernández Guzmán


5 de mayo de 2014

Dios lo sabe todo



Lunes III de Pascua


Jn 6,22-29


Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos le vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús.

Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: 'Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?'. Jesús les respondió: 'En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello'. Ellos le dijeron: '¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios?'. Jesús les respondió: 'La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado'”.


COMENTARIO


No es de extrañar que pasara aquello que estaba pasando con Jesús y con lo que hacía. Nadie, de las personas que habían sido testigo de la multiplicación de los panes y de los peces, podía quedarse indiferente. Y lo buscaban, iban tras Él.

Jesús sabe, sin embargo, que lo que buscan no es a Él como Hijo de Dios sino a los signos que hace y que lo convierten en un hombre extraordinario. Por eso les recomienda que busquen no que perece sino lo que permanece siempre.
Había algo, sin embargo, que debían aprender y tenerlo bien presente. Se refiere Jesús a lo que, verdaderamente importa, y que no es otra cosa que creer, poner la confianza, en Aquel que Dios había enviado al mundo para que se cumpliese Su Ley y Su voluntad.


JESÚS, es cierto que muchos de los que te seguían lo hacían porque querían ver signos. Ayúdanos a ser del grupo de los que te siguien porque creen en Ti como Hijo de Dios.




Eleuterio Fernández Guzmán


4 de mayo de 2014

Y caminó con ellos





Domingo III (A) de Pascua


Texto del Evangelio (Lc 24,13-35): Aquel mismo día, el domingo, iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran.

Él les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?». Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado, Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?». Él les dijo: «¿Qué cosas?». Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería Él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que Él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a Él no le vieron»
Él les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?». Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre Él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado».
Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero Él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?». Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!». Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.


COMENTARIO

Pudiera parecer mentira pero muchos de los que habían estado siguiendo a Jesús pronto pensaron que todo había terminado y se volvieron a sus ocupaciones ordinarias. El corazón, a pesar de haber ardido, se apagó pronto.

Jesús camina con aquellos dos discípulos porque quiere abrirles los ojos. Ellos no lo conocen porque tienen el corazón cerrado, aún, a la Verdad. Tendrán que ver, otra vez, un signo, para darse cuenta de que aquel que estaba con ellos era el Señor.

Caminó con ellos el Hijo de Dios para demostrar y mostrar que siempre iba a estar con nosotros... hasta el fin del tiempo. Y luego... la fracción del pan. Entonces le conocieron y su corazón y sus ojos se abrieron.


JESÚS, aquellos que te seguían y te querían parece que no tenían nada claro que eras el Hijo de Dios. Nosotros lo sabemos. Ayúdanos a no olvidarlo nunca.




Eleuterio Fernández Guzmán


3 de mayo de 2014

Creer, de verdad, en Cristo



Jn 14,6-14

"En aquel tiempo, Jesús dijo a Tomás: 'Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto'. Le dice Felipe: 'Señor, muéstranos al Padre y nos basta'. Le dice Jesús: '¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré'".


COMENTARIO

Aquellos que habían vivido con Jesús unos cuantos años y de Él habían aprendido lo que sabían (si bien es cierto que, al parecer, no mucho) aún mantenían dudas acerca de lo que significaba aquello que les estaba enseñando.

Felipe no acaba de comprender que Jesús es Dios. Es verdad que comprender eso era y es bastante difícil. Por eso pregunta al Hijo de Dios que le muestre al Padre pues no cree que en aquel hombre, en aquel Maestro, pueda estar. 

Jesús les confía una realidad muy importante: quien cree en Él podrá hacer lo que Él hace. Y eso debió ser muy importante para aquellos que, al parecer, no acababan de creer en el Enviado de Dios. 




JESÚS, los que te siguen más de cerca aún mantienen alguna duda. Ayúdanos a no dudar nunca de que eres Dios hecho hombre




Eleuterio Fernández Guzmán

2 de mayo de 2014

La tan necesaria fe y confianza




Viernes II de Pascua


Jn 6,1-15


En aquel tiempo, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia Él mucha gente, dice a Felipe: '¿Dónde vamos a comprar panes para que coman éstos?'. Se lo decía para probarle, porque Él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: 'Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco'. Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: 'Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?'”.

COMENTARIO

Es bien cierto que aquellos que acompañaban a Jesús más de cerca, los apóstoles escogidos por él para transmitir la Buena Noticia al mundo, lo querían mucho. Sin embargo, no acababan de comprender lo que decía y, sobre todo, lo que quería decir cuando hablaba y les enseñaba.

La situación de los que seguían a Jesús en aquel momento era difícil. Eran muchos y no tenían para comer. Por eso el Maesto quiere alimentarlos (también de comida además de espíritu) y pretende, sabiendo que eso no es posible, que lo sea.

Tienen, sin embargo, una propuesta hecha por un muchacho. Quiere ofrecer lo que tiene porque confía en el Señor y sabe que, si Él quiera, todo lo hará nuevo y posible.


JESÚS, cuando hace falta fe y confianza en Ti, algunos la tienen y otros no tanto. Ayúdanos a ser del grupo de los que te aman y confían en ti.




Eleuterio Fernández Guzmán


Aceptar a Cristo





Jueves II de Pascua

Jn 3,31-36

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: ‘El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él’”.

COMENTARIO

Sigue Jesús instruyendo a Nicodemo porque sabe que, siendo una persona considerada importante, conviene que esté en la verdad y se mantenga equivocado. Por eso Jesús insiste tanto en que comprenda que Él es el enviado de Dios.

Cuando Jesús se presenta al mundo hay muchos que aceptaron lo que decía. Sin embargo, también hubo muchos que no lo aceptaron para nada y que buscaban su perdición. Pero Jesús sabe que es muy importante aceptarlo como Quien es.

Jesús no dice cosa que sea de poca importancia. Nada más y nada menos que centra la creencia su persona en ganar la vida eterna. Es decir quien cree en Él cree en Dios que lo ha enviado y quien no cree en Él no cree en Dios. Así de sencillo.



JESÚS, enseñas a Nicodemo lo que es importante que sepamos todos. Ayúdanos a tener por bueno todo, todo, lo que nos dices y enseñas.





Eleuterio Fernández Guzmán